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COMPARATIVE ZOüLOGY, 

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ANALES 



HISTORIA NATURAL. 



ANALES 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



DE HISTORIA NATURAL. 



SERIE II. 
TOMO TERCERO. 



MADRID 



DON I. bolívar, tesorero. 
1894. 



Artículo 27 del Reglamento. Las opiniones emitidas en las Memorias publica- 
das en los Anales son de la exclusiva responsabilidad de sus autores. 



JMP. DE FORTANET, LIBERTAD, 29. 



MEMORIAS 



DE 



HISTORIA NATURAL 



CONTRIBUCIONES 



ESTUDIO DE LA GLAUCONITA, 



B. SALVADOR CALDERÓN Y D. FEDERICO CHAVES Y PÉREZ DEL PL'LGAR, 



(Sección d3 Sevilla. — Sesión del 5 de Septiembre de 1893.) 



Es sabido que con los nombres de glanconía y glanconita se 
desig-na un curioso mineral, abundantemente distribuido en 
ciertas rocas , y respecto á cuyo orig-en y evoluciones se han 
emitido opuestas hipótesis, sostenidas todavía por mineralo- 
^•istas y g-eólog'os. 

No nos proponemos presentar aquí la descripción de esta 
substancia, cuyos caracteres, hasta donde estos son conocidos, 
se encuentran consig-nados en las obras de Mineralog-ía; sólo 
recordaremos que es un silicato ferroso-potásico , verde, cris- 
talino, que en estado de g-ranos pequeños, numerosos y redon- 
deados, se halla disperso en el seno de ciertas rocas sedimen- 
tarias, calizas, marg-as, areniscas y arenas cretácicas de color 
verde, merced á la abundancia de granos g-lauconosos. Las 
rocas marg-osas y calizas que contienen este mineral son fosi- 
líferas y ricas sobre todo en formas diminutas ó microscópicas 
de briozoos, coraliarios y particularmente foraminíferos , ob- 



6 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

servándose, como lueg^o indicaremos, estrecha relación entre 
la distribución de los esqueletos de dichos seres y la de los 
gTanos de g-lauconita. 

Los antig-uos mineralogistas confundían estos granos verdes 
con la clorita (1); pero los trabajos sucesivos de Erhenberg-, 
Bayley, Reuss, modernamente los de Murray y Renard, y, en 
fin, los recientes y muy valiosos de L. Cayeux (2) han fijado 
de un modo terminante la diferente naturaleza de dichas dos 
substancias minerales. Merced á los estudios de estos sabios 
se conocen con bastante precisión las particulares circunstan- 
cias de yacimiento de la g-lauconita, y, en cierto modo, su 
historia g-eológ-ica; mas no sucede otro tanto en lo que se re- 
fiere á su composición y propiedades ópticas, cuestiones toda- 
vía muy obscuras y que constituyen el preferente asunto del 
presente estudio preliminar. 

La circunstancia de abundar en Andalucía las rocas gdau- 
conosas de edad terciaria contemporáneas de la molasa, suiza 
y del terciario de Viena, y sobre todo nummulíticas, nos hizo 
j)ensar si su estudio podría arrojar alg-una luz sobre las impor- 
tantes cuestiones ahora enunciadas, y en esta esperanza em- 
prendimos el presente trabajo en el Museo de la Universidad 
de Sevilla, utilizando los materiales extranjeros y del país que 
en éste existen. Entre ellos nos hemos fijado especialmente en 
los sig'uientes, de los cuales hemos tallado suficiente número 
de láminas delg-adas: 

Creta tobácea de Roñen (3). 

Arenisca de Bidache. 

Arena verde del bosque de Bolonia (4). 

(1) Buena prueba de ello es la siguiente nota que figura en la clásica obra de 
A. Burat, dando cuenta de un análisis de Berthier: «Los granos verdes cloritosos de 
la creta glaueonosa han sido analizados por M. Berthier, el cual ha obtenido los re- 
sultados siguientes: 

Sílice o,r.o 

Protóxido de hierro 0,21 

Alúmina 0,07 

Potasa 0,10 

Agua 0,11 

(Burat : Traite áu gisement et de Vexploitation des minéraux útiles, l"o partie , p. 188. 
Paris, 1855.) 

(2) L. Cayeux : Notes sur la glavconite. ÍA nn. de la Soc. géol. du Nord , 1892.) 

(3) DouviLLÉ : Bull. de la Soc. géol. de France, 3« serie, viii. 

(4) Meunier: Géol. des environs de Paris. Paris, 1875. 



<3) Calderón y Chaves. — estudio de la glauconita. i 

Losa de Tarifa (Cádiz), consistente en una arenisca cuarzosa, 
^ris, dura y homog-énea, de edad eocénica, muy usada en el 
país por estas propiedades como losa para pavimentos (1). 

Caliza g-ranuda de Jerez de la Frontera, también eocénica, 
con Ahmimulites, llamada en el país marteHUa (2). 

"Caliza blanca, compacta, con Nummiilites del eocénico infe- 
rtor de Morón (3). 

Arenisca caliza dura helveciense de Sierra Morena, con Hc- 
i éreos tegina costata D'Orb. (4). 

Hemos observado g-ran conformidad en los caracteres de la 
g-lauconita de todas estas rocas , que responden á una sola y 
misma variedad, sin que en ning-una de ellas hayamos visto 
la variedad exfoliada de que habla L. Cayeux en su impor- 
tante Memoria antes citada. En g'eneral se presenta en g-ranos 
redondeados de diverso tamaño , pero siempre pequeño , ya 
dispersa entre los demás elementos detríticos de la roca , ó ya 
en relación de contacto con los esqueletos de los foraminífe- 
ros, llenando sus cámaras, como sucede en la marteHUa, en la 
caliza de Morón, y se cita análog-amente de muchas otras loca- 
lidades del extranjero. Otras veces el mineral está disperso 
indiferentemente en la pasta y en relación con los organismos, 
■como se observa en la creta tobácea de Rouen : y, por último, 
cuando la roca es arenácea, como la g-lauconosa del bosque de 
Bolonia , contiene los g-ranos ya sueltos , ó , lo que es más fre- 
cuente , eng-astados en otros de cuarzo ó formándoles una cos- 
tra incompleta. 

El color de la g-lauconita en lámina delg-ada varía entre el 
verde esmeralda y el de la esparrag-uina. Esta coloración se 
aprecia muy bien cuando la sección es alg'o g-ruesa; pero no 
así los demás caracteres que exig'en para su estudio láminas 
excesivamente delg-adas. Hay en todas nuestras preparaciones 
alg-unos g'ranos que, aun en estas condiciones, muestran un 



<1) Macpherson: Bosquejo geológico de la provincia de Cádiz, \'&'ñ. 

(2) Calderón: Foraminíferos fósiles de Andalucía. (Anal, de la Soc. esp. dk 
HisT NAT., tomo XVII, Actas.J 

(3) Calderón: Los volcanes fangosos de Morón. (Anal, de la Soc. esp. de Hist. 

NAT., tomo XV.) 

(4) Calderón: La Sierra de Peñaflor y sus yacimientos auríferos. (Anal, de la 
Soc. esp. de Hist. nat., tomo xx.) 



8 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4> 

color pardo, y los de la marteliUa de Jerez se encuentran en 
este caso sin excepción. 

La g-lauconita se presenta en todos los ejemplares examina- 
dos como un mineral de alta refring-encia. Ofrece siempre un 
débil policroismo, que sólo puede observarse valiéndose de 
g-randes ampliaciones, para fijarse aisladamente en uno de los 
pequeños elementos que por su ag-reg-ación constituyen cada 
g"rano de g"lauconita. En estas condiciones es dado percibir las 
tintas verde-oscuro intenso y amarillo limón claro indicadas 
en el trabajo de Cayeux, y que nosotros hemos observado me- 
jor que en ning-ún otro ejemplar en las preparaciones de la 
losa de Tarifa. 

Como acabamos de decir, los g"ranos de gdauconita son ver- 
daderos ag-reg-ados cristalinos de pequeñísimos elementos, 
cuya posición relativa no obedece á orientación alg-una. Así 
es que, examinados entre los nicoles cruzados, se advierte que 
en ning-una posición lleg-a á exting-uirse la totalidad de los 
g-ranitos; y si en estas circunstancias se enfoca y desenfoca 
alternativamente, se ven puntos que se exting-uen en ciertos 
momentos é iluminan en otros, lo que indica su desig'ual orien- 
tación. Fijándose en un solo elemento de los que constituyen 
el g-rano, se puede notar que se exting-ue en cuatro posiciones 
correspondientes á dos cuerdas normales durante una rotación 
completa de la platina; pero hay que notar que las direcciones 
de extinción no g-uardan relación alg'una con el sentido del 
alarg-amiento en aquellos g-ranitos que no son esféricos. 

La estructura de ag-reg'ado cristalino del mineral que nos 
ocupa explica el por qué no se observa bien el policroismo en 
cada g-rano, pues coexisten en él orientaciones ópticas tan dis- 
tintas cuantas son las innumerables láminas que le compo- 
nen, dispuestas en todas posiciones con respecto á los planos 
de vibraciones de los nicoles. 

La g-lauconita nos parece comportarse indudablemente por 
sus propiedades ópticas como un mineral rómbico. 

Hemos observado que en los g-ranos de color pardo se extin- 
g-ue entre los nicoles cruzados una superficie mayor de cada 
laminilla que en los verdes. Semejante circunstancia pudiera 
provenir de la alteración que han sufrido dichos g-ranos par- 
dos, acusada, como lueg-o diremos, por el mismo color en que 
se transformó el verde primitivo. La alteración consiste con 



(5) Calderón y Chaves. — estudio de la glai-conita. 9 

toda probabilidad en una oxidación del silicato ferroso-potá- 
sico de la g-lauconita, la cual habrá operado la separación de 
una cantidad de óxido férrico, capaz de obrar como una subs- 
tancia isótropa que impreg-ne la g-lauconita no alterada to- 
davía. 

Numerosos análisis se lian efectuado con propósito de deter- 
minar la composición de la g-lauconita. Se ha comprobado por 
ellos que se encuentran en este mineral la sílice, los óxidos 
ferroso y férrico, la potasa, la alúmina, la sosa, la cal, la mag-- 
nesia y el ag-ua; pero las relaciones entre dichos cuerpos no 
han ofrecido suficiente constancia para deducir de ellas la fór- 
mula de una especie química. 

Examinando detenidamente los resultados de los análisis, 
se advierte cierta relación constante entre la proporción de 
sílice, á veces la de potasa y la de óxido de hierro, relación 
que no se observa, en cambio, en la de la cal, la magmesia, la 
sosa, la alúmina y el óxido férrico. Así la mag-nesia varía en 
dos análisis desde 16,6 «/o (Berthier) á O Vo (D. Rog-ers) ; la cal 
desde 3,3 «/o (Berthier) á O % (Pisani), y la alúmina de 13,32 %. 
(Dana) á 1,7 (Berthier); la ausencia de la alúmina se ha hecho 
constar repetidas veces, mientras que otros la señalan en pro- 
porciones muy distintas; el ag-ua, en fin, sufre variaciones tan 
considerables, que en una g-lauconita de Yillers-sur-Mer, de- 
partamento de Calvados, analizada por Pisani. lleg-a á 3 molé- 
culas, al paso que en la fórmula consig-nada en la Enciclopedia 
química de Fremy (1) se eleva á 6 moléculas. Todos estos datos 
han conducido á considerar la g-lauconita como un silicato 
ferroso-potásico hidratado, en el cual podrían intervenir acci- 
dentalmente las demás substancias encontradas en los análisis. 

Hasta ahora ning-ún trabajo sintético se ha realizado que 
pudiera dar luz sobre la composición y formación de la g-lau- 
conita, y en g-eneral se poseen muy pocos datos relativos á la 
preparación de los silicatos de protóxido de hierro por vía 
húmeda. En vista de estas deficiencias, y como intento de una 
reproducción de este g-énero, tomando por base la composición 
atribuida como más verisímil á la g-lauconita, hemos tratado 



(1) Tomo III ; Métaux, 4f partie, pág. 113. 



10 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

(le colocar los elementos de un silicato ferroso-potásico en 
condiciones de formar dicha sal, escog-iendo desde lueg-o la 
vía húmeda, puesto que ésta ha realizado sin duda alg'una el 
proceso de \r producción natural de la gdauconita. Es un hecho 
conocido que actuando en frío una disolución de sulfato ferroso 
sobre otra de silicato potásico , se forma un precipitado volu- 
minoso, verde sucio, de silicato ferroso, que se va oscureciendo 
poco á poco. Este precipitado es cristalino y pasa rápidamente 
á sal de sesquióxido, aun en el seno del líquido, tomando un 
color amarillento-rojizo. Teniendo en cuenta que si en lug-ar 
del sulfato ferroso se empleara el sulfato ferroso-potásico, 
podría obtenerse por doble descomposición un silicato ferroso- 
l)otásicü, colocamos en un matraz provisto de un corcho á 
través del cual pasaba un tubo afilado en un extremo, sulfato 
ferroso-potásico disuelto, preparado seg-ún las indicaciones de 
Berzelius (1); añadimos unas gotas de ácido sulfúrico y un 
trocito de alambre de hierro, con objeto de reducir la sal de 
sesquióxido que en las manipulaciones hubiera podido formar- 
se. Se elevó alg-o la temperatura, y cuando el ataque del hierro 
tocaba á su término, se añadió un ligero exceso de sulfato 
potásico. Una vez cesado el desprendimiento de hidróg'eno, se 
añadió la disolución del silicato potásico, y acto continuo se 
l)rodujo un abundante precipitado azul verdoso sucio. Al cabo 
de algunos días este color se va volviendo más verdoso, y por 
último, amarillo, merced á la oxidación; pero si se trata de 
desecar el precipitado en la estufa, una vez recogido sobre un 
filtro, se oxida con suma rapidez y queda sin vestigios de 
óxido ferroso. 

La glauconita debe, á nuestro juicio, encontrarse en íntima 
relación con este silicato ferroso potásico producido artificial- 
mente, en el cual se hallan el óxido ferroso y la sílice en las 
l)roporciones de 20,4 á 50,1 respectivamente; muy análogas á 
las que figuran en el análisis de la glauconita de Villers-sur- 
Mer hecho por Pisani (2), que da 20,1 á 54,1 para los mismos 
cuerpos. Según este mineralogista, la glauconita responde á 
la fórmula 

(R0)3 (Si 0,)6 + 2 HO. 



(1) Traite de CJiimie min., vég. etanim. Trad. par Erzlinger et Hoefer, 1845. 

(2) Des Cloizeaux: Miumel de mine'ralogie, 1. 1, pág-. 542. 



(■?) 



Calderón y Chaves. — estudio de la glauconita. 



al paso que en la Encicloj^edia de Fremy (1) se la atribuye la 
sig'uieiite: 

2 (Fe, K) O, 2 Fe^ O3, 9 Si O.^, 6 HO. 

Fijémonos por un momento en la primera fórmula y trate- 
mos de desarrollarla en conformidad con los conocimientos 
químicos actuales sobre los oxácidos del silicio. El ácido silícico 
que originase semejante silicato sería un anhídrido resultante 
de la separación de una molécula de ag*ua, de dos de ácido 
parasilícico, seg'ún expresa la ignialdad 

2SÍ3 0«H4-H,0=:SieO„H« 

A este ácido podría corresponder uno de los dos esquemas 
sig"uientes: 

HO— Si— O— Si— O— Si— O— Si— O— Si— O— Si— OH 

II II I I II II 

O O OH OH O O 



HO 

^Si 



0-0 



Si 



O 



\ 



Si 



OH 
\0H 
O 



.,•/ 



Si 



0/^ \^^ 

HO— Si— O— o— Si —OH 



La fórmula consig'nada en la obra de Fremy no parece, en 
cambio, tener relación con ácido alg'uno polisilícico. 

Aplazamos para otra ocasión el estudio más especial del 
silicato ferroso-potásico obtenido como hemos dicho; pero por 
ahora, circunscribiéndonos al asunto del presente estudio, 
sólo nos toca hacer notar la fácil formación de dicho silicato 
en circunstancias que bien pueden concurrir en la naturaleza 
para la producción de la gdauconita. 



(1) EncyclopéAie cltimiqtte, t. iii. Métajix, 4^ partie, pág. 113. 



12 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

Cuestión obscura y difícil es la del orig-en de los granos de 
g-lauconita, así como el por qué lo hace sólo en esta forma y 
por qué no abunda más esta substancia en la natura leza^ 
hallándose tan profusamente esparcidos sus componentes. El 
reciente trabajo citado del disting-uido g-eólog'o L. Cayeux con- 
tiene observaciones interesantes sobre este problema de g'énesis 
mineralóg-ica. siendo de notar que se aparta de la opinión más 
g-eneralmente admitida, seg-ún la cual existe una relación de 
concomitancia entre la presencia del mineral en cuestión y la 
de los org-anismos microscópicos. Supone que los g-ranos de 
g-lauconita se han formado en el fondo de los mares en que 
vivían los restos fósiles animales que les acompañan, y que 
lueg'o fueron arrastrados con los elementos detríticos de las 
rocas en cuyo interior se encuentran. En apoj'o de su manera 
de ver, nota que la g-lauconita no aparece exclusivamente 
ocupando las cámaras de los foraminíferos, sino que con fre- 
cuencia forma g-ranos sueltos dispersos entre los demás ele- 
mentos de la roca. 

Debe advertirse, sin embarg-o, que el estado de relleno de 
cavidades de pequeños org*anismos es el más habitual en la 
g-Iauconita, y que si bien aparece con frecuencia en g-ranos 
sueltos, en estos puede reconocerse las más veces la forma de 
moldes más ó menos borrosos ó rodados de las cámaras de 
dichos protozoos, como lo haií indicado ya los paleontó- 
log-os (1). 

La cuestión apuntada es, como se ve, compleja y al mismo 
tiempo capital para la solución del obscuro problema de la 
g-lauconita, el cual parece reclama absolutamente la interven- 
ción de una substancia g-elatinosa, como vamos á tratar de 
demostrar. 

Los g-eólog-os que se han ocupado de preferencia en este 
linaje de cuestiones de la química del g-lobo, entre ellos 
Roth (2) y Credner (3), han puesto de relieve la poca estabilidad 
de las sales ferrosas naturales que determinaría la total des- 
aparición de los silicatos de protóxido de hierro de la corteza 
terrestre en la zona superficial, si los procesos de reducción no 



(1) ZiTTEL: Traite de Paléontologie. Trad. francesa, 1. 1, pág. 67. 

(2) Allgemeine und chemische Geologie, tomo i, Berlín, lf>'79. 

(3) Traite de Géol. et de Paléont.^ (trad. francesa). París, 1879. 



9) Calderón y Chaves. — estudio de la glauconita, 13 

contrarrestaran y se opusieran á esta obra. Entre dichos silica- 
tos, son todavía más inestables los formados por vía húmeda 
que los producidos por la íg-nea, exig-iendo su conservación la 
ausencia de toda materia capaz de prestar oxíg-eno con facili- 
dad. Ahora bien; siendo la g-lauconita un silicato de protóxido 
de orig-en submarino, necesita indispensablemente para su 
conservación la influencia de un medio reductor, que podría 
ser la substancia sarcódica, más propicia para semejante papel 
que cualquiera otra, cuya existencia, además, nos sería difícil 
imag'inar. Creemos, por tanto, que la materia g-elatinosa que 
existe en suspensión en las aguas, y sobre todo la substancia 
org-anizada misma que llenaba las cámaras de los foraminífe- 
ros ó las cavidades de otros pequeños seres provistos de esque- 
leto, han sido, sin duda alg'una, los ag-entes reductores á 
favor de los cuales se ha consolidado el silicato de protóxido 
de hierro y de potasio. 

El Sr. Cayeux, haciéndose carg-o de la diferencia de tamaño 
que presentan los g-ranos de g-lauconita en las diversas rocas 
que los contienen, nota acertadamente que todos ellos varían 
en el mismo sentido y á la par, creyendo poder fijar una rela- 
ción constante entre el volumen de dichos g-ranos y el de los 
otros minerales detríticos que los acompañan. Isosotros hemos 
comprobado, además, en nuestras preparaciones una conexión 
constante entre la amplitud de las cavidades de los org-anismos 
y la de los g-ranos de g-lauconita que la roca encierra. Así, para 
citar alg-unos ejemplos, estos últimos son macroscópicos y 
abundantes en la caliza de Hetereosteginas de Sierra Morena y 
en la creta tobácea de Rouen; al paso que sólo alcanzan dimen- 
siones microscópicas y son más escasos en las calizas eocénicas 
con RotaUas y Bolhmas dispersas de la provincia de Cádiz y 
en el barro calizo de CfloMgerinas de Morón. En todos estos 
casos, la relación entre los foraminíferos y la g-lauconita es de 
todo punto manifiesta. 

Nosotros sólo creemos poder deducir de estas observaciones 
la existencia de un proceso consistente en una sencilla reduc- 
ción operada por las materias animales, prescindiendo por 
ahora de discutir la hipótesis de Sterry Hunt (1), de que la 



(1) Mineral Physiology and Physiography. New- York. (2.» edición). 1889. 



14 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (10) 

substancia org-anizada en presencia de las sales de hierro 
disueltas dé liig-ar á la formación de sales ferrosas de ácido 
org-áiiico, manantial por excelencia de las soluciones fe- 
rrosas. 

Parece perfectamente establecido el hecho de que la gdauco- 
nita sólo se forma en las profundidades oceánicas y nunca en 
las costas ni á débil hondura. Tal sucede, actualmente, en el 
llariíado lodo de GloMgerinas que se elabora en el fondo de los 
mares, y se ha producido ig-ualmente en épocas anteriores, 
dejando formaciones análog-as en un todo, como la roca antes 
citada de Morón y las areniscas g'lauconosas del cretácico 
superior de New-Jersey. En el valle del Guadalquivir, que ha 
estado sometido durante el período terciario y el cuaternario á 
una serie de ascensos y. descensos totales y parciales, se observa 
un hecho muy sig-nificativo en comprobación del aserto que 
acabamos de consig-nar (1). Los sedimentos que corresponden 
H formaciones profundas son g'lauconosos, al paso que están 
desprovistos de este silicato los producidos á menos hondura, 
intercalándose los g-lauconosos á los no g'lauconosos. Así con- 
tienen este mineral las rocas calizas del eocénico; vienen lue- 
g-o sedimentos desprovistos de él , que son de orig-en menos 
profundo, y otra vez vuelve á aparecer en la caliza arená- 
cea helveciense con Hetereostegina costnla D'Orb. , para no 
presentarse después en las demás capas miocénicas ni plio- 
cénicas dei)ositadas durante el período de emerg-encia del 
valle. 

Las teorías de los Sres. Reuss y Cayeux, no pueden dar cuenta 
de esta coincidencia sig"nificativa, relacionada, indudable- 
mente, con las condiciones del medio biológ-ico submarino. El 
fondo del lecho del Océano es el receptáculo de una lluvia 
incesante de foraminíferos, cuyas conchas y substancia sar- 
códica se van depositando y formando allí una materia pastosa 
al mezclarse con otros elementos minerales en un estado de 
notable tenuidad, sumamente favorable para la realización de 
los procesos químico-g-eológ-icos. 
Nótese que nosotros no pretendemos que sean única y pre- 



(I) Calderón: Movimientos pliocénicos y postmiocénicos cu el valle del Guadalquivir. 
(Anal. Soc. Esp. de Hist. nat., tomo xxii, 1893.) 



(II) Calderón y Chaves. — estudio de la glauconita. ir> 

cisamonte los foraminíferos, los briozoos y los coraliarios los 
ag-entes que han intervenido en la formación déla g-lauconita, 
como parecen opinar los que han seg'uido fielmente en este 
punto la opinión clásica de Erhenberg- (1); pues como indican 
Gümbel y Cayeux, el mineral se presenta á veces en forma de 
un barniz en la superficie y en las desigualdades de los g-ranos 
de cuarzo de ciertas areniscas glauconosas que no puede atri- 
buirse á ning-úu relleno de cámaras ni cavidades. En este caso 
el agiente reductor debe haber sido la materia orf^ánica que en 
un estado aproximadamente homogéneo se difunde por el 
fondo del mar. 

Sterry Hunt (2), examinando la cuestión desde el punto de 
vista químico, se fija en la presencia de los depósitos de sepio- 
lita y de talco en los sedimentos terciarios y los considera 
como originados por un mismo silicato pectolítico desconocido. 
cuya relación de protóxido, sílice y ag-ua sería 3:9: 3. Seg'ún 
este reputado mineralogista se trata de una doble descompo- 
sición operada entre la disolución de un silicato pectolítico 
que tuviera una base potásico-cálcica parecido á la apofilita, 
y una sal ferrosa disuelta, la cual resultaría de la reducción 
de sedimentos que contuvieran óxido férrico por las materias 
org-ánicas. Estas condiciones serían muy á propósito para la 
formación de la g-lauconita; y si en lug"ar de actuar dicho 
silicato con la disolución de sal ferrosa fría, lo hiciera en 
caliente con aguas magnesianas , se originarían el talco y la 
sepiolita. 

Es fácil, en efecto, darse cuenta del proceso de consolidación 
del silicato de protóxido de hierro y de potasio desde el punto 
de vista de Sterry Hunt, atendiendo á que la sustracción del 
agua por una parte y los cambios moleculares por otra, deter- 
minarían ese estado cristalino de la sustancia que recuerda 
alg-o el del cuarzo g-ranulítico y acusa la probable inñuencia 
de una sustancia g-elatinosa que no se halló en condiciones 
propicias para que la orientación de sus moléculas se operara 
con entera libertad. 

Terminaremos observando que la g"lauconita es un mineral 



(1) Ueher den Gri'nídsand. fAhlli. d. K. Akad. Wiss, Berlín, 1855.) 

(2) Op. cit. 



16 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (12) 

poco alterable; pero no de tal resistencia que no se pueda 
reconocer en ella la obra de los ag-entes de la descomposición. 
Hemos observado los g-ranos más frescos en las rocas de sedi- 
mento químico más compactas, y por tanto poco accesibles á 
las acciones atmosféricas; al paso que los g'ranos sueltos de 
las arenas g-lauconosas se conducen, como liemos dicho, á la luz 
polarizada; su color verde primitivo se ha transformado en 
amarillo y parduzco y ofrecen sus superficies empañadas y 
corroídas. 

El hecho de que una porción variable del hierro de la g-lau- 
conita se halle al estado de sesquióxido, encuentra su explica- 
ción en un fenómeno de oxidación, que revelan al microscopio 
ciertos g'ranos de una coloración verde alg'o parduzca ó ama- 
rillenta, que en su periferia presentan más exagerado el tono 
amarillento, merced indudablemente á la oxidación. Nosotros 
no hemos notado nunca ésta más intensa en el centro que en 
los bordes del g-rano de glauconita. 

Alg-unas rocas en que abundan los g-ranos de este silicato, 
presentan manchas como de productos terrosos y ferruginosos 
que deben ser con toda probabilidad el resultado final de la 
descomposición de este mineral; otras veces llenan el interior 
de las cámaras de los foraminíferos ó los bordean, hechos que 
se observan en toda la masa de la martelilla de Jerez; pero 
hasta ahora no hemos tenido ocasión de observar la serie de 
estados intermedios entre el cambio de coloración de los g'ranos 
que inicia la alteración y su completa conversión en un pro- 
ducto terroso. 

Resumiendo los resultados á que nos parece haber podido 
lleg^ar, estudiando los ejemplares de las localidades citadas, 
en la compleja y obscura historia de la g-lauconita, diremos que 
este silicato es, á nuestro entender, un mineral rómbico, de 
alta refring^encia y de una estructura semi-g-ranulítica, consis- 
tente en un agregado de individuos imperfectamente desarro- 
llados y nunca orientados. La composición de la g-lauconita 
es, á nuestro juicio, menos complicada de lo que alg-unos 
autores han supuesto. Creemos haber obtenido por procedi- 
mientos de laboratorio una sal análoga y que puede dar 
alguna luz sobre su g-énesis por vía húmeda, si bien en la 
naturaleza parece haber intervenido con toda seg-uridad la 



(13) Calderón y Chaves. — estudio de la glauconita. n 

materia org-ánica como ag"ente reductor que ha obrado de un 
modo lento. Por último, hemos seg-uido en lo posible la 
marcha de la descomposición de este silicato , cuj'o resultado 
final deben ser ciertas manchas de óxido de hierro que pre- 
sentan alg-unas rocas plag-adas de restos fósiles de org-anismos 
microscópicos. 



ANALES DE HIST. NAT. — XXIII. 



^ 



NOTAS MINERALÓGICAS. 



mim m\Aim m ü provincia de muí 



ID. SJ^LVJ^IDOIR CJ^^L■DEI^01^. 



{Sección de Sevilla. — Sesión del 2 de Febrero de 1894.) 



Como matei-iales, útilef^ quizás alg'úii día para la ininera- 
log'ía española, he reunido en el presente bosquejo alg-unos 
datos nuevos ó poco conocidos referentes á minerales y sus 
yacimientos de la provincia de Sevilla. Los ejemplares á que 
en él voy á hacer referencia, han sido recog-idos en su mayoría 
por mí en excursiones que he ido realizando en estos últimos 
años, ó por alg'unos de mis discípulos, y fig'uran en la colec- 
ción reg-ional que voy formando en el Museo de la Universidad 
de Sevilla, habiendo procurado remitir también ejemplares al 
de Madrid, de aquellos de que poseía duplicados, con el pro- 
pósito de enriquecer la serie de minerales españoles que se va 
constituyendo en este último, y de que ha empezado á dar 
noticia nuestro disting-uido consocio D. Lucas Fernández 
Navarro. Las colecciones del Museo de Madrid en manos de 
su competente y celoso personal de profesores y ayudantes 
han de ser la base de los trabajos de conjunto, de que se está 
ya tan necesitado, sobre las producciones naturales de nuestro 
país; el de provincias llenará su misión si contribuye con su 
modesto óbolo (tan modesto como son los medios de que dis- 
pone), alleg-ando pequeños materiales, como el presente, para 
tan importantes ol)ras. 



20 ANALES DE HISTOEIA NATURAL. (2> 



Baritina granuda en roca. 

Hace alg'ún tiempo me fueron remitidas de Peñaflor en con- 
sulta, muestras de una roca gris, compacta, homog-énea y 
sumamente pesada. La /acies, más de roca g-ranudo-cristalina 
que de una masa mineral de estos ejemplares, y la existencia 
de puntos y laminillas distribuidos en la pasta á modo de 
individuos porfídicos, hicieron creer, aun á personas prácticas 
en el reconocimiento de las substancias minerales, que se tra- 
taba de una roca maciza, quizás de una sienita: pero no satis- 
fecho con esta clasificación, por no explicar la débil dureza de 
la piedra, que se deja rayar fácilmente con la punta de un 
cortaplumas, ni la notable densidad de la misma, hube de 
estudiarla macro y microscópicamente, lleg-ando á los resulta- 
dos que voy á indicar á continuación. 

La densidad media de los trozos examinados ha dado la 
cifra de 4,02; su dureza es de 3,5. Al soplete se fande en un 
esmalte blanco y el análisis ha mostrado un g-ran predominio 
de barita sobre las demás bases, hierro abundante, cal é indi- 
cios de cobre en la parte atacable por el ácido nítrico. 

En las secciones transparentes, examinadas al microscopio, 
se ve que se trata de una roca de estructura cristalina, cons- 
tituida predominantemente por g-ranos lamelares de baritina, 
entre los cuales se hallan alg-unos carbonatos en ag-reg-ados 
g"ranudos y rara vez en individuos mayores, los cuales, en su 
mayoría, deben ser de calcita. Se perciben también dise- 
minaciones abundantes de hierro opaco, soluble en el ácido 
clorhídrico, en g-ran parte de mag-netita, con productos de 
descomposición en sus bordes, referibles unos al leucoxeno y 
otros al hierro titanado, y, por último, alg-unos frag-mentitos 
de g'ranate y partes cloríticas, de orig-en micáceo, al parecer. 

Habiéndome aseg'urado .que la roca de que se trata abundaba 
en Peñaflor en términos de constituir g-randes macizos, em- 
prendí una excursión en compañía de los Sres. Vinsac, Chaves 
y Barras, de la Sociedad Española de Historla Natural para 
comprobar este dato y examinar el yacimiento. Nosotros sólo 
vimos la roca de baritina formando el hastial S. de la mina de 
cobre (bornita, calcopirita y pirita cuprífera) de la ^(Dehesa de 



Í5) 



Calderón. — notas mineralógicas. 21 



Almenara.» al N. de Peñaflor, propiedad de D. Gualterio 
Poole. La mina estaba, por desg-racia, inundada, lo que nos 
impidió comprobar el espesor y relaciones de la roca, que á 
veces parece estratificada por contener vetas paralelas de 
cuarzo, desde capilares hasta de 1 cm. de espesor. 

Dos circunstancias me parecen dig-nas de mencionarse en 
la roca de Peñaflor: de una parte su aspecto y estructura, tan 
diversos de los que estamos acostumbrados á ver en las bari- 
tinas españolas; otra el armar este filón de contacto en los 
g-neises micáceos, estando el terreno arcaico de la región des- 
provisto de todo género de formaciones análog-as á la en cues- 
tión, ni en su composición, ni en la manera de aparecer. 



Toba de limonita. 

Procedente del Pedroso existe en las colecciones de la Uni- 
versidad un ejemplar de esta variedad, que aunque no es rara 
en ciertas reg-iones extranjeras, abundantes en óxidos de hierro 
y sobre todo piritas, no sé que se haya citado todavía de 
España. El citado ejemplar es sumamente poroso, obscuro, de 
€olor de madera de cedro y mate, siendo notable por su lige- 
reza, que se explica bien por consistir totalmente en envol- 
ventes delg-ados de tallos vegetales é incrustaciones de hojas 
de Quercus, á veces admirables. Esta toba tiene exactamente 
el mismo aspecto, aparte del color, que las tobas calizas más 
ligeras, y reconoce, como ellas un orig'en incrustante. Por eso 
los italianos llaman á semejante sustancia ¿n/o di /erro. 



Moronita. 

Hallazgos posteriores al precedente trabajo sobre esta sus- 
tancia, realizado en colaboración con el Sr. Paul (1), me han 
permitido reconocer la extensión considerable de la notable 
formación alli descrita en varias direcciones en torno de 
Morón. Constituye manchones de diversa amplitud, llamados 



(1) La Moronita y los yacimientos diatomáceos de Morón. (Anal, de la Soc. esp. de 
HiST. NAT., tomo XV, 1836.) 



22 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (i)- 

eil el país aJberos, j que se consag-ran al cultivo de las viñas^ 
único al que se prestan. La zona principal y más ancha de 
estos manchones va desde Morón á Montellano. Reciente- 
mente he reconocido la misma sustancia en una muestra que 
me ha sido consultada con otro objeto, procedente de la pro- 
vincia de Córdoba, entre Ag'uilar y Puente-Genil, donde se 
dice se halla interpuesta entre rocas calizas. 

En el citado estudio hemos definido la moronita como una 
mezcla de sílice y carbonato de cal: la primera forma las 
cubiertas de innumerables y eleg-antes diatomeas, esqueletos 
de radiolarios y espíenlas de espong-iarios y celentéreos, al 
paso que el seg'undo se encuentra principalmente fosilizando 
esqueletos de foraminíteros. Estos últimos, que hasta aquí no 
habían podido ser reconocidos claramente, se han separado 
por medio del sulfato de sosa , obteniendo así un verdadero 
barro de Glob/f/críjias . que indica se trata de un depósito de 
mar profundo. Xing'ún hallazg-o semejante á éste se ha reali- 
zado hasta ahora en Andalucía, pues en ella los foraminíferos. 
aunque abundantes, habían sido encontrados en formaciones 
rizopodicas miocénicas y pliocénicas. nunca más antig'uas , ni 
de profundidades oceánicas tan considerables como la que 
revela la que me ocupa (1). 

Los dos componentes fundamentales de la nnjronita. calizo 
y silíceo, se mezclan íntimamente, pero en proporciones muy 
varias seg-ún las procedencias y seg'ún la profundidad. De 
aquí resulta que la roca pasa unas veces á un trípoli diatomá- 
ceo casi i)uro , como acontece en ciertos depósitos cercanos á 
Morón, y otras á una caliza de foraniiniferos alg-o silícea y 
arcillosa, como en Coripe. Esta última variedad constituye lo 
que los franceses llaman /jOKf á (jJohUjév'mes, considerada 
ordinariamente como equivalente terciario y })ost-terciario de 
la creta (2). 



(1) Véanse mis precedentes notas: Foraniiniferos fósiles de Andalucia^ (Anal, de 
LA Soc. ESP. DE HiST. NAT., tomo xvii, ActasJ, y Foraminiferns pUocenos de Andalucía. 
(Anal, de la Soc. esp. de Historia nat., tomo xxii, Actas.) 

(2) M. L. Cayeux, que ha estudiado micrográflcamente la creta de Lille, no es? 
partidario de esta opinión , pues cree que esta substancia se lia formado mucho más 
cerca de la costa que el lodo de Globigerinas, el cual sólo por excepción contiene ele- 
mentos terrígenos, siendo los escasos y pequeños fragmentos minerales que encierra,, 
producidos por la actividad volcánica submarina, al paso que la creta aprisiona única- 
mente detritus minerales que proceden del continente. 



(5) 



Calderón. — notas mixkhalíjgkas. 23 



Semejantes diferencias de composiciún están en armonía 
con otras referentes á la fauna |que en cada caso contiene , y 
parecen indicar variaciones durante la sedimentación de estos 
depósitos en la profundidad del mar y consig-uientemente en 
la naturaleza de su fondo, los cuales implican cambios corre- 
lativos en las condiciones biológicas, análog-amente á lo obser- 
vado en muchos depósitos pliocénicos de la cuenca del Medi- 
terráneo. ■ 

La morouita típica, tal como la hemos definido el Sr. Paul }' 
yo. es la que ofrece el término medio entre la variedad que 
pasa al trípoli y la que lo hace al barro de foraminíferos. 



Caliza cuarcífera de Morón. 

En otro precedente estudio he tenido ocasión de describir l;i 
caliza eocénica de Morón, compacta, blanco-ag'risada, plag-ada 
de partes espatizadas. que son restos fósiles de briozoos y fora- 
miníferos, entre estos \oíí NinnmuHtes MiircJiisoíd y atessíca (\). 
Reducida á láminas delg'adas y examinada al microscopio 
ofrece una porción de inclusiones extrañas: nodulos arriñona- 
dos de limonita, g-ranos y vetas de giauconia rellenando las 
cámaras de los foraminíferos ó sueltos y procedentes de otros 
ya alterados, laminillas de mica y de oligústo. trocitos y 
g'ranos de una roca eruptiva (diabasita?) y alg'unos restos con- 
fusos y mal determinables. Pero el mineral que más me ha 
llamado la atención entre los que contiene esta caliza es el 
cuarzo, que en la Serrezuela de los Charcos, inmediata á los 
volcanes fang-osos. se presenta en cristales hialinos, comple- 
tos (prismas bipiramidados), de 7 á 8 mm. por 3 de ancho, y 
con abundancia en ciertas partes de la roca. 

La presencia y los caracteres de estos individuos cuarzosos 
en el seno de dicha caliza fosilífera, sugieren á mi juicio 
motivos de reflexión que voy á apuntar lig-eramenle. 

Sólo puede explicarse la existencia de semejantes cristales 
en la roca, de una de estas dos maneras: por haberse formado 
en su interior, ó por proceder de una roca más antignia des- 



(1) Calderón: Los colcancs fangosos de Morón. (Anal, de la Soc. esp. de Hist. 

NAT., tomo XX.) 



24 ANALES UE HISTORIA NATURAL. (6) 

compuesta y liaber sido envueltos entre la caliza al tiempo de 
la cristalización. La primera hipótesis se ha aplicado al escla- 
recimiento de otros hechos análogos, como las calizas carbóni- 
cas marinas de diversas localidades, entre ellas en España las 
de los Picos de Europa, que están preñadas de estas inclusio- 
nes silíceas. El Sr. Macpherson (1) ha visto en las calizas que 
están en contacto con la ofita de Biarritz cristales de cuarzo 
de 10 mm. de diámetro y finos como palillos de dientes, que 
parecen haberse eng-endrado dentro de la matriz en que se 
hallan. A un proceso semejante se deben las concreciones 
silíceas de la creta, obrando en estas la acción dinámica con 
g"ran energ'ía para poner en movimiento todas las moléculas, 
La sílice podría estar contenida en la roca, bien en estado de 
arena ó en otra forma. M. de la Yallée-Poussin (2) pensaba 
que los cristalitos de cuarzo diseminados en la caliza carbó- 
nica de Bélg-ica son debidos á la concentración de la sílice de 
procedencia org-ánica contenida en la roca durante la recristali- 
zación g-eneral de la caliza. Esta se halla constituida esencial- 
mente de conchas de foraminíferos reunidas por un cemento 
espático. Cualquiera que sea el orig-en, ya org'ánico ya arená- 
ceo ú otro, de la sílice que contuviera la caliza, ha tenido que 
ser removida y concentrada, á semejanza de lo que se observa 
en las calizas arcaicas de Sierra Morena y de otras reg'iones. 
Pudiera aceptarse semejante explicación para los cristales 
cuarzosos contenidos en la caliza eocénica de Morón, pero yo 
me inclino, sin embarg-o, á ver en ellos un i)ro(luctü de trans- 
porte de rocas más antig'uns. tanto porque entre los mencio- 
nados restos y minerales microscópicos que contiene, alg'unos 
reconocen indudablemente este orig'en, como porque las 
superficies de contacto de los cuarzos con la caliza es limpia y 
normal, sin que se descubra en ella nada que acuse fenómenos 
de metamorfismo ni de transporte molecular. En los ejemplares 
que he donado al Museo de la Universidad de Sevilla, se nota 
que los trozos más abundantes en cristales de cuarzo son 
también los más ricos en XnjjuuvIHes muy perfectos, sin que 
la proximidad de los cristales haya producido en ellos la 



(1) Comunicación particular. 

(2) Note sur des bañes de calcaire carbonifére renfermant des foraminiféfes et des 
ri'istaux de qtiartz. (Bvll. Ac. lí. de Beiffiqne, 3« sMe. tomo xv, núm. 2, 1883.) 



(7) Calderón. — notas mineralógicas. 25 

menor modificación . lo cual pudiera explicarse tanto por la 
teoría de M. de la Vallée-Poussin, como por la de haber sido 
eng-lobados al tiempo de la sedimentación. La única dificultad 
que se ofrece para aceptar esta última suposición es que la 
mayoría de los cristales de cuarzo no sólo no se hallan desgas- 
tados ni redondeados, sino que conservan en sus áng'ulos y 
aristas una pureza extraordinaria, incompatible, al parecer, 
con la idea de que hayan sido separados de otra masa descom- 
puesta y transportados antes de sedimentarse. Esto pudiera 
depender, sin embarg-o, de circunstancias especiales en que 
semejantes trabajos se realizaran y que no es fácil determinar. 
Además de la cuestión apuntada, suscita otra la presencia 
de los cristales cuarzosos empotrados en la caliza eocénica de 
Morón, que no ha sido hasta ahora resuelta satisfactoriamente: 
la del orig-en de los cuarzos hialinos, heinatoideo, ahumado y 
lechoso, que tanto abundan en el seno de los yesos ofíticos de 
ésta como de otras muchas regiones. Generalmente se consi- 
deran como un producto epig'énico, aunque sin precisar bien 
su génesis; pero si se tiene en cuenta que en Morón, como en 
casi toda la región epigénica de Andalucía y en otras, el yeso 
es un producto de transformación de las calizas eocénicas, 
cabe sospechar que dichos cristales existieran en ellas antes 
del cambio del carbonato en sulfato de la roca que los apri- 
siona. Los cuarzos que acabo de describir son incoloros y 
transparentes y no teñidos, como habitualmente se encuentran 
en el yeso; pero también he tenido ocasión de ver algún 
jacinto de Compostela indudable en la caliza eocénica men- 
cionada. 



Inclusiones en el cuarzo de los pórfidos 
de la provincia de Sevilla. 

Las secciones delgadas de un gran número de rocas porfídi- 
cas de Sierra Morena presentan individuos de cuarzo con 
numerosas inclusiones de forma diexaédrica, como ya lo ha 
indicado el 8r. Macpherson (1). 



(1) Estudio geol. y petrogr. del N. de laprov. de Sevilla. fBol. de la Com. del Mapa 
geológico de Espa'ia, t. vi, 1879.) 



26 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(8) 



Estas inclusiones aparecen unas veces solas y otras alter- 
nando con otras redondeadas, hecho observado también por el 
Sr. J. Boscha (1) en los pórfidos de las minas de Tharsis y de 
varios cercanos á los yacimientos cupríferos de la provincia 
de Huelva, y ampliado por el mismo con la observación de 
muchas rocas análog-as de diferentes localidades de Europa. 
En estas, como en las españolas, se nota que á menudo en dos 
l)reparaciones de un mismo ejemplar, uno ofrece tales inclu- 
siones y faltan, por el contrario, en el otro. Para mostrar el 
número y relaciones de todas las inclusiones, tanto diexaédri- 
cas como redondeadas que ha observado en diferentes prepa- 
raciones de pórfidos, presenta el autor un cuadro del que 
copio las localidades de la provincia de Huelva mencionadas 
por él y á las que agTeg'o las de los ejemplares de Sierra 
Morena, que he podido examinar en la forma sig'uiente: 



LOCALIDAD. 



Sierra Blanca (278 m.) (Huelva) 

ídem, 279 

ídem, 280 

El Cerro 

ídem 

Cabezas Rubias 

ídem, 110 

Mina La Duquesa (340) 

Castillo de las Guardas 

Montero (Sierra Morena) 

Marmol ejo (Sierra Morena). . . . 



MJMERO 

de 
inclu- 
siones. 



4 
1 
4 

15 
27 
13 
13 
15 
9 
5 
12 



DIEXAÉDRICAS. 



Con 
micro- 
lito. 



Sin 
micro- 
lito. 

1 

1 

1 

9 
16 
13 

5 
12 

1 

2 
10 



REDONDEADAS. 



Con 
micro- 
lito. 



El Sr. Boscha opina que esta diversidad de inclusiones es 
debida á una serie de cambios alternados de temperatura 
durante la solidificación de la roca. Empieza por sentar que 
con toda probabilidad el orden de consolidación de los elemen- 



0) Remarques snr les ¿nclusions de certains quartz des porpJiyres. Breda, 1885. 



(9) Calderón. — notas mineralógicas. 27 

tos de los pórñdos 110 lia sido siempre el mismo en todas estas 
rocas, dependiendo de la composición de la mezcla fundida á 
expensas de la cual se formaron. Una vez comenzada la cris- 
talización, ha podido continuar hasta la solidificación com- 
pleta, lo que se demuestra á su juicio por el examen de hi 
base cripto-cristalina de ciertos pórfidos g-raníticos. en la cual 
se encuentran todos los minerales esenciales del pórfido mismo. 
Hay que tener en cuenta, además, que alg'unos cuarzos deben 
haberse introducido en el estado en que aparecen en la masa 
de la roca, pues difieren completamente por su facies de los 
demás desarrollados en ésta. 

Ocupándose el 8r. Macpherson de las inclusiones en el cuarzt) 
de los pórfidos de Sierra Morena dice: «Ciertas cavidades del 
cuarzo presentan á menudo la particularidad de ser moldes 
neg-ativos de la forma cristalina de esta substancia, observán- 
dose alg'unos diexaedros muy bien caracterizados, hecho que 
no deja de ser de alg'una importancia si se tiene en cuenta hi 
tendencia en estas rocas á la forma cristalina» 

«Aunque, considerada en g-eneral, la repartición de estas 
inclusiones es muy irreg'ular, en determinados sitios se observa 
cierto orden. Así, por ejemplo, se ve que en alg-unas de las phi- 
cas de cuarzo que existen entre los bordes de los frag-mentos 
de feldespato que han sido atravesados por las vetillas de ma- 
teria silícea, segn'in la dirección de cualquiera de las caras del 
crucero, las inclusiones tienen tendencia á alinearse paralela- 
mente á la misma dirección, cual si el movimiento molecular 
que se iniciaba por la línea de menor resistencia que el feldes- 
pato ofrecía á la infiltración del mag-ma silíceo, se hubiera 
conservado por alg-ún tiempo fuera ya de su acción directa» (1). 

Conviene notar, además, como dato para el esclarecimiento 
de esta cuestión, que en el cuarzo g-lobular de los pórfidos g"ra- 
nitóideos micáceos, son muy raras las inclusiones provistas de 
burbujas, al paso que en las g-randes placas de cuarzo de 
estructura g-lobular abundan mucho y les acompañan nume- 
rosos cristales de apatito. Nótase también que el cuarzo empas- 
tado en los pórfidos feldespáticos de Sierra Morena, consiste, 
en su mayoría, en restos de cristales preexistentes á las reac- 



(1) Op. cit., pág. 46. 



'¿8 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (10) 

ciones que deben haber realizado la formación de la roca; otros, 
en cambio, son de solidificación más reciente. 

Seg'ún la teoría del Sr. Boscha, si en un cuarzo porfídico se 
bailaba una inclusión de contorno indefinido, vitrea ó de otra 
substancia que pudiera disolver el cuarzo al fundirse, la forma 
de la materia incluida tendría que cambiar por no serig-ual la 
solubilidad en las diferentes direcciones. Si esta se encontrara 
en su minimiim normalmente á las caras del romboedro, la 
materia incluida adquiriría una forma próxima al diexaedro. 
<^ Por efecto del enfriamiento, el cuarzo comenzaría á cristalizar 
reg'ularmente completando el cristal rodeado. Pero importa 
notar que, con toda probabilidad en este proceso, el cristal 
negativo continuará tomando una forma reg-ular, puesto que 
justamente en los áng'ulos nuevamente formados se deijosítará 
el minijiiujíi de materia soluble por unidad de superficie.» 



Filón de fluorita en una cantera de yeso. 

Los trabajos de extracción de la g-raii cantera de yeso inme- 
diata al cementerio de Morón, que como he indicado repetidas 
veces, es un producto de metamorfismo de la caliza eocénica, 
pusieron á descubierto hace poco años unos curiosos filoncillos 
que han desaparecido ya porda continua labor de que es objeto 
aquel sitio. De uno de dichos filoncillos tuvo la i)revisión de 
recog-er y traerme D. José Ang'ulo unas muestras, y entre ellas 
un g-rupo de dos bellos cristales de fluorita de 3 cm., consis- 
tentes" en culio-ocíaedros dominantes con caras de triaquis- 
nctaedro (0. ^o o -o. jn ()). En una de mis últimas excursiones á 
-Morón, he podido todavía ver en una extensión de muchos 
metros el filón de donde se sacaron los cristales y recog'er trozos 
de él con objeto de reconocer su estructura. Está constituido en 
su centro por la fluorita de color verde mar; á ésta envuelve 
una zona más espesa, fuertemente impreg-nada de materia 
org'ánica, que presenta vestig-ios de ácido sulfúrico y fosfórico, 
de. alúmina y sílice, con alg'o de hierro y sin indicios de flúor. 
VA contacto entre el filón y la roca de yeso en que arma, es 
perfectamente limpio y sin adherencia entre amibos. 

Semejante hallazg'o reviste, á mi juicio, cierta importancia 
desde el punto de vista de la g-énesis mineralógica; tanto por 



(11) Calderón. — notas mineralógicas. sí» 

la edad moderna de este filón de fluorita, especie mineral que 
se reputa antiquísima, como por hallarse cristalizada y en 
cristales relativamente voluminosos, formados evidentemente 
por vía húmeda. Aquí no tienen aplicación ni la experiencia 
clásica de Sénarmont ni la de Becquerel para la reproducción 
de dicho mineral, y se presenta un problema de los más obs- 
curos. 

Es sabido que el fluoruro calcico ha sido considerado como 
uno de los cuerpos esencialmente insolubles y en los que apo- 
yaban los plutonistas la teoría eruptiva de los filones; los par- 
tidarios de la teoría hidrotermal, sin embarg-o. han probado 
que en éste, como en otros muchos casos, la química precipi- 
tada del laboratorio no puede aplicarse á la natural sin ciertas 
reservas. Así el ag-ua de Carlsbad contiene, entre otras subs- 
tancias, un poco de fluoruro de calcio, un V:)oo-(,oo- cantidad 
que, aunque parece insig-nificante, suma en el transcurso del 
año un acarreo de 12.500 kg*. También lo contienen, seg'úii 
Daubrée (1), las famosas fuentes de Plombiéres y alg-o de fluo- 
rita existe entre los productos minerales que impreg'nan el 
cemento y los ladrillos romanos de los antig'uos conductos de 
ag-ua de esta localidad, así como en las hendiduras del granito 
con cristales de fluorita, antes tomados por amatistas, y que 
reconocen un orig-en hidrotermal. 

Recientes experiencias de Binder (2) han probado que cuando 
actúa el ag'ua, aunque sea pura, bajo una presión alta, disuelve 
en cantidad apreciable ciertos minerales, y entre ellos la fluo- 
rita, tan poco atacable en las condiciones normales. 

Cuanto á la edad de esta fluorita es indeterminable de un 
modo preciso; pero, desde lueg-o, posterior á los yesos eocéni- 
cos que atraviesa y anterior al terreno moderno, pues nada 
análog'o á esto se presenta en la actualidad en la reg"ión. Los 
Sres. Barrois y Oífret (3) citan la presencia de la fluorita en el 
yeso de las Alpujarras que arma en la parte superior del cám- 
brico, asociada á otros varios minerales, pero suponen haya 
sido arrancada de lassalbandas pizarrosas por el hinchamiento 



(!) Bull. de la Soc. géol. de France, 2.' serie, tomo xvi. y Anuales des mines, 5." serie, 
tomo XIII. 

(2) Min. und Pelrogr. Mitth., tomo xii, pág. 332. 

(3) Sur la coiistitutioii de la chalne bélique. (Compt. rend., 1 Junio, 18S6.) 



-íll ANALES DE HISTORIA NATURAL. (12) 

del yeso al tiempo de su formación. El yacimiento fiuorífero 
más moderno de que teng'o noticia es el citado por el eminente 
Sr. Scacclii (1) cerca de Pompeya. donde existe un producto 
Aolcánico consistente en unas tobas calizas sometidas eviden- 
temente á emanaciones fluorhídricas que han operado en aque- 
lla profunda alteración, y las han hecho cubrirse y penetrarse 
<le mica y otros productos secundarios debidos á la influencia 
de dicho poderoso ag-ente. El flúor se halla en las manchas 
blanquecinas depositadas por las fumarolas secas en los silla- 
res que rodean á la lava, y este cuerpo corresponde al primer 
estadio de la energ-ía volcánica. 

No parece inverosímil, en vista de estas observaciones, que 
])uedan realizarse en ciertas condiciones desprendimientos de 
flúor libre, que en el caso de que se trata, actuando sobre el 
yeso ó sobre la caliza antes de transformarse, serían capaces 
de haber producido directamente la fluorita. Es admisible 
también el orig-en hidrotermal de los filoncillos de Morón, 
análog-amente á las formaciones fluoriferas de Plombiéres, 
aunque ol)rando en circunstancias alg-o diferentes. Lo que 
resulta indudable es que no son obra de ag-entes íg'neos erup- 
tivos. 



Dendrita de turmalina. 

Aunque la turmalina neg-ra es un mineral frecuente en el 
g-ranito de diversas localidades, me ha parecido dig-na de 
mención })or su belleza una dendrita de esta sustancia que 
i-ontiene un trozo de g-ranitu de Gerena. reg-alado á las colec- 
ciones de la Universidad de Sevilla por su descubridor don 
Manuel Bueno. 

Es de notar que en el g-ranito de Gerena es muy rara la tur- 
malina, y en todo el trozo muy espeso en que se halla el ejeni- 
l)lar no he observado ning'ún otro cristal g-rande ni pequeño 
de dicho mineral. De aquí la admiración de los canteros 
<'uando al partir el trozo de g-ranito para sacar de él un ado- 
<iuín, apareció tan curiosa ag-rupación, la cual ha llamado 



(1) Brete nolizia dei vulcani fliioriferi della Catania. 1853. 



(13) Calderón. — notas mineralógicas. 3i 

también la ateiicdón de varios mineralog-istas extranjeros que 
lian estado de paso por í-levilla en estos últimos años (1). 



Alófana. 

Corresponden á esta especie unos ejemplares de un silicato 
amorfo hidratado con alg-o de silicato de cobre, que me han 
sido donados procedentes de dos distintas localidades. Uno es 
de Peñaflor, aunque no conozco su exacta y detallada proce- 
dencia, si bien me han indicado formaba una capita cerca de 
la anaberg-ita de la mina Ait/'ora (2); el otro de Yillag-arcia, en 
Badajoz, y ambos bastante análog'os y bien caracterizados. 

Aunque disponiendo de escaso número de ejemplares y no. 
voluminosos, el Sr. Quirog^i ha podido ensayarlos, recono- 
ciendo en la disolución chorhldrica alúmina y cobre, observar 
que daban ag-ua abundante en el tubo y precisar su composi- 
ción, que corresponde á la fórmula SiO^ Al'^ ÓH-O. Están teñi- 
dos de azul celeste por un silicato de cobre, que debe estar 
interpuesto mecánicamente, como se ha observado en otras 
alófanas extranjeras. 

Los ejemplares de Peñaflor tienen un aspecto opalino, 
estructura concrecionada, con láminas de diversos colores, 
blanco, amarillento en los sitios descompuestos, y capitas 
azules. 

La alófana de Villag'arcía se encuentra en concreciones 
mamelonadas sobre g-alena y asociada á otros productos 
secundarios. Estos mamelones, de color azul intenso y brillo 
opalino, ofrecen en la fractura una estructura finamente fibro- 
radiada. 

No teng'O noticia de que se haya mencionado de España esta 
especie mineralógica, cuyas asociaciones en los dos casos 
citados me parecen además interesantes. 



(1) No es extraño que algún aflcionarlo del país haya creído poder fundar en el 
trozo correspondiente á la otra mitad de nuestro ejemplar e\ ffran descubrimiento áe 
fósiles en el granito... ¡Qué mucho si hombres ilustrados y en importantes centros 
extranjeros de cultura científica han descrito como plantas fósiles ciertas dendritas 
de los meteoritos! 

(2) Calderón: La sierra de Peñaflor (.Sevilla) y sus yacimientos auríferos. (Anal. 
Soc. ESP. UE Hlst. nat., tomo, XX, 1S83.) 



2& ANALES DE HISTORIA NATURAL. (14) 



Magnetita del cerro del Imán. 

En una precedente nota he hablado de este mineral como 
una de las modificaciones probables experimentadas por los 
mag-mas ofíticos en la zona epig-énica de Morón. Entonces solo 
conocía los ejemplares hallados en forma de cantos sueltos en 
las inmediaciones de la Dehesa del Roble; pero en una excur- 
sión posterior he examinado esta substancia en un mayor 
estado de frescura y estudiado un importante yacimiento que 
me ha permitido ampliar unos datos y rectificar otros referen- 
tes á la historia de esta magnetita. 

El mineral de que se trata está íntimamente unido á la 
moscovita, formando ambos una verdadera roca. La magnetita 
es en su mayor parte g-ranuda, de un neg-ro intenso, brillante 
y de estructura concrecionada en las partes en que domina. 
En las oquedades y planos de juntura aparecen en las super- 
ficies g-rupos de cristales de la forma (III, IIO), de caras curvas 
y de unos 4 á 5 mm. Es muy débilmente magnética y no polar. 

El yacimiento de la roca en cuestión , explorado en compa- 
ñía de D. Mig-uel Cala, es el Cerro del Imán, en el término de 
Morón y cerca de la Dehesa de los Charcos. Forma un mon- 
tículo calizo y desde su vértice á 140 m. de altitud hasta la 
base, que median unos 90 m., está atravesado por la parte S. por 




^■& t sV 



1. Caliza del eocénico medio metamorfizada.— 2. La misma convertida en mármol. — 
3. Filón de magnetita y sus ramificacionas. 

un filón que aparece descubierto en lo alto en un círculo de 
10 m. Este envía ramificaciones á la caliza las cuales en los 
sitios denudados afloran como crestoncillos, g-eneralmente 
paralelos al filón principal. 

En el país se conoce y ha llamado de muy antig-uo la aten- 
ción, el filón mencionado, al que alude el nombre de Cerro del 



(15) Calderón. — notas mineralógicas. 33 

Imán, y tratando de explotarle, los trabajadores habían obser- 
vado ya que los instrumentos de hierro se peg-aban á la piedra 
en ciertos sitios, cuando se intentaba arrancarla. También 
existe, seg-ún me han aseg-urado, junto á la Sierra de Laita, 
en el sitio llamado las Lumbreras, otro afloramiento ig'ual, 
conocido en el país con el nombre de Herriza del Imán. 

La roca del Cerro del Imán me pareció al principio una 
asociación de talco y mag-netita; pero examinados alg-unos 
ejemplares por el señor profesor Cohén, me llamó la atención 
sobre la naturaleza del bisilicato, que no obstante su decidido 
aspecto talcóideo, pudiera ser una mica, como lo han confir- 
mado las investig-aciones ulteriores. En efecto, en vista de que 
ni los caracteres exteriores, ni por desgracia en este caso los 
ópticos, podían decidir la cuestión, hubo que apelar á los 
químicos, los cuales revelaron que dichas láminas se colorea- 
ban de azul intenso en caliente, mediante la disolución del 
cobalto, y no en rojizo como lo hubiera hecho el talco. El señor 
profesor Quirog-a, á quien consulté también los ejemplares, 
ha lleg-ado al mismo resultado, reconociendo la alúmina y 
los álcalis con el fluoruro amónico y el ácido sulfúrico, sepa- 
rando primero la alúmina y el hierro, después la mag'uesia, 
encontrando la potasa y la sosa en el residuo seco y calcinado 
hasta expulsar las sales amoniacales. En definitiva, por ambos 
caminos se ha podido reconocer en este mineral de aspecto 
talcóideo, una mica, que lueg'o se ha visto era una moscovita 
bastante rica en sosa, puesto que en una laminilla colocada 
en una g'ota de ácido fluosilícico, y dejada evaporar sobre 
ácido sulfúrico, se formaron cristales de fluosilicato mag-né- 
sico, acompañados de otros exag-onales abundantes del sódico. 

He indicado todos estos pormenores por tratarse de un 
mineral que proporciona un ejemplo de lo eng-añosos que 
suelen ser los caracteres exteriores, y de la necesidad de 
comprobar la clasificación por medio de los ensayos químicos, 
aun tratándose de las especies más frecuentes y conocidas. 

Las láminas mayores de la citada moscovita están cubiertas 
de una costra caliza alg-o espesa, que contribuye á enmascarar- 
las, y cerca de ella hay además alg'o de carbonato de mag-nesia. 

La mag-netita se asocia g-eneralmente á la moscovita en 
forma de g-ranos apretados, íntimamente unidos alas pajuelas 
de este mineral. Cuando el tamaño de uno de estos elementos 

ANALES DE HIST. NAT.— XMII, 3 



m ANALES DE HISTORIA NATURAL. (16) 

■crece, lo hace asimismo el del otro; la mag-iietita se presenta 
en cristales, la moscovita lo hace también en masas de 
aj)ariencia exag-onal muy limpias, de color verde claro, cuando 
no están empañadas por la costra caliza. En g-eneral, por el 
contrario, los componentes se hacen tan pequeños, que la roca 
se vuelve cripto-cristalina, y entonces sólo en las secciones 
delg"adas, y con ayuda del microscopio, se puede apreciar la 
estructura y percibir que consiste en un ag-reg-ado de g-ranillos 
de mag-netita y de pequeñas láminas de moscovita con alg'unos 
productos secundarios. Entre estos dominan laminillas de 
calcita, g-ranos de cuarzo y un mineral en ag'ujas disperso 
cerca de la mag-netita, que debe ser una ceolita. 

La composición de la roca del Cerro del Imán es muy curiosa, 
y debiera desig-narse con un nombre nuevo si se tratara de un 
material eruptivo primordial, cosa que no puede aseg'urarse 
ni neg-arse rotundamente por este solo hallazg-o. El Sr. Cohén 
se inclina á ver en ella un producto de descomposición ó evo- 
lución, aun cuando en ningnma de las preparaciones exami- 
nadas se haya observado resto alg'uno de los componentes de 
la supuesta roca ¡¡riinordial. De todas suertes, la edad post- 
eocénica de este material y el hallarse en una regüón atrave- 
sada por tantas erupciones ofíticas de las que derivan produc- 
tos variados, son circunstancias que militan en favor de la 
idea que sostuve en la citada nota, de que deben referirse á 
ellas, por más que ning-una asociación análog-a se haya 
encontrado hasta aquí dentro ni fuera de la regñón en la 
proximidad de las ofitas. 



Minerales secundarios en las ofitas de Morón. 

Además de los productos habituales en e.sta clase de rocas y 
mencionados de varias localidades, el término de Morón me 
ha proporcionado una serie de minerales curiosos, ya por ser 
bastante raros ó nuevos en tales circunstancias, ya por alg-u- 
nas particularidades que ofrecen. De alg-unos de ellos he dado 
cuenta en un trabajo precedente (1); mas otros encontrados 



(1) Sur les modijlcalions des ¡-oches ophitiques de Morón. (Compt. retid. , 8 de Sep- 
tiembre , 1890.) 



<i7; Calderón. — notas mineralógicas. 55 

después de la redacción de éste, no han sido mencionados 
hasta ahora, por lo cual diré alg'unas palabras de todos ellos 
para dar idea en conjunto de los procesos evolutivos de las 
ofitas de esta localidad. 

Granate. 

En un apuntamiento ofítico cercano á la Dehesa del Roble. 
las modificaciones de la roca han producido minerales que 
hasta ahora no se han mencionado en semejantes yacimientos 
y diversos de los demás de la reg'ión. Entre ellos son particu- 
larmente notables el g-ranate y la wernerita. La roca que 
■contiene estos dos minerales ofrece á la simple vista una pasta 
verdosa con pequeños puntos blancos de feldespato, laminillas 
de olig-isto y abundantes drusas llenas de una substancia 
mamelonada, rosada ó amarillenta que, tratada por los ácidos, 
se disuelve con efervescencia, mostrando el predominio de los 
«arbonatos en su composición; á estos se asocian productos 
ceolíticos difícilmente determinables. 

Entre la materia mamelonada é íntimamente adherida á 
ella, se encuentra el g-ranate en forma de filoncillos y en cris- 
tales rombododecaédricos muy completos, neg-ros, resinosos, 
g-eneralmente pequeños y sólo por excepción del tamaño de 
un g-uisante, y aun de 15'"'" X S'""'. En ambos casos se halla 
fresco, con superficie brillante y con sus exfoliaciones perfec- 
tamente marcadas. En las secciones transparentes muestra 
una doble refracción intensa, hasta el punto de que podría 
hacer dudar se tratara de un mineral reg-ular, á no ofrecer tan 
marcada su forma rombododecaédrica. 

Ya he indicado en mi precedente estudio citado que dicho 
g-ranate es un producto secundario, como lo indica su manera 
de aparecer en las drusas, acompañado de carbonato y ceoli- 
ías, hecho análog-o al observado por el profesor Cohén en el 
basalto nefelínico de Katzenbuckel en el Odenwald. 



Wernerita. 

En las superficies de la misma ofita, cerca del g-ranate y 
asociados á láminas g-randes de olig-isto, se ven unos prismas 



36 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (18) 

blancos muy alterados en todos los ejemplares que lie recog-ido, 
que á veces miden 2 cm. de longitud por 72 de lado. En una 
muestra remitida al Sr. Quirog-a pudo reconocer bien la forma 
tetrag-onal de estos prismas, ópticamente negativos y bastante 
birefring-entes. La wernerita se encuentra formando costra en 
los planos de la roca más alterada, siendo ésta la primera vez 
que se menciona dicho mineral en España en estado de ejem- 
plares macroscópicos. 

Aerinita. 

A corta distancia del afloramiento de oñta que contiene los 
minerales que acabo de indicar, y en una tierra de cultivo 
inmediata al cortijo de la Dehesa del Roble, existen nnos^ 
cantos sueltos de otra ofita que ha seg'uido en su evolución 
una marcha muy distinta de aquella. La superñcie de estos 
cantos expuesta á la intemperie se cubre de una capa azul 
que consiste en ese curioso mineral llamado aerinita, por 
V. Lasaulx. el cual , como se sabe, pertenece al corto gru^JO de 
los silicatos amorfos hidratados. 

Habiendo ya dado noticia de este raro hallazgo y mencionado 
las escasas observaciones que pude recog-er en el sitio en que 
se encuentran las piedras en cuestión (1), me limitaré ahora á 
resumir los caracteres de esta aerinita de Morón. 

En el estado fresco es de color azul intenso, de lustre craso 
y alg-o hojosa. 8e presenta de tres modos: en delgada capa 
adherida á la superñcie de la ofita y su contacto con ésta 
perfectamente limi)io: en estado de penetración en una ofita 
completamente aerinitizada. es decir, convertida en todo su 
espesor en una materia terrea, azulada, descompuesta é 
Impregmada de aerinita; por último, en las cavidades irreg'u- 
lares de cuarzos g-ranudo-cristalinos transparentes, asociados 
á un producto terreo, que parece haber sido arrastrado en su 
mayor parte por el agua. 

El color azul tan característico de este mineral creo es debido 
á una mezcla de compuestos de hierro y cobre, al parecer 
silicatos; al menos en los ensayos practicados en busca de otro 



(1) Aerinita de Morón. (Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., t. xix. Acias J 



(19) Calderón. — notas mineralógicas. 37 

cuerpo á quien imputar semejante particularidad, ni D. Fede- 
rico Cliaves ni yo le hemos hallado. 

Poco se sabe todavía respecto á la historia de la aerinita, 
.que sólo se conocía hasta ahora de dos yacimientos en los 
Pirineos de la provincia de Huesca y en la de Lérida. La 
■escasez de ejemplares en Morón, la delg-ada costra que forman 
los que se hallan en mayor estado de pureza y el encontrarse 
en cantos sueltos, no han permitido suministrar materiales 
para completar dicha historia; pero de todos modos este des- 
cubrimiento, importante ya en sí, permite esperar otros que 
proporcionen materiales suficientes para esclarecer la compo- 
sición y proceso evolutivo de la aerinita (1). 



AnfiboL 

A la salida misma de Morón, á Poniente, se halla una masa 
de roca eruptiva, que ocupará más de dos hectáreas de exten- 
sión, formando el cerro del Calvario, notable tanto por sí como 
por los minerales evolutivos que contiene. Es una piedra 
obscura, tenaz y de fracturas ang-ulosas, cuyo aspecto difiere 
del g'eneral en las ofitas de la reg^ión, así como su descomx)0- 
•sición, que no se hace en esferoides, sino resolviéndose direc- 
tamente en una tierra roja. Todos los ejemplares que he 
tallado están demasiado alterados para poder estudiar á fondo 
la roca, que ha debido componerse esencialmente de ¡jlag-io- 
clasa, aug'ita y mag-netita, aunque los elementos ferro-mag-ne- 
sianos están sumamente transformados en productos secunda- 
i'ios. Ofrece restos de olivino indudables y en alg-unas secciones 
su estructura recuerda la del melafido. No obstante estas 
circunstancias, los contactos de este afloramiento con las rocas 
eocánicas, viéndose en el del SE. una potente formación de 
yesos, y otras razones me hacen suponer no se trate de una 
roca preterciaria, sino de una ofita melafídica. 

Los trabajos de extracción de la piedra del cerro del Calva- 



(1) El profesor Groth (Tabelarische Uebersicht der Mineralien, 3.' edic, Braunsch_ 

•weig-, 1889) le asigna como composición probable la siguiente: 

Si's 6" [Al, Fe] 10 [Cu, Fe, Mg]o 18 H^ O, 
■ó acaso 

[Si 0"i] s [Al 04] [Al, Fe]e [0H]4 Ca\ 16 H-i O. 



88 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



m 



rio, que es excelente para el firme de las carreteras y para la 
construcción después de machacada y mezclada con cal, des- 
cubre en las partes que se hallan en descomposición y formando 
nidos en las leptoclasas, cavidades irreg-ulares que contienen 
minerales secundarios. 

El más abundante de los minerales en cuestión es el anfibol, 
que en forma de agnijas verde-obscuras ó verde botella, tras- 
lúcidas, y en las más finas amarillo-verdosas transparentes^ 
tapizan alg-unas cavidades cavernosas de la roca. Estos larg-os 
y delg-adísimos cristales se nos clavaban en los dedos como 
ag'ujas invisibles cuando explorábamos la cantera, producién- 
donos una urticación vivísima que nos duro más de dos días. 
Otras veces forman gTupos de prismas más cortos y apretado» 
que parecen musg-o nacido en la roca. 
En las ag'ujas que por excepción adquie- 
ren mayor desarrollo, se puede adver- 
tir que consisten en curiosos prismas 
de anfibol, sin que en ning-uno haya- 
mos podido encontrar la pirámide hasta 
ahora. 

En estos prismas sólo se disting-ue la 
zona vertical con el ortopinacoide muy 
desarrollado. Las caras 100, que en el 
anfiljol férrico faltan ó están solamente 
indicadas, son en estos sumamente lar- 
g-as ; carecen en cambio de las 010, ha- 
bituales en las hornblendas y llevan además las IIO. El aspecto 
de estos prismas resulta tabular, como indica la adjunta fig-ura^ 
merced á ese desarrollo extraordinario del ortopinacoide, y de 
superficie estriada (1). 



Amianto. 

La misma roca suele presentar de trecho en trecho con 
otros productos más confusos y no bien determinados, delga- 
das capas de amianto en las antig'uas fracturas de la roca. 



(I) D. Federico Chaves del Pulgar me comunica haber encontrado en una pista- 
cita de Maro (Málaga) un anfibol con el mismo desarrollo y caracteres que el aquí 
descrito. 



(21) Calderón. — notas mineralógicas. 



Anortita. 

En los sitios donde está más descompuesta la roca del Cal- 
vario, particularmente en los planos de juntura de la misma. 
se presenta un mineral en cristales prismáticos alarg-ados, 
blanco g-risáceos y de ^rma extraña. Constituyen g-rupos 
estrellados, que recuerdan j-or su aspecto los de la carfolita 
de Sclilag-enwald , y sus prismas más enteros miden centíme- 
tro y medio de larg-o por 2 mm. de sección. Estos cristales son 
demasiado imperfectos para poder precisar el índice de sus 
caras y sumamente alterables, empañándose y pulverizándose 
con prontitud. Van acompañados de láminas redondeadas de 
olig-isto. 

Se trata de un silicato monosimétrico, cálcico-aluminoso, 
con poca ó ning-una ag-ua, cuya composición corresponde 
exactamente á la asignada á la anortita (1). Hay que advertir 
que constituye una variedad diversa por su aspecto y manera 
de presentarse de todas las conocidas hasta ahora; hasta el 
punto de que no mé hubiera atrevido á clasificarla como lo he 
hecho, sin apelar antes á la indiscutible autoridad del emi- 
nente profesor Schrauf, de Yiena, á cuyas luces debo muchas 
indicaciones valiosas desde que me ocupo en el estudio de las 
rocas y minerales de Andalucía. 

Se trata evidentemente de una anortita formada por accio- 
nes secundarias, análog-amente á otras plag-ioclasas reciente- 
mente descritas por Brauns en la diabasa de Friedensdorf, 
cerca de Marburg- (2); y aunque se ha citado alg-iín ejemplo 
de esto, es muy imperfecto el conocimiento que aún se tiene 
de semejante g-énesis. Como es sabido , la anortita es rara en 
las rocas eruptivas, y por eso el hecho de encontrarse en el 
cerro del Calvario, cerca del anfibol en larg-os prismas, pudiera 
acaso dar luz sobre la producción no explicada de ciertos 
agreg-ados de anortita y hornblenda en larg-os prismas, que se 
han citado de varias localidades extranjeras. 



(1) Dana: Text-Book of Mineralogy (última edición, de 1892). 

(2) Brauns: Albit, Analcim , Natrolith , Prehnit und Kalkspath , Verwitterungs- 
producteeincs üiabases von Friedesdorf bei Marburg; Nenes Jahrb.f. Min.; 1892. 



40 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (22) 



Titanita. 

En la misma ofita de la Dehesa del Roble, antes mencionada, 
en un hueco de la roca , he encontrado dispersos cristales 
cortos alterados de wernerita y entre ellos de trecho en trecho 
prismas de anfibol y otros pequeños, pero muy bien confor- 
mados, evidentemente de titanita. Son estos amarillos ana- 
ranjados acaramelados y ofrecen un brillo adamantino muy 
intenso. Los mayores miden 2 mm. de larg-o por 1 de ancho; 
y aunque demasiado pequeños los más limpios para poderlos 
estudiar cristalog-ráficamente, en alg-uno me parece ver la 
combinación 001, ÍOI, IIO, 100, quizás con otras caras que no 
acierto á discernir. 

Por su tamaño, color, aspecto y manera de presentarse se 
parecen ])astante á los ejemplares de titanita de las traquitas 
del lag'o Laacher estudiadas por G. v. Katli {1\, superando á 
estas quizás en perfección las que describo. En la localidad 
alemana yacen como los de las rocas volcánicas de Albano, 
isla Procida é isla de Ponza. en las drusas y se consideran 
producidos por sul)limación , hallándose á veces asociadas á 
cristales de anfil)ol que reconocen el mismo orig'en, seg-ún la 
descripción del profesor Arzruni (2). Sin embarg-o de estas 
analog'ías, creo que la titanita de Morón, como los demás 
minerales que la acompañan en las drusas, es de orig'en 
secundario y que deriva del hierro titanado de las ofitas. 

Debo advertir que este mineral parece muy escaso en la 
localidad, pues en un solo ejemplar le he visto en las drusas 
y aun empastado en la superñcie alterada de la ofita. Sin 
embiirg'o. este hallazg-o es, sin duda, interesante por tratarse 
de un mineral no mencionado hasta ahora de España, ni 
citado en el extranjero de ning'una roca análog'a á la ofita. 



(1) Pogg. Ann.,p. 115, 1862. 

(2) Krystall. Uutersuch. an sublimirten Titanit und Amphib. f^ZitsungsbericJite 
d ft.preuss. AJiad. zu Berlín, 1882.) 



CATALOGO 



DE LAS 



PERIANTIADAS CUBANAS, 

ESPONTÁNEAS Y CULTIVADAS, 

POK 

D. MANUEL GÓMEZ DE LA MAZA. 



(Sesión del 6 de Diciembre de 1893.) 



El presente trabajo es el complemento del que, con ig-iial 
título, se publicó en los Anales de la Sociedad Española de 
HisTomA Natural, tomo xix, pág". 213. En aquella parte se 
expuso el catálog-o de 70 de las 101 familias que representan 
€n Cuba la sub-clase de las Periantiadas, y hoy se ofrece el de 
las 31 restantes, repitiéndose, corregido, el de alg-unas cuyo 
primer catálog'o se anula. 

Los números entre paréntesis se refieren á las exsiccatas 
cubanas de Mr. C. AVrig-lit. y las especies se entienden silves- 
tres, salvo otras indicaciones. Las especies y variedades no 
seg-uidas de nombre de autor son simplemente (inundadas. 



42 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (68) 



ORDEN L— DIALIPÉTALAS. 

Suborden I. — Dialipétalas superovariadas. 

Anonáceas. — Menispérmeas. — Lauríneas.— Clusiáceas. — Dileniáceas.— Ocnáceas.^ 
Euforbiáceas.— Búxeas.-Bixáceas.— Samídeas.— Pasiflóreas.— Cruciferas (').— Me- 
liáceas. — Anacardiáceas.— Sapindáceas.-j-Sábieas (2;.— Viteas. 

Anonáceas. 

Anona squamosa Lin. (Cult.!) — Anón. 

— bullata Ricli. — AnonciJIo. Laurel de cnal)(bl. 

— Laurifolia I)un. — Anonclllo de Cuija. Laurel de sabana, 

— muricata Lin. (Cult.!) — Ciuanáljana. 

— Püi'to-Riccensis (Cult.) — Guanábana de Puerto-Rico. 

— montana Macf. [A. muricata Lin /?.? Dun Cand.] — Giia- 

nábana cimarrona. G. de loma. G. amarilla. 

— Cascarilloides Wr. [Rollinia Franci-Frias, Morales.] — 

Anoncillo, A. de paredón. A. de sabana. 

— reticulata Lin. [A. ^-lahrata Lin.?: Ricli.?; A. mucosa 

Jacq.?] (Cult. !) — Mamón . 

— palustris Lin, — Bagá, Palo bobo. 

— Cherimolia Mili, (Cult.!) — Chirimoya. 

Oxandra lanceolata, H. B." [O. vir^-ata Ricli. üvaria lanceolata 
S\v, Uv. virg-ata 8w. Guatteria virg-ata, Dun, Boca- 
dea virg-ata Benth. V Hook. O. punctuata AVr.] — 
Haya común. 
— Laurifolia A. Ricli. [Uvaria Sw.; Guatteria Dun.; Bo- 
cag-ea Benth y Hook.] — Púrio. 
Uvaria para-neg-lecta. [Asimina neg-lecta Gris.; Uvaria Mora- 
lesi G.-M, nombre (^)] — Pimienta malagneta. 

— Blaini. [Asimina Blainii Gris.] — Yaya. 

— ueg-lecta Rich. [Asimina rhombifolia Gris,, Uvaria Ri- 

chardia Morales]. — Yaya, Palo de lama. 



(1) Liliáceas.— Crasuláceas.—Rutáceas.=.\nulando su primer catálogo. 

(2) Leguminosas: apéndice 1. 

(3) Se desecha ese nombre específico, que se lee en nuestra Flora de Cuba (tesis), 30. 



(69) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. í:^ 

Xylopia lucida H. B." [X. g-randiflora Aubl., S.^Hib.: Bentli. X. 
long-ifolia Cand.; X. Cubensis Rich.: X. Dunaliana 
Plancli. y Lindb.; Uñona lucida Cand.; Un. Xylo- 
pioides Dun., Ca?locline? lucida Cand.; Un. acuti- 
flora Dun.; Uvaria febrifug-a Humb.] — Malagncid 
hraxa. 

— g-labra Lin. [X. obtusifolia Ricli.; Habzelia obtu.sifolia 

Cand.] — Cirio. Pico de gallo laurel, Gualiico desahana. 
Gruimha, Palo de hornija. 

— ^thiopica Rich. [Uñona Dun.] (Cult.) — Pimienla de 

Cridnea. 
Monodora Myristica Dun. [Anona Gartn.] (Cult.) — Fnemoso. 
N'uez moscada. 

Menispérmeas. 

Pachyg'one Cubensis Gris. (1104, 1853). — ChicIiari'onciUo. 
P, ang-ustifolia A. Gray. 

— Doming'ensis Eicliler. [Cocculus Cand.; Hyperbrena 

Benth. y Hook.] (23, 1105). 

— axilliflorum. [Anomospermum (Apabuta) axilliflo- 

rum Gris.] (1854). — CMcharrón de farallón. 
Cissampelos Pareira Lin. (21). — Pareira Ijraxa (tipo y var.) 
7, Gris. [C. Caapeba Lin.) (22). 



Lauríneas. 

Acrodiclidium Jamaicense Nees. [Symphysodapline Cubensis 
Rich.; Aydendron? Cúbense Rich.] (481 ('). 
1401, 1410, \\\^').—Lexl:a. 
— Wrig-htii Meissn. (481 C^), 2854, 2855).— Z^^7?;r/. 

Hernandia Cubensis Gris. (1390). 

— sonora Lin. (2592). 
Persea montana Spreng-. [Phaibe Gris.] (476, 1406, 1407, 1411). 
— Boniato del iñaar. 



(1) Colección de los años 1860-64. 

(2) ídem 1856-57. 



44 ANALES DE HISTOKIA NATURAL. (70) 

Persea CulDensis Meissn. [Pli?ebe hypoleuca Ricli.] — Boniato 
Naneo. 

— sylvestris Ricli. — Aguacate silTesíre. 

— g-ratissima Gartn. — Agnaeaic. 

— ti'iplinervis [Plisebe Gris.; Persea Cinnamomifolia Rich., 

no Kunth.] (482. 1400). — BoniaUUo, Boniato blanco 
(tipo y var.) 
j3. AVrig-liti [Plia?be Cubensis Nees.; Ceramocarpium 
Cúbense Nees.; Plisebe Antillana; 7, Cubensis Meissn.] 
(481, 2590). 
7, Yalenzuelana [Plia?be Ricli.; Oreodapline? alba Rich.] 
(2583, 2591). 
Cinnamomum Zeylanicum Breyn; y, commune Ts'ees. (Cult.) — 

Laurel canelero. 
Beilschmiedia péndula [Hufelandia Nees.] (485, 486, 1402, 

1403, \\\-i).— Laurel de Joma. 
Nectandra leucantlia Nees. [N. Antillana Meissn. N.? 3Iag"no- 
lifrfülia Rich., no Nees.] (480, Um).—Agmcatillo, 
Boniato agi'acaiillo. Baullúa. 

— ÁVilldenowiana Nees. [N. sang-uinea Gris., no Rottb. 

N. ("ig'na Riídi.] (484, 2589). — Cigna, Sigua. 

— exaltata Gris. [Oreodapline Nees. N. Boniato Rich.] 

(2587, 2588). — BonlatUlo. Boniato amarillo. Boniato 

ele costa. 
Ocotea cuneata [Oreodapline? obovata Rich.) Nectandra cuneata 
Gris. Nemodaphne cuneata Meissn. (1412. 1413, UKi"?) 
— Canelillo. 

— leucoxylon [Oreodapline Nees. Nectandra? long'ifolia 

Rich., no Nees.] (483, 486. 487, V?>m).—Aguaeatillo. 
P, elongata [(Ireodaphne leucoxylon Nees.; i3, elong'ata 
Meissn.] (477). 

— floribunda (Strychnodaphne Gris. Oreodapline Linde- 

niana Rich.] (1404. 1405. 1408, 1409, 2586).— Boniato 

laurel. 
Laurus nobilis Lin. (Cult.) — Laurel común. 
Cassytha Americana Nees. (488). 



(•/I) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 



Clusiáceas. 

Rheedia aristata Gris. — Manajú, Cahima. 

— friiticosa AVr. — EspueJa de caballero, de los imiares. 

— Ruscifolia Gris. — Mauajucillo. 

— elliptica Sauval. — Manajú de costa. 
Garcinia Mang'ostaiia Liii. {s>\\\X.)— Mangustán. 
Calophylloii Calaba Jacq. (Calopliylliim). — Ocnje. 

Mammea americana Lin. [Reedia Gris.] (Cult.) — Mamey de 

Santo Domingo, M. amarillo. 
Quiina ternatiflora Sauval. — Icaquillo de las Po:as. 
Clusia rosea Lin. — Copey. 

— alba Lin.? [Tovomita Clusioides Gris.? Clirysoclilarnvs ? 

Clusioides Gris. ?]. — Copeicillo. 

— flava Lin. — Omitida por Saiival. 

— venosa Lin. ? — CopeiciJlo de manglar. 

— minor Lin. ? 

Dileniáceas. 

Tetracera volubilis Lin. (1839) [T. Pseppig-iana Sclilecht.] — 
Bejuco guará, Bejuco carey. 
— cuspidata Mey. (1843) [Doliocarpus semidentatus 
Garcke; Delima dasypliylla Miq.] — Manteqnilhi. 
Mata-negro. 
Davilla rug'osa Poir. (1840, 1841) [D. Sag-rfeana Ricli.] — Bejuco 
colorado. Bejuco guará. 
¡5, ciliata Gris., Caí. 2. (Poppo en herb. Hook.) [D. ci- 
liata Rich. C)]. 
Curatella americana Lin. (1842). — Yaca-luey, Chaparro. 



Ocnáceas. 

Ouratea elliptica. [Gompliia Rich.; G. pinetorum ^Vr.] — Gua- 
nahanilla del pinar. 

(1) Es erróneo D. ciliaris Rich. 



:4(3 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (~2) 

Ouratea Ilicifolia H. B.", nombre [Gomphia Cand.] (2117). — 
GnanahanUJa de sala na. 

— iiitida [Gomphia S\v.; G. acuminata Ricli., no Cand. 'í\ 

(2115). — CruanaMmUa de monte. 

— alaternifolia [Gomphia Rich.] (58). — Guanali anilla. 

— revoluta [Gomphia \Vr.] (1128). — Guanalanilla. 



Euforbiáceas. 

Euphorlña pilulifera Lin. — Hierba de hoca, H. de la niña, Go- 
lon d) "in a , Ma I casa da . 

— Hvpericifolia Lin. — Hierha de la niña. 

— piinicea Sw. — Flor de Pascnn. 

— Buxifolia Lam.'^ ('). 
'¿, flexuosa Boiss. 

— Tirucalli Lin. (Cult.) — JJisciplinilla. 

— pulclierrima Willd. (Cult.) 

— splendens Bojer (cult.) — Gracia de Dios. 

— Jacquiniseflora Hook. (Cult.) 

— prostrata Ait. (548, 549). — Hierba de la niña, Golon- 

drina. 

— serpens Kuntli (2013, 2()\-í).—Zec/iera, Hierba lechera 

(tipo y var.) 
e?, Centunculoides Gris. [Eui)horbia Kunth] (2012). 

— adenoptera Bertoliui [E. dioica Kunt] (557, 2015). 

— trichotoma Kunth (3709). — Lechera marina. 

— cyanog-ala ^Yr. [E. Cubensis Boiss.] (2018). 

— Cassythoides Boiss. (553, 2017). 

— monantha ^Vr. (1421). 

— Graminea Jacq. (exót.?) 

p, penduculosa Boiss. [Euphorbia Rich.] 

— Leterophylla Lin. (exót.) 

Y, Graminifolia Eng-elm. [E. Havanensis Willd.] — 

Lechosa. 
f, g-eniculata [Euphorbia Orteg-a; E. Prunifolia Jacq.] 

(554). — Lechosa. 



<1) Es el tipo ó la var. la exsiccata de Wr., 20IG. 



(-3) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 47 

Euphorbia microphylla Morales.— Parece una mala determi- 
nación. 
Pedilantluis Titliymaloides Foit. —2ta//io real, Díctamo real, 
Gallito colorado. 

— ang'ustifolius Voit.—ítamo real, Díctamo real. 

— linearifuliiis Gris. (1677). — ítamo real. Díctamo 

real. 
Dalecliampia scandens Lin. [D. scandens; «, g-enuina J. MüU.l 
(2010). 
— denticulata AVr. (2011). 

Pera Bumeliaífolia Gris. — Ilayaljacaná , .Jaijahacaná, Yaya- 
Itacaná. 
— oppositifolia J. Müll. — Ilayaljacaná, .layalacaná, Yaya- 

bacaná. 
Ricinus communis Lin. — Palma Cristi, Higuereta, Ricino. 
Crotón Orig-anifolius Lam.'' (exót.) 

a. discolor J. Müll. («) [Crotón Gris., no Willd.] 

— ? Primifolius Yalil. [Lasiocroton Gris.] 

— niveus Jacq. 

— linearis Jacq. [C. Cascarilla Lin., en parte; C. Hippo- 

phaíoides Rich.] (560, 1967, en parte). 
p,, vSag-rfeanus [Crotón J. Müll.] (1967, en parte). 

— lucidus Lin. (567). — Cnahá ele ingenio, Caohilla (tipo y 

variedad), var. (566) (>) [C. CulDanus J. Müll.] 

— Corylifolius Lam.'' (566). — Cuahá de ingenio. 

— craspedotriclms Gris (1963). 

j3, adpressus [Crotón ^Vr. y Gris.] 
7 ?, scaberrimus [Crotón J. Müll.] 

— stenopliyllus Gris (1967, en parte; 1669). — Clavellina de 

laguna (tipo y var.) 
/3, acutifolius J. Müll. (560). 

— viminalis Gris. (565). 

— Populifolius Lam.'' 

— g'landulosus Lin. [C. divaricatus Gris., no Lin.] (568, 

1958, 1959). 

— lobatus Lin. — Frailecillo cimarrón (tipo y var.) 
á, intermedias J. Müll. 



<1) Colección de los años 1856-57. 



48 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (74) 

Crotón Yunquensi Gris. (1966). 

— Lindenianus Rich. 

— spiralis J. Müll. [C. Astroites Ait.] (1670). 

— ciliato-g-landulosus Orteg-a (Cuba?) [C. penicellatiis 

Vent., Rich.?]. 

— clavulig-er J. Müll. [C. penicellatus Gris., Rich.?] (1960). 

— Cancilla, CaneUUo :? 

— albidus J. Müll. [C. flavens Gris., no Lin. ni J. Müll.] 

(1965). 

— pandura^formis J. Müll. [C. Doming-ensis Vahl., seg-ún 

Gris.] (157). 

— maritimiis AValth. (1993). 

— bispinosus Sauval. 

— trig-onocarpus AVr. (1972). 

— nummulariíefolius Rich. [C, Serpylloides Gris.] (569). 

— pachysepalus Gris. (559). 

— fulvus Rich. 

— Francavillanus J. Müll. 

— homolepidns J. Mülll. [C. Cascarilloides Vahl.] (1971). 

— ClaxeUina de laguna. 

— Myricfvfolius Gris. (1969). 

— Rosmarinifoliiis Gris. (1968). 

— cerinas J. Müll. [C. procumbens Wr., no Jacq.] (1970). 

— spinosus Sauval., no autores (3690). 

— pervestitus Gris. (1964). 

— leucophlebius Gris. (1962). 

— Vacciiiioides Rich. 
Acidocroton Adelioides Gris. (3702). 

Mettenia g-lobosa Gris. [Crotón g-lobosus 8w.; Ricinus g-lobo- 

sus Willd.] (1973). 
Tournesolia Castaiifefolia [Caperonia S.'-Hil.; C. nervosa Rich.; 
C. palustris Kunth., Gris.] (1974). 
j3, inflata [Caperonia palustris; var. inflata Gris.] 
(3704). 

— palustris [Caperonia S.'-Hil.; C. Castanfefolia Gris.^ 

no S.t-Hil.] (1975). 

— candicans [Arg-ythamnia S\v.; Arg'yrothamnia 

J. Müll.] (570). 
Trag-ia volubilis Lin. [T. monandra H. B."] — Candelilla. 

— g-racilis Gris. — Candelilla. 



(75) Gómez de la Maza. — pebiantiadas cubanas. 49 

Platyg-yne pruriens H. B." [P. iirens Mere: P. liexandra 
J. Müll.; Trag-ia pruriens Willd.: T. hexandra Jacq.; Acaii- 
thocaulon frutícans Klotzscli]. — Pr¡nga-mo:a. 

Bernardia Corensis J. Müll. [Polybrea. Klotzscli].-=-Omitida por 
Gris, y Salival. 

— microphylla J. :Mü11. [Adelia. Ricli.] (1977). 

— dicliotoma J. Midi, (exót.) (•). 

j5, venosa J. Müll. [Bernardia, Gris.] (1425). 

var. [B. intermedia Gris.: B. Mexicana J. Müll.; 

a., g-enuinaJ. Müll.: solamente en lo que se refiere 

á Cuba] (1425). 
Acalyplia Cliamíiedrifolia J. Müll. [A. reptans Sw.; A. Corclio- 

rifolia Willd.; no Ricdi.] (1426, 1672). 
.3, péndula J. Müll. (.) [Acalypha AYr. y Gris.] (1981). 
3, fissa J. Müll. (1983). 

f. Glechomjv folia J. Müll. [Acalypha Ricli.] (572). 
V, pyg'm;va J. Müll. [Acalypha Rich.] 
■ñ, nana J. Müll. [Acalypha Gris.; A. pyg-ma^a Gris.; 

no Rich.] (1984). 

— Hernandia^ folia 8\v. 

— distans J. Müll. [A. virg-ata Gris.; no Lin.] (1982). 

— membranácea Rich. |A.. adenophora Gris.] (1986, 

1986", 1986"). 

— laxiflora .1. Müll. 

— setosa Rich. 

— persimilis J. Müll. [A. Cor. chorifolia Rich.; no 

Willd.] 

— Havanensis J. Müll. 

— cuspidata Jacq. (1985). 

— Alopecuroides Jacq. (571). 

— tricolor Hortul. (Cult.!)— Jcy////y?. 

— polystachya Jacq. (Cult.!) — Acalifa. 

Ricinella pedunculosa J. Müll. [Adelia Ricinella Lin.; A. pe- 
dunculosa Rich.] (581, 1425). — Jia espinosa. 

— sylvestris J. Müll. [Adelia Gris.] (1976). 
Alcliornea latifolia Sw. — AguacatiUo. 

Leucocroton Wrig-htii Gris. (561, 562. 1424). — Cuahá amarilhi 
(tipo y var.). 

(1) Es el tipo ó una var. la exsiccata de \Vr., 1671? 

ANAI.IÍS DE HIST. NAT.— XXIII. 4 



50 ANALES DE HISTORIA NATURAL. t~G) 

Leucoci'oton var. [L. flavican.s J. MüU.: o, latifolius J. MülL] 
(1994). 
var. [L. flavicansJ. MiilL; P. ang-ustifoliiis J. Müll.] 

— revoliitus Sauval. (3701). 

— virens Gris. (1978). 
Ditta Myricoides Gris. (1429). 

Excíecaria Caribíea Gris. [E. bracliypoda Gris.; Actinostemon 
Caribípus Gris.: A. concolor J. Müll.; y. Cari- 
bseus J. Müll.: Sebastiania bracliypoda Sauval.; 
nombre]. 

— Laurocerasus J. Müll. (exót.) 

p. elliptica J. Müll. [Sapiíim Laurifolium Gris.] 
(578). — Lechero, Palo de leche (3 y 7). 

y. Laurifolia J. Müll. [Sapium Aucuparium Willd.; 
Stillin<j;-ia Laurifolia Rich.] 

— lucida S\v. [Sebastiauia J. Müll.] — Saiti. 

— big'landulosa J. Müll. (exót.) 

4. Daplmoides J. Müll. [Sapium (iris.] (1980). 

— SagTfpi .1. Müll. |E. Myrcifolia Gris.; Sebastiania 

Myrcitblia Sauval.: nombre] (2006, 2007?).— J/r/;^- 
2(üiUlo del Morrillo. 

— Valili [Sebastiania corniculata J. Müll.; <t>. g-enuina 

J. Müll.; Microstachys Valilii Rich.] (1979). 

— albicans Gris. [Sebastiania Grisebacliiana J. Müll.; 

a, albicans J. Müll.; S. albicans Sauval.; nombre, 
en parte] (2003). — Yaiti Jjobo. 
j3. venulosa [Sebastiana Grisebachiana J. Müll.; 
j3, virens J. Müll.; E. venulosa Wr.; S. albicans 
Sauval.; nombre, en parte] (2004). 

— pallens Gris. [Sebastiania i)allens J. Müll.; y., g-e- 

nuina J. Müll.] (1427). — Saiti de hoja menuda. 
0. tenax [Sebastiana pallens J. Müll.; ¡3, tenax 
J. Müll.; e". tenax Wr. y Gris.] (2002). 

— leucosperma J. Müll. [Sapium leucospermum AVr. 

y Gris.] (lOOO?, 2000"). 

— leucog-yna J. Müll. [Sapium leucog-ynum Wr. y 

Gris.] (2000). 

— eg-landulosa J. Müll. [Stillingia Rich.; Sapium ade- 

nodor Gris.] (1428). 

— erythrosperma Gris. (1673). 



KTi) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 51 

ExcíBcaria Cubensis J. Müll. [Boiiania Ricli.] (1997). — Filigrana 
de costa. 

— emarg-inata J. Míill. [Bonania Wr. y Gris.] (1998). — 

Filigrana de costa. 

— sebifera J. Müll. [Stilling-ia Mich.^] {C\\\i.)~ Árbol 

del seJjo. A. de Ja cera. Cera. 
■Omplialea diandra Lin. — Avellano de costa. 

— trichotonia J. Müll. — AreUano de costa. 

— liYpoleiica Gris. 

— triandra Lin.? (Cuba? Cult.?) — AreUano de Guia?, 

Avellana de América!' 
Hyppomane Mancinella Lin. — Manzanillo, Arlol del diablo, 

Pen ipenicJt e , Pin ipin icJi c . 
Hura crepitans Lin. — Haba, IlalAlla, Salvadera. 
Manihot utilissima PoliL (Cult.!) — Inca agria. 

— palmata J. Müll. (exót.) 

p. Aipi J. Müll. {Q.\\\i.\)—Snca dulce. 
Jatropha Curcas Lin. [Curcas purg-ans Adans.; C. Indica Rich.] 
(Cult.!) — Piñón botija. P. purgante. 

— multifida Lin. (Cult.!) — Chayo. Don Tomás. Nuez 

vómica cubana. Piñón vómico. 

— Gossypiifolia Lin. (exót.) 

P, eleg-ans J. Müll. [Jatroplia Klotzsch]. — Frailecillo, 
Frailecito, San Juan del Cobre, Tua-tua, Tuatua. 

— diversifolia Rich. [J. hastata Gris. : J. integ-errima 

Jacq.] (575). — Peregrina (tipo y var.). 
ñ, Tupifolia [Jatrofa Gris.] (1953). 
7, pandura?folia G.-M. [Jatropha Andrews.; J. hastata 

Jacq.] (1952). 
c"^, pauciñora [Jatropha Wr. (1954). 

— Ang-ustifolia Gris. (1956). — Peregrina del pinar (tipo 

y var.). 
j3, spathulata J. Müll. (a) [J. g-lauca Gris.] (1955). 

— frag-rans Kunth. 

— quinquelobata Miller. — Omitida por Sauval. 

— Rang-el [J. peltata Sauval.] (') (3689).— T^rt-Zo santo. 

— ? [Cnidoscolus sp., Gris., Cal. pl. Cub., 17, esp. n.° 51.] 



(1) Sin relación ninguna con el /. peltata Steud., exótica; ni con el J. peltata. 
Kuntk., también exótica. 



"52 ANALES DE HISTORIA NATURAL. GSy 

Aleiirites Moluccana AVilld. (Cult.!) — XogaJ de ¡a India. 
Diypetes incurva J. MüU. — Hueso. Maco. 

— crocea Poitr. [D. giauca Ricli., Gris.: no Yalil.] 
7, latifolia, J. Müll. — Hueso. 

— y;-lomerata Gris, (exót.) 

/J, Olivácea J. Müll. — CJueJuiírón espinoso. 

— triplinervia J. Müll. 

— mucronata Gris. — Hueso de costa. 
Pliyllantlius nobilis J Müll. (exót.) 

", Antillanus J. Müll. [Cicca Antillana Juss.] 

— Mruri Lin. [Pli. Niruri; s, g-enuiniis J. Miill. — 

HierM de la niña (tipo y var.). 
í, tenuicaulis J. Müll. 

— tenuicaulis J. Müll. — Hierha de la niña. 

— cyclanthera H. B." — Hierba de la niña (tipo y var. i . 
;3, g-racillimus J. Müll. 

7, Lindenianus J. Müll (>). 

— carnosulus Griss.; Wr. 

— pruinosus Rich. 

— pentaphyllus Gris.: Wr. [Pli. Niruri .1. :Mü11.: 

;'. radicans J. Müll.] — Hierha de la niña. 

— acuniinatus Valil [no Pli. Conami S\v.] 

— virens J. Müll. [Cicca Wr.] — A:uIeJo de nionle. 

— scandens .1. Müll. [Cicca \Vr.] — A:uleJo hejiiro. 

Raspa-lengua. 

— neopeltandrus Gris. 

— Pseudo-Cicca Gris. 

— ñutan s Sw. 

— Grisebacliianus J. Müll. 

— reticulatus Poir (exót.) 

,'3, o-iaber J. Müll. [Pli. Jamaicensis Gris.] (Cult.?) 

— ang'ustifolius S\v. — Panetela. 

— Epiphyllantlius Lin. — Panetela (tipo y var.). 
/3. dilatatus J. Müll. (>). 

■>. pra^long-us J. Müll. 

— pallidus Wr.; no Gris. (1950). 

— sub-carnosus AVr. (') [Ph. pallidus Gris., no W'r.J 

(1496). 

(1) Que es el Ph? sub-carnosus Sauval., F/orcí, 12."i? 



-€•9) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. E3 

Plivllaiitlms orbicularis Kuntli. 
/5. ellipticus J. Müll. 
7 . obovatus .T. Müll. 

— ^Myrtilloides Gris. 

jS, spathulifolius [Pliyllantus Gris.] 

— erytlirinus J. Müll. [Ph. purpureiis Gris.; Wr., iio 

J. Müll.] 

— discolor Spreng-. 

— Williamioides Gris. 

— procerns Sauval. 

— heliotropus Gris.: Wr.; J. Müll. 

— aquaticiis Saiival. 

— squamatus Sauval. 

— g-raiidifolÍLis Liii. [Pli. Jiig-landifolius Willd.] — 

CivoseUa cimarrona. 

— jiinceus J. Müll. 

— micrantlius Ricli. 

— echinospermiis Sauval. 

— minimus Sauval. 

— aeeidissimus J.- Müll.? [Cieca racemosa Lour.] 

(Cult.)— 6-';mr//r^ ('). 
Securinega Acidotliamnus J. Müll. [Flueg-g-ea Acidotliamnus 

Gris.] (1999). 
Antidesma Cubana ('■^) [Hieronyma J. Müll.] (580, parte). — 
Cajuela (tipo y var.). 
B, pallida [Hieronyma. J. Müll.; H. Clusioides Gris (^)] 
(580. en parte). 
Savia Erytliroxyloides Gris. 

— Clusiifolia Gris. 

j3, intermedia J. Müll. 

7, fallax J. Müll. 

^, membranácea J. Müll. 

— Laurifolia Gris. 

— sessilifloraWilld. [Pliyllantlius Laurifoliiis Rieh.: Ph. pu- 

bigerus Ricli.] — AretiUo, Maco, Carhonero de costa. 
Callitriclie Occidentalis Hea-elmenn. 



(1) o Ph. distichus J. Müll. [Cicca disticha, Lin.] ? 

(•2) Desechánilose el nombre empleado en nuestro Dkc. 'jot., 29. 

'p) Sin relación con la H. Clusioides J. Müll. [Stilaginclla Tul.l, exótica. 



54 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (80> 

Callitriche deflexa A. Braun. 
Tetralyx brachypetalus Gris. (1995). 



Búxeas. 

Biixus siibcoliimnaris J. MüU. [Tricera la^vig-ata Gris., no Sw.J 
(1920). 

— Cubana H. B.'^ [Tricera Ricli.]— ^oy de Cuba. 

— Citrifolia Spreng". (exót.) 

r, brevipes J. Müll. [Tricera fasciculataGris. exclusiva- 
mente para parte de la exsiccata de AVr. núm. 1919] 
(1919 en parte). 

— acuminata J. Müll. [Tricera fasciculata Gris.. ídem.; 

Tricera acuminata Gris.] (1919, en parte). 

— retusa J. Müll. [Tricera Gris.] (1921). 

/3, g'onoclada (Tricera Wr. Buxus J. Müll.) 

— giomerata .1. Müll. [Tricera Gris.] (1676). 

— Wrin-htii J. Müll. [Tricera microphylla Gris.] (1928). 



Bixáceas. 

LcPtia Ternstra^mioides Gris. — CiiKKjuasl. 
Xylosma infestum Gris. — Hueso espinoso. 

— Buxifülium A. (ji-ay. — Hueso de costa. 

— Sclifieíferioides A. Gray. — Hueso de costa. 
Flacourtia Ramontclii L'Hérit. (Vnli.)— Ciruela de Madayascar. 
Bixa (Irellana Lin. (Cult.) — Achiote, Bija. 
rochlospermum Hibiscoides Kuntli. — Botija. 

Canella alba Murr. — Cúrtjana. 

Papaya Carica Gartn. (naturalizada!) — Papaya, Fruta hoínha. 

— Posoposa [Carica Lin.] — Papaya cimarrona. 
Turnera Cistoides Lin. 

— viscosa Sauval., nombre [Piriqueta Gris.] 

— pumilea Lin. 

— hirsutissima Sauval. 

— Ulmifolia Lin. — Mari-Lope. 

— microphylla Desv. 

— acaulis Gris. 



(81) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 55 



Samídeas. 

Homalium racemosiim Jacq. (1106). — Omitido por Sauval. 
Samyda serrulata Lin. (19?, 1896). 

— g-randiflora Gris. (1897). — Jla de flor (jr ande. 
Ludia reticulata [Prockia Meissn.; Bañara Gris.] (1882). 

— o-iaberrima [Bañara Wr.] (1883). 
Guidonia Ilicifolia (') [Valentinia Sw.; Casearia Valentinia 
G.-M. y Mol.*, nombre]. 

— Aquifolia [Valentinia coriácea Gris.; Casearia Aqni- 

folia Sauval., nombre]. 

— parvifolia G.-M., Dice. Jjot., 93. [Casearia AVilld.: 

C. parviflora Ricli.; Jacq.; no Lam.''^? ni AVilld.; 
Samyda parviflora Lin.; C. decandra Jacq.: 
C. punctata Spreng-.] — Quina. 

— hirsuta G.-M., Diec. hot.. 94. [Casearia Sw.] — Raspa- 

lengua. 

— liirta [Casearia Sw. ; Samyda tomentosa Sw.] (14?. 

15, 1884, \%m.— Jla vellida. 
P, g-labriora [Casearia hirta Sw.; var.. Gris., en par- 
te] (13«). 

— ramiñora [Casearia ValiL ; Iroucana Guianensis 

AubL; C. hirta Sw.: var., Gris., en parte] (18. 1888). 
— Jt'a hrava. 
6, spinosa [Casearia ramiñora Yahl. ; var. spinosa 
Gris. ; Samyda spinosa Lin. ; Casearia spinosa 
AVilkl.; C. odorata Macf.; C. aculeata Jacq.] 

— spinescens Gris. [Guidonia Gris.; Samyda Sw.] (13). 

— .lía prieta. 

— ■ alba [Casearia Rich.] (1890). — .lia hlanca. 

— stipulario [Casearia Vent. ; C. lanceolata Miq.: Sa- 

myda arbórea Rich. ; C. Hostmanniana Steud.: 
C. incana Bert.] (16). — Guasindlla del pinar. 

— emarg'inata [Casearia ^\'r.] (1894). 

/3, ramosissima [Casearia \Vr.] (1893). 



(1) No H. B.'i, Hist. (¡ex pL, iv, 2T2, nombre y figura. 



56 ANALES DE HISTORIA NATURAL. C82j 

Guidonia sylvestris [Gasearía Sw.: C. parviflora Willd., Cand., 
excluyendo Lin.; Macf., no Jacq., Rich., ni Lam.'^?] 
(17. 594?, 595) 0). — Bonipe-hveso. Harna. Sa milla, 
Sdi'Jiü de ])err(). Llorón. Palo cotorra. 

7, Myricoides [Gaseada sylvestris .*<\v.; var. , Myri- 
coides Gris.] (1891. 1892). 

o, sub-opacis [Gasearía sylvestris Sw.; var., Grís.J 
(1112). 

— pra^cox [Gasearía Gris.] (1889). 

— eriophora C^) [Gasearia^Yr.] {\'6{)o).~ Agracejo de moa te. 

— Líietioides [Zuelania Rích.; Lfietia longífolia Ricli.: 

Sainyda ícosandra 8\v.; Z. crenata Gris.; Ls'tia 
crenata Rích.: Thíodia Lfietioides Gris.; La^tía? 
Guidonia S\v.: Gasearía L;píioídes Rícli.] (1108. 
1111. 1878. \^l'^).—GHa(jnasi. 

— trémula [Zuelania Gris.] (2(U()). 

— [Gasearía? sp. nov.. Sauval., Fl . cah.. iiúiii. 94.] 
Lunania (irayí Gris. — Lanania . 

— Sauvalleii (iris. [L. racemosa (iris., no Flook.] — 

Lanania . 

— d(»(lecandra Wr. — Liduinia. 

— di\ aricata Benth. — Lvnania (íi})() y var.). 
6, pentandra \\'r. 



Pasiflóreas. 

Passiñora alata Ait. (Gult.) — Pas'ioitar'ia. 

— fíetida Lili.: Gav. [P. Híbiscifolía Lam.'^: P. Gossy- 

pifolía Desv.; P. varíeg-ata Mili.: P. hirsuta Lodd.] 
Pasionaria hedionda, P. rcjigosa . 

— rii1)ra Lin. [P. capsularis Lin.: Id.. ;í. acutiloba. y y, 

g-eminifolia Gand.; P. capsularis Siuith.] — Pasio- 
naria de cerca. 

— maliformís Lin. [P. ornata Kuntli.] — CTranadilla de 

mono. 



(,1) Transición entre el tipo y ^. 

i2; Se desecha el nombre especifico que se lee en nuestro Ensayo de Farmacojlto- 
loíj'iu. cuhona, pá"?. 17, nota 2, c: y en el Üicc. bot.. pá^-. 1 1 , art. Agracejo de monte. 



<63) Gómez de la Maza. — pehiantiadas cubanas. 57 

Passiflora Murueuja Lin. [P. coriácea Rich.; Municuja ocellata 
Pers.] (Cult.) — Murucuyá, Pasionaria vejigosa. 
P. hedionda, P. hedionda, for carmín. 

— pallida Lin. [P. Hederacea Cav.?: P. miiiima Lin.. 

no Jacq.: no P. macnlata Sean.: P. an^-ustifolia 
Sw. ; P. lietei'opliylla Jaccj. ; Cieca heteroplivlla 
Moncli.: P. long-ifolia Lam.'^: P. Warei Nutt.: 
P. suberosa Lin.?; P. lineariloba J. Flook.Vj — Pa- 
sionaria de cerca, Huero de gallo, H. de gato. 

— qnadrang-ularis Lin. (Cult.!) — Pasionaria. 

— stipulata Aubl.? {2:M)).— Pasionaria de Jas pozas. 

— Berteriana Balbi. — Pasionania de cerca. 

— sexflora Juss. — Pasionaria de cerca. 

— nuiltiflora Lin. — Pasionaria de cerca, P. zainiUa. 

— reticulata ►Sauval. — Pasionaria. 

— pubescens Kuntli. 

— holosericea Lin. 

— incarnata Lin. 

— pedata Lin. — Gilirito de imsión. 

— Brasiliana Hort. Par. {{1,\\\.\.)— Pasionaria. 

— ciliata Ait. — Pasionaria de la Candelaria. 

— penduliflora Bertero. — Pasionaria hedionda, P. ve- 

jigosa. 

— aniabilis J. Hook. (Cult.) — Pasionaria. 

— oblong-ata Sw. — P. 'hedionda, P. hedionda, flor car- 

mín, P vejigosa. 



Cruciferas. 

Clieiranthus Cheiri Lin. (Cult.)— ^1/í?// amarillo, A. i)aji:o. 

Ramo de oro. 
Matthiola annua Sweet (Cult.) — Encanto, Cuareirtena. 
Xasturtiuní officinale lí. Br. (7). — Berro. 

— palustre Cand. — Páljano de agua. 

— ■ brevipes Gris. [N. i)alustre Cand.: í'í , brevipes 

Cand.] 
Brassica Erucoides G.-M. {}) (Cult.) — Patjani:a Jjlanca. 

<1 Hierba anual, pubescente. Hojas sentadas, runeinado-liradas, dentadas. Pota- 



58 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8í) 

Brassica olerácea Liii. (Cult.!) — Col. 

— Napus Lin. (Cult.!)— ^A Vi ¿'O. 

— nigra Kocli. {C\\\t.)— Mostaza negra. 

— lanceolata Salival., nombre [Sinapis Brassicata Lin.; 

8. lanceolata Cand.: S. integ-rifolia AYilld., AVest.: 
8. nig-ra Desc, no Lin.; Raphanus lanceolatus 
Willd., no Macf. 
Iberis odorata Lin. {Q\\\t.\)—Carras2)iqve Manco, Zara:a. 

— semperflorens Lin. (Cult.!)— r^^5^?7/o f/íjíj^ff^rt. 
Lepidium Yirg-inicum Lin. (silo). — Sahe-Jección. 
Cakile maritima Scop. [C. fequalis L'Hérit; C. CubensisKuntli]. 
— Berro de costa. 

Lináceas (*). 

Linum usitatissimum Lin. (Cult.) — Lino. 

Erythroxylon minutifolium Gris. (Krytliroxvluin) (2133). — Ara- 
do de piedra, Hlltanlcn, CnJjanicú. Cultainicú. 

— brevipes Cand. (Erytliroxylum). 

jS. spinescens [Erythroxylum Ricli.] (2134). 

— alteniifolium Ricli. (Erythroxylum) (2136, 2138). 

— JiJ/á (tipo y var.) 
j3 'í , pedicellare [Erythroxylum alterniflorum 
líich.; var. ?, pediceHare Gris.] (2139). 

— lineolatum Cand. (Erythroxylum). — .Iit)á. 

— obovatum Macf. (Erythroxylum) [Erythroxylum 

aífine Rich.] (2140, 2\A\).—Arat)o colorado. 

— rufum Cav. (Erythroxylum). — Arabo colorado. 

— squamatum Yahl. (Erythroxylum) (Cuba?) ('-). 

— Havrnense Jacq. (Erythroxylum) (2137).— .//7>'^^. 

— obtusum Cand. (Erythroxylum) [Erythroxylum 

Havanense Kunth.. no Jacq.; Erythroxylum 
areolatum Popp.. no Lin.] (8(), 1149).— .///>»</. 



los anchos, muy obtusos, blancos ó algo purpúreos cerca de la uña. Silicuas ergui- 
das, sentadas. Semillas ■2seriales. Estilo en forma de estoque. Estigma 2-lobado. 
España, Baleares, Niza, Sicilia y Oriente.— .S'í««í)!í Lin. — Diplotaxis Cand. 

(1) El actual catálogo anula el publicado en los .\nales, t. xix, p. 225. Se suprime 
el Erythroxylon Coca Lam.k (Erythroxylum), Coca del Perú, por no haber dado resul- 
tado su cultivo en la isla. 

(2) Gris., Cat. 42, lo admite como de Cuba. 



(85) Gómez de la Maza. — periaxtiadas cubanas. sí» 



Crasuláceas (^). 

Bryopliyllon calycinum Salisb. {Bv\oiúiy\lmi\).—Prodi(/íosa. 
Vihora, Hoja hruja, Inmortal, Pólipo herbáceo. Sieriiprrexiva. 
Kalanclioe ^Eg-yptiaca Cand. (Cult.!) 
Sedum cruciatuin Desf. (Cult.!) 



Rutáceas (2). 

lUita g-raveoleiis Liii. (Cult. 1)— Jinda. 

Galipea Ossana Cand.— Quina del pais. 

Kavenia spectabilis Planch. [Lemouia Lindl.] — Lemonia. 

Pilocarpus heteropliyllus A. Gray. [Raputia? lieterophylla 
Cand.] 

Casimiroa lieptaphylla Llav. y Lex. (Q\\\X.\)—Sapote hlanco. 

Xanthoxylon emarg-iuatum Sw. (Zantlioxylum) [Fag-ara emar- 
g-inata S\v.; Tobiiiia emarg'inata Desv.; Zautlio- 
xylum coi'iaceum Rich.; Tobina coriácea Desv.] 
— Bay ú a , Bayiida . 

— dumosum Rich. (Zantlioxylum) [Fag'ara dumoí^a 

Gris.] 

— spinosum S\v. ( Zantlioxylum) [Fag-ara spino- 

sa Sw.; Tobinia spinosa Desv.] 

— ternatum .S\v. (Zanthoxylum) [Fag-ara ternata S\v.] 

— Mate árbol. 
0?, tfediosum [Zanthoxylum Rich.] 

— stenopterum Sauval., nombre (ZanthoxylunU 

[Fag-ara stenoptera Ciris.j — C/rivo, Humo, Limón 
café, Limoncillo, Tomeguin. 

— Ayua G.-M. (^) [Zanthox^dum Clava-Herculis 



(1) Anula el catálogo de esa familia, publicado en los Anales, t. xix, p. 226. 

(2) Anula el publicado en los Anales, t. xix, p. 227. 

(3) Árbol aguijonóse. Hojas imparipennadas, J-lO-yugadas; foliólos óvalo- oblongos 
ó elípticolanceolados, lampiños ó pubescentes superiormente, pelúcido-punteados 
inferiormente ó sin puntos?; peciolo aguijonoso. Cimas axilares y terminales, sub- 
apanojadas. Flores 5-meras, con cáliz y corola. 5-ovarios, 1-loculares, soldados infe- 
riormente. Esta descripción fué publicada en los Anales, t. xix, p 228, nota 1, y se 
reproduce actualmente con algunas correcciones. 



«o ANALES l)K HISTORIA NATURAL. (86) 

Cand.. no Liii (') ni Lam.'S Z. Cariba^um Laiii.'% 
no Gfirtn. (-): Z. Carolinianum Gartn., no 
Lam.'^ (^): Z. laneeolatum Poir. {'')]. — Ayiui. 
Ayuda. 
Xantlioxylon plivUopteriun .Sauval.. nombre (Zantlioxylum) 
[Fag'ara i)liynoi)tera Gris.] 

— Pterota Cand. ( Zantlioxvlnm) [Zanthoxylum 

Knntli.. en parte?: Fag-ara, antores. no Lin.; 
Schinus Fag-ara Lin. ?; Fag-ara Lentiscifolia 
Willd. (■')]. — Ai/ÍKi cayutania ?. Jí'sjjíjío. Liinon- 
cUIo, Toineyuiñ. 

— ? gracile Sauval.. nombre (Zanthoxylum) [Fag-a- 

ra Gris.] 

— aromaticum ^Villd. (Zantlioxylum) [Z. Eleplian- 

tiasis Macf.] 

— Jug'landifolium AVilld. (Zanthoxylum). — Ayuda 

blanca, A. /lemhra. 
j3?, Berterianum Cand. (Zanthoxylum Jug-landi- 
folium Willd.: ;3 ?. Berterianum) (Cuba?) 

— duplicipunctatum Wr. (Zanthoxylum). — Ayuda 

raria. 

— Pistacia'folium Gris. (Zanthoxylum). 

— Bombaciíbliuin liieh. (Zanthoxylum). — Ayuda 

prieta, A . sin espinas. 
Ainyris sylvatica Jacq. [A. diatrypa S^íreng'. : A. Floridaua 
Nutt.] — CnahiUa, Cuaba blanca. 
0, Plumiere [Amyris Cand.] — Cuaba de monte. 

— balsamifera Lin. [A. i)innata Kunth.: A. sylvatica 

Eieh., no Jacq.: A. sylvatica Jacq.. var. (iris.] — 
Cuaba Ijtanea. Palo de rot/Je. Pasa/ras del pais. 

— lineata Wr. 

— axilliflora Gris. 

— marítima Jacq. [A. saussa Fernández, no Brus. ?] — 



U) El Z. Clava-Herculis Lin., corresponde por completo al X. Fraxineum Willd. 
<'/anthoxylum) [Z. Clava-Herculis Lam> ; '/.. Caribíeum Givrtn., no Lam.'' : Z. Aineri- 
canum Mili.; Z. ramiflorum Micli ^], exótico. 

(•2) V. la nota 1. 

(8) El Z. Caroliniamim Lam.k , es sinónimo de una especie exótica. 

(1) Es la Q. 

(.5) Erróneamente Sauval admite esa especie como de Gris. 



(87) Gómez de la Ma/.a. — periamiadas cubanas. <:? 

Ci((iha amarilla de cosfa. (!. de eosta, Incienso. I. de 
eos/a. Palo de incienso. P. de resina. 
Limonia trifoliata Lin. [Tripliasia Caiul.] (Cult.!) — Lirnonri/o 
de ChIm?, L. de CMna, L. de Bataxla. 
— Citi'ifolia ^Villd. [Glycosmis Liiidl.: G. lieteropliylla 
líich. rCult.!) 
Murraya exótica Lin. (Cult.!) — Mnrrai/a, Muralla. 
Citrns medica Lin. [C. medica Lin.: ^. medica proper Hook. (')j 
[(\\\t.\)— Cidra. 
¡3. Limonum Hook. (Cult.! silv.?) C^).— Limón (agTio). 
Subvar. Ij, Gallo-Limonum (Cult. I j — Limón francés- 
infrio). 
Subvar. c, Peretta [C. Limetta Risso: var. Peretta Cand.] 

(Cult.!) — Limón de ombligo (a^-rio). 
o, Limetta Hook. (■') [C. Limetta Risso; var. Limetta 
Cand.. en partej (Cult.!) — Lima. L. criolla. L. de la 
fierra, Z. de j^icjuito. 
y. híbrido? (Cult.!) — Xaranja lima. 
Subvar. h, Gallo-Lumia ('') [C. Limetta Risso; var. Li- 
metta Cand.. en parte] (Cult.!) — Limón dulce. Lj. fran- 
cés dulce. 
— Aurantium Lin. [C. Aurantium Lin.; ^, Aurantium i)r(:- 
per Hook.] (Cult.!) — Naranja de China. 
/?. melitense (CuL!) — Xaranjita de Malta, N. de sangre. 
7. nobile [C. nobilis Lonr.] (Cult.!) — Naranja moreira. 
o, Big-aradía Hook. (n27). — Naranja agria. 
Subvar. 1) , pulpMe-dulce (Cult.!. .silv.?) — Naranja d,- 

Cajel. 
Subvar. c, Myrtifolia (Cult.!) — Naranjila de San José-. 

Naranjito del OMsjw. 
Subvar. d, macrocarpa (Cult.!) — Toronja. 
í, Bero-amia Hook. (Cult.) — Bergamota. 



(1) The Flora of British India, t. i, p. .111. 

(2) ¿Es el Limón citado por Sauval bajo el nombre de C\ I.inioimm Cand.'!" 

(3) Sección Limetta. 

(4) .Sección Lumia. 



m ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



Meliáceas. 

Melia Azederach Lin. (CultO — Paraíso. 

— sempervirens Sw. (Ciilt.) — Ciiiauíomo. 
Ouarea Trichilioides Lin. (exót.) 

7. pallida C. Cand. (63, 107). — Saniao. 
Trichilia trachyantha C. Cand. [Mosehoxyhun tracliyantlium 
Gris.] (1134). 

— ^pondioides Sw. [Cupania tracliycarpa Gris.] (101. 103). 

— Cabo de ha di a. 

— Havanensis Jacq. [Portesia g-labra Gris.: Trieliilia g'la- 

l)ra Lin.; Portesia ovata Gris., no Cav.; Tricliilia 
minor Ricli.] (2174. 2175). — Hignaraija, >S. madio. 

— trifoliata Jacq. (Cnba?) — Cerezo Silresire^ Es especie 

dudosa, 
¿wietenia Mahayoni Lin. — Caoha. 

Cedrela Glaziovii C. Cand. [C. odorata Gris., no Lin.] — Cedro. 
¿No existe en Cuba la C. odorata Lin.? 



Anacardiáceas. 

Mang'ifera Indica Lin. iCult.l) — Mango. 
Anacardium Occidentale Lin. (Cult.!) — Maraíión. 
Comocladia dentata Jacq. — Guao (tipo y var.). 

i3, propinqua Engder [Comocladia Kuntli]. 

— platyphylla Rich. — Guao. 

— g-labra Spreng-. — Omitida por Sauval. 

— intermedia AVr. — Omitida por Sauval. 

Rhus Metopium Lin. [R. Oxymetopium Gris.; Metopium Linuiíei 
Eng-ler]. — Guao de costa. 

— venosum Gris. [Metopium Engler]. 

— Copallina Lin. — Añil del pinar. Sumaque. 

— lineatifolia Orteg-a [Rhamnus Cubensis Pers.; Rhamnus 

lineatifolius Schult.: Rhus lineata Spreng-.] — Anacar- 
diácea? 

— Metopioides Turcz. — Omitida por Sauval. 
Schinus Terebintliifolius Raddi (Cult.!) — Racimo de miles. 



<89) Gómez de la Maza. — periaxtiadas cubanas. es 

íSpoiulias purpurea Lin. |"8. Mombin Lin.; S. Myroljalanus Jacq.; 
S. crispula Beurling-]. — 6'/;7ríV(7 campechana. Omi- 
tida por Sauval. 
— lútea Lin. [S. g-raveolens Mac-f.] — Jubo. 

Bursera g-ummifera Jacq. — Almacigo amarUlo, A. Naneo, 
A. colorado. Cachibú. 

— ang-ustata AVr. — .1 Jni ácigo de paredón . 

— g-lauca Gris. — Ayúa prieta. 

— g-raveolens Triana y Plancli. — Omitida por Sauval. 

— Guianensis H. B." [Icica Aubb.; I. lieptapliylla Gris., 
no Aubl.; Amyris Guianensis Willd.; Bursera liepta- 
phylla Sauval., nombre; Icica copal Ricli., Protium 
Guianense March.] — Copal. 

— altissima H. B." [Icica, i^ubl. Amyris ^Yilld.] (Cult.? 
Cuba?) — Cedro blanco de ¡a Ciuaijana, C. rosado. 

Hedwig-ia balsamifera Sw. [Bursera Pers.: Icica Hedwig'ia Ricli.] 
— Palo cochino, Azucarero de montaña. 



Sapindáceas. 

Triceros Occidentalis [Stapliylea Sw.; Turpinia G. Dorr.] (111, 

1174). 
Melicocca bijug-a Lin. (11(37. 1168). — MamoncilJo. 
Thouinia trifoliata Poit. {2lñ8).—ChicharronciIIo de costa. Copa- 
lillo. 

— tomentosa Cand. (lOH''). 

— nervosa Gris. [Schmidelia Rich.] (1173, 2\m).—Cane- 
liJJo, CopaJiUo. 

— pulverulenta Gris. (2284). 

— rotundata Sauval. 

Huertea g-landulosa R. y Pav. [H. Cubensis Gris.] (2276). 
Sapindus Saponaria Lm. (2167). — .Jalxyncillo. 

— infequalis Cand. — Jaboncillo. 

Cupania Americana Lin. [C. tomentosa Sw.] (108, 1166). — 
Guará . 
— gdabra Sw. (2166). — Guará. 

.3, multijug-a Gris. [C. multijug-a Ricli.] (105, 1165, 
l^8Q).— Guará. G. de costa. 



61 ANALES DK HISTORIA N\\TrRAL. (90) 

Ciipaiiia riibensis G.-M. (')y Mol.S nombre [C. macrophyllrt 
Rich.^ (2165). — Guará macho, (i. colorada, Guaraná . 
^ &, Ricliardi [C. Jug-landifolia Rich., en parte, liojas: 

C. macrophilla, var.?, Gris.] 

— sápida Camb. [Bli<^-liia Ivon.] (Cult.!) — ArlmJ del seso. 

Ahée de África. 

— apétala Macf. [Ratonia Gris.; C. Jug-landifolia Ricli.. 

en parte, fruto: C. oppositifolia Ricli.] (2180). — Ma- 

curige. 
^ — spathulata [Ratonia Gris.; R. apétala Gris., /*A ]]'ri(/Jil.. 

169, no Flora] (1151, \m4:).—Macuri(/e. 
Xeplielinin Lappaceum Lin. [Eiiphoria Xepheliuní Cand. 
(Cult.) — Rariilinstán. 

— Lit-elii Camb. [Euphoria Desf.] (Cult.) — Lic/ii. 

— Long-ana Camb. [Euplioria Lam.''^] {C\\\\.)~Loii(/áii. 

Maiuoncillo de China. 
Hypelate trifoliata S\v. (2171). — Saicuage de. costa. 

— panieulata Camb. (1169). —S'aicuage. 
Alvaradoa (^) amorphoides Liebm. (2189). 

— arboresf-ens AYr. (2190\ 

üodona^a viscosa Lin. [I). Rurmanniana Cand.] (2173;. 

— ang'ustifolia Sw. (2172). 

Sclimidelia Cominia S\v. (106, 1161). — Palo de caja. Sanilla. 

— Occidentalis 8\v. (102, 1162, Um).—Palo de caja. 

— rio-ida Sw. (573, 1164). 

— var.?. Gris., Cat.pl. Cuh., 46 (2170). 
Paullinia pinnata Lin. (104, 1171). — A:i(carito. 

— Curassavica Lin. (107 ^ 110, 1172). 

— fuscescens Kunth. 
Card¡os})ermum Halicacabum Lin. — Farolitos. 

.3, moUe Gris. [Cardiospermum Kunth.] 
7 ?. ferrug'ineum Gris. 
iSerjania panieulata Kunth (2162). — Bejuco de corrales. 

— lucida Schum. [8. Ossana Cand.] (109). — Bejuco co- 

lorado. 

— Lupulina Schum. [S. crenata Gris.] (108% 2161).— 

Bejuco de corrales. 



(1) Flora de Cuba ( tesis j S5. 

(2) Género omitido por Sauval. 



(91) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. c5 

Serjania var., ang'iistifulia Gris. (2160). 
var.?, párvula AVr. (2164). 

— atrolineata Sauval. fS. divaricata Gris., no Sw.J (1587). 

— albopunctata AVr. [Paiillinia triternata Jacq., no Ser- 

jania triternata Willd.] (2163). 



Sableas. 

Meliosma oppositifolia Gris., Cat., 46 (') (2094). 

Viteas. 

Vitis Caribsea Cand. — Parva cimarrona. 

— Labrusca Lin. — Parra cimarrona. 

— vinifera Lin. (Cult.) — Vid, Parra. 
Cissus Sicyoides Lin. — Uhl. 

— quadrang'ularis \A\\.—Uhl (le Tejigatorios. 

— acida Lin. — Uhl agrio. 

— cordifolia Lin. — Uhi de hoja ancJia. 

— microcarpa Yalil. 

— tuberculata Jacq. 

— AVrig-litiana Plancli. 

— subavenia Plancli. — Uhl de tres hojas, U. macho. 

— intermedia Ricli. 

— Grisebaclii Plancli. 

— rhombifolia Valil. — Bejuco uljí. 

Ampelopsis qninquefolia Torrey y A. Gray. [Partenocissus 
Plancli.]— ^(7?^co uhl macho, Parrlta cimarrona. 
— bipinnata Mich.'^ — Parrita deiúaya. 

Nota. Existe mucha confusión en la sinonimia de las espe- 
cies y variedades cubanas de esta familia. — Bibliog-rafía. i?e- 
pertorio físico-natural de la isla de Cuha, i, 204, Habana, 1865. 
Plancli., Ampelidece, en Cand., Monographiíe. phauerugama- 
rum, V. 



(1) 'Ewivñ \&% Sajñndáceas. 

ANAL'::S UE H¡ST. NAT.— SMII. 



66 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (92) 

Suborden II. — Dialipétalas inferovariadas. 

Enoteráceas.— Halorágeas.—Rizoforáceas. — Melastomíiceas ('). 

Enoteráceas. 

Ludwig'ia microcarpa Micli.'^ [Isiiardia Poir.] 

— paliistris Ellis. [Isnardia Lin.] 

— stricta AVr. [Isnardia Wr.] 

— repens 8\y. [Isnardia Cand.] (Silv.) 

s. rotundata [Isnardia repens Cand. ; var. rotundata 
Gris.] 

— Clavellina [Jussia^a repens Lin.J (Silv.) — ChírelJiíia, 

Hierda del clavo (tipo y var.). 
í?, Peploides [Jussiaea Kuntli.] 
7, g-randiñora [Jussi;pa Micli. ] 

— ramulosa [Jussifea Cand.] 

— inclinata [.Tnssia^a Lin.; Jussia^a repens Lin.: var., 

innata Wr.] 

— peduncnlaris [Jnssi;va ^Vr.] 

— oocarpa [JnssicTa Wr.] 

— foliosa [Jussifiea AYr.; J. variabilis Mey.?; J. leptos- 

tacdiya Nutt.; J. pilosa Kuntli.] 

— acuminata [Jussi;va Sw. : .1. micrantha Kunze.; 

.1. aenminata S^v.: var.. latifolia Gris.] 

— deciirrens Walter [Jnssifva Cand.: J. acnminata 

Ctiís.. no Sw. : .1. acnminata Sw. ; var.. long-iíblia 
Gris.] 

— liirta [Jussiíiea Yahl.; J. octofila Cand.; en Ricli.?; 

J. macrocarpa Kunth.] 

— suffruticosa G.-M. [Jussia?a Lin.; J. octonervia Lam.'^; 

J. palustris Mey.; J. snffrnticosa Lin.; var., Lig-us- 
trifülia Gris.; J. Lig-nstrifolia Kunth.] 

— ang'ustifulia [Jnssifva Lam.'-] 

— Sag'r;pana [Jussia^a Rich.] 
(Phiotliera rosea Ait. (Cult.) 

(1) Mirtáceas: apéndice 2. 



<93) Gómez de la Maza. — periaktiadas cubanas. 



Halorágeas. 

Myriopliyllon scabratiim Mich/ (Myriophyllum) [Potamog-eton 
pinnatum AValt.] (2549). 
— sparsiflonim Saiival. (Myriopliyllum}. 

Proserpinaca palustris Lin. [P. palustris; a, Micli."; Trixis pa- 
lustris Mitch.] (2550). 



Rizoíoráceas. 

Hliizopliora Mang'le Lin. — Mangle colorado. 
Cassipoiirea Guianensis Aiibl. (exút.) 

/5, elliptica G.-M., Dice, liot., 84. [Leg-nostis ellip- 
tica Sw.; Cassipoiirea elliptica Poir.] 



Melastomáceas. 

Eliexia Cubensis Gris. 

Meriania rosea Tuss. [M. leucantlia y purpúrea Sw., no Tuss.; 

M. nana y bifrons Naud.] 
Tibouchina (iVcisantliera) quadrata [xlcisantliera Juss.; Uran- 

thera dicranophora Xaud.] 

— — pellucida [Acisantliera \Vr.] 

— — adscendens [Acisantera Sauval.] 

— (Artg-rostemma) Heteronoma [Heteronoma Cúben- 

se Tsaud.] 

— (Nepsera) aquatica [Nepsera] Naud.; Rliexia Sw.; 

Melastoma Aubl.; Spennera liidropliila Miq.; 
S. Asplialti Criieg'.; Aciotis aquatica Don.; Ho- 
monorna aridum Bello] i}). 

— (Pleroma) Micranthella [Arthrostemma lanceola- 

tum Gris. ; Chíetog-astra lanceolata 
Cand.; Ch. Havanensis Cand.: Cli. lon- 



<1) A2iuiiles para la Flora de Pnerto-Rico. [Anales, tomos x y xii] 



63 ANALES DE HISTORIA NATI'RAL. (9^> 

g-ifolia Cand.; Rliexia long-ifolia Yalil.; 
Micranthella lanceolata Naiul.; M. lon- 
g'ifolia Xaiid.; Pleroma Micrantella 
Salival., nombre]. 
Tibouchina (Pleroma) squ amata [Pleroma sqiiamatum 

Salival.] 

— — Cúbense [Artlirostemma CiibeiisisRicli.; 

Chíetog-astra (Adesmog-astra) Cuben- 
sis Gris.; Cli. (Adesmog-astra) Origa- 
noides Gris.: Ch. (Helphestionia) Sa- 
turejoides Gris.: Pleroma Cubensis 
Salival., nombre]. 

— (Chfetolepis). .. Segn'in Bent. y Hook., Gen. pl. i, 

744. existe en Cuba un Cli?etolepis. — Qué especie'? 
Henriettea (Henriettella) fascicularis [Osssea Gris.; Henriette- 

11a Salival., nombre.] 

— — punctata [Ossa'a Gris.; Henriettella"? 

Salival., nombre]. 

— (Euhenriettea) parviflora Gris. 

Miconia (Oxymeris) capillaris [Melastoma Sw.; SagTfiea Cand., 
endemia Gris.; Ossrea, Sauval, nombre]. 

— — liirtella [Melastoma Sw.; Sag'raea Cand.; 

endemia Gris.;0ss8ea Sauval., nombre.) 

— — penninervis[ClidemiaGris.;Ossa>a Sauval.: 

nombre]. 

— (Calycog-onium) elliptica [Calve, ellipticum Sauval.] 

— — Lindeniana [ Calyc. Lindenianum 

Naud.: Calyc. Rhamnoideum 
Xaud.; Calyc. AVrig-htianum Gris.] 

— — heterophylla [Calyc. lieteropliyllum 

Naud.] 

— — Baracoana [Calve. Clidemioides Gris.] 

— — Rosmarinifolia [Calyc. Rosmarinifc- 

lium Gris.] 

— — ang'ulata [Calyc. angulatum Gris.] 

— — stellata [Calyc. stellatum Cand.; 

Calyc. Cúbense Gris. , Cai. , no 
Rick] 

— — seciindo-ang'ustifolia [Pachyanthus 

ang'ustifoliusGris.] — CordobancUlo. 



<95) Gómez de la Maza. — riíiíiAXTiADAS cubanas. 69 

Miconia (Calvcog-onium) secundo-lanceolata [Calve, lanceola- 

tum Gris.] 

— — plicata [Calve, plicatum Gris.] 

— — Lima [Clidemia Cand.; Sag-raí-a Xaud.; 

Calve. Gris.] 

— — producía [Calve. i)rodiietum Sauval.] 

— CovdoljanciUo. 

— — microphylla [Calyc. microphyllum 

Sauval.] 

— (Paehyantliiis) Poireti [Paeh. Poiretii Gris.; Calye. 

Cúbense Ricli., no Gris.] — Cordo'bán. 

— — coriácea (^) [Sarcomeris Naud.; Paeli. 

Cubensis Rich.] — Hierro del pinar. 

— — Oleifolia [Paeh. Oleifolius Gris.] — Cor- 

dolKincUlo. 

— — ^Vrio•llti H. B." [Pacli. ^Vrio■htii Gris.] 

— CordoJjíin. 

— (Tetrazyg'ia) ang-ustiflora [Tet. Gris.; Tet. El;pag'noi- 

des Hook., no Cand.; Xaudinia arg-y- 
ropliyllaRich.; N. clirysopliylla Rich.] 
— Cordodancillo. 

— — semierenata Naud. [Tet. Gris.; Conoste- 

g'ia Sw.] 

— — ancistrophora [Tet. Sauval.] 

— — braeliycentra [Graífenrieda Gris.: Tet. 

Sauval., nombre] . — CordohancUlo. 

— — Rang'eliana Gris. [Tet. laxiflora Naud.] 

— CordohancUlo, C. de loma. 

— (Conosteg'ia) sub-liirsuta [Conos., Cand.] 

— — Bailloni [Conos.; Clidemioides Wr.] 

— — Xalapensis [Conos., Don.] — Cordohanci- 

II 0. flor rosada. 

— (Eumiconia) rubens Naud. [Cremanium Cand.] 

— — tetrandra Naud. [Tet. Cand.; Cremanium 

tetrandrum Gris.] 

— — Cubensis Sauval.. nombre. Pleuroeli;\?nia 

AVr.] 



(l) Es la misma de Cand., Prodr., iii, 189 ? 



70 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (OG) 

Miconia (Eumiconia) rufa Sauval.. nombre. [Catacheenia Gris.] 

— — Pinetorum Sauval., nombre. [CatachfTenia 

parviflora Gris.; Cat. alternifolia Gris.] 

— — holosericea Cand. 

— — impetiolaris Don. 

— — prasina Cand. [Miconia splendens Gris.] 

— — Igevig-ata Cand. — CordodancíUo de arroyo. 

— — Eurychíenioides Gris. 

— — chrysandra ^\'r. 

— — Androsemifolia Gris. 

— — elata Cand. [üiplocliita serrulata Cand.] 

— — Fotherg-illa Xaud. [Diplocliita Cand.] 

— — delicatula Rirli. 

— — auriculata Cand. [Tscliudj'a Ibag-uensis- 

Gris.; Miconia Ibag'uensis Sauval.,. 
nombre.] 

— — lanata [Tscdiudya Gris.;, Clidemia Cand.]; 

— — chlorophylla Sauval. 

— — prjpcox Sauval., nombre. [Ciraffenrieda 
ul)tusa (iris.; Tetrazyg'ia Elítag-noides Gris., no Cand.; Clia- 
riantlius obliquus Gris.] 

Ossíx^a liypog'lauca [Calycog'onium hypogdaucum Wr.] 

— echinata [Calyc. echinatum Gris.; Calyc. pauciñorum 

Sauval., nombre; Sag-ra^a pauciflora Naud.] 

— verrucosa [Cal3'c. verrucosuin Ciris.J 

— involucrata Sauval., nombre. [Calyc. muricatum Gris.} 

— muricata Sauval., nombre. [Calyc. muricatum Gris.] 

— micrupliylla Sauval., nombre. [Clidemia Gris.] 

— heterotricha Sauval., nombre. [Clidemia Gris.] 
Maieta (Heterotriclium) nivea [Heterotriclium niveum Cand.] 

— (Clidemia) hirta [Clidemia Don.] 

— — spicata [Clidemia Cand.] 

— — ^Vrig•btii [Clid. AVrigditii, Gris.; Ossrea 

AVrig'litii, Bentli. y Flook., seg'ún Sauval.] 

— — leucandra [Clid. Wr.; Ossa^a AVr.; seg'ún 

Sauval.] 

— — trichotoma [Clid. Wr. ; OsSciea Wr. ; seg'ún 

Sauval.] 

— — neurotriclia [Clid. Sauval., nombre; Clid. 

hirsuta Gris., no Sag-rrea hirsuta Cand.] 



(97) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 71 

Maleta (Clidemia) Valenzuelana [Clid. Rich.] 

— (Sag-ra^a) rubrinervis [Sag-npa? Naiid.: Stapliidiastrum 

rubriiiei've Naiid.: Clid. rubrinervis Gris.] 

— — macrandra [Sag-raní Sauval.] 

— _ scabi'osa [Sagraba Xaud.; Clid. Gris.; Ossa^a 

Cand.] 

— — riifescens[Clid. Gris.; Ossíiea Sauval., nombre.] 

— — cinérea [Clid. Gris.] 

— — lanata [Sag-raea Xaud,; Clid. Gris.; Osstra 

Sauval., nombre.] 
Mecranium racemosum Sauval., nombre. [Cremanium Gris.] 

— Amyg'dalinum Sauval., nombre. [Cremanium Gris.; 

Osssea integrifolia Naud.] 

— coccineum AYr. [Cremanium virgatum Gris., Caí., 

102, no Flora.'] 
Mouriri (') lanceolata Gris. (Mouriria). 

— Myrtylloides Poir. (Mouriria) [Mouriria acuta Gris.] 

— Yaya cim arron a . 

— spathulata Gris. (Mouriria) [AulacocarpusAVrig'htii, 

Gris.] — Mirto del país. 

— Valenzuelana Gris. (Mouriria). — Lelrcro, Palo tor- 

cido, Mano de pilón. 

— emarginata Gris. (Mouriria). 



(1) AuBL.: Mouriria 3yií,&. 



INSECTOS DE MALLORCA, 



DON FERNANDO MORAGUES Y DE MANZANOS. 



(Sesión del 4 de Abril de 1894.) 



En 1889, en el tomo xviii de estos Anales, publicamos una 
lista titulada CoJeópteros de Mallorca , en la cual se hallan re- 
presentadas 655 especies. Desde entonces liemos continuado 
recorriendo varias localidades y en distintas épocas con objeto 
de encontrar otras especies y coleccionar los insectos de otros 
órdenes que tan olvidados han vivido siempre en nuestra isla. 

Hoy podemos ofrecer 145 especies más de coleópteros que, 
unidos á los que llevamos ya publicados, forman un total de 
800 especies. Entre los hemípteros hemos podido reunir unas 
220 especies, las cuales continuamos en esta lista, lo mismo 
que alg'unos dípteros recogidos por las cercanías de Palma y 
de Manacor, dejando para más adelante la publicación de una 
lista de himenópteros, de cuyos insectos podremos ofrecer en 
breve tiempo un respetable número. 

Si de alg-o pueden servir á nuestros consocios los datos que 
ofrecemos, quedamos altamente satisfechos y damos por muy 
bien empleados todos nuestros trabajos y fatig-as. 



COLEÓPTEROS. 

Cicindela campestris lÁw. — Arenal de Son Real (Santa Margarita). Abril. 
DromiuR agilis Fabr. — Debajo de la corteza de los árboles y sobre los 

sembrados. Primavera y verano. 
Metahletus foveola Gylh. — Son Suñer. Mayo. 



74 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

Metahletus foveolatus Dej. — Lugares húmedos y debajo de las plantas en 

los arenales. Primavera y verano. Son Moro (Manacor). 
Amhlystomus metallescens , var. niger Heer. — Pollenza (Prat den Boscb)- 

Junio. 
Olisthopus glahricollis Ger. — Son Suñer. Mayo. 
Poecilus crenatus 1)q]. — Debajo de las piedras en la acequia del Prat de 

Son Homs (Palma). Mayo. 
Lagarus incerinnlis Marsh.— Son Moro (Manacor). 
Sarpalus calceatns Duft. — ídem, id. Mayo. 

— o?//2h(S Dej.— ídem, id. 
Trechus obtimis Er. — ídem, id. 
Leja Stiirmii Panz.^Idem, id. 

Ochthebins foveolatus Germ. — Acequias de Marratxi. Primavera y verano. 
Cyelonotum His^xinicutn Kiist. — Estanques de Son Moragues (Valldemo- 

sa). Verano. 
Quedius maurorufus Grav. — Son Moro. Maj'o. 
Stemis morio Grav. — ídem, id. 
Tacliynus rufipes De Geer. — ídem, id. 
Taniosoma bilineafa Steph. — Sobre las flores. Palma. Mayo. 
Scydmcemis Helferi Schaum. — Palma. 
Catopomorplius arenarius Hampe. — Son Moro (Manacor). 
Hydnohius pmictatiis Sturm. — Palma. 

Saprinus rotimdatns Fabr. — Vegetales en descomposición. Palma. Verano. 
Plegade.rus sanatus Truqui. — ídem, id. 
Brachypterus Urticce Fabr. — Ídem, id. 
— labiatus 'Er. — ídem, id. 

Meligethes nanus Er. — Pollenza. Junio. 
Pria pallidiila Er. — Palma. Primavera. 
Aglenus majar Schaum. — Sobre las encinas en flor. Son [Moragues (Vallde- 

mosa). Verano. 
Lcemophlceus ferrugineus Steph. — ídem, id. 
Pediacus ajf. costipemiis Fairm. — ídem, id. 
Diocliares cosfipennis Fairm'. — Palma. 
Silvanus Surinamenfiis Lin. — ídem. 
Monotonía brevicollis Aub. — Pollenza. Junio. 
Lathridius transvcrsus 01. — ídem, id. 
ConitJiassa minuta Lin. — ídem, id. 

Cartodere ruficollis, var. concinna Mannb. — Valldemosa. 
Melanophthalma gibbosa Herb.st. — Palma. Junio. 
Typluea angiistata Rosh. — Sobre las plantas. Primavera. Palma. 
Thorictus piliger Schaum. — Único. 

— mauritanicus Luc. — Debajo de la corteza de un tronco seco. Ma- 
rratxi. Junio. 



^3) Moragues. — inseotcs de malloeca. 75 

Ebnis sp.? — Palma. 

Aplianisticus aiigitstatns Luc. — Prat den Bosch (Pollenza). 

Throsms elatero'des Heer. — Sobre los cardos. Palma. Primavera. 

Anthaxia nigritula Ratz. — Son Real (Santa Margarita). Mayo. 

Car diophorus procer nliís Kiesw.? — Palma. Verano. 

Agriotes Corsicus Cand. — ídem, id. 

Malachius limbifer Kiesw. — Sobre las plantas. Valldemosa. Verano. 

— viridis Fabr.— ídem, id. 

— var. elegans Fabr. — ídem, id. 

Attalus jocosus Er. — Manacor (Santa Margarita). Primavera. 

— color atus Ah. — ídem, id. 
Charopus concolor Fabr. — ídem, id. 
Homoeodipnis Javeti Dnv. — Valldemosa. Verano. 
Dasytes tihialis ]Muls. — ídem, id. 

— griseus Kust. — Manacor. Mayo. j 
Corynetes genicJilatns Klng. — Palma. 

Ernohius mollis Lin. — ídem. 

Apate ccqmcimis, var. nigriventris Lnc. — Valldemosa (Son Moragues); Pal- 
ma (Son Suñei). Debajo de la corteza de troncos secos. INIayo. 

Rhyzopertha p>nsilla Fabr. — Manacor. Verano, 

Lyctus impressus, var. capitalis Schauf, — Palma. 

Dendariis insidiosus? Muís. — Son Suñer. Mayo. 

Liclienum picUim Fabr. — Arenal de Son Suñer (falma). Junto A las raíces 
de las plantas. Abril. 

Trachyscelis apJiodioides Latr. — Toda la isla y casi todo el año. Se les en- 
cuentra debajo de la arena. 

Corticeus Fi7ii Fanz. — En los troncos de pino secos y semipodridos. Son 
Real (Santa Margarita). Abril. 

Cutomus co7isentaneiis Kust. — Debajo de las piedras. Castillo de Bellver. 
Febrero. 

Diasfixns crassicollis Kust. — ídem, id. (Raro.) 

Anthiciis tristis Schm. — Se les ve correr sobre la arena y en sities húme- 
dog. Manacor. Primavera. 

— fen estr atus Schm.— Son Moro (Manacor). 

insignis Luc— Son Mas de la Marina (Manacor); Son Berga 
(Palma). Mayo. 

— mylabrinus Gene. — ídem , id. 

Tomoxia higuttata Gyll. — Sobre el Chrysanthemum coronarium L. Palma 

(Manacor). Primavera. 
Mordella hipunctata Germ. — ídem, id. 
Anaspis maculata Fourc. — Santa Ponsa (Calviá). Junio. 
Larisia Mulsanti Bris. — ídem, id. 
Rhipipliorus subdipterus Bosch. — Son Suñer. Mayo. 



76 AKALES DE HISTORIA KATURAL. (4j 

Zonitis i^rreusta, var. nigripennis Fabr. — Sobre los cardos. Son Moro (Ma- 

nacor). Raro. Mayo. 
(Edemera hasalis Kust. — Sobre el Chrysanthemum coronarium L. Porrasa 

(Calviá). Julio. Escaso. 
Otiorrhynclms mericlionalis Gyll. — Santa María. Único. Junio. 

— 2)arvicollis Gyll. — También escaso. Alrededores de Palma; 
debajo de las piedras en el torrente de Son Puigdorfila. Abril. 

Peritelm necessarius GylL— Palma (Torre den Pau). Junto á las raíces de 
las plantas que crecen en la arena. Primavera. 

Chüoneus mitñcatiisFabr. — Palma. Mayo. 

Geonomus caudulatus Fairm. — Sobre los lentiscos. Otoño. Son Moro (Ma- 
nacor). 

Brachycerus algirus Bedel. — Muros de Palma. Marzo. 

Jihytirrhinus clitellariiis Boliem. — Palma. 

Fhytononms variahilis, var. sicula Cap.— Son Suñer (Palma). Mayo. 
— vicict- Gyll. — Marratxi. Mayo. 

Frocas armillatus. — Palma. Junio. 

Bagoides suavis, var. chrysochloris Luc. — Polleuza. Junio. Sobre los Ta- 
marix. (Prat den Bosch.) 

Pachycenis mixfiis Fahr. — Son Moro (Manacor). Único. Junio. Trepando 
por uua tapia. 

Teinnorrldnus mendicus Gyll. — Palma. IMarzo. 

Lixus Spartii Oliv.— Valldemosa (Son Moragues). Verano. 

Anisorrhynchits Sturmii, var. barbarus Bohem. — ídem, id. 

Fachytychius hxmatoceplialus Gyll. — Palma. Verano. 

— sjjarsutus Oliv.— ídem, id. 

Acalles Diocletiamis Germ. — Debajo de las plantas. Cap des Toy (Mana- 
cor). Earo. Mayo. 
Balaninus pyrrhoceras Marsh. — Sobre las encinas. Valldemosa. Verano. 
Tychius a7-gcntatus Chevr. — Sóbrelas plantas. Manacor (Son Moro). Palma. 
Primavera. 

— cinnamonens Kiesw. — ídem, id. 

— junceus Eeicli. — ídem, id. 

— capxic'mus Boh.— ídem, id. 

SibÍ7iia primita, var. arenarice Stepli. — Porrasa (Calviá). Sobre varias plan- 
tas del Prat. Julio. 

Gymnetron pascuorum, var. bicolor Gyll. — Marratxi. Junio. 

Mhinusa noctis Herbst. — Sobre las plantas. Cercanías de Palma. Manacor 
(Son Moro). Primavera. 

Nanophyes fiavidus Aubé. — ídem, id. 

— pallidulus, var. lilip)utanus Bris. — ídem, id. 

Orchestes Ilicis Fabr. — ídem, id. 

Centhorrhynchus Chrysanthemi Gyll.— PoUenza. Junio. 



(5) Moragues. — insectos de Mallorca. -7 

CeutJion-Jiynchus troglodytes Fabr. — Porrasa (Calviá). Julio. 
Rhyncolus rejlexus Boh. — ídem, id. 

— gracüis Rosenh. — ídem, id. 

— trimcorum Germ. — Pollenza. Junio. 
Apion seriatosetosulum Wenk. Palma. Mayo. 

— tenue Kirb. — Son Moro (Manacor). Mayo. 
Auletes puhescens Kiesw.— ídem, id. 
Bruchus himaculatus Oliv. — Sobre el Cistus Monspeliensis L. Son Moro 

(Manacor) ; Palma. Primavera. 
Phloeotrihus Olere Fabr. — Salen de los troncos secos de olivo. Toda la isla. 

Primavera y verano. 
Scolytus intricatus Ratz. — Palma. Verano. 
Crypturgus cinereus, var. Numidicus Yqy. — Al anochecer se les ve volar 

por los caminos. Palma. Mayo. 
Tomicus proximxis Eichh.— ídem, id. 

— ornissHS Eichh. — ídem, id. 

— recfangulus Eichh.— En los troncos secos de pino. Son Real (Santa 
Margarita); Palma. Manacor. Primavera y verano. 

Cryptocepjhalus curvilinea Oliv. — Abunda el mes de Julio sobre varias 
plantas; en los prados y sitios muy húmedos. Porto Pi 
(Palma); Porrasa (Calviá). 
— luridicollis Suffr. — Sobre los lentiscos. Porrasa. Verano. 

Chrysomela lepida Oliv.— Iónico ejemplar recogido sobre la planta deno- 
minada vulgarmente Lletsó (SondiusJ. Son Moro (^lanacor). Mayo. 
Crepidodera impressa Fabr. — Sobre las plantas. Cap des Toy (Manacor). 
Primavera. 

— ModeerilAn. — Ídem, id. 
Podagrica vemistula Kust. — ídem, id. 

— Perrisii AUard. — Palma, id. 

— Eupliorhire Schr. — ídem, id. 
Thyamis Echii Koch. — ídem, id. 

— suturalis Marsh. — ídem, id. 

— tahidus Fabr. — ídem, id. 

— pellucidus Foudr. — ídem, id. 
Plectroscelis tihialis 111. — ídem, id. 

— depressa Boield. — Pollenza. Junio. 

— clilorophana Dft.— ídem, id. 

Cassida hemisplicerica Herbst.— Son Suan (Manacor). Mayo. 
Trifonía bipustnlata Fabr. — Manacor. Primavera. 
Symhiotes pygmams Hampe. — ídem, id. 
Calviá li-guttata Lia. — SoUer. Junio. 

Propylea conglóbala, Y&r. opalina. Chr. — Sobre los Tamarix. Palma (Son 
Suñer). Mayo. 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(6) 



Nephus pulchellus Herbst. — Sollcr. Mayo. 
Scymnus rnfipes Fabr. — ídem, id. 

— ahietis Payk. — Manacor. Mayo. 
Pullas snhvillosns Goeze.— ídem, id. 

— arciiatns Rossi. — ídem, id. 
Gryphiniis lateralis Gyll.-Idem, id. 



ORTÓPTEROS. 



Lahidura riparia Pall. 
Labia minor L 
Forjicída auricidaria L. 

— puhescens Géné. 
Ectohia Uvida F. 

— — \.hrevipennis'Bvun\\. 
Apldehia Sardea Serv. 
Phyllodromia Germánica L. 
Lohoptera decipiens Germ. 
Feriplaneta orientalis L. 

— Americana L. 
Mantis religiosa L. 
Ameles Spallanzania Rossi. 
Bacillus Rossii Faljr. 
Tnjxalis nasnta L. 
iSfenohofhrus bicolor Charp. 

— 2ndvinatus Fiscli. W. 
Stauronotus Genei Ocsk. 
Epacromia strepens Latr. 

— thalassina Fabr. 
Spliinjonotus coernlans L. 
Ácrotylus patrííelis Sturra. 



(Edipoda granosa Serv. 
Pachytylns danicus L. 
(Edaleus nigrofasciatns de Gcer. 
Pyrgomorpha grylloides Latr. 
Acridium a'gyptinm L. 
Caloptcmis italicns L. 
Euprepocnemis idorans Charp. 
Paratettix meridionalis Kamb. 
Phaneropítera quadripunctata Bruu. 
Locusta víridissima L. 
Platycleis grísea Fabr. 

— laticanda Brunn. 

— tessellata Charxj. 
Decticus alhifrons Fabr. 
Ephippigera Baleárica Bol. 
(Ecan til US pellacens Scop. 
Trigonidium cicindeloides Serv. 
LiogryUns bimaodatns de Geer. 
Grylliis desertas Pall. 

— domcsticus L. 
Gryllotalpa vidgaris Latr. 



HEMÍPTEROS. 



Odontoscelis fuliginosa Lin. — Palma (Muros). 

— dorsalis F. Dalí. — ídem. 

Solenosthediiun lynceum Fabr. — Sobre los cardos y lentiscos. Palma (Ma- 

uacoi').' Verano. 
Odontotarsus caudatus Klug. — Palma; Porrasa (Calviá). Julio. 
Enr y j áster Maura lÁn.— 'üohxQ los rastrojos y en varias plantas. Palma, 

Marratxi. Verano. 



<7) Moragues. — insectos de Mallorca. 79 

Eiirygaster hottentota H-S. — Palma; Marratxi. Verano. 
Ancyrosonia albolineatum Fabr. — Sobre el hinojo. Toda la isla. Primavera. 
Graphosoma lineatum Liu. — ídem, id. 

Ct/dnus Jlavicornis Fabr. — Debajo de las plantas eu lugares arenosos. Pal- 
ma (Son Suñer; Coll den Rebasa). Primavera. 
Macroscytus hrunneus Fabr. — Ídem , id. 
Geotomus elongatus H-S.— ídem, id. 
Brachypelta ater-rima Fcerst. — ídem, id. 

Sehinis inorio Lin. — Debajo de las i^iedras y sobre las plantas. Primavera 
y verano. 

— chibius Scop. — ídem, id. 

— var. melanopterufi íI-S. — ídem, id. 

Sciocoris maciilatus Fieb. — Terrenos áridos; debajo de las piedras. Palma 
(Porto-Pi). Primavera y también en invierno. 
— Helferi Fieb. — ídem, id. 
Dyroderes marginatus Fabr. — Rastrojos y sobre varias plantas. Porrasa 

(Calviá). Julio. 
jElia acuminafa Lin. — ídem. Marratxi. 
Neottiglossa hificla Costa.— Sobre los juncos. Pollenza (Cala de S. Vicente). 

Junio. 
Stagonomus pusillus H-S. — ídem, id. 

Eusarcoris inconspicuus H-S. — ídem. Manacor (Cap des Toy). Mayo. 
l'erihalus distinctus Fieb. — Sobre los rastrojos. Porrasa (Calviá). Julio. 
Carpocoris fuscispinus Boh. — Sobre los cardos y otras plantas. Toda la 

isla. Primavera y verano. 
Codo2)hila varia Fabr. — ídem, id. 
Dolycoris haccamm Lin. — ídem, id. 
Jjrachynema cincta Fabr. — Sobre la Salsola. 
Nczara líeegeri Fieb. — Porrasa (Calviá). Julio. 

— viridula L. — Sobre varias plantas. Marratxi. Julio. 

— var. torquata F. — ídem, id. Valldemosa. 

— Millieri Mis. — Abundantísima sobre los lentiscos. Son Moro (Ma- 

nacor). Otoño. 
Piezndorus incarnatus Germ. — Marratxi. Julio. 

— var. alliaceus Germ. — ídem, id. 

Rhaphigaster grísea Fabr. — Sobre los morales. Palma, Primavera y ve- 
rano. 
Holcogaster fihulata Germ. — Sobre los pinos. Palma (Son Suñer). Junio. 
Eurydenia fesUvum, var. 2)icta. — Sobre varias plantas. Palma; Santa Mar- 
garita; Pollenza. • 

— decoratmn H-S. — ídem, id. 

— oleraceum L.— ídem. Palma. 
Zicrona coirulea Lin.— ídem, id. 



so ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

Centrocoris spinigerY. Horv.— Solare las acelgas. Toda la isla. Primavera 
y verano. 

Verlusia rliomhea Lin. — Son Moro (Manacor). Mayo. 

Haploprocta sulcicornis F. — Sobre varias plantas. Abunda en muchas par- 
tes. Primavera y verano. 

Gonocerus insidiator Fabr. — Se le encuentra en gran número sobre los len- 
tiscos. Otoño. 

JPseudophlans Waltlii H-S.— Son Puigdorfila (Palma). Mayo. 

Ceraleptus sqnalidus Costa. — Manacor. Mayo. 

Loxocnemin deJitator Fabr. — Palma. Mayo. 

Coreus denticulatus Scop. — Sobre las plantas. Gran parte de la isla. Pri- 
mavera y verano. 

Strohilotoma typluccornis Fabr. — 3Iarratxi. Mayo. 

Camptop^is Interalis Ger. — Abundante por toda la isla. Primavera. 

Ste7iocephahis agilis Scop. — Sobre varias plantas y también muy abun- 
dante. Piimavera y verano. 

— neglectus H S. — ídem, id. 
Therapha Hyoscyami Lin. — ídem, id. 

— var. nigridorsiim Put. — ídem, id. 

— var. ^ai'ícrtns Put. — Marratxi. Mayo. 
Stictopleurus crassicornis Lin. — Porrasa. Julio. 

— var. abutilón Rossi.— ídem, id. 
Liorltyssns liyalinus Fabr. — ídem, id. 

— var. sanguineus Costa. — ídem, id. 

Corizus macnlafiis Ficb. — Manacor. Mayo. 

— cnpitatus Fab. — Palma. .Junio. 

— rnfiis, var. lepidiis. — Porrasa. Julio. 
Maccevethus errans Fabr.— Cercanías de Palma. Primavera. 
Agraphopiis Lethierryi Stal. — ^Marratxi. Junio. 
Chorosoma Schillingi Schml. — ídem, id. 

Berytus montivagus, var. meridionale. — ídem, id. 

Lygceus sn.rntilis Scop. — Sobre varias plantas y debajo de las piedras. 
Palma. Verano. 

— militaris F.— Se le ve por todas partes. 
Melanocoryphus gibbicolUs Costa. — Palma. 

Lygceosoma reticidatum H-S. — Debajo de las piedras. Porto-Pí (Palma). 

Primavera y también en invierno. 
Orsillns Reyi Put. — Sobre el romero. Son JMoro (Manacor). Mayo. 
Nysius graminicola Horv. — Sobre los rastrojos. Palma. Julio. 

— ^talianus Horv. — Ídem, id. 

— Erica; Schill.— Porrasa (Calviá). 

— cymoides Spin.— Marratxi. Julio. 

— senecionis Schill. — ídem, id. 



(S) Moragues. — insectos de Mallorca. 81 

Cymus melanocephahis Fieb. — Porrasa. 

Henestaris laticeps Curt. — Sobre las plantas en los prados y Ingares muy 
húmedos. Primavera y verano. 

— geoeoriceps Antess. — Porrasa. Julio. 
Geocoris siculus Fieb. — INlarratxi. Junio. 

Heterogaster JJrticcp Fabr. — Abunda sobre las plantas que llevan este 

nombre. Primavera. 
Platyplax Salvice Schill. — Palma; Manacor. Mayo. 

— inermis Rbr. — ídem, id. 

Oxycarenus Lavaterce F.— Sobre las malvas. Palma. Mayo. 

Macroplax fasciata H-S.— Recogidos debajo de la corteza de los árboles. 
Abril. 

Rhyparochromus pnetextatus H-S. — Debajo de las piedras. Son Vent (Pal- 
ma). Marzo. 

Plinthisus PutoniJíory. — Encontrado debajo de la corteza de un tronco 
de pino seco. Son Real (Santa Margarita). Mayo. 

Peritrechus geniculatus Hab. — Sobre las plantas. Palma. Junio. 

— gracilicornis Put. — ídem. Marratxi. 

— meridionalis Put — Volando sobre el rastrojo. Son Perot (Ma- 

ría). Julio. 
Microtoma atra Goeze. — Sobre la Santonina. Palma; Pollenza; Manacor. 

Primavera. 
Calyptonotus Rolandri Lin. — Sobre las plantas, y trepando por las tapias. 

Cercanías de Palma (Santa Catalina). Mayo. 
Xanthochilus saturniíis Rossi. — Debajo de las piedras en terrenos áridos. 

PortoPí. Son Vent (Palma). Marzo. 
Aphanus inarimensis Costa. — Recogidos con la manga en los campos de 

avena. Manacor. Mayo. 
Emblethis Verbasci Fabr. — En los arenales, debajo de las plantas. Son 

Suñer (Palma). Albufera de Alcudia. Primavera. 
Gonianotus marginepunctatus Wlf . — ídem. Palma. 
Eremocoris fenestratus H-S.— ídem, id. 
Scolopostethus decoratiis Hah. — ídem, id. 
— cognatus Fieb. — ídem, id. 

Pyrrhocoris cegyptius Lin. — Debajo de las piedras y plantas. Muy abun- 
dante por toda la isla. 

— apterus Lin. — ídem, id. 
Dictyonota crassicornis Fall. — Palma. Junio. 
Eurycera clavicornis Fourc. — ídem, id. 

— Teucrii Host.— ídem, id. 

Platychila Cardui Lin.— Sobre los cardos. Toda la isla. Primavera. 
Tropidochüa geniculata Fieb.— Palma. Primavera. 

— Kiesenwetteri M. R. — ídem, id. 

aNalks de hist. nat.— xxm. tí 



85 ANALIÍS DE HISTOlíIA NATURAL. lÓ) 

Monanthia Wolffii Fieb. — Palma. Primavera. 

— nassata'Pvíi. — ídem, id. 
Monosteira unicostata M. R.— ídem, id. 

Hydrometra stagnorum Lin. — Corriendo sobre la superficie de las agua8 
estancadas. Toda la isla. Casi todo el año. 

'^'Velia rivulorum F.— Idém, id. 

Hygrotreclius najas de G. — ídem, id. 

Cerascopus domesticna Scop. — En las habitaciones, trepando muy pausada- 
mente por las paredes y estando siempre su cuerpo en continuo mo- 
vimiento. Palma. 

Oncocephalus notatus Kl. — Debajo de las piedras en sitios húmedos. Cap 
des Toy; Manacor. Primavera. 

Meduvius personatus Lin. — ídem, id. 

Harpacfor iracundusVoáa.— 'tiQhvQla, Ca pillar ia viscosa. L. Marratxi; Po- 
rrasa. Primavera. 

— er ythropus Lin. — ídem, id. 

Coranus cegyptius F. — Debajo de las piedras. Porto-Pí; Palma. Marzo. 

Prosfeinma guttula Fabr.— Sobre las plantas. Marratxi. Junio. 

Aptus lativéntris Boh. — Manacor (Son Moro). 

Nubis ferus Lin. — Sobre los rastrojos y sobre las plantas. Marratxi. Junio, 

Reduviolus viridulm Spin. — Sobre los Tamarix. Son Suñer (Palma); Prat 
den Bosch (PoUenza), Junio. 

Salda pallipes F.— Lugares húmedos, junto al agua. Cap des Toy (Mana- 
cor). Primavera. 

Leptopus echinops Duf. — Debajo de las piedras. Porto-Pí (Palma). Marzo. 

Cimex leciularius L. - Poco frecuente en esta isla. 

Lyctocoris campestris F. — Sobre las plantas. Palma. 

Anthocoris nemoralis F. — ídem, id. 

— — var. s»^;fírí;iís Westh. 

— sylvestris Lin.— ídem, id. 
Triphleps nigra Wolft'.— ídem, id. 

— minuta Lin. — ídem, id. 

Scoloposcelis angusta Rt. — Debajo de la corteza de un pino seco. Son Real 

(Santa Margarita). Mayo. 
Brachytropis calcarafíisFaU. — Sobre las plantas. Marratxi. Tex (Soller), 

Primavera. 
Miris Icevigatus, var. virescens Fall. — ídem, id. 

Lopus lineolatus Brul.— Toda la isla. Vive sobre la flor de los gamones. 
Abril y Mayo. 

— rubrostriatus HS. 

— alhomarginatus Hah. 

Phytocoris femoralis Fieb.— Sobre el romero. Manacor (Son Moro). MayO 
— varipes Boh.— Arta (Torre de Caña-mel). 



(11) Moragues. — insectos de Mallorca. 83 

Calocoris sexpunctatus Fabr. — Especie abundantísima sobre muchas flores. 
Se encuentran una porción de variedades. Toda la isla. Pri- 
mavera. 

— var. nankineus Duft. — ídem, id. 

— sulplmreus Rt. — ídem, id. 

— trivialis Costa. — ídem, id. 

— Chenopodii Fall.— Poco abundante. 

— instabilis Fieb.— ídem, id. 

— norvegicus Gm. — ídem, id. 
Oncognathus hinotatus F.— Palma. Primavera. 
Lygus pratensis Fabr. — ídem, id. 

OrtJiops Pastinacce Fall. — Marratxi. Junio. 

— cervimis HS. — ídem, id. 
Cyphodema instabilis Luc. — ídem, id. 
Poeciloscytus cognatiis Fieb. — Palma. Maj'o. 
Camptohrochis punctulata Fall.— ídem, id. 

— lutescens Schill, — ídem, id. 

Capsiis laniarius L. — Marratxi. Verano. 
Pilophorus pusillus Rt, — ídem, id. 

— confusus Kb. 
Mimocoris coarctatus Mis. — ídem, id. 
Halticus luteicollis Pz. 
Pachytoma saltator Hah. — ídem, id. 

— debilis Reut. — Abunda en Palma (Son Suñer). Primavera. 

— minor Costa. — ídem, id. 
Macrolophus costalis Fieb.— JNIarratxi. Primavera. 

— nubilus H-S. — ídem, id. 

Dicyphus hyalinipennis Kl. — Manacor. Mayo. 
Eeterotoma merioptera Scop.— ídem, id. Sobre los lentiscos. 
Heterocordylus tibialis Hah. 
Conostethus roseus Fall.— ídem, id. 

— venustus Fieb.— Sobre el romero. Primavera. 
Pachyxyphus lineellus Mis. — Marratxi. Primavera. 
Macrotylus atricapillus Scott. — ídem, id. 

Psallus ancorifer Fieb.— ídem, id. 

— lepidus Fieb. — ídem, id. Sobre los álamos. 

— Crotchi Scott. — Palma (Son Suñer). Junio. 
Atradotomus tigripes M. R. — ídem, id. 

Tuponia Tamaricis Perris.— Sobre los Tamarix. Primavera. 

Naucoris maculatus Fabr. — Palma (Son Pax). En los estanques. Prima- 
vera. 

Nepa cinérea Lin.— Entre el lodo de las acequias y torrentes. Palma; Ma- 
rratxi; PoUenza. 



84 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (12) 

Notonecta glauca lÁn. — Común en toda la isla y en los estanques y 

charcos. 
Flea minuiissima Leach. — Acequias del Prat de Son Snfíer. Abril. 
Macrocorixa hieroglyphica Spin. — Manacor. Mayo. 

— atomaria Illig. - ídem, id. 
Corixa luguhris Fieb. — Palma (Son Suñer). 

— scripta Ramb.— ídem, id. 

Tettigia Ovni Lin. — Especie muy abundante en toda la isla, principal- 
mente en los pinares y bosques en donde mueve una algarabía du- 
rante las horas de sol. Primavera y verano. 

Cixiiis pilosus 01.— SoUer (Tex). Mayo. 

— nervosus Lin. — ídem, id. 

— cunicularius Lin. — (Raxa). ídem. 
Hyalestes ohsoletus Sign.— Marratxi. Primavera. 

— luteipes Fieb. — ídem, id. 
O/íarws meZanoc/tcEÍMS Fieb.— SoUer. Mayo. 

— pallens Germ. — Palma. Primavera. 

— leporimis L. — ídem, id. 

Hysteropterum grylloides Fabr. — Especie muy abundante sobre los rastro- 
jos. Julio. 
Asiraca clavicornis Fabr. — Soller; Pollenza. Mayo. 
Delphax pellucida Fabr. — Arenal de Son Suñer. Primavera. 

— colima Boh. — Sobre los lentiscos. Manacor (Son Moro). Prima- 

vera. 
Tettigometra virescens Pz. — Palma; Pollenza. 

— impressifrons M. R. — ídem. 

Ptyelus linealus Lin. — Sobre las plantas y principalmente en los rastrojos. 
Sus larvas se desarrollan dentro de una espuma parecida á la 
saliva, la cual se encuentra á cada paso en las cañas de los cam- 
pos de trigOj avena y demás. Primavera y verano. 

— campestris Fall. — ídem, id. 

— spumarius Lin. — ídem, id. 

— var. lateralis Lin. — ídem, id. 

— var. marginellus Fabr. — ídem, id. 

— var. /asciaíits F. — ídem, id. 

— var. vittatus F. — ídem, id. 

— var. pallidus Schr. — ídem, id. 
Megophthalmus scanicus Fall. — Manacor. Mayo. 
Idiocerus sciirra Germ. — Sobre los álamos. Marratxi. Junio. 

— tceniops Fieb. — Sobre los lentiscos. Manacor. 

— socialis Fieb.— Sobre los álamos. Marratxi. 

— fulgidus Fabr. — Arenal de (Son Suñer). 
Pediopsis Freyi Fieb.— Manacor (Son Moro). Mayo. 



(13) 



Moragues. — insectos de Mallorca. 



85 



Pediopsis nana H-S. — Manacor (Son Moro). Mayo. 
Agallia sinuata Mis. — ídem, id. 

— venosa Fall. — ídem, id. 
Eupelix ciispidata Fabr.— ídem, id. 

— producía Ger.— Marratxi. Junio. 
Acocephalus striattis Fabr. — Ídem, id. 

— carinatus Stál. — Ídem, id. 

— albifrons L. — ídem, id. 

— histrionicus Fabr. — ídem, id. 
Solenocephalus obsoletus Germ. — Porto-Pí. Mayo. 

— var. conspersus H-S. — Manacor. 

Paramesus nervosus Fall. — Sobre los juncos. Manacor (Cap des Toy). INlayo. 

Abundante. 
Grypotes pinetellus Boh. — Sobre los lentiscos. Mayo. 
Phlepsius intricatns H-S. — Manacor. Mayo. 
Thamnotettix fenestratus H-S. — ídem, id. 

— Martini Leth. — ídem, id. 

— viridinervis Kb. — Palma. ídem. 
Athysanus stactogala Am. — ídem, id. 

— obscurelliis Kh.— Ídem., id. 

— variegatus Kb. — ídem, id. 
Goniagnathus guttulinervis Kb. — ídem, id. 
Deltocephalus striatus Lin. — Ídem, id. 

— assimilis Fall. — ídem , id. 
Chlorita flavescens Fabr. — ídem, id. 

Homotoma ficus Lin.— Sobre varios árboles frutales. Mayo y Junio. 



DÍPTEROS. 



Sciara hyalipennis Mg. 
Dilophus vulgaris Mg. 

— humeralis Ztt. 
Bibio Marci L. 

— hortulantis L. 

— laniger Mg. 
Chironomus tentans F. 
Culex pipiens L. 
Pachyrrhina histrio F. 
Típula olerácea L. 



Nemotelus panthérinu&J-¡. _ 

— uliginosus L. 

— plagiatus Schin. 
Stratiomys riparia Mg. 
Tabanus bromius L. 

— autumnalis L. 
Anthrax hottentota L. 

— afra F. 

— fenestrata FU. 

— niorio L. 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(14) 



Argyromoeba hinotata Mg. 
Bomhylius venosus Mik. 
Ogcodes zonatiis Erichs. 
Thereva arcuata L\v. 
Dioctria longicornis Mg. 

— hyalipennis F. 
Lnphria tnaroccana F. 
Andrenosoma atra L. 
Asilus trigonus Mg. 
Empis Jiuniana Egg. 

— cognata Egg. 

— pjisio Egg. 
Platypalpus flavipes F. 

— bicolor F. 

— articulatus Mg. 

— candicans Fall. 

— annulatus Fall. 
Psilopus contristans W. 
Dolichopus equestris Hal. 
Gymnopternus regalis Mg. 

— cupreus Fall. 

— angustifrons Staeg. 
OrthocMle unicolor Loew. 
Liancalus virens Scop. 

— lacustris Scop. 
Trineura aterrima F. 
Limosina sylvatica Mg. 

— limosa Fall. 
Scatophaga analis Mg. 

— hitaría F. 

— stercoraria L. 

— merdaria F. 
Fucellia arenaria E. Desv. 
(Ecothea fenestralis Fall. 
Helomyza variegata L\\. 

— affinis Mg. 
Sciomyza cinerella Fall. 
Tetanocera elata F. 
Limnia stictica F. 
Elgiva albiseta Scop. 
Geomyza combinata L. 

— tripunctata Fall. 
Scyphella lútea Fall. 



Ephygrobia compta Mg. 

— plumosa Fall. 
Hydrellia griseola Fall. 
Camarota Jtavitarsis Mg. 
Chlorops didyma Ztt. 

— teía Mg. 

— notata Mg. 
Siphonella palposa Ztt. 
Oscinis pusilla Mg. 
ilíosíWits ícwews Fall. 

— arcuatus Ltr. 
Piophila nigricornis Mg. 
Sepsis picnctum F. 

— violácea Mg. 

— cynipsea L. 

— Jiavimana Mg. 
Dacus olecB F. 
Trypeta aciiticornis Lw. 

— serratulce L. 
Urophora macrura Lw. 

— stylata F. 

— qiiadrifasciata Mg. 
Tephritis cometa Lw, 

— stellata Fuess. 

— arnicce L. 

— conura Lw. 

— ruralis Lw. 

— producía. 

— leonfodontis Deg. 

— bardante Sclirk. 

— 2)rcecox Lw. 

— tessellata Lw. 

— fallax Lw. 

— cincta Lw. 
Sapromiza lAumicornis Fall. 

— plumicheta. 
Loncha'a lasiophthalma Mg. 

— vaqinalis Fall. 

— tarsata Fall. 

— laticornis Mg. 
Chloria demándala F. 
Phytomiza ajffinis Mg. 
Cordylura maculipennis Gimm. 



(15) 



Moragues. — lnsectos de Mallorca. 



87 



Ccenosia remotella Zett. 
Cariccea tigrina F. 
Lispa tentacnlata Deg. 
Homahmyia canicularis L. 
Anthomyia pluvialis L. 
Chortophila cilicriira Rond. 

— longula. 
Ophyra leucostoma W. 
Hydrotcea armipes Fall. 
Spüogaster qundrum F. 

— duplicata Mg. 

— clara Mg. 
Aricia meridionalis Rond. 

— umbrática Mg. 
Pyrellia cadaverina L. 
Dasyphora pratorum Mg. 
Lucilia sericata Mg. 

— cornicina Fall. 
Musca corvina F. 
Pollenia rudis F. 
Nitellia varia Mg. 

— intermedia Mcq. 
Calliphora eryihrocephala Mg. 
Stomoxys calcitrans L. 
Graphomyia maculata Scop. 
Idia fasciata Mg. 

Onesia sepulcralis Mg. 

— floralis. 

Miophora hcemorrhoidalis Mg. 

— depressifrons Zett. 

— cruentata Mg. 

— hcemorrJioidalis Mg. 

— agricola R. Desv. 

— &etipennis Rond. 

— matertata R. Desv. 
Agria affinis Mg. 

— nurus Rond. 
Nyetia halterata Pz. 
Leucostoma analis Mg. 
Sphixapata strenua Perris. 
Miliogramma ruficornis Mg. 
Metopia fastuosa Mg. 

— leucocephala Rossi. 



Gonia atra Mg. 
Micropalpus fulgens Mg. 
Echynomyia iessellata F. 

— magnicornis Ztt. 
Clairvillia ocypterina Schin. 
Ocyptera rvifipes ]Mg. 

— hrassicaria F. 
Gymnosoma rotimdata L. 
Gastrophilus equi F. 
Fipunculus auctus Fall. 

— pratorum Fall. 

— sylvaticus Mg. 

— rtiralis Mg. 

— furcatus Schin. 
Melithreptus, var. dispar Lw. 
Catabomba pyrastri L. 
LasiojMicus macularis Ztt. 
SyrpJms corollce F. 

— ochrostoma Ztt. 

— nitidicollis Mg. 

— ribesii L. 

— balteatus Deg. 
Volncella zonaria Poda. 
Eristalis (eneus Scop. 

— íenacc L. 

— arbustorum L. 

— tceniops W. 
Myathropa florea L. 
Helophilus trivittatus F. 
Syritta pipiens L. 
Eumerus bmulatus Mg. 
Pipiza continua. 
Paragus tibialis Fall. 

— bicolor F. 
Chrysotoxum intermedium Mg. 
Cerm conopsoides L. 

Myopa stigma Mg. 
Occemyia distincta INIg. 

— rtíra F. 

— piisilla Mg. 
Conops vespiformis. 
Ornithomyia avicularia L. 
Hippobosca equina L. 



IsTOTES 



POUR SERVIR 



A L'HISTOIRE DES MALACHIDES, 



M. ELZEAR ABEILLE DE PERRIN, 



(Sesión del 9 de Mayo de 1894. 



REMARQUES SUR TROIS ESPECES DE TROGLOPS. 



Trois espéces de Troglops, rerlicalis, fiircatus el cajñta- 
tns, ont été mal appréciées dans ma monogTaphie, au point de 
vue sexuel. Ces fausses appréciatioiis sont attribuables á deiix 
causes presque inevitables : les Communications insuíñsantes 
et l'absence de données sur le rapprochement des sexes. Gráce 
á M. de Uhag'ón , á ses útiles Communications et a ses obser- 
vations judicieuses, je puis rétablir la vérité et m'empresse de 
le faire de la maniere suivante : 

Commencons par déclarer que je n'ai rien á retoucher aux 
descriptions des trois of, si ce n'est pour le vértex du furcatus 
qui est, le plus souvent, larg-ement noir. II est aisé de distin- 
g-uer ces trois cr" entre eux : le verticalis a les cotes du corselet 
tellement ang-uleux vers leur moitié que cet ang-le, sous un 
certain jour, est absolument spiniforme ; le furcatus, plus 
g-rand que le capitatus , a les dents de son épistome extréme- 
ment saillantes, le museau tres prolong-é, enfin la dent du 
milieu du front développée en une forte lame transverse , au 
lieu d'avoir la forme d'un tubercule. 



90. ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

II est par contre tres difficile de séparer les femelles. J'ai 
commis une premiére erreur en déclarant que celle du capita- 
tíis n'avait pas les élytres en ampoule; j'avais confondu la 
vraie Q de cette espéce avec celle du rerticalis qu'elle copie 
absolument et dont elle ne diífére que par le corselet plus 
court, plus dilaté dans le haut, plus étrang-lé dans le bas, par 
conséquent a cótés beaucoup plus sinués. Cette unique diffé- 
rence est plus aisée á voir qu'á exprimer. Quant a la couleur 
du vértex, elle est, pour les deux, ou noire, ou roug-e, indis- 
tinctement. — Ce que j'ai décrit dans mon travail comme 9 du 
cajñtatus, avec les élytres non g"onflées, appartient a une nou- 
velle espéce marocaine, dont le of est inconnu. 

J'ai commis une seconde erreur en rapportant , tres dubita- 
tivement, il est vrai, ?lVl fiircatns une 9 d'espéce voisine. La 
véritable 9 du furcains m'a été communiqué par M. de Uha- 
g-ón : elle ressemble beaucoup á celle de caiñtatiis pour la for- 
me du corselet; la forme de ce seg-ment est encoré plus exag-é- 
rée; il est plus court, plus élarg"i en avant, plus étrang-lé en 
arriére; en outre \^ fíircatns Q diífére du méme sexe chez les 
deux autres espéces par sa tete et son corselet d'un superbe 
rouge de cinabre et ses antennes dont tous les articles, y com- 
pris le premier, sont nettement taches de noir par dessus, 
comme chez le cf- 



NOTE SUR LE «CYRTOSÜS OVALIS» CAST. 



J'ai décrit en supplément a ma monog-raphie, pag-e 400, une 
forme litigieuse de Cyrtosns que j'ai appelée variicollis et que 
j'ai rattachée avec le plus g-rand doute au dispar. Le cf de ees 
formes aberrantes m'est enfin connu: c'est Cyrtosns ovalis Cast. 
II resulte de ce fait que : 

r Cette espéce est tres variable comme coloration d'anten- 
nes d'abord, et surtout du corselet. Ce segment part du roug-e 
unicolore (var. armifrons Kr.) , passe par le roug-e avec bande 
étroite médiane noire (ovalis type), puis par le métallique a 
bordure latérale étroite (var. rariicollis Ab.), puis enfin par 



(3) Abeille de Perrin. — notes sur les malachides. 91 

le métallique avec une tache aux ang*les antédeurs roug-e 
(var. maculicollis), pour aboutir enfin au métallique absolu- 
ment unicolore (var. cyaneicoIHs). 

2" Que son aire g-éog-raphique est tres larg-e, puisqu'elle 
s'étend de TEspag-ne jusqu'á la Turquie, en traversant l'Italie 
et la Gréce. La var. armifrons est extrémement rare en Italie, 
et beaucoup moins dans les trois autres royaumes. Par contre, 
les quatre autres varietés paraissent propres exclusivement á 
l'Italie. 

Quoi qu'il en soit, je répéte ce que j'ai dit: pour ne compa- 
rer Vovalís qu'aux espéces rentrant dans les sous-g-enres Oo^i/- 
nes et Homogynes, caractérisés par la briéveté relative du deu- 
xiéme article antennaire, ses sujets á corselet plus ou moins 
roug-e diíférent des Lethierryi et Marmottani par les élytres 
g-onflés et aptéres; des Anceyi, (Estivus et Uhagoni par les ély- 
tres concolores au sommet ; du longicoUis par les quatre tibias 
antérieurs a moitié jaunes ; enfin les individus á corselet con- 
colore; des cerealis, nitidicollis et Reitteri par ses élytres con- 
colores au sommet, et de frigidus par sa g-rande taille et ses 
élytres opaques; le dispaf a toujours les tibias et tarses conco- 
lores. Je n'indique tous ees sig-nes que pour les Q: les of se 
sing-ularisant par les caracteres antenuaires que tout le monde 
connait. 

Voici done le Catalogue des variations de Vovalis: 

Cyrtosus ovalis Cast. Silb. Rev. iv, p. 28.— Ab. de Per., p. 334, 
Europ. mérid. 

— — var. armifrons Kr. Berl. Zeit. 1862, p. 269. — 

Ab. de Per., p. 334. Hisp., Grsec, Ital., Turq. 

— — var. ovalis in sp. — Ital. 

— — var. variicolUs Ab. Mon., p. 400. — Ital. 

— — var. maculicollis Ab. — Ital. 
— ' — var. cyaneicoIHs Ab.— Ital. 



92 A^'ALES DE HISTORIA NATURAL. (4) 



DESCRIPTION D'UNE NOUVELIE ESPECE DE MAIACHIDE. 



Cyrtosus Uhagoni Ab. 

SiiM2)teri(s, mneus, ehjtris zirescentibus, capte antice . 7-primis 
antennarvm articvMs infra, tJiorads marginihus anguste latera- 
Ubus, ehjtrormnqiie aiñce, flaio-ferrugineis; elytris Immter sub- 
injiatis. — of latet. — Long-. 4 mili. 

Q^ inconnu. 

9 Bronzé-verdátre sur le corselet et la tete , verdátre sur les 
élytres qui ont une double pubescence. Tete avec une impres- 
sion superficielle médiane, et, en avant deux sillous obliques 
obsolétes; bronzée jusqu'á linsertion des antennes, oíi cette 
couleur est coupée droit; palpes jaunes á dernier article noir; 
antennes courtes, dépas§ant á peine les épaules, á l*^"" article 
á peine renflé, 2'"°^ court, S'^ et 4<^ subég-aux, les autres de plus 
en plus long's; elles sont noires, sauf le dessous des 4 ou 5 pre- 
miers articles et l'extrémité inférieure des 2 ou 3 suivants. 
Corselet assez court, a cotes droits, converg-eant en arriére, á 
ang"les étroitement arrondis: bronzé-verdátre, sauf une étroite 
bordure latérale orangée , cette couleur un peu plus étendue 
aux quatre anales. Élytres lég-érement en ampoule, ternes, 
marquées au sommet d'une tache orang'ée ; ailes avortées. 
Pieds métalliques, tarses tres sombres. Dessous verdátre, sauf 
les intersections des seg-ments carnés, ainsi que les épiméres. 

Le cf de cette intéressante espéce est encoré á découvrir. 
L'unique Q que j'aie vue provient de Peña de Francia (Espag-ne), 
oü elle a été prise en compag-nie du Cyrtosus Lethierryi; elle 
m'a été communiquée par M. de Uhagón, qui a admirablement 
étudié les Malacliides Espag-nols et qui a bien voulu m'autori- 
ser a la décrire. Je suis heureux de lui dédier cet insecte. 

Tres voisine de Lethierriji Q, V Uhagoni en différe nettement 
par ses antennes d'un quart plus courtes, par ses élytres ter- 
nes, légérement en ampoule et recouvrant des ailes avortées, 
enfin par ses antennes beaucoup moins roug-es et ses tarses et 
tibias tres sombres. 



NOTAS PREVENTIVAS 



L,\ immm del wéfíio de los teleósteos, 



ID. s. ThJí^i^oisr ir o^vj^LL. 



(Sesión del 9 de Mayo de 1894.) 



I. — Cerebelo. 



El cerebelo de los peces ha sido estudiado estos últimos años 
por Fusari, mi hermano Pedro, Schaper y Falcone. La conclu- 
sión más g-eneral que de estos trabajos se desprende es la 
perfecta uniformidad estructural de la corteza cerebelosa en 
todos los vertebrados, puesto que la mayor parte de los detalles 
de textura descubiertos por Golg'i y por mí en el cerebelo de 
los mamíferos y aves han sido confirmados en los peces, batra- 
cios y reptiles. Quedan, sin embarg'o, alg"unos puntos dudosos. 
Uno de ellos es averig^uar si en los peces existen también los 
pinceles descendentes ( Endkorhen de Kolliker) que nosotros des- 
cubrimos en las aves y mamíferos; y otro problema por resol- 
ver se refiere á los corpúsculos de Golgi, cuyo cilindro-eje no 
ha sido suficientemente determinado. 

La presente nota, que más adelante ampliaremos en un tra- 
bajo extenso, ilustrado con láminas, tiende á disipar estas 
dudas, y tiene por objeto además dar cuenta de alg-unos deta- 
lles sobre la marcha y origen de los pedúnculos cerebelosos. 
Dignamos, desde lueg*o, que el material de estudio lo han cons- 
tituido el salmón y trucha de pocas semanas (Sahuo foniina- 
lis, Tnitta iridea, Triitta lacitstris), el barbo y Cyprinus carpió, 
de cortas dimensiones. 

Contiene el cerebelo de los peces, como el de los mamíferos, 



84 ANALES r)E HISTORIA NATURAL, (2) 

tres zonas superpuestas; wna molecular , zona de los granos y 
zona de substancia Manca. 

Capa molecular. Está constituida esencialmente por la 
arborización protoplásmica ascendente de las células de Pur- 
kinje y las innumerables fibrillas paralelas, hijas del cilindro- 
eje ascendente de los g-ranos. Estas fibrillas, descubiertas por 
mí en los mamíferos y aves, confirmadas en los mamíferos por 
KoUiker, van Gehucliten, Retzius, etc., han sido vistas en los 
peces primeramente por mi hermano y después por Schaper y 
Falcone. En el salmón se presentan erizadas de gTanitos ó pe- 
queñas espinas colaterales (P. Ramón); y en las partes latera- 
les del cerebelo, dichas fibras acaban libremente á favor de 
una varicosidad. 

Contiene, además, la capa molecular pequeños elementos 
nerviosos, fusiformes, correspondientes á las células estrella- 
das de los mamíferos y numerosos elementos de neurog-lia. 

La neuíoglia exhibe disposición diferente en los seg-mentos 
anterior y posterior del cerebelo. En el anterior, válvula cere- 
belli. la neurog"lia conserva un carácter netamente epitelial. 
pues consiste en células cuyo cuerpo limita la cavidad ventri- 
cular y cuya expansión única, después de cruzar indivisa ó 
poco ramificada la zona de los g-ranos, se resuelve en los lin- 
des de la capa molecular en un penacho de fibras ascendentes, 
terminadas en la^;^ mater por otros tantos ensanchamientos 
cónicos. Del trayecto intra-molecular de estas fibras, proceden 
infinidad de excrecencias g-ranulosas que sirven verosímil- 
mente para separar y mantener las fibrillas paralelas. En la 
porción espesa del cerebelo (segmento principal posterior), las 
células de neurog-lia corresponden exactamente á las de los 
mamíferos. Estas células, que ya fueron indicadas jpor Fu- 
sari, residen al nivel de las células de Purkinje, y sus ex- 
pansiones en número de dos, cuatro ó más, suben á la capa 
molecular, terminando bajo Ir pia de la manera indicada. Há- 
llanse también esparcidas en medio de la capa de los g-ranos, 
y á diferentes distancias del ventrículo, células epiteliales dis- 
locadas, cuya expansión periférica se divide y subdivide como 
las células neuróg-licas supradichas en la zona molecular. 
Estas células establecen el tránsito morfológ-ico y g-enético 
entre los corpúsculos del epéndimo y la neurog-lia cerebelosa 
de la capa molecular. 



(3) Cajal. — ESTRUCTURA' i)EL ENCÉFALO DE LOS TELEOSTEOS. 95 

Las células nerviosas de la capa molecular, son fusiformes ó 
triang-ulares; su cilindro-eje, de marcha más ó menos para- 
lela, parece acabar en el espesor de la zona molecular sin con- 
tribuir á constituir los pinceles descendentes. Las células que 
orig'inan estos últimos residen más abajo, encima ó al nivel 
mismo de las células de Purkinje; su cilindro-eje marcha hori- 
zontalmente por la linea misma de estos últimos corpúsculos, 
abarcando en su dirección antero-posterior una g-ran parte del 
cerebelo. Estas expansiones emiten, de trecho en trecho, unos 
ramitos, ya ascendentes, ya oblicuos, ya horizontales, que se 
resuelven inmediatamente en un penacho de hilos varicosos 
y muy próximos. Estos penachos, en unión de otros proce- 
dentes de cilindros-ejes semejantes, se adosan á la superficie 
de los cuerpos de las células de Purkinje. á los que sin duda 
transmiten, por contacto ó por influencia, la acción nerviosa 
eng'endrada en los corpúsculos estrellados. Las cestas termina- 
les existen, pues, en el cerebelo de los peces, pero no tienen la 
reg'ularidad de las de los mamiferos, ni la terminación en 
punta de pincel tan acusada en el cerebelo de las aves. 

En cuanto á las células de Golg'i , muéstranse en su mayor 
parte fusiformes, con larg-as expansiones protoplásmicas pola- 
res, las cuales penetran en la capa molecular, constituyendo 
una ramificación terminal muy rica, cuyas ramitas secunda- 
rias son ascendentes y espinosas. El plano de la arborización 
nos ha parecido dirigirse en el sentido de la de los corpúscu- 
los de Purkinje. El cilindro-eje procede ordinariamente de 
una expansión protoplásmica y no tarda en descomponerse 
entre los g-ranos en una arborización extensa, pero menos 
tupida que la ofrecida por los mismos corpúsculos de los ma- 
míferos y aves. 

Los demás elementos del cerebelo, tales como los g-ranos, 
fibras musg"osas, se comportan, como ha descrito mi hermano, 
conformando en un todo con la disposición tan conocida de 
estas partes en los mamíferos y aves. 

Pedúnculos cerebelosos. Los cortes antero-posteriores 
y frontales del encéfalo de los peces, muestran claramente tres 
clases de hacecillos de fibras nerviosas aferentes ó eferentes 
de la substancia blanca del cerebelo. ínterin resolvemos la 
cuestión de la homolog-ía de estos hacecillos, los llamaremos 
para evitar prejuicios y errores y atendiendo á su posición; 



96 ANALES DE HlSTOUlA NATuRAL. (4) 

pedúnculo anterior, pedúnculo posterior y pedúnculo ex- 
terno. 

Pedúnculo anterior. El g-rueso de las fibras nerviosas 
que salen del cerebelo por su cara inferior y parte lateral, in- 
g-resa en un g-ang'lio más ó menos redondeado situado á los 
lados del ventriculo cerebeloso, en el punto de unión del bulbo 
con el cerebelo. Las células de este g-ang-lio son. ora bipolares, 
ora unipolares. De ordinario, poseen una expansión proto- 
plásmica descendente, terminada libremente en el espesor 
mismo del g-ang-lio, y una finísima prolongación ascendente, 
nacida ya directamente del cuerpo celular, ya del apéndice 
protoplásmico. La reunión de todas las prolong-aciones ner- 
viosas por encima del g-ang-lio. constituye un g-rueso haz que, 
penetrando en el eje del cerebelo, se esparce por la capa de los 
g-ranos. De este haz hemos visto salir muchas fibras musg-osas, 
pero no nos atreveremos á aseg-urar que estas fibras sean con- 
tinuación de las células citadas, por cuanto en el paraje del 
haz de donde se desprenden las musg-osas ya se le han incor- 
porado hacecillos provenientes de otras partes del bulbo. 

Este g-ang-lio está unido al bulbo mediante dos clases de 
colaterales: cortas, nacidas en las fibras del fascículo longitu- 
dinal posterior, que yace vecino en la cara posterior del bulbo; 
y largas y de g-ran finura, las cuales emanan de un manojo de 
fibras longitudinales, situado en la parte inferior del bulbo. 
Este manojo es hijo á su vez, por bifurcación fibrilar, de un 
robusto fascículo descendente que, desprendiéndose de la zona 
de las fibras profundas del techo óptico, se dirig-e al lóbulo 
inferior del cerebro donde se termina á beneficio de extensas 
arborizaciones. El haz secundario, del cual parten las colate- 
rales para el g-ang-lio cerebeloso, acaba en la cara inferior del 
bulbo en un foco superficial de substancia g-ris, cuya homo- 
log-ía con los de la protuberancia y bulbo de los mamíferos 
no osamos todavía establecer. Añadamos aún, que dicho g-an- 
g-lio suhcereheloso recibe colaterales de fibras especiales de paso, 
bastante recias, que desde el bulbo van al cerebelo y cuyo 
orig-en y terminación no hemos podido reconocer. 

El ganglio subcerebeJoso yace delante y debajo del cerebelo, 
en plena substancia de éste, por lo cual cabria compararle á la 
oliva cerebelosa de los mamíferos. Mas como ésta parece de- 
pender de los lóbulos cerebelosos laterales y estos no existen 



,5) Cajal. — ESTRUCTURA DEL ENCÉFALO DE LOS TELE()STEOS. 97 

tíii los peces, acaso corresponda más bien el citado g'ang-lio al 
que en los mamíferos se desig-na con el nombre de (jdngVio del 
techo. Para resolver este punto son precisas nuevas observa- 
ciones que todavía no liemos log-rado realizar. Una de ellas y 
de las más eficaces sería ver si , de las células yacentes en la 
oliva y foco g'ris del techo de los mamíferos, proceden fibras 
nerviosas penetrantes en el cerebelo. 

Pedúnculo posterior. Del centro mismo de la substan- 
cia blanca del cerebelo procede un haz de fibras más espesas 
que, pasando por detrás del g"ang-lio subcerebeloso y sin sumi- 
nistrarle colateral ning-una, ing-resa en el bulbo, dirigiéndose 
hacia abajo, afuera y adelante entre las fibras nerviosas de 
éste. Por su curso y situación, este manojo nos ha i)arecido 
corresponder á los pedúnculos cerebelosos superiores de los 
mamíferos (Bindearm de Eding-er en el cerebro de los selacios). 
Pero nada podemos decir todavía del orig-en y terminación de 
sus fibras. 

Detrás del g-angdio subcerebeloso existe una acumulación de 
células multipolares por entre las cuales pasa el pedúnculo ce- 
rebeloso posterior. Los cilindros-ejes de estas células diríg-enee 
hacia adelante, ing-resando en el bulbo. En dicho g-angiio aca- 
ban muchas colaterales ascendentes, lleg-adas de fibras del 
inmediato fascículo long"itudinal posterior. Ig-noramos la ho- 
molog-ía de este g-ang-lio, que no aparece descrito por ning-ún 
autor, y que no tiene probablemente conexiones dinámicas 
con el cerebelo, por más que se halla en continuidad con éste 
y con el g-ang-lio subcerebeloso ya mencionado. 

Pedúnculo cerebeloso lateral. Así llamaremos á un 
haz espeso, á menudo múltiple, que aparece en los cortes 
transversales del cerebelo y bulbo en la parte más lateral de 
ambos órg-anos, y que se termina mediante arborizaciones 
libres en un foco g'ris situado superficialmente en las porcio- 
nes laterales del bulbo. Acaso corresponda esta masa g-ris á la 
oliva bulbar, y el manojo ó pedúnculo en cuestií'tn que á ella 
.<e dirig-e, al pedúnculo cerebeloso medio. La resolución de 
este punto reclama aún nuevas y más profundas indag-acio- 
nes. A este fascículo arriban probablemente muchos cilindros- 
(^jes de las células de Purkinje. 

Habenula. Nuestros estudios sobre el g-ang-lio de la liabe- 
nula confirman y amplían los recientes trabajos de Eding-er y 

ANALES DE Hlf-T. NAT.— XMi:. 7 



08 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

van Geliiichten. En el salmón de pocas semanas, la mayor 
parte de las células de este centro son unipolares, y de la rama 
protoplásmica única procede el cilindro-eje, el cual, en unión 
de los demás, forma el manojo retrorejiejo de Meinert. Este haz 
termina efectivamente, como lian reconocido los citados auto- 
res, en el g-ang-lio interpeduncular, el cual, además de las ar- 
iDorizaciones de las citadas fibras, contiene numerosas células 
estrelladas, cuyo cilindro-eje nos ha parecido ing-resar en el 
bulbo. 

El g-ang-lio de la habenula recibe dos clases de fibras ner- 
viosas terminales, unas ascendentes, derivadas del nervio óp- 
tico, otras antero-posteriores 3' ascendentes, arribadas del pe- 
dúnculo cerebral, ófasciculo hasaJ de Eding-er, y cuyas células 
de orig-en vacen en el cerebro. Estas dos clases de fibras cons- 
tituyen en torno de las células de la habenula un plexo inters- 
ticial muy rico, representado por arborizaciones libres fuerte- 
mente varicosas.. 

Recientemente hemos visto también arborizaciones libres 
semejantes en la habenula del ratón y rata blanca. Las fibras 
terminales descendían de la Stria 2)'Í'ií''(í^ís. y acababan por 
flecos ó rosáceas g-ranulosas, que recordaban las ramificaciones 
llamadas excrecencias musg-osas de las fibras de este nombre 
en el cerebelo. 

Bulbo olfatorio. El bulfo olfatorio de los peces ha sido 
bien estudiado recientemente por van Gehuchten, quien ha 
demostrado una textura análog-a á la que Golg-i, nosotros, mi 
hermano, etc., habíamos reconocido en los mamíferos, aves, 
reptiles y batracios. Del resultado de nuestros estudios hare- 
mos aquí sólo breves indicaciones. 

Las fibras olfativas se terminan en el salmón por breves ar- 
borizaciones libres, tan sencillas alg-unas que semejan una 
horquilla de áng-ulo redondeado. Cada arborización se pone 
en relación con un penacho terminal de una célula de la subs- 
tancia g-ris inmediata. 

Las células empenachadas son pisiformes, y más á menudo 
fusiformes; sus expansiones protoplásmicas , en número de 
dos, g-eneralmente, no tardan en suministrar ramos secunda- 
rios, cada uno de los que se termina en los g-lomérulos olfati- 
vos á beneficio de un breve y sencillo penacho, comparable, 
1 or su simplicidad y fig-ura, á la arborización nerviosa de 



(1) Cajal. — ESTRUCTURA DEL ENCÉFALO ÜE LOS TELEÓSTEtS. 9.T 

una placa motriz. Todas las expansiones protoplásmicas ter- 
minan en penacho , y no faltan penachos hasta en el trayecto 
de las mismas. En g-eneral. el número de penachos por célula 
■oscila entre tres y seis. El cilindro-eje procede casi siempre de 
una rama protoplásmica, dirlg-ese hacia abajo y hacia atrás. 
y, en unión de los otros, constituye un haz antero-posterior 
situado en el plano inferior de la vesícula cerebral. Después 
de suministrar estas fibras alg'unas colaterales á la substancia 
gris superpuesta , el haz olfatorio parece acabar, en su mayor 
parte, en un foco g-ris situado un poco por delante y debajo do 
la comisura inferior. No hemos podido confirmar la penetra- 
ción de fibras olfativas en esta comisura. La mayor parte dr 
las fibras comisurales provienen de células yacentes en el 
g-ang-lio fundamental del cerebro; en alg-ún caso hemos no- 
tado que no se trata de cilindros-ejes directos, sino de colate- 
rales ó de ramas secundarias de fibras destinadas á otras par- 
tes de la vesícula anterior, acaso de las continuadas con e! 
fascículo basal. 

Finalmente, los g-ranos se comportan como mi hermano ha 
reconocido en los reptiles y batracios, es decir, que son células 
unipolares, y su única expansión, dirigida hacia la perife- 
ria, se resuelve en un penacho de ramas espinosas. 



UNA EXCURSIÓN 



A LOS 



YACIMIENTOS PBEIHSTÓRICOS DE C;\RilOM. 



DON ANATAEL CABRERA Y DÍAZ. 



(Sección de Sevilla. — Sesión del 6 de Septiembre de 1893.) 



I. 



Invitado el que suscribe, así como mi distin^-uido ainigY) 
D. Nicolás de Pineda y Romero. ])ai'a acompañar á mi querido 
maestro D. Salvador Calderón y su discípulo D. Francisco de 
las Barras de Arag-ón en sus excursiones á Carmona, encami- 
nadas á estudiar en ella la estructura de los terrenos terciarios, 
aprovechamos la ocasión de visitar, el pasado mes de Ag'osto, 
los importantes monumentos arqueológicos y yacimientos pre- 
liistóricos de tan notable localidad. 

Los descubrimientos arqueológ-icos han sido ya asunto de 
interesantes trabajos y artículos aparecidos en periódicos y 
revistas, tanto nacionales como extranjeras, y lian dado á Car- 
mona la celebridad que tiene como manantial inag-otable de 
investig-aciones para el historiador; pero esta localidad no es 
todavía bastante conocida bajo el punto de vista prehistórico, 
en el que supera probablemente al anterior, merced á las re- 
cientes exploraciones prehistóricas realizadas en ella. x\lg'o se 
ha publicado referente á estas últimas, y especialmente el 
resumen interesante del Sr. Candan (I); pero unos escritos son 



(1) U/t yacimiento 2»'':hislórico en Carmona. {Xyxi. de la Soc. Esp. de Hist. nat., 
tomo XXII, Actas.j 



102 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (í)- 

de carácter tan general como éste y otros consisten sólo en 
noticias sueltas sobre determinados hallazg-os, no habiendo 
sido aún la estación de que trato asunto de un trabajo de con- 
junto y descriptivo. Con propósito de llenar en parte este vacio 
fui invitado, tanto por mi ilustrado maestro como por mis que- 
ridos compañeros de excursión, á dar cuenta de ella, exten- 
diéndome particularmente en lo que se refiere ala prehistoria, 
invitación á la que he tenido que acceder, no sin hacer notar 
mi incompetencia para tal empresa que motiva el presente 
ligero estudio. 

La ciudad de Carmona se asienta sobre la cumbre oriental 
de una de las colinas que á modo de cordillera limitan desde 
Alcalá de Guadaira el valle del Guadalquivir. Estas colinas se 
llaman alcores, y alcor se dice á la roca caliza detrítica de na- 
turaleza caliza y porosa que las constituye. Su cima, g-eneral- 
mente horizontal, alcanza por término medio una altura de 
200 m. sobre el Guadalquivir, y el carácter de denudación 
de estos cerros es tan marcado, que desde aquella puede el 
observador hacerse perfectamente cargo del aspecto de peque- 
ñas islas que tenían, cuando el valle servía todavía de comu- 
nicación entre el Mediterráneo y el Océano. Parece estarse 
viendo la ola que azotara los acantilados calizos que avanza- 
ban sobre el agua: aún i)roclaman su pasado las bajadas abrup- 
tas y pequeños golfos que llaman, con mucho acierto en el 
\}ñi&, puertos. 

Al pie de la elevada meseta de Carmona se extiende la mag- 
nífica y pintoresca vega de su mismo nombre, de fertilidad 
proverbial, rica en olivares y trigos, constituida por una arci- 
lla caliza gris de mucho espesor. 

Sig'uiendo la serie de capas que se suceden desde el fonda 
del valle hasta las mesetas del alcor de Carmona, pudimos ver 
la posición relativa muchas veces buscada en vano en otros 
sitios de las diferentes formaciones terciarias del Guadalqui- 
vir descritas anteriormente (1), y encontrar un accidente geo- 
lógico de extremada importancia: la discordancia entre las 
series pliocénica y miocénica, tan análogas por lo demás en su 



(1) Calderón: Movimientos pliocénicos y postpliocénicos en el valle dtl Guadalqxdñr^ 
(Anales de la Soc. Esp. de Hist. nat., tomo xxn.) 



(3) Cabrera y Díaz. — yacimientos de cakmona. 103 

composición petrog-ráfica y en su fauna, que hasta ahora no 
habían podido ser diferenciadas netamente. 

El estudio de esta serie de capas y de la fauna que encie- 
rran, será objeto de un trabajo especial del Sr. Calderón. Por 
ahora nos limitaremos á mencionarlas en su orden de sucesión 
de abajo á arriba que es el sig-uiente: 

Arcilla g-ris miocénica espesa, del valle de Carmona. 

Arenisca arcillosa miocénica de unos 5 m. de espesor. 

Caliza miocénica amarillenta detrítica, explotada como can- 
tera desde la época romana, con restos de escualos y cetáceos. 

Arcilla pliocénica azulada, ig-ual á la de la cuesta de Casti- 
lleja, descrita en el estudio citado precedente. 

Arena arcillosa pliocénica g"ris azulada en estrecha capa. 

Caliza amarillenta, fosilífera, pliocénica, porosa, llamada 
alcor. Esta es de mediana dureza y está cortada por hendidu- 
ras y surcada por depresiones naturales. 

Si el g-eólog'o y el paleontólog'o hallan motivo de estudio 
interesante en el término de Carmona, al arqueólogo y al an- 
tropólog-o no le reservan menores sorpresas los objetos y restos 
diseminados en torno de la ciudad y particularmente los ente- 
rramientos prehistóricos, en los que se han hallado ag-rupados 
aquellos ejemplares en un orden distinto de todo lo mencio- 
nado hasta ahora en las obras que de esta ciencia se ocupan. 
A no dudarlo los nuevos descubrimientos y las exploraciones 
del porvenir realizadas detallada y minuciosamente, podrán 
esclarecer lo que hasta el presente sólo como hipótesis racio- 
nal es dado apuntar. 



II. 

Lo escogido del sitio , la elevación y situación particular de 
la colina en que se asienta la antig-ua colonia romana Carmo, 
explican que desde los tiempos más primitivos fijaran allí su 
residencia los diversos pueblos que han vivido en la Penínsu- 
la, dejando liuellas de su paso y restos variados correspon- 
dientes á distintas épocas y civilizaciones de los que alg-unos 
han log-rado lleg-ar hasta nosotros, salvándose de la mano des- 
tructora del hombre y de los ag-entes naturales. 

Nosotros fijamos nuestra atención en los despojos que se 



104 ANALES DE HLSTOKIA NATIKAL. (4) 

remontan á los tiempos prehistóricos, visitando los túmulos en 
que se han hallado estos en su mayoría, y, sobre todo, el inte- 
resante museo formado por el dilig-ente, amable y entendido 
arqueólogo de Carmona D. Juan Peláez, tanto por medio de 
exploraciones dirig-idas y costeadas por él mismo, como por las 
recolecciones de distintos vecinos. 

Los restos que han proporcionado en la localidad mayores y 
más importantes datos para el conocimiento de la vida de los 
antiguos pueblos á que })ertenecen . son los túmulos. Más de 
veinte han sido explorados hasta ahora, pero de ellos sólo 
nueve han proporcionado objetos variados y de notable impor- 
tancia, respecto á los cuales el Sr. Peláez nos ha comunicado 
noticias detalladas con la exquisita amabilidad que le carac- 
teriza. 

Al NO. de la población y 4 km. próximamente de ella, se 
encuentra limitadcj el terreno sobre el cual se asientan los 
túmulos por un pequeño alcor, esto es, un acantilado en forma 
de tajo que corona la colina de arenisca terciaria rojiza. Eu 
este sitio se hallan abiertas las cuevas de los primitivos mora- 
dores de aquella región: por la ])arte inferior sirve de límite 
la carretera general que se dirige á Madrid, y á dereclia é iz- 
quierda linda con los i)redios denominados del Soldiido y Ace- 
hiirliiil respectivamente. 

Conocidos vulgarmente en aquella región con el nombre de 
motiiJas. son los túmulos que hasta el día se han encontrado, 
de forma próximamente sem i-esférica . algo rebajada, cuyas 
dimensiones, tomadas por el Sr. Peláez. son las siguientes: 



Número, 


Diámetro. 
17 m. 


Altura. 


1 


2,50 m. 


2 


\) 




2 


3 


l.i 




'2 


4 


14 




2,50 


5 


19 




2,.50 


6 


.") 




5,40 


7 


19 




2,.-)0 


8 


oO 




7 



\.i^^ túmulos números 8 y 8 se conocen en la localidad con 
lt»s nombres de iínniih) hhüico y de 7). .l/orM>Vo respectivament'^. 



,(3) Cabrera y Díaz. — yacimientos de carmona. 105 

Empezada la exploración de los túmulos y después de quita- 
das la primeras capas de tierra, en algunos se encontró una 
serie de piedras de figura fusiforme de 20á24cm. de longitud, 
perfectamente equidistantes entre sí. colocadas en círculo, j 
otras más pequeñas en el centro, al parecer como señalando 
las sepulturas; disposición que recuerda la forma de las cons- 
trucciones megalíticas denominadas cromlecJis. También á la 
entrada de alguna de estas tumbas, y como rodeando á otras, 
existían muchas piedras calizas redondeadas por efecto de la 
alteración natural y que son muy frecuentes en las regiones 
calizas y pedregosas. Estas piedras, á primera vista, parecen 
informes; pero á poco que se examinen, se advierte que recuer- 
dan como toscos bocetos de varios animales, siendo notables 
unas que imitan la figura de unas gallinas; otras tienen cierta 
semejanza con la cabeza de un perro, y otra, no menos curiosa, 
recuerda la de un dromedario. En el espacio que dejan estas 
piedras se encontraban las tumbas propiamente diclias en nú- 
mero de tres ó cuatro, orientadas de E. á O. y labradas algu- 
nas de ellas en la misma roca: median 2 m. de largo por 1 de 
ancho, y en el interior de cada una existían uno y por excep- 
ción dos esqueletos humanos en un estado de completo desmo- 
ronamiento, pulverizándose almas simple contacto, por lo que, 
desg-raciadamente, no fué posible extraer de allí nada de inte- 
rés. De otras, cuyas exploraciones han sido realizadas con me- 
jor suerte, se han exhumado algunos cráneos que existen en 
la colección del Sr. Peláez (1). 

Hecha esta indicación general sobre los túmulos en cuestión, 
debemos decir algo de ellos más en particular; pero á este 
fin y para mayor claridad, nos es forzoso adoptar una clasifi- 
cación por los objetos encontrados en su interior, siquiera sea 
ésta un tanto arbitraria y provisional. 

Los túmulos correspondientes á los números 6 y 7, puede 



(1) Según lo comunicado por este señor, en el interior de otros túmulos situados 
«n otro paraje llamado Cuevas de la Batida, á 2 km. de Carmona, existían 18 hornos 
<le forma elí[)tica, cuya base media l"i,~o de eje mayor y l'",25 de eje menor con 0"',?() 
de altura; la boca ofrecía hechura de arco de O ",50 de altura, teniendo una chime- 
nea injundihuliforme que se ensanchaba hacia el exterior, habiéndose encontrado 
gran cantidad de cenizas y trozos de hueso con inequívocas huellas de haber sido 
calcinados. Nosotros no tuvimos ocasión de visitar este yacimiento apartado del campc> 
de los túmulos de que nos estamos ocupando. 



106 A^'ALES DE HISTORIA NATURAL. (6> 

admitirse que corresponden al periodo más antiguo, aunque 
indeterminable, de la localidad. En estos sólo se lian encon- 
trado objetos de pedernal toscamente hechos y que correspon- 
den á tipos primitivos; así las puntas de lanza y los trozos de 
g'randes vasijas de tosco barro, con mezcla de materias extra- 
ñas, sin ning-una señal de g-rabado y con apariencias de no 
haber sido empleado el fueg'o para su cocción , atestig"uan el 
carácter de antig-üedad de tales restos. 

Un seg"undo gTupo francamente neolitico está representado- 
por objetos g-eneralmente pequeños, pero delicadamente talla- 
dos; entre ellos fig-uran puntas de flechas y de lanzas, cuchi- 
llos de distintos tamaños, sierras, g-ran variedad de raspadores, 
buriles, punzones, g-ubias y piedrecillas de variadas formas, 
que parece podían servir como objetos de adorno. Las láminas: 
1.* y 2.* están destinadas á mostrar los ejemplares más carac- 
terísticos y mejor conservados de este g'énero que figuran eii 
el museo del Sr. Peláez. 

Es notable la variedad de objetos de silex en estos yacimien- 
tos de Carmona. Están tallados á g'olpe, como es natural, tra- 
tándose de esta substancia, cualquiera que sea la época á que 
pertenezcan, y entre ellos parecen predominar notablemente 
los buriles, así como son escasas las puntas de lanza. El em- 
pleo de estos primitivos instrumentos no se abandonó con la 
introducción de industrias más perfeccionadas , pues se los ha 
hallado, no sólo con objetos de piedra pulimentada, como 
queda dicho, sino hasta con otros de metal. 

Revelan un carácter neolítico decidido un g-ran número de 
hachas, martillos y raspadores pulimentados fabricados con 
distintas rocas que examinó el Sr. Calderón. La mayoría pro- 
ceden de núcleos de diabasa, como tuvo ocasión de describir 
este señor con motivo de otra excursión (1) , alg-unos de dio- 
rita, otros de porñrita y pórfido piroxénicos, de fibrolita, de 
eclog"ita, exactamente ig'ual á la hallada en el Pedroso (2) , y 
un hacha de serpentina. Ning-una de estas rocas existe en 
Carmona, pero sívarias de ellas al menos en la Sierra Morena, 



(1) Calderón: Excursión por la provincia de Huelxa. (Anal, de la Soc. Esp. de 
HiST. NAT., tomo '^\x^ Actas.) 

(2) Calderón: Eclojita del Pedroso. Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat.^ 
tomo XVII, Actas. J 



(') 



Cabrera y Díaz. — YACIMIE^'TOS de carmona. iot 



Entre los objetos de cerámica se encuentra un gran número- 
de platos , alg-unos enteros , y multitud de trozos que corres- 
ponden á otros de variadas dimensiones, y á vasos, aunque de 
estos no se lia hallado ninguno completo. El barro empleado 
es basto y la factura está hecha á mano; pero, sin embargo^ 
presentan artísticos dibujos formados por líneas ya en zig-zag, 
ya circulares, alternando con puntos que figuran rombos,, 
como también otras alternando con otros dibujos que rodean 
al objeto. Todos ellos son de carácter geométrico, como la 
muestran las figuras 6, 7 y 8 de la lámina 3.', elegidas como 
ejemplares característicos entre los muchos que forman parte 
de la valiosa colección del Sr. Peláez. En algunos todas las- 
figuras y rayas son dobles; pero es lo más notable como el 
primitivo artista ha interpretado á veces el claro-obscuro por 
medio de líneas de puntos llenas ó de fajas dispuestas con in- 
genio, según muestra la fig. 8 de la misma lámina. 

Se nota, examinando en conjunto la ornamentación de lo:^ 
barros de Carmona, toda la evolución, que parte de los ele- 
mentos lineares más sencillos y llega hasta complejas y visto- 
sas combinaciones poligonales. En ejecución y variedad sup( - 
ran estas últimas á todo lo hallado hasta ahora en la Penín- 
sula, que no es poco. 

Entre los restos cerámicos más importantes descubiertos en 
el yacimiento que nos ocupa, figura un vaso cuya forma re- 
cuerda la de un crisol de los de uso actual en las operaciones: 
delicadas de metalurgia , de 6 cm. de altura por 3 de diáme- 
tro; otro puchero de base semiesférica con elegantes ador- 
nos, etc. También se han recogido en estos túmulos trozos de 
barro sin cocer, de forma circular ó cuadrangular, con los án- 
gulos redondeados, presentando orificios, tanto en los ángulos- 
como en el centro, y que se reputan pesas de telar; amuletos^ 
curiosos, silbatos, conchas horadadas y una lanza de cobre 
igual á las encontradas en el Coronil por el Sr. Candan. 

El resto de los túmulos corresponde al tercer grupo de nues- 
tra clasificación y es notable por la variedad de objetos de 
cobre (1) y de cerámica que ha proporcionado. Entre los pri— 



(1) Ensayados en el laboratorio de la Universidad de Sevilla, lian resultado de- 
cobre puro, sin indicio de estaño y con muy poco hierro. 



108 AXALKS I)K HISTORIA NATURAL. (8) 

meros sobresalen puntas de lanza y de flecha,, ag-ujas y pun- 
zones, un arpón, que prueba conocían la industria de la pesca, 
clavos de cabeza plana, angulares y de g'ota de sebo, broches 
de formas bien acabadas, entre ellos uno c^ue representa una 
serpiente terminados sus extremos por dos cabezas, como tam- 
bién otros cuyos clavos están cubiertos de una delgada chapa 
de oro, fíbulas y distintos pasadores, etc.; pero lo Cjue llama 
más la atención son unos brazaletes cubiertos de ligera lámina 
de oro. Por último, merece especial mención un ánfora encon- 
trada en el tñmulo número .3 por su forma elegante y lo per- 
fecto de su construcción, la cual contiene en su interior gTan 
número de trozos de hueso, probablemente de ciervo y antí- 
lope, y con indudables huellas de haber sido calcinados. Esta 
vasija mide ()S cm. en la circunferencia máxima, \)oy 23 cm. 
de altura. 

Xo menos notable es un pequeño vaso de alabastro sacado 
<lel túmulo número 4, que está finamente pulimentado y cuya 
forma recuerda la de otros descubiertos en Egipto. 

Además de todo lo descrito, existían en el interior de los 
túmulos multitud de trozos, generalmente pequeños, de varios 
minerales que al simple contacto con la piel la tiñen de varios 
colores, lo cual hace suponer que servían á aquellos hombres 
para adornar su cuerpo. Estos minerales son: una limonita 
terrosa que tiñe de color pardo; ocre que lo hace de rojo; mala- 
quita de color verde claro y que en las partes mezcladas con 
la limonita da i)or la trituraciíui un polvo pardo verdoso y un 
lignito neg-ro y l)astante lig-ero que produce un color sombra. 
Dicen que también se ha hallado alg'ún trocito de cinabrio y 
de otro mineral que por la descripción pudiera ser una calco- 
sina, pero nosotros no hemos visto estos últimos. Ninguna de 
las mencionadas substancias existe en la localidad y han de- 
bido ser transportadas de sitios diferentes; y como no reúnen 
condiciones para su explotación ni la cantidad en que se hallan 
abona este supuesto, nos parece muy racional el de los seño- 
res Candan y Peláez de que sean los materiales que servían á 
aquellos hombres para su pintura corporal. De todos modos la 
existencia de estas substancias y la de conchas marinas, ates- 
tiguan las relaciones que sostenían los carmonenses con dife- 
rentes puntos de la costa y del interior. 

La colocaci'úi particular de los esqueletos humanos en las 



(í») Cabrera y Díaz. — vAt'iMiENTus ük caumona. ]ot> 

tumbas neolíticas, demuestra que fueron enterrados en posi- 
ción sedente, pues los cráneos ocupan un plano más elevado 
y el resto del cuerpo se halla colocado en un reducido espacio, 
actitud que se observa en los enterramientos de alg-unos pue- 
blos primitivos. En las tumbas que contienen objetos con ca- 
rácter de transición entre la piedra y los metales, los cadáve- 
res estaban tendidos, muchos de ellos con los pies dirigidos á 
Oriente y uno evidentemente en cuclillas. Con una sola excep- 
ción había un solo esqueleto en cada sepultura. 

Los enterramientos reseñados consisten, en esencia, en se- 
pulturas cavadas á cielo abierto y rellenas de tierra, en el caso 
más sencillo y cubiertos con un túmulo en los más ricos: den- 
tro se colocaron las armas y utensilios del finado y se rellenó 
de arena el hueco restante, formando, en fin, un pequeño 
otero encima del todo. La inhumación de los cadáveres no se 
debe á que aquellos hombres desconocieran el uso del fueg-o. 
puesto que se ven señales de él en los túmulos y otros restos, 
que hacen pensar que allí se practicó la costumbre de las co- 
midas fúnebres como en otras estaciones neolíticas de Europa . 

También al lado de los túmulos y como excavadas en el 
alcor, ampliando quizás con las hachas de sílex los huecos 
naturales de la roca, trabajo penoso, aunque posible, existen 
ciertas cuevas espaciosas que es indudable fueron habitadas 
por aquellos pueblos, pues alg-unas excavaciones practicadas 
en sus pisos han proporcionado objetos de sus rudimentarias 
industrias. 



IIL 



Los objetos más interesantes encontrados en Carmona son. 
á no dudarlo, los que se refieren al conjunto de g-rabados que 
antes mencionamos, notables en alto g-rado. no sólo por les 
detalles y eleg-ancia de sus líneas, sino por la finura de su 
ejecución y lo que en sí representan; pues aunque no ofrecen 
caracteres que descifrar, no por eso dejan de encerrar un in- 
trincado enig-ma respecto á su procedencia. 

El material eleg-ido para estos trabajos ha sido el hueso, la 
concha de los moluscos y la madera. Todos se han hallado en 
el interior de los túmulos correspondientes á los g-rupos 2." y 3." 



ilO ANALES Dli HISTORIA ^'ATURAL. (10) 

■cié nuestra clasificación, donde abundaban, pero desgraciada- 
mente los más se encontraban en un g-ran estado de frag-ili- 
dad, siendo muy escaso el número de los que lian podido sal- 
varse ó recomponerse, los cuales fig-uran actualmente en la 
colección del Sr. Peláez. Un atento examen de estos g-rabados 
muestra que en alg-unos se ha aprovecliado la lámina com- 
pacta de alg'ún hueso larg-o. pero de un espesor tan considera- 
ble, que es de presumir que el animal á que perteneció era de 
g-ran talla: á veces por su aspecto se tomaría por marfil, por lo 
<;ual se han sometido, en el Museo de Historia natural de esta 
universidad de Sevilla, estos ejemplares dudosos aun examen 
microscópico que ha declarado su naturaleza ósea. Otros hue- 
sos presentan las dos caras compactas separadas por una lig-era 
lámina de tejido areolar. disposición particular que puede atri- 
buirse á alg"ún trozo de omóplato. Hay g-rabados no menos 
numerosos sobre trozos de conchas, en cuya fractura y alabea- 
miento especial se reconoce que pertenecen á moluscos bival- 
vos, probablemente del g-énero Unió, y por tanto fluviales. Por 
último, un corto número de estos restos artísticos están talla- 
dos en relieve sobre una madera ó pasta resistente ó compacta, 
y son notabilísimos por los caracteres que ofrecen, así como 
por dominar en ellos la fauna como motivo, al paso que en la 
alfarería sólo se advierte en Carmona la ornamentación geo- 
métrica. 

La observación del trazado, la corrección y maestría de las 
líneas inducen á creer que el instrumento empleado para estos 
g-rabados era metálico y se hallaba terminado en una de sus 
extremidades por una afilada punta. Las figuras están tan bien 
delineadas, hay tal verdad en su trazado, que no cabe dudar 
de que el artista interpretó con toda fidelidad los modelos que 
tenía presentes. Así no puede confundirse la cabeza del águila, 
ni aun menos los peces, ni las extremidades de un felino con las 
que representan las de un antílope ú otro animal del mismo 
género, dibujado con notable corrección y sentimiento. En las 
üguras 4 y 6 de la lámina 5.* se ven estos animales marchando 
en fila, como también los peces de la figura 3 de la misma lá- 
mina, circunstancia que no deja de repetirse en los hallazg-os 
<le las primeras iniciaciones del arte del dibujo, todavía imita- 
tivo meramente y desprovisto de composición. El sentimiento 
de la forma y de la proporción se revelan en cambio con em- 



(11) Cabrera y Diaz. — yacimientos dk caümona. )ii 

puje incomparable en las citadas fig'uras y en la linda cabeza 
de ave de la fig-ura 2 de la misma lámina. 

En otras fig-uras, sobre todo la 7, 11 y 12, se encuentran ya 
elementos nuevos y más complicados en los que se revelan 
influencias asirlas }' egipcias, indudablemente importadas, y 
cjue prestan un carácter nuevo á los preciosos restos de concha 
y pasta en que se hallan g-rabadas. 

Grandes dificultades se presentan al tratar de indag'ar la 
edad y pueblo ó pueblos á que pertenezcan los notables dibu- 
jos mencionados, pues difieren manifiestamente de los descri- 
tos en las obras de prehistoria, como existentes en los museos 
de Europa. Sin pretender resolver tal ¡problema, como mera 
liipótesis, vamos á limitarnos á exponer unas lig'eras conside- 
raciones que sometemos á personas más versadas como moti- 
vos de reflexión sobre extremo tan transcendental para la pre- 
historia de nuestra patria. 

Las investig-aciones laboriosas de esclarecidos sabios, han 
log-rado reconstituir una de las páginas más importantes del 
período antehistórico; grandiosos monumentos fueron encon- 
trados sin que su valor y sentido pudieran ser justamente 
apreciados hasta hace poco tiempo, quedando así envueltos en 
misterioso velo los secretos de tantos sucesos; pero desde que 
se han desentrañado las huellas impresas por el hombre pri- 
mitivo y ha sido posible seg'uirle paso á paso hasta los prime- 
ros períodos de la vida civilizada, se han ido enlazando los tiem- 
pos prehistóricos con los protohistóricos propiamente dichos. 
Aún quedan, sin embarg'o, va.stas lag-unas que llenar y proble- 
mas de capital interés que resolver, y uno de estos es el que 
se presenta en los yacimientos de Carmona por la cantidad de 
objetos tan variados mezclados en confuso montón: unos que 
indudablemente pertenecen á épocas primitivas, existen al 
lado de restos de pueblos más civilizados, no como sedimen- 
tados sobre aquellos, sino mostrando una fusión sólo explica- 
ble por haber lleg-ado allí por efecto de relaciones con otros- 
pueblos que nunca se confundieron con ellos, sosteniendo las 
costumbres patriarcales enfrente de las distintas invasiones 
del mundo antig'uo y conservando su sello de orig'inalidad. 

Así se explica que estos g-rabados presentan ciertos caracte- 
res indudablemente eg-ipcios y de aquella g-ran época en que 
la brillante cultura faraónica dominaba casi toda el África 



112 ANALES DE HISTÜEIA NATURAL. {'.i) 

(•onocida (1703 á 649 A. J.) civilización que se extendió no sólo 
en dirección del Asia, sino hacia el Occidente, secundándole 
en esta g-ran obra el pueblo fenicio y aun otros pueblos orien- 
tales más antig-uos, que por medio de las especulaciones marí- 
timas habían pasado de las columnas de Hércules. Es sabido 
que estos pueblos han dejado restos de su paso en nuestra 
patria de indudable autenticidad, como los hallados en Cádiz. 
y en varios puntos del Mediodía de España. 

Alg-unos de los g-rabados que representamos en la lámina .").* 
son de aquella época, como la flor del loto, la cabeza del le<''n 
y la mitad anterior de un carnero, los cuales no dejan lug-ar á 
duda alg'una sobre la influencia oriental que en ellos imi)era. 
Lástima que estos trozos se hallen reducidos á pequeños frag- 
mentos. No menos nos añrma en nuestra creencia la fig'ura es- 
culpida sobre hueso que representa una cabeza humana con 
el tocado tan característico del pueblo eg-ipcio. así como el 
trozo en que se ven dos antílopes comiendo unas flores de loto 
y como los demás g-rabados en que fig'ura esta flor y la pal- 
mera, rei)reseiitaciones todas observadas en los relieves y ar- 
tísticos g-rabados que existen en los liipog-eos y templos del 
antig-uo Eg-ipto. 

El mismo orig-en puede suponerse á los ol^jetos de oro cita- 
dos anteriormente, pues son conocidos otros aiiálog-os fabrica- 
dos en las antig-uas ciudades de Tiro y Sidón, tan notables por 
.sus industrias. Mas nosotros no somos los llamados á descifrar 
estos problemas que requieren conocimientos especiales de 
que carecemos; únicamente hemos apuntado lo conveniente á 
niie.stro juicio por si pueden servir como datos para estudios 
más profundos sobre los yacimientos de Carmona. Sólo nota- 
remos, para concluir, que con lo dicho se comprenderá la pa- 
radoja de existir allí enterramientos prehistóricos con objetos 
orientales, debido á que los primitivos habitantes, todavía en 
un estado de civilización antehistórico, tomarían de los coh;- 
nizadores ciertos usos y costumbres. 

No ofrecería menor interés que el estudio de los restos de la 
indu.stria el de los cráneos encontrados en estos túmulos, sobre 
los cuales nada definitivo podemos decir por hoy; sólo indica- 
remos que los caracteres étnicos que exteriormente y á la lig-era 
hemos podido apreciar, nos parecen insuficientes para recono- 
cer en ellos ning-uno de los tip(¡s que han supuesto los que 



:(13) Cabrera y Díaz. — yacimientos de carmona. 113 

hasta ahora se han ocupado de este asunto. No dudamos que 
este estudio vendría á descifrar ó ayudar al menos á la reso- 
lución del problema planteado, si bien conviene aplazarlo 
hasta que las nuevas exploraciones proyectadas enriquezcan 
tan valioso material. Lo hallado en estado de utilizarse alg-ún 
tanto es una calavera y un cráneo: la primera parece dolico- 
céfala, de eminentes arcos supra-orbitarios y bóveda elevada. 
Los restantes huesos se desmenuzaron al tratar de exhumar- 
los y tampoco se hallaron con abundancia por existir un solo 
esqueleto en cada sepultura, por regda general. Paréceme, 
pues, evidente que es prematuro cuanto se pretenda deducir 
con elementos tan escasos en punto á la raza ó razas á que 
•correspondan los habitantes primitivos de Carmona, sin renun- 
ciar por ello á la esperanza de que las futuras exploraciones 
sean más fecundas en tan importante respecto. 

Por analog'ía con lo comprobado en otros yacimientos de 
Andalucía, particularmente en la cueva de La Mujer y de las 
de Gibraltar, mas que por los datos antropológ-icos que Car- 
mona haya proporcionado, se hace admisible la opinión del 
Sr. Sales de atribuir las primitivas industrias carmonenses á 
la raza de Cro-Mag-non, ya pura ó mezclada con otras, pero 
conviene advertir que ésta no caracteriza en España ni en Ca- 
narias una época prehistórica bien definida, como sucede en el 
centro de Europa, y que aún demostrado este punto, cosa hoy 
difícil, el problema planteado no quedaría resuelto por eso. Es 
éste muy complejo, presenta elementos demasiado varios y 
frag-mentarios para esclarecerle por ahora, sobre todo en punto 
á dilucidar en todo el conjunto de particularidades imperfecta- 
mente bosquejadas en esta.s pág-inas, lo que hay aquí de común 
á la prehistoria europea y lo que se distiug-ue por un carácter 
local y g-enuinamente español, y aun puede decirse andaluz. 

No puedo menos, antes de terminar, de hacer constar mi 
sincero ag-radecimiento al Sr. D. Juan Peláez y Barrón, de 
Carmona, por el desinterés y amabilidad con que fuimos reci- 
bidos por él, así como por la cantidad de datos y noticias que 
nos ha suministrado, haciendo extensiva mi g-ratitud á mi 
disting'uido amig-o el Sr. Pineda, que con sus hábiles dibujos 
se ha prestado g-alantemente á enriquecer este lig-ero trabajo 
con la única parte de indiscutible utilidad é importancia que 
puede ofrecer. 

ANALES DE HIST. NAT. — XXIII. 8 



114 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (14> 



Explicación de las láminas. 

LÁMINA I. 

Varios instrumentos de silex de tipos cheleano y solutreano. 
(A mitad de su tamaño.) 

LÁMINA II. 

Instrumentos de silex de tipo paleolítico. (A mitad de su ta- 
maño.) 

Fig'uras 1 y 2. Tipo solutreano. 

3 y 4. Sierras de pedernal. 

5, 6 y 7. Láminas de pedernal. 

8 á 12. Puntas de flecha de pedernal patinizado. 



LAMINA III. 

Fig'uras 1 á 4. Hachas pulimentadas. 

5. Gubia, vista de frente y de perfil. 
6, 7 y 8. Trozos de cerámica con adornos. 
9 y 10. Pesas de telar, de barro sin cocer. (Mitad de 
tamaño.) 



LAMINA IV. 

Fig-. 1. Pequeño vaso de alabastro. (Mitad de su tamaño.) 

2. Anillo de cobre cubierto de una chapa de oro. (Id.) 

3. Botón de broche cubierto de una chapa de oro. (Id.) 

4. Arpón de cobre. (Id.) 

5. Ánfora de barro cocido que contenía trozos calcina- 

dos de huesos de ciervo. (V4 del tamaño natural.) 

6. Lanza de cobre. (Mitad de tamaño.) 

7. Trozo de madera ó pasta labrada fig-urando una ñor 

de loto. (Id.) 

8. Fíbula de cobre. (Id.) 



(15) Cabrera y Díaz. — yacimientos de carmona. ii5 

Fig-. 9. Pasador. (Mitad de tamaño.) 

10. Arete de cobre cubierto de oro. (Id.) 

11. Broche de cobre, cuyos extremos terminan por ca- 

bezas de serpiente. (Id.) 

12. 13 y 14. Trozos de hueso labrado. (Id.) 
15. Trozo de concha labrado. (Id.) 



LAMINA V. 

Fig"uras 1 á 8. Trozos de hueso grabados. (Mitad de tamaño.) 
9 y 10. Trozo de concha g-rabado por las dos caras: 
9 anverso y 10 reverso. (Id.) 
11 y 12. Trozos de madera ó pasta correspondiente al 
mismo objeto de la fig-. 7, lám. 5. (Id.) 



SUR QÜELQUES DÉCOÜVERTES PRÉHISTORIQÜES 

AUTOUR DE SEOOBRIOA 

DANS 

L'ESPAGNE CÉNTRALE 

PAR 

ÉDOUARD GAPELLE, S. J. 



(Sesión del 14 de Febrero de 1894.) 



INTRODUCTION. 



Au mois de Juillet 1892, j'avais été charg-é par le R. P. Fita, 
nUustre archéolog'ue espag-nol , d'aller relever, au nom de 
rAcadémie Royale d'Histoire , pliisieurs inscriptions qii'un 
propriétaire d'Uclés , M. Román García y Soria , venait de dé- 
couvrir sur le cerro (1) de Cabeza del Grieg-o. Je m'acquittai 
de ma mission, en compag-nie de M. García lui-méme et de 
son neveu , M. Pelayo Quintero y Ataurí , professeur a l'École 
des beaux-arts de Grenade. 

Tandis que, nos travaux termines, nous prenions un mo- 
deste repas, á l'ombre de notre galera (2), le seul ombrage 
qui se rencontrát alors sur le versant septentrional du mon- 
ticule, il me revint en mémoire une promesse que j'avais 
faite á M. Cartailliac, avant de quitter Toulouse, celle d'ex- 
plorer les g-rottes des environs d'Uclés et d'y recliercher des 
vestig-es d'habitations préliistoriques. Je priai done mes ai- 
mables compagnons de m'indiquer la direction de la Cueva 



(1) Monticule. 

(2) Sorte de char á bañes. 



118 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

del Toro, g-rotte assez fameuse dans le pays; mais lis ne pureut 
me fournir aucun renseig'iiement sur ce sujet (1). Toutefois 
M. Quintero, ayant eu coniiaissance du but de mes recherches, 
m'apprit aussitót qu'un g-arde des environs du cerro venait 
de découvrir, á une demi-lieue de la , une sorte de souterrain 
dont nul n'avait encoré soupconné l'existence. Ce fut, comme 
pour la célebre g-rotte d'Aurig'iiac, un lapin qui donna l'éveil. 
Le pauvre animal poursuivi par le g*arde s'était blotti sous 
une larg'e dalle; la dalle soulevée laissa apercevoir un long- et 
étroit couloir. Mais personne n'osait s'y aventurer, le g-arde 
moins que tout autre: uMe da miedo lo sobrenatural — disait-il; 
le surnaturel me fait peur.» Je n'avais aucun motif pour éprou- 
ver les mémes craintes, et je résolus immédiatement d'explo- 
rer la caverne. M. Pelayo Quintero s'offrit a prendre pour moi 
des informations plus precises sur le lieu de la découverte. II 
fit plus: quelques jours plus tard, il voulut bien descendre le 
premier dans la g-rotte et s'eng-ag-er assez avant dans la g-ale- 
rie principale. Puis il m'invita á l'y accompag-ner. 

Notre premiére expédition eut lieu le 13 Octobre 1892. M. Al- 
varo Yastzembiec de Yendrzeyowski, médecin et maire d'Uclés, 
s'était joint á nous. 

M. Quintero nous conduisit au bord d'une sorte de puits ver- 
tical, s'ouvrant au ras du sol, et mesurant deux métres envi- 
ron de profondeur. Cet orífice, qui me paiiit alors percé dans 
le roe vif , livrait á peine passag-e á un liomme , quand nous y 
descendimes pour la premiére fois. Était-ce la vraiment une 



(1) Cette grotte queje visitai plus tard en Février 1893 ne renferme aucune trace 
d'habitation. C'est une caverne artificielle, creusée dans un massif gypseux, á 20 mi- 
nutes environ de Bayona, ancienne forteresse qui domine la route de Madrid á Va- 
lence, au point oü elle est coupée par le Giguela. 

Elle se compose de plusieurs galeries horizontales, pratiquées au ciseau dans 
l'épaisseur de la colline et convergeant toutes plus ou moins directement vers une 
sorte de vestibule qui fait suite á l'entrée. 

Ces galeries sont basses et jonchées de débris aigus, arrachés aux parois. II faut 
pour les parcourir se teñir constamment courbé ou se trainer sur les genoux ; mais 
elles empruntent aux lueurs des torches une incomparable beauté. Les múltiples 
facettes des cristaux dont la voüte est revétue, s'en renvoient les rayons, et donnent 
naissance á mille jeux de lumiére qui prétent á la grotte un aspect féerique. 

Elle est d'origine relativemeut récente et ne parait guére remonter au delá de 
l'époque romaine. Cornide pense avec raison que les Romains venaient y chercber 
la pierre spéculaire dont Pline parle tout au long dans son Histoire naturelle (livre 
XXXVI, c. 22.) 



<3) Capelle. — découvertes préhistoriques. ii9 

issue artificie! le? N'était-ce pas plutót le résultat d'un éboule- 
ment? Je ne saiirais le diré. Je ne song*eai pas á m'en rendre 
■compte en cette circonstance, et depuis, des cliercheurs de 
trésors, comme 11 s'en trouve malheureusement partout, la 
jug-eant trop étroite, l'ont ag'randie poury passer plus á l'aise. 

Au fond du piiits s'ouvrait un couloir de quatre métres de 
long'ueur, vrai terrier qui débouchait dans la g-alerie céntrale. 
Cette g'alerie était au debut encombrée sur un parcours d'une 
trentaine de métres par d'énormes quartiers de roe, détachés 
de la voúte ou precipites du deliors. Une masse considerable 
de terre, venue de l'extérieur, en avait rempli les interstices, 
laissant á peine serpenter entre ees blocs un sentier raide, 
■étroit, tortueux, par oü les renards avaient accés dans cette 
immense taniére. 

Je ne saurais diré au prix de quelles fatig"ues nous púmes 
atteindre la premiére salle, les pieds en avant, la tete clouée 
au sol, les bras collés le long* du corps, ayant toutes les peines 
du monde á conserver allumées, sans mettre le feu á nos véte- 
nients, les boug-ies dont la faible lueur ne servait méme point 
k dirig-er notre marche. 

M. Quintero, qui le premier avait exploré une partie du 
boyau central, s'était fait notre g-uide et nous indiquait de son 
mieux les recoins oü il convenait de nous g-arer: il fallut en 
eífet des prodigues de prudence pour éviter de nous écraser les 
uns les autres, en faisant rouler devant nous sur une pente 
aussi raide les rochers mobiles qui g'énaient la deséente ou se 
détacliaient sur notre passag-e. 

Nous atteig-nimes enfin une salle assez vaste oú il nous fut 
possible de nous teñir debout sans trop de diíñculté. 

Le résultat de cette premiére expédition fut de faire naitre 
«n moi la certitude que je me trouvais véritablement dans 
une g-rotte préhistorique. Les nombreux frag-ments de poterie 
qui joncliaient le sol, les ossements g-isant á ñeur de terre. 
la fumée dont la voúte était noircie: voilá bien de précieux 
Índices. La suite me montra que je ne m'étais point trompé. 
Mais je dus, ce jour-lá, me borner a ees constatations. On ne 
l^ouvait song-er a commencer les fouilles sans avoir auparavant 
rendu le passag-e plus praticable. II fallait moins encoré pen- 
ser á retirer avec nous de la g-rotte des objets frag-iles ou volu- 
mineux, tant l'ascension était malaisée. Nous avions employé 



120 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4>. 

plus d'ime heure á descendre jusqu'á cinquante oii soixante 
métres environ de rentrée: deux lieures nous sufñrent á peine 
pour remonter, et c'est au prix d'indescriptibles eflforts que tel 
de mes compag-nons dont la corpulence dépassait la moyenne 
parvint a se liisser le long- de la pente glissante et raide, quel- 
quefois presque perpeudiculaire, par oü il était descendu sans 
trop de mal. 

Je n'avais g'uére qu'un jour par semaine á consacrer á mes 
reclierches , et bien souvent des occupations imprévues pou- 
vaient m'empécher de reprendre mon travail au jour fixé. 
Néanmoins je me mis résolument a l'oeuvre: plusieurs de mes 
a mis voulurent bien m'aider tour á tour dans mes explora- 
tions. II serait trop long- d'en dresser la liste: mais il est de 
mon devoir et c'est une joie pour moi de leur témoig-ner ici 
l'expression de ma sincere g-ratitude. lis m'ont secondé avec 
un dévouement et une intellig-ence que de g-raves etnombreu- 
ses diíñcultés n'ont pas un instant déconcertés. Aussi n'hésité- 
je pas á leur attribuer une g'rande partie de ees découvertes. 

J'ai donné a la g-rotte le nom de Grotte de Segohriga, parce 
que les ruines de cette ville s'étag-ent sur le tertre qui la re- 
guarde (1). On y trouve les restes d'une civilisation primitive: 
des outils, des armes, des ornements, des poteries, des sque- 
lettes humains appartenant a des races des long-temps dispa- 
rues de ees contrées, des ossements d'oiseaux et de mammifé- 
res dont la chair a dú servir de nourriture aux trog-lodytes. 

Étudier cette civilisation , ees races, cette faune; demander 
aux débris mémes de la ville quelles furent ses orig-ines pré- 
historiques, tel est l'objet de ce travail. Je m'aiderai pour ren- 
dre cette étude plus complete, soit des objets analog-ues retrou- 
vés cá et la dans le pays, soit des ruines échelonnées de dis- 
tance en distance sur les collines des alentours. 

Ces objets sont de plusieurs sortes: je citerai notamment des 
morceaux de silex, des coquillag-es perfores, des poincons en 
os, des haches de pierre, des frag-ments de poterie. Répandu» 



(1) J'adopte l'opinion du R. P. Fita qui, aprés Morales, Cornide et d'autres auteurs, 
placent á Cabeza del Griego les ruines de Segobriga. Malgré toutes les raisons allé- 
guées par Madoz dans son Dictionnaire géographiqne de l'Espagne contra cette opi- 
nión, il semble que les derniéres découvertes aient mis désormais ce point hors de 
doute. 



(5) Capelle. — découvertes préhistoriques. 121 

(lans toiite la contrée, sur les collines, á la surface des cliamps, 
dans le lit desséché des torrents , si la plupart ont vu bien des 
siécles passer sur eux d'un pied dédaig-neux, quelques-uns 
n'ont pourtant pas manqué d'attirer Tattention des liabitants 
de la rég-ion. Ici comme en Gréce, a Rome, et plus tard dans 
les Gaules, les céraunies ou pierres de foiiáre, ^nedras de rayo, 
ont été et sont encoré l'objet de la superstition populaire. Heu- 
reux qui peut en rencontrer une sur sa route : il se croit pre- 
servé par elle de tous les maux présents et á venir. 

M. Luís Valdecabras, député provincial de Cuenca, m'a 
assuré que l'on admettait dans certaines parties de la rég'ion 
deux sortes de céraunies: les unes de forme allong-ée, assez 
épaisses, aux bords latéraux arrondis, préserventde la foudre; 
les autres plus courtes, minees, aux aretes saillantes ou du 
moins plus marquées, sont , un précieux talismán contre les 
maladies de toute sorte: les premieres sont males, les autres 
femelles. 

Faut-il voir dans ees absurdes croyances un vestig-e de tra- 
ditions antiques? Au diré de Pline, un vieil auteur du nom de 
Sotacus disting'uait deux espéces de céraunies. Tune noire, 
l'autre roug-e, toutes deux semblables a des haches. Celles qui 
étaient a la fois noires et arrondies servaient á prendre des 
villes et des flottes: on les nommait Utyles: on donnait á celles 
dont la forme était allong-ée le nom de céraunies proprement 
dites. Certains en admettaient encoré une troisiéme espéce fort 
rare et tres recherchée au pays des Parthes, parce qu'on ne la 
trouvait qu'aux endroits frappés de la foudre (1). 

Les éclats de silex se rencontrent plus communément encoré: 
ils apparaissent sur tous les points de la región, disséminés 
dans les sillons des champs labourés ou mélés á la poussiére 
des chemins. II est du reste fort difficile de savoir á quelle 
époque il faut en faire remonter la taille: car tres peu presen- 



il) «Est Ínter candirías et quíE ceraunia vocatur, fulgorem siilerum rapiens. Ipsa 
crystallina, splendoris coerulei, in Carmania nascens. Albam esse Zenothemis fate- 
tur, sed habere intus stellam concursantem. Fieri et ceraunias, quas nitro et aceto 
per aliquot dies maceratas concipere stellam eam quíB post totidem menses relan- 
puescat. Sotacus et alia dúo genera fecit ceraunise , nigric rubentesque ac similes 
eas esse securibus: iis qute nigrce sunt et rotuodse, urbes expugnari et classes, easque 
betulos vocari : quíB vero longse sunt, ceraunias. Faciunt et aliam raram admodum, 
et Parthorum magis qufesitam, quoniam non alibi inveniatur, quam in loco fulmine 
icto >> (Plin., Hist. nat., 1. xxxvii, 51.) 



122 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

tent une forme bien déterminée, et coinme par ailleurs on se 
sert dans le pays pour triturer la paille de cíales armées de 
ees éclats, 11 est fort posslble que beaucoup d'entre eux aient 
serví á cet usag-e aprés avoir été recherchés dans ce but. 

Les poincons en os se montrent rarement a la surface du sol 
oü lis demeurent exposés aux intemperies des saisons et écliap- 
pent diíñcilement á une destruction prompte et complete; mais 
il est assez fréquent d'en rencontrer aprés les inondations dans 
les ravins ou sur les flanes des collines. Aprés rinondation du 
14 Septembre dernier, on en recueillit un certain nombre que 
les eaux avaient entrainés jusque dans notre huerta. 

Quant aux ruines préhistoriques, éparses dans la contrae, 
11 faudrait, pour en faire une étude approfondie, beaucoup de 
temps et des moyens que je n'ai pas: je me contenterai done 
de sig"naler en passant tout ce qui aura pu attirer mon atten- 
tion sans prétendre faire davantag-e. 

Dans la premiére partie de ce travail, je décrirai la gTotte 
elle-méme et les objets que j'y ai rencontrés. Je traiterai suc- 
cessivement des liomines et des animaux dont j'ai retrouvé les 
restes. Cette étude sera nécessairement incompléte; car les 
fouilles ne sont pas terminées; elles ne le seront peut-étre ja- 
máis. Toutefois puisque je me vois forcé de les interrompre et 
que je ne suis point assuré de pouvoir plus tard les reprendre, 
il me parait opportun de publier des aujourd'lmi les résultats 
que j'ai obtenus. S'il m'était permis d'entreprendre un jour 
les fouilles de la ville elle-méme, j'aborderais alors la seconde 
partie de cette étude , et ferais connaítre les trésors arcliéolo- 
g'iques que recélent ees vastes ruines. 

La civilisation des premiers Celtibéres n'est pas sans analo- 
g-ie avec celles que MM. Henri et Louis Siret nous ont fait con- 
naítre dans leur bel ouvrag-e: Les ages du metal dans le Sud- 
Est de VEspagne. M. Louis Siret a eu l'amabilité de me fournir 
á plusíeurs repríses dans une íntéressante correspondance des 
renseig'nements qui m'ont été fort útiles, tant pour la conti- 
nuation métliodique des explorations que pour la rédaction 
de ees notes. M. de Lapparent et Son Excellence M. Federico 
de Botella, inspecteur g-énéral des mines, m'ont donné la solu- 
tion de plusieurs doutes relatifs a la g-éolog-ie du pays (1). 

(1) Je dois au crayon de M. P. Quintero et du P. P. de Bernebruch la plupart des 



(7) Capelle. — découvertes préhistoriques. 123 

M. Francisco Quirog-a y Rodríg-uez , professeur de cristalio- 
g-raphie á TUniversité Céntrale de Madrid, s'est charg-é d'ana- 
lyser les roches. La plupart des Instruments ou objets en 
pierre, recueillis dans nos excursions, sont passés sous ses 
yeux (1). , 

M. Francisco de Paula Martínez y Sáez, professeur de Zoo- 
o-rapliie, section des Vertebres, dans la méme Université, a 
bien voulu me dirig-er et m'aider dans l'examen des ossements 
et la détermination des espéces. Les piéces douteuses ont été 
soumises á MM. Albert Gaudry et Philippe van Beneden (2). 

De sympatliiques encourag-ements me sont venus de divers 
cotes. En France et en Belg-ique, des savants disting-ués m'ont 
fait l'honneur de s'intéresser a mes fouilles. J'ai déjá cité plu- 
sieurs noms: je ne puis oublier de sig-naler encoré M. le Mar- 
quis de Nadaillac et M. Émile Cartailhac dont les travaux ont 
de nos jours fait faire un si g-rand pas á l'antliropolog-ie. 

En Espag-ne, Son Excellence M. Cánovas, anclen Président 
du Conseil des Ministres, Son Excellence M. Moret, ministre 
de rinstruction publique, le R. P. Fita et l'Académie Royale 
d'Histoire, M. Ig-nace Bolívar, membre du Conseil Supérieur 
de rinstruction publique, m'ont donné a plusieurs reprises des 
marques de leur bienveillance. 

Je me rendrais coupable d'ing-ratitude si je ne remerciais du 
fond du coeur tous ees liommes éminents qui m'ont aidé de 
leur concours et secondé de leurs conseils, dans l'oeuvre á 
divers titres si ardue pour moi, que j'avais entrepris de con- 
duire a bonne fin. 

Puissent ees notes jeter quelques lueurs sur les orig-ines en- 
coré mystérieuses des civilisations préhistoriques de l'Espag-ne 
céntrale et préparer la voie aux chercheurs de l'avenir. 

üclés, 1 janvier 1894. 



dessins qui accompag-nent cette étude. Plusieurs planches m'ont été g-racieusement 
prétées par MM. Siret et par M. le Directeur ríe la Société d'excursions de Madrid. 

(1) L'examen de ees ohjets était deja terminé lorsqu'une mort imprévue nous a 
brusquement ravi cet homme aussi éminent qu'aimable et désintéressé. 

(2) M. van Beneden s'était aimableraent offert á maider dans l'étude des osse- 
ments trouvés dans la grotte; mais la mort l'a surpris avant qu'il ait pu la mener 
á terme. 



124 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 



CHAPITRE PREMIER. 



La región explorée. 

Avaiit crentreprendre l'étude de la civilisation enfouie dans 
la gTotte de Seg-obrig-a. gTotte qui a été le principal théátre de 
nos fouilles, je veux jeter un coup d'oeil sur la contrée au sein 
de laquelle cette civilisation a pris naissance. J'esquisserai 
d'une main rapide l'histoire de cette rég*ion , tour á tour fond 
de mer crétacée ou de lac miocéne, couverte jadis de luxu- 
riantes foréts , hérissée aiijourd'hui de roes denudes et stéri- 
les, théátre, dans la suite des ág-es, de tant d'invasions san- 
g'lantes et d'liéro'íques revendications. 

Je parlera i d'abord de la config-uration pliysique du pays et 
du climat qui y rég'ue. 

Un second parag-raphe sera consacré á l'étude des terrains, 

J'exposerai ensuite briévement les caracteres principa ux de 
la faune et de la flore. 

Je terminerai enfin par un resume succinct de son liistoire 
á travers les siécles. 

§1- 

LA REGIÓN EXPLORÉE. — CONFIGURATION PHYSIQUE. — CLIMAT. 

I. Configuration physique. — La rég'ion explorée fait partie 
de Tantique Celtibérie. La Celtibérie était bornee á l'Est par 
la cordillére de l'Idubéda, cliaine de montagnies qui séparait 
autrefois du royanme de Castille celui d'Arag-on. Deux ra- 
meaux, détachés de l'Idubéda, marquaient ses limites auNord 
et au Midi. Celui du Nord naissait au-dessus de Numance et 
courait vers l'occident en formant sur son passag-e les sierras 
d'ürbion, d'Oca, du Guadarrama. Le ramean du Sud, aux Gi- 
mes d'abord peu élevées, mais bientót coupé de g"org"es ápres 
et scabreuses, n'était autre que l'Orospéda, sur les pentes sep- 
tentrionales duquel s'étaient ñxés les Orétans. Cette cliaine 



(9) Capelle. — découvertes préhistoriques. 125 

traversait la province actuelle de Cuenca et l'ancien royanme 
^de Valence , puis allait se perdre dans la mer, au del^ du cap 
Saint-Vincent (1). 

Elle était limitée dans sa partie occidentale par la Carpé- 
tanie. Mais je n'ai pu étendre mes recherches dans tout le pays 
occupé autrefois par les Celtibéres. La rég-ion que j'ai visitée, 
bornee au Nord par la montagme d'Altomira, á l'Ouest par une 
droite tracée de la station de Huelves au Cháteau d'Almenara, 
á l'Est par les villag-es d'Alcazar , Carrascosa , Rozalen , Mon- 
talbo; au Sud par ceux de Hito, Almonacid. la Puebla de Alme- 
nara, est baig-née par le Rianzares, le Bedija et le Gig'uela. 
Elle est montueuse et coupée de vallées fértiles. 

II. Climat. — Les facteurs principaux du climat d'un pays 
sont, d'aprés Humboldt, la pression barométrique, riiumidité, 
le plus ou moins d'ag-itation et de transparence dans l'air, la 
tensión électrique de l'atmosphére, la forcé etla fréquence des 
orag-es, enfin Taltitude et la latitude du lien. Je vais sig-naler 
les quelques observations que j'ai pu faire pendant un séjour 
de sept ou liuit ans, a Uclés, centre de la partie explorée de la 
province. 



(1) Au deláde Vlchibéda, dit Strabon, s'étend la Celtibérie^ rég-ion vaste et d'aspect 
varié, mais dont la plus grande partie est naturellement abrupte et souvent ravag-ée 
par les débordements de g-rands fleuves. Elle est sillonnée par VAnas el\e Tage , ot 
c'est lá que prennent leur source cette serie de cours d'eau qui se dirigent vers 
rOcéan occidental. Je citerai parral eux le Dnrius (Douro), qui passe prés de Niinian- 
tia et de í^agimtia. Le Bétis nait dans VOrospéda, traverse VOrétanie et descend vers 
la Bétique. Au Nord des Celtibéres, sur les frontiéres du paj's des Cantabres Coiiisques, 
habitent les Vérons, qui sont eux aussi une branche de la grande émigration celti- 
que; ils ont pour capitale Varia, sise a l'un des passages de VEbre. A l'Ouest de la 
Celtibérie on rencontre quelques tribus (VAsttires, de Callaiqítes, de VarJens, ainsi que 
des Vétons et des Carpétans: la meme contrée est limitée au Sud par les Orétans et les 
diverses tribus bastétanes et sudétanes , qui habitent VOrospéJa. 'L'Idnbéda la borne 
du cote de l'Est. 

La Celtibe'rie est divisée en quatre cantons; mais les districts de l'Est et du Midi 
sont occupés par la peuplade la plus puissante , je veux diré la natlon des Arvaques 
qui touche au pays des Carpétans et aux sources du Tage. La plus fameuse de leurs 
cites est Nomentia ou Numantia qui fit montre de tant de valeur pendant cette céle- 
bre guerre entre Celtibéres et Romains, qui dura vingt ans. Personne n'ignore en 
effet que les Nunjantins , ayant détruit plusieurs armées romaines avec leurs géné- 
raux, soutinrent un long siége, enfermes dans leurs murailles, et se laissérent pour 
la plupart mourir de faim , á l'exception d'un petit nombre qui rendit la place... Nx- 
mantia est située íi 800 stades de Cfesarangusta, ville bátie sur le cours de VEbre. On 
compte aussi parmi les villes de la Celtibe'rie, Segobriga et Bilbilis, aux environs des- 
quels eut lieu la lutte entre Métellus et Sertorius. (Strabon, liv. ni, oh. iv.) 



126 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (10) 

1. Haiiteur Jjarométrique. — Le barométre descend rarement 
au-dessous de 665'"™; cependant le 18 février 1892, á 11 h. du 
matin, il marquait 661™"": mais je ne l'avais jamáis vu descen- 
dre aussi bas. Cette dépression extraordinaire fut suivie d'une 
violente tempéte, amenée par un courant du SO. La hauteur 
moyenne fut en 1892 : 

Janvier 685 

Février 690 

Mars 682 

Avril 683 

Mai 683 

Juin 687 

Juillet 688,5 

Aoút (2^ quinzaine) 689 

Septembre 690 

Octobre 679 

Novembre 679 

Décembre (P'"'' quinzaine) 691 

2. Thermométre. — 11 est fort rare que le thermométre s'abais- 
se au-dessous de 10" ou 12° centig-rades, et qu'il s'éléve au-des- 
sus de 40" á Tombre. La température moyenne en 1892 fut la 
suivante : 

Max. Min. 

Janvier 11 — 12 

Février 16 — 5 

Mars 18 — 4 

Avril 22 — 2 

Mai 27 O 

Juin 36 5 

Juillet 39 12 

Aoiit 35 12 

Septembre 30 11 

Octobre 25 2 

Novembre 25 O 

Décembre (1"^ quinzaine) 13 — 2 

Les matinées sont en general tres fraiches, méme pendant 
répoque des plus g-randes chaleurs , et il est presque inouí de 
voir s'écouler4 ou 5 jours consécutifs sans que la brise vienne 
rafraicliir la température. 



(11) Capelle. — découvertes préhistoriques. i->7 

3. Directioii des venís. — Les vents du SE., SW., W. dominent 
pendaut une gTande partie de rannée, spécialement á certai- 
iies époqiies: aiiisi le vent du SW. qui améne d'ordinaire la 
pluie souffle plus fréquemment en Septembre , Octobre et No- 
vembre, si le printemps a été beau. Si au contraire le prin- 
temps est pluvieux, ce qui est arrivé durant plusieurs années 
consécutives, c'est leA-ent du SE. qui domine en automne. Ces 
deux vents soufflent parfois avec une extreme violence. 

La saison chaude est tres séche: elle commence avec les der- 
niers jours de Mai et dure jusque vers la deuxiéme quinzaine 
d'Aoút. Depuis quelques années il est fort rare d'avoir un prin- 
temps complétement beau: on peut méme diré qu'il n'y a g-uére 
ici de printemps et que l'on passe presque sans transition de 
riiiver a l'été. 

L'hiver est peu rig-oureux; mais le vent du N. et surtout 
celui du NE. s'y font souvent sentir á cette époque de l'année. 
Ce dernier a recu dans le pays le nom de Matacabras et il 
y rend le froid beaucoup plus sensible que dans des rég-ions 
plus septentrionales. Les premieres gdaces n'apparaissent g'ué- 
re qu'avec les premiers jours de Décembre; mais les g-elées 
se prolong'ent parfois jusqu'au commencement de Mai. 

Les orag-es sont peu fréquents; ils passent g-énéralement 
sans éclater: il est des années oú l'on en compte a peine deux 
ou trois; mais il est fort rare que les derniers jours de Juillet 
en soient exempts (1). 



(1) Etat de l'atmosphére en 1892. 

Beau temps 126 

Pluie es 

Brouillard 14 

Couvert 20 

Nuageux 105 

Orages 1"^ 

Neige 7 

Grésil 3 

En 1893, la neige n'est tombée qu'une seule fois et en miuime quantité. 



128 A>:ALES de historia natural. (12) 

§n. 

APERCU GÉOLOGIQL'E. (1) 

La rég-ion qui noiis occupe faisait partie, a Tépoque des mers 
crétacées, dii golfe de la Nouvelle Castille. Ce g'olfe, compre- 
nant les provinces de Madrid, Giiadalajara, Albacete, Cuenca, 
Yalence, Murcie et Alicante, communiquait par ees trois der- 
niéres avec la Méditerranée; mais c'est tout prés de Cuenca 
que finit le g"rand bassin lacustre tertiaire qui embrassait une 
partie de la IS'ouvelIe Castille et de la Manche, bassin dont 
Uclés, Sabelices, Seg-obrig-a faisaient partie, et qui se compose 
surtout de miocéne. Ce bassin est limité a l'Est par une bande 
crayeuse long-ue de 130 a 140 kilométres, dont Cuenca occupe 
le centre. 



(1) II est peu de provinces en Espagne dont la géologie ait donné naissance fi plus 
de mémoires (¡ue la province de Cuenca. De Verneuil et Collomb, et apres eux M. Jac- 
quot, avaient jeté de précieux jalons dans cette étude ; mais les remarquables tra- 
vaux de M. Federico de Botella et M. Daniel de Cortázar ont enrichi la science de 
nouveaux et précieux documents. 

De Verneuil étudia la géologie de 1' Espagne de 1H19 a 1865. On trouve dans les 
Com2)(es rendus de l'Académie des Sciences diverses notes de ce savant sur la province 
de Cuenca. Plusieurs de ses mémoires sur l'Espagne furent resumes et presentes au 
public en 1864, époque oü il publia sa Curte géologique de l'Espagne. II y donnait pré- 
cisément plus de développement á la géologie de la partie oriéntale (provinces de 
Cuenca, Valence , Alicante, Teruel, Guadalajara) qu'il avait tout particuliérement 
explorée. 

II existe encoré d'autres mémoires du meme auteur dans le Bulleíin de la Société 
géologiqíie de France. Un de ees mémoires paru en 1852 (t. x, 2^ serie) y expose la cons- 
titution géologique des provinces qu'il devait plus tard détailler davantage dans sa 
carte. 

M. Jaequot fit paraitre en 1866 une étude sur la Serranía ou partie montagneuse 
de la province de Cuenca. On trouverait encoré de précieux renseignements dans 
Espa'ia y sus antiguos mares de S. E. M. Federico de Botella y de Hornos, inspecteur 
general des mines. Madrid, 1892. 

Mais Touvrage le plus utile ;\ consulter est la Descripción física , geológica y agroló- 
gica de la provincia de Cuenca., par Daniel de Cortázar, ingénieur des mines et mem- 
bre de la Société géologique de France. Madrid, 1875. 

Les quelques notes queje transcris ne sont qu'uu resume tros succinct de ees di- 
vers ouvrages. 

Je dois a S. E. M. Daniel de Cortázar la plupart des coupes géologiques qui figurent 
dans ce chapitre. 



(13) Capelle. — découvertes préhistoriques. 129 

A rOuest, une serie de collines crétacées perce les dépots 
miocénes, entre dans la province de Cuenca par Buendía, 
court du N. au S., en passant par Jabalera et Mazarulleque. et 
vient se dissimuler ca et la aux environs d'üclés sous les con- 
ches tertiaires. Elle ne tarde pas á reparaitre franchement 
entre Rozalen et Sahelices, oú elle se divise en deux branches. 
dont Tune se dirig-e vers Almenara et va s'étendre jusqu'au 
delá de Mota del Cuervo: l'autre touche a Almonacid del Mar- 
quesado et finit au SE. de Belmonte. C'est dans la premlére 
de ees ramifications que fut bátie la ville de Seg-obrig-a. 

La long-ueur de ees collines est d'environ 100 kilométres; 
leur larg-eur varié de 2 a 6. 

Ces formations crétacées de la partie occidentale sont les 
seules comprises dans la partie explorée. Je ne parlerai point 
des autres. 

Le systéme crétacé de toutela province, et, par conséquent. 
des collines dont je viens de parler. présente de haut en bas 
les couches suivantes , d'aprés une coupe prise par M. Cortá- 
zar, a Uña (fig-. 1) . au dessus de la g-rande source des Borbo- 
iones, et pouvant étre considérée comme typique: 

1. Calcaires caverneux alternant avec des marnes blanchá- 
tres qui constituent sur une g-rande épaisseur la partie supé- 
rieure de la formation. 

2. Calcaires lég'érement cristallins, en conches peu épais- 
ses, sur une profondeur de 25 métres. 

3. Sur un métre d'épaisseur, lit de marnes de couleur gris 
de fumée. 

4. Strate calcaire de couleur g-ris clair, haute de 50 métres. 
présentant en sa partie snpérieure plusieurs couches assez 
minees, d'un g-rain plus menú, d'une texture plus unie, qui 
surplombent sur la coupe comme une corniche. 

5. Second lit de marnes, épais de deux métres. 

6. Calcaire jaunátre compact, sans stratification bien mar- 
quée; épaisseur: 25 métres. 

7. Calcaire marneux d'un jaune verdátre, alternant avec 
des marnes plus foncées; hauteur totale: 30 métres environ. 

8. Series de couches de g-rés feldspathique , décomposées á 
leur surface, profondes de 20 métres. 

9. Cong-lomérats reposant sur les couches jurassiques. 
Dans les collines de l'Ouest, cette disposition est g-énérale- 

ANALES DE HIST. NAT.— S-III. 9 



130 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(14) 



Fig-. 1. 




Coupe ñu terraiá cretácea L'Tia. 
1, 2, 3. Calcaires.— 4. Marnes.— 5. Arkoses. 



ment conservée; mais les diverses strates sont d'oi'dinaire plus 
minees. Les conches calcaires revétent une couleur foncée, le 
plus sonvent rong-eátre: les lits d'arg'ile et de marne blancha- 

tres qui les séparent ont 
peu d'épaisseur et sont 
parfois assez riclies en 
fossiles. 

Comme on le voit, la 
furmation crétacée se 
compose de deux series 
de conches, les unes cal- 
caires, les autres arénacées. Ces derniéres sont á la base du 
systéme: elles sont constituées par des quartz á g-ros g-rains 
oú se rencontrent des éléments feldspathiques. Ce sont de 
vraies arkoses de couleur blanchátre, bien que sonvent ta- 
chées et méme imprégrées par des oxydes de fer. 

La profondeur moyenne de la trame arénacée est d'environ 
100 métres, d'aprés M. de Cortázar: on y rencontre sonvent 
YOstrmí flaveUa d'Orb. 

La serie calcaire est constituée, dans les collines, par des 
roches de texture plus on moins cristalline. toujours métamor- 
phiques et caverneuses. Ces dépóts se montrent sous forme de 

Fi?. -2. 




Plissement des coUines crétacées á Uclés. 



<15) 



Capelle. — découvertes préhistoriques. 



131 




Projll géologlqve des hords du Giguela^ au 
Batan del Hilo. 

^ Calcaires, marnes et argües crétacées. 
'~ ^ Macig-noSjg-ompholitlieset marnes mio- 
cénes. 



bañes mesurant de 0"\20 a 2 métres d'épaisseur. intercales 
avec des arg-iles et des marnes. lis ne sont pas horizontaux 
comme ceiix de la Serranía; mais plissés ou soulevés sans que 
cependant la rupture de leurs axes anticlinaux puisse étre 
considérée comme constante : ees ondulations sont surtout 
sensibles au détroit de Paredes (pl. vi), a travers lequel le Rian- 
zares s'est fra3^é un passag-e entre les villag-es de Huelves et 
Paredes, et au Nord du mo- 

pió- ^ 

nastére d'Uelés oú, dit M. de °' '^ 

Cortázar, on voit en projec- i 

tion horizontale ees eouches '■ 

former un are de prés de 90" 
correspondant a un rayón de 
500 métres (fig-. 2). 

Le terraintertiaire les lon- 
g-e des deux cotes. II semble 
souvent avoir suivi le mou- 

A'ement des crétes crayeuses et il n'est pas rare de le voir. sur 
le versant Est, aíñeurer presque au sommet des collines, tandis 
que le versant Ouest étrang-ement tourmenté ne présente que 
des calcaires crétaeés 
jusqu'á une g'rande 
élévation (fig-. 3). 

Au sortir de Saheli- 
ces, la faille qui sepa- 
re le erétacé du ter- 
tiaire est si marquée 
qu'elle forme, prés de 
la route et aux por- 
tes mémes du villag-e, 
une sorte de fossé lar- 
g-e et profond (fig-. 4). 

Les espéces fossiles recueillies par M. Cortázar dans le ter- 
rain dont nous venons de parler sont les suivantes: 



Fig. A. 




a 4 .' H 7 S .- 4 1^ 2 1 8 7 O 9 a b c 

Point de contad des terraius erétacé et ttrtiaire ü 
S'a hélices. 
13 6 8 Argües calcaires. 
2 .5 Marnes salilonneuses. 
4 7 Calcaires semi-cristallins. 
9 Calcaires argileus fo?siliféres. 
a h r- Gompholithes, macignos et mames miocenes. 



AmmonHes MantdlU 8o\v. (Rampe de San Pablo, a Cuenca.) 
Glohkoncha rotnndata DX>rb. (Muela de Valdecabras, etc.) 
Tylostoma Tornihke Sharpe. (Campillo de Paravientos.) 
Natica hispánica D'Orb. (Mota del Cuervo, etc.) 
CrassateUa iminessa Sow. (Campillo de Paravientos.) 



132 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



06> 



Cardmm MUanum Sow. (Palomera, etc.) 
Área cenonianensis D'Orb. (Mota del Cuervo.) 
ÁTicnla sul>2)ectimides Reuss. (Cuenca, etc.) 
Ostvíea colmiiba Desli. (Cuenca, Mota del Cuervo, etc.) 

— fimella D'Orb. (Cueva del Fraile, etc.) 
RhyacJioneUa contorta D'Orb. (Sahelices.) 

— Lamarkiana D'Orb. (Sahelices.) 
Hemiaster Fonmelli Desh. (Cuenca, Mota del Cuervo.) 

— Bufo Brong-n. (Cuenca.) 
PJtymosoma DeJamarrei Desh. (Mota del Cuervo.) 

— circinatnm Ag-ass. (Id.) 
Diplopodia Ro'issiji Desor. (Id.) 
SaJenia scutigera Gray, (Id.) 

RadioUtes divers. (Palomera, La Parra, etc.) 




Le iiioiite de PiíüHd. 
Formation crétacée prés de Sahelices. 



Fig. 5. Bien que les colli- 

nes, dont je viens d'in- 
(liquer sommairement 
la constitution . appar- 
tiennent toutes au sys- 
téme crétacé . le ter- 
rain tertiaire acquiert 
néanmoins un déve- 
loppement considera- 
ble dans la province. 
oü il couvre une superñcie de 9.000 kilométres carrés, et il 
s'étend en larg-es plaques dans la zone que j'ai explorée. 

II est constitué en g-rande partie par des dépóts d'eau douce. 
Lá formation miocéne d'eau douce présente, comme dans le 
centre de la péninsule, trois series de conches distinctes: la 
serie supérieure, composée de calcaires siliceux, la serie mo- 
yenne de mames, argües et g-ypses, la serie iníerieure d'arg-ile 
roug-eátre, de macig-nos et de g'ompholithes. Cette formation 
est cependant bien loin d'étre partout homog'éne. 

Dans la región qui nous occupe. c'est á diré en prenant, par 
exemple, pour centre le villag-e de Sahelices, domine la zone 
des arg-iles. Les macig-nos et les g-ompholithes y sont recou- 
verts d'une épaisse couche de terre arg-ileuse, á laqnelle se 
trouvent mélés de nombreux cailloux de quartzite. 
La serie calcaire, qui n'apparait presque sur aucun point de 



(17) Capelle. — découvertes préhistoriques. 133 

la rég-ion septentrionale , acquiert en revanclie un g-rand dé- 
veloppement dans les environs de Tarancón et de Montalbo. 
Elle est en g-énéral superposée aux conches g'vpseuses ou assise 
sur les arg'iles roug-es qui remplacent ees derniéres. 

Les g-ypses abondent dans l'ancienne Celtibérie; mais ils 
sont plus transparents dans le bassin du Tag-e que dans celui 
du Guadiana. II y a du reste des exceptions, et, quoique sitúes 
sur les bords du Gig"uela, les gypses des environs de Baj-ona 
ont eu leur célébrité, dans les temps antiques. «La pierre spé- 
culaire, dit Pline, se divise facilement en minees lamelles. On 
ne la trouvait autrefois que dans TEspag-ne citérieure : encoré 
son aire d'extension était-elle assez réduite et n'embrassait- 
elle point plus de cent mille pas autour de la ville de Seg'O- 
brig"a. Aujourd'liui on la retire de Chypre, de Cappadoce, de 
Sicile: on l'a méme tout récemment découverte en Afrique. 
Mais nulle part elle n'est d'aussi bonne qualité qu'en Espag-ne. 
Les pierres spéculaires de Cappadoce sont g-randes ; mais elles 
manquent de dureté et de transparence : celles de Bolog'ne en 
Italie sont petites, souillées de taches et mélées de silex; elles 
ressemblent á celles que Ton extrait en Espag-ne du fond des 
puits de mine percés á une g'rande profondeur» (1). 

La serie des macig-nos et des g-ompholithes ne fait jamáis 
défaut dans toute Tétendue du tertiaire; mais elle est souvent 
recouverte par les arg-iles et les g-ypses ou par les formations 
calcaires, et ne frappe pas les yeux. 

Les calcaires et les mames sont remarquables par la quan- 
tité considerable de mag-nésie qu'ils renferment. 

Les deux premieres series sont riches en fossiles. Je sig"na- 
lerai avec M. de Cortázar les espéces suivantes: 



(1) «Specularis vero (quoniam et hic nomen ohtinet) faciliore multo natura findi- 
tur in quamlibet tenues crustas. Hispania liunc olim Citerior tantum dabat , nec 
tota, sed iatra centum millia passuum circa Segobricam urbem: jam et Cypros, et 
Cappadocia, et Sicilia, et nuper inventum África: postferendos omnes tamen Hispa- 
niae , et Cappadociae , moUissimis et amplissimse magnitudinis , sed obscuris. Sunt et 
in Bononiensi Italice parte breves, maculosi, complexa silicis alligati, quorum tameu 
appareat natura similis eis, qui in Hispania puteis eíTodiuntur profunda altitudine. 
Necnon et saxo inclusus sub térra invenitur extraliiturque, aut exciditur... Inveui- 
tur et niger aliquando. Sed candido natura mira, quum sit millitia nota, perpetiendi 
soles rigoresque: nec senescit, si modo injuria non arsit, quum hoc etiam in coemen- 
tis multorum generum accidat. Invenere et alium usum in ramentis queque, Cir- 
cum máximum ludís Circensibus sternendi, ut sit in commendatione candor.y ^Plin. 
loe. cit.) 



131 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (18) 



HípimTion gracile Kaiip. 
Lymnma longiscata Brong-n. 
— Gfoíiherti Chaimas. 
PlanorMs rotundatns Brong-n. 
— corneiis Lin. 



PlanoíMs cornu Brong-n. 
Bithyma pnsilla Desh. 
Potámides Lamarkn Brong-n. 
Cytherea incrnssata Desh. 



D'aprés Prado, les g-ompholithes et les macig-nos seraient 
éocénes: les autres formations sont miocénes. Le soulévement, 
qui porta le fond du lac miocéne á la hauteiir oú nous le yo- 
yons aujourd'hui. diit étre fort lent. Les conches ne sont pas 
horizontales mais lég'érement inclinées dans le sens de l'écou- 
lement des eaux. Le conrant était done marqué; mais la pente 
peu rapide. II y eut cependant de violentes poussées qui en- 
trainérent en bien des endroits la conche calcaire et souvent 
méme les g-ypses. 

D'oú venaient les g*rands courants d'eau qui alimentaient 
ees lacs tertiaires de l'Espag-ne? II n'est point facile de le pré- 
sumer. II est cependant prouvé qu'ils ne pouvaient tirer leur 
orig-ine de l'Espag-ne elle-méme. II est done plausible de sup- 
poser l'existence d"un g-rand continent. qui venait s'unir á tra- 
vers les mers a la péninsule ibérique. Cette opinión conforme 
a la théorie de M. Ed. Forbes, en vertu de laquelle Tlrlande 
aurait autrefois communiqué avec cette deniiére contrée. n'est 
point en contradiction avec les traditions antiques, et permet 
peut-étre d'expliquer pourquoi les fouilles préhistoriques met- 
tent au jour, sur divers points, des objets analog-ues á ceux 
que nous ont livrés les découvertes de Schliemann et les civi- 
sations éteintes d'Afrique et d'Asie (1). 



III. 



FAUNE DE LA REGIÓN EXPLOREE. 

La nature ne présente plus, autour de Seg'obrig-a, l'aspect 
qu'elle oífrait au temps de nos trog-lodytes et plus récemment 
encoré sous les Romains. Les g-uerres qui, á diverses reprises. 



(1) Cortázar, op. cit. passim. 



(19) Capelle. — découvertes préhistoriques. i35 

ont desolé la contrae . ne poiivaient manquer, aprés avoir dé- 
truit les villes et dispersé les populations , de seiiier la dévas- 
tation dans les campag-nes et les foréts environnantes. L'im- 
prévoyance des habitants a fait le reste. 

J'ai vil tout aiitour de Cuenca et dans les environs de la cité 
encJiantée de mag-nifiqíies vallons couverts d'arbres séculaires. 
Les rocliers g-ig-antesques, dont les montag-nes s'y coiironnent,. 
sont revétus d'un ampie mantean de verdnre. les sources y 
jaillissent á chaqué pas , les vents viennent briser dans la ra- 
mure des vieux pins leurs fureurs impuissantes, et la nature, 
vierg'e encoré, épanche de son sein , aux yeux du passant, 
d'incomparables trésors de g-ráce et de fraicheur. 

Tels devaient étre les alentours de Seg-obrig-a, lorsque les 
hommes mirent pour la premiére fois le pied sur ees coUines: 
tels ils durent se conserver durant bien des siécles encoré. On 
rencontre cá et la quelques oasiá échappées au desastre uni- 
versel, et il est aisé de voir ce que devait étre autrefois ce pays 
si admirablement découpé et place par la Providence dans des 
conditions climatériques vraiment exceptionnelles. 

Mais il est arrivé ici ce qui ne tardera pas a arriver la-bas. 
oü c'est par centaines de mille que se chiífrent les arbres qui, 
tous les deux ans, descendent le cours du Ji'icar. poussés par 
les, (/anc/ieros. Les rochers dépouillés sont d'une nudité repous- 
sante et tout le pays ressemble á un désert. Aussi est-il fort 
aisé de comprendre combien pauvre j doit étre la faune. 

Les mammiféres ne sont g-uére representes que par le renard, 
le blaireau, le liévre. le lapin, le lérot et quelques antres es- 
péces communes á toute l'Europe méridionale. Le sang-lier, le 
loup, le cerf, le chevreuil qui peuplaient le pays, á l'époque 
romaine, se sont peu á peu retires vers les plateaux eleves et 
les g-org-es profondes de la Serranía ou ont pour jamáis disparu. 

Je donnerai dans un chapitre spécial la liste des animaux 
dont j'ai retrouvé les ossements dans la g-rotte. Je veux me 
borner ici á sig-naler ceux que Ton rencontre encoré dans la 
rég-ion exploré e. 

La faune ornitholog"ique est plus riclie. Je dois a M. Luís 
Valdecabras, député provincial de Cuenca, de précieux ren- 
seig-nements sur ce sujet. J'ai completé ees indicationspar des 
recherches personnelles et par les données que m'a fournies 
le CaUílogo de las ates de España . Portugal é islas Baleares, de 



136 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (20) 

D. Ventura de los Reyes y Próspeí* (1). Je n'en dresserai pas 
la liste complete ; mais je veux du moins indiquer mi certain 
nombre d'espéces. 

Les g-rands Oiseaux de Proie ne séjournent g-iiére dans cette 
rég-ion; mais ils y font, a diíférentes apoques, spécialement 
au printemps et en automne, des apparitions fréquentes. Je 
citerai en particulier: G-uprntus harhatus L., NeopJiron percnop- 
teriis L., Vultur monachus L., Gt/ps fiilvus Briss.. Aquila chry- 
saetos L., Aquila pennata Gmel., Milvus regalis Briss., Falco 
cenchris Naum. 

Oiseaux de nuit : Buho maximus Flemin.. Otus Tulgaris 
Flemm., Strix Jlanimea L. 

Passereaux: CypseJus melha L. — Ces martinets arrivent en 
troupes au mois d'Avril. et repartent des les premiers jours 
d'Aoút. Ils forment quelquefois de véritables nuées autour du 
monastére d'Uclés. — Hirundo rustica L., Alcedo hispida L., 
Upupa epops L., Sa^ricola (enanthe L.. Sijlria atricapilla L., 
Regnlus 'ignicapiUus Brehm., Lusciola luscinia L., Turdus me- 
rula L., Turdus iliacus'L., Cormis corax L.. Pica caudata L., 
Sturnus r.ulgaris L., Passer domestica L. . CardueJis elegans 
Steph., Alanda arvensis L. 

Gallixacés: Perdix rutj/'a Briss. , Coturnix communis Bona- 
terre, Otis tarda L., Pluvialis apricarius L., VeneUus crista- 
tus Mey., RaUus aquaticus L., Crex pratensis Bechst., Anser 
cinereus Mey., Anser sghestris Briss., Spatula clypeata L. 

Les cig'og-nes, si communes dans plusieurs provinces d'Es- 
pag'ue. n'ont point. a ma connaissance, été rencontrées dans 
cette rég-ion ; mais on a parfois apercu des vols de g-rues et 
entendu leurs cris percants. 

Les serpeuts ne sont point tres variés et n'abondent pas. Je 
sig'iialerai seulement les deux espéces suivantes que j'ai moi- 
méme recueillies: Trojñdonotus natrix L., Rhijiechis scalaris 
Seba. 

Dans un rayón de plusieurs lieues autour d'Uclés on n'a 
jamáis vu d'espéce venimeuse. 

Je citerai parmi les sauriens: Blanus cinereus Wag\., Gongy- 
Ins ocellatus Forsk, Psammodromus hispanicus Fitz, Lacerta 



(1) Reyes y Prósper: Catálogo de las aies de España, Portugal é islas Baleares. 
Madrid, 1886. 



(21) Capelle. — découvertes préhistoeiques. 137 

ocellaía Daud., Troiúdosaura algira Fitz, Platydactj/his faceta- 
nus Aldrov. 

On remarque parmi les hathraciem: PleurodelesWaUUi Mich ., 
PeloMtes cultripes Cuv., Pelodytes punctatus Dug-és, Discoglos- 
sus jyictus Otth., Bufo calamita Laiir. 

On trouve des tortues sur les bords du Río Salado; mais elles 
y sont fort rares. 

I^■SECTEs. — Parmi les insectes, les orthoptéres et les carabi- 
ques ont été étudiés avec soin par le R. P. Pantel. Voici quel- 
ques espéces caractéristiques: 

Orthoptéres: Leptinia hispánica Bol., Discothera tunetana 
Fin. et Bon. , Stauronotus crassiuscidiis Pant. , CE dipoda Char- 
pentieri Fieb., CiicuUigera Jiexiiosa Serv. , Ocnerodes Bnmneri 
Bol., Scirtodcenus graUatiis Pant. , PlatycJeis oporina Bol., Pyc- 
nogaster Graellsii Bol. . Saga serrata Fabr. , GrijIIodes Panteli 
Caz., GnjUomorpha Ucknsis Fñnt. (1). 

Caeabiques: Nelvia breTicoIlis Fairm., Leistus ex-pansus Putz., 
Carabas helliio D., Cymindis plicipenms Chd., Lehia cyathi- 
gera Rossi, Licinus gramilatus D., Scarites plamis Fabr,, Carie- 
rus Dama Rossi, Ophoims Cmiii Fairm., Harpahis ihericus Pant., 
H. salinator Pant., Zahrus Castroi Mart. , Acorius salinarins 
Pant., Amara solUcita Pant., Penetretus riifipennis D. , Tachys 
Mstriatus Duft (2). 

§ IV. 

FLORE DES ENVIRONS DE SEGOBRIGA. 

On cultive principalement dans cette rég-ion le ble, la vig-ne 
et l'olivier. On remarque aussi de loin en loin quelques champs 
d'anis, de pois chiches ou de pommes de terre. 

La flore spontanée a un caractére mixte. A cote des espéces 
l)ropres á la zone de l'olivier, on rencontre de nombreuses 
plantes de la rég-ion montag-neuse. Les coUines sont en g-éné- 
ral dénudées ou couvertes a peine de plantes chétives et ra- 



íl) R. P. Pantel: Coiitribution a V Orthoptérologie de TEspagne céntrale. Madrid, 
l'^ñ.— Notes orthoptérologiques. Madrid, 1890. 

(2) R. P. Pantel: Catalogue raisonne des coléoptéres carnassiers des environs d'Uclés. 
Madrid, 1888. 



138 ANALES DE HISTORIA N'ATUEAL. (22) 

boug-ries. Seiiles, celles qiii borclent les deux rives du Giguela 
conservent encoré quelques bois de chéiies-verts. miserables 
vestig-es des immenses foréts qui ombrag-eaient aiitrefois toiite 
la contrée (1). 

II serait hors de propos de dresser une liste complete des 
plantes qui ont été recueillies entre Altomira et Almenara, 
points extremes de la rég'ioii explorée. Je me bornerai a em- 
prunter aux notes du R. P. Pantel les noms de quelques espé- 
ces, dont les unes croissent sur les collines crétacées du voisi- 
nag-e, les autres dans les terrains g-ypseux. d'autres enfin dans 
les statious salees de Montalbo (laguna) et de Belinclion: 

Collines. — BammcnJus gramineus L.. B. cJdoropJnjUus L., 
Siimaria spicata L. . AJijssvm serpi/UifoIium Desf. . ClypeoJa 
JanthJaspi \u. , Iberis primata Gouan., Hdiantliemuin polifo- 
lium DC, Arenaria tetraqnetra Gr. et Godr. , Limim svffrutico- 
suin L.. RJiamnus pu lidia L., Genista scarpiíts DC. ParonycMa 
nivea BC, Pistorinia Iiisjjanica DC, Scandijx ausfralisL.. Sene- 
cio mimitus DC, Jasonia glutinosa DC, Centaurea Scusana Chaix., 
C. coUina L., Atractylis kumilis L., Andryala ragusina L., As- 
terolinum stellatíim Link et Hoff. . Coris monspeliensis L., Om- 
phaJodes ¡inifolia Monch.. Linaria melanantha Boiss. et Reut., 
Teucrium gnapJi alodes Valil., Muscari negleetum Guss., Dactylis 
hispánica Roth.. RanuncuJus graniineus L., BeupJerumfruiices- 
cens L., Plantago cynops L., Mercurialis tomentosa L. . Euplior- 
bia mcceensis AIL. Crocus carpetanus Boiss. et Reut. 

Terrains gypseux. — Reseda ramosissima Touty . . Helia nt/ie- 
mnm sqiiamatum Pers., Gypsophila structum\j., Centaurea hys- 
sopifolia Vahl., Erythrcea gypsiata Boiss. et Reut., Teucriuní 
capitatum L.. T. pnirniluní L., Kochia prostrata Schrad., Lygmim- 
Sparturn L., Ernca vesicaria Cav.. Mathiola tristis R. Br. 

Terrains sales. — Frankenia Reuteri Boiss., Herniariafruti- 
cosa L., Statice echioides L., Salicornia herljacea L., Salsola ver- 
miculata L. 



(1) Strabon parle quelque part des vastes foréts de la Celtibérie. 



(23) Capelle. — découvertes préhistoriques. i39 



§ V. 



SEGOBRIGA ET SES ENYIRONS A TRAVERS LES SIÉCLES. 

II y a 20 ans á peine, la Péninsule Ibérique était comme un 
livre fermé dont personne n'avait encoré eu la témérité de 
rompre les sceaux , et Fon poiivait liii appliquer ce que Hum- 
boldt disait de la terre: «Ce qui est au-dessous est aussi in- 
connu que peut l'étre l'intérieur des autres planétes.» Mais 
depuis quelque temps, saisie a son tour du vertig-e universal, 
elle s'est livrée aux explorateurs: les savants l'ont tourmentée 
de mille manieres pour lui arracher les secrets de son liistoire, 
et ses premieres réponses ont fait présag-er qu'on trouverait 
dans l'Espag-ne préhistorique la solution de tant d'énig-mes 
qui ont surg'i tout á coup au sein des restes bouleversés des 
vieilles g'énérations. 

Toutefois malg-ré des eíforts persévérants, on n'a pu recons- 
tituer encoré la chaine des traditions antiques. De nouveaux 
anneaux viennent sans doute tous les jours se souder aux an- 
ciens; mais il subsiste tant de solutions de continuité qu'ii 
n'est pas possible de porter sur les premiers habitants de cette 
contrée un jug-ement sur et sans appel. 

S'il faut en croire de vieux auteurs, il existait jadis, en face 
des colonnes d'Hercule , une terre privilég'iée. L'air en était 
pur, le climat temperé: le sol portait presque de lui-méme 
tous les fruits de la terre. Les nombreux habitants qui la peu- 
plaient voulurent un jour réduire en servitude l'Europe et 
l'Asie. La Gréce et l'EgTpte se soumirent a leurs armes et 
avec elles toutes les provinces du Sud de l'Europe; mais les 
nations asservies ne tardérent pas a secouer leur joug" et re- 
foulérent jusque dans le pays d'oú ils étaient venus les flots 
des envahisseurs. Le ciel se mit de la partie : il y eut au sein 
de la terre des dislocations terribles; des volcans surg-irent, 
les mers s'élevérent, et du jour au lendemain l'Atlantide dis- 
parut de la face du monde. 

Les prétres Eg-yptiens qui firent á Solón le récit de cet évé- 
nement en faisaient remonter la date á 9.000 ans avant la ve- 



iíO A^"ALES DE HISTORIA NATURAL. (24) 

nue de ce législateur en Eg-ypte, c'est-á-dire prés de 10.000 
ans avant J. C. 

On a voulii se baser sur cette lég"ende pour inférer que le 
centre et le midi de la péninsule furent, au lendemain des ré- 
volutions pliocénes. peuplées par des hoinmes venus de ce con- 
tinent mystérieux. Que faut-il en croire? 

II est certain que les immenses dépots lacustres des temps 
miocénes, dépots qui couvrent en Espag-ne une superficie de 
14.500 kilométres carrés environ , supposent Texistence de 
g-rands cours d'eau, renant par le Nord Ouest de la Péninsule 
de contrées inconnues, qui unissaient alors l'Amérique á l'Eu- 
rope. Ces terres disparurent un jour: mais il semble que cette 
catastroplie ait precede de plusieurs milliers d'années Tappa- 
rition de riiomme sur le gdobe, tant il existe de diíférences 
entre la faune et la flore de l'Amérique du Sud et celles de 
rancien continent. 

Quoiqu'il en soit de cette hypothése, il est manifesté que 
i'ancienne Celtibérie a été habitée par l'homme a une époque 
fort reculée. Les alluvions quaternaires du Manzanares a San 
Isidro (Madrid), ont livré des armes et des outils produits d'une 
industrie qui correspond aux périodes chelléenne ou mousté- 
rienne de la France. 

M. Francois Quirog*a. professeur du Muséum d'Histoire na- 
turelle de Madrid, voulut bien me faire visiter le g'isement en 
question. Cet aimable savant, dont le pére a été l'un des plus 
infatig-ables explorateurs de San Isidro, m'a montré plusieurs 
Instruments qu'il avait recueillis de sa main dans les sables 
limoneux rubéfiés de la conche supérieure. Prado et Vilanova 
prétendent en avoir rencontré dans les g'raviers , qui sont im- 
médiatement superposés au tertiaire et font suite aux arg-iles 
sur lesquelles s'étend le niveau á Elephas Africamis. M. Qui- 
rog-a qui suit depuis long-temps les prog-rés de l'exploitation 
m'a aíñrmé qu'á sa connaissance jamáis objet de ce g'enre 
n'avait été retiré de strates aussi profondes. Mais la présence 
d'un étre huinain á San Isidro pendant la période quaternaire 
n'en est pas moins mise liors de doute (fig*. 6). 

Si Ton faisait au centre de l'Espag-ne de sérieuses explora- 
tions, on parviendrait, je le crois, á rattacher á cette civilisa- 
tion primitive les civilisations de beaucoup postérieures dont 
on retrouve chaqué jour de nouveaux Índices. Mais un travail 



(25) Capelle. — découvertes préhistoriques. 141 

de ce g-enre dont M. Loiiis Siret a entrepris rexécutioii pour 
le Siid Est de la Péninsule , demanderait la mise en commun 
de beaucoup d'eíforts et probablement la protection efficace 

Fiff. 6. 






stratiTicíihDil^- troisc€5- -' 



Fe ekr\n- 










.,- - ,_^ , .. f'Gray¡evs el instrumenís tailles ? 
.TeHiaire («1} 



Coupe du terrain quaternaire á San Isidro , d'aprés M. Louis Siret. 

dii g"0UTeniement espag'iiol. tant sontprofondéinent enracinés 
les préjug'és auxquels on se butte parmi les populatioiis et la 
cupidité mal éclairée de certains propriétaires ou archéolo- 
g'ues de circonstaiice. 

On a. sur plusieiirs points de la province, rencontré divers 
objets se rapportant á l'ág-e de pierre. Une des explorations 
les plus intéressantes a été menee a bout en Janvier 1892 
par M. Romualdo Moro, délég-ué de S. Exc. M. le Marquis de 
Comillas. M. Moro visita la station préhistorique de Perales de 
Tajuña, située á quelques lieues au Nord Est de Seg'obrig-a, sur 
la route de A^alence á Madrid. Outre les cavernes déjá á demi 
explorées de Perales et de Tielmes, il reeonnut environ 50 lia- 
bitations creusées dans une muraille de roclier.s á une liauteur 
qui atteint parfois prés d'une ving-taine de métres, ety trouva^ 



142 A.NALES DE HISTORIA ^;ATUEAL. (26) 

au milieu de débris appartenant á Tépoque celtibérique ou á 
celle de l'occupation romaine, des Índices caractéristiques de 
Tág-e de pierre (1). 

M. de Cortázar croit avoir vu des liabitations semblables 
aiix eiiTÍrons d'Uclés; mais, malgré des recherches sérieuses, 
je n'ai pu les retrouver (2). 

A quelle époqiie remontent ees diverses civilisations? A quel 
peuple faut-il les attribuer? Dans l'état actuel de la science. il 
serait fort téméraire de vouloir méme hasarder une opinión 
quelconque sur ce sujet. Plusieurs auteurs anciens et moder- 
nes ont émis bien des bypothéses : aucune n'est suffisamment 
Justifiée. 

Les Tyriens sont les premiers conquérants de la Péninsule 
dont l'histoire nous ait conservé le souvenir (3). S'il faut en 
croire les traditions du pays, ils ont laissé á Seg-obrig-a des 
vestig-es de leur passag-e. Mais cette ville fut surtout impor- 
tante au temps des Celtibéres (4). 

Gebhardt (5) croit pouvoir placer vers le milieu du vr siécle 
avant notre ere la premiére immigTation des Celtes en Es- 
pag-ne. Ces peuplades. cliassées des rives de la Garonne par les 
Yolsques Tectosag-es. franchirent les Pyrénées et de g-ré ou de 
forcé vinrent s'établir parmi les Ibéres (6). D'aprés Diodore de 
Sicile. les habitants du pays opposérent d'abord aux fug-itifs 



(1) Boletín de la Real Academia de la Historia, t. xx. Febrero, 1^02. 

(2) Descripción /¡sica, geológica y agrológica de la provincia de Cuenca.— 1\ existe bien 
aux environs d"Uclés plusieurs trous percés dans le roe: mais rien n'indique qu'ils 
aient jamáis servi d'habitation. 

(3) El yip of| ^■jva'j-irs'.v zooJaovto aA/.r"/,0'.; , ojt: Kar/r,o'jv;0'.; ■j-7\':'zv/ m 
/aTa^Tcz'^asOa'. z~z/JIo~j'j: Tr// -asiity;-; aoTtov i/. -3 v.O'j-ji'a; , /a'. z~.: "ootc^iov 
T'JGiO'.c, siTa KzATOÜ;, o'j vjv KE/.T'!or,p:: /.x: [jr[zur/z; /.aAOÜvTa'. , etc. (StraboD, 
liv. III. cli. 4.) 

(4) Strabon, loe cit. 

(5) Gebhardt: Historia de EspaZa, 1. 1, p. 28. 

(6) Lucain a consacré dans sa Pharsale ces antiques souvenirs: 

... profugique a gente vetusta 
Crallorum. CeltíE miscentes nomen Iberis. 

rPhars. , liv. iv, v. 9 et 10.) 

Martial y fait, lui aussi, allusion dans sa descnption de la Celtibérie. 

Nos Celtis genitos et ex Iberis. 

(Epigr.,Y\h. IV. V. 49.) 



(TI) Capelle. — découvertes préhistoriques. w¿ 

une lég'itime résistaiice ; mais ils ne tardérent point á faire la 
paix et a contracter avec eux des mariag'es (1). 

Seg'obrig-a fut. au diré de Strabon, une de leurs principales 
villes. et c'est entre Bilbilis et cette derniére cité qu'eut lieu 
la g-rande lutte entre Sertorius et Métellus. La g-uerre des Cel- 
tibéres contre les Romains dura deux cents ans. Ce fut une 
véritable lutte de g-éants. Elle est connue dans Fhistoire sous 
le nom de Guerre de feu (2). 

Les historiens nous aíñrment que les Celtibéres furent d'au- 
tant plus prompts á se plier aux coutumes romaines qu'ils 
avaient plus long-temps resiste aux armées de la République. 
Quoiqu'il en soit, la Celtibérie se couvrit bientót de places im- 
portantes. On trouve aux environs d'Uclés les débris de plu- 
sieurs cites romaines. La plus considerable est sans contredit 
Seg'obrig'a; mais on peut aussi visiter prés d'Alcazar une autre 
Tille dont les ruines ont livré de nombreuses monnaies et des 
mosaíques remarquables de fraicheur. 

C'est probablement au viii'^ siécle, lors de l'invasion árabe, 
que toutes ees places furent rasées ou livrées aux flammes. 

Aujourd'hui la capitale des Celtibéres n'existe plus, et la 
seule localité rraiment célebre des environs est le villag-e 
d'Uclés. 

Uclés était deja une place forte au temps des Yisig-oths; mais 
il faut repórter sa fondation a une date plus reculée : car les 



(1) OúTOt fOLO tÓ -aXaióv -sol Tr,: yfópa: áXArJAO'.: 0'.a-oXs|j.r¡aavTí;, ol' x; 
''I6r|pí: zal o; KíAtoi, y.x'. ixs~x TaOia OLaX'jO¿vT£: /ai Tr,v /tópav y.O'yr, v.xirn- 
v.ríaavTS; 'i-.'. r/'i~'.-^íX[J.'.x; "pó; ¡xWr^Xoj; íjuvOÍctij.cVOj , O'.i Tr,v zr.'.[j.'.^:av -xu'r,^ 
íT'jyov TT,: -poar|YOp;a:. (Diodore de Sicile , 1. v, cli. 23.) 

("2) On a donné le nom de Guerre de feu , dit Polybe, a celle qui éclata entre les 
Celtibéres et les Romains. Ce fut une lutte de géants, une serie ininterrompue de 
batailles. En Gréce et en Asie, un combat, deux ou plus, mettaient le plus souvent 
fin aux hostilités, et les combats eux-mémes cessaient d'ordinaire aprés le premier 
choc des troupes. Mais ici il n'en fut pas de méme. La nuit seule pouvait séparer les 
deux partis, et ils se liataient d'en venir auxmains, des l'aube suivante, comme pris 
de remords d'avoir interrompu la lutte. Quand on apprit a Rome et le chiftVe des 
morts et l'audace des ennemis, et la crainte qu'éprouvait Métellus lui-móme, la 
jeunesse romaine fut prise d'une terreur iudicible, telle, au diré des vieillards, que 
jamáis la République n'en avait coanu de semblable. C'est alors que P. Cornélius 
Scipion demanda au Sénat le commandement des troupes d'Ibérie et commenca la 
campag-ne qui devait immortaliser son nom. (Polib. , Fi-agm. xiv.) 

Aprés deux siécles de résistance , la Celtibérie fut oonvertie en province romaine 
et son histoire se confondit avec celle de ses vainqueurs. 



144 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (28; 

inondations oii les fouilles archéolog-iques ont mis fréquem- 
ment aii joiir de nombreux vestig-es de civilisations antérieu- 
res. II est méme certaiii que sur Femplacement ou dans les 
environs du villag-e actuel se dressait autrefois un villag-e ou 
une ville préhistorique : on a souvent trouré sur les coUines 
voisines et jusque áñiis la /tuerta du moiíastére des poincons 
en os et des haches de pierre. 

Sous les Árabes. Uclés prit encoré plus d'importance et resta 
pendant quatre siécles un des boulevards de rislamisme. A la 
fin du xi'"' siécle,. le croissant y dominait encoré. Le mariag-e 
en quatriémes noces de Zaida, filie convertie du roi maure de 
Séville, avec Alphonse VI, roi de Castille. mit aux mains de 
ce prince la redoutable forteresse. Ici se placerait Tun des épi- 
sodes les plus touchants et les plus célebres de la chronique 
d'Uclés et de l'histoire de la Péninsule. Mais il nous entraine- 
rait trop loin de notre sujet. On pourra en lire le récit détaillé 
dans toutes les histoires d'Espag-ne (1). 

Alphonse VI voulut envoyer au secours d'Uclés, assiég-é par 
Témin-ben-Yusef, son fils don Sanche, ág'é de 12 ans et sept 
de ses comtes, a la tete d'une armée imposante: mais la vic- 
toire trahit ce jour-lá les drapeaux de Castille: Don Sanche et 
les sept comtes périrent les armes á la inain. La déroute fut 
bientót g'énérale et les musulinans entrérent ce juur-lá dans 
la place. Alphonse mourut de douleur. 

La bataille d'L^clés ouvrait aux infideles les portes de la Cas- 
tille: ils s'y précipitérent. Ce ne fut qu'aprés les g-randes jour- 
nées de Calatrava et d'Almerie, au mois d'Aoút 1158, que don 
Sanche III reprit possession de la redoutable citadelle. 

Uclés n'avait été jusque-lá qu'une forteresse. Les Templiers 
y jetérent les fondements d'un monastére. Aprés eux, les che- 
valiers de Saint-Jean, puis l'ordre de Saint-Jacques de l'Epée 
y établirent leur résidence. 

A l'ombre du couvent et g-ráce á sa position qui en faisait un 
asile reputé inexpug-nable , la ville se développa; elle compta, 
dit-on, jusqu'á 10 mille habitants, eut un évéque et sept pa- 
roisses. 

(1) Je citerai par exemple: D. Luís García Sanz , X/ieva Historia de España.— Don 
José Antonio Conde, Historia de la dominación de los árabes en Espacia, sacada de 
varios manuscritos y memorias arábigas. 3.° parte, cap. xxiv. — Joseph Lavallée, 
Espagne., 1. 1^""^ p. 256, etc. 



.(29) Capelle. — découvertes préhistoriques. 145 

Les rois raccablérent de privilég'es , et riin de ses alcades 
pouvait écrire: «Je crois qu'il n'est pas possible de nommer 
une cité du royanme qui posséde plus d'immunités. S'il fallait 
seulement les énumérer toutes, j'aurais besoin d'un g-ros vo- 
lume.» 

D'aprés Ag-urleta, ce serait a üclés qu'aurait été fondee la 
premiére faculté de Théolog'ie catliolique de l'Espag'ne (1). 

Francois P'" y fnt recu le 29 Juillet 1525, dix mois aprés la 
bataille de Pavie. 

C'est enfin au pied méme de l'antique forteresse que le g"é- 
néral Víctor vint en 1809 se lieurter contra les troupes espa- 
g'noles. On peut voir dans Tliiers le récit de cette bataille (2). 

Tels sont les principaux événements qui se sont accomplis 
depuis la conquéte de la Celtibérie par les Romains dans cette 
rég"ion , témoin de révolutious si nombreuses. J'ai cru qu'il 
convenait d'en esquisser rapidement l'histoire, avant d'entre- 
prendre le récit de mes découvertes et la description du lieu 
méme oú elles ont été accomplies (3). 



CHAPÍTRE DEUXIÉME. 



La station préhistorique de Segobriga. 

§ I- 

SEGOBRIGA. 

Seg-obrig-a est une ancienne cité romaine , d'orig-ine celtibé- 
rique, dont les ruines s'étag-ent sur la rive droite du Gig'uela, 
á trois quarts de lieue environ de Sahelices, gTOS villag-e de la 
province de Cuenca, dans la Nouvelle-Castille, sur la route de 
Madrid á Valence (fig*. 7). 



(1) Agurleta : Vida del fundador de la Orden de Santiago, p. 118. 

(2) Thiers: Histoire du Consiilat et de VEmpire, t. ix. 

(3) J'ai emprunté tous les détails qui précédent aux Lettres d'Ucle's , t. i , n. 1, pa- 
ges 19-20. 

ANALES US n;ST. NAT.— x-:iii. 10 



146 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (30)- 

A une (lemi-lieue environ de Villarriibio. on laisse la carre- 




tera, poiir se dirig-er vers les bois qiii s'étendent de Castillejo 
á Torreleng-ua, et au bout d'une heiire, on arrive au pied d'un 



^3l) Gapelle. — découver.tes préhistoriques. 147 

monticule dont le g-azon touífii offre, aii printemps, un sing"ii- 
lier contraste avec les arides collines des alentours. 

Comme dans toute la Mancjie, la nature environnante est 
sauvag-e, le pays désert. A peine rencontre-t-on de loin en loin 
quelque rare moulln ég-aré sur la riviére. Mais les horizons ne 
manquent pas de beauté. La chaine d'Altomira court du SO. 
au NO. enserrant dans ses plis le royal nionastére d'Uclés (1) 



(1) Uclés, tel qu'il existe aujourd'hui, se compose de trois parties distinctes: le 
villag-e, la forteresse, le monastére. 

Levillage.— y\X ineWe, époque et par qui fut fondé Uclés? Les archéolog-ues espa- 
gnols ne sont pas d'accord. Tandis que les uns remontent hardiment jusqu'aux 
Oclades dont Ocles aurait été la capitale des le siv« siécle avant J. C. , ou á la guei-i e 
de Trole et a cet Ocles, fils d'Antiphane et pére rt'Amphiaraies dont Homére fait men- 
tion (Odyssée^ xv, 244), d'autres se contentent d'une colonie phénicienne ou grecque, 
établie dans ees contrées, a une époque reculée, mais inconnue...» Lettres d'Uclés. 

1. 1, p. n. 

Le village n'a conservé, aucun vestige de son ancienne splendeur. Des sept parois- 
ses qui, dit-on , composaient l'ancienne ville d'Uclés, il reste á peine une populatiou 
deLSOOámes. 

La forteresse.— hs. forteresse comprend d'abord le mur de premiére enceinte qui 
remonte en grande partie jusqu'aux Maures, car ce n'est que plus tard qu'on a pra- 
tiqué dans l'angle SO. la porte ogivale des sept Comtes. Une seconde muraille fer- 
mait la citadelle proprement dite. 

Au midi, elle se dresse encoré sur le rociher á pie: du cóté du village oü la pente 
est plus accessible, elle était flanquee de tours rondes dont on distingue á peine los 
ruines. Sur ce plateau s'élévent plusieurs ouvrages de guerre. \\ ne reste plus de- 
bout quedes pansdemur, une grande tour carree dominant au SE. le passage perré 
dans la pierre, et au Nord deux autres tours dont les sommets sont reunís par un 
pont de briques. 

Le monaítére.—Au Nord de la forteresse dont il est separé par une esplanade taillée 
dans le roe, s'éléve le monastére. C'est un carré assez réguliérement orienté dont les 
cotes ont 80 m. de longueur. 

Au milieu de la facade méridionale s'ouvre la porte d'entrée. L'oeil a d'abord peine 
á se retrouver au milieu de cette profusión de trophées, d'écussons armoriés, de figu- 
res allégoriques, d'animaux fantastiques ou réels, de coquillages et d'ornements ca- 
pricieux. C'estle style du xvni^ siécle avec tout son luxe de rocailles... 

La cour intérieure offre un aspect imposant avec ses larges cloitres de 44 m. de 
long , ses 36 arcades supportées par des pilastres doriques , et au dessus de la corni- 
che autant de fenétres et de balcons separes par des colonnes du méme ordre... Le 
pavé est fait de belles dalles; au milieu est une citerne oü se réunissent les eaux des 
toits. C'est un beau morceau de sculpture... 

L'église en forme de croix latine n'a qu'une seule nef avec des chapelles laterales. 
C'est un beau monument d'une longueur totale de 64 m. sur 24 de hauteur. Le dori- 
que y domine... Sous le choeur est le Panthéon, vaste crypte funéraire ovi furent 
transportées , avec les restes des anciens chevaliers , les cendres du jeune infant don 
Sanche. 

L'aile oriéntale renferme le réfectoire dont le plafond est une des curiosités d'Uclés. 
Trente-six des soixante-quinze caissons octogones qui le composent représentent en 



148 ANALES DE HISTORIA NATURAL. l3>J 

(lont les constructions g-randioses s'apercoivent dii plateau 
méme qui domine la grotte (fig\ 8). A deux lieues, au SE., le 
cháteau démantelé d'Almeiiara profile sur le bleu du ciel sa 
noire silhouette. Austéres et brulaiits pendant la joiirnée, ees 
liauts plateaux de la Castille méridionale deviennent, aux ra- 
yons mourants du soleil, ravissants de fraicheur et de colorís. 
Les soirées d'automne y respirent surtout un cliarme incompa- 
rable, et la premiére étoile a des iong-temps franchi les limites 
(le riioi'izon , quand l'oeil émerveillé se détaclie á regret de ce 
Tableau enchanteur, oü toutes les couleurs. toutes les nuances 
s'liarmonisent, se succédent et s'eífacent tour a tour sur les 
nuages du coucliant. 

La butte coiiique oü s'éléve la ville est coniiue dans le pays 
sous le nom de Medina ou de Cabeza del Griego. A dater du xiii'^ 
siécle, ees deux dénominations se rencontrent indifféremment 
dans les documents publics; mais des les premieres fouilles 



(lemi-relief les tetes des gramls-maitres legitimes. Tout autour on lit sur la corniclie 
une longue inscription... 

Le grand escalier pourrait a lui seul donner une idee de la somptuosité du monas- 
tere. Les 80 marches de plus de trois métres de longueur, sont d'une seule pierre et 
forment trois rampes. Celle du milieu arrive á un large palier : les deux autres en 
retour aboutissent parallélement aux cloitres supérieurs. La courbe des voütes qui 
les supporte est curieuse et gracieuse. La balustrade est en fer et de petites colonnes 
carrees la consolideni de distance en distance. La cage , ornee d'un grand tableau, 
i'clairée par quatre fenétres, avec des moulures et des écussons armoriés au plafond, 
])üurrait contenir une maison... La faoade occidentale n'a de reraarquable que sa 
régularité grandiose... A l'extrémité de cette facade en allant au Nord, on voit un 
pan du vieux castillo, pieusement enchássé dans les nouvelles constructions comme 
une relique des temps héroiques. Tout prés s'ouvre la porte principale de l'église 
Elle est ii deux ordres superposés, corinthien et composite, resserrée entre deux 
massifs contreforts et flanquee de deuxtours carrees avec simple balustrade ajour 
depuis que la foudre a renversé leurs fleches. 

La facade septentrionale est nue, froide et austere... La porte latérale de l'église, 
qui s'ouvre au milieu, a, comme la precedente , huit grandes colonnes monolithes en 
granit et de deux ordres, ionique et dorien, Iréspurs. Elle aurait été bátie, dit-on, 
sur les plans d'Herrera, le dernier architecte de l'Escurial. 

La facade éclairée par le soleil levant est la plus ancienne, la plus irréguliere et la 
¡)lus ornementée. La corniche un peu lourde et l'encadrement des fenétres sont char- 
les de sculptures de la Renaissance tres-fines, mais sans ensemble. Malheureuse- 
ment le temps et quelque peu les liomraes en ont maltraité beaucoup. Au milieu de 
tant de figurines, armes, génies, médaillons, feuillages, oiseaux fantastiques, vases, 
fleurs et colonnettes, remarquons Temploi fréquent des coquilles et la variété que 
lartiste a su trouver dans un motif aussi simple et aussi rebelle. 

A Textrémité Nord de cette facade s"élance un peu lourdement dans les airs la fle- 
che qui domine le choeur, la seule que la foudre ait épargnée. fLettres d'Uclés, t. i, 
passim.) 



150 • ANALES DE HISTORIA KATL'RAL. (34) 

entreprises vers 1540, les érudits émireiit Tayis qii'oii avait 
découvert Templacement de rantique Seg'obrig-a. 

De nombreuses médailles, des inscriptions relevées dans ees 
derniers temps sur des pierres ensevelies jusqu'au sein d'une 
é^Daisse conche de décombres cu dissimulées sous les ronces, 
viennent tous les jours corroborer cette opinión. 

Les coordonnées g-éog-rapliiqnes de la ville sont d'aprés le 
stieler's Hand Atlas : 

Latitude 39",55 N. 

Longitude 5",06 O. (Méridien de París.) 

L'altitude au sommet du monticnle est d'en virón 780 m. 

Place de trés-haute importance, et peut-étre capitale de la 
Celtibérie sous les Eomains (1) , siég'e episcopal au temps des 
Visig"otlis, Segobriga fut réduite en cendres et disparut de la 
scéne de l'histoire, avant presque d'y etre entrée, á une épo- 
que dont joersonne n'a pu encoré assig-ner la date precise, 
mais qui . on a tout lien de le croire . a dú coíncider avec l'iti- 
vasion árabe. 

L'incendie fut si violent qu'il n'est pas rare de rencontrer 
parmi les décombres des masses de verre et de fer fondues 
par le feu. 

Les villas qui émaillaient la campagne et dont les vestiges 
se rencontrent encoré cá et la le long des débris des voies ro- 
maines subirent le méme sort que la cité : la contrée devint 
deserte et l'oubli descendit peu a peu sur ees ruines, envelop- 
pant jusqu'au nom méme que la ville avait porté. 

C'est seulement vers le milieu du xvi*^ siécle que rattention 
publique fut appelée sur ce qui restait de Segobriga. Le 7 AJai 
1529, Don Pedro Guarsia de Almaguer, prieur triennal des 
Santiagistes d'üclés, posait dans cette ville la premiére pierre 
du monastére dont les somptueux bátiments ont survécu k 
Textinction de rOrdre de Saint-Jacques. f clés n'est qu'á deux 
lieures de marche de Cabeza del Griego. Le cerro oífrait aux 
architectes une mine inépuisable de pierres de taille; ils ne 
se firent pas faute d'en extraire les matériaux qui furent a 



U) Pline: Hisl. nat.,\oc. cit. 



<:^5) Capelle. — découyertes préhistoriques. isi 

leur couvenance. S'il faut en croire le témoig-nag-e de Luís de 
Lucelia, on mit alors au jour un grand nombre d'inscriptions 
et d'antiquités (1). 

Les fouilles inaug-urées á cette occasion furent reprises en 
1760-1766. EUes se continuérent en 1789, sur l'ordre et par les 
soins de M. Antonio Tavira y Almazán. On recueillit á cette 
époque de nombreux objets dont Cornide fait rénumération 
dans un mémoire publié pour la premiére fois á Madrid en 
1799. Mais les invasions et les g'uerres civiles, qui depuis prés 
d'un siécle ont desolé la péninsule, dispersérent aux quatre 
vents du ciel ees restes de la puissance romaine ou visig-o- 
thique. 

Les travaux des lors interrompus semblaient abandonnés 
pour jamáis lorsque M. Román García Soria se remit a l'oeuvre 
avec courag-e, a ses propres frais tout d'abord, puis aux frais 
d'un riche industriel ang-lais, M. Thompson. Des fouilles pour- 
suivies avec énergie et persévérance découvrirent avec les 
■débris de la cité romaine les restes de civilisations plus an- 
ciennes. Les travaux ne furent pas long-temps continúes: maís 
déjá le R. P. Fita pouvait écrire en 1889: «11 est impossible de 
parcourir le tertre elevé de Cabeza del Grieg-o et ses environs, 
sans en emporter la conviction profonde qu'il y eut la une 
cité romaine de premiére importance. Cette cité fut bátie sans 
doute, suivant l'usag-e des Grecs, sur une autre ville indig-éne 
des Celtibéres. Qui sait si en percant dans le cerro une tran- 
€liée verticale comme le fit le docteur Scliliemann sur les hau- 
teurs d'Híssarlik, on ne découvrirait pas, étag-és a la facón 
des conches g'éolog'iques, les vestig-es des divers peuples qui 
ont batí leurs demeures sur les hauteurs de Cabeza del Cfriegoí 
II n'est pas hors de propos de noter ici que M. García Soria 
posséde un certain nombre de haches que Ton rapporte d'ordi- 
naire a la période néolithique ou ág-e de la pierre polie. J'ai 
moi-méme recueilli dans un tombeau chrétien de la basilique 



(1) Une des ees inscriptioas, gravee sur une pierre de 1,U m. de long sur 0,51 m. 
le haut, a été encastrée dans la fac^ade oriéntale du couvent. Elle est ainsi conque : 

C • IVLIVS -C • F • GAL • CELTIBER 
H • S • E • 

Ici a été enseteli Caius JuliitSi Celtil/ére,/ils de Ca'íiis, de la tribu Qaleria. 



152 A^'ALES DE HISTORIA NATURAL. (3G) 

visig-otliique une hache en silex parfaitement conservée, de 
dimensions minuscules, puisqu'elle mesure á peine deux ceu- 
timétres de long-ueur, mais d'un tranchant tres aig-u. Cet ins- 
trument avait pu rouler jusque-lá parmi les décombres des- 
cendus de Cabeza del Griego. M. García Soria posséde en outre 
une splendide collection d'armes diverses en cuivre pur ou en 
bronze, provenant toutes des flanes mémes de la colline» (1). 

Les prévisions du célebre archéolog-ue ne devaient point tar- 
der a se réaliser. Des que je connus l'existence d'une g-rotte 
profonde aux environs des ruines, je ne doutai pas qu'elle ne 
füt le point de départ des diverses civilisations qui s'étaient 
succédé a travers les ág-es, en cet endroit méme. 

On passe, pour se rendre á la g-rotte, á quelques métres du 
moulin de Medina, en suivant pendant un quart d'heure envi- 
ron le chemin dupont de Lujan. Non loin d'un massif de ché- 
nes-verts, ce chemin oblique brusquement a g-auche vers la 
riviére. II faut alors l'abandonner et s'eng-ag-er dans les g-org-es 
arides de Villalba. A mi-colline. les bouquets d'arbres devien- 
nent plus fréquents; ils jaillissent en general du milieii de tas 
de pierres qui, a mon avis, sont des ruines de maisons. Toutá 
coup la vallée s'élargit et on se trouve en face d'une laude in- 
culte, bordee de cóté et d'autre par des yeuses (fig-. 9). Les tas 
de pierres d'oú elles sortent sont plus rapprochés, et si Ton 
examine avec soin les flanes de la colline. on voit serpenter le 
long" des ruines, les restes de trois murailles superposées, a la 
facón des murs de souténement qui retiennent, sur les pentes 
du Liban, les vig-nes et les étroites bandes de terre oú elles se 
nourrissent, Ces murailles, báties en pierre séclie, sont for- 
mées de blocs assez considerables et inclinées de bas en haut 
d'un ang-le de 20 á 25 deg-rés dont le sommet serait á leur base. 

J'ai fait fouiller les pierres amoncelées et je suis arrivé á un 
sol uniformé de dalles larg-es et irrég-uliéres. mais juxtaposées 
de facón a ne laisser entre elles auciin vide. N'ayant pas l'au— 
torisation d'arracher les arbres, je n'ai pu pousser plus loin 
mes investig-ations; mais j'ai toutlieu de croire que la plupart 
des chénes-verts qui bordent la laude , plong-ent leurs racines 
dans des cavernes analog'ues á celles que j'ai découverte. Ce 



(1) D. Juan de Dios de la Rada y Delgado y D. F:del Fita : Excursión arqueoló- 
gica á UcMs, Sahclices y Cabeza del Griego. 



154 ANALES DE HISTORIA KATÜEAL. (3S) 

qui semble corroborer cette opinión, c'est que, vers le com- 
mencement du printemps, plusieurs de ees arbres se couvrent 
bien avant les autres d'une nuée de fleurs precoces. II est fort 
probable qu'ils vont puiser dans les débris du sol une nourri- 
ture plus abondante et dans les canaux souterrains oü ees dé- 
bris sont accumulés une clialeur constante et plus élevée que 
celle de l'air ambiant (1). J'ai constaté moi-méme cette pré- 
cocité dans les deux arbres qui avaient poussé á Tentrée de 
la g-rotte explorée et dont les racines se distribuaient a une 
g-rande profondeur dans les diverses g'aleries. 

A cliacune de ees g"rottes ou de ees ouvertures correspondait 
peut-étre une habitation. M. Louis Siret dont l'opinion fait 
autorité semble pencher vers cette hypotliése. Ses nombreuses 
explorations dans le SE. lui ont en effet permis de se convain- 
<;'re que la plupart des maisons de certaines villes préhistori- 
ques communiquaient avec un souterrain oú les habitants 
pouvaient en temps de siég'e se réfugier, et oú lis conser- 
vaient dans des puits ou des citernes la provisión d'eau dont 
ils avaient alors besoin. 

Au bas de la petite esplanade , vers le soinmet de laquelle 
s'ouvre la g-rotte, et du cóté opposé á l'orifice, se déroule un 
petit torrent toujours a sec, lorsqu'il ne pleut pas. Les eaux y 
apportent souvent, avec la terre arrachée aux flanes des colli- 
nes , des éclats de silex taillés de plusieurs facons : nous y 
avons aussi recueilli deux ou trois scies et un percuteur. 

Les méines éclats se rencontrent aussi fréquemment dissé- 
minés sur la croupe des collines : quelques-uns affectent la 
forme des pointes de fleche; d'autres n'ont aucune forme dé- 
terminée. On trouve enfin cá et la des fragments de poteries a 
moitié ensevelis dans la terre ou caches sous les plantes, des 
<*ailloux roulés que seule la main de riiomme a pu laisser 
tomber en ce lieu, et divers Índices qui ne permettent point 
de douter que ce site aujourd'hui désert n'ait vu autrefois 
fleurir une des in'emiéres civilisations. 



(1) On pourrait sans üoute attribuer cette précocité á un fond de terre plus con- 
siderable. Je ne crois pourtant pas que la nature du terrain autorise cette supposi- 
tion. 



<39) Capelle.— DÉCOUVERTES PRÉHISTORIQUES. 155 

§n. 

LA GROTTE PRKHISTORIQUE. — ASPECT , PLAN ET FüRMATION. 

La gTotte s'ouvre sur une pente maig-rement boisée , faisant 
face á rOuest au tertre de Seg-obrig-a , a quelques ceiitaines de 
inétres de Teudroit précis oú le Gig'uela s'écliappe du réseau 
de collines qui, desceiulu de la Sierra d'Altomira, va daiis la 
direction du SO. s'étendre sur les plaines désolées de la Man- 
che. Elle est percée dans les strates calcaires du terraiu 
crétacé (pl. vii). 

L'ouverture qui donne accés dans la caverne est élevée de 
85 métres environ, au dessus du niveau de la riviére. La g-ale- 
rie principale, long'ue de 165 métres, se bifurque en maints 
endroits et donne naissance á de nombreuses g-aleries latera- 
les qui courent dans les flanes de la niontag-ne. Elle aboutit 
par une pente d'une extreme rapidité a une nappe d'eau sou- 
terraine. Pour donner une idee de la raideur de la deséente, 
qu'il me suífise de diré que la profondeur de la g-rotte est de 
plus de 80 métres: ce qui fait une pente moyenne de 50 centi- 
métres par métre. Ces mesures ne sont pas approximatives: 
elles ont été prises Tune au cordeau, Tautre á l'aide d'un ba- 
rométre. 

C'est seulement vers le troisiéme mois de notre exploration 
que nous avons pu découvrir l'entrée primitive. Cette entrée 
avait été murée sur une profondeur de 4 ou 5 métres avec 
d'énormes pierres liées entre elles au moyen d'une argüe jau- 
nátre, d'une extreme consistance quand elle a durci (pl. yiii). 
Elle a probablement été bouchée a l'époque méme oü la g-rotte 
servait d'habitation. Au-dessus de l'entrée ainsi murée, le sol 
avait été complétement nivelé. Isous pénétrions, comme jel'ai 
dit, dans la g-alerie principale par un conduit lateral qui com- 
muniquait avec l'extérieur. 

A droite de l'entrée se trouve une salle oü dix liommes peu- 
vent étre á l'aise. Elle est comme le point central oü conver- 
g-ent huit canaux d'inég-ale g-randeur, dont trois ou quatre 
n'ont été qu'á demi explores. L'un d'eux doit donner sur le 
deliors, si j'en jug-e par les nombreuses racines qui y pené- 



156 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (-10) 

trent; deux aiitres raménent aii couloir central, et deux eiifiíi 
vont aboutir a une excavation qui s'ouvre sur la méme g-alerie. 

Sur le parcours de l'avenue céntrale (pl. ix). á drolte et a 
g-auche. viennent déboucher de distance en distance dans dts 
vestibules un peu plus larg-es d'étroits conduits en are de cercle 
que nous avons dú déblaver un á un. Ces couloirs renfermaient 
tous une multitude d'ossements, des débris de vases et d'au- 
tres objets de fabrication préhistorique: quelques-uns abou- 
tissent tres certainement a des salles plus vastes, compléte- 
ment obstruées, mais je n'ai pu les explorer tous, en particulier 
ceux qui se trouvent a g-auche en entrant. Plusieurs cepen- 
dant ont été déblayés. puis comblés de nouveau avec les maté- 
riaux que les fouilles successives ne cessaient d'amonceler. 
C'est ainsi que nous avons dú remplir de décombres une assez 
g-rande salle désig-née dans le plan par la lettre O, puis les 
conduits et les chambres sitúes tout autour de la sépulture S^ 
jusqu'en S*. Lors de nos premieres explorations. la chambre S^ 
ne communiquait avec la gal^rie céntrale que par la salle C 
Gil nous avions tout d'abord établi notre cuisine. 

A l'extrémité inférieure de cette salle, le couloir principal 
se bifurque et étreint de ses deux bras une sorte d'ilot de pierre 
contre lequel se sont arrétés en g-rand nombre des frag-ments 
de poteries de divers types: ces tessons se rencontrent, h tout 
instant, dans chacune des g-aleries marquées sur le plan, et 
bien au delá encoré, dans la g-alerie de l'eau et dans les g-ran- 
des artéres. Je ne crains pas d'exagérer en aíñrmant que 12 
ou 15 tombereaux ne suífíraient i)as á recueillir tous les débris 
de céramique qui ont passé par nos mains. 

Au delá de l'ilot. le couloir redescend en sauts brusques et 
precipites; il ne tarde pas á se diviser de nouveau. La bifur- 
cation de g-auche nous conduit á une des salles les plus spa- 
cieuses de la grotte. Le sol en est jonché de pierres enormes, 
de pots cassés, de ble carbonisé et de charbon de bois. 

Au chevet de la salle, le regard est attiré par une sorte de 
construction en pierre d'aspect bizarre sur laquelle j'aurai á 
revenir plus tard, et qui était sans doute un tombeau ou un 
autel pour les sacrifices. 

Plusieurs g-aleries de moindre importance partent de ce cen- 
tre qui parait avoir été spécialement habité. EUes renferment 
toutes des débris de charbon et de poteries: dans toutes Ton 



(41) Capelle. — découvertes préhistoriques. 157 

remarque de nombreuses fentes boucliées á la terre g-laise, 
principalement dans certains petits recoins ou culs-de-sac qiii 
semblent avoir serví d'habitatioii particiiliére ou avoir été pre- 
pares pour des sépultures. J'ai trouvé dans Tuu de ees der- 
niers un joli g-rattoir en sílex, et dans un autre un frag-ment 
de torclie de resine sans méclie, roulée avec les doigts et mesu- 
rant á peine la moitié du diamétre d'une boug"ie ordinaire. 
Sur la voúte méme de ce réduit nous avons constaté la pré- 
sence de plusieurs taches noires produites par la fumée de ees 
sortes de torches. II est á remarquer que dans cette partie de 
la caverne les trouvailles sont fort rares, et qu'il faut clierclier 
long'temps pour se procurer le moindre objet. 

Si au lieu de descendre á gauche vers la salle du ble , nous 
suivons l'allée céntrale, nous aboutirons, aprés un parcours 
d'environ 100 métres á travers une serie de salles plus ou 
moins grandes et en laissant de cóté et d'autre de nombreuses 
g'aleries secondaires, á une excavation vaste et profonde, au 
bas de laquelle commence une nappe d'eau souterraine, d'une 
g-rande limpidité, mais tres charg'ée de seis calcaires. 

Bien que les parois de la grotte soient généralement tapis- 
sées d'un dépot de calcaire concretionné dú á l'action des eaux 
d'infiltration charg'ées de carbonate de chaux, on trouve dans 
le couloir central peu de stalactites. Le calcaire criblé d'in- 
nombrables trous, percé de niches de toutes g-randeurs, est re- 
vétu a la voúte d'une épaisse conche de fumée sur laquelle 
s'est étendu en maints endroits un lég-er réseau de brillantes 
cristállisations de carbonate de chaux, dont la transparence 
est remarquable. Dans les salles inférieures, les concrétions 
calcaires prennent des formes plus bizarres et oífrent souvent 
l'aspect de lichens g'igantesques tapissant les parois. 

Les stalactites n'abondent g-uére que dans une g'alerie laté- 
rale tres humide. Cette g-alerie débouche par ses deux extré- 
mités dans l'artére principale, mais envoie cá et la dans l'épais- 
seur de la colline d'innombrables ramifications. Nous avons 
suivi durant une matinée entiére la plus importante de ees 
branches sans pouvoir en atteindre la fin. Le passag-e y est 
d'ailleurs fort malaisé. Ici ce sont des puits verticaux oü l'on 
ne peut descendre sans se déchirer aux múltiples aspérités de 
la roche, la des fentes transversales oü l'on a toutes les peines 
du monde á se fauñler: partout les parois et la voúte sont re- 



158 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (42 

vétues d'arétes vives et de pointes aigiies qiü vovis metteiit 
tout en sang". 

Cette galerie ne parait poiiit avoir été habitée: il n'y a ni 
fumée á la voúte. ni débris de poterie sur le sol. Cependant 
au point culminant de Tare de cercle, dont les deux extrémi- 
tés vont en redescendant rejoindre la grande allée. nous avons 
recueilli des restes humains abandonnés dans l'anfractuositr 
d'une roche. 

Tels sont le plan et Taspect de la grotte de Seg-obrig-a: 
quant a son mode de formation. il n'est autre que celui que 
l'on attribue généralement a toutes les cavernes du méme 
g-enre qui abondent dans le crétacé inférieur. 

Si je puis en jug-er par les nombreuses g-aleries de la cavei- 
ne. la montag-ne dans laquelle elle est percée doit offrir á l'in- 
térieur Taspect d'une vaste épong-e. Beaucoup d'espaces au- 
jourd'hui libres étaient sans doute occupés autrefois par des 
masses de seis qui peu á peu ont été dissoutes par les eaux 
courantes: ees eaux cliarg'ées d'acides ont aussi ag'i sur les 
vides préexistants dús á la dislocation des collines. comme il 
est facile de le constater. si Ton considere attentivement les 
parois de la gTOtte sur lesquelles on rencontre des traces ina- 
nifestes d'érosion. Ces excoriations aífectent la voúte elle- 
méme. oú Ton remarque une multitude de poches. dans les- 
quelles, si nous suivons l'opinion de Desnoyers, se trouvaient 
des dépots de sources thermales ouvertes plus tard par Tactioii 
des eaux, lors des bouleversements occasionnés par les inon- 
dations diluviennes. Sur les parois ainsi modifiées se sont for- 
mées dans la suite des siécles des concrétions plus recentes 
affectant des formes étrang'es, ici des stalactites et des sta- 
lag-mites aussi variées de g-randeur que d'aspect , la des arbo- 
risations rappelant les rameaux de l'arbre de Saturne, plus 
loin des conches jdissées semblables á un feuilletag-e g-éant ou 
méme des fig-ures d'animaux. 



f43) empelle. — DÉCOUVERTES PREHISTORIQUES. 15'> 



§ ni. 



État de la caverne au debut de l'exploration. — Le se l 

DE LA C4R0TTE. — FOUILLES DANS LES DIVERSES STRATES Qll 
LE COMPOSEXT. 

La gTotte a été comblée de haiit en bas par des rochers et 
des matériaiix de natiire diverse precipites de l'extérieur dans 
les g'aleries qiii avoisinent l'entrée. Toiis les canaux percés 
dans les 50 premiers métres aiitour de l'avenue céntrale et 
fig'urés sur le plan avaient été envahis par les décombres: au 
delá le passag-e était relativement libre. 

Dans les conduits obstrués Fétage supérieur était formé de 
blocs de dimensions enormes , que deux ou trois hommes 
avaient de la peine á soulever: cette conche de rochers attei- 
g-nait d'ordinaire la voúte méme de la caverne, et s'ils n'a- 
vaient pas roulé plus loin, c'est qu'ils s'étaient arrétés aux 
saillies des parois. Pour les extraire de la g^'otte, nous avons 
dú plus d'une fois les briser en frag'ments de moindre impor- 
tance : sous ees rochers réunis entre eux par de la terre qu'on 
eíit dit au premier abord amenée par les eaux. s'étageaient 
des strates de nombre et d'épaisseur peu homogénes. ou se 
trouvaient mélés ou superposés des amas quelquefois consi- 
derables de terre, de charbon, de cendres, d'os et de débris 
divers. Sur le parcours des 20 premiers métres, on rencontrait 
tout d'abord. sous la conche supérieure de pierres, des sque- 
lettes humains entiers étendus en travers de la galerie princi- 
pale, et sur lesquels a dú rouler jusqu'en bas une prodigieuse 
quantité de décombres. Quelques os portaient encoré la trace 
de blessures. notamment un cráne frappé sur le vivant de cinq 
ou six coups de ciseau ou de hache. 

Au-dessous des cadavres, et, sous les rochers , au delá de la 
zone occupée par les squelettes, s'étaient successivement éten- 
dues plusieurs strates qui semblaient avoir été amenées ou 
égalisées par Teau. Les poteries recueillies dans ees diverses 
conches sont rarement cutieres: plusieurs avaient été écrasées 
sur place: car nous avons pu les reconstituer, en recueillant 



160 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (.41) 

soig-iieusement les débris qiii g-isaient soiis la méme pierre. Si 
j'en excepte les poincons et les éclats de sílex ou de qiiartzite, 
les iiistrumeiits que Ton recueille sont relativement en petit 
nombre, étant donnée Tinimense quantité de tessons qui se 
rencontrent. 

Comment expliquer le remplissag^e de la g-rotte . remplis- 
sag-e qui a dú coincider avec la ruine complete de la bourg-ade 
préhistorique á laquelle elle appartenait? Deux liypotliéses 
¡probables se présentent tout d'abord a quiconque a pratiqué 
des fouilles dans la caverne. Ou cette caverne a été comblée á 
la suite d'une épouvantable inondation ou aprés une g'uerre 
sans merci. Ce sont du moins les seules suppositions qu'il me 
paraisse possible de hasarder. Je les donne néanmoins sous 
toutes reserves. 

II ne faut point s'arréter a l'idée d'une sorte de délug-e qui, 
aprés avoir inondé toute la rég'ion située au-dessous de la g-rot- 
te, aurait finalement atteint Tliabitation elle-méme. En effet, 
l'altitude de Torifice supérieur est d'environ 800 métres. Avant 
done qu'une inondation de cette nature eut pu s'élever á pa- 
reille hauteur, il eüt fallu que toutes les plaines de la Manche 
<3t une grande partie du Sud et de l'Est de l'Espag-ne, placees en 
contre-bas, fussent submerg-ées. Or, d'aprés M. de Lapparent, il 
u'y a pas eu de période diluviale ou g'laciaire. postérieurement 
á l'avénement de la civilisation néolithique. D'ailleurs l'énormi- 
té des blocs exclut l'idée d'une inondation g-énérale. «Si les cir- 
constances locales, m'écrivait le g-rand g'éolog-ue, rendent ad- 
missible l'hypothése d'un glissement de terre (comme ceux qui 
se sont produits en Suisse, comblant des vallons importants), 
€'est a cette hypothése que je m'arréterais le plus volontiers. 
Sinon, j'admettrais une trombe, peut-étre un dérang-ement du 
terrain á la suite d'un tremblement de terre; mais en aucun 
cas, je ne croirais devoir recourir a une cause g'énérale.» 

Je me rallie pleinement a cette opinión. En effet, les g'éolo- 
g-ues américains semblent d'accord pour fixer la derniére ex- 
tensión gdaciaire a liuit ou dix mille ans avant Tere actuelle. 
Mais on était alors sur tout notre liémisphére en jíí/m^ paléoli- 
IMque. Depuis lors il y a eu, pendant l'époque du renne, un 
ou deux retours de ruissellement, attestant une recrudescence 
de riiumidité: mais tout cela était fini. quand avec la tourbe 
l'époque néolithique a fait son apparition. Par ailleurs, la ci- 



<45) Capelle. — découvertes préhistoriques. lei 

vilisation préliistorique de la caverne parait étre arrivée h la 
période de transition du néolitliique á Tág-e du ciiivre, peut- 
-étre méme á Tág-e du bronze. II ne faut done pas remonter 
plus liaut. 

II ne faut pas s'arréter davantag-e, vu la natiire des lieux, a 
rhypothése d'un gdissement: il resterait á aborder celle d'une 
inondation partielle, qui aurait coincide avec un tremblement 
de terre. 

Le pied de la montagiie de Villalba est baig-né par le Gi- 
-g'uela. Cette riviére n'est remarquable ni par la profo'ndeur de 
ses eaux ni par l'espace qui separe ses deux rives; mais resser- 
rée cá et la entre deux murs de rochers, elle pourrait par une 
íorte crue atteindre un niveau considerable. Une trombe ana- 
log-ue a celle qui s'abattit sur le pays, le 14 Septembre 1893, 
déracinant les arbres, ravinant les collines, arracliant les ro- 
chers, la terre, les maisons, aurait pu causer ce desastre. Ces 
débris amoncelés peuvent facilement former un barrag-e, bar- 
rag'e qui s'éléverait bientot á une trés-g'rande hauteur. Son 
Excellence M. Federico de Botella y de Hornos, Inspecteur 
-g'énéral des mines, m'assure avoir vu de ses yeux un fait de 
ce g"enre dans je ne sais plus quelle vallée de la Sierra, oú un 
barrag-e s'étant formé á la suite de piules diluviennes, les eaux 
furent en peu d'instants portees á une élévation de 20 á 25 
métres et seraient montees plus liaut encoré si la dig'ue ne se 
fut rompue. De tels pliénoménes, ajoutait-il, sont assez fré- 
quents dans certaines parties de l'Espag-ne. 

II y a loin sans doute de 25 a 80 métres, hauteur de l'ouver- 
ture au dessus du niveau de la riviére; mais il n'est pas im- 
possible qu'un barrag-e s'étant dressé dans les g-org-es qui sépa- 
rent le pont de Lujan du moulin de Martín García, Teau se 
soit subitement élevée dans cette vallée qui, somme toute, est 
assez étroite. 

J'ai moi-méme été le témoin et failli étre la victime d'une 
crue extraordinaire du Bedija qui, en deux heures a peine, 
devint un vaste fleuve et couvrit l'immense plaine qui s'étend 
au-dessous d'Uclés. Si une dig-ue se fút alors élevée entre la 
colline oú est báti le villag-e et celle qui luí fait face au Nord, 
l'eau eút promptement coulé au niveau des terrasses mémes 
•du monastére. 

Cette hypothése n'est done pas inadmissible : elle explique- 

ANALKS DE HIST. NAT. — XXIII. 11 



162 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (46> 

rait méme assez que les habitants, voulant se préserver de- 
Finondation, eussent en toiite líate, pour fermer leur demeure 
a l'entrée des eaux, báti cet enorme mur de rochei's lies á l'ar- 
gile qui nous masquait Tonverture primitive. L'eau pénétrant 
par les fissures de la colline et montant par les cavités infé- 
rieures aurait alors submerg-é ees malheureux. J'avais tout 
d'abord penclié vers cette opinión dans le mémoire que j 'adres- 
sai en Septembre dernier a rAcadémie Royale d'Histoire; mais 
l'étude des squelettes et les nouvelles fouilles que j'ai prati- 
quées m'invitent a hasarder une autre explication qui parai- 
tra peut-étre plus vraisemblable , et qui, á mon avis, doit 
approclier davantag-e de la vérité. 

Les diverses strates superposées que l'on rencontre sont dues 
á des g-lissements successifs de terre entrainés par les eaux,. 
lors des piules torrentielles qui devaient abonder dans un pays 
tres boisé en ce temps-lá, ou sous les pas des trog-lodvtes. Les- 
cendres rejetées des divers foyers ont ainsi pu former á plu- 
sieurs reprises les nappes que nous avons découvertes sur tout 
le parcours du boyan central. Sur ees couches superposées les 
premiers trog"lodytes ont clieminé long-temps: puis, désireux 
sans doute de vivre á la lumiére du jour, ils ont báti leur villag-e 
dans le vallon, k Tendroit oú l'on remarque encoré aujourd- 
hui les monceaux de pierre. Un jour cependant est venu, oú. 
attaqués par des ennemis redoutables. ils ont dú redemander á; 
la caverne Tasile qu'elle leur avait autrefois prété ; ils ont été 
l^oursuivis. Les vainqueurs ont violé les sépultures, brisé ou 
pillé le mobilier, et envalii toutes les g*aleries attenantes k la 
g-rande issue. Les défenseurs de la g-rotte qui avaient succombé 
ont été abandonnés a 10 ou 15 métres en virón de l'orifice. 
Leurs corps, couverts de g-rosses pierres précipitées d'en liaut, 
sont restes étendus, sans autre sépulture, en travers de l'allée- 
céntrale, oú nous les avons retrouvés (fig-. 10). Les assiég-eants- 
ont alors fait rouler dans tous les conduits oú ils pouvaient 
atteindre une enorme quantité de terre , de pierres ou de dé— 
bris provenant du sac des habitations supérieures. Puis ils ont 
muré l'entrée sur une épaisseur de plusieurs métres et nivelé 
le sol au-dessus. Les eaux filtrant dans la suite des siécles par 
les ouvertures mal bouchées de la caverne ou par les pores du 
calcaire ont peü k peu détrempé la terre venue du deliors et 
luí ont douné aprés dessiccation la résistance el l'aspect d'une^ 



(47) 



Capelle. — découvertes tréhistoriques. 



1&3 




FiG. 10. -Coup3 verticale du couloir centrdl. (Dessin de P. Quintero.) 



a. Partie libre. 
h. Lit (le rocherp. 

c. Terre renfermant les cadavres et de 

nombreuses débris. 

d. Strate de charboa. 



e Petits lits de phospliate de chaux. 

/. Conche de cendre. 

g. Terre rougeatre. 

h. Débris ealcaires . 

i. Rochers. 



161 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (48) 

masse boueiise solidifiée , telle qu'elle serait si elle y avait été 
ameiiée par une inondation (1). 

Les assiég"és prisoniiiers dans la caverne oiit sans doute 
promptement épiíisé leiirs provisions de comestibles et de lu- 
minaire, et ils n'ont pas tardé á mourir de faim. Cela explique 
pourquoi nous avons trouvé cá et la, á fleur de terre et éclie- 
loniiés dans les diverses g-aleries, des squelettes sans sepul- 
tare, dont la plupart détrempés et dissous par rhumidité se 
réduisaient en poudre au seul contact de nos mains. En deux 
ou trois endroits, aux ossements d'un adulte se mélaient des 
restes d'enfants. Les cránes de ees squelettes ne se rencon- 
traient ¡Dresque jamáis; il n'en subsistait plus qu'un cercle de 
poussiére blanche au milieu duquel émerg-eaient quelques 
dents. 

Nous avons rencontré, je Tai déjá dit, un de ees cadavres, 
au poiiit culminant d'uiie g-alerie lointaine. Y avait-il été 
apporté par les survivants clierchant a se préserver de sa mau- 
vaise odeur? Le malheureux auquel il appartenait était-il 
venu périr la aprés avoir long-temps erré pour trouver une 
issue et s'enfuir au dehors? II serait bien diíñcile de le diré. 

Un des faits les plus remarquables á sig-naler dans le sac 
de la caverne, c'est la violation des sépultures. Les peuples de 
Tág-e de bronze ensevelissaient tres souvent leurs morts dans 
des urnes (pl. x). Dans la g-rotte de Seg-obrig-a cette coutume 
existait aussi; mais de toutes les sépultures que nous avons 
rencontrées jusqu'ici , une seule paraissait intacte , et encoré, 
comme on le verra plus loin, ne renfermait-elle qu'une partie 
du squelette. Partout ailleurs les urnes étaient brisées, les os- 
sements disperses. La cupidité des vainqueurs avait-elle violé 
ce dernier asile de la mort pour aller jusque dans les tombes 
chercher les joyaux et les armes que l'on déposait d'ordinaire 
auprés des cadavres? Le cliamp des conjectures est bien vaste, 
et je ne veux pas m'y eng-ag'er. Quoiqu'il en soit, nous avons 
trouvé la g-rotte dans un état de bouleversement complet , et 
cependant il ne semble pas qu'elle ait jamáis été visitée avant 
nous depuis les ág-es préhistoriques. En effet, Fentrée par la- 



(1) Dans cette deuxiéme hypothése , je n'exclus pas la formation des strates infé- 
rieures á la suite de glissements et de piules torrentielles; mais je parle seulement 
de la couche supérieure de terre beaucoup plus épaisse que les autres. 



(49) Capelle. — découveetes préhistoriques. íes 

quelle nous y avons penetré était totalement inconniie: elle 
n'avait probablemeut jamáis serví qu'aux fauves de la con- 
trée; car lorsque nous y descendímes pour la premiére fois, 
nous pilmes á g-rand peine nous frayer un passag-e á travers 
les décombres avant de rejoindre l'avenue céntrale, et lá méme 
il fallut faire rouler beaucoup de pierres sous nos pieds pour 
y passer á l'aise. Par ailleurs, comme j'ai eu l'occasion de le 
diré plus haut, raiicienne entrée était fermée par une épaisse 
muraille bátie non k la chaux, mais á l'aide de l'arg^ile. Or 
cette arg'ile dont j'ai apporté á Madrid quelques écliantillons 
est absoliiment de la méme natiire que celle qui servait aiix 
constructions intérieures de la g-rotte. II est done peu probable 
qu'elle ait été emplo^'ée á une époque de beaucoup postérieure 
á ees constructions. De plus, comme elle ne se trouve pas com- 
munément dans le pays et que le gypse au contraire y abonde, 
11 n'est g'uére croyable que ceux qui ont muré l'entrée se fus- 
sent servi á cet effet d'iine substance aiissi rare aux eiivirons 
de la g-rotte, alors qii'ils avaient sous la main du plátre en 
abondance, s'ils avaient connii le plátre oii s'ils en avaient 
soupconné Tusag-e. Nous sommes done ramenés á une époque 
fort reculée, et trés-probablement a Tépoque méme oíi la g-rotte 
cessa d'étre habitée. 

Passons maintenant á l'étude du sol de la cav^erne. Ce sol 
est done recouvert de plusieurs conches de terre et de débris 
superposés. Ces conches, en nombre d'autant plus g-rand que 
la déclivité est moindre, atteigment en certains endroits le 
chiffre de douze, notamment au bas de lapetite salle désig-née 
dans le plan sous le nom de cuísine, á cote du Kjokkenmodding-. 

La conche inférieure est g'énéralement formée par une terre 
roug-eátre mélée de petits cristaux de carbonate de chaux. Elle 
constituait primitivement le sol méme de la g-rotte. Cette assise 
est maintes fois recouverte par une couche de cendres g-rise 
ou blanchátre dans laquelle il n'est pas rare de rencontrer des 
débris de charbon k demi-brúlé ou méme de bois roug-e entié- 
rement respecté par les flammes, mais rong'é par riiumidité. 
Le charbon est quelquefois si abondant qii'il forme une strate 
complétement distincte. Dans Tun et Tautre cas, on remarque 
souvent dans la cendre de petits lits de phosphate de chaux, 
résidu de la combustión des os, qui attirent les reg-ards par 
leur éclatante blancheur. 



1G6 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (50) 

Au-dessus de Tassise dii cliarbon on rencontre une, deux, 
trois, souvent quatre assises de terre. Ou disting-ue générale- 
ment par la couleur de cette terre les différentes strates: elles 
sont du reste parfois intercalées d'une seconde conche de 
charbon ou de cendres. J'ai dessiné et fait reproduire deux 
trancliées oü Ton peut voir la disposition de ees strates: Tune 
d'elles est prise de la g-alerie céntrale (íig-. 10); Tautre de la 
salle supérieure, située á l'entrée de la caverne (fig-. 11). On 
reinarquera dans cette derniére un vase eiitier touchant par 
un de ses cotes le sommet d'une calotte sphérique taillée dans 
la Yoúte et reposant par sa base sur une terre meuble qui a 
envalii la partie inférieure de la calotte. Ce vase n'a pu étre 
porté en cet endroit par un étre vivant: il semble que l'eau 
seule ait dú le soulever jusqu'au faite de la salle et le laisser 
en se retirant reposer sur la boue; mais dans cette salle la 
terre tres séche et tres tenue ne g-ardait aucuiie trace d'inon- 
dation. Jlnclinerais done a croire que ce rase ainsi que deux 
ou trois autres trouvés dans les mémes conditions ont été jetes 
dans la chambre deja presque entiérement comblée et portes 
contre la Yoúte par le choc de la terre qui continuait á tomber 
en biais par rouverture supérieure. 

Telle est la disposition des strates; il me reste maintenaiit 
á faire riiistorique des fouilles et á diré un mot de la maniere 
dont nous les avons exécutées. 



^ IV. 

HISTORIQUE DES FOriLLES. 

Les fouilles ont coinmencé en Octobre 1892. M. Quintero ve- 
nait de partir pour Madrid; je me trouvai ainsi privé de mon 
premier compagiion d'expédition ; mais nous n'eii continuá- 
mes pas moins les recherches commencées. 

Nous ne pouvions du premier coup arriver á une parfaite 
org-anisation. Comme toute chose au monde, l'exploration de 
la g-rotte dut suivre la voie du prog-rés. Les debuts fiirent tres 
humbles, soit parce que nous ne soupconnions pas encoré 
l'étendue de nos découvertes, soit parce que nous étions con- 
traints de proceder avec prudence. 



•<;51) 



Capelle. — uécouvertes préhistoriques. 



167 



La g-rotte en eífet est située aii milieii d'une rég-ion iuculte 
■et deserte, dans un ravin caché á tous les reg-ards. II ijous fut 
long-temps diíficile d'en connaitre le véritable propriétaire. 




..d 



.../ 



FiG. 11. — Premiére chambre á droite de l'entrée. ÍDessin de P. Quintero.) 



■a. Terre k débris.— Sepultura remaniée. 

b. Lit de charbons, 

■í. Couche de cendres mélées de char- 

bon. 
■d. Terre rougeatre. 



e. Débris de calcaires plus ou moins 

soudés entre eux. 
/. Rochers soudés aux parois, sous les- 

quels partent des g:aleries secoa- 

daires. 



163 ANALES DE HISTORIA NATUKAL. (52> 

Tout le pays environnant appartenait autrefois aux Santiag-is- 
tes d'Uclés ou aux dominicains d'Ocaña. Aprés rextinction de 
rOrdre de Saint-Jacques et rexclaustration des moines, leurs 
biens furent veiidus a vil prix. Divers particuliers se les par- 
tagérent. Tout ce qui n'entra pas en lig'ue de compte fut attri- 
bué aux municipalités. II faut croire que la démarcation des 
limites ne se fitpas d'uue facón fortrig-oureuse, puisqu'il nous 
fut long-temps impossible de savoir á, qui appartenait la g-rotte. 

Nous lie pouvions cependant passer en pourparlers un temps 
précieux et nous commencámes k explorer la caA-erne. , 

Toutefois il fallait se mettre á roeuvre sans éveiller Tatten- 
tion; car, ne pouvant disposer que d'un jour par semaine, je 
devais laisser le cliamp libre á tout venant pendant les six 
autres journées. Or si Ton avait eu vent de nos travaux, une 
nuée de chercheurs de trésors se seraient abattus sur la g-rotte. 

Je m'enveloppai done du plus g-rand mystére. Accompag-né 
seulement d'un ou deux de mes amis, j'arrivais á la g-rotte 
avant l'aurore: nous en sortions seulement lorsque le soleil 
s'était dérobé derriére l'horizon. Qui done eút pu soupconner 
qu'á 100 pieds sous terre, nous g-rattions le sol avec ardeur? 

Les premieres excursions furent consacrées á reconnaitre la 
caverne: nous entreprimes ensuite les fouilles avec métliode, 
en commencant par le bas. Nous cachions g-énéralement dans 
une anfractuosité voisine de l'entrée nos habits et nos vivres; 
puis nous nous laissions g-lisser le long" de la pente rapide 
jusqu'au cliantier que nous avions clioisi. Le travail durait 
de sept heures et demie á midi. Amidi, au sig-nal donné, nous 
nous réunissions tous dans une petite chambre dont la voúte 
noircie nous disait assez qu'elle avait pu servir de cuisine aux 
trog-lodytes (1): nous y trouvámes plus tard en abondance des 
os éclatés et des débris de nourriture et de foyer. A une heure 
et demie, on se remettait ál'ouvrag-e et Ton sortait de la gTotte 
k la uuit tombante. 



(1) L'appétit , la gaité, souvent la joie d'heureuses découvertes faisaient le meil- 
leur assaisonnement de nos modestes déjeuners. Si un indigéne, non moins curieux 
et plus hardi que les autres, se fiit alors aventuré á travers les sombres méandres de 
la caverne, en se trouvant tout h coup face k face avec trois vigoureux g-aillards, á 
l'accoutrement bizarre, assis devant une table de pierre et vaguement éclairés par 
les lueurs fantastiques de deux lampes fumeuses, il eüt cru voir attablés autour de 
leurs festins barbares les troglodytes des aaciens ages. 



(53) Capelle. — découyertes préhtstoriques. leo 

Tels furent nos debuts: comme on le voit, ils étaieut em- 
preints cVune certaine poésie. Mais nous ne tardámes point á 
nous convaincre que ce mode d'exploration était peu pratique. 
II ne suñisait point en eífet de remuer le sol; forcé était de trou- 
ver un débouché aux décombres qui s'amoncelaient, élever 
avec les pierres que nos reclierches mettaient au jour des mu- 
railles capables de contenir la terre. En un mot s'il fallait des 
cliercheurs, il fallait aussi des ouvriers. Toutefois avant d'en- 
treprendre en g-rand les fouilles, je voulus m'assurer de leur 
valeur et me muñir des autorisations nécessaires. Je présen- 
tai vers la fin de Décembre aux professeurs du Muséum de 
Madrid les ossements d'animaux que j'avais rencontrés et 
j'allai étudier au Musée arcliéolog-ique les diíférents types de 
poteries anciennes qui s'y conservent. Tout le monde fut d'avis 
que les fouilles devaient continuer. 

Je revins done á Uclés, decide á reprendre les travaux. Mais 
j'appris, á mon arrivée, qu'un envieux, il s'en trouve partout, 
ayant eu veut de nos fouilles et du but de mon voyag-e , avait, 
sans autre forme de procés , fait murer la g-rotte , de sa propre 
autorité et sans en avertir personne. Sur ees entrefaites, nous 
parvinmes á savoir enñii le nom du propriétaire. C'était un 
ing-énieur attaché au ministére de l'Instruction publique, 
M. Greg-orio Alonso y Grimaldi, résidant k Madrid. Son frére, 
M. José María Alonso, était Tadministrateur de la propriété. 
Je me rendis cliez lui sans tarder et j'en obtins toutes les au- 
torisations désirables. 

Deux jours aprés nous revenions a la g-rotte. II ne nous fallut 
pas moins d'une matinée pour extraire les blocs de rochers 
qu'on avait jetes dans le puits: aprés quoi, nous nous remimes 
a Toeuvre avec entrain. Les travaux recommencérent vers la 
mi-Janvier 1893: ils furent abandonnés k deux reprises durant 
un mois ou un mois et demi par suite du mauvais temps ou 
du manque de loisirs. Je cessai, faute de ressources, toute ex- 
ploration vers la fin de Septembre, aprés une somme totale de 
quarante excursions environ, pendant lesquelles le nombre 
des travailleurs avait varié de trois á douze. 

En Novembre, Son Excellence M. le Marquis de Comillas 
voulut bien nous envoyer un délég'ué qui se cliarg-eait de nous 
aider dans nos reclierches: mes occupations du moment ne me 
permirent mallieureusement pas de dirig-er ees travaux. Le 



170 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (51) 

délég'ué revint aprés deux jours passés á la gTotte, en disaut 
qu'il ii'y avait plus rien á trouver. Je suis cependant d'avis 
que nous sommes loin d'avoir découvert tout ce que renferme 
cette colline oü, si je me base sur les indications de M. Louis 
Siret, ce ii'est pas une liabitation, c'est un villag-e ou une ville 
en partie souterraine de Váge du bronze que nous avons re- 
trouvée. Aprés quelques journées de travail et de recherches 
perseverantes il ne serait point malaisé, je crois, de démon- 
trer que mes esperances sont lég'itimes; mais il faut, pour con- 
tinuer les fouilles, des ressources que nous n'avons pas. 

Je terminerai ce cliapitre en indiquant la métliode que nous 
avons suivie pour faire le relevé de toutes les trouvailles. Mais 
je dois avouer tout d'abord qu'il n'est pas possible de jug"er 
d'aprés la couclie oú il aura été trouvé de Fág-e auquel peut se 
rapporter un instrument ou une poterie : car on en trouve de 
semblables á toutes les hauteurs. Je n'ai pas cru pouvoir don- 
ner une idee plus exacte de la composition de ees strates et 
de notre métliode d'investig-ation qu'en transcrivant quelques 
extraits pris au liasard dans notre journal de découvertes. 
Chacun de mes compag-nons était tenu de consigiier sur le 
papier, le lendemain ou le soir méme de chaqué expédition, 
le résultat de ses travaux personnels. Ce sont lá les documents 
qui ont servi de base á ce travail. Je les transcris sans y rien 
cliang'er. 

Excursión du 31 — 1 — 93. 

Lien des fouiUes: Diverticule á droite de la g-alerie princi- 
j)ale, k peu de distance des lampes. — Long-ueur, 3 métres; lar- 
g"eur, 1,50 m. — État du sol, meuble. — Épaisseur variant de O á 
60 centimétres. 

1° Conche superficielle g-rattée depuis peu (excursión pre- 
cedente), formée de terre noire, de pierres et de téts. 

2" Conche plus profonde rég-uliére; strate compacte, for- 
mée d'une páte liante comme de Targ-ile et de tres nombreux 
débris org-aniques, morceaux de charbon et de bois, etc. 

3" Le reste, tres pauvre en terre , formé principalement de 
pierres, de débris de poteries, os, charbon. 

Ohjets trouvés: 1" Petit pot: conche superficielle, contre la 
paroi du diverticule. 



<55) Capelle. — découyertes préhistoriques. ni 

2° Hache en pierre polie, impossible de préciser: je la crois 
des couclies siiperficielles, au-dessus de Targ-ile. 

3" Ciseaii en cuivre: S'"® conche. 

4" Ornement en forme de bouton: s'est montré dans un 
éboulement de la tranchée verticale — probablement du méme 
dépót que la piéce métallique. 

5" Grand morceau de poterie (depuis brisé en deux): 3'"'' 
couche. Renfermait un contenu tout différent des matériaux 
environnants, formant une masse unie, g-rasse au toucher, 
qui s'est détachée en g-ardant la forme de la poterie: — fouillée 
avec soin, elle n'a fourni que quelques os. 

6" Petit amas d'os filiformes: couche 3""*^. 

7" Ossements divers cá et lá. 

Olservation. — Le sol rocheux du diverticule est tres inég-al 
et la couche 3"^*^ parait y avoir été amenée par des gdissades 
fíuccessives (des grietas font communiquer avec la g-alerie). — 
La couche 2"'« parait avoir été formée sur place — parmi les 
cbjets trouvés appartenant á la 2"^*^ conche, il faut sig'ualer 
encoré : 

8" Matiére blanche a étudier au jour (structure apparente 
du charbon de bois). 



Excursión du 28 — 2 — 93. 

Place fouillée: La «sépulture?». — Le sol était libre sous la 
grande dalle transversale qui forme voúte — mais des pierres 
grosses et moyennes étaient entassées et fermaient Tonverture 
qui fait communiquer avec Texcavation continuant sous la 
g-alerie principale. — Pierres enlevées: excavation visitée. — Le 
sol présentait peu de matériaux a fouiller: tout saupoudré de 
ble qui parait avoir glissé par les fissures de Tamas qui est 
au-dessus (tres important) — charbon, — morceaux de roche 
noircis par le feu. — Tas de ble ag-gloméré, dont un irisé. 

Sol de la «séjmlím'e» a fourni parties de squelette: 

1" D'enfant (dents , vertebres cervicales, phalanges...) — 
placees superficiellement contre les grosses pierres dont il a 
été question. — Au dessous couche de poussiére d'os. 

2° D'adulte (humérus perforé, partie inférieure du radius..., 



I'ÍS ANALES DE HISTOEIA NATURAL. (SSf 

g-rosse tete spong-ieuse)... placees siiperficiellement á l'autre 
extrémité. — Au-dessous couclie de poussiére d'os. 

La trancliée dii sol offrait une épaisseur máxima de 50 cm. — 
Plusieurs strates distinctes indiquant Tarrivée successive des 
matériaiix par gUssades. — Les plus profondes formées de pier- 
res, de tessons nombreux et de ble, — tout cela tres meuble. 
Vers la superficie une couclie plus réguliére et plus liée par 
de la terre noire. 

Je ne veux point prolong-er ees citations qui n'oífrent du 
reste par elles-mémes aucun intérét; mais elles suffiront á dé- 
montrer avec quels soins nous avons fait nos reclierches. Je 
ne confiáis g'énéralement Je travail des fouilles qu'á mes amis 
ou a des ouvriers sur lesquels je pouvais compter. Les autres 
s'occupaient a déblayer le terrain précédemment fouillé, á. 
construiré des murailles, á rejeter la terre dans les g-aleries 
déjá explorées. Mais quand la tache devenait trop ardue ou 
dang-ereuse, il était diíñcile de la laisser tout entiére á nos 
hommes. On verra d'aprés un exemple comment nous procé- 
dions d'ordinaire dans ees circonstances. Je venáis d'assister 
avec un de mes amis á l'exploration des trois petites cham- 
bres, faisant suite á la 2"'" galle: quand ce travail fut terminé, 
nous attaquñmes de bas en haut le mur de terre et de pierres 
qui obstruait les couloirs supérieurs de communication avec 
la g-alerie céntrale. II y avait lá un dang-er réel, á cause de la 
rapidité de la pente et des enormes rochers qui surplombaient 
sur notre tete, préts á, se détacher au premier mouvement de 
la masse de terre qui les tenait assujettis: aussi nous laissámes 
derriére nous tous les ouvriers, leur enjoig-nant de seborner á. 
enlever les décombres á mesure qu'ils tomberaient. Puis nous 
nous mimes á l'ceuvre. Les pieds appuyés sur la pente raide, 
m'arc-boutant d'un bras contre la paroi de la caverne, de l'au- 
tre je jouais du pie. Quelques g-ros rochers nous donnérent 
beaucoup de mal; mais ce fut bien une autre afí'aire, quand 
je me vis tout á coup en face d'une vraie muraille de pierres 
qui obstruaient le conduit. Ce conduit, fort rapide des l'abord, 
devenait ensuite perpendiculaire, de telle sorte que les maté- 
riaux á extraire se trouvaient á ¡^eu prés sur notre tete ; il y 
avait lá plusieurs métres cubes de rochers, se soutenant á 
peine les uns les autres et menacant d'écraser de leur masse 
quiconque les ferait tomber. 



<57) Capelle. — décoüvertes préhistoriques. 173 

II fallait cependant se resondre h en provoqner Tébonlement. 
Les onvriers se g^arérent de leur mieux dans les conloirs voi- 
sins. Qnand ils y furent en súreté, je les priai de venir me dé- 
^ag-er, le mur nne fois demolí. Tont dang-er sérieux étant ainsi 
ecarte, je me g-arai dans un trou lateral oíi je pus m'introduire 
en rampant, et armé d'une long-ue barre, je commencai du 
fond de ma retraite k saper la muraille par la base. La besog-ne 
n'était point aisée; j'avais la face centre terre, le corps serré 
•comme dans un étau: c'est k peine s'il m'était possible de mou- 
voir les bras. Mais la recompense de nos efforts ne se fit pas 
long-temps attendre. Sons Timpulsion du levier, un des blocs 
se détacha: aussitót une avalanclie de terre et de pierres passa 
«omme un éclair devant mes yeux. L'obstacle était vaincu. 
Toutefois ma position n'était pas g-aie. Le courant d'air pro- 
duit par la chute avait éteint la lumiére et je me trouvais blo- 
que dans mon terrier par les décombres. 

Heureusement les ouvriers accoururent sans retard, et ils 
me rendirent la liberté. Le moment était venu de fouiller les 
débris: nous eúmes la joie d'y trouver une abondante moisson 
de poteries et d'instruments (1). 



(¡) Nous n'avons eu aucun accident notable ü rléplorer, malgré les inevitables 
-dangers que prt'ísentent toujours ees sortes de travaux. Un jour c'est un rocher du 
poids de plusieurs quintaux qui tombe perpendiculairement sur la tete d'un de mes 
ouvriers: mais celui-ci a le temps de se garer et eu est quitte pour la perte de sa cas- 
quette. Un autre jour, j'étais adossé contre un bloc enorme qui paraissait défler la 
picche pour longtemps. Un de mes meilleurs travailleurs s'appliquait á le déchaus- 
•ser. Tout á coup un glissemeut de terre imprévu fait rouler le rocher, dont le faite 
va. fort heureusement s'arc-bouter contre la paroi voisine. Sans cela nous étions l'un 
et l'autre écrasés par sa chute. Plus d'une fois, en déblayant une galerie, je fus en- 
trainé par un éboulement et me relevai tout meurtri au milieu des os et des tessons 
préhistoriques queje venáis de mettre ;\ découvert. 

Le beau temps favorisa généralement notre entreprise; mais nos deux derniéres 
-explorations furent, h ce point de vue, moins fortunées que les precedentes. Nous 
fumes enveloppés le 14 Septembre dans l'épouvantable trombe qui s'abattit sur la 
nouvelle Castille et fit tant de victimes, á Villacañas, aprés avoir ravagé toute la 
•contrée. Nous avions quitté Uclés par un fort vilain temps. Le ciel était terne, gris 
<l'acier. Ce n'était plus ce ciel bleu de Castille, oü les peintres d'antan découpaient 
■d'ordinaire le manteaude leurs Vierges Un mauvais ventdu SE. faisait rage depuis 
^uatre ou cinq jours. L'horizon était ce relé de noir. La journée, qui s'ouvrait sous de 
si facheux auspices , fut plus fructueuse que de coutume , et nous remontámes vers 
les cinq heures du soir, chargés de dépouilles opimes. L'état du ciel avait bien chan- 
té; le cercle noir s'était retréci; le vent, qui soufflait plus furieux que jamáis, avait 
déjá bien de la peine á contenir la tempéte. Des quatre heures, deux de mes com- 
|»agnoDS, apres avoir passé la soirée sur la coUine, jugtrent plus prudent de regagner 



V 



174 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (58) 

J'en ai dit assez, je crois, sur la maniere dont nous avons 
procede aux fouilles. Nous examinerons dans les cliapitres 
suivants quels objets elles ont mis au jour et quelle lumiére 
elles projettent sur la civilisation de nos trog'lodytes. 



Uclés: un seul préféra mattendre et rentrer avec moi. Laissant en arriera nos ou- 
vriers qui s'attardaient á goúter, nous primes précipitamment notre route á travers 
la colline. Des que nous en eümes gravi le sommet, il nous fut aisé de voir quel dan- 
g:er allait fondre sur nous. Nous espérions pourtant l'éviter encoré: cet espoir nous 
donna des ailes; mais il ne devait point tarder á étre décu. 

II n'était pas encoré six heures, et déjá un grondement sourd et continu s'élevait 
vers le SO. On eüt dit de lourdes et innombrables batteries d'artillerie roulant sur 
un sol rocailleux. Les nuag-es s'illuminaient de splendides éclairs: des gerbes d'étin- 
celles jaillissaient a tous les coins du ciel. Nous volions vers la route de Valence; 
mais l'orage volait plus vite que nous. Les premiers grélons nous atteignirent á la 
hauteur des vignes de Villarrubio. Nous étions á plus d'une heure de distance de 
toute habitation. Une clioza en paille se dressait au milieu des vignes. Nous voulü-: 
mes nous y réfugier; mais elle était fermée: ce fut un bonheur pour nous; car une 
heure aprés elle était balayée par l'inondation. 

Je ne raconterai pas les mille et une péripéties de cette odyssée. Aveuglés par la 
foudre, criblés par la gréle, le visage ruisselant d'eau, la respiration coupée par le 
vent, nous allions par cette nuit noire, seuls dans ce pays desolé, nous cramponnant 
l'un á l'autre pour nous garantir des faux pas et éviter d'étre separes. Ce n'était 
pas de la pluie, cetait une nappe d'eau qui tombait du ciel. Des torrents se formaient 
aux moindres sinuosités des coUines, entrainant dans leur course folie les rochers, 
la terre, les vignes, ravinant les chemins, bouleversant les champs. 

Le chemin creux qui méne íi Uclés suit le bas de la vallée. Nous y eümes bientót 
de l'eau jusqu'a la ceinture, et le torrent grossissait toujours. II fallut gagner préci- 
pitamment les hauteurs oü nous trouvames un refuge dans une miserable cabane. 
C'est lii que nous attendimes , transís de froid, la fia de l'orage. 

Cette expédition fut l'avant-derniére. Je revins encoré une fois ;i la grotte; puis je 
laissai la pioclie pour mettre la main íi la plume. 



LA 

PENÍNSULA IBÉRICA SEÍSMICA 

Y 

STJS OOLOIsri-AuS, 

POR 

F. DE MONTESSUS DE BALLORE. 



(Sesión del 10 de Enero de 1894. 



Desde tiempos remotísimos, desde que el hombre atemori- 
zado por tremendas catástrofes causadas por el jueg'o de las 
fuerzas naturales, como huracanes, terremotos, erupciones 
volcánicas, etc., busca sus causas y los medios de precaverse 
de tales peligTOS, innumerables hipótesis han sido presentadas 
para explicar estos temibles fenómenos. A pesar de los esfuer- 
zos de los filósofos antig-uos desde Aristóteles hasta Plinio y 
Séneca, no obstante los trabajos de los sabios modernos como 
Von Hofí", Mallet, Perrey, Fuchs, Falb y otros muchos, y en fin, 
á pesar de las observaciones de los seismólog'os japoneses é 
italianos del día, no hay, tal vez, entre las ciencias naturales 
un ramo todavía tan misterioso como la seismología ó sea el 
estudio de los movimientos de la corteza terrestre. La meteoro- 
log-ía moderna se desarrolla brillantemente buscando y descu- 
briendo poco á poco las leyes de los movimientos del aire y de 
los meteoros que nacen en su seno, y todo induce á creer que 
en un porvenir poco lejano se preveerán las tempestades, las 
lluvias y los cambios de tiempo. Así los pelig-ros temidos para 
las cosechas y la naveg-ación, podrán, á lo menos, disminuirse, 
si no evitarse del todo. En cuanto á los g-eólog-os, han estu- 
diado las capas exteriores de la tierra con tanto éxito, que los 
movimientos terrestres ocurridos en los tiempos anteriores á 



176 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

la venida del hombre, son ahora mejor conocidos que los que 
presenciamos diariamente , y que se manifiestan por terremo- 
tos y erupciones. 

¿De dónde viene tanta ignorancia nuestra, respecto á los 
fenómenos sísmicos, mientras que los meteorológicos y los 
g-eológicos son ahora bastante bien conocidos? Es que los pri- 
meros tienen su origen en el interior de la tierra, y á una 
profundidad, ora grande, ora pequeña, pero del todo inacce- 
sible á nuestros sentidos y medios de investigación. 

Por esto, en vez de considerar los seísmos como fenómenos 
de la dinámica terrestre interna, se han buscado sus causas en 
la atmósfera, en los espacios cósmicos é interplanetarios, en 
fin, en todas, partes salvo en las del interior del globo, donde se 
producen realmente; sencillo parece enunciar esta verdad, que 
los temblores nacen bajo nuestros pies, y sin embargo, esta 
idea tan lógica es muy reciente, y todavía no es aceptada por 
todos. 

Me vanaglorio con haber hasta la fecha hecho grandes es- 
fuerzos con el propósito de devolver á la geolog'ía un ramo, la 
seismología, que le ha sido robado por la meteorología y la 
astronomía. Este es, en pocas palabras, el plan que estoy des- 
arrollando desde hace muchos años. Después de haber sido 
testigo ocular de numerosos temblores mientras habitaba la 
América central, tan célebre por las catástrofes espantosas que 
tantas veces han asolado San Salvador y Guatemala, el caos 
de las teorías sísmicas me pareció científicamente intolerable, 
y puse una mano atrevida en medio de las contradicciones de 
los sabios que han estudiado los seísmos. 

Isumerosas leyes habían sido aceptadas, cimentadas en es- 
tadísticas insuficientes. Después de haber recopilado un gran 
número de fenómenos seísmicos (más de 80,000), observados en 
todas partes del mundo, he podido demostrar, por medio de es- 
tadísticas muy extensas, que los temblores no tienen relación 
alguna con las horas del día, es decir, con la posición relativa 
del sol, ni tampoco con las fases de la luna, ni con su distancia 
(apogeo y perigeo), ni con su posición relativa al lugar que 
tiembla, y que son independientes de las estaciones astronó- 
micas y de los puntos equinocciales y solsticiales. Todas estas 
influencias habían sido enunciadas, en particular, por el 
famoso seismólogo francés A. Perrey, y ya no subsisten. Por 



<3) Montessus de Ballore. — la península ibérica. i" 

lo que toca á la presión barométrica, probé también, por 
medio de mis propias observaciones sobre el Izalco (1880-85) y 
<ie las del observatorio de Guatemala (1853-63) que sus varia- 
<íiones no tienen influencia sobre las sacudidas terrestres, ni 
sobre las erupciones del citado volcán, que se producen re- 
gularmente de cuarto en cuarto de hora poco más ó menos. 
A priori, es evidente que las variaciones del peso de la 
-columna de aire que descansa sobre el suelo, no puede influir 
sobre los movimientos terrestres. Me falta todavía probar que 
tampoco tienen influencia las estaciones. Entre tantas teorías 
superficialmente sentadas, esta última es la única que merezca 
refutación seria por medio de cifras, porque si las ag-uas 
atmosféricas lleg*an en ciertas estaciones al contacto de las 
capas profundas muy cálidas, podría acontecer, que vapori- 
zándose bruscamente, produzcan explosiones, y por consi- 
g-uiente, sacudidas, ó bien que disolviendo ciertos estratos, 
estos, hundiéndose bajo el peso de los- superiores, sacudan el 
suelo. Estas hipótesis son lóg-icas, aunque yo las creo falsas. 
La cuestión queda, sin embarg-o, reservada. 

Puesto que los temblores de tierra se producen en el interior 
del ^lobo y tienen allá sus causas, allí es donde deben estu- 
diarse. Por desg-racia, los estratos terrestres nos son inaccesi- 
bles, cuando menos, á una distancia que no basta para el 
objeto. Tenemos que buscar indicios en la superficie, lo que 
embrolla mucho el asunto. Cualquiera quesead orig-en g-eolc- 
g-ico de los seísmos, hay que determinar, en primer lug-ar, los 
caracteres g-eológ-icos y g-eog-ráficos que diferencian entre sí los 
países en los cuales tiembla frecuente y fuertemente la tierra, 
de aquellos en los que estos fenómenos no ocurren ó son casi 
completamente desconocidos. Si los seísmos resultan única- 
mente de las fuerzas geológicas todavía en jueg-o, claro es 
que si no se descubren así sus causas primordiales, la seis- 
molog'ía, sin embarg-o, habrá dado un paso decisivo. 

Estas ideas no son completamente nuevas. Hace tiempo que 
se ha notado que, por ejemplo, en América, los temblores 
parecen tener relación con los g-randes relieves de la Sierra de 
los Andes desde el Cabo de Hornos hasta el estrecho de Bering-, 
mientras que la falda atlántica permanece estable, con excep- 
-ción de las partes de alto relieve, como México. Pero la cues- 
tión del relieve no influye sola, puesto que las faldas de ciertas 

ANALES DE HIST. NAT.— XXIII. 12 



178 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4> 

grandes sierras son alg-unas veces muy estables, por ejem- 
plo, las de los Pirineos, salvo en los alrededores del Béarn, en 
Francia, y otros muchos casos semejantes. 

Los terrenos volcánicos modernos ó antig'uos no son tam- 
poco muy inestables, por ejemplo, en Méjico y en los alrede- 
dores de los volcanes exting-uidos de Olot, en Cataluña; del 
Puy de Dome, en Auvernia; del Eifel, en AYestphalia. etc. 

No se sabe si los terrenos primarios se bailan más ó menos 
sacudidos que los secundarios y los terciarios. 

Alg"unos sabios lian mostrado la influencia de las ^< fallas.» 
por ejemplo, en Andalucía; pero el hecho recae principalmente 
sobre la propag-ación de las oscilaciones sísmicas, más que 
sobre su producción; la tierra no tiembla en todas las reg'iones 
muy quebrantadas. Además, quién sabe si tiembla mucho en 
aquellas porque están muy fracturadas, y por consig-uiente^ 
porque son poco sólidas, ó bien si están quebrantadas precisa- 
mente á causa de los muchos terremotos que las han sacudido 
por debajo desde los tiempos g-eológicos. 

Por fin, si hasta la fecha las relaciones de los seísmos con el 
relieve y la naturaleza del terreno han sido sospechadas, toda- 
vía no han sido sentadas de una manera que se aplique á 
todas las reg-iones en las cuales se notan los temblores. 

Para alcanzar este punto, hay que establecer, en primer 
lugar, una clasificación entre todas las reg"iones del g-lobo 
seg'ún el número y la intensidad de los temblores que sufre 
cada una, y por tanto, hallar un medio de representar numé- 
ricamente lo que puede llamarse su «seismicidad.» Una vez 
hecha esta clasificación, aparecerá claramente el conjunto de 
condiciones geológicas y g-eog-ráficas favorables á la produc- 
ción de los seísmos. 

¿Pero cómo cifrar la sismicidad de una reg-ión? 

Generalmente se relata que tal ciudad ha sido sacudida por 
un temblor. No siempre es este punto el centro del fenómeno; 
pero siendo lig-eros los temblores, y por consig"uiente, los que 
conmueven pequeña área, los más comunes, el verdadero centro 
lio estará muy lejcs del lugar señalado. Así, pues, apuntando 
con mi catálogo en los mapas los lug-ares sacudidos se deter- 
minarán, y de una manera bastante exacta, las reg-iones seís- 
micas por medio del agrupamiento de estos puntos. Esto se lee 
á la simple vista en los mapas adjuntos. 



(5) Montessus de Ballore. — la península ibérica. 1:9 

Conocidas las reg"iones liay que calcular sus seismicidades, 
contando para cada una con el número medio de los temblores 
y con la intensidad de los que la sacuden; y como en cuanto 
á este último elemento no se le ha podido cifrar matemática- 
mente todavía, faltando una escala que no sea convencional, 
como la de Rossi-Forel , queda sólo el número medio de tem- 
blores para evaluar la seismicidad. Afortunadamente aconte- 
ce que estos dos factores parecen ser g-eneralmente propor- 
cionales, esto es, que sólo los países en los cuales el suelo 
tiembla frecuentemente, padecen de terremotos asoladores, 
que es lo que de antig-uo decía el refrán: «donde ha tembla- 
do, allí temblará.» Bastará, pues, conocer el número medio 
de días durante los cuales tiembla anualmente la tierra en 
cada reg-ion, habiendo demostrado en otro trabajo que esta 
unidad es preferible al número mismo de temblores. Sea S' en 
kilómetros cuadrados la superficie de una reg-ión determinada 
como se ha dicho antes, y en la cual durante n años un obser- 
vador concienzudo haya notado ^j días de temblores, ya peque- 
ños, ya g-randes, pero que teng-an su centro dentro de ella; 

P 

^— sera el numero medio anual de días de temblores en ella. 

u 

p 
S: ^— será entonces la superficie de esta reg-ión sacudida me- 

dianamente un día al año. Cuanto menor sea este número, 
más frecuentemente la reg"ión estará sujeta á temblores. Así la 

superficie expresada en kilómetros cuadrados dará el 

P 
inverso de la sismicidad buscada. Para más comodidad se con- 
servará este número y no se empleará la sismicidad verda- 
dera — S-. 

Prácticamente, y seg"ún que estén los países más ó menos 
civilizados, es claro que la seismicidad deducida de mi catálog-o 
se aproximará más ó menos á su valor absoluto. Por ejemplo, 
es evidente que la seismicidad de la Andalucía se halla mu- 
cho mejor conocida que la de Marruecos, aunque muy proba- 
blemente sean ig-uales, ó cuando menos, poco diferentes. Pero 
lo que importa es el valor relativo, de tal suerte, que las cifras 
deducidas de las observaciones y de las relaciones pong-an las 
reg-iones seísmicas en el mismo orden en que hubiesen sido 



180 . ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

puestas con las seismicidades absolutas; en g'eneral, el número 
de los hechos es suficiente para que esta condición esté reali- 
zada; en caso contrario se prevendrá al lector. 

En los mapas adjuntos de la Península ibérica y de sus colo- 
nias el número colocado al lado de cada nombre indica el nú- 
mero de días que ha sido centro de movimiento seísmico, y no 
el número de veces que ha sido sacudido, este último mucho 
mayor que el primero, pues que de esta manera se desatiende 
el número de veces que el lug'ar ha sido comprendido en el 
área sacudida por un g'ran temblor, teniendo su centro en 
otro punto. 

Ahora sig'uen alg-unos pormenores sucintos sobre las 24 re- 
g-iones, en las cuales se han dividido estos países, y en el 
orden de su seismicidad decreciente. 

1. Azores. — Seismicidad: 294 km.^ — Esta seismicidad muy 
fuerte ha sido calculada, teniendo en cuenta no solamente la 
superficie de las islas, sino también la del mar interpuesto, 
pues es claro que para los archipiélag-os en el área sumergida 
debe estar tantas veces como en la emerg"ida el centro de los 
fenómenos seísmicos. Por consig-uiente, al no tomar más que 
la superficie terrestre, la seismicidad calculada sería mayor 
que la verdadera en proporción del área marítima desaten- 
dida. Este error sería mucho más g-rave para las pequeñas islas 
aisladas, caso en que el método no puede emplearse. 

2. Canarias. — Seismicidad: 2.117 km.^ — Esta cifra parece 
menor que la verdadera. Es probable que debería aproximarse 
más á la de las Azores, pero los documentos no son suficientes. 

Faltando casi completamente las observaciones, no se ha 
podido calcular la seismicidad délas islas de Cabo Verde; debe 
también aproximarse á la de las Azores. 

3. Puerto-Bico. — Seismicidad: 2.289 km.^ 

4. Provincia de las Camarines en la isla de Liizón. — Seismici- 
dad: 2.876 km.2 — Esta reglón comprende la parte del S. de 
Luzón desde el istmo de Atimonan. La seismicidad de las 
cuatro reg-iones, en las cuales se ha dividido la isla, está 
bastante bien conocida , habiéndose podido aprovechar las 
observaciones hechas en el observatorio de Manila desde mu- 
chos años, y las hechas en lo demás del archipiélag-o y que 
están ¡Dublicadas en el Boletín de este establecimiento. 

5. Manila. — Seismicidad: 2.983 km.^ — Esta región se ex- 



(7) Montessus de Ballore. — la península ibérica. isi 

tiende desde el istmo de Atimonan hasta una línea que va 
del g-olfo de Ling-ayen hasta la bahía de Baler, pasando por las 
montañas de donde sale el Río Grande. Manila y las Camari- 
nes tienen casi las mismas seismicidades, de lo cual se deduce 
que los volcanes Taal y Mayon tendrían igaial influencia sobre 
la producción de los temblores. 

6. llocos, en ¡a isla de Liizón. — Seismicidad: 3.714 km .^ — Esta 
reg"ión se extiende al O. de la cuenca del Río Grande, com- 
prendiendo las sierras intrincadas que bajan al Océano. 

7. Málaga. — Seismicidad: 7.262 km.^ — Esta seismicidad no 
es tan fuerte como á primera ojeada la darían á suponer los 
desastres de 1884-85 y de 1804. Es que las ruinas han sido 
muy aumentadas por los defectos de las construcciones en 
Andalucía; en la América central este terremoto no hubiera 
tenido muy g-ran importancia, ni tampoco en las Filipinas. 
Estas series numerosísimas deben considerarse como fenóme- 
nos anormales. Sin esta precaución, la seismicidad hubiese 
sido ig-ual á 353 km. 2, así muy errónea. 

La región malag-ueña comprende el litoral desde la emboca- 
dura del río Guadalhorce, hasta la punta de Elena, extendién- 
dose en el interior hasta Granada, pero sin abrazar la Sierra 
Nevada, cuya masa parece constituir un obstáculo invencible 
á la propagación de los temblores, que refluyen contra ella sin 
poderla sacudir. 

8. Mindanao. — Seismicidad: 7.776 km. 2 — Esta cifra tendrá 
en lo futuro que aumentarse notablemente, cuando puedan 
utilizarse observaciones hechas por más tiempo en Zamboan- 
g-a, Pollok y Surig-ao. Entonces se determinarán probable- 
mente dos ó tres regiones seísmicas diferentes. 

9. Timor. — Seismicidad: 7.930 km.^ — Este número, muy 
bien determinado, ha sido deducido de las observaciones 
hechas en la parte holandesa, suponiendo que la seismicidad 
tendría el mismo valor en la parte portuguesa, en la cual no 
se hacen observaciones seguidas. Esta isla pertenece á una 
reg-ión de las más importantes que se extiende desde Bali 
hasta Timor-Laut en la prolongación del eje volcánico javanés. 

10. Valencia y Murcia. — Seismicidad: 8.022 km. 2 — Esta 
reg-ión comprende la costa desde la Sierra Almag-rera, al N. 
del río Almanzora, hasta Valencia, extendiéndose á unos 
60 km. en el interior. 



182 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

11. Lishoa. — Seismicidad: 9.800 km.^ — Esta reg'ióu se ex- 
tiende desde Setubal hasta la embocadura del río Litz, es- 
tando sus límites en el interior mal fijados al E. de Lisboa. 
Recordándose las catástrofes de 1531 y de 1755, asombrará tal 
vez ver tan pequeña seismicidad. Es que estos terremotos no 
pertenecen verdaderamente al continente, pero si al Océano 
Atlántico, sea que se liayan orig'inado en las Azores, sea que 
sus centros hubiesen estado al O. de este archipiélag-o. 

12. CiiM oriental. — Seismicidad: 12.770 km.- — El límite 
occidental de esta reg-ión corre desde la embocadura del río 
Canto, sig'uiéndolo hasta su unión con el río Salado, hasta 
Jibara, al SE. del banco de Bahama. Cuba es la parte menos 
sacudida de las Antillas. 

13. Zuzón NE. — Seismicidad: 14.124 km.^ — Esta reg'ión com- 
prende la costa, al N. de la bahía de Baler y la cuenca del Río 
Grande. Tiene en la nueva Écija el importante centro seísmico 
de Dupac. estudiado en 1880-81 por el P. Xabert. 

14. Arcliiiñélago Fili^ñno, compre luliendo las islas entre 
Zuzón y Miiulanao. — Seismicidad: 21.050 km.^ — Si las observa- 
ciones en la isla de Mindoro y las de la g-ranja modelo Carlota 
en la de NegTos duraran desde más años, este número tendría 
probablemente que aumentarse. 

No se sabe nada sobre la seismicidad de las islas Calamia- 
nes, Palarran, Joló, Carolinas, Marianas y Ladrones. Es muy 
probable que la de este último archipiélag-o sea muy g-rande. 
pues que en 1849 de la Gironiére, observó veintinueve días de 
temblores en Umata, isla de Guam, del 24 de Enero al 11 de 
Marzo. Aunque esta serie pueda haber sido anormal, sin ein- 
barg'o, una seismicidad fuerte queda probable. 

15. Almería. — Seismicidad: 22.821 km.^ — Esta reg-ión se 
extiende alrededor de los ríos de Almería y Almanzora, pasando 
hasta Baza, del otro lado de la sierra de Lucar, y abrazando, 
pues, los manantiales del Guadiana Menor. Sin haber des- 
atendido como anormal la serie de 1863, la sismicidad hubiese 
sido mucho más g-rande, é ig-ual á 9.244 km.^ 

16. Cnl)a central. — Seismicidad: 41.170 km.^ 

17. Cataluña. — Seismicidad: 64.590 km.^ — Esta reg'ión está 
limitada al O. por una línea que, abrazando la parte superior 
de la hoya del Seg*re, alcanza el mar á la embocadura del Ebro. 
Se notará la poca influencia de los volcanes exting-uidos de Olot. 



<9) Montessus de Ballore. — la península ibérica. i83 

18. Andalucía. — Seismicidad: 85.204 km.- — La parte princi- 
pal de esta reg-ión es la cuenca del río Guadalquivir. Está limi- 
tada al N. por una línea que va de Huelva hasta Linares, 
pasando por Córdoba, y se termina en la sierra de Lucar. 

19. Región de Daussy, ¡jarte interior. — Seismicidad: 107.365 
kilómetros cuadrados. — Esta reg-ión seísmica lia sido descu- 
bierta en 1838 por el ing-eniero liidróg-rafo francés Daussy. 
Este sabio, compulsando los diarios de á bordo de muchos 
navios, se asombró de los numerosos terremotos de mar 
señalados en diferentes puntos del Atlántico situados al E. 
de la roca de San Pablo entre 1° al N. y 3° al S., y desde 18" 
hasta 26° al O. del meridiano de París. Pong-o el Atlántico 
en la presente monog"rafía, porque presenta este Océano casi 
únicamente colonias españolas y portug'uesas. Muchas veces 
también los naveg*antes han visto humo neg-ro salir del mar 
en estos parajes, y los puentes y aparejos de sus naves han 
sido cubiertos por cenizas, muy diferentes de las arenas que 
procedentes del Sahara, y que empujadas por el viento, vie- 
nen, á veces, hasta las Canarias y las islas de Cabo Verde. 
Aquí hay, evidentemente, un volcán submarino, ó mejor 
dicho, una sierra volcánica submarina, cuyos esfuerzos han 
sido notados por los naveg-antes, y que forma un anillo de la 
cadena volcánica que casi sin interrupción se extiende desde 
las Azores hasta Tristán de Acunlia, comprendiendo Madera, 
las Canarias, las islas de Cabo Verde, la roca de San Pablo, la 
Ascensión y Santa Elena, que para alg-unos son los vestig-ios 
del célebre, pero nada más que hipotético, continente sumer- 
gido, la Atlántida. 

Lo más cierto es que si los azares de la naveg*ación han per- 
mitido el cálculo de la seismicidad de esta reg'ión , podemos 
suponer que es en realidad mucho más fuerte. Seg'ún la den- 
sidad y el agrupamiento de los puntos señalados y determina- 
dos por sus latitudes y long-itudes, dos regiones aparecen en 
€l mapa, una interior en forma de lemniscata aplastada, otra 
exterior en la de una judía. Las seismicidades calculadas, 
pero ciertamente muy erróneas por defecto, son respectiva- 
mente 107.365 y 737.066 km.^ 

20. Ci(t)a ocdr/e;¿¿;«Z.— Seismicidad: 128.252 km. 2— Esta re- 
g'ión está limitada al E. por una línea que va del fondo de la 
bahía de la Broa al S.. hasta la punta Icacos al N. 



184 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (1(>>. 

21. Portugal y EspaRa NO. — Seismicidad: 272.351 km.2— 
Esta reg-ión está limitada más convencional que naturalmente 
por las fronteras de ambos países, y por dos líneas de las cua- 
les una alcanza el Océano al N. de Gijón, y la seg-unda al O. en 
Setubal, pasando por Olivenza y Beja. 

22. Navarra. — Seismicidad: 301.500 km.^ — Esta reg-ión for- 
ma un triáng'ulo, cuya base se apoya en el g^olfo de Gascuña 
desde Marquina hasta San Sebastián, y en los Pirineos desde 
esta última ciudad hasta Orbaiceta, mientras que su vértice 
está situado en Calahorra y Arnedo. 

23. JEs2)aña central. — Seismicidad: 606.656 km.^ — Esta re— 
g-ión comprende lo que queda de la Península , una vez supri- 
midas las reg"iones seísmicas anteriormente descritas. 

Se notará un pequeño centro seísmico en las sierras de Al- 
barracín y "del Tremedal, pero cuya seismicidad, probable- 
mente escasa, no ha podido calcularse, no siendo suficientes 
las observaciones. Lo mismo ha sucedido para las islas Balea- 
res, á pesar de las de Pablo Boury en 1851 y 1852; debe ser 
bastante fuerte. 

La Península tiene una seismicidad g-eneral ig-ual á 83.922 
kilómetros cuadrados, más teórica que verdadera. 

24. Región de Daussy, liarte exterior. — Seismicidad: 737.066 
kilómetros cuadrados. — Véase antes núm. 19. 

Estos sucintos pormenores muestran cuántas reg-iones tienen 
seismicidad bastante mal determinada, á pesar de mis trabajos. 
y del número considerable de seísmos sobre los cuales está 
fundado. Pero la ciencia debe contentarse con adelantar pasa 
á paso, y muy á menudo, sin atreverse á sacar de los hechos, 
más de lo que pueden dar, y sobre todo, sin eng'añarse á sí 
misma sobre el alcance de sus descubrimientos sucesivos. Sólo- 
á este precio aumentarán nuestros conocimientos, sin que pa- 
dezca la ciencia al retroceder por culpa de brillantes, pera 
falsas hipótesis. 

Belle-Ile-eu-mer, "25 de Noviembre de 1893. 



ESTEÜCTÜRA 



DEL 



GMGLIO DE LA ILIBEILA DE IOS MAMÍEEROS. 



zDOitT s. í^^ivioisr ir o^^-vJ^Xj. 



(Sesión del 4 de Julio de 1894) 



El g-ang"lio de la habenula, descrito primeramente por Mei- 
nert, es un pequeño acumulo de substancia g-ris situado en la 
unión de la cara interna con la superior del tálamo óptico, en 
el espesor mismo de la estría medular de este órg-ano (fre- 
nos de la glándula pineal). Seg'ún aquel autor, de la habenula 
procede un fascículo de fibras nerviosas que, descendiendo 
oblicuamente por el espesor del tálamo, se termina en la subs- 
tancia g-ris interpeduncular. Este haz ha recibido el nombre 
de reiro-re/lejo (Meinert) ó manojo de Meinert (Forel). 

El g-ang-lio de la habenula constituye un órg-ano esencial en 
la construcción del encéfalo , pues no falta en ning-ún verte- 
brado , y hasta parece adquirir, conforme se desciende en la 
escala animal, un volumen relativo mayor. Las indag-aciones 
de Eding-er (1), Mayser (2), P. Ramón (3), han aportado muchos 
datos relativos á la homolog-ía y conexiones de este centro; 
pero sólo van Gehuchten (4) ha log-rado , g-racias al método de 



(1) Edinger: Unters2ichungen über die vergleichetide Anatomie der Gehirns. II, Das 
ZíCischenhirn. ]h9'2. 

(2) Mayser: Vergleichend anatomische Studieii ueber das Gehini der Kaochenfische 
mil besonderer Berucksichtigung der Cyprinoiden. — Zeitschr.f. wiss ZooL, Bd. 36, 1882. 

(.3) P. Ramóx y Cajal: Investigaciones micrográjlcas en el encéfalo de los batracios 
>j reptiles, etc. Zaragoza, 1894. 

(,4) Van Gehuchten: Contribution d Vétude du systéme uervenx des te'léosíe'ens.— 
la celia le, t. x, 18S)3. 



186 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

Golg-i, esclarecer la morfolog-ía de las células que lo pueblan 
y el orig-en de las fibras del fascículo de Meinert. Confirmando 
las inducciones de Gudden (quien después de la extirpación 
de la liabenula en los mamíferos había notado una deg-enera- 
ción secundaria descendente del manojo retro-reñejo), van 
Geliucliten ha acertado á ver en los teleósteos que dicho fas- 
cículo se compone de la reunión de los cilindros-ejes de las 
células yacentes en la liabenula, los cuales, después de entre- 
cruzarse en la línea media, acaban por arborizaciones libres 
en el espesor del g-angdio interpeduncular. Disposición pare- 
cida hemos confirmado nosotros en el salmón y barbo de po- 
cos días (1). 

Pero todas estas observaciones histológ-icas refiérense á los 
vertebrados inferiores. De la estructura de la liabenula de los 
mamíferos no tenemos ning'ún conocimiento preciso, por no 
haberse aplicado, que sepamos, los métodos reveladores de las 
expansiones protoplásmicas y nerviosas. Lo que sabemos con- 
cierne, más que á la textura, á la disposición macroscópica 
y relaciones topog-ráficas de aquel centro. Esta consideración 
nos ha movido á estudiar con los métodos de Weig"ert, de Golg-i 
y de Cox, el g-ang-lio de la liabenula del ratón, conejo, cone- 
jillo de Indias, g-ato y perro. En el presente escrito damos un 
resumen de los resultados obtenidos. 

La liabenula de los pequeños mamíferos es un órg-ano muy 
aparente que afecta la misma disposición macroscópica que la 
del hombre. Un corte transversal del cerebro intermediario, 
que interese el centro de la liabenula, muestra este g"aiig*lio 
bajo la forma de un abultamiento ovoideo, recubierto hacia 
arriba y hacia fuera por manojos de fibras medulares (siria 
medullaris), y separado hacia adentro del ventrículo medio, á 
favor de una pequeña depresión. Un examen superficial del 
corte teñido jDor el proceder de AVeig^ert-Pal ó por el carmín 
de Grenacher, revela ya que dicho gang-lio no es un órg-ano 
homog'éneo, sino que en realidad se compone de dos masas 
grises de estructura alg"o diversa, que por su situación distin- 
g"uiremos en núcleo interno y núcleo externo. 

Núcleo ó ganglio interno. (Fig\ \,A). Constituye la por- 



(1) S. R- Cajal: Xotas preventivas sobre la estructura del encéfalo de los teleósteos.— 
(Anales de la Soc. Esp. de Hist. nat., 2.' serie, tomo ni, 1891.) 



(3) Cajal. — ESTRUCTURA DE LA HABENULA DE LOS MAMÍFEROS. 187 

€iün más característica de la liabenula, y se distíng-ue por el 
número y pequenez extraordinarios de sus células, así como 
por las tupidas y sing'ulares arborizacioues nerviosas que la 
cruzan. 

FiR. L 




^/v:«if5 



Corte transversal de la habenula del conejo adulto. (Método de Weigert-Pal.) 

A, foco gris interno; B, foco externo; C, porción inicial del manojo retro-reflejo; T^, ven- 
trículo medio; D, porción superior del tálamo; a, porción de la stría cuyas Abras 
van al foco interno; b. haces de la stría, destinados al foco externo. 

a Células. — Son de talla menuda, casi tanto como los g'ranos 
del cerebelo. En el g-ato y perro de pocos días, donde las liemos 
estudiado especialmente, casi todas estas células afectan fig-ura 
estrellada; alg-unas muestran, no obstante, formas de huso ó 
de pera; su distribución no obedece á ley alg'una, hallándose 
dispersas por el g'angdio, constituyendo una masa apretada 
que se limita hacia adentro por el epitelio, y hacia afuera por 
haces de fibras meduladas que la separan del núcleo externo. 

Las expansiones protoplásmicas , en número de dos , tres ó 
más, nacen gruesas, marchan en direcciones varias, y cada 
una de ellas emite un número considerable de ramillas termi- 
nales de contornos ásperos, á menudo espinosos ó verrug'osos, 
y de curso sumamente intrincado. La poca longitud de las 



188 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(4y 



ramas secundarias y terciarias, el apiñamiento de estas en un 
recinto limitado, así como el curso laberíntico de las mismas^ 
presta á las células de la liabenula un carácter especial que 
permite disting-uirlas al primer g-olpe de vista de cualquier 
elemento de los centros. (Fig-. 2, ^1.) 



Fifr. 2. 



, ^&Sff^ &k ilEw^ 




Ganglio de la habenula del perro recién nacido. 

/I , células del foco interno; B, células del foco externo; í? , corte transversal de las 
fibras de la síWíi meduUaris; Z), fascículo retro-reflejo; a, cilindros-ejes de la? 
células del foco interno; S, cilindros-ejes de las del externo. 



-<5) 



Cajal. — ESTRUCTURA DE LA HABENULA DE LOS MAMÍFEROS. 189 



En el conejo de ocho días estas células no han alcanzado la 
plenitud de su desarrollo, afectando una morfología distinta 
ÁG las adultas. Casi todas se muestran fusiformes, con un tallo 
protoplásmico, g-rueso y de contorno áspero, á menudo diri- 
g-ido hacia arriba y afuera. Las prolongaciones protoplásmi- 
cas secundarias son poco numerosas, y aparecen recubiertas 
de espinas colaterales ó de excrecencias verrugosas bastante 
largas. (Fig\ 3, a.) 



Fia-. 3. 




Ganglio de la habenula del conejo de ocho días. 

a , células del ganglio interno ; b , arborizaciones terminales de las fibras de la stría; 
d, cilindros-ejes constitutivos del fascículo de Meinert. 



El cilindro-eje de las células del ganglio interno es fino, y 
brota comunmente del cuerpo celular, rara vez de una expan- 
.sión protoplásmica. En las células adultas, ó casi adultas, su 
.curso es complicado ; á menudo asciende para descender des- 



190 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

pues; otras veces se dirige hacia adentro ó hacia afuera, do- 
bhíndose ulteriormente para hacerse vertical; en todo caso, 
después de un trayecto variable, g-ana la parte inferior y exter- 
na del g-angdio, é ing-resa en el fascículo de Meinert. En el 
conejo y ratón de pocos días, el curso del cilindro-eje es menos 
complicado, dirig-iéndose desde lueg-o hacia afuera y abajo. 
En el g-ato y perro estos cilindros-ejes presentan alg-iinas cola- 
terales (en número de 1, 2 6 3), que se ramifican y pierden en 
el espesor mismo del g-ang'lio interno, como poniéndose en 
conexión con las células de éste; pero vense también expan- 
siones nerviosas completamente desprovistas de colaterales. 
Una vez que dichos cilindros-ejes ing*resan en el haz retro- 
reflejo, conservan su individualidad, sin ramificarse, por lo 
menos en la mayor parte de su trayecto. 

b Fibras nerriosas. — El espesor del g-ang-lio interno de la 
habenula está lleno de arborizaciones terminales de fibras ner- 
viosas desprendidas de los manojos constitutivos de lo que se 
llama la es/r/'a medular del ren trienio medio ó de la capa óptica. 
Este es un hecho que puede fácilmente observarse tanto en las 
preparaciones de Weig-ert-Pal como en las de Golg-i. Dichas 
fibras son espesas, descienden de la estría medular, inclinán- 
dose de arriba á abajo y de afuera á adentro, y poseen envol- 
tura de mielina hasta cerca de su arborización terminal. El 
curso de algunas fibras es más complicado, trazando g-randes 
vueltas y hasta recurriendo para terminarse cerca de la estría; 
pero en todo caso acaban en el espesor del ganglio interno, 
sin transponer sus fronteras. 

Tocante á la arborización nerviosa terminal , es una de las 
más notables que nos presentan los centros nerviosos. En vez 
de la ramificación amplia, difusa y floja que parece ser lo ca- 
racterístico de la terminación de las fibras nerviosas del cere- 
bro y masas grises centrales, observamos aquí una arboriza- 
ción riquísima, notablemente tupida, de ramita^s fuertemente 
varicosas y tan próximas, á veces, que á nada pueden compa- 
rarse mejor que á los plexos apretados que rodean las células 
de Purkinje del cerebelo. Hay parajes en que la arborización 
se presenta como un nido de maleza en donde es imposible 
discernir el origen y la terminación de las fibrillas secunda- 
rias. Por lo común, antes de emitir las ramas terminales la 
fibra se espesa; luego suministra dos ó tres ramas que no tar- 



(7) Cajal. — ESTRUCTURA DE LA HABENULA DE LOS MAMÍFEROS. 191 

dan en resolverse en verdaderos penachos de hilos g-roseros, 
varicosos , íntimamente entremezclados. Cada arborización 
suele contener tres ó cuatro huecos correspondientes al cuer- 
po de otras tantas células nerviosas; por manera que la comu- 
nicación, al ig'ual de lo ocurrido con otras células centrales, 
no es individual, es decir, de una fibra á una célula, sino de 
una fibra terminal á un g-rupo más ó menos numeroso de cor- 
púsculos nerviosos. En ocasiones, las fibras nerviosas emiten, 
además de su arborización terminal, alg-una rama colateral 
previa, también acabada en nidos pericelulares. Por lo demás, 
estas sing'ulares arborizaciones presentan ig-ual aspecto en 
cuantos mamíferos las hemos estudiado: el ratón, conejo, 
perro y g"ato; solamente varía la extensión de las mismas, que 
es mayor en los animales de g-ran encéfalo. 

De lo expuesto se sig'ue, que el g"angdio interno, parte prin- 
cipal y característica de la habenula, recibe fibras nerviosas 
de los manojos internos de la st7'ia me,duUaris , y por consi- 
g"uiente, que existe un centro nervioso (aquel donde tienen su 
orig-en las fibras de dicha estría) que transmite á la habenula 
corrientes centrífug"as , las cuales, derivando por el fascículo 
retro-reñejo, van á obrar sobre el g-angdio interpeduncular. 

¿De dónde provienen las fibras de la stria medullaris^ En 
cortes horizontales seriados del encéfalo del ratón liémoslas 
seg'uido hasta la parte anterior del tálamo óptico, donde se 
hacen descendentes; pero no hemos log-rado determinar sus 
células de orig-en. De todos modos, cabe afirmar que la stria 
meduUaris de los mamíferos es un haz homólog'o del que Ediu- 
g"er y nosotros hemos descrito en los peces, manojo que Ueg-a 
del cerebro con el fascículo basal y se termina mediante arbo- 
rizaciones libres entre las células de la habenula. 

Ganglio externo. Consta de células g-ruesas, estrelladas, 
provistas de apéndices diverg-entes y de gran long-itud , al 
modo de los de casi todas las células del tálamo óptico y pro- 
tuberancia. (Fig-. 2, B.) Estas células, abundantes en la re- 
g-ión inferior del g-ang-lio , están entremezcladas con manojos 
de fibras meduladas antero-posteriores en la porción supero- 
externa del mismo. Tales manojos corresponden á la mitad 
externa de la stria meduUaris. 

El cilindro-eje de alg-unas de estas células es g-rueso, sumi- 
nistra tres, cuatro ó más colaterales, distribuidas en el espe- 



192 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(8) 



sor mismo del núcleo externo (fig\ 2, V), y, después de un tra- 
yecto variable, ing-resa en el fascículo de Meinert, donde des- 
taca por su relativo espesor de las otras fibras constitutivas, 
que son delg-adas y provienen, como dejamos dicho, de los 
pequeños corpúsculos del g-angiio interno. 

Otros elementos emiten cilindros-ejes que se dirig-en hacia 



Fií 




^^L 



Arborizaciones nerviosas del foco interno del ganglio de la habenula del 
conejo de ocho días. 



a, arborización simple; c, arborización doble; b, corte transversal de la porción interua 
de la siria mediillaris ; e, origen del liaz retro-reflejo. 



(9) Cajal. — ESTRUCTURA DE LA HABENULA DE LOS MAMÍFEROS. 193 

afuera y aun hacia arriba , suministrando un g-ran número de 
colaterales ramificadas y terminadas entre los cuerpos celula- 
res; pero no habiendo podido seg'uir dichas expansiones fun- 
cionales durante un trayecto suficiente, no podemos decir si 
se comportan como las de las demás células, contribuyendo 
á formar el fascículo de Meinert, ó si llevan un camino dife- 
rente. 

Entre las células del núcleo externo se advierte un plexo 
sumamente tupido, pero formado de hebras finas, g'ranulosas 
(en lo que discrepa del yacente en el foco interno), difusamente 
ramificadas. Es indudable que una g-ran parte de estas arbori- 
zaciones representan la terminación de fibras desprendidas de 
los manojos externos de la siria mcdvJlaris: pero juzg-amos 
probable que una buena porción dimana de otras reg-iones, 
todavía indeterminadas, del tálamo óptico. Sobre este punto, 
así como tocante al orig-en de las fibras de la stria, son preci- 
sas nuevas y más jjrofundas investig'aciones. ¿Qué relaciones 
tiene la habenula con la g-lándula pineal y con el nervio ópti- 
co? Respecto á este último nervio podemos aseg-urar que jamás 
penetran sus fibras en la habenula. Nuestras observaciones en 
ratas, á quienes se extirpó el gdobo del ojo, y cuyos centros 
nerviosos fueron tratados por el método de Marchi, prueban 
que las fibras lleg-adas de la retina penetran en el espesor de 
los cuerpos g-eniculados, así como en la zona profunda de los 
tubérculos cuadrig-éminos, pero no abordan nunca la línea 
media, ni penetran en ning-uno de los dos focos g-rises de la 
habenula. Con todo, debemos hacer constar que en los teleós- 
teos hemos creído notar la existencia de un hacecillo de fibras 
que, saliendo de la habenula. ing-resaba en el nervio óptico. 
Ig-noramos qué sigmificación puedan tener tales fibras , que 
parecen haber sido vistas también por Eding-er. 

Tocante á la g-lándula pineal , las conexiones que mantiene 
con la habenula son de mera contig-üidad. El pedúnculo de 
dicha g-lándula es un haz arqueado de fibrillas que parece jun- 
tar las dos habenulas, pero del cual no se desprende una sola 
fibra ascendente para aquel órg-ano. En cambio hemos adver- 
tido en el espesor de la g-lándula pineal una infinidad de fibras 
nerviosas ramificadas , dispuestas en plexo y á la manera del 
que muestran las g-lándulas verdaderas. Hacia la base de la 
g-lándula estas fibras nerviosas, reunidas en hacecillos, g-anan 

ANALES DE HIST. NAT. — XXIII. 13 



DI ANALES DE HISTOEIA NATURAL. (10) 

las paredes de los vasos de la tela coroidea, continuándose con 
el rico plexo simpático envolvente de las g-ruesas arterias del 
cerebro. 

En cuanto al modo de orig-en de la comisura de la habenula 
ó pedúnculo de la glándula pineal , nuestras observaciones no 
son todavía suficientes. 



ALGUNAS CONTRIBUCIONES 



AL 



COiClHIElTO DE LOS GilGLIOS DEL ENCÉFALO. 



iDonsr s. i^j^iyionsr ir oj^cíj^Xj. 



(Sesión del 1.° de Agosto de 1894.) 



I.— Puente de Varolio. 

La morfolog-ía y conexiones de las células de los g-ang-lios 
<lel puente de Yarolio son muy poco conocidas. El primer en- 
sayo con el método de Golg-i lo debemos á Livio Vincenzi (1), 
quien describió las células de dichos g-ang-lios como corpúscu- 
los pequeños, fusiformes ó triang'ulares, de expansiones rami- 
:ficadas. KoUiker (2) ha teñido estas células en el g-ato y conejo, 
y ha confirmado las descripciones de Vincenzi, hallando ade- 
más un plexo intersticial de fibrillas, en g-ran parte meduladas, 
de que ya había hablado Bechterew (3). Pero ni Vincenzi ni 
Külliker, parecen haber seg-uido lo suficiente los cilindros-ejes 
de las células del puente. 

Nuestros trabajos, realizados por los métodos de Golgi y Vei- 
g-ert en la protuberancia del g-ato, perro, conejo de Indias, rata 
y ratón blancos, nos permiten dar como seg-uras las sig-uientes 
conclusiones. 

Los hacecillos de las pirámides suministran, á su paso por la 
protuberancia, una cantidad extraordinaria de colaterales fini- 



(1) Vincenzi: Sesiones de la Academia de Tnrin. 2.^ serie, t. xxxvii, 1889. 

(2) Kolliker: Handbucli der Qe^oebelelire des Menschen. 6 Aufl. 1893. 
{3) Bechterew: .Ve?«'o%/íc/¿eCe«;i-íz;5/a«. 1885, Bd. 5. 



196 ANALES DE HISTORIA NATURAL. ("2; 

?imas, ramificadas y terminadas libremente entre las células 
del puente. Estas colaterales llenan toda la masa gTis de la 
protuberancia, marchando en distinta dirección seg'ún su ori- 
g'en. Las que proceden de los fascículos anteriores de las pirá- 
mides,. se distribuyen en la masa central y sig:uen en g-ran 
parte una dirección postero-anterior. Las que proceden de los 
manojos piramidales más hondos, se pierden en los tabiques 
g-rises intercalados. Las colaterales y sus innumerables ramifi- 
caciones constituyen en toda la substancia g-ris de la protube- 
rancia un plexo tupidísimo, en el cual se ven numerosos hue- 
cos donde se alojan las células nerviosas. (Fig*. 1. D.) 

Las células de la protuberancia afectan una fig-ura. ya trian- 
g'ular, ya estrellada, ya de huso, y exhiben expansiones proto- 
plásmicas no muy larg-as, varicosas, varias veces dicotomiza- 
das y sin orientación preferente. Su talla es comparable á la 
de los corpúsculos de las olivas bulbares. Ocupan estas células 
todo el espacio que inedia entre las fibras transversales más 
superficiales y el plano anterior del lemnisco interno ó porción 
media de la cinta de Reil. Muchas de ellas rellenan los inters- 
ticios de los haces de las pirámides, mostrándose más ó menos 
horizontales. (Fig-. 1.) 

El cilindro-eje es fino y no suministra colaterales que, caso 
de existir, ó deben ser poquísimas ó acaso se desarrollen más 
tardíamente (nuestras observaciones han recaído en mamíferos 
recién nacidos ó, de pocos días). El curso de dicha expansión 
es variable para cada zona de substancia g*ris. Los cilindros- 
ejes nacidos de células situadas delante de las pirámides, diri- 
g-ense comunmente adelante, lleg-an á la superficie del puente 
y tórnanse horizontales para g^anar, una vez cruzada la línea 
media, los manojos de substancia blanca del otro lado. En otras 
células, el cilindro-eje marcha resueltamente hacia adentro y 
se continúa con una fibra transversal del otro lado. Pero exis- 
ten también expansiones nerviosas que, 3'a directamente, ya 
después de inflexiones y revueltas, ing-resan en los paquetes 
de fibras nerviosas de su lado, marchando hacia afuera, sin 
pasar por la línea media. En resumen; los cilindros-ejes de las 
células del puente se continúan, las más, con las fibras de los 
pedúnculos medios del lado opuesto, las menos, con las fibras 
de ig'ual naturaleza, pero del mismo lado. Esto no es sino la 
expresión de lo que nuestras preparaciones presentan; no pe- 



(3) 



Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 



197 



demos neg'ar la existencia de células cuyo cilindro-eje se com- 
porte de otro modo; declaramos solamente que hasta ahora no 
se han mostrado en nuestras impreg'naciones. 
En los cortes transversales de la protuberancia del ratón do 



Fi». 1. 







^^^^»te^^ 



Corte transversal de la protuberancia del perro recién nacido. 

A, haces de la vía iJÍramidal; B, lemnisco interno; D, plexo nervioso formado por co- 
laterales de las pirámides; a, célula cuyo cilindi'o-eje marchaba hacia afuera; 
5, células cuyo cilindro-eje iba hacia el rafe.— Nota: el cilindro-eje está marcado 
con la letra c. 



pocos días, es fácil seg-uir los cilindros-ejes de las células del 
puente, á lo larg-o de los pedúnculos cerebelosos medios, hasta 
los hemisferios cerebelosos, de cuya substancia blanca consti- 
tuyen un factor importante. En alg'unos casos hemos tenido la 
fortuna de perseg-uir dichas fibras hasta el espesor mismo de 
las láminas cerebelosas, habiendo notado que, de trecho en 
trecho, suministran colaterales ascendentes penetrantes en la 
capa de los granos. La delg-adez notable de las fibras de orig-en 
protuberancial con relación á las demás fibras constitutivas de 



19Í 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(4> 



la substancia blanca cerebelosa, y el hecho frecuente de que 
cuando las primeras se tifien por el cromato arg-éntico, las 
seg-undas permanecen incoloras, contribuyen también á impe- 
dir la confusión de las unas con las otras. 



Fig. 2. 




Porción anterior de la protuberancia del ratón de dos dias. 

A , pirámides; B , lemnisco interno ; C , células de la protuberancia ; c, cilindros-ejes; 

O, colaterales de las pirámides. 

Pero, como es sabido, los pedúnculos cerebelosos medios 
contienen también fibras g-ruesas más tempranamente medu- 
ladas, especialmente acumuladas en el tercio posterior de la 
protuberancia, allí donde los focos de substancia g'ris disminu- 
yen notablemente. Las experiencias de Bechterew y Ming-azzini, 
las de Marchi y las que nosotros mismos hemos realizado por 
el método de las deg-eneraciones, prueban que estas g-ruesas 
fibras nacen del cerebelo en las células de Purkiiije, y después 
de cruzar el rafe protuberancia!, se terminan en la substaniiOr 
reticuJaris y en el nudens reticularis tegmenti de Bechterew. En 
este punto tales fibras cerebelosas centrífug-as actuarían sobre 



(5) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 199 

células cuyos cilindros-ejes formarían una vía long-itudinal en- 
lazada quizás, como quiere Bechterew, con los núcleos de orig-en 
de los nervios motores craneales, á los que llevaría el cerebelo 
su acción reg-ulatriz. También KoUiker se inclina á estimar 
formada la protuberancia de dos clases de fibras, las centrípe- 
tas, que saldrían del puente y se terminarían en el cerebelo, 
y las centrífug-as que desde las células de Purkinje del cerebelo 
marcharían al puente donde se comunicarían con el hemisfe- 
rio cerebeloso del otro lado. 

Nuestras tentativas para teñir por el cromato arg-éntico las 
fibras del puente Ueg-adas del cerebelo no han sido acompaña- 
das de éxito más que en el ratón recién nacido. Como muestra 
la fig-. 3, C, dichas fibras son mucho más espesas que las orig-i- 
nadas en las células del puente, cruzan en hacecillos la línea 
media, pasando muchas por entre los manojos de las pirámi- 
des, y al lleg-ar á una reg-ión situada por fuera del lemnisco 
medio, no lejos de la raíz descendente del trig-émino y detrás 
del núcleo del facial, se incurvan bruscamente para tomar 
dirección antero-posterior (fig*. 3, E). Alg-unas de ellas se conti- 
núan con una fibra long-itudinal ascendente ó descendente por 
mero acodamiento; pero las más se bifurcan, suministrando ya 
dos ramas ig-uales, ascendente una y descendente otra, ya dos 
ramas desig"uales, de que la descendente suele ser más del- 
g-ada que la ascendente. Este caso nos ha parecido ser el más 
g-eneral, aunque se encuentre alg-una vez la disposición con- 
traria, es decir, que la rama descendente sea más robusta que 
la ascendente. Finalmente, no es raro notar que, antes de la 
bifurcación, el tallo nervioso emite una ó dos colaterales que 
parecen destinadas á la oliva superior (fig-. 3). Del curso lon- 
g-itudinal de ambas fibras, descendente y ascendente (las cua- 
les no siempre marchan en el mismo plano), proceden colate- 
rales probablemente terminadas en torno de las células de la 
suhstantia fetmilaris y en el espesor de los núcleos del facial y 
de otros nervios motores. 

Sin neg-ar la existencia de fibras comisurales, tales como la 
seg-unda clase de las mencionadas por Kolliker, ni pretender 
prejuzg-ar la solución de las múltiples cuestiones que todavía 
ofrece la anatomía del puente de Varolio, nosotros nos limi- 
taremos á dar como seg-uras las sig-uientes conclusiones ana- 
tomo-fisiológ-icas. 



200 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(6) 



1. El puente de Yarolio es punto de orig-en de la mayor 
parte de las fibras constitutivas de los pedúnculos cerebelosos 
medios; estas fibras abordan la substancia blanca del cerebelo, 
de la cual pasan á la corteza de las laminillas, continuándose 
quizás con las llamadas fibras trepadoras. 

2. El puente consta también de fibras de Purkinje del 
cerebelo que, después de cruzar el rafe y descender por él más 
ó menos verticalmente, se hacen long-itudinales en la substan- 
iia reticuJaris del lado opuesto. 

3. Estos hechos, junto con la existencia de las colaterales 
protuberanciales de la vía piramidal, arrojan alg-ima luz sobre 



Fig. 3. 



JAS%íi«5?:^Í«aSa!?SSzB ^. 




Corte frontal de la porción posterior de la protuberancia del ratón 
recién nacido. 

.1 , haces de las pirámides: /?, lemnisco interno; C, fibras llegadas del cerebelo; 
i, bifurcaciones de estas fibras; Z), rafe; £", región de la oliva superior. 



el mecanismo de acción del cerebro sobre el cerebelo. Por 
ejemplo: supong-amos que el cerebro envía á los miisculos á lo 
larg'o de la vía piramidal, una incitación motriz voluntaria. Al 
nivel de la protuberancia, y merced á las colaterales supradi- 
chas, una parte de la corriente nerviosa derivará hacia el 
cerebelo por las fibras de origen protuberancial, á solicitar de 
las células de Purkinje y de sus corpúsculos subordinados una 
acción coordinatriz de la impulsión motora, que podría descen- 
der á los núcleos motores del bulbo y médula espinal, ya por 



(7) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 201 

la seg-unda especie de fibras protuberanciales, ya también pol- 
la vía de los cuerpos restiformes ó acaso por las fibras descen- 
dentes cerebelosas de Marclii, yacentes en el cordón antero- 
lateral. Resulta, pues, que el cerebelo tiene noticia de toda 
impulsión motriz voluntaria y que su concurso parece necesa- 
rio para la ejecución precisa y coordinada de los movimientos. 
4. La vía piramidal se halla enlazada, mediante colaterales, 
con varios focos g-rises cefálicos y medulares. Por ejemplo: con 
las células de los cuerpos estriados, á favor de las colaterales 
de los fascículos de la cápsula interna; con la sii'bstantia nigra 
de Soemering", á beneficio de otras colaterales surg-idas de la 
cara superior de los pedúnculos; con las células del puente, y, 
por tanto, con la corteza cerebelosa, mediante las citadas cola- 
terales protuberanciales; y, finalmente, y con ayuda de colate- 
rales de los cordones, con todos los núcleos motores del bulbo 
3^ médula espinal. 



II. — Ganglios cerebelosos. 

La substancia blanca del cerebelo aloja en su seno, como es 
sabido, varios focos g'rises que en el hombre son: la oliva ó 
núcleo dentado, g-angdio voluminoso situado- con el espesor de 
los hemisferios; el núcleo del techo, foco g-ris irreg'ular colocado 
por dentro del precedente é insinuado en g-ran parte en la 
substancia blanca del lóbulo medio; y, en fin, dos pequeñas 
masas g'rises, emplazadas entre los dos g-angdios citados, y 
desig^nadas émdolo y núcleo glodidoso. 

En ciertos animales, en el g-ato por ejemplo, estos últimos 
focos, forman uno solo (KoUiker). Seg'ún nuestras observacio- 
nes, en el conejillo de Indias, conejo, rata y ratón, sólo apare- 
cen bien deslindados dos focos g-rises: uno externo, voluminoso, 
de contornos lobulados, que corresponde á la oliva; otro 
interno, irregular, emplazado en la substancia blanca del 
lóbulo medio y recorrido por g-ruesos haces de fibras nerviosas, 
y que corresponde indudablemente al ganglio del techo. La 
separación de la oliva y del núcleo del techo es perfecta hacia 
adelante, pero hacia atrás se aproximan tanto que Ueg'an á 
tocarse y confundirse. En las preparaciones de Weig-ert-Pal, 
nótase además que, á medida que dichos focos se hacen poste- 



202 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

riores y se avecinan á la región de orig-en del acústico, se hace 
más aparente un cordón de hacecillos medulados que parece 
unir el núcleo de Deiters con el del techo y en parte con la 
oliva (manojo ceredeloso-acústico). 

En las aves no existiría, seg"ún KoUiker (1), más que el 
núcleo del techo; no obstante, Brandis (2) ha descrito reciente- 
mente en el cerebelo de estos animales dos ag-lomeraciones 
g-angiionares, interna y externa; y si hemos de dar fe á nues- 
tras indag-aciones por el método de Weig-ert-Pal, recaídas en la 
g-allina y alg"unos pájaros, lejos de haber reducción en el 
número de gangiios y células con relación á los pequeños 
mamíferos, habría más bien aumento. Así en los pájaros, cerca 
de la línea media y lindantes con una cavidad en forma de 
rendija continuada con el ventrículo cuarto, se ven dos g'an- 
g-lios voluminosos que por su posición corresponden probable- 
mente á los g-ang-lios del techo de los mamíferos. Por fuera de 
estos focos, y en el espesor de la substancia blanca lateral, 
vense varios grupos celulares que en ciertos cortes aparecen 
unidos, constituyendo una masa g'ris en forma de semicírculo 
de concavidad superior. El conjunto de estos núcleos forma 
una masa considerable que corresponde quizás á la oliva de 
los mamíferos. Del g-angiio interno, ó del del techo, sale un 
manojo compacto de ñbras que se dirigió hacia abajo para 
marchar á la región del acústico, mientras que de los focos 
de la oliva proceden hacecillos diseminados, plexiformes, que 
se dirig-en ig-ualmente hacia el bulbo. Como ha indicado Bran- 
dis, las mitades laterales del cerebelo se comunican mediante 
una comisura de substancia blanca, que pasa por debajo de 
los núcleos del techo. 

No sólo en las aves sino hasta en los peces, cabe reconocer 
dos acúmulos g-anglionares bien deslindados en la substancia 
blanca cerebelosa. En los teleósteos hemos tenido ocasión de 
observar (3) que el acumulo interno, probablemente homólog'o 
al del techo de los mamíferos, consta de células cuyos cilin- 
dros-ejes penetran en el cerebelo para terminar en la corteza 



(1) Kolliker: Hamlhuch der Geioebelehre des Menscheii. 2 Band, 6' Aufl. 189;?. 

(2) Brandis: Untersuchungen uher das Gelúrn der Vogel, n Tlieil: Das Kleinhini. 
Archiv.f. mikroskopische Anatomie. 43 Band, 189 1. 

^3) Cajal: Notas preventivas sobre la estructura del encéfalo de los teleósteos. Anales 
jiR LA Soc. E6P. DE HiST. Nat. v.' scrie, t. III, 1891. 



(9) 



Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 



203 



(fig*. 4:, A). El acumulo externo se compone de células cuyas 
expansiones nerviosas marchan hacia el bulbo. En mi sentir, el 
prejuicio de estimar el g-ang-lio olivar anejo á los hemisferios 
y el del techo al lóbulo medio, no descansa en base suficiente; 
y juzg-amos mucho más probable, que dichos g-ang-lios tengan 
representación en tudo cerebelo, cualquiera que sea el des- 
arrollo relativo de los tres lóbulos corticales. 
Estructura del núcleo del techo. KoUiker, que ha teñido, 

Fií?. -1. 




Corte antero-posterior del arranque del cerebelo en la' trucha de pocas 
semanas. La sección pasa por fuera del ventrículo cerebeloso. 

A, ganglio de células unipolares ó bipolares, cuyo cilindro-eje penetra en el cerebelo; 
C, pedúnculo posterior; B, ganglio cerebeloso posterior; 7?, pedúnculo transver- 
sal; G, fibras del bulbo; /, células de Purkinje; F, granos; H, lóbulo óptico. 

por el método de Golg-i, las células de este ganglio, las des- 
cribe como corpúsculos voluminosos, multipolares, cuyos cilin- 
dros-ejes, dirigidos hacia el pedúnculo, no ha podido seguir 
suficientemente. Entre los mismos yace un plexo de fibras 
nerviosas semejante al que se ve en el núcleo dentado. El 
núcleo globoso posee una estructura análoga, salvo que sus 
elementos poseen menor estatura. 



201 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (10) 

Seg'ún Obersteiner (1), entre los dos núcleos del techo existen 
dos comisuras: una formada por la decusación de fibras que, 
saliendo del lado cerebral de un núcleo, se terminan en el 
lado dorsal del otro, y otra horizontal que junta las porciones 
caudales de los citados núcleos. Seg-ún Bechterew (2), los 
núcleos del techo eng-endrarían también un haz ascendente 
que ingresaría en el Termis superior. En nuestras prepara- 
ciones de la rata y ratón de pocos días, hemos podido notar 
este haz de Bechterew, haz que nos ha parecido constar de 
cilindros-ejes originados en las células del techo. De los siste- 
mas comisurales de Obersteiner, los pequeños mamíferos no 
permiten observar sino un gTueso fascículo transversal que 
juntaría ambos núcleos del techo; mas las^ fibras constitutivas 
de este haz, más que cilindros-ejes comisurales de los citados 
núcleos, parecen tubos entrecruzados lleg-ados de la corteza, y 
que sólo tendrían con los g-angiios del techo relaciones de 
contig-üidad. 

Tocante á la estructura misma de los g-angiios del techo, hé 
aquí lo que nuestras recientes observaciones nos permiten dar 
como seg'uro. Consta el g-ang-lio del techo de fibras de i)aso, de 
células nerviosas multipolares y de fibras terminales. (Fig-. 5, B.) 

Las fibras de j^aso constituyen hacecillos que cruzan todo el 
es])esor del g-angiio, marchando de fuera adentro y de abajo 
íi'rriba. para ing'resar en la substancia blanca del lóbulu medio. 
De cada fibra, ó al menos de alg-unas de ellas, parten finas 
colaterales que se ramifican ])rolijament^ en espesor del g'an- 
g'lio, y constituyen, en torno de las células, un plexo suma- 
mente intrincado. (Fig". o. c.) 

Las células, yacen entre los haces, alg-o separadas entre sí, y 
afectan fig-ura de huso, ó triang-ular, ó estrellada. Sus apéndi- 
ces protoplasmáticos son larg-os, se ramifican repetidas veces 
y muestran varicosidades ó espinas en sus contornos. Bajo el 
punto de vista del tamaño cabe disting-uir estos elementos en 
¿••ruesos y diminutos; pero no parecen existir entre estas dos 
variedades celulares diferencias de naturaleza. 

El cilindro-eje puede seg'uirse fácilmente hasta la substancia 



(I) Obersteiner: ylMÍfííííWí? beim Studium des Bañes der nervosen Centralorgane 6í. 
•2 A ufl. 18P2. 

Bechterew Arch.f. mikros. Anatoniie. 18S8. 



(11) 



Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 



205 



blanca, en donde por lo común cambia de dirección , substra- 
yéndose al examen. En el perro y gato recién nacidos, es siem- 
pre imposible perseguir suficientemente dicha expansión para 
pronunciarse tocante á su paradero; mas en el ratón recién 



Fiff. 5. 




Corte frontal del cerebelo y bulbo del ratón recién nf<cido. 

.-1 , ventrículo; B , gang-lio del techo; C, oliva; D, comisura que junta los dos núcleos 
del techo; E ^ tubérculo acústico; F, fascículo cerebeloso acústico terminado en 
los núcleos de Deíters y Bechterew ; G , nervio vestibular ; /, núcleo de Deiters; 
M , substancia blanca de un hemisferio cerebeloso; H, pedúnculo cerebeloso in- 
ferior; «, célula del techo, cuj-o cilindro-eje iba á la comisura cerebelosa; S, célu- 
las cuya expansión nerviosa parecía ir al manojo cerebeloso acústico; e, células 
de la oliva, cuyos cilindros-ejes iban hacia adentro;/, expansiones nerviosas del 
núcleo de Deiters; ¿, foco gris triangular; m, facial. 



nacido es relativamente fácil ver, sobre todo en las células más 
próximas á la línea central del lóbulo medio, que la expansión 
nerviosa ingresa en la substancia blanca de las laminillas 
cerebelosas del vermis, y marcha hacia adentro confundién- 



'206 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (12) 

dosé con las demás fibras del eje de las circunvoluciones cere- 
belosas. Puede darse, pues, como probable, que ciertas células 
del techo suministran cilindros-ejes distribuidos en la subs- 
tancia gris cerebelosa; aunque, no habiendo seg-uido tales 
fibras hasta su remate, no puede excluirse en absoluto la hipó- 
tesis de un curso extracerebeloso, tras de una decusación en la 
línea media. 

Fihras terminales.— L^& hemos visto rara vez, y parecen 
venir de la substancia blanca de las laminillas superpuestas. 
La arborización terminal es amplia, de ramos numerosos y 
larg-os. Estas arborizaciones aparecen más frecuentemente im- 
preg^nadas en las aves. 

Ganglio del techo de las aves. Como ha señalado Brandis, 
€l cerebelo de las aves posee un núcleo gris, voluminoso, 
situado á los lados de la línea media, entre la masa prin- 
cipal del cerebelo colocada por encima, y un pequeño lobulillo, 
probablemente homólog-o de la ling-ula de los mamíferos, 
yacente por debajo. Una rendija vertical continuada con la 
cavidad del cuarto ventrículo separa ambos g-ang'lios que, 
seg"ún todas las apariencias, corresponden á los del techo de 
los mamíferos. Las preparaciones ^Yeig■ert-Pal revelan la 
existencia de dos comisuras transversales, emplazada la prin- 
cipal por debajo de los g-ang-lios, y la más delg-ada por enci- 
ma. Llamarémoslas comisuras superior é inferior del cerebelo. 
Adviértese también que del gangiio del techo emerg-en fibras 
medulares para ambas comisuras, particularmente para la 
inferior, y que entre las células yace un plexo de fibrillas 
sumamente tupido. (Fig". 6.) 

La situación del gang-lio del techo es anterior con relación 
á la oliva. Los cortes transversales comprensivos del cerebelo 
y bulbo enfrente del orig-en real del patético muestran sola- 
mente los g-ang-lios del techo, que en tal reg-ión adquieren todo 
su desarrollo. Las secciones frontales más posteriores, que 
corresponden en el bulbo á la reg-ión de orig-en del nervio ves- 
tibular, exhiben de una manera exclusiva la cadena g-ang-lio- 
nar. sistema de células que parece ser homólog-o á la oliva. 
En fin, alg'unos de los cortes comprendidos entre estos límites, 
revelan ambas especies de g-ang-lios: junto á la línea media el 
foco g-ris del techo, alg-o disminuido en volumen, y hacia los 
lados y abajo la pléyade olivar. Como línea divisoria de la 



(13) 



Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 



207 



oliva y g-ang-lio del techo, se halla un plano casi vertical de 
fibras meduladas. 

El método de Golg'i aplicado al gang-lio del techo del embrión 
de pollo de catorce á dieciséis días, revela las partes siguien- 
tes: I.**, células; 2.% colaterales de fibras comisurales y de 
paso; 3/, arborizaciones terminales. 



Fig. 6. 




Corte frontal del ganglio del techo del cerebelo del pollo. Embrión de 16 dias. 

-1, prolongación del ventrículo del cerebelo; 5, coftiisura inferior; C, comisura supe- 
rior; a, célula cuya expansión nerviosa se dirigía hacia afuera y arriba ; e, d, cé- 
lulas cuya expansión nerviosa iba hacia abajo y afuera; b, fibras terminalee que 
llegaban de lo alto. 



Las células son, en g-eneral, de g-ran talla, triang-ulares ó 
estrelladas, y están provistas de larg-os brazos protoplásmicos, 
varias veces bifurcados y ya varicosos, ya espinosos. Bajo el 
punto de vista de la talla, distinguense también estas células 
en gruesas y diminutas. 



208 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (14^ 

El cilindro-eje lo hemos perseg-uido de preferencia en los 
corpúsculos voluminosos; es robusto y se dirige, después de 
alg-una inflexión, hacia la substancia blanca, continuándose 
con una fibra medular: de su curso á través del g-ang-lio brotan 
una ó dos colaterales, que se ramifican entre las células veci- 
nas, contribuyendo á complicar el plexo intercelular consti- 
tuido por las fibras terminales. (Fig-. 6, c.) 

Tocante al paradero del cilindro-eje, hé aquí lo que pode- 
mos dar como cierto: en la mayor parte de los casos, diríg'ese 
hacia abajo, y. llegado á la comisura inferior, se hace trans- 
versal, marchando con las fibras de este cordón de substancia 
blanca. Por lo común, los cilindros-ejes nacidos en el g-ang-lio 
de un lado diríg-ense hacia afuera con las fibras comisurales; 
pero se ven también otros que cruzan la línea media, ing-re- 
sando en la mitad opuesta de dicha comisura inferior. Alg-u- 
nos cilindros-ejes nacidos, por lo común, de corpúsculos exter- 
nos, g-anan la substancia blanca lateral, pareciendo ing-resar 
en la corteza cerebelosa. 

Las fibras de la comisura inferior no son necesariamente 
comisurales: según nuestras observaciones, este órg-ano repre- 
senta el eje blanco de una circunvolución cerebelosa. y á su 
nivel, cruzan transversalmente fibras de varias procedencias: 
cilindros-ejes pedunculares; fibras que, arribadas á las partes 
laterales del cerebelo, se ramifican en los extremos de láminas 
del lóbulo principal y en los ejes blancos de los hemisferios 
rudimentarios; fibras directas y cruzadas del g-ang-lio del techo, 
y en fin, otras cuyo orig-en no puede conjeturarse. En suma; 
creemos probable que las fibras de los g-ang-lios del techo pene- 
tran en la substancia blanca de las laminillas, y se distribu- 
yen en la corteza, sin que esto quiera decir que excluímos 
otros modos de terminación. 

Colaterales. — Alg-unas fibras de paso, pero sobre todo ciertos 
cilindros-ejes de la comisura inferior, emiten colaterales que se 
ramifican en la reg'ión interna é inferior del g-ang-lio del techo. 
Estas colaterales son poco numerosas y á veces vienen de fibras 
transversales muy distantes. 

Fibras terminales. — Son cilindros-ejes robustos que lleg-an al 
g-ang-lio del techo (fig-. 6, h), ya por arriba, del plano de la 
comisura superior, ya por los lados, de la substancia blanca 
lateral del cerebelo. Distíng-uense estas fibras fácilmente de 



<15) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 209 

los cilindros-ejes de los corpúsculos del techo, no sólo por su 
g-ran robustez, sino por las numerosas dicotomías en áng-ulo 
ag'udo que presentan, en virtud de las cuales originan una 
arborización nerviosa terminal de enorme extensión. El con- 
junto de la ramificación abarca todo ó casi todo el g-anglio, y 
de la reunión de las ramillas terminales más finas con las 
fibrillas colaterales antes citadas eng-éndrase un tupido plexo 
en cuyas mallas habitan los corpúsculos nerviosos. 

Olivas cerebelosas; su estructura en los mamíferos. Hemos 
estudiado estos ganglios en el gato y perro recién nacidos, y 
áobre todo en el ratón, donde hemos conseg'uido las mejores 
preparaciones. Consta la oliva en todos estos animales de tres 
factores principales: 1.", las células; 2.", las colaterales nacidas 
de fibras marginales y de paso, y 3.", las fibras terminales. 

Células. — Se muestran estrelladas, con apéndices divergentes 
repetidamente ramificados y cubiertos de asperezas. Existen 
asimismo células voluminosas y células enanas. No parecen 
•existir entre ambas especies de elementos diferencias de situa- 
ción, ni de morfología y conexiones. (Fig. 5, C.) 

El ciUiidro-eje es bastante robusto, y después de trazar 
alguna inñexión, ingresa en la substancia blanca, donde 
adquiere direcciones tan varias que es dificilísimo determinar 
su paradero. No obstante, en el ratón recién nacido, y en 
<?ortes transversales paralelos al arranque de los pedúnculos 
cerebelosos inferiores, hemos acertado á ver que una buena 
2)orción de las expansiones nerviosas de los corpúsculos oliva- 
res, dirígense hacia atrás abandonando definitivamente los 
hemisferios cerebelosos. En pro de un curso extra-cerebeloso 
ulterior de estos cilindros-ejes milita también el hecho siguien- 
te: en el ratón recién nacido las regiones lateral y superior de 
la oliva tocan materialmente los ejes blancos de las lamini- 
llas cerebelosas, y á pesar de lo favorable que es semejante 
disposición para sorprender el paso de dichos cilindros-ejes á 
la capa de los granos, jamás, en multitud de preparaciones, 
nos fué dado observar un curso semejante. Así que estimamos 
probable que las células de la oliva no envían sus expansiones 
nerviosas á la corteza cerebelosa, sino á otros centros que por 
ahora no estamos en el caso de concretar. 

Colaterales. — Algunas fibras de paso, que en las olivas son 
mucho menos numerosas que en el ganglio del techo, pero 

AMALES DE niST. NAT. — XXIII. U 



210 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (16> 

sobre todo varias fibras marg-inales ó limitantes de dichos 
g-ang-lios, emiten colaterales que se ramifican y terminan entre 
las células. Juzg-amos probable que las fibras progenituras de 
estas colaterales provienen de la corteza cerebelosa. 

Fihras terminaJes. — Constituyen uno de los factores de cons- 
trucción más importante de las olivas. Se trata de fibras espe- 
sas que penetran por la circunferencia del g'ang-lio, y de prefe- 
rencia por el contorno externo y superior, y las cuales, después, 
de varias dicotomías, acaban entre las células á favor de una 
rica, varicosa y flexuosa arborización terminal. Las ramillas- 
más finas son cortas, parten por lo común en ángulo recto, y 
se terminan por una varicosidad. El conjunto de cada arbori- 
zación llena una gran parte del ganglio, á menudo, cerca de 
la mitad. A estas fibras terminales se debe principalmente el 
plexo nervioso intersticial que el método de Weigert-Pal denun- 
cia en el interior de las olivas. Tocante al origen de estas fibras.' 
terminales, no podemos emitir una opinión definitiva, aunque 
nos sentimos bastante inclinados á considerarlas de proceden- 
cia cortical, es decir, nacidas de células de Purkinje. En 
apoyo de esta conjetura viene la circunstancia de que dichas 
fibras no parecen llegar nunca por el camino de los pedúncu- 
los, sino de la substancia blanca de las laminillas cerebelosas. 
inmediatas. (Fig. 7, a y h.) 

Ganglio cereheloso-acústico de los mamíferos. — En los cortes 
de cerebelo (ratón) que corresponden enfrente del ganglio de 
Deiters del acústico, la oliva y el núcleo del techo se confun- 
den hacia atrás, y parecen prolongarse hacia el bulbo me- 
diante un rastro de células multipolares, generalmente de 
gran talla. Este grupo celular yace en el espesor mismo, ó 
si se quiere en el arranque cerebeloso del fascículo cereleloso- 
acústico descrito por varios autores. Las citadas células envían 
todos sus cilindros-ejes al mencionado fascículo, al cual se in- 
corporan otras quizás procedentes de la oliva y del núcleo del 
techo. De todos modos, nos parece seg'uro que, si no la totali- 
dad, la mayoría de las fibras del haz que junta el cerebelo con 
la región de origen del acústico, no proceden de los núcleos de 
Deiters y de Bechterew, como quiere KóUiker, sino de los gan- 
glios cerebelosos, particularmente del grupo celular antes cita- 
do. Estas fibras se bifurcan cerca del núcleo de Deiters y su- 
ministran colaterales que marchan en dirección de dicho 



(17) 



Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 



211 



núcleo. Tanto las ramas de bifurcación como las colaterales, 
se terminan á beneficio de extensas arborizaciones entre los 
g-ruesos corpúsculos de los núcleos de. Deiters y Becliterew, 
confundiendo sus ramillas con las ramificaciones del nervio 
vestibular (fig-. 5, F). El cilindro-eje de las células de este 
foco es muy robusto y se dirig-e hacia adentro, quizás á cruzar 
la linea media, como se advertía en la preparación, que repre- 
sentamos en la fig-. 5,/. 

Fifí. 7. 




Corte frontal de la oliva cerebelosa del ratón blanco de seis días. 

rt y 5, fibras que se arborizaban entre las células del ganglio; 5, laminilla del 
hemisferio vecino. 



Olivas de ¡as aves. — El núcleo externo de Brandis, que pro- 
bablemente corresponde á la oliva de los mamíferos, repre- 
senta, más que un órg'ano nervioso, una pléyade de tres ó 
cuatro focos de células ganglionares separados entre sí por 
masas fibrilares meduladas. Estos focos pudieran, por su posi- 
ción, denominarse interno, externo y superior. Un grupo de 
células continuado con la pléyade precedente, pero colocado 
muy cerca del bulbo, en pleno espesor del pedúnculo cerebral, 



212 ANALES DE HISTORIA NATURAL. , (18) 

remata por detrás la cadena de la oliva. Este foco, descrito y 
fig-urado j)or Braiidis, ha recibido de este autor el nombre de 
núcleo del pedúnculo, y corresponde al núcleo cerebeloso acús- 
tico de los mamíferos. 

No es nuestro ánimo describir estos focos minuciosamente. 
Por otra parte, el estudio de su posición relativa y de los liaces 
medulares que de ellos proceden, ha sido hecho concienzuda- 
mente por el sabio mencionado. Limitarémonos aquí á expo- 
ner los datos que el método de Golg'i nos ha proporcionado en 
los embriones de pollo. 

Las células del núcleo externo, dice Brandis, que ha ensa- 
yado también el método de Golgl, son estrelladas y poseen 
larg-as y ramificadas expansiones protoplásmicas, que pueden 
extenderse á la totalidad del g'ang-lio. Existen además células 
fusiformes ó esféricas de más pequeña talla, que corresponden 
probablemente á corpúsculos de sostén ó neurógdieos. Entre 
las células 3'ace un plexo de fibrillas nerviosas (Brandis.) 

Nuestras preparaciones del embrión de pollo del duodécimo 
al décimo quinto día de incubación, muestran el g-ang-lio 
olivar más individualizado que en el adulto. En vez de varios 
focos, obsérvase una masa gang'lionar prolongada de arriba 
abajo, desde el núcleo del techo y comisura superior hasta el 
núcleo peduncular. Haces más ó menos verticales de fibras 
nerviosas separan entre sí las células. Los factores de compo- 
sición de este conglomerado son: las células, las colaterales de 
fibras de paso ó marginales y las fibras terminales. 

Las células son voluminosas, triang-ulares, fusiformes ó es- 
trelladas, y poseen expansiones protoplásmicas dentelladas y 
varicosas de gran longitud. El cilindro-eje ha sido por nuestra 
parte objeto de mucha atención, y nuestras observaciones nos 
permiten afirmar que, al menos en la g-ran mayoría de las 
células, dicha expansión se dirige hacia abajo, ing-resa en uno 
de los fascículos verticales que cruzan el g-anglio, y va al pe- 
dúnculo cerebral y finalmente al bulbo. Este paradero es muy 
fácil de notar en los elementos de la mitad inferior del g-ang-lio, 
á causa de la poca distancia del recorrido; en los más superio- 
res, jamás un corte, por afortunado que sea, nos muestra un 
cilindro-eje por entero. 

YX ganglio peduncular de Brandis corresponde, como ya diji- 
mos, ?L\foco cerebeloso-acústico de los mamíferos. Los cilindros- 



(If) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 213 

ejes de estas células son espesos y se sig'uen fácilmente hasta 
el bulbo, en cuya región acústica parecen terminar. En su ca- 
mino se bifurcan y emiten colaterales que se arborizan entre 
las células de un g-rueso núcleo situado por fuera del foco ves- 
tibular de pequeños elementos (foco anterior), y el cual corres- 
ponde probablemente al núcleo de Bechterew de los mamífe- 
ros. No todas las fibras parecen orig-inarse en el cerebelo; 
alg-unas nacen probablemente del núcleo de Bechterew, para 
marchar con el pedúnculo hasta los g-ang-lios olivares y de 
techo. Esta disposición recuerda la descrita por Kolliker en los 
mamíferos. 

Las colaterales de fibras marg-inales, son á veces tan g-ruesas, 
que semejan ramas de bifurcación: sus ramificaciones termi- 
nales contribuyen á formar el plexo intersticial y pericelular 
de la oliva. Alg'unas fibras que parecen de paso suministran 
también colaterales intra-olivares. 

Las flhras terminales son numerosas y muy robustas; pene- 
tran en el congdomerado olivar por la parte superior y externa, 
sobre todo por el plano medular horizontal que hemos llamado 
más atrás comisura superior, y acaban en el espesor de la oliva, 
á favor de extensísimas ramificaciones, á la manera de las 
fibras terminales del techo. 

Aunque nuestros estudios sobre la estructura de los g-angdios 
cerebelosos no están terminados, y no podemos, por consi- 
g'uiente, exponer opiniones terminantes y definitivas, consig-- 
naremos á título de resumen de nuestros trabajos, que, en 
g:eneral, la oliva ó sus g-ang-lios homólog"OS parecen contener 
células cuyos cilindros-ejes salen del cerebelo; mientras que el 
g-ang'lio del techo encierra probablemente corpúsculos cuya 
expansión nerviosa se asocia á la substancia blanca del Cere- 
belo, terminando de un modo que no podemos puntualizar. No 
excluímos, á pesar de esto, la existencia de células que se com- 
parten de otra suerte y hasta juzg-amos probable que una parte 
de las células del techo envíe sus expansiones nerviosas al 
manojo cerebelo-acústico. Reclama todavía este punto nuevas 
y más profundas investig-aciones. 



•2U 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(20) 



III.— Hipófisis. 



Las numerosísimas preparaciones que hemos ejecutado re- 
cientemente en la totalidad del encéfalo de los pequeños ma- 
míferos, nos han proporcionado alg-unos cortes bastante demos- 
trativos de la hipófisis. Consta este órg-ano, en su porción ner- 
viosa, de fibras y células. 

Las células son estrelladas, triang-ulares y de contorno áspero 
é irreg"ular. Casi todas sus expansiones son cortas y terminan 
á poca distancia en cabos verrug'osos y como desg-arrados. En 
un caso se mostraba, por excepción, una expansión más larg-a, 
que recordaba la funcional de los corpúsculos nerviosos. Nues- 



Fig. 8. 






im^ 




Corte frontal de la protuberancia y cuerpo pituitario del ratón de dos días. 

Debajo de la protuberancia se ve el lóbulo nervioso de la hipóñsis con un 

plexo nervioso tupidisimo. 

£■, pared antero-inferior del lóbulo epitelial de la hipófisis; Z?, pared glandular; 
/, fibras nerviosas intra-epiteliales; P, células epiteliales. 



<21) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 215 

tras experiencias no son todavía bastantes para decidir si se- 
mejantes elementos son de naturaleza nerviosa, epitelial ó 
conjuntiva. 

Las fibras nerviosas constituyen el factor principal de la hipó- 
fisis; son finas, varicosas, se ramifican prolijamente y alcan- 
zan tal cantidad, que eng-endran entre las células del órg-ano 
uno de los plexos más tupidos y complicados que se conocen. 
Llena este plexo toda la hipófisis, dejando solamente ciertos 
claros ó huecos habitados por las células. 

El examen de las secciones long-itudinales de la hipófisis 
permite apreciar que tales fibras terminales son mera ramifi- 
cación de un manojo de cilindros-ejes que acompañan al pe- 
dículo, y los cuales, dispersándose en abanico al arribar á una 
masa g-ris residente detrás del kiasma óptico, toman origen en 
numerosas células nerviosas. Muchas fibras se ramifican ya en 
€l espesor del pedículo y acaban cerca de su superficie, me- 
diante cabos varicosos. A menudo, del plexo terminal situado 
€n el espesor de la hipófisis , hemos visto salir finas hebras 
que, introduciéndose en la pared epitelial superior del lóbulo 
g'landular, acaban, mediante ramitos terminales libres y vari- 
cosos, entre los corpúsculos epiteliales, no lejos de la superfi- 
cie cavitaria ó g-landular de estos. (Fig*. 8,/.) 



IV. — Orígenes del nervio acústico en las aves. 

Otro de los temas al que recientemente hemos consagrado 
nuestros ocios, es el difícil y controvertido del origen del acús- 
tico en los mamíferos y aves. En los mamíferos, nuestras obser- 
vaciones no han servido sino para confirmar las indagaciones 
recientes de L. Sala (1), Held (2) y Kólliker (.3) sobre este inte- 
resante punto. Las bifurcaciones, colaterales y arborizaciones 
terminales del nervio coclear en el tubérculo acústico y gan- 
g"lio ventral; la morfología especial de las células de dichos 



(1) L Sala: Ueber den Ursprnng des Xerais acusticits. fArch. f. mikros. Aiiat. Bd. 42, 
t. I, 1893.) 

(2) Held: Die centraleii Bahnen des Xerviis acusticus bei der Katze. fArch. f. Anat. u. 
Physiol -Anat. Abth. 1Í92.) 

(.3) A. Kólliker: Handbuch der Gen-ebeleltre, etc. 6 Aufl., :i Band, 1893. 



216 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(22: 



g-ang'lios señalada por Sala y KoUiker; la disposición terminal 
del nervio vestibular, etc., aparecen en nuestros preparados 
del ratón, rata y conejo, tal como han sido descritas por dichos 
sabios y particularmente por el último. 

Más adelante, y en el supuesto de que nuestras- reiteradas 
tentativas de análisis arrojen alg-unos datos nuevos merecedo- 
res de ver la luz, publicaremos un trabajo de conjunto sobre 

Fig. 9. 




Corte frontal de la región acústica del bulbo del verderón. 

(Método de Weigert-PaL) 

A , ganglio vestibular posterior ó de grandes células ; II , ganglio vestibular anterior 
ó de pequeñas células; C, tubérculo acústico; D, nervio vestibular; E, via central 
del tubérculo acústico (cuerpo trapezoide?); F, via vestibular central que se 
cruza en el rafe. 



el tema. Entre tanto, séanos lícito llamar la atención de Ios- 
sabios sobre la disposición de los gang-lios acústicos centrales 
de las aves, donde existe una disposición terminal de las fibras 
vestibulares sumamente interesante para la doctrina general 
de la conexión por contacto de las células y fibras nerviosas. 
Poseen las aves cuatro g-ang-lios acústicos bien deslindados, 
cuya correspondencia con los de los mamíferos aparece clara 
para los ganglios externos y algo dudosa para los internos. 



(23) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 217 

Los g'angiios externos ó cocleares son dos: uno g-rueso, pro- 
longado en semiluna y colocado en la parte lateral del bulbo^ 
cerca del cerebelo. Este g-ang-lio corresponde evidentemente al 
tubérculo acústico de los mamíferos. El otro es anterior, menos 
voluminoso, yace á manera de excrecencia en el orig-en del 
nervio coclear, y está situado delante y alg-o hacia adentro del 
tubérculo acústico. Muchas de sus células g'ruesas y con as- 
pecto de corpúsculos g-ang-lionares yacen entre los paquetes 
de la porción inicial del fascículo coclear. Corresponde este 
g-ang'lio, indudablemente, al núcleo accesorio de los mamíferos. 

Los gang-lios internos son otros dos, y por su forma y dispo- 
sición discrepan bastante del núcleo dorsal y del de Deiters 
del acústico de los mamíferos. No obstante, como reciben las 
fibras neviosas del nervio vestibular, que en las aves se mues- 
tra sing-ularmente espeso, pueden considerarse como homolo- 
geos á los núcleos de terminación en los mamíferos de la rama 
vestibular. (Fig-. 9, ^ y B.) 

Ganglios externos. En el tuhérculo olfatorio se observan las 
bifurcaciones del nervio coclear y las numerosas ramillas co- 
laterales que las ramas de bifurcación envían al plexo nervioso 
intercelular de dicho tubérculo. A menudo una de las ramas 
de bifurcaciónfes más delg-ada, y reunida con otras se dirig-e 
hacia atrás, por junto al nervio vestibular, para arborizarse en 
la zona más posterior del tubérculo acústico (fig-. 11, C). Las 
células son estrelladas, pequeñas, y poseen expansiones diver- 
g-entes, vellosas, que se ponen en relación con las fibrillas ner- 
viosas terminales (fig-. 10, C). Estas constituyen en torno de 
aquellas, como han indicado Held y Kolliker, verdaderos nidos 
de hebras varicosas finales. 

El ganglio accesorio tiene células multipolares g-ruesas , esfe- 
roidales, cuyas expansiones se ponen en contacto con fibrillas 
colaterales y terminales del nervio coclear. 

Ganglios internos ó vestibulares. Por dentro y detrás del 
g-ang-lio precedente vense dos focos g-ang-lionares correctamente 
limitados. Uno de ellos es posterior, más ó menos ovoideo, y 
yace y toca en la superficie dorsal del bulbo : consta de volu- 
minosos corpúsculos que , en las preparaciones de Weig-ert y 
las teñidas por el carmín, semejan enteramente células de g-an- 
g-lios raquídeos. Llamarémoslo, para no prejuzg-ar nada,/oco 
posterior ó ganglio de gruesas células (fig*. 10, A). La otra masa 



■2\S ANALES DE HISTORIA NATURAL. (24) 

gris se extiende en faja transversal alg-o curvilínea por delante 
del foco de g-ruesas células, y la constituyen una hilera apretada 
de corpúsculos alg-o alargados antero-posteriormente. Llama- 
rémosla /oí^o anterio7' ó ganglio de pequeñas céluJas (fig-. 10, B). 
Este g-anglio abraza al foco posterior, cuyo nivel externo re- 
basa hasta alcanzar la superficie del bulbo , por dentro del tu- 
bérculo acústico. 

En las preparaciones de Weig-ert-Pal se ve que tales focos 
yacen envueltos en fibras medulares , recibiendo por fuera 
g-ruesos haces del nervio acústico, probablemente de la porción 
vestibular, y emitiendo por dentro dos espesos manojos de 
hebras meduladas que no tardan en fundirse en robustísimo 
Xmquete, el cual, dirigiéndose hacia la línea media, se entre- 
cruza en el rafe con el del otro lado. Los tubos del grueso ma- 
nojo dorsal (que llamaremos, para abreviar, xia'xestibuJar cen- 
tral), una vez entrecruzados, se comportan de dos maneras: 
algunos parecen marchar al foco de pequeñas células del otro 
lado, para formar un cordón vestibular directo y cruzado; 
mientras que la mayor parte quizás g'anan, ya ascendiendo 
por el mismo rafe, ya por fuera de los manojos del fascículo 
longitudinal ¡¡osterior, las regiones centrales del bulbo, regio- 
nes que son i)robablemente homologas de la suhstantia reticu- 
laris grísea de los mamíferos. (Fig. 9, F.) 

La vía vestibular central constituye un paquete que se me- 
dula muy tempranamente {y^ lo está en embriones de pollo de 
catorce días) , y que por su posición y gran robustez presta al 
bulbo raquídeo de las aves un sello especial y característico. 

Los gang-lios internos ó de la rama vestibular tienen que 
considerar dos cosas: las células y las fibras nerviosas termi- 
nales. 

Células y fibras del núcleo de gruesos elementos ó foco jiosterior . 
— Consta de elementos apretados, voluminosos que, cuando se 
coloran por el cromato argéntico, aparecen esferoidales y de 
contorno áspero. Algunas de estas células parecen carecer de 
expansiones; pero, en general, su contorno emite una, dos, 
rara vez más apéndices cortos, groseros, como escotados, que 
prestan á estos corpúsculos una gran originalidad morfoló- 
gica (fig. 10, A). El cilindro-eje es bastante robusto, marcha 
hacia adentro y atrás é ingresa en la vía vestibular central. 

Las fibras nerviosas penetrantes en este foco vienen de un 



(25) 



Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 



219 



macizo de tubos de la rama vestibular yacente detrás y fuera 
del mismo. Dichas fibras invaden el núcleo de fuera á dentro, 
costeando en parte su frontera dorsal, y emiten en su curso 
alg'unas colaterales. Tanto la rama principal como las colate- 
rales, después de alg-una dicotomía, se terminan sobre las cé- 
lulas antes citadas, á favor de una arborizáción diminuta, de 
ramitos cortos, groseros y completamente libres. Hay arbori- 
zaciones tan pobres , que están solamente representadas ó por 
una horquilla terminal ó por un mero espesamiento irreg-ular. 
Las más recuerdan en un todo la ramificación protoplásmica 

Fig. 10. 




Ganglios acústicos centrales del bulbo da un embrión de pollo de 14 dias. 

A, foco vestibular posterior; B, foco vestibular anterior; C, tubérculo aciistico; 
J), nervio vestibular; E, vía vestibular central. 

dig-itiforme de los g-ranos del cerebelo. Las arborizaciones que 
rodean las células más internas del foco son las más simples 
de todas; las de la porción externa poseen más ramillas termi- 
nales. A pesar de todo, la comunicación no es individual, es 
decir, que no tiene lug-ar entre una fibra terminal y una cé- 
lula, sino entre varias fibras y varias células. En la parte ex- 
terna del g'ang-lio obsérvase con fuertes aumentos que el con- 
torno del cuerpo celular queda íntimamente abrazado por dos 
ó tres arborizaciones digitiformes que constituyen, reunidas, 
un pequeño nido pericelular. Y á su vez, cada fibra suminis- 
tra ramificaciones para dos ó tres células vecinas. En el lado 



220 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(26) 



interno del foco, donde yacen también los elementos más grue- 
sos y más esferoidales, cada fibra parece rodear una sola cé- 
lula; con todo, examinando con fuertes objetivos, se lleg-a á 




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percibir en alg-ún sitio que una sola horquilla terminal puede 
aplicarse á dos corpúsculos vecinos. (Fig-. 11, I^.) 

No existen, que sepamos, arborizaciones terminales tan po- 
bres en ramas y cuyo libre acabamiento sea tan fácil de dis- 



(27) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 221 

cernir; sólo las fibras olfativas de los peces júvenes (teleósteos 
de alg-unos días) poseen una arborización final que se acerque 
alg-o, en punto á sobriedad de ramillas, á las que acabamos 
de describir. Por cuyo motivo, nosotros aconsejaríamos á los 
sabios que todavía dudan de la terminación libre de las fibras 
nerviosas, que elijan como objeto de estudio los g-ang-lios acús- 
ticos de las aves (embriones de doce á quince días, método de 
impreg'nación doble). Grande sería nuestra extrañeza si, des- 
pués de este examen, no abandonaban toda reserva sobre la 
comunicación intercelular por contactos entre células y arbo- 
rizaciones nerviosas terminales. 

Foco anterior ó ganglios de 2)equeñas células. — Los corpúsculos 
de este ganglio forman una ó dos hileras centrales rodeadas, 
tanto por delante como por detrás, de una masa granulosa 
comparable, por su aspecto en las preparaciones al carmín, 
con la capa molecular del cerebelo. El método de Golg-i tifie 
bien estas células, revelándolas ora bajo la forma de estrella, 
ora de huso, ora triangular. Las expansiones protoplásmicas, 
aunque divergen en todas direcciones, se acumulan especial- 
mente en los dos limbos moleculares citados, y se caracterizan 
por las numerosas ramitas secundarias y terciarias que sumi- 
nistran, las cuales son tan abundantes y cortas, que á menudo 
semejan penachos terminales ó arborizaciones penniformes. 
El cilindro-eje dirígese hacia adentro, sin suministrar colate- 
rales, é ingresa en la vía vestibular central. (Fig\ 10, B.) 

Las fibrillas nerviosas llegan de la rama vestibular y pene- 
tran en el ganglio por su cabo externo y cara posterior. Alg'u- 
nas de las mismas no son fibras directas, sino ramas de bifur- 
cación ó gruesas colaterales de las fibras del foco celular pos- 
terior. Cualquiera que sea el origen, las fibras aferentes se 
dicotomizan una ó dos veces en áng-ulo agudo; las ramas re- 
sultantes abordan la capa molecular posterior bordeante de 
las células del foco, y en tal paraje constituyen una elegante 
fila de arborizaciones nerviosas terminales, de ramitas cortas, 
varicosas, digitiformes, algo más amplias que las del foco pos- 
terior. Estas ramificaciones se aplican á la superficie posterior 
y apéndices protoplásmicos dorsales del cuerpo de las células. 

Además de las fibras vestibulares directas que acabamos de 
indicar, existe otro manojo que parece provenir del ramo ves- 
tibular del otro lado, después de pasar por el rafe, con las 



222 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (28) 

fibras de la vía central. Este haz costea la superficie anterior 
del g-ang-lio, y en todo su itinerario por éste suministra, en 
áng-ulo recto, infinidad de colaterales que abordan el lado ven- 
tral de las células , y se resuelven en otra serie de eleg-antes 
arborizaciones terminales. Tales ramificaciones son más ex- 
tensas y complicadas que las del ramo vestibular directo. Las 
ramillas terminales acaban hacia el cabo externo del g-ang-lio 
del mismo modo que las colaterales. En g-eneral, nos ha pare- 
cido que la serie anterior de arborizaciones procede del ramo 
vestibular del otro lado, como acabamos de exponer; empero, 
como en el manojo fibrilar que estudiamos hay fibras que no 
hemos podido seg'uir, no osamos excluir otros modos de ori- 
g"en ni de terminación. (Fig\ 11, d.) 

Las dos series de arborizaciones citadas del g-ang-lio de 
pequeñas células permanecen, por lo común, alg-o separadas, 
llenando con sus ramitas las zonas moleculares limitantes; en 
alg^unos parajes, sin embarg-o, hemos notado que dichas arbo- 
rizaciones rebasan sus propios límites, imbricándose y confún- 
dese las de una serie con las de la otra. 

Seg-uramente existen otras disposiciones estructurales que 
todavía no hemos log-rado esclarecer. Por ejemplo, del g-ang-lio 
ó foco posterior salen ciertas fibras nerviosas que, en vez de ir 
á la vía vestibular central citada , se dirig-en resueltamente 
hacia adelante, como hacia la zona reticular, sin pasar por el 
rafe (fig*. 11, é). Por dentro, y detrás de dicho cordón central 
vestibular y en el suelo del ventrículo, se ve un g-ang-lio cuyas 
células emiten cilindros-ejes que marchan hacia adelante para 
ing-resar en las reg-iones medias del bulbo; y al mismo tiempo 
del bulbo lleg-an cilindros-ejes terminales que se arborizan 
entre estas células (fig-. W, f\ g). Todos estos y otros puntos 
serán objeto de ulteriores pesquisas. 

Respecto á la homolog-ía de las partes que acabamos de des- 
cribir con las del aparato acústico central de los mamíferos, 
sólo podemos decir, que nuestra vía vestibular central parece 
corresponder á esos manojos arciformes que , seg-ún ciertos 
autores, saldrían de los núcleos terminales del ramo vestibular 
para, después de cruzar el rafe, eng-endrar en la parte lateral 
del lemnisco, un camino acústico ascendente. Nuestro /oco 
jmsterior, ó g-ang-lio de g-randes células, á pesar de su posición 
alg-o dislocada en las aves, nos inclinamos á identificarlo con 



(29) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 22K 

el núcleo dorsal; en cambio, nuestro foco anterior, ó de células 
pequeñas, no pudiendo asimilarse al llamado núcleo de Beiters 
de la región acústica de los mamíferos, nos inclinamos á esti- 
marlo como un órg'ano nuevo, peculiar á las aves, y que acaso 
esté en relación con el sentido de la dirección, tan desarro- 
llado en estos animales, como rudimentario en los mamí- 
feros (1). 

V. — Cuerpo estriado. 

El cuerpo estriado ha sido investig'adó á favor del método 
de Golg-i, por Marclii (2) el cual ha señalado, en dicho órg-ano, 
la existencia de los dos tipos celulares de Golg-i, y la de una 
red intersticial tupida y complicada á donde aliocarían fibi-íis 
nerviosas. Dominan en el cuerpo estriado las células del tipo 
sensitivo, es decir, aquellas cuyo cilindro-eje se resuelve en 
una red; por lo cual se inclina Marchi á considerar este g'an- 
g"lio como de naturaleza sensitiva. Mas, como hace notar 
Eding-er (3), el cuerpo estriado debe contener también células 
de cilindro-eje larg-o y descendente; puesto que del g-anglio 
cerebral de los peces (Stammganglion) que representa el cuerpo 
estriado de los mamíferos, proceden siempre fibras nerviosas 
que ing'resan en el fascículo basal (dasaleii VorderMrnljúndeV), 
manojo homólog-o de los pedúnculos cerebrales de los ver- 
tebrados superiores. Que del g-angdio basal de los peces 
proceden fibras nerviosas que se incorporan al fascículo 
basal del cerebro anterior, es un hecho demostrado también 
recientemente por Van Gehuchten (4) y por nosotros (5). En 
los reptiles, mi hermano (6) ha log-rado asimismo seg"uir hasta 

(1) El núcleo de Deiters de las aves se comporta como el de los mamíferos; yace 
por fuera y delante de los dos focos grises descritos y se continúa, al nivel del orig-eii 
del fascículo cerebeloso-acústico, con el núcleo de Bechterew. Las relaciones que 
dicho ganglio de Deiters tiene con el nervio vestibular, no se muestran con entera 
claridad en nuestros preparados. 

(2) ^\á.yícki: Sulla Jlna struttura dei corpi striati e dei talami otlici. Rev. sperimeiit. 
di Frenatr. t. xii, p 285, 1887. 

(3) Edinger: Uebev d. Bedeutung d. Corpus striatum. VerJiandlung d. versamriilung . 
südmestdeiitschen Neurologen, in S trasburg , 1887. Arch. f. PsycJiiatr. t. xix, Bd. 1887. 

(4) Van Gehuchtkn: Contribution a Vétude du systéme nerveux de Teleostéens. La 
ccllule, t. X, 2 fase. 1893. 

(5) Cajal: Notas preventivas sobre la estructura del encéfalo de los Teleósteos. An. de 

LA SOC. ESP. DE HlST. NAT., 1894. 

(G) P. Ramón: Investigaciones micrográflcas en el encnfalo de los batracios y repti- 
les^ etc. Zaragoza, 1894. 



^24 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (30; 

el pedúnculo cerebral fibras nerviosas, cuyas células de orig-en, 
estrelladas y provistas de expansiones espinosas, residen en el 
g-ang-lio basal. En las aves se repite la misma disposición, se- 
^Lin nos han enseñado las recientes observaciones de C. Sala (1). 

Nuestros trabajos han recaído en el cuerpo estriado del ratón 
adulto y recién nacido, rata blanca, conejo de ocho días y pe- 
rro recién nacido, y han tenido lug'ar principalmente por el mé- 
todo doble al cromato arg'éntico. Los resultados han sido con- 
cordantes 3' podemos resumirlos en las sig'uientes proposiciones: 

1/ El cuerpo estriado se compone de células nerviosas y 
hacecillos de paso lleg-ados de la corteza cerebral. 

2." Los hacecillos, cuyo curso completo desde la corteza á 
los pedúnculos es fácil de seg-uir en el ratón recién nacido, 
constan de fibras finas y g-ruesas; todas ellas cruzan de de- 
lante á atrás y de arriba á abajo la masa gang-lionar, á la cual 
dirig-en, de cuando en cuando, alg-una colateral que, emer- 
g'iendo en áng'ulo recto, se ramifica en torno de las células. 

S.'* Ning'una de las fibras de los hacecillos arribados del 
cerebro termina en el cuerpo estriado; todas parecen fibras 
de paso que se prolong'an hasta la reg-ión de los pedúnculos. 

4.'' En el conejo de ocho días hemos logrado observar algu- 
nas fibras g-ruesas, ascendentes que, separándose de los haces, 
con cuyos tubos venían confundidas, se ramificaban amplia- 
mente, produciendo una arborización tan lata, que en un 
caso pudo seg'uirse en una extensión superficial de 1 mm. ■ 
Esta arborización consta de ramas larg-as, en g-ran parte trans- 
versales ú oblicuas á la dirección de los fascículos, que se des- 
componen dicotómicamente y repetidas veces en ramitos se- 
cundarios de gTan long-itud y de direcciones varias. ( Figu- 
ra 12, a y d.) 

4." Entre los hacecillos residen las células, que son 3'a estre- 
lladas, 3'a triang'ulares, ora fusiformes, ora ovoideas, con dos 
ó más tallos protoplásmicos gruesos. Casi todas las expansio- 
nes protoplásmicas se dicotomizan varias veces, y están eriza- 
das de espinas ó de apéndices verrugosos. (Fig. 12, B y C.) 

S.'* Las células se dividen en dos tipos: elementos de cilin- 
dro-eje largo, continuado, con una fibra descendente de un 
haz; elementos de cilindro-eje corto, cuyas ramificaciones 

<1) Claudio Sala: La corteza cerebral de las aves. Madrid , 1803. 



(31) 



Cajal. 



-DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 



225 



neniosas se terminan libremente, después de complicado 
curso entre los corpúsculos vecinos. 

6.'' Las células de cilindro-eje corto, pueden dividirse en 
dos variedades: células gig-antesde larg-os y velludos apéndices 
protoplásmicos, cuyo cilindro-eje espeso y de curso variable, 
produce una arborización de g-ran extensión; y células media- 
Fio-. 12. 




Corte antero-posterior del cuerpo estriado del conejo de ocho días. 

A , fascículo de fibraí? bajadas de la corteza cerebral; B, célula de cilindro-eje corto 
de ancha arborización ; C , célula de igual especie, pero de más limitada arbori- 
zación nerviosa; «, fibra ascendente terminal, una de cuyas ramas, d, se ramifica 
ampliamente; b, colaterales de las fibras de la corteza; e, cilindro-eje largo de 
una célula del cuerpo estriado. 

ANALES DE HIST. NAT. — XXIII. 15 



226 ANALES DE HISTORIA XATUEAL.- (32) 

ñas y pequeñas de expansiones protoplásmicas más cortas, á 
menudo flexuosas y recurrentes, y cuyo cilindro-eje fino se 
descompone en una ramificación terminal poco extensa pero 
muy complicada. Las primeras parecen servir á la asociación 
de g-randes territorios del cuerpo estriado; las seg'undas seme- 
jan tener por objeto conexionar grupos limitados de células. 
7.* Las células de cilindro-eje larg-o son bastante volumi- 
nosas y no discrepan muclio morfológicamente de las otras; 
la expansión nerviosa no marcha inmediatamente á un hace- 
cillo, sino que por lo común sigue un curso más ó menos trans- 
versal, durante el cual suministra un número variable de co- 
laterales, hasta que finalmente ingresa en un haz, caminando 
hacia abajo. En algunos casos, al abordar el hacecillo, se bi- 
furca engendrando una rama gruesa descendente y otra gene- 
ralmente más fina ascendente. El largo trayecto transversal ú 
oblicuo que siguen dichos cilindros-ejes antes de incorporarse 
á los fascículos da lugar á que, en la inmensa mayoría de los 
casos, no pueda sorprenderse su paradero, tomándose fácil- 
mente tales células como corpúsculos del tipo sensitivo de 
Golgi. Cosa análoga sucede en las aves, donde las células que 
estudiamos suministran también muchas colaterales antes de 
ingresar en los hacecillos. (Fig. 12, e y f.) 

8.''' El plexo interfascicular señalado por Marchi está cons- 
tituido por cuatro especies de fibras terminales: 1.*, colaterales 
de fibras de proyección de la corteza cerebral, es decir, cola- 
terales de los cilindros-ejes descendentes constitutivos de los 
fascículos del cuerpo estriado; 2.% arborizaciones terminales 
de las dos variedades de células de cilindro-eje corto; ^^, cola- 
terales de las células de cilindro-eje largo; 4.*, ramas termi- 
nales de fibras ascendentes llegadas al parecer de los pe- 
dúnculos cerebrales. 

9." Se ve, j)or lo expuesto, que el cuerpo estriado de los 
mamíferos corresponde al ganglio fundamental de la vesícula 
anterior de los vertebrados inferiores, pues como en éstos, 
dicho órgano posee células cuyos cilindros-ejes descienden á 
los pedúnculos, y arborizaciones de fibras nerviosas ascenden- 
tes, quizás de origen sensitivo. Pero en los mamíferos existe 
un factor nuevo, las fibras de proyección nacidas de la corteza 
cerebral y dirigidas á través del ganglio, á cuyas células trans- 
miten, mediante las colaterales antes citadas, corrientes ner- 



(33) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 227 

viesas eng'endradas en las pirámides. Todas las fibras de paso 
poseen vaina de mielina; la tienen también las ramas princi- 
pales de las fibras nerviosas terminales; pero carecen de dicha 
cubierta las colaterales de los manojos y la arborización ter- 
minal de las células sensitivas de Golg-i. 

Para terminar esta nota añadiremos dos detalles. Las célu- 
las próximas al cuerpo calloso se presentan en el ratón , co- 
nejo, etc., más ó menos paralelas á'este cuerpo, y exhiben una 
arborización nerviosa terminal de g-ran complicación. Las cé- 
lulas del cuerpo estriado, situadas en la porción inferior de 
éste, entre los gTuesos manojos que se condensan para formar 
los pedúnculos cerebrales, alcanzan una estatura considera- 
ble, y en su mayor parte nos han parecido de cilindro-eje 
larg-o. 



VI. — Conexiones distantes 
de las células de Purkinje del cerebelo. 

Como es sabido, de la corteza cerebelosa no descienden á la 
substancia blanca otros cilindros-ejes que los de las células 
de Purkinje. Las demás células de la corteza cerebelosa (g'ra- 
nos, células de Golg'i y estrelladas de la capa molecular) po- 
seen cilindros-ejes cortos, los cuales se distribuyen en el espe- 
sor mismo de la substancia g-ris cortical, sin abordar jamás la 
substancia blanca. 

Esto supuesto, nada más fácil que determinar por el método 
de las deg-eneraciones y la coloración de Marchi el curso pro- 
bable de los cilindros-ejes de las células de Purkinje. Bastará 
para ello decorticar en los animales una parte de los hemisfe- 
rios cerebelosos, cuidando de no interesar los g-angdios centra- 
les (olivas, g-ang-lio del techo, émbolo, etc.), ni las g-randes 
masas de substancia blanca^ y someter las piezas nerviosas, 
una vez induradas en el líquido de MüUer, á la mezcla osmio- 
bicrómica de Marchi. Las g-otas neg-ras de g-rasa denunciado- 
ras del asiento de los tubos nerviosos deg-enerados recaerán de 
modo exclusivo (si la operación se ha conducido bien y la in- 
flamación sé limita á la parte lesionada) en los tubos nerviosos 
de las célalas de Purkinje. Las demás fibras de la substancia 
blanca, las musg-osas y trepadoras, no degenerarán, puesto 



223 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (34) 

que tienen su orig-en, y por tanto sus centros tróficos, en otros 
órg'anos nerviosos. 

Varios son los autores que han estudiado por el método, de 
las deg-eneraciones los enlaces del cerebelo con los demás cen- 
tros nerviosos. Deben citarse, por los esclarecimientos aporta- 
dos á esta cuestión, Veyas (1), Bechterew (2), Monakow (3), 
Ming-azzini (4) y Marchi (5). Pero, en g-eneral, los autores que 
han extirpado porciones del'cerebelo no han procurado reser-- 
var los g-ang-lios centrales; y cuando tras la extirpación ya del 
vermis , ya de un hemisferio , han comprobado en la protube- 
rancia, en las olivas bulbares y en los pedúnculos cerebelosos 
superiores deg-eneraciones secundarias, han debido limitarse 
á consig-nar que el centro trófico ó las células de orig-en de 
tales fibras deg-eneradas residía en el cerebelo, mas sin pun- 
tualizar la especie de células, sin decidir, por ejemplo, si los 
corpúsculos cuyos cilindros-ejes deg-eneraron son los de Pur- 
kinje ó los de los g-ang-lios cerebelosos centrales (techo, ém- 
bolo, núcleo g-lobuloso, olivas). Marchi y Ming-azzini, que re- 
cientemente han practicado hemisecciones cerebelosas, no han 
tenido en cuenta esta causa de error; y así, cuando Marchi 
aseg-ura que las fibras de Purkinje del cerebelo ing-resan en 
el cordón antero-lateral de la médula , en la protuberan- 
cia, etc., tales aserciones deben considerarse como meras hi- 
pótesis anatómicas. 

Nuestros experimentos de decorticación cerebelosa han sido 
dos, y recaído en conejillos de Indias adultos. Los resultados 
obtenidos en ambas experiencias concuerdan substancialmen- 
te, y creemos no carecen de valor, ya que las operaciones se 
realizaron con fortuna v la lesión cerebelosa acertó á limitarse 



(1) Veyas: E.cperim. lieitr. tur Kenntniss d. VerMndimgshahnen des Kleinhirns und 
des Verlaufs der Fase. grac. u. cuneat. /'Arch. Psych. Bd. 14.) 

(2) Bechterew: Zur Anatomiedes ScJienkels des Kleinhirns fNeurolog. Centralblátt. 
1835.) 

(3) Monakow: Experim. Beiti-. z. Kenntniss des Corpus resti forme. (Arch. Psychiatr. 
Bd. 14.) 

(4) MixGAZziM : Véanse sus memorias del Intern. Monatschrift f. Anat. u. Physiol. 
Bd. 8, 9 y 10, y su reciente estudio Sulle degenerazioni consecntive alie extirpazioni emi 
cerebellari. Roma, 1894. 

(o) Marchi : Stil I origine dei peduncoli cerebellari e std loro rapporíi cogli altri centri 
nervosi. Firenze, 1891. 



(35) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 22'J 

perfectamente. Así, nos parece difícil que ulteriores experien- 
cias de ig-ual clase puedan quitar valor á las actuales. 

Operación. — Previas las precauciones antisépticas, y con 
toda la rapidez posible, se extirparon en dos conejos de Indias 
varias laminillas cerebelosas de los hemisferios. En un caso 
se decorticaron casi todas las laminillas de la cara superior 
del hemisferio derecho ; en otro conejo se cortaron tang-encial- 
mente unas cuatro laminillas de ig-ual superficie del izquierdo. 
Los animales fueron sacrificados á los catorce días de la ope- 
ración. La fleg-masía habíase corrido muy poco en la substan- 
cia blanca, por debajo de las laminillas decorticadas, y no ha- 
bía invadido los g-ang'lios centrales. No obstante la pequenez 
de lo extirpado, los animales presentaron, con una energía 
proporcional al número de laminillas decorticadas , las altera- 
ciones funcionales clásicas que los fisiólog-os señalan en los 
animales que han sufrido mutilaciones del cerebelo. 

Indurados los centros nerviosos en el líquido de MüUer, se 
coloraron por el método de Marchi, y convenientemente in- 
cluidos en celoidina, se redujeron á cortes seriados. 

El estudio de los cortes mostró la existencia de fibras deg'e- 
neradas en los tres pedúnculos cerebrales , en armonía con las 
aserciones de Marchi. Se comprobó también la presencia de 
fibras deg-eneradas en el espesor del vermis y hasta en el he- 
misferio cerebeloso del lado opuesto á la lesión. Como es de 
presumir, el número de fibras deg'eneradas resultó mucho me- 
nor después de una decorticación parcial del cerebelo que des- 
pués de una hemiextirpación. La deg-eneración g"uarda tam- 
bién relación con el número de laminillas extirpadas, y en los 
dos casos se muestra bilateral, aunque mucho más intensa en el 
lado de la lesión que en el opuesto. Expong-amos ahora con orden 
y en forma abreviada la topog-rafía de las fibras deg-eneradas. 

Espesor dd cerebelo. — En torno de la lesión veíase una zona 
de deg-eneración difusa que penetraba en el espesor de todas 
las láminas sanas circundantes. Alg-unas pocas fibras deg-ene- 
radas i)odían seg-uirse dentro de las láminas del vermis y hasta 
la substancia blanca de las circunvoluciones del lado opues- 
to. En g-eneral, las g-otas de g-rasa quedan circunscritas en el 
eje blanco de las laminillas; pero no es raro ver los rosarios 
de esférulas neg-ras diseminarse i)or la zona de los g-ranos, 
aunque sin abordar jamás la capa molecular. 



230 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (36) 

¿Qué interpretación cabe hacer de estas deg-eneraciones in- 
tracerebelosas distantes? Dos explicaciones principales se nos 
ocurren. O existen, como han afirmado varios autores, fibras 
comisurales y de asociación que desde las células de Purkinje 
de un hemisferio se dirig-en á todas las láminas del opuesto y 
al mismo vermis, ó, habiéndose difundido la inflamación hasta 
la substancia blanca inmediata del hemisferio cerebeloso, han 
sido atacadas de deg-eneración muchas fibras ascendentes de 
paso Ueg-adas de otros centros, probablemente las musg-osas y 
trepadoras destinadas á arborizarse, no sólo en las lamini- 
llas cerebelosas lesionadas, sino también en el hemisferio del 
opuesto lado. Supuesta esta última hipótesis, la difusión de la 
deg-eneración podría comprenderse, teniendo en cuenta dos 
hechos de observación que recientemente nos ha mostrado el 
método de Golg'i, á saber: 1.°, que muchas fibras musg-osas 
antes de penetrar en las laminillas se bifurcan, suministrando 
ramas terminales que se distribuyen en dos circunvoluciones 
inmediatas; á veces, dichas fibras emiten larg-as colaterales 
que, cruzando la substancia blanca, marchan á laminillas ce- 
rebelosas bastante lejanas; 2.°, que las fibras delg-adas lleg-a- 
das de la protuberancia, quizás las llamadas trepadoras, su- 
ministran, á su paso por la substancia blanca de los hemisfe- 
rios, colaterales para las laminillas inmediatas. Es claro que 
no cabe excluir tampoco la posibilidad de que las fibras de 
Purkinje se bifurquen ó emitan, al lleg-ar ala substancia blan- 
ca, larg'as colaterales consag-radas al hemisferio del opuesto 
lado y á una parte del vermis, análog-amente á lo que ocurre 
con muchas fibras de proyección de la corteza cerebral, las 
cuales en su cruce por el cuerpo calloso abandonan á éste una 
ramilla colateral; pero esta conjetura no nos parece tan pro- 
bable como la anterior. 

Olivas y ganglios del techo. — Estos órg-anos no mostraban 
ning'una alteración; veíanse en ellos solamente pasar alg-unas 
pocas fibras deg-eneradas, pero solamente en los órg'anos co- 
rrespondientes al lado de la lesión. 

PEDÚNCULOS CEREBELOSOS. 

Después de la excisión de varias laminillas cerebelosas de 
un hemisferio, aparecen constantemente deg'enerados los pe- 



(37) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 



231 



dúnciilos cerebelosos superiores, y la extensión de la deg-ene- 
ración g-uarda proporción con el número de laminillas extir- 
padas. La deg'eneración se muestra en ambos lados, pero más 
extensamente en el lado de la lesión. Las g*otas g-rasientas 
pueden seg-uirse más allá del entrecruzamiento de los pe- 
dúnculos hasta los núcleos rojos de Stilling-. Alg'unas pocas 
fibras se prolong-an todavía hacia adelante, alcanzando el es- 
pesor del tálamo óptico (núcleos externo é interno , que en el 
conejillo de Indias no aparecen bien deslindados). 

Es, pues, sumamente probable que la mayor parte, si no 
todas las fibras del pedúnculo superior, sean cilindros-ejes de 
Purkinje. Por lo demás, la idea de que dichos pedúnculos tie- 
nen su orig-en en la corteza cerebelosa fué ya expuesta por 
Veyas (1). En sentir de Flechsig-, dichos pedúnculos traen su 
orig-en tanto del núcleo dentado como de la corteza cerebelosa, 
y particularmente del vermis. Más sing-ular es el parecer de 
Obersteiner, quien considera como foco de orig-en de un tan 
importante sistema de fibras el núcleo g-lobuloso. Marchi y 
Ming-azzini afirman un orig-en cortical y una terminación en 
el núcleo rojo del opuesto lado; pero Marchi añade un aserto 
que no parece suficientemente fundado, á saber: que el pe- 
dúnculo cerebeloso superior reconocería además por orig-en la 
oliva cerebelosa, al paso que el medio recibiría preferente- 
mente fibras del vermis. La cantidad considerable de fibras 
deg-eneradas que el pedúnculo cerebeloso superior ofrece des- 
pués de la extirpación de alg-unas laminillas (en términos que 
cuando se han eliminado casi todas las de la cara superior de 
un hemisferio aparece deg-enerada casi la mitad del pedúnculo) 
nos oblig-a á considerar nulas ó muy poco numerosas las fibras 
pedunculares cuyo orig-en radique en focos g-rises que no sean 
las células de Purkinje de la corteza. 

PEDÚNCULOS CEREBELOSOS MEDIOS. 

Las fibras deg-eneradas abundan mucho más en la porción 
distal que en la proximal de la protuberancia, al revés de lo 
que afirma Marchi, quien después de la extirpación del lóbulo 
medio del cerebelo vio sobre todo deg-eneradas las fibras de la 

(1) Loe. cit. 



232 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (38) 

mitad superior del puente. En nuestras preparaciones, sobre 
todo en las provenientes del conejillo, al que se decortico casi 
toda la cara superior del hemisferio derecho en aquella reg-ión 
de la protuberancia donde los focos g-rises abundan (por ejem- 
plo á la altura del trig-émino), las fibras deg-eneradas eran po- 
cas, mientras que cerca del cuerpo trapezoide, allí donde los 
g'angdios del puente desaparecen casi por completo , la deg*e- 
neración de las fibras transversales que separan los distintos 
paquetes de la vía piramidal alcanza considerable intensidad. 
Esto armoniza con los resultados obtenidos mediante el mé- 
todo de Golg'i y los que , á favor del de Flechsig- , log-ró Bech- 
terew. En nuestro concepto, las fibras tempranamente medula- 
das de Bechterew, residentes en la porción inferior del puente, 
vienen de las células de Purkinje del cerebelo; mientras que 
las tardíamente meduladas de dicho autor, yacentes en las 
porciones superiores del puente, tienen su orig'en en los g'an- 
g'lios de la protuberancia, y no pueden, por tanto, deg-enerar 
después de las extirpaciones ó decorticaciones del cerebelo. 

Los haces transversales de fibras deg-eneradas, después de 
cruzar la línea media, desaparecen á gran distancia de ésta, 
en el espesor de la suhstanüa relicularis grísea, por detrás y por 
fuera del lemnisco medio. Este último, así como la vía pirami- 
dal, no presentan señales de deg-eneración. En cambio, detrás 
de los lemniscos, y en una buena parte de la substancia reticu- 
lar, varios haces long'itudinales mostraban g'otas g'rasientas, 
particularmente en el lado contrario á la lesión. El rafe, hasta 
cerca del ventrículo, ofrecía tal cual g-ota de g-rasa. Tenemos 
por verosímil que dichas fibras verticales proceden de fibras 
de Purkinje arribadas por los pedúnculos cerebelosos medios 
y decusadas en la porción honda del rafe. Por lo demás, ya 
Ming-azzini ha descrito estas fibras que, seg-ún él, formarían 
fascículos long'itudinales cerca del rafe en la porción ventral 
de la protuberancia. 

Mis experiencias no me permiten discutir todas las opinio- 
nes que los autores han emitido tocante al curso de las fibras 
protuberanciales, pues es claro que, tratándose de preparacio- 
nes que muestran un corto número de fibras deg-eneradas, la 
presencia de estas tendrá valor positivo, pero su ausencia no 
autorizará ninguna conclusión negativa. Juzgamos, sin em- 
bargo , probables , pues se armonizan con nuestras experien- 



<39) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO, 233 

cias, las opiniones de Gudden, y sobre todo de Ve^-as, quienes 
afirman que las fibras transversales de la protuberancia se 
terminan tanto en los focos g-rises de un lado como en los del 
opuesto; dictamen á que se inclinan también Marclii, Ming-az- 
zini y KoUiker. Estas fibras terminadas en la protuberancia 
proceden, como ya hemos dicho, de las células de Purkinje, y 
se continúan mediante una bifurcación en T con una fibra lon- 
gitudinal (véase el artículo protuberancia de este mismo tra- 
bajo). 

La deg-eneracion del lemnisco ha sido señalada por Marchi; 
pero Ming-azzini, que ha visto consecutivamente á la hemi- 
extirpación del cerebelo la atrofia de parte de la cinta de Reil 
del opuesto lado, se inclina á interpretar, con buen acuerdo 
en nuestro sentir, tales deg-eneraciones sensitivas como el re- 
sultado de lesiones inñamatorias secundarias de los núcleos 
del cordón posterior. Por nuestra parte , no hemos visto nin- 
fi'una fibra deg-enerada en el lemnisco. 



PEDÚNCULOS CEREBELOSOS INFERIORES. 

La observación de cortes transversales que interesen, á dife- 
rentes alturas, los cuerpos restiformes, denuncia la existencia 
de degeneraciones descendentes en una buena porción de las 
fibras arciformes anteriores y externas, que en el conejo de 
Indias se presentan bastante desarrolladas. Casi todas las g-o- 
tas g-rasientas forman rosarios que , después de pasar por de- 
lante de las olivas y ganar el rafe, penetran en el pedúnculo 
■olivar del lado opuesto. Alg-unas fibras deg-eneradas cruzan 
por delante de las pirámides, descienden por el rafe hasta la 
región olivar y se insinúan en el ganglio del lado contrario. 
Es posible que una porción de estas mismas fibras , en vez de 
terminar en las olivas, se entrecruce en el rafe por debajo de 
estas, y vaya á formar fibras longitudinales en el espesor de 
los restos del cordón antero-lateral de la médula. De todos 
modos, se muestran siempre en los hacecillos longitudinales 
de la siibstívntia reticularis alba (porción dorsal), y aun en la 
suhstantia reticularis grísea, algunas gotas grasicntas dispues- 
tas en series verticales, que se continúan con las que des- 
cienden por el cordón antero-lateral de la médula espinal. 



231 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (40) 

El examen de las olivas, previa coloración con el método de 
Golg"i, viene en apoyo de los resultados obtenidos por la abla- 
ción del cerebelo ó por la mera decorticación. En el perro, co- 
nejo y ratón recién nacidos, hemos log-rado cerciorarnos de 
que las fibras de Purkinje se terminan positivamente entre 
las células de la oliva á beneficio de arborizaciones libres, que 
han sido descubiertas recientemente por Kolliker. A menudo^ 
una fibra de Purkinje lleg-a al lado externo de la oliva y se bi- 
furca, marchando ambas ramas por delante y detrás de este 
centro, hasta acabar entre sus células. Del trayecto de las 
fibras transversales limitantes de las olivas brotan también 
con frecuencia colaterales arborizadas prolijamente entre las 
células, disposición asimismo observada por Kolliker, y que 
nosotros hemos comprobado en el ratón, perro y conejo recién 
nacidos. Tocante á las células de las olivas, nuestras prepara- 
ciones las muestran, como las han fig-urado Yincenzi, Kolliker 
y Van Gehuchten. Cuanto á la marcha de los cilindros-ejes 
de estas células, nuestros esfuerzos se han estrellado contra el 
curso irreg'ular y complicado de los mismos, que no consiente 
una suficiente persecución ni aun en bulbos de ratón recién 
nacido. Kolliker cree que dichas expansiones marchan al bul- 
bo, á la reg-ión del cordón lateral, para constituir una vía des- 
cendente relacionada quizás con los núcleos motores. En nues- 
tros preparados no hemos logrado confirmar este aserto , ha- 
biéndonos parecido que los cilindros-ejes de tales células cami- 
nan más ó menos horizontalmente, en dirección de las fibras- 
arciformes lleg-adas del cerebelo. Este punto reclama todavía 
nuevas y más profundas investig-aciones. 



MEDULA ESPINAL. 

Como ha descubierto Marchi , los cortes de médula espinal 
de los animales que han sufrido extirpaciones de la substancia 
g-ris cerebelosa presentan fibras deg-eneradas. En nuestros pre- 
parados las fibras eran poco numerosas, en razón de la poca 
entidad de las lesiones; pero no faltaron nunca ni en la médula 
cervical ni en la dorsal y lumbar. En la cervical, donde las^ 
g'otas eran más numerosas, la deg-eneración aparecía disemi- 
nada por todo el cordón antero-lateral, concentrándose espe- 



(41) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. '23b 

cialmente cerca de la vía piramidal directa y en la porción 
más periférica del cordón lateral, quizás en la vía cerebelosa 
ascendente, cuya topog-rafía en el conejillo de Indias no co- 
nozco de un modo preciso. En uno de los conejillos operados 
(el que sufrió mayor mutilación cerebelosa) , el foco degene- 
rado en dicha porción exterior del cordón lateral alcanzaba 
mayor desarrollo en el lado de la lesión que en el opuesto. En 
el conejo que experimentó menor mutilación, las g'otas gra- 
sicntas eran menos numerosas y no se concentraban en el 
mencionado paraje, bailándose más bien esparcidas sin orden 
por todo el cordón antero-lateral, aunque con tendencia á con- 
centrarse cerca del surco anterior y hasta en el espesor de la 
vía piramidal directa. Importa notar que la deg-eneración me- 
dular es bilateral, con predominancia poco acusada del lado 
lesionado. En fin, el cordón posterior carece de g-otas g-rasien- 
tas; sólo en un caso, y en la región cervical, hemos advertido 
tres ó cuatro fibras deg-eneradas dentro del territorio del cor- 
dón de Goll. 

NERVIOS SENSITIVOS Y MOTORES. 

Para terminar, mencionaremos un hecho señalado por Mar- 
chi, y cuya interpretación se presta á graves errores. Este sa- 
bio ha descrito, como lesiones consecutivas á la extirpación 
parcial ó total del cerebelo, deg'eneraciones en varios nervios 
craneales: el motor ocular común, el acústico, el hipog-loso y 
el trig-émino; y las ha interpretado suponiendo un orig-en cere- 
beloso de una porción de las fibras de estos nervios. 

Nosotros hemos confirmado también la existencia de tales 
deg-eneraciones en los pares mencionados, así como en el pa- 
tético ypneumog-ástrico, y hasta en las raíces anteriores y 
posteriores de la médula espinal, y no sólo con ocasión de 
mutilación cerebelosa, sino también en animales que habían 
sido objeto de la enucleación de un ojo, de la sección de un 
bulbo olfatorio, ó que no habían sufrido ningnina operación. 
Por consecuencia, juzg-amos inaceptable la doctrina defendida 
por Marchi y por alg-unos sabios del orig-en cerebeloso de parte 
de los tubos de los nervios craneales. En mi sentir, como ha 
indicado Mayer, los nervios, tanto sensitivos como motores, 
son asiento, en condiciones normales, de fenómenos de regre- 



236 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (42) 

sión y reg-eneración que, cuando son alg-o intensos, imitan com- 
pletamente las lesiones debidas á las secciones experimenta- 
les de los mismos. Debemos, en consecuencia, ser muy cautos 
en dar sig*nificación á la presencia de g'otas de g-rasa en ner- 
vios cuyos centros tróficos no hayan podido ser atacados, ni 
directa ni indirectamente, por el acto operatorio; en caso de 
duda, y cuando no se trate de secciones ejecutadas en los ner- 
vios mismos, los experimentos de contraprueba son absoluta- 
mente indispensables. En cambio, en la substancia blanca de 
los centros, asi como en los nervios óptico y olfatorio (que 
son, más que nervios, prolong-ación de la substancia blanca 
cerebral), el método de Marchi merece plena confianza, pues 
que muestra exclusivamente deg'eneradas las fibras cuya con- 
tinuidad con sus células de orig-en ha sido interrumpida, ora 
en virtud de procesos morbosos, ora mediante un acto ope- 
ratorio. 



VII. — Terminación central de las fibras retinianas. 

Nuestro objeto no es estudiar á fondo los múltiples oríg-enes 
del nervio óptico en los mamíferos, sino indicar sumariamente 
cuál es en la rata y ratón blancos, animales cuya importancia 
para la experimentación histológica va siendo por cada día 
mayor, la topog'rafía central de las fibras nacidas en la retina. 

En los mamíferos superiores el tema ha sido abordado mu- 
chas veces, ya en su conjunto, ya en sus detalles, por obser- 
vadores tan notables como Gudden , Bechterew, Monakow, 
Ganser, Darkschewstsch , Bellonci, Hamilton, Tartuferí, Sin- 
g-er y Münzer, etc. 

En este ensayo hemos utilizado el método de las deg-enera- 
ciones y la coloración de Marchi, usada primeramente en tal 
asunto por Sing-er y Münzer. Nuestros experimentos han con- 
sistido en enuclear un ojo á dos ratones y dos ratas blancas, 
sacrificar los animales doce días después y examinar series de 
cortes de los centros ópticos. 

Prescindiremos, por ahora, de detalles, y resumiremos lacó- 
nicamente los resultados obtenidos. 

1. En la rata y ratón el entrecruzamiento del kiasma no es 
total, sino parcial, existiendo siempre un pequeño haz que 



(43) Cajal. — DE LOS GANGLIOS DEL ENCÉFALO. 237 

marcha á la cinta óptica de su lado sin decusarse. Este peque- 
ño haz se sitúa al principio en la cara superior de la cinta 
óptica. 

2. El g-rueso de las fibras lleg-adas de la retina se termina 
en el cuerpo g-eniculado externo, donde constituye una es- 
pesa capa superficial y varias estrías curvilíneas profundas. 
El cuerpo g-eniculado interno no parece recibir fibras retinia- 
nas; el haz óptico que lo cubre va destinado al tubérculo cua- 
drig-émino anterior. 

3. Encima del cuerpo g-eniculado externo las fibras retinia- 
nas revisten una poco extensa superficie del tálamo que co- 
rresponde probablemente al pulvinar de los mamíferos supe- 
riores. La habenula no recibe ning-una fibra retiniana. 

4. Las fibras retinianas más posteriores del pulvinar ó de 
la cara superior del tálamo se inclinan hacia atrás para ing-re- 
sar en el tubérculo cuadrig-émino anterior, juntándose con el 
g-rueso paquete de fibras que lleg-a pasando por encima del 
cuerpo g-eniculado interno. Todos estos conductores retiñíanos 
forman la capa blanca profunda del tubérculo cuadrig-émino 
anterior, marchando, ya oblicua, ya antero-posteríormente, 
hasta ag-otarse en la entrada del tubérculo posterior. Cerca de 
la línea media, en el fondo del surco que separa las eminen- 
cias big-éminas anteriores, las fibras retinianas se concentran 
en haz antero-posterior. 

5. Las fibras del haz directo marchan al cuerpo g-eniculado 
externo de su lado , distribuyendo sus fibras como el fascículo 
cruzado, pero sin alcanzar el tubérculo cuadrigémino anterior. 

6. El método de Golg-i nos ha demostrado que las células 
del tálamo son estrelladas, fusiformes ó triang'ulares, y poseen 
un cilindro-eje larg-o que marcha, asociado en hacecillos cur- 
vilíneos, hacia abajo y los lados, para reunirse á la continua- 
ción de los pedúnculos cerebrales. 

7. El nervio óptico recibe también fibras centrífug-as, como 
han indicado varios autores ; en el ratón estas fibras parecen 
tener su arranque en células residentes en las reg-iones infe- 
riores del tálamo, no lejos de la substancia nigra. 

Madrid , L» de Agosto de 1891. 



HIMENOPTEROS NUEVOS DE MALLORCA, 



RECOGIDOS POR 



D. FERNANDO MO RAGÚES (Presbítero), 



Y DESCRITOS POR EL 



Dr. KRIECHBAUMER (de Munich). 



(Sesión del 9 de Mayo de 1894.) 



Siendo (como en efecto lo lian sido) tan poco estudiados lo's 
liimenópteros de esta isla, seg-uramente tienen que encontrarse 
entre ellos multitud de nuevas especies, con las cuales podrá 
formarse una lista bastante numerosa é interesante para los 
aficionados á este orden de insectos, como lia sucedido con los 
coleópteros, cuyo número de especies típicas es ya bastante 
crecido. En 1883 visitaron esta isla el Dr. Otto Schmiedekneclit 
j el Sr. Friesse con objeto de recog-er alg-unos liimenópteros, 
pero por la corta permanencia en ella (que sólo fué de unas 
tres semanas), por más que recog-ieron una porción de espe- 
cies y entre ellas varias nuevas, no pudieron visitar sino alg-u- 
Tias localidades y en una sola época. Desde entonces hemos 
seg-uido nosotros con la afición á este orden de insectos y 
todos los años liemos visitado en varias épocas multitud de 
localidades, habiendo log-rado recog-er un crecido número 
de especies que daremos á conocer dentro de breve tiempo. 
Entre los melíficos fig-uran varias especies completamente 
nuevas, las cuales han sido estudiadas por el Sr. Pérez, de 
Burdeos, y por el citado Sr. Schmiedeknecht; y entre los 
Ichneumónidos ha encontrado el infatig-able y entusiasta eiito- 
mólog'o el Dr. Krieclibaumer un número tan crecido de espe- 
cies nuevas^ que considerando para esta Sociedad de gran 
interés ia* publicación de estas especies, me ha remitido los 



240 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2)^ 

manuscritos para que pueda publicarlas dando á conocer á 
mis consocios esta porción de insectos hasta el presente des- 
conocidos. Suya, pues, es la g-ioria de este trabajo, no corres- 
pondiéndome á mí sino sólo el haber recog"ido en esta isla los 
insectos que á continuación quedan descritos. 



1. Cephus (Philcecus) balearicus Krchb. ')ioi\ sp. Q. 
Nig-er, pronoti marg-ine postico tenui, alarum squamula, 

tibiis anticis máxima parte, posticis basi albis, abdomine 
medio late rufo, alis hyalinis, stig-mate piceo, fusco-cincto. 

Long-. corp. 7 ^2^ terebr. Va mm. 

Abdominis seg-menta 2-7 rufa, hoc ápice, 1 et 8 cum valvulis 
terebrae nig-ris. 

Hab. Pollenza. Mayo. 

2. Ichneumon balearicus Krchb. noi\ sp. 9- 

Nig-er, orbitis frontalibus, aiinulo antennarum, scutello ma- 
culaque segmenti 7 albis, pedibus máxima parte rufis; capite 
pone oculos oblique ang-ustato, postpetiolo punctulato-sca- 
briculo, coxis posticis scopula milla, alarum stig-mate testaceo. 

Long-. 6 V2 lí^ni- 

/. alhosignnto máxime aífinis, defectu scupula> ad /. nudi- 
coxuin Thms. verg-ens, sed ab ambobus statura minus robusta, 
capite pone oculos oblique ang-ustato et terebra paulo mag-is 
prominente sat diversus mihi videtur. 

Hab. Pollenza. Mayo. 

3. Ichneumon Moraguesi Krchb. nov. sp. Q. 

Ni^er, annulo antennarum, punctis duobus verticis lineo- 
laque infra alas albis, abdominis seg-mentis 1-4 castaneís, 
6 et 7 macula dorsali alba, tibiis anticis antice albidis, postpe- 
tiolo punctato, alarum stigmate párvulo nig-ro. 

Long-. fere 7 mm. 

/. Mlunulato simillimus sed minor, punctis solummodo 
duobus verticis, sed lineóla infra alas albis, antennis ápice 
vix attenuatis, abdominis seg-mento 8 haud, terebra minus 
exertis, tibiis posticis et alarum stig-mate totis fuscis, hoc paulo 
minore, ang-ustiore ab illo sat diversus mihi videtur. 

Hab. Manacor. Mayo. 



(3) Kriechbaumer. — himenópteros. 211 

4. Ambly teles fossorius (Gr. e. p.) AA'sm. (f rar. nigro- 

scutellata Krchb. 

Ambl. fossorio Wsm. var. 1. (IcJin. AmdJ., p. 51: /. imUi- 
pedi Gr. excl. Q) prseter scutellum nign'um omni modo ad eo 
similis, ut non audeam, hoc individuum ut speciem diversam 
proclamare. 

Hab. Palma (Son Suñer), Mayo; Alcudia, Julio. 

5. Apaeleticus balearicus Krclib. iiov. sp. Q. 

Capite tlioraceque rufis, metanoto, abdomine, pedibus má- 
xima parte antennisque nig-ris, liorum annulo et scutello albis, 
capite pone oculos oblique ang-ustato, metanoto bidentato, 
alarum stig-mate fusco, squamula nig-ra, radice pallida. 

Long". 6 mm. 

Habitu toto A. heUicoso Wsm. afíinis sed colore diversus. 
Pedes nig-ri, anticorum femora basi excepta, intermediorum 
femora ápice cum tibiis et tarsis anterioribus rufa. 

Hab. Manacor (Son Moro). Mayo. 

6. Phseogenes (?) balearicus Krclib. nov. sj). cf. 
Nig-er, seg-mentis 2-4, basi quinti pedibusque ex parte rufis, 

capite pone oculos liaud ang-ustato, antennis breviusculis, sat 
validis, apicem versus acuminatis, articulis subnodulosis, 
abdomine cylindrico, seg"mentis 2-6 latitudine long-ioribus, 
alarum stig-mate fusco, squamula et radice albis. 

Long". 6 mm. 

Coxse, trochanteres, femora anteriora basi, postica ápice 
nig"ra, tibise ruffe, postica? summa basi et ápice nig-ra^, tarsi 
postici nig-ri, albo-sericeo micantes. Thorax et abdomen valde 
elong-ata. 

Hab. Pollenza (Prat den Bosch). Mayo. 

7. Phaeogenes bellulus Krclib. nov. sp. of. 

Rufus. capite (ore excepto), metatliorace, abdominis basi et 
ápice nig'ris, antennis basi subtus, coxis et trochanteribus 
• anticis ñavescentibus, alarum stig-mate fusco. 

Long-. 5 mm. 

Caput transversum , pone oculos vix ang-ustatum , disperse 
punctatum. AntenníP abdomine paulo long'iores, tenues, sub- 
filiformes, ápice acuminatse. Metanoti área supero — et postero 

ANALES DE HIST. NAT. — XXIII. 16 



242 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4) 

— media vix discretis, liac illa vix latiore. Abdomen sub- 
lineare. Caput nigrum, ore rufo. Antennce rufe, apicem 
versus fuscescentes, articulo primo subtus flavescente. Tho- 
rax rufus, metathorace nig-ro. Abdomen rufum, seg'mento 
primo, linea transversa basali quinti, fascia basali sexti 
septimoque nig-ris aut fuscis. Pedes fulvi , coxis et trochan- 
teribus anticis flavis, posticorum g-eniculis et ápice tibiarum 
fuscis. 
Hab. Palma (Son Suñer). Mayo. 

8. Ischnus (?) balearicus Krchb. 7iov. sp. (f. 
Testaceus, capite et abdominis ápice nig-ris, antennis fuscis, 

flag"ello subtus ferrug"ineo, alarum stig-mate ang-usto, testaceo, 
squamula et radice albis. 

Long". 7 mm. 

Marg-o superus pronoti in albidura verg-it. Abdominis seg*- 
menta 5-7 nigra. 

Hab. PoUenza. Junio. 

9. Ischnus pictipes Krchb. nov. sp. Q. 

Nig"er, antennarum annulo albo, thoracis medio toto et ápice 
subtus pedibusque ruñs, puncto coxarum posticarum et tro- 
chanterum, ápice femorum et tibiarum posticarum harumque 
macula infra basin nig-ris, basi ipsa earum et tarsorum posti- 
corum alba, alarum stig-mate strainineo. 

Long-. 5 V2 nim. 

ínter minores hujus g-eneris, colore antennarum, thoracis 
et pedum sat distinctus. 

Hab. Palma (Cala Mayor). Mayo. 

10. Cryptus balearicus Krchb. nov. sp. 9. 

Nig-er, pilosulus, abdomine g-labro, violáceo, ovato-fusci- 
formi, alis fucescenti-hyalinis, stig-mate fusco, areola irreg'u- 
lari, pentag-ona, nervello pone médium vix fracto. 

Long-. corp. 10 Va» terebr. 4 mm. 

Intermedius inter Cr. cyanatorem et Cr. murorum Tschek. 
(serratum Thms.), illi forma et colore abdominis, huic mag-ni- 
tudine minore et terebra long-iore mag'is affinis, ab utroque 
pedibus totis nig-ris facile disting-uendus. 

Hab. Santañy (Pujol). Abril. 



<5) Kriechbaumer. — himenópteros. 243 

11. Goniocryptus parvulus Krchb. nov. sp. . 

Nig-er, abdominis seg-mentis 1 ápice, 2 et 3 totis, 4 máxima 
parte, pedum anterior um g-eniculis, anticorum tibiis et tarsis 
rufis, tarsoriim posticorum articulis 3 et 4 albis, capite long-i- 
tudine duplo latiore, pone oculos ang-ustato, antennarum 
articulo 3 latitudine quadruplo long-iore, abdomine subfusi- 
formi-cylindrico, seg-mento primo .elong-ato, ang-usto, post- 
petiolo petiolo vix latiore, alarum stig-mate pallido, fusco- 
•cincto, nervello ante médium fracto. 

Long-. 5 mm. 

Minima specierum hucusque milíi cog-nitarum, (r. ruslico 
máxime affinis, sed mag-nitudine minore, tibiis anterioribus 
fere totis nig-ris, alarum stig-mate intus pallido, areola an- 
trorsum haiid ang'ustata, tarsis posticis albo-annulatis sat 
diversa. 

Hab. Manacor (Son Moro). Mayo. 

12. Hoplocryptus Mallorcanus Krchb. fiov s]). Q. 
Nig-er, antennarum anniilo, macula scutelli et alarum squa- 

mulis albis, tibiis anticis et femoribus máxima parte rufis, 
abdomine tricolore, alarum stig-mate ang-usto, fusco, areola 
antrorsum parum ang-ustata, nervum recurrentem ante mé- 
dium recipiente, nervello ante médium fracto. 

Long-. corp. 9, terebr. 3 1/2 1-^^^^^- 

H. confactori Gr. (cui dom. Sclimiedekneclit in Ent. Nadir., 
1870, p. 146, perperam scutellum nig-rum adtribuit), máxime 
affinis, sed prsesertim squamulis albis et tarsis posticis totis 
nig-ris ab eo diífert. 

Metanotum costis duabus transversis tenuibus, sec distin- 
ctis instructum. Abdominis seg-menta 1-3 rufa, 3marg-ine api- 
cali nig-ro, reliqua nig-ra, 6 puncto seu macula minuta, 7 macula 
mag-na semiorbitali, 8 parva albis sig-nata. Femora antica fere 
usque ad médium, intermedia basi, postica ápice summo, 
tibise anticse extus medio nig-ra. 

Hab. Marratxi. Mayo. 

13. Microcryptus tricolor Krchb. nov sp. Q. 

Niger, antennis tricoloribus, thorace, coxis posticis supra et 
abdominis seg-mento primo rufis, ultimis albonotatis, alarum 
stig-mate fusco, intima basi pallido, areola pentag-ona, nervum 



244 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6> 

recurrentem pone médium excipiente, nervello long-e pone 
médium fracto. 

Long". corp. 6, terebr. V4 mm. 

Acanthocrypto fiagitatori (Gr.) Thoms. máxime affinis, qui 
autem a forma typica liujus g-eneris (quadrispinus Gr.) habitu 
toto diversus et cum Microcryptis conjung-endus milii videtur. 

Caput transversum, long-itudine dimidio latius, pone oculos 
oblique angustatum. Antennae subfiliformes, inter médium et 
apicem vix incrassatse. Thorax latitudine duplo long-ior; meta- 
thorax breviusculus, postice truncatus, costis duabus trans- 
versis approximatis , anteriore subtili, posteriore in marg-ine 
postico partis superioris, infra utrinque supra médium in den- 
ticulum parvum excurrente; área superomedia costis subtilibus 
inclusa. Abdomen depressiusculum. ovato-lanceolatum, g-la- 
brum, nitidum. Antennarum articuli 3 et 4 subtus toti, supra 
ápice rufi. Abdominis seg'menta .5 ápice, 6 et 8 supra tota alba.. 

Hab. Pollenaa (Prat den Bosch). Junio. 

14. Microcryptus contrarius Krclib. nov. sj). ^f. 
Nig-er, macula «mandibularum, fascia transversa (medio forte 

interdum interrupta) clypei et orbitis facialibus albidis, abdo- 
minis medio, femoribus posticis, tibiis anterioribus saltem 
antiCe, posticis ápice excepto riifis, alarum stigmate fusco,, 
radice albida, squamula nig-ra, nervello pone médium fracto. 

Long-. 5 mm. 

M. perverso meo (Ent. Xachr., 1893, p. 125) femoribus ante- 
rioribus nig^ris, posticis rufis similis, sed duplo minor et alarum 
squamulis nig-ris, nitidis sat diversus. 

Abdominis segmento primo ápice, 2-6 tota rufa. 

Hab. Manacor (Son Moro). Mayo. 

15. Phygadeuon anthracinus Krclib. nov. sp. Q. 
Niger, antennarum flagello basi subtus rufescente, tibiis 

anterioribus saltem ex parte et femorum anticorum ápice tes- 
tacéis, capite long-itudine dimidia latiore, pone oculos haud 
vel vix ang-ustato, antennis subfiliformibus, basin versus 
paulo attenuatis, m'etanoti parte declivi medio impressa, utrin- 
que - dentículo acutiusculo armata. abdomine oblongo-ovato, 
depressiusculo, la^vi, polito, segmento primo apicem versus 
parum dilatato, medio late et profunde canaliculato, postpetiola 



«(7) Kriechbaumer. — himenópteros. 245 

distincte aciculato, alarum stig-mate breviusculo, fusco, basi 
decolore. 

Long-. corp. 5, terebr. V2 imi^- 

Hab. Pollenza. Mayo. 

16. Phygadeuon balearicus Krchb. nov. S'p. c{ • 

Nig-er, ore pedibusque rufis, tibiarum posticaruin ápice cum 
earum tarsis nig-ris, antennarum articulo primo subtus, puncto 
ante alas, coxis et trochanteribus anticis vel anterioribus ala- 
rumque squamula et radice albis, alarum stig-mate ang-ustulo, 
piceo, cellula discoidali latitudine paulo long'iore, ang-ulo pos- 
tico externo acuto, nervello long-e pone médium tracto; abdo- 
mine lanceolato-ovato, planiusculo. 

Long-. 5 mm. 

Ad Phijgadeuones sensum restricto Thomsonii referendus, 
flavimana forma et colore abdominis similis, sed minor, stig- 
mate ang-ustiore, capite postice ang-ustato et sig-naturis albis 
indicatis máxime diversus. Facies subarg-enteo-sericea, cly- 
peus parvus,subtriang'ularis. Metanoti área superomedia trans- 
versa, hexag-ona, postero-media paulo excavata, costis long-itu- 
dinalibus tenuibus tripartita. Abdominis petiolus latiusculus, 
postpetiolus parum dilatatus, irreg-ulariter aciculatus, seg- 
mentis 2 et 3 basi punctulato-scabriusculis, postice cum abdo- 
minis ápice la^vibus. 

Hab. Palma (Cala Mayor). Junio. 

17. Phygadeuon micromelas Krchb. nov. sp. ^. 
Nig-er, nitidus, tibiis anterioribus plus minus piceis, capite 

transverso, pone oculos parum rotundato-ang-ustato , antennis 
€orpore paulo brevioribus, filiformibus, alis hyalinis, stig-mate 
mag-no,' lato, nig-ro, radice pallida, squamula nig-ra, nervello 
pone médium fracto. 

Long-. 4 mm. 

Minoribus hujus g-eneris adnumerandus; ang-ulus posticus 
externus cellulse discoidalis fere rectus, inde Microcryptis 
appropinquans. 

Hab. Manacor (8on Moro). Mayo. 

18. Tryphon (Mesoleius) balearicus Krchb. nov. sp. Q. 
Nig-er, mandibulis medio albis, antennarum flag-ello et abdo- 



246 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

minis seg-mentorum marg-ine externo rufescentibus, pedibus 
nifis, tibiarum posticarum dimidio basali (summa basi ipsa 
excepta) albo, apicali et tarsis posticis nig-ris; antennis corpo- 
ris long"itudine, setaceis, metanoti área superomedia, triang-ii- 
lari. impressa, a petiolari indistinte divisa, abdomine ovali, 
depressiusculo, petiolo latiusculo sensim iii postpetiolum ápice 
multo latiore dilatato, terebra vix exserta, alarum stig-mate 
testaceo, basi pallidiore, inarg"ine antico et máxima parte pos- 
tico qiioque fusco, areola milla, neryello pone médium fracto. 

Long'. 6 mm. 

Habitu toto cum Spheco])Mga vesparum (Rtzb.) AYst. quo- 
dammodo convenit, sed antennis longioribus, ápice mag-is^ 
acuminatis et colore pedum abdominisque plañe diífert. 

ínter Foersteri g-enera Sindipmis g-enus buic speciei proxi- 
mum esse mihi videtur, sed secundum speciem typicam et 
unicam collectionis Foersterianfe (S. nigricoxis) species nostra 
vix buic g-eneri associari potest. 

Hab. Soller (Soller). Mayo. 

19. Bassus balearicus Krclib. ñor. sp. 9- 

Nig-er, ore, clypeo, orbitis internis, lineóla utrinque meso- 
noti, puncto ante alas, macula scutelli, annulo tibiarum pos- 
ticarum alarumque squamula et radice albis, antennis subtus 
rufescentibus, abdominis seg-mento 2 ápice pedibusque rufis, 
tibiis posticis tricoloribus, tarsis posticis nig-ris, alarum stig"- 
mate fusco, basi pallida. 

Long-. 4 'y'2 llalli- 

Impressionibiis transversis segmentorum Bffsso J(ptatorio F. 
máxime aíRnis, an ejus var. a Thomsomnei^ sed individua 
transitoria ad hanc speciem mihi nunquam obvenerunt. 

Hab. Pollenza. Mayo. 

20. Homoparus bifoveolatus Krchb. nor. sp. Q cf- 

Q. Niger, nitidulus. ore. clypeo, macula media faciei, stria 
subhamata ante alas, lineóla infra alas, coxis et trochanteri- 
bus alarumque squamula et radice flavis, coxis posticis basi 
nig-ris, pedibus ceterum et abdominis medio rufis, orbitis fa- 
cialibus ang-ustissime et antennis subtus rufescentibus; capite 
transverso, pone oculos angustato, supra clypeum foveolis 
duabus mag-nis et profundis instructo, metanoti nataulis vix 



(9) Kriechbaumer. — himenópteros. 247 

ullis, lobo medio late impresso, abdominis ápice compresso 
(an fortuito?), alarum stig-mate fulvo, areola nulla, nervello 
in medio fracto. 

Long-. 5 mm. 

An scutellum flavum sit an nigTum, propter acum id perfo- 
rantem dubinm est. Metanotum punctato-scabriculum, área 
posteromedia sola distinctiore, mag-is nitida. Abdominis seg- 
menta 2-4 rufa, 4 macula mag-na basali nig-ra. 

ff. Facie tota et orbitis frontalibus flavis, abdominis ápice 
haud compresso, lanceolato-cylindrico, segmentis mediis et 
tarsis posticis plus minus infuscatis, foveolis supra clypeum 
multo minoribus, fere punctiformibus diífert. An sexus (f fe- 
minse liic descriptíe? 

Hab. Manacor (Son Moro). Mayo. 

21. Pimpla semivaria Krclib. nov. sj). 9. 

Nig'ra, antennis subtus rufis, capite flavo, thorace flavo- 
rufoque picto, pedibus rufis, tibiis tarsisque posticis nigTO- 
alboque annulatis, abdomine sublineari, fortiter punctato, 
seg-mentis 1-5 long-itudine latioribus, alarum stig-mate fusco, 
nervello ante médium fracto. 

Long". corp. 8, terebr. ab orig-ine ad basin seg'menti 6, ven- 
tralis 3 Va mm. 

P. angenti máxime affinis, sed thorace máxima parte rufo 
plañe diversa. Caput transversum, pone oculos valde oblique 
ang'ustatum. Thorax latitudine parum long-ior; mesonotum 
nataulis ang-ustis, postice abbreviatis; metanotum brevissi- 
mum, valde declive, área petiolari excavata, foveiformi. Abdo- 
men usque ad apicem seg'menti 2, paulo dilatatum, 3-5 vix, 
6 et 7 distincte ang-ustatis, 2-6 tuberculis majusculis sed parum 
elevatis, instructis. Terebra? valvulae (post mortem) involutfe. 

Caput nig"rum, orbitis anterioribus et superioribus pallide 
flavis. Antennse fuscae, flagello subtus rufo. Thorax albido- 
pubescens, rufus, supra vittis 3 vix indicatis fuscis, lateribus 
utrinque vitta transversa indeterminata propleuras, partem 
superiorem mesopleurarum et metapleuras fere totas occupante 
maculaque pectorali nig-ris, margine supero pronoti lineolaque 
infra alas, margine laterali et apicali scutelli, lineóla vel pun- 
ctis duobus metanoti flavis. Abdomen totum nigrum. Pedes 
rufi, geniculis flavescentibus, tibiis tarsisque posticis fuscis, 



248 ANALES DE HISTOEIA NATURAL. (10) 

illarum annulo, liorum articiilis basi rufescentibus vel albidis. 
Hab. PoUenza (Prat den Boscli). Junio. 

22. Pimpla tricolor Krdib. ñor. sj). cf. 

Nig'er, tborace pedibusque rufis aut fulvis, ore, cl^'peo, facie, 
oi'bitis ómnibus, posticis medio late interruptis, antennarum 
basi subtus, lineolis ante et infra alas, postscutello, punctis 
duobus metanoti, coxis et trochanteribus anterioribus flavis, 
tibiis et tarsis posticis nig-ris, albo-annulatis, abdomine cylin- 
drico, fortiter punctato, seg^mentis 2-5 castaneis, ápice nig-ris, 
3-5 tuberculatis. 

Long'. cea 6 mm. 

Caputtransversum, pone oculos valde ang'ustatum. Antenna^ 
filiformes, basin versus ang-ustatae. Alie hyalina^, iridescentes, 
stig'mate piceo, squamula et radice flavis, areola-trapezoidea, 
obliqua, nervello ante médium tracto. 

Hab. PoUenza. Junio. 

23. Pimpla ( Epiurus ) erythronota (Frst. in coU.) 
Sclimkn. Monog-r. Bearbeit. d. Pimpliden in Zool. Jalirb. 
Vol. III. p. 524, 9. 

Habitu toto illi subg-eneri Forsteri adnumeranda, in quo 
única lia-c species colore rufo mesonoti ab ómnibus reliquis 
distincta est, quare determinatio vix dalna. 

Nig'er, mesotliorace et máxima parte metathoracis pedibus- 
que rufis, abdomine castaneo, seg-mento primo toto, 2-5 mar- 
g'ine postico nig-ris, antennis basi subtus rufescentibus, alarum 
stig'mate majusculo, flavo, squamula et radice pallidis, areola 
obliqua, trapezoidea, nervello pone médium fracto. 

Long-. corp. cea. 7, terebr. ab orig'ine in basi seg'menti sexti 
ventralis 6, ab ápice abdominis 4 '/a mm. 

Hab. PoUenza. Junio. 

24. Pimpla (Epiurus) baleárica Krchb. noxi. sp. Q. 

Nig'er, pedibus rufis, anticorum coxis, posticorum trochan- 
teribus basi, femoribus ápice extremo subinfuscatis, tibiis tar- 
sisque albidis, illis infra basin et ápice, liis ápice articulorum 
fuscis, antennis breviusculis, alarum stig-matelatiusculo, flavo, 
nervello pone médium fracto, terebra abdominis long-itudine. 

Long-. corp, 5 Va» terebr. 3, antenn. 3 V4 nini. 



(11) Kriechbaumer. — himenópteros. 249 

P. brevicornísGi'. et Bnolicmíe Htg-. máxime similis et affinis, 
sed minor, ab illa coxis posterioribus rufis, ab hac stig-mate 
alarum flavo et coxis anticis nig-ris, ab utraque an tennis pau- 
lisper long-ioi'ibus sat diñ'ert. P. eicotomce Htg-. queque valde 
similis, sed paulo minor, antennis totis nig'ris, stig-mate paulo 
aug-ustiore , liaud obscurecincto , femoribus posticis ápice ni- 
gris, tarsorum posticorum articulis tribus primis (in cicotoma 
primo solo) basi albis ab ea diífert. 

Hab. Palma. Abril. 

25. Pimpla cingulata Krclib. nov. sp. ^f. 

Nig'ra, cing'ulis abdominis rufis, pedibus fulvis, anteriorum 
coxis et troclianteribus albidis, posticorum coxis, tibiis et tar- 
sis nig-ris, coxis rufo-maculatis, annulo medio tibiarum et 
summa basi tarsorum albis, antennarum flag'ello basi rufo, 
articulis 6 et 7 (si recte vidi) uno latere erosis. 

Long". corp. vix 5, antenn. 4 mm. 

Erosione duorum articulorum antennarum in Lampronotus 
verg'it, sed propter areolam clausam, abdomen tuberculatum 
et colorem ex parte distincte rufuin Pimplis adnumeranda, nisi 
femina adhuc ig-nota forte g-enus novum condere jubet. 

Caput transversum, pone oculos oblique ang'ustatum, anten- 
na* tenues, ñliformes, ápice parum acuihinati. Metanotum 
parum declive, postice medio triangulariter impresso. Abdo- 
men cylindricum, ápice ang-ustatum, seg-mentis 3-5 leviter 
tuberculatis, 2-4 marg-ine postico elevatiore, 3 et 5 imma basi, 
4 ápice excepto castaneo-rufis. 

Hab. Manacor (Son Moro). Mayo. 

26. Glypta rufiventris Krclib. nov. sp. Q. 

Nig-ra, abdomine (ápice extremo excepto) pedibusque rufis, 
posticorum tibiis ápice et infra basin fuscis, tarsis fuscis, bis 
et illis basi summa albidis, clypeo fuscobarbato , facie juxta 
eum utrinque arg-enteo-sericea ; alarum stig-mate rufo, fusco- 
cincto, nervello pone médium vix fracto. 

Long-. corp. 6 '/^''^j terebr. individ. minoris 3 mm. 

ínter nostrate forte Grl. hwsitatori máxime affinis, sed abdo- 
mine fere toto rufo ab ómnibus speciebus mibi notis, ab illa 
etiam coxis rufis diversa. 

Hab. Manacor (Son Moro). Mayo. 



250 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (12) 

27. Sagaritis baleárica Krchb. nov. sp. ¡y. 

NigTa, abdomine pedibiisqiie riifis, basi nig-ris, plica ventrali 
basi nigra, tibiis posticis summa basi albida, infra eam et ápice 
subinfuscatiSj calcaribus albis, alis hyalinis, iridescentibus, 
stig-mate fusco, sqiiamula et radice albis, areola minuta, petio- 
lata, nervello subrecto, haud fracto. 

Long. 7 mm. 

Propter plicam ventralembasi nigram in sectione 1 Thomsonii 
coUocanda, sed ang-ulus posticus externus cellulse discoidalis 
acutus et femora gracilia mag-is cum sectione 2 conveniunt. 

Caput transversum, pone oculos valde oblique ang-ustatum. 
Tliorax cum coxis griseo-pubescens, metanoti área superome- 
dia semiovali , postice aperta et cum posteromedia suborbicu- 
lai'i confluente, superolateralibus vix divisis. Abdomen sub- 
clavato-cylindricum, post-petiolo latitudine fere duplo lougiore, 
depressiusculo, lateribusbasi excepta paralielis, ápice late rufo, 
seg-mentis 2 et 3 sensim et parum dilatatis, illo latitudine me- 
dia duplo long-iore. rufo, basi late, ápice ang'usto nig-ro-marg-i- 
nato, 3 latitudine dimidio longiore, rufo, 4-6 rufis, supra subin- 
fuscatis, 7 toto fusco. YalvuUv genitales breves, obtusa?, nigríe. 

Hab. Manacor (Son Moro). Mayo. 

28. Sagaritis periscelis Krchb. not. sp. 9 zf. 

9. Nig-ra, abdomine basi excepta pedibusque rufis, coxis 
ómnibus, posticorum trochanteribus basi, tibiis et tarsis nig-ris, 
illarum basi summa annuloque medio latiusculo et horum 
basi albis, alis hyalinis, iridescentibus, stigmate pallide fusco, 
squamula et radice albis, areola minuta, petiolata, ángulo pos- 
tico externo cellula^ discoidalis acuto; nervello subrecto, haud 
fracto; terebra sursuin directa, leviter curvata, apicein abdo- 
minis parum superante. 

Long-. 6 mm. 

Nec in primam nec in secundam sectionein Thomsonii hanc 
speciem referre licet. quum plica ventralis a colore totius ab- 
dominis haud discedat. 

Caput transversum, pone oculos oblique ang-ustatum. Meta- 
notum distincte areatum, área superomedia majuscula, pen- 
tag-ona, basali 2 ang-ustula 1 parva, superolateralibus costa 
obliqua divisis, anteriore cum basali-laterali confluente, poste- 
romedia mag-na, subhexagona. Abdomen e latere visum bre- 



(13) Krieehbaumer. — himenópteros. 251 

viter et fortiter clavatum , ápice truncatum , riifum , petiolo et 
basi postpetioli nig-ris, seg-mentis ultimis supra, certo sitii ápice 
infra quoque fusco-umbratis, postpetiolo planiusculo, lateribus 
parallelis, seg-m. 2 apicem versus dilatato, latitudine apicali 
parum long-iore, 3 et 4 siibquadratis, 5 et 6 long'itudine et lati- 
tudine decrescentibus, traiisversis, 7 vix prominente, long-e 
rotundato. 

o^. Abdomine minus dilatato, metanoti área superomedia 
et posteromedia subelong-atis, illa ápice aperta et postpetiolo 
latiore a femina differt, quse differentise individuo presentí tan- 
tum propriae mihi videntur, quare ne minime quidem dubito, 
quin hic cT cum descripta femina sita conjunctns sit. 

Hab. Manacor. Mayo. 

29. Sagaritis trochanterata Krchb. nov. sp. Q. 

Nig"ra, abdominis seginentus subtus et lateribus ex parte 
rufis, mandibularum macula, alarum squamula et radice tro- 
chanteribusque flavis, his supra nig'ro-maculatis , femoribus 
anteriorum tibiis tarsisque anticis rufis, femoribus mediis basi, 
posticis basi, et ápice nig'ris, tibiis posticis albis. ápice et infra 
basin nig-ris, tarsis posterioribus basi summa albis, alarum 
stig'mate stramineo, nervello long-e pone médium vix fracto. 
ñervo superio tenuissimo, terebra:^ valvulis clavatis. 

Long\ corp. 5, terebr. '^¡.^ mm. 

Caput transversum, pone oculos oblique ang'ustatum, facie 
albo-sericea, juxta clypeum maculis duabus e pilis densioribus 
compositis instructa. Antennse tenues, filiformes. Árese meta- 
noti iis speciei prgecedentis símiles, supero-laterali anteriore et 
basali laterali ut in illa unitis, sed ang-ustioribus. simul sump- 
tis fere semiorbicularibus. 

Hab. Pollenza. Junio. 

30. Sagaritis (?) dorsalis Krchb. nov. sp. Q. 

Nig-ra, ore flavo, abdomine elong-ato, subclavato-cylindrico, 
rufo , basi apiceque nec non dorso seg-mentorum intermedio- 
rum nig-ris, pedibus albo-rufo-nig-roque variis, capite pone 
oculos oblique ang-ustatum, alarum stig-mate stramineo, squa- 
mula et radice albidis, areola minuta, petiolata, nervello pone 
médium vix fracto; terebra brevi, valvulis linearibus. 

Long-. 6 mm. 



252 ATsWLES DE HISTORIA NATURAL. (14) 

Caput long'itudine duplo latius, facie albo-sericea , maculis 
duabiis juxta clypeum e pilis densioribus compositis iiistructa. 
Antennse tenues, filiformes, vix dimidii corporis long-itudine. 
Metanotum distincte areatum, área superomedia subbexag'ona, 
basali media parva, triang'ulari. acute marg-inata, basali-late- 
ralibus cum superolateralibus anterioribus conñuentibus, pos- 
teromedia mag-na, long-a, subtriang-ulari , versus superome- 
diam acuminata, lateribus medio minutissime tuberculatis. 
Abdominis petiolus long'us, tenuis, postpetiolus illo brevior, 
convexiusculus, dimidio anteriore sensim dilatato, posteriora 
lateribus parallelis; seg-mentis 1 et2 nig-ris. hoc vix ápice rufo- 
marg-inato, 3-6 rufis. dorso nig-ro-maculatis, maculis apicem 
versus ang'ustatis, sensim minoribus, seg-menti sexti strig-ifor- 
ini, seg-m. 7 toto iiigTO. Color pedum idem ac in specie prfTece- 
dente. Abie liyaliníie, iridescentes, ang-ulo postico e:^terno cellu- 
\ve discoidalis parum acuta. 

(f (aii liujus?). Coxfe anteriores plus minus flavf^, femora 
postica vix ápice extremo nig-ra; abdominis dorsum extensius 
nig-rum; quff quidem differentiíi? sexuales et minoris momenti 
esse milii videntur. Yalde autem discrepant areíie metanoti: 
área basalis media postice trúncala est, superomedia mag'iia, 
subrhombea, costis posterioribus evanescentibus. Qu^tritur, 
utrum hsec forma reg"ularis et constans, an irreg-ularis et ab- 
norinis sit, quoad nonnisi pluribus individuis comparatis dis- 
cerni potest. 

Hab. Pollenza. Mayo. 

31. Sagaritis (?) Moraguesi Krchb. )ioi\ sp. Q. 

Nig'er, palpis albidis, macula mandibularum et articulo pri- 
mo antennarum subtus fulvis, abdomine rufo, dorso nigro, 
plica ventrali basi albida, pedibus albo-rufo-nigroque variis; 
capite pone oculos ang-ustato , alarum stig-mate pallide píceo, 
radice et squamula albidis, areola majuscula, trapezoidea, pe- 
tiolata, nervello liaud tracto. 

Long". corp. 5, terebr. 1 V3 (ab origñne 2) mm. 

E minimis liujus g-eneris. Caput transversum, pone oculos 
oblique ang-ustatum. Plica ventralis basi (seg-m. 2) flava, in 
seg-mentis ceteris macula quadrata nigTa utrinque notata. Pe- 
des rufi, trochanteribus albis, posticis cum basi femorum ni- 
g-ris, tibiis ettarsis posterioribus albis, lilis ápice et infrabasin 



(15) Kriechbaumer. — himenóptkros. 253 

nig-i'is, horum articiili.^ ápice nig-ris. Terebra sursiim ciirvata. 
Secundum Thomsonii systema hsec species forte ad Angitius 
referenda est. 
Hab. Manacor (Son Moro). Mayo. 

32. Canidia baleárica Krchb. nov. sj). cí. 

Nig-ra, nítida, femoribus tibiisque anticis fulvis, illis subtus 
postice nig-rolineatis, tibiis posterioribus albis, ápice, posticis 
basi quoque nig-ris, tarsis posterioribus ang-ustissime albo- 
annulatis, alai areola brevipetiolata, radice pallida fulva, squa- 
mula nig-ra. 

Long-. 5 mm. 

Ad 2 divisionem 3 B. Thomsonii (Op. ent. , p. 1114) referen- 
da, cujus única species fC. troc/ianteUa), teg-ulis (squamulis) 
albis differt. 

Caput transversum , pone oculos vix ang-ustatum. Troclian- 
telli postici fulvi, tibiarum posticarum summa basis extus al- 
bo-maculata. 

Hab. Palma. Junio. 

33. Casinaria párvula Krchb. ?ior. sp. Q. 

Nig'ra, pedibus anterioribus ex parte fulvis, tibiis posticis 
basi summa fulvescenti-albis. medio obscure rufescentibus, 
metanoto per totam fere long-itudinem leviter excavato, costis 
duabus lateralibus, antice arcuatum junctis, postice obsoletas 
et canalicula media instructo: abdomine clavato, ápice obtuse 
ang'ustato, seg-mento tertio latitudine long-iore; alis liyalinis, 
stig-mate, squamula et radice fulvis, areola petiolata. 

Long-. 4V3 mm. 

Caput transversum, pone oculos oblique ang-ustatum. An- 
tennae filiformes, corporebreviores. Terebra oblique ascendens, 
circa '/s ejus apicem abdominis superans. Pedes anteriores rufi, 
coxis, trochanteribus et femorum intermediorum basi postico 
nig-ris, trochantellis ómnibus plus minus rufis. Celluhv dis- 
coidalis ang-ulus posticus externus acutus, areola majiiscula. 
breviter petiolata. 

Hab. Palma. x\bril. 



CATÁLOGO 



RECOGIDOS EN LOS ALREDEDORES DE MADRID Y EN S. ILDEFONSO, 

poe' 
DON AURELIO VÁZQUEZ FIGUEROA. 



(Sesión del 9 de Mayo de 1894.) 



Este catálog-0 dista mucho de contener todas las especias 
que se encuentran en las localidades citadas, pero puede ser- 
vir como uno de los muchos materiales que, reunidos, permi- 
tirán formar en su día un catálog-o g-eneral de los lepidópteros 
de esta reg-ión. 

Mi poca habilidad en la caza de insectos; las ocupaciones de 
mi profesión ; el no haber podido explorar ambas localidades 
en todas épocas y otra porción de circunstancias, dan lug-ar á 
poder aseg-urar que el catálog'o completo es mucho mayor que 
la lista que doy á continuación. 

A fin de simplificar el trabajo, comprendiendo en la misma 
nota los insectos de las dos localidades mencionadas, señalo con 
la inicial — M. — las especies cog'idas en Madrid, la mayor parte 
de las cuales lo han ,sido e'n la Casa de Campo, y con las — S. I. 
— las que han sido cogidas en San Ildefonso y sus cercanías. 

Como dato curioso he puesto las iniciales ex I. en aquellas 
especies que he podido conseg"uir criando las orug-as (ex larva). 

No señalo las épocas en que se encuentran las diferentes 
especies por no hacer demasiado extensa esta relación y por- 
que en algunas de ellas no las he anotado, sobre todo en espe- 
cies no conocidas por mí. 



256 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

Creo que merezca completa confianza la denominación de 
todos los lepidópteros que fig-uran en este catálog-o, pues todas 
las especies que no son muy comunes ó que presentan alg-una 
dificultad para su clasificación lian sido determinadas por el 
Dr. O. Stauding-er. 

Poseo también unas 80 especies de microlepidópteros deter- 
minadas y otras tantas sin determinar; pero su estudio es muy 
difícil, y necesito el auxilio de algnmo de los naturalistas que 
se dedican exclusivamente á este estudio. Cuando teng-a de- 
terminadas todas las especies publicaré la lista de ellas. 

Valladolid, 5 de Mayo de 1894. 



Rhopalocera. 

Papilio Podalirius L. — M.-S. I. 

— Machaon L. ex 1. — M. 
Thais Rumina L. ex 1. — M.-S. I. 
Parnassius A-poHo L. — S. I. 
Aporia CratíFg-i L. — 8. I. 

Pieris Brassica" L. ex 1. — M.-S. I. 

— Eapa^ L. ex 1.— M.-S. I. 

— Napi Z.— M.-S. I. 

— — V. Napaea' Esp. — S. I. 

— Daplidice Z.— M.-S. I. 
Anthocaris Belia Cr. ex 1. — M. 

— Ausonia Ilh. ex 1. — M. 

— Cardamines Z. — S. I. 

— Euplienoides ^tgr. ex 1. — M.-S. I. 
Zeg"ris Eupheme v. Meridionalis Ld. ex 1. — M. 
Leucopliasia Sinapis v. Lathyri Hh. — S. I. 
Colias Hyale Z.— M.-S. I. 

— Edusa Falr.—^.-^. I. 

— — ab Hélice Hh.—m.. 
Rhodocera Rhamni Z. — M.-S. I. 

— Cleopatra Z.— M.-S. I. 
Thecla W. álbum KnocJi. — S. I. 

— Ilicis V. .Esculi Bb.—S. I. 
_ _ ab. Cerri m.—í>. I. 



(3) Vázquez Figueroa. — lepidópteros. 'sn 

Tliecla Roboris Es2). ex 1.— M.-S. I. 

— RubiZ.— S. I. 

— Quercus L. — M.-S. I. 

— Spini Sckif.—M.-^. I. 

— — ab. Lynceus HI). — S. I. 
Thestor Ballus Fadr.—K. 
Polyommatus Mieg'ii Vogel. — S. I. 

— Gordius S'ulz. — S. I. 

— Dorilis Hiifu. — S. I. 

— Phlaeas Z.— M.-S. I. 

— — V. Eleus Fah\—K.-^. I. 
Lycsena Bsetica L. — M.-S. I. 

— Telicanus Lang. — M. 

— Arg-us V. Hypochiona Ramd. — S. I. 

— Astrarche Bgstr. — M.-S. I. • 

— — V. Allous ZTí.— M.-S. I. 

— Icarus Rott.—^.-^. I. 

— — V. Icarinus Scriha. — M.-S. I. 

— — V. Coerulea Stgr. — S. I. 

— Corydon v. Albicans H. S. — S. I. 

— Arg'iolus L. — M.-S. I. 

— Semiarg"us Rott. — S. I. 

— Cyllarus Rott.—M.-^. I. 

— Melanops B.—IA. 
Libythsea Celtis Laich. — M. 
Apatura Iris L. — S. I. 
Limenitis Camilla Sc/iiJ^.—M.-B. I. 
Vanessa C. Álbum L. — M.-S. I. 

— Polychloros Z. ex 1. — M.-S. I. 

— Urtica? Z.— S. I. 

— lo Z.— M.-S. I. 

— Antiopa Z. ex 1. — S. I. 

— Cardui Z. ex 1.— M.-S. I. 

— Atalanta Z. — S. I. 

MelitíEa Artemis v. Provincialis B. — S. I. 

— — V. Desfoutainesii JI. S.—S. I. 

— 'Phcehe Xnock. — M.-S. I. 
Arg-ynnis Daphne ScMff. — S. I. 

— Lathonia Z. — M.-S. I. 

— Ag-laia Z. — S. I. 

ANALES DE HIST. NAT.— XXIII. 17 



258 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4) 

Arg-ynnis Niobe ab. Eris Meig.—^. I. 

— Adippe V. Cblorodippe H. S.—S. I. 

— — ab. Cleodippe Stp\ — S. I. 

— Selene ScMf.—S. I. 

— Paphia V. Anarg-yra Stffr. — S. I. 

— Pandora Sc/dJ.—M.-S. I. 
Melanarg-ia Lachesis Hd. — M.-S. I. 

— — ab. Cataleuca Stgr. — S. I. 

— Japyg-ia v. Cleanthe B.—S. I. 

— Syllius msí.—M. 

— Inés Hffsgg.—hl. 
Erebia Evias Lef. — S. I. 
Satyrus Alcyone Hchif.—lsl-'^. I. 

— Circe Fal)r.—)i\-^. I. 

— Briséis L. — M. 

— Semele Z.— M.-S. I. 

— Statilinus Hii/n.—U-^. I. 

— Prieuri ab. Ubag-onis Oierth. — M. 

— Actsea Fsp.—S. I. 
Pararg-e Mfera Z. — S. I. 

— Meg-ffira Z.— M.-S. I. 

— ^g-eria Z.— M.-S. I. 
Epinephele Lycaon Rott.—IL 

— Janira v. HispuUa Hh. — M.-S. I. 

— Ida Esji.—^l. 

— Tithonus Z. ex 1.— M-S. I. 

— Pasiphse Es'p. — M. 
Coenonympba Iphioides Stgr. — S. I. 

— Arcania Z. — S. I. 

— Do rus Z'^^.— M. 

— Pampbilus Z.— M.-S. I. 

— — V. Lyllus Esp.—M.-^. I. 
Spilotbyrus Alceae Es2). — M. 

— Altheíe v. Bfieticus Raml). — M. 
Syricbtus Proto Esp. ex 1.— M. 

— Malvse Z.— S. I. 

— SaoZTí.— S. I. 

— Carthami Hb.— S. I. 

— Alveus V. Fritillum Eb. — M. 
Hesperia Thaumas Biifn.—'M.-S. I. 



.(5) Vázquez Figueroa. — lepidópteros. 259 

Hesperia Lineóla 0. — S. I. 

— Comma Z.— M.-S. I. 

— Áctseon Rott. — M. 



Heterocera. 

Sphinges. 

Acherontia Átropos L. ex 1. — M.-S. I. 
Spliinx Convolvuli L. ex 1. — M.-S. I. 

— Pinastri L. ex 1. — S. I. 
Deilephila Eupliorbite L. — M. 

— Livornica Esp. — M.-S. I. 

— Celerio Z.— M.-S. I. 
Smerintlius Populi L. — S. I. 
Macrog-lossa Stellatarum L. ex 1. — M.-S. I. 

— Bombyliformis 0.— S. I. 
Sesia Chrysidiformis Es]^. — M. 

— Montpeliensis 8tgr. — M. 
Heterog-ynis Paradoxa RamJ). ex 1. — S. I. 
Ag-Iaope Infausta L. — M.-S. I. 
Ino Statices L. — S. I. 

— — V. Heydenreichii Ld. — S. I. 

— Globularise v. Notata ^.— M. 

— Geryon JJb.—M. 

Zyg-aena Romeo v. Nevadensis Ramd. — S. I. 

— Sarpedon ^5.— M.-S. I. 

— Trifolii J'^;;.— S. i. 

— ' — V. Syracusia Z. — S. I. 

— Loniceríe Esp. — ^. I. 

— Pliilipendulse L. — S. I. 
~ Hilaris 0.— M. 



Bombyces. 

Sarrothripa Undulana Ed. — M. 

— — ab. Deg-enerana Hh.—IA. 

— — ab. Dilutaua Hh. — M. 



260 ANALES DE HISTOKIA NATUEAL. (6) 

Hylopliila Quercana ScJiif. — S. I. 
Ñola Cucullatella Z.— S. I. 

— Strig-ula ScMf.—^. I. 
Nudaria Murina Hb. ex 1.— M.-S. I. 
Lithosia Complana L. — S. I. 

— Lutarella Z. — S. I. 

— Marcida Mti. — S. I, 

— Caniola Bb.—S. I. 
Emydia Striata Z. — S. I. 
Deiopeia Pulchella Z. — M. 
Euchelia Jacobeae Z. ex 1. — M.-S. I. 
Nemeophila Riissiila Z. — S. I. 
Callimorpha Dominiila Z. — S. I. 

— HeraZ.— S. I. 

Arctia Caja Z. ex 1. — S. I. 

— Villica ab. Ang-elica B. ex. 1. — M. 

— Hebe Z. ex 1.— M.-S. I. 

— Dejeanii God. ex 1. — S. I. 

— Latreillei God. — S. I. 
Ocnog-yria Bfetica Raml). ex 1. — M. 
Spilosoma Fulig-inosa Z. — S. I. 

— Mendlca C/.— S. I. 
Hepialus Sylvinus Z. — S. I. 
Cossus Lig-niperda Falr. — M.-S. I. 
Zeuzera .^sculi Z.— M. 
Styg-ia Australis Latr. — M. 
Psyche Leschenaiiltl {^tgr. ex 1. — S. I. 
Org-ya Aiirolimbata v. Guadarramensis Stgr. e. 1. — S. I. 

— Antiqua Z. ex 1. — S. I. 
Leucoma Salicis Z. ex 1. — M.-S. I. 
Porthesia Chrysorrli£ea Z. ex 1. — M.-S. I. 
Psilura Monacha Z. ex 1. — S. I. 

— — ab. Eremita O. — S. I. 
Ocneria Dispar Z. ex 1. — M.-S. I. 
Bombyx Neustria Z. e. 1.— M.-S. I. 

— Vandalicia Mili, ex 1. — S. I. 

— Trifolii Esj). ex 1.— S. I. 

— Querciis Z. ex 1. — M.-S. I. 
Lasiocampa Pruni Z. — S. I. 

— Pini Z.— S. I. 



(7) Vázquez Figueroa. — lepidópteros. 26i 

Saturnia Pyri BcMff. ex 1. — M.-S. I. 

— Isabellae Graells. ex 1. — S. I. 
Harpyia Vinula L. ex 1. — M.-S. I. 
Notodonta Ziczac L. ex 1. — M. 
Lophopteryx Camelina L. — S. I. . 
Pterostoma Palpina L. — S. I. 
Cnethocampa Processionea Z. ex 1. — S. I. 

— Pityocampa ScMff. ex 1. — M.-S. I. 

— Herculeana Ramh. ex 1. — S. I. 
Phalera Buceplialoides O. ex 1. — S. I. 
Pyg"8era Pig-ra Hiifn. — S. I. 



Noctuse. 

Acronycta Aceris L. ex 1. — M.-S. I. 

— Rumiéis L. — S. I. 

— Pontica ex 1. — M. 

— Tridens Schif.—W. 
Bryophila Pineti Stgr. — S. I. 

— Orybiensis Mal). — S. I. 

— Fraudatricula ab. Simulatricula Gn. — M. 

— Alg-se Fadr. ex 1. — M. 

— — ab. Mendacula Hl). — M. 

— Ravula Hb.—M. 

— Muralis Forst.—^.-^. I. 

— — V. Par m.—K.-^. I. 

— Perla Fahr.—K.-^. I. 

— — V. Rojiza. — S. I. 
AgTotis Prónuba L. ex 1. — M.-S. I. 

— Orbona Hufn. — S. I. 

— Baja Fal)r. — S. I. 

— Xanthog-rapha Fahr. — S. I. 

— — V. Cohaesa H. S. — S. 1. 

— Puta m.—K. 

— Glareosa Esp. — S. I. 

— Fimbria Z.— S. I. 

— Plecta Z.— S. I. 

— Simulans Hufn. — M.-S. I. 

— Exclamationis Z. — S. I. 



262 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

AgTotis Tritici L. — S. I. 

— — V. Aquilina El. — M.-S. I. 

— Conspicua Hl. — M. 

— Flavina H8.—^. 

— Seg-etum Schif. — M. 

— Crassa Hb.—K.-^. I. 

— Obesa ^.— S. I. 

— Trux m. V. ?— S. I. 
Neuronia Popularis Fahr. — S. I. 
Mamestra Brassicse L. ex 1. — M.-S. I. 

— Olerácea L. ex 1. — M. 

— Chrysozona Bkh. ex 1. — M.-S. I. 

— Serena Fair. — S. I. 
Episema Hispana Ramb. — S. I. 

— Glaucina ab. Gruneri B. — M. 

— — ab. Hispana B. — M. 
Aporophyla Nig-ra Hw. ex 1. — M.-S. I. 
Epunda Lyclienea Hl). — S. I. 

Polia Dubia Diip. — S. I. 

— Chi Z.— S. I. 

— Flavicincta Fadr. — S. I. 

— Xanthomista v. Nigrocincta Tr. — S. I. 
Apamea Testacea Hb. — S. I. 

Hadena Furuncula Tr. — S. I. 

— Ochroleuca Esp. — S. I. 

— Didyma Esp. — S. I. 

— Strig-ilis Cl.—^. I. 

— Basilinea Fabr. — M. 

— Monoglypba Hufn. — S. I. 
Cloantba Polyodon Cl.—^. I. 
Brotolomia Meticulosa L. ex 1. — M. 
Mania Maura L. — M.-S. I. 
Leucania Conig-era Fabr. — S. I. 

— Vitellina ^¿.— M. 

— Litharg-yria Ésp. — S. I. 
Caradrina Exig-ua Hb. — S. I. 

— Morpheus Eufn. — S. I. 

— Ambig-ua Fabr. — M.-S. I. 

— Quadripunctata Fabr. — S. I. 
Amphipyra Pyramidea Z.— S. I. 



(9) Vázquez Figueroa. — lepidópteros. 263 

Amphipyra Trag-opog-onis L. — S. I. 
Calymnia Affinis L. ex 1. — M. 

— Diffinis L. ex 1.— M. 

— — V. Pálida ex L— M. 
Panolis Piniperda Vanz. — S. I. 

Cirroedia Xerampelina ab. Unicolor 8tgT. — S. I. 
Xanthia Fulvag-o ab. Flavescens Es'p. — S. I. 
Xylina Soda Rott. — S. I. 
Cucullia Verbasci L. ex 1. — M. 

— Lychnitis Ramh. ex 1. — S. I. 

— Blattarige Esp. ex 1. — M. 
Plusia Gamma L. ex 1. — M.-S. I. 
Heliothis Dipsaceus L. — S. I. 

— Peltig-er ScUf. ex 1.— M.-S. I. 

— Armig-er Hb.—K.-^. I. 
Acontia Solaris Esp. — M. 

— Luctuosa Esp. — M. 
Thalpochares Respersa Hb. — M.-S. I. 

— Candidana Fahr. — M.-S. I. 

— Purpurea. — S. I. 
Ag-rophila Trabealis Se. — M. 
Euclidia Glypbica L. — S. I. 
Catocala Elocata Esp. ex 1. — M.-S. I. 

— Nupta Z.— S. I. 

— Sponsa L. — S. I. 

— Nymphgea Esp. — M.-S. I. 

— Conversa Esp. — M.-S. I. 

— Nymphag-og-a Esp. ex 1.— M. 

— Promissa Esp. — S. I. 
Spintherops Spectrum Esp. ex 1. — M.-S. I. 

— Dilucida Bb.—M.-8. I. 
Hypena Obesalis F7\ — S. I. 

— Obsitalis £lb.—&. I. 
Brephos Nothum Bd. — M. 



Geometrse. 

Pseudoterpna Pruinata ffufn. — S. I. 
, — Coronillaria Hb. — S. I. 



264 ANALES DE HISTOEIA NATURAL. (10) 

Phorodesma Pustulata Hnfii. — S. I. 
Acidalia Vittaria Hl. — M. 

— Luteolaria Const. — S. I. 

— Ochrata Sc.—M.. 

— Litig'iosaria B. — M. 

— Sericeata Hb. — S. I. 

— Contiguaria Hd. — S. I. 

— Spoliata Stp\—S. I. 

— Humiliata Híifn. — M. 

— Circuitaria Hl. — S. I. 

— Herbariata i^«5r,— S. I. 

— Turbidaria ffS.—M. 

— Assellaria JIS. — S. I. 

— Dilutaria Hb.—^. I. 

— Deversaria H8. — S. I. 

— Mancipiata Stgr. — M. 

— Marg-inepunctata Góze. — M.-S. I. 

— Moniliata Fabr.—S. I. 

— Inornata JI)v. — S. I. 

— Aversata Z. — S. I. 

— Obsoletaria Ramb. — M. 

— Elong-aria Ramb. — S. I. 

— Rusticata Fabr. — S. I. 

— Ornata Se. — S. I. 

— Decórala Bkh. — S. I. 

— Rubricata Fabr. — S. I. 

— Miserata Stgr. — S. I. 

— Emarg"inata L. — S. I. 
Zonosoma Punctataria L. — S. I. 

— Pupillaria Hb. v. Pálida.— S. I. 
Pellonia Vibicaria Cl. — S. I. 
Abraxas Paritaria Z.— M. 
Steg-ania Trimaculata Vül. — S. I. 
Cabera Exanthemata Se. — S. I. 
Ellopia Prosapiaria Z. — S. I. 
Eug-onia Fuscantaria Hw. ex 1. — M. 

— Quercaria Hb. ex 1.— M.-S. I. 

— Alniaria L. — S. I. 
Crocallis Tusciaria BKh. ex I. — M. 
Urapteryx Sambucaria L. — S. I. 



<ii) Vázquez Figueroa. — lepidópteros. 265 

Venilia Macularia Z.— S. I. 
Macaría Notata Z. — S. I. 

— Liturata Cl.—S. I. 
Hybernia Prog'emmaria Hd. — M. 

— Defoliaria CL—M. 
Eiston Stratarius Hiifn. ex 1.— M. 
Hemerophila Abruptaria Thil. — M. 
Eoarmia Ilicaria H. Cf. — S. I. 

— Repandata L. — S. I. 
Tephronia Sepiaria Hufn. — S. I. • • 
Gnophos Stevenaria B. — S. I. 

— Mucidaria Hd.—S. I. 

— Furvata Fadr.—S. I. 

— Serraría Gn. — S. I. 
Anthometra Plumularía B. — S. I. 
Athroolopha Penníg-eraría Hd. — S. I. 
Fídonía Fámula J^sp. — M. 
Bupalus Píniaríus Z. — S. I. 
Tephronia Cremiaría Frr. — S. I. 
Selidosema Erícetaría ViU.—^. I. 
Enconista Miniosaría Du-p. — M. 
Aspilates Gílvaria Fabr. — S. I. 

— Ochrearía Rossi. — M. 
Lig-ía Jourdanaría VUl. — M. 
Heliothea Díscoídaría B. — S. I. 
Sterrha Sacraria Z. — S. I. 
Lythría Sang'uínaria Dup.—'&. I. 
Ortholítha Limítata Se. — S. I. 
Odezia Atraía Z. — S. I. 
Líthosteg-e Gríseata ScMJ'.—M.. 
Anaitís Plag-íata Z. — M. 
Chesias Spartiata Fuesl.—W. 
Tríphosa Dubítata Z. — S. I. 
Scotosía Vetulata Sc/iiJ^.—S. I. 

— Rliamuata ScMff. — S. I. 
Cidaría Montanata Bhh.—^. I, 

— Dílutata ^M.— M.?-S. I. 

— Fluctuata Z. — S. I. 

— Bilíneata Z.— M.-S. I. 

— , — V. Testaceolata Stgr. — M.-S. I. 



266 ANALES DE HISTOEIA NATURAL. (12) 

Cidaria Elutata Hl). — S. I. 

— Sociata Bhli. — S. I. 

— Ocellata L. — S. I. 

— Uniformata Bell.—^. I. 

— Ribata Hh.—^. I. 

— Sordidata Fahr. — S. I. 
Eupithecia Assimilata Gn. — M. 

— Pumilata ffb.—S. I. 

— — ab. Oxydata Tr. 

— Oxycedrata Ramh.—M. 

— Subnotata Mb.—S. I. 



CATALOGO 



DE LAS 



PERIANTIADAS CUBANAS 

ESPONTÁNEAS Y CULTIVADAS, 

POR 

D. MANUEL GÓMEZ DE LA MAZA. 



(Sesión del 6 de Diciembre de 1893.) 



ORDEN II.— GAMOPETALAS (1). 
Suborden I. — Gamopétalas superovariadas. 

Soláneas. — Convolvuláceas. — Apocíneas. — Asclepiádeas . — Escrofularíneas. — 
Gesneráceas.— Acantáceas.— Verbenáceas. 

Soláneas. 

Solanum torvum Sw. — Prendedera. 

— esculentum Dun. — Berengena. 

— ig"neum Lin. 

y, inerme Dun. 

í, Persicsefolium [Solanum Dun.] 

— nigrum Lin. — Hierba mora. 

— triste Jacq. — Tabaco cimarrón. 

— Boldoense A. Cand. [S. cardiophyllum Dun.; no 

LindL] (381, 3023) .—Jazmín de Italia. 

— Jasminoides Paxt. (Cult.!) — Jazmín de Italia. 

— inclusum Gris. [S. tetramerum Durv.; A. Cand.] 

— tuberosum Lin. (Cult.!) — Papa. 

(1) Véanse los tomos xix, p. 213 y xxiii, p. 41, de estos mismos Anales. 



268 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (lOOj 

Solanum indecorum Rich. 

— Callicarpgefolium Kuntli y Bouché. — Prendedera ma- 

cho (tipo y var.). 
/3, asperum [Solanum Valh]. 
y, radula [Solanum Valh]. 

— Edwardi Kunth y Bouché. — Omitido por Sauval. 

— Verbascifoliiim Lin. (3031). — Prendedera macho, 

P. hedionda, Tal) acó cimarrón. 

— frag-ile AVr. (3024). 

— Havanense Jacq. (3025). — Tomatillo de la Hahana, 

Aji de Chi7ia? — El S. Havanense, Vellozo, es muy 
dudoso. 

— lentum Cav. (3026). 

— virg-atum Lam.'^ (385). 

— Aquartia Dun. (1642). 

— Crotonoides Lam.i^ (382). 

— lancesefolium Jacq. (exót.) 

Y?, scabrum [Solanum Yahl] (3028). — Ajicón. 
S?, SagTsenum [Solanum Rich]. 

— Cúbense Dun. — No descrito en el Prodromus, omitido 

por Sauval. 

— Jamaicense Sw. (380). 

— aculeatissimum Jacq. (3029). 

— latifolium Poir. (3030). 

— Chamíeacanthum Gris. (3634). 

— mammosum Lin. (Cuba?) — Güirito. 
Lycopersicum esculentum Mili. [Solanum Lycopersicum Lin.] 

{C\úi.\)— Tomate. 
Capsicum pendulum Willd. — Aji (tipo y var.) 
i3, minus Dun. [C. Havanese Kunth]. 

— baccatum Lin. — Ajiguaguao. 

— annuum Lin. (cult.) — Aji comíin, Pimiento. 
Physalis pubescens Lin. {3ñ3o'?)—Panto7}iima, Vejiga de perro. 

— ang-ulata Lin. (3637). — Tomatillo. 

B, Capsicifolia Gris. [Physalis Dun.] (Cult.! silv.?) — 

Farolillo. 
y, Linkiana Gris., AGray [Physalis Nees]. — Paniomi- 

7?ia, Vejiga de perro. 

— Hermanni Dun. (3636). — Pantomima, Vejiga deperro. 
Lycium Acnistoides Gris. — Palo gallina, Bellado?ia de la tierra. 



(101) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 269 

Datura Stramoniíim Lin. — Chamico. 

13, Tatula Dun. — Chamico, C. azulado. 

— Metel Lin. — Chamico. 

— fastuosa Lin. — Chamico de la tierra?, Timica de Cristo^ 

Ñangue. 

— ceratocaula Orteg-a. — Chamico silvestre. 

— suaveolens Kuntli. — Campanilla Manca, Flor de campa- 

na, Floripundio dlanco, Árbol de la Mhijagua. 
Solandra grandiflora Sw. — Chamico dejuco. 

— long-iflora Tuss. — Chamico bejuco. 
Cestrum nocturnum Lin. — G-alán de noche. 

— Laurifolium L'Hérit. (1352, 1352'). — Galán de dia, de 

sabana. 

— hirtum Sw. (386). 

— álbum Terrero. 

— fastig-iatum Jacq. 

— Moquinianum Dun. 

— odontospermum Jacq. — Omitido por SauvaL 

— diurnum Lin. (387, en parte, 3032). — G-alán de dia 

(tipo y var.) 
y, tinctorium [Cestrum Gris.; no Jacq.?; C. diurnum 
A. Gray?; no Lin.] (376). 

— macrophyllum Vent. (387, en parte). 

— Daplmoides Gris. (1351). 
Petunia parviflora Juss. (3638). 

— Nyctag-iniflora Juss. (Cult.!) — Petunia. 

— violácea Lindl. (Cult.!) — Petunia. 
Nicotiana repanda Willd. — Tabaco cimarrón. 

— Tabacum Lin. [N. Havanensis Lag-asca] (Cult.!) — 

Tabaco. 

— Plumbag-inifolia Viv. 

— Doniana Dun. 

Brunfelsia nitida Benth. [B. sinuata Ricli.; B. parvifolia Rich.] 
(3021). — Galán de noche, arbusto, Nabaco. 

— Cestroides Rich. [B. purpurea Gris.; B. Vinciflora 

Gris.] (393, 394, 1349).— Galán de noche morado. 
Lila de las Antillas. 

— Americana Sw. — Omitida por SauvaL 
Schwenkia Americana Lin. [S. adscendens Gris.; no Kunth]. 

— Tabaco cimarrón. 



270 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (102) 

Convolvuláceas. 

Arg-yreia speciosa Sweet (Cult.!) 

Ipomsea (Calonyction) bona-nox Lin, [Calonyction meg-alocar- 

pum Rich.; C. speciosum Rich.] — Flor de Y, Manca, 

Bejuco de campanillas. 

— (Operculina) pterodes Choisy. — Almorrana, Tomate de 

mar, de fior amarilla. 

— — tuberosa Lin. — Bejuco de indio'? 

— (Scliizips) dissecta Piirsh. — Aguinaldo de almendra. 

— — pentaphylia Jacq. [Batatas Choisy]. — Agui- 

naldo velludo. 

— — quinquefolia Gris. [Batatas Choisy]. 

— (Batatas) Batatas Lam.'' (ofrece alg"unas var.) (Cult.) 

— Boniato. 

— — fastig-iata Sweet. — Aguinaldo. 

— — Sidfefolia Choisy. — Campanilla Manca, Agui- 

naldo di anco. 

— — alterniflora Gris. [I. obtusata Gris.; I. dig*i- 

tata Lin.; var., Gris.; I. punctata Wr.; 
L Pes-Capra3 Gris., Cat. 203? no S\v.?]— 
Aguinaldo depinares. 

— — Jalapoides Gris. 

— — calantha Gris. 

— (Pentadactylis) Cavanillesii Rom. y Schult. 

— — triloba Lin. — Marrullero, Aguinaldo 

rosado (tipo \ var.) 
j3, Eustachiana Jacq. 

— tenuissima Choisy. 

— (Xanthifos) umbellata Mey. — Aguinaldo amarillo. 

— (Pes-Capríe) Pes-Caprse Sw. — Boniato deiüaya. 

— — Ácetossefolia Rom. y Schult. — Boniato de 

playa. 

— — Martinicensis Mey. [Aniseia Choisy]. 

— — Nymphseifolia Gris. — Boniato de playa. 

— — Imperati Gris. [Convolvulus Vahl.; Bata- 

tas litoralis Choisy; no I. litoralis 
Blum.; I. arenaria Rom. y Schult.; no 
Steud.] — Boniato de playa. 



(lOB) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 271 

Ipomsea (Pes-Caprse) sag-ittata Desf. 

— — heptaphylla Gris. — Bejuco de indio criollo, 

morado. 

— — dactylophylla Gris. 

— — calophylla Wr. — Terciopelo de monte. 

— — Hyparg-yrea Gris. 
. — — prsecox Sauval. 

— (Exog-onium) repanda Jacq. 
/5, pratensis Wr. 

y, undulata Wr. 
' — — arenaria Stend. — Omitida por Sauval. 

— — microdactyla Gris. 

— — Fuchsioides Gris. 

— — racemosa Poir. 

— — arg-entifolia Ricli. — Terciopelo solferino. 

— (Quamoclit) Quamoclit Lin. [Q. vulg-aris Choisy]. — 

Camh'ustera de hojas menudas. 

— (Mina) coccínea Lin. — Canibustera de hojas anchas, 

punzó. 

— — Hedersefolia Lin. [L coccinea Lin.; j3, Hederse- 

folia A. Gray]. 

— (Pliarbitis) punctata Sauval (no Wr.) 

— — Cissoides Gris. 

— ■ — Nil Rotli. — Manto de la Virgen, Aguinaldo 

azul claro. 

— — purpurea Lam.'' [Pharbitis hispida Choisy]. 

— Aguinaldo pturpúreo. 

— — acuminata Rom. y Schult. [Pharbitis mu- 

tabilis Choisy; Ph. calycosa Rich.?] 

— — cathartica Poir. — Aguinaldo. 

— — Jamaicensis Don, — Omitida por Sauval, 

así como la var. 
/3, g-labrata Gris. 

— — heterophylla Ortega. 

— (Apharbitis) Rudolphi Rom. y Schult. 

— (sección?) commutata Rom. y Schult. 

— — ? Ramoni Choisy. 

— — ? pinnatifida Don. 

— — ? Serpyllifolia Don. 
, — ? — ? Falkioides Gris. 



2T2 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (104) 

Ipomaea? (sección?) ? [Pharbitis Ostrina LindL, Bot. Reg:, lámi- 
na 51.] (Cuba, seg-ún Benth. y Hook., Gen.pl., ii, 872.) 
Jacquemontia Tamnifolia Gris. [IpomseaLin.] — Aguinaldo azul. 
Convolvulus pentantlius Jacq. 

— micranthus Rom. y Scliult. 

— Jamaicensis Jacq. 

— Valenzuelanus Rich. 

— Havanensis Jacq. [Ipomíea Choisy; C. ruderarius 

Kunth.] 
/?, corolla-majori Gris. 

— nodiflorus Desr. 

— tricolor Lin. (Cult.) — Don Diego de día. 
Evolvulus Alsinoides Lin. 

— arbuscula Poir. 

— sericeus Sw. 

j3, arg-enteus Gris. [Evolvulus Pursh.] 

— incanus Pers. 

— Serpylloides Sauval, nombre [Convolvulus (Ortho- 

caulos) Serpylloides Gris.] 

— nummularius Lfn. — Aguinaldiio rastrero. 

— Cong-ifolius Choisy (Habana, seg-ún Choisy, en 

Cand., Prodr., ix, 449). — Omitido por Sauval. 
Dichondra repens Forst. — Agiiinaldito rastrero. 
Cuscuta (Grammica) Americana Lin. — Bejuco fideo. 

— — umbellata Kunth. 

— — indecora Choisy [C. decora Eng-elra.] 

— — obtusiflora Kunth. 

Apocineas. 

Allamanda cathartica Lin. — Jazmín de la tierra, Barbero, Flor 

de lardero. 
Carissa g-randiflora Cand. (cult.) 
Thevetia Neriifolia Juss. — Cabalonga, Colalonga. 
Rauwolfia nitida Lin. — Huevo de toro. 

— canescens Lin. — Palo loniato. 

— Lamarckii, A. Cand. [R. nitida Lam.'^; R. lati- 

folia A. Cand.; R. lanceolata Gris.; Veg. Kar.y 
A. Cand.?] 

— Ternifolia, Kunth. — Frutillo. 



(105) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 273 

Rauwolfia Alplionsiana J. Müll. [R. parvifolia Spreng-.; ¡3, Cu- 
bana A. Cand.; R. parvifolia Rich.] 

— Salicifolia Gris. — Lírw de paredón. 

— Cubana A. Cand. — Zirio de costa. 
Vallesia g-labra Link. — Pa?o boniato. 
Taberníemontana Citrifolia Lin. — Pegojo, Jazmín de la montañaf 

— Laurifolia Lin. (Cuba?) 

— Berterii A Cand. (exót.) 

e, parviflora A. Cand. — Lechoso, Palo lechoso. 

— discolor Sw. 

— apoda Sauval. 

Cameraria latifolia Lin. [Neriandra Havanensis, J. MülL] — 
Maboa. 

— retusa Gris. — Maboa de sabana. 
Strempeliopsis Cubensis [Rauwolfia? Strempelioides Gris.] — 

Palo boniato. 
Vinca (Lochnera) rosea Lin. [Lochnera Reich.] — Vicaria. 
Stemmadenia Galeottiana [Odontostig-ma Galeottianum Rich.] 
Piumieria alba Lin. — Lirio, L. blanco. Alelí blanco, Atabaiba 
(tipo y var.) 
/?, g-labra Gris. 

— obtusa Lin. (exót.?) 

y?, laevis Gris. — Lirio amarillo, L. de playa, L. mo- 
rado. 

— emarginata Gris. — Lirio (tipo y var.) 
i3, Sericifolia [Piumieria AVr.] 

— Clusioides Gris. — Lirio (tipo y var.) 

;3, parviflora [P. obtusa Lin.; I, parviflora, Gris.] 

— Filifolia Gris. — Lirio. 

— rubra Lin.? (Cuba? silv.?) — Lirio tricolor?, L. chu- 

cho?, L. dulce? 

— especie (cult. !) — Lirio de Méjico. 
Malouetia Cubana A. Cand. 
Anechitesasperug-inisGris. [Echites Sw., E. Lappulacea Lam.''; 

^, asperug-inis A. Cand.] 
Haplophyton cimidum (^) A. Cand. [Echites cinérea Rich.] 
Nerium Oleander Lin. (cult.!) — Adelfa, Rosa francesa. 



(1) En Benth. y Hook., Gen. pl., ii, "23, se lee cimifagum; y en A. Gray, The Gamop., 
II, 82, cimicidttm. 

ANALES DE HIST. NAT.— XXIII. 18 



274 ANALES DE HISTORIA NATUEAL. (106) 

Forsteronia corymbosa Mey. — Curamagüey iwieto, Bejuco prieto. 

— Alexandri Gris. — CuTamagüey prieto, Bejuco prieto. 

— (Syring"Ostachyun) Corylifolia Gris. [Thyrsanthus? 

Corylifolius Gris.; Ecliites spicata Jacq.?; Fors- 
teronia spicata Mey.?] 
Echites (Laubertia) biflora Jacq. — CJaxelitos de saltana, C. de 
manglar. 

— — paludosa Vahl. [E.-concolorHamilt.] — Cla- 

velitos de manglar. 
— • (Euechites) torosa Jacq. — Bejuco de mangle. 

— — rosea A. Cand. [E. Mj-rtifolia Rom. y 

Schult., no Poir.; Mesechites Myrtifolia 
J. Müll.] — Bosa de salana. 

— — repens Jacq. 

— — umbellata Jacq. 
/?, long-iñora Gris. 

y, crassipes [Echites Rich.] 

— — litorea Kuntli. 

— (Laseg-uea) calycosa Rich. 

— (Mandevilla) Valenzuelana Rich. [Rhabdadenia Wrig'h- 

tiana J. ^NfüU.] 

— — Sag-rfFÍ Cand. [Rhabdadenia J. Müll.; 

lí. ferrug'inea Rich.] 

— (Rhabdadenia) Cubensis Gris. [Rhabdadenia J. Müll.] 

— — Lindeniana Gr. [Rhabdadenia J. Müll.] 

— (Urechites) Andrewsii Chapm. [E, Neriandra Gris.: 

Neriandra suberecta A. Cand.; E. Ca- 
tesbfpi Don.?] 

— — Jamaicensis Gris. [E. Doming-ensis S\v., 

no Jacq.] 

— — suberecta Jacq. [Urechites J. Müll.] — Cla- 

velitos de sabana, dejlor amarilla. 

m 

Asclepiádeas. 

Marsdenia clausa R. Br. [M. afíinis Rich.] (1374) {}). — Cura ma- 
guey . C. Manco, (tip. y var.) {^). 



(1) Es erróneo 1378, en Sauval. 

(2) Hay que distribuir entre las variedades las exsicr.atas de Wr., 1375 y 2970. 



(107) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 275 

Marsdenia /3, campanulata [Marsdenia Gris.] 

y, bifida [Marsdenia campanulata Gris.; 8^ bifida 
Gris.] 

— ag-g-lomerata Dec.^"« 

— elliptica Dec.sn^ 

— iimbellata Gris, (i) (2972). 

— fusca Wr. (2976). 

— Saturejifolia Ricli. — Omitida por Sauval. 
Metastelma parviflorum R. Br. 

— hamatum Gris. (2959). 

— penicillatum Gris. (2960). 

/■{, brachystephanum [Metastelma Gris.; Asteplia- 
nus Cubensis Kunth; í3, pauciflora Gris.] (1665, 
2961, en parte) (2). 

— linearifulia Rich. [Amphistelma Gris.] (*) (2957). 

— fusculura Sauval. 

— Cúbense Dec.^"^ (3528). 

— Bahamense Gris., Caí. 174 [M. Cúbense Gris., Flo- 

ra, 417, no Dec.^"^; M. Schleclitendalii Chapm., 
no Dec.s'^'^] 
Poicilla Tamnifolia Gris. 

— ovatifolia Gris. (*). 
Vincetoxicum palustre A. Gray [Ceropeg'ia palustris Pursh.; 
Lyonia marítima Eli.; Cynanchun ang-ustifo- 
lium Nutt.; Seutera marítima Dec.®"^; Cynan- 
clium maritimum Máximo; Amphistelma sa- 
linarum Wr., en Gris., Cat. 175; Metastelma 
salinarum, atribuido á Wr. por Sauval, autor 
de este nombre] (2958). 
— scoparium A. Gray [Cynanchum scoparium 

Nutt.; Cynoctonum? scoparium, Chapm.; Am- 
phistelma filiforme Gris. ; A. Ephedrioides 
Gris.; A. Graminifolium Gris.; Metastelma 
filiforme Wr., seg-ún A. Gray, pero creemos 
que este nombre es de Sauval] (405, 2962, 
2969). 

(1) Sinónima de la M. elUxítica Dec. '"'•■? 

(2) La otra parte es algún Astejihanus, según Bentli. y Hook. 

(3) ¿Será Vincetoxicum? 

<4) Véase Astejphanus ovaUfoUus Rich. 



276 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (108>- 

Vincetoxicum acuminatum [Orthosia acuminata Gris.] (2966). 

— oblong-atum [Orthosia oblong-ata Gris.] (2967). 
Gonolobus Tig-rinus Gris, (1667). 

(i, ang-ustifolius Gris. 

— stephanotrichus Gris^ (407, 2969). 

— Ottonis Kocli y Bouché. 
Oxypetalum riparium Kunth (406). 

Metalepis Cubensis Gris. (2977?) [Gonolobus Rich., excluyendo 

sinonimia Jacq.?] 
Laclinostoma maritima [Ibatia Dec.^"®] 

— mollis [Ibatia Gris] (2978). 

Philibertia viminalis A. Gray [Asclepias Sw. ; SarcQstemma 
Brownei Mey.; S. clausum Eich.] (1666). 

— ? scandens [Fisclieria Cand.; Cynanchum crispiflo- 

rum Sw.; Salisb. Gonolobus crispiflorus Rom. y 
Scliult. ; Holostemma Candolleanum Spreng".] 
(1378). — Cnramagney de costa, Huevo de toro, be- 
juco, Guduro. 

Fischeria Havanensis Dec.®"*" — Curamagüey de costa. 

Astephanus Grisebachi [Tylodontia Cubensis Gris.] (2564). 

— ovalifolius Rich. (403, 2968).— Gris., Pl. Wright., 

520, cita la exsiccata de Wr., 1379. — Esta espe- 
cie será sinónima de la Poicilla ovatifolia Gris.? 
(2965). 

— urceolatus Gris. 

— Cubensis Kunth (404). 

Stephanotis longiflora [Marsdenia Rich.] {29*14).— Ctiramagüey. 

— Yinc?eflora [Marsdenia Gris.] (2975). 

— floribunda A. Brong-n. (Cult.!) — Estefanotis. 
Hoya carnosa R. Br. (C\x\i.\)—FJorde cera. 

— especie (Cult,!) 
Calotropis herbácea Wallisch? (Cult.!) 
Stapelia varieg-ata Lin. (Cult.!) — Estrella, Africana. 
Asclepias Curassavica Lin. (401). — Flor de calentura, F. de la 
calentura, encarnada. 

— nivea Lin. [A. perennis Sauval, no Walt.?] (402), — 

Flor de calentura, blanca. 

— Cornuti Dec.s"« (Cult.) — Hierba acolchada, Asclepias 

de Siria. 



(109) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 277 



Escrofularineas. 

Micranthemum (Eumicranthemum) (•) orbiculatum Mich.* 

— — (2) rotundatum Wr. 

— (Hemianthus) {^) Nuttallii A. Gray [Hem. Mi- 

cranthemoides Kutt.] 

— — punctatum Sauval, nombre 

[Hem. piinctatus Wr.] 

— — multiflorum Sauval, nombre 

[Hem. multiflorus Wr.; 
Hem. erosus Wr.] 

— — trisetosum Sauval , nombre 

[Hem. trisetosus Wr.] 

— — Elatinoides Sauval, nombre 

[Hemianthus Gris.] 

— — Callitrichoides Sauval, nom- 

bre [Hemianthus Gris.] 
(1640, en parte) 0). 

— — adenander Sauval , nombre 

[Hemiantus Wr.] 

— — (^) reflexum Sauval , nombre 

[Hemianthus reflexus Wr.] 

— (Amphiolanthus) Bryoides [Amphiolanthus 

Gris.] 

— — Arenarioides [Amphiolan- 

thus Gris.] 
— -^ (sección?) ciliolatum Sauval. 

— — ? tetrandrum Sauval (^). 
Hydranthelium humifíisum Sauval, nombre [Herpestis (Bra- 

mia) humifusa Gris.; Herpestris obovata Popp.?] C). 
Encopa tenuifolia Gris. 



(1) Subsección E umicraiitJiemum propios . 

(2) Subsección Micropeplidium. 

(3) Subsección Euhemianthus. 

(4) La otra parte es la Oldenlaiidia Callitrichoides Gris. : Rubiácea. 

(5) Subsección Hemiolanthus. 

(6) Estambres i-3.— Micranthemum? 
(1) Herpestis ? 



278 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (110) 

Bonnaya alterniflora Sauval ('). 
Ilysanthes Gratioloides Benth. 
Capraria biflora Lin. — Esccibíosa, Majuito. 
Scoparia dulcis Lin. — FscoMUa. 
Budinera elong"ata Sw. — Escabiosa. 

— Americana Lin. 
Gerardia purpurea Lin. 

— hispidula Mart. 

— Doming-ensis Spreng-. — Fernandina Manca. 
Synapsis Ilicifolia Gris. 

Russelia sarmentosa Jacq. — Omitida por SauvaL 

— Júncea Zuccar (Cult. !). — Lágrimas de amor, L. de Jú- 

piter. 
Scrophularia micrantlia Desv. ; no d'Urville. 
Stemodia maritima Lin. 

— Durantifülia Sw. 

— parviflora Ait. 

— Ag-eratifolia SauvaL 

— radicans Gris. 

Conobea innominata G.-M. (2) (3003). — Omitida por Gris, y 

SauvaL 
Herpestis reñexa Benth. 

— repens Champ. y Sclilecht. 

— i3 multistriata Wr. 

— Beccabung"a Gris. 

— sessiliflora Benth. 

— rotundifolia Pursh. 

— obovata Popp. (^). 

— ChanijTedryoides Kunth [H. Cubensis Popp.] 

— Monnieria Kunth. — Graciola. 

— Micro-Monnieria Gris. 

Torenia (Xortenia) Asiática Lin. (Calt.!) — Violeta cliina. 
Ang'elonia Salicariff'folia Kunth [A. ang-ustifolia Gris. ; no 

Bentli.?] — Fernandina (enana y grande). 
Linaria (Elatinoides) Elatine Mili. (Cult.) 
Antirrhinum majus Lin. i^wW.l)— Boca de dragón, Monigote. 



(1) Ilíjsanthes? 

(2) Enana, postrada, muy ramosa. Hojas diminutas. 

(3) Véase H¡/dranthelium. 



(111) Gómez de^la Maza. — periantiadas cubanas. 279 



Gesneráceas. 

Sesamum Indicum Cand. (exót.) 

y, subindivisum Cand. (Cult.!) — Ajonjolí. 
Crescentia Cujete Lin. [C. acuminata KunthJ. — Güira, Gf. ci- 
onarrona, Totuma. 
— Cucurbitina Lin. — Magüira. 
Schleg-elia parasítica Miers (') [Tansecium (2) parasiticum S\v.] 
— Güira macho. 
— bracliyantha Gris. 
Bellonia spinosa Lin. 
Niphfea pulcliella Gris. 
Heppiella rupincola \Yr. [Rhytidophyllum petiolare Gris. Cat., 

198, en parte; no Cand.] — Boca de león. 
Pentarhaphia (Eupentarliapliia) Ducliartrseoides SauvaL 

— — triflora Gris. 

— — incurva Gris. 

— — ferrug'inea Sauval. 

— — Salicifolia Gris. 

— — g-landulosa Gris. 

— — verrucosa Dec.^"^ 

— — Cubensis Dec.*"^ 

— (Ducliartrea) viridifolia [Duch. Dec.s"«] {^). 

— (Synantliera) humilis [Conradia Mart.] 

— — depressa [Conradia Gris.] 

— — Celsioides [Conradia Gris.] 

— — • Gloxinioides [Conradia Gris.] 

— — Libaneiisis[GesneriaMorr.;Ophian- 

tlie Hanst.; Conradia Gris.; Rhy- 
tidopliyllum floribundum Houtt.; 
Lem. Herincquia floribunda 
Dec.^"'^] 



(1) Sauval hace sinónimas ambas especies bajo el nombre de Tanacium parasiti- 
«íSíSw.jloque es erróneo. Esta última especie, su sinonimia y demás, debe borrarse 
del catálogo de las Bignoniáceas (Anales, xix, 261). 

(2) El género Tancecium, admitido modernamente y distinto de Schlcgelia, no tiene 
especies cubanas. Ambos son Oesneráceas. 

(3) Gris., Cat., 199, admite D. viridi/lora Dec.sne 



280 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (112) 

Pentarhaphia (Sytnauthera) reticulata [Conradia Gris.] 

/?, obovata [Conradia reticulata 
Gris. ; j3, obovata Gris.] 
— — corrug-ata [Conradia Gris.] 

Rhytidopljyllon crenulatum Cand. (Rhytidophyllum). — Boca 
de león. 

— tomentosum Mart. (Rhytidophyllum) [Rhyti- 

dophyllum exertum Gris.] — Boca de Jeón, 
de ])aredúii; Salvilla. 

— petiolare Cand. (Rhytidophyllum) [Rhytido- 

phyllum petiolare Gris., Cat., 198, en par- 
te]. — Boca de león, de paredón. 
— Wrig-htianum Gris. (Rhytidoph^'llum). — Boca 

de león. 

Tussacia pulchella Reichb. [Besleria Don]. 

Alloplectus cristatus Mart. 

Columnea (Eucolumnea) scandens Lin. 

— — tincta Gris. 

— (Collandra) sang'uinea [Besleria Pers.; CoUandra 

Gris.; Alloplectus sang'uineus Mart.] 
Martynia diandra Glox. — Martinia, AlacranciUo, Araña-gato. 



Acantáceas. 

Thunberg'ia fragrans Roxb. [^'\\\\)—Tuml)ergia. 
Y, Nees. (Silv.) — Tmiibergia. 

— alata Bojer (Cult.!) — Anteojo de poeta, Ojo de p)oeta. 

Ofrece alg-unas variedades. 

— g-randifiora Roxb. (Cult.!) — Tnmhergia azul. 

— erecta (Cult.!) [Meyenia Benth.] 
Elytraria tridentata Yahl. (Cuba?) 

y, ^Yrig•hti (3053). 
Hyg-rophila hispida Nees. (3056) [Ruellia Rich.] 
Calophanes Cubensis Rich. 

Euellia g-eminiflora Kuntli (3054) [Dipteracanthus g-eminiflo- 
rus Nees.; «, procumbens Nees.; D. nanus Nees.] — 
Fulminante. 
-y, canescens Gris. (366) [Dipteracanthus Nees.]— 7^«/- 
oninante. 



(113) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 28i 

Ruellia diífusa Gris. (Rug'el, 741) [Dipteracanthus diffusus 
Nees.] 

— simplex Sauval. 

— paniciilata Lin. (3054) [Dipteracanthus paniculatus 

Nees.; Hyg'rophila paniculata Grosourdy (HygTO- 
phylla)]. 

— tuberosa Lin. (Silv.!) [Cryphiacantlius Barbadensis 

Nees.] — SaUa-Perico. 
^, humilis (Silv.) [Cryphiacantlius Barbadensis Nees.; 
o, humilis Nees.] (') — Salta-Perico. 

— (Stephanophysum) Maravilla (3055) [Stemonacanthus 

macrophyllus Nees.] ic)—MaramUa. 
Blechum Brownei Juss. (3057). — Mazorquilla. 
Daidalacanthus nervosus G.-M. (Cult.!) [Eranthemum nervo- 

sum R. Br.]— Azulejo. 
Sanchezia nobilis Hook. (Cult.!) 

Acanthus mollis Lin. {Cu.lt.1)— Acanto, Hierha giganta. 
Barleria Prionitis Lin. (Cult.!) 

Barleriola Solanifolia (3058) [Eranthemum Cúbense Spreng".; 
Barleria Solanifolia Lin.] 

r, humilis (Silv.) [Barleria Solanifolia Lin.; ;3 Nees.] 

¿\ Lindeniana (Linden 1830). 

f, bispinosa (1342) [Anthacanthus bispinosus Gris.] 

Saturejoides (3059) [Barleria Gris.] 
Stenandrium rupestre Nees. (3060). 

— Droseroides Nees. (3061). 

— scabrosum Nees. (1344) [Ruellia scabrosa Sw.] 

— punctatum Gris. (3062). 
Eranthemum bicolor Schrauk (Cult.!) 

— atropurpureum Hort. Ang'L? (Cult.!) 
Anthacanthus microphyllus Nees. (368) [A. spinosus Gris.; en 

parte en Pl. Wright. y en Cat. p¡. Cuh., no 
Nees.] 
— spinosus Nees.? (•'*) (369) [A. spinosus Gris.; en 

parte en oJjras citadas]. 



(1) Corresponden al tipo ó á la variedad el número Wrightiano 1313 y el Ruge- 
llano 742. 

(2) La Ruellia Humboldtiana Klotzsch, ha sido recolectada en Nueva Granada y 
dada erróneamente como cubana. 

(3) Especie omitida en Sauval, Flora. 



282 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (114) 

Aiitliacanthus purpurascens Gris. (3066). 

— tetrastichus Wr. , en Gris., Cat. i^J. Cub., 198 

(3067). 
Andrographis paniciilata Nees. (Cult.) [Justicia Burm.] 
Aphelandra tetrag-ona Nees. (Cult.) [Justicia cristata Jacq.] 
Justicia Orig'anoides Gris. [Adhatoda Nees.] 

— (Sarotheca) neo-glandulosa (3065) [Dianthera g-Iandu- 

losa Gris.] 

— (Gendarussa) Peruviana Cav., Icón., i. lám. 28 (Cult.!) 

[Gendarussa Peruviana Nees.; Adhatoda furcata 

A. Cand.] 
Adhatoda Yasica Nees. (Cult.!) [Justicia Adhatoda l^h\.]— Jus- 
ticia, Adatoda. 
Jacobinia (Cyrtanthera) Harpochiloides (3063) [Dianthera Gris.] 

— — Catalpa-folia G.-M. (Cult.!) [Cyrtanthe- 

ra B.ook.]—Cirtantera amarilla. 

— — Pohliana (Cult.!) [Cyrtanthera Nees.; 

Justicia carnea Lindl.; Hostul.; Bot. 
Reg ?\~Cirtantera rosada. 

— (Pachystachys) coccínea (362) [Pachystachys Nees.] 
Dianthera Sagraeana Gris. (367) [Rhytig-lossa Rich.; Rh. obtu- 

sifolia Nees.; j3, hirsuticaulis Nees.; D. obtusifolia 
Gris.; hirsuta Gris.] ¿Será wn^ Justicia? 

— Rug-eliana Gris. (3064) [D. obtusifolia Gris.; en pl. 

Rug-el, 377]. 

— reptans Gris. (364) [Rhytig-lossa Nees.] 

— Peploides Gris. (365). 

.— comata Lin. (') (363) [Rhytig-lossa Havanensis Nees.] 

— ovata Walth. (3641) [Rhytig-lossa humilis Nees.; a]. 
Fittonia arg-yroneura Comans (Cult.!) 

Thyrsacanthus nitidus Nees.; « (-) (la Ossa en herb. Cand.) 
Graptophyllon hortense Nees. (Graptophyllum) (Cult.!) [Justi- 
cia picta Lin.] 



(1) En el Prodr. no se cita, y se lee: 1.° Rhytiglossa Havanensis Nees. (Greene, 26) 
{Justicia humilis Greene], 2." Leptostachya comata Nees. (la Sagra, 601), siendo las dos 
especies sinónimas de la Dianthera comata Lin. , según Sauval ; 3.° Leptostachya Mar- 
tiana Nees.; rt (Popp. en herb. Berl.), omitida por Sauval , sinónimo de la D. comata 
Lin., según Gris., Flora, 456. 

(2) El número Wiightiano 3058 corresponde al tipo ó á una variedad. 



(115) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 283 

Dicliptera sexaiig-ularis Juss. (3068). — Gallitos. 
— assurg-ens Juss. (1638). 

y, Vahliaha (Silv.!) [Dicliptera Nees.] 



Verbenáceas. 

Cornutia pyramiclata Lin. 

Stachytarplieta (') Jamaicensis Valil. (Silv.!) [S. strig'osa VahL] 
— Verbena azul. 

— ang-ustifolia Vahl. — Verdena de Jioja angosta. 

— elatior Schrad. — Verbena. 

— Orubica Vahl. — Verbena cimarrona. 

— mutabilis Valil. — Omitida por Sauval. 
Tamonea Verbenacea Sw. 

Pétrea volubilis Jacq. (Cult.!, ^i\y.1)— Pétrea. 

Espadsea amoena Rich. [Goetzea Gris.; Armeniastrum apiciila- 

tum Lemaire]. — Rasca-barriga, Arrayán. 
Priva echinata Juss. (Cult.!) — Amor seco. 

Citharexylon ('^) villosum Jacq. (Citharexylum) (438). — Roble 
amarillo. 

— cinereum Lin. (Citharexylum). 

— lucidum Champ. y Schlecht. (Citharexylum) (436, 

437, en parte, 1359). — Guáiro santo de costa. 
Palo guitarra. 

— caudatum Lin. (Citharexylum) (3183). — Penda. 

— Berteri Spreng-. (Citharexylum Berterii) (437, en 

parte, 1356). — PaJo guitarra, Roble amarillo. 
Lantana Cámara Lin. (439). — Filigrana. 

— involúcrala Lin. (3165). — Hierba de la sangre, M... de 

gallina, Filigrana cimarrona, Té de costa. 

— reticulata Pers. (441, 3166, 3167, en parte) [L. odorata 

Gris.; no Lin.] — Filigrana. 

— odorata Lin. — Filigrana. 

— microcephala Rich. 

— trifolia Lin. (1630). — Filigrana de pina. 



(1) o Stachylarpha. 

(2) O Citharexylum. 



"284 ANALES DE HISTORIA NATUEAL. (116) 

Lippia Citriodora Kunth (Cult. !) [Aloysia Ortega]. — Eierha 
Luisa. 

— Betulsefolia Kunth (3161). — Filigrana. 

— nodiflora Rich. 

— reptans Kunth. 

— micromera Schauer. 

— canescens Kunth. 

— g-eminata Kunth (3159). — Salvia americana. 

— dulcís Trev. (440). — Oro:i(: de ¡a tierra. 

— Stoex-hadifolia Kunth (3163). 

— acuminata AVr. (3162). 

— Myrtifolia Gris. (3160). 

Bouchea Ehrenberg-ii Cham. y Schlecht. (3660). 
Verbena ürtiCcP folia Lin. (3659). 

— officinalis Lin. i^Mh^). — Verbena. 

— Aubletia Lin. {Cvút-D—Vcrheua. 

Duranta Plumieri Jacq. (Silv.! l'^o^).— Celosa, Violetina. 
Petitia Poeppigii Schauer (428, 1353) [Callicarpa cinérea Rich.?] 

Roble (jiiüijo. 
Gmelina arbórea Roxb. (Cult.!) — .Jolm de África. 

— Asiática Lin. (Cult.!) — Jobo de Asia. — una de estas 
especies está mal emiileada, siendo la Gm. parvifolia Roxb. 

Vitex divaricata Sw. (3171).— 0/o;¿ criollo, Roble giliro. 

— umbrosa 8w. (1355). — Roble güiro. 

— Avicennioides Rich. (431). 

— ring-ens Gris. (3181). — Copal illo, CJiicharrón de costa. 

— Ilicifolia Rich. (316S).—CTra /ladillo de costa. 
Callicarpa Americana Lin. (M^O).— Filigrana de fruto morado^ 

F. de mazorca. 

— acuminata Kunth (3169). — Filigrana de fruto blanco, 

F. del pinar. 

— ferrug-inea Sw. (430, 1357, 3170, 3171, 3173) [C. fulva 

Rich.] — Filigrana. 

— reticulata Sw. (3112) .—Filigrana de mazorquilla. 
iEg-iphila Martinicensis Lin. — Lengua de vaca. 

— elata Sw. (428, 1354). — Guáiro santo. 
Clerodendron aculeatum Gris. (3174) [Volkameria aculeata 

Lin.] 
— Cúbense Schauer (3175).— Oiw/o «>>¿«n7Zo, Hiél 

de perro. 



(117) Gómez de la Maz>i. — periantiadas cubanas. 285 

Clerodendron Sagraei Schauer (3116). — Oviedo de ñor Manca. 

— Lindenianum Rich. (3177) [C. tuberculatum 

'R\Q\i.'l]—Iioh]e guayo. 

— Lig"ustrinum R. Bi*. (Cult.?) 

— . fallaxLindl. (Cult.!) 

— especie {CxúV.)— Mil-flores, Mil-rosas, Cógelo-todo. 

— especie {Cxúi.'^)— Mil-ñores, Mil-^'osas. 
Avicennia nitida Jacq. (3182). — Mangle prieto. 

. — tomentosa Jacq. {^i\\.\)— Mangle Manco. 



Suborden II. — Gamopétalas inferovariadas. 

Cucurbitáceas. — Rubiáceas. 

Cucurbitáceas. 

Momoi'dica Charantia Lin. — Cundeamor. 

— Balsamina Lin. — Cundeamor. 
Luffa cylindrica Rom. (Cult.!) — Estropajo. 

— acutang-ula Roxb. — Estropajo. 
Melothria Guadalupensis Cog-n. [M. pervag'a Gris.] 

— Fluminensis Gardn. [M. microcarpa Gris.] 
Ang-uria pedata Jacq. 

— Plumieriana Schlecht. 

— Ottoniana Schlecht. 
Cayaponia excisa Cog-n. [Sicana Gris.] 

— racemosa Cog'u. [Trianospermum racemosum Gris.} 
d, acutiloba Cog-n. 

— Americana Cog-n. 

y, vulg-aris Cog-n. [Trianospermum g-raciliflorum 
Gris.; Cionandra g-raciliflora Gris.] 
Elaterium Carthag-inense Jacq. 

Sicydium Tamnifolium Cog-n. [Triceratia Bryonioides Rich.] 
Lag-enaria vulg-aris Sering-e {G\úi.\)— Güiro cimarrón. 
Cucumis Meló Lin. (Cult.!) — Melón de Castilla. 

— sativus Lin. (Cult.!) — Pepino. 

— Ang-uria Lin. (Cult.!) — Pepino cimarrón. 
Citrullus vulg-aris Schr. (Cult.) — Melón de agua. 
Cucúrbita máxima Duchesne (Cult.!) — Calabaza amarilla.. 



286 ANALES DE HISTORIA NATUEAL. (118) 

Cucúrbita Melopepo Lin. (Cult.l) — Calabaza bonetera. 
Sechium edule S\v. (Cult.!) — Chayóte. 
Feuillea cordifolia Lin. — Sémia, Pejñta amargad 



Rubiáceas. 

Manettia coccínea Willd. [M. Havanensis Kuntli, Cand. M. cus- 
pidata Berterol. — Canibustera cimarrona. 
— Lvg-istoides Gris. — Camiustera del país. 
Ferdinandusa ang-ustata Wr. (Ferdinandea) [Rondeletia Sauval, 
nombre]. — CaohiUa de sabana, de Jior ijunió. 
Hatillo. 

— stellata Gris. (Ferdinandea) [Rondeletia Sauval, 

\\ombve].—CaoMUa de sabana, Encospe, Hatillo. 

— brachycarpa Gris. (Ferdinandea) [Rondeletia 

Sauval, nombre]. 
j3, hispidula Gris. (Ferdinandea bracliicarpa, 
var. hispidula). 
Calycophyllon candidissimum Cand. (Calycophyllum). — Da- 

game. 
Hillia long'iflora Sw. 
— tetrandra Sw. 
Exostema floribundum Rom. y Scliult. (Exostemma). — CMn- 
cliona, Quina, Quina pitón, Vigueta, Vigueta naran- 
jo, blanca. 

— ellipticumGris. (Exostemma). — Chincliona (tipoy var.) 
j3, rotundatum [Exostemma rotundatum Gris.] ('). 
y, triflorum [Exostemma triflorum Gris.] (2), no 

G. Don.] 

— Cariba^um Rom. y Schult. (Exostemma). — Macagua 

de costa. Cerillo. 

— long-iflorum Rom. y Schult. (Exostemma). — Clave- 

llina de rio. 

— parviflorum L. C. Rich. {^). [Exostemma Yalenzuelae 

A. Rich.] 



(1) Es error de Sauval el Exostemma rotttndifoUum Gris. 

(2) Cat. 

<3) Es erróneo Exostemma 2)Cirvi,r(orum L. C. Rich. 



(119) Gómez de la Maza^. — periantiadas cubanas. 287 

Exostema Salicifoliimi Gris. (Exostemma.) 

— Vavasorii Gris. (Exostemma) [Catesbsea Spreng*.] 

— purpureum Gris (Exostemma). 

— Myrtifolium Gris. (Exostemma). 

— Neriifolium A. Rich. {'Ey.ostemma) . — A p'a cejo car- 

bonero. 

— triflorum G. Don. (Exostemma). 

Cliimarrliis cymosa Jacq. [Psychotria Chimarrlioides Cand., 
en lo referente al ejemplar cubano de la Sa- 
gra (1).] 

Oldenlandia herbácea, Cand. [O. corymbosa Gris., no Lin.?] 

— Halei A. Gray. , Cliapm. [Pentodon A. Gray., 

O. succulenta Wr.] 

— Callitriclioides Gris. (1640, en parte C^).] 

— capillipes Gris. 

— g-lomerata Mich.'' [Hedyotis Ellis.] 

— coerulea A. Gray. (exót.?) [HonstoniaLin., Hedyo- 

tis Hook.] 
3, patens (Silv.) [Hedyotis coerulea Hook., var. pa- 
tens Ellis, seg-ún Gris., Hedyotis patens Ellis.] 

— tuberosa Lam.''^ [Lucya Cand.] 
Macrocnemum Cúbense Gris. 

Mitreola petiolata Torrey y A. Gray. 
Portlandia péndula Wr. 

— long'iflora Meissn. [Goniantes Sag-rirana Ricli.] 

— Gypsophila Macf. [Gonianthes Lindeniana Rich.] 
Rondeletia odorata Jacq. Rondelecia, CordohanciUo, Careiciüo 

de monte. 

— Americana Lin. 

■■ — ^ umbellulata S\v.? [R. Buxifolia, Gris., no Vahl.] 

— Camarioca Sauval. 

— hypoleuca Gris. 

— pedicellaris Sauval. 

— venosa Wr. — Rondelecia del pinar. 

— Chamíebuxifolia Gris. 

— avenia Sauval. 



(1) En lo demás, esa Psychotria es una Vragoga. 

(2) La otra parte es el Micranthemum f^allUrichoides Sauval , nombre: Escrofulari- 

nea silvestre. 



388 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (120> 

Rondeletia Phialanthoides Gris.— üondelecia de cuahal, R. pi- 
r (unid al. 

— Buxifolia Vahl. [R. Poitsei Gris., Stevensia Buxi- 

folia Poit.?] 

— Correifolia Gris. 

— Tinifolia Gris. — Adedica, Caolilla de sabana, dejlor 

llanca. 

— peduncularis Rich. 

— microphylla Gris. — Rondelecia de Jiojas menudas. 

— rig-ida Gris. 

— Alaternoides Rich. — CaoUlla de salana, Vigueta 

Manca. 

— microdon Cand. 

— Ifevig-ata Ait. 
Rhachicallis rupestris Cand. 
Polypremum procumbens Lin. 
Posoqueria Havanensis Cand. 
Genipa Americana Lin. — .Tagua. 

— Caruto Y^\ví\\\\.—Jagna, JagüiUa. 

— florida G.-M. (Cult.!) [Gardenia Lin.] — Jazmín del Cabo,. 

Gardenia. 

— aculeata [Randia Lin. R. latiíblia Lam.'s R. aculeata 

Gris., Cat. 2)1. Cub. y Pl. Wright., en \)?ivie.]— Agalla 
de costa, Pitajoni bravo, P. esjñnoso. 

— Clusiíefolia Gris. — Jagua amarilla, J. de costa, Pera 

del mar. 

— nig-rescens [Randia Gris.]— /'í?^ cabra. 

— ciliolata [Randia aculeata Gris., Cat. pl. Cub. y 

Pl. Wright., en parte, Randia ciliolata SauvaL] — 
Agalla. 

— Sag-i'feana [Randia Rich., no Gris.] 

— calophilla [Casasia Rich. (*) Randia Gris.] — Árbol de 

la nuez, Guayacancillo de loma, Rascabarriga amarillo. 

— long-iflora [Sphinctanthus long-iflorus Gris.] 
Amaioua edulis H. B.'"'' [Alibertia Rich.] — Pitajoni, P. hembra. 

— fag-ifolia Dqsí.— Pitajoni cimarrón, P. macho. 

— Jacquinioides [Alibertia Gris.] 



(1) En la Sagra Hist. Cuba, descripción de la especie; no lám. 49, que es una Ebe- 
nácea silvestre: la Maba Caribaa. 



(121) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 289 

Catesbíea spinosa Lin. [C. macrantha Eicli.] — Catesbea. 

— macracantha Sauval. 

— holacantha Wr. 

— Grayi Gris. 

— Phyllacaiitha Gris. — Jia sin hojas. 

Hamelia pateiis Jacq. — Ponasí, Palo de coral, Coral, Bonasí. 

— ventricosa S\v.? 

— lútea Rohr. — Panasí amarillo. 

— cuprea Gris. 
Bertiera Gonzaleoides Wr. 
Schradera cephalophora Gris. 
Isertia Hfenkeana Cand. 

Gonzalagnmia spicata Cand. (Gonzalea). — Vinagrera. 

— leptaiitha Ricli. (Gonzalea). 

— Petesia Gris. (Gonzalea) [Petesia spieata 8w. 
Coccocypseliim repens Sw. 

— nummularifefolium Cham. y Schlecht. 

Cephalanthus Occidentalis Lin. — Aroma de laguna. 
Guettarda scabra Lam.'*^ [G. rug-osa Sw.; G. Viburnoide 

Chara, y Schlecht; G. Havanensis Cand.; G. am- 

big-iia Rich., no Cand.] — Cuero. 

— longiflora Gris. — Cuero. 

— elliptica Sw. [G. odorata Lam.''; G. Blodg-etii Shut- 

tlew].— 6'wé'ro de sabana. 

— Lindeniana Rich. — Cuero (tip. y var.) 
^, reticulata [G. reticulata Gris.] 

— calyptrata Rich. — Cuero de Jiojas grandes, CíuayaVi- 

llo, Guayahito (tipo y var.) 
,5. ferrug"inea Sauval, nombre [G. ferruginea Vv^r.] 

— ' macrocarpa Gris. — Cuero de hojas medianas. 

— undulata Gris. — Cuero. > 

— rig-ida Rich.— Cíí^ro ^?íro. 

— holcocarpa Sauval. — Cuero de hojas menudas. 

— bracteata <^r\?,.— Cuero. 

— retusa Sauval. — Cuero. 

— zyg'ophlebia Sauval. — Cuero. 

— echinodendron Sauval, nombre [Stenostomum mi- 

croidiyllum Gris.] 

— pauciflora [Stenostomum pauciflorum Sauval: 

St. radiatum Gris., var.] — Vera. 

ANALUS DE HIST. NAT.— XXIU. 19 



290 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (122) 

Guettarda lucida Pers. [St. lucidum Gártn.] — Llorón, Palo 
llorón. 

— nítida [8t. nitidum Cand.; St. g-ranulatum Gris.; 

variedad]. — Vera. 

— rotundata [St. rotundatum Gris.] — CaoMlla de costa. 

— Myrtifolia [St. Myrtifolium Gris.] 

— densiflora [St. densiflorum Wr.] 

— g-ranulata [St. g-ranulatum Gris, (excluyendo la 

variedad)].— Vera. 

— resinosa Pers. [St. resinosum Gris.] 

— fasciculata [Chomelia S\v.; Rondeletia leptacantlia 

Cand.] 

— triacantha [Chomelia Gris.] 
Machaonia cymosa Gris. — Espino. 

— microphylla Gris. — Espino de hojas chicas. 
Erithalis fruticosa Lin. — JaijajaMco, TayajaMco (tipo }■ var.) 

s, odorifera Gris. (') [Erithalis Jacq.] 

— rotundata Gris. — Huevo de perro, Vibona. 

— parviflora Gris. — Vibona. 

— ang'ustifolia Cand. — .Jayajabico, Yayajabico. 

— ? pentag-onia Cand. — Vibona. 

— Yaccinia?folia Sauval, nombre [Chione Gris.] 
Ceratopyxis Verbenacea Hook. Sr. [Eondeletia? Verbenacea 

Gris.; Phialanthus spicatus Sauval, nombre]. 
Chiococca racemosa Jacq. — Bejuco de berraco, Carnea (tipo y 
variedad). 
S, Jacquiniana Gris., nombre. — Pl. Wright., 508. 

— nitida, Benth. 

— densifolia Mart. (exót.) 

j3. Cubensis Cand. — Omitida por Sauval. 

— ang-uifug-a Mart. (Cuba?). — Gris, y Sauval la omiten. 

— parvifolia "SVulschlag-el. 
Phialanthus rig'idus Gris. — Gnacanijo. 

— resinifluus Gris. 

— stillans Gris. — Jaragua. 

— Myrtilloides Gv'i?,.— Jaragua. 

Scolosanthus parviflorus Sauval, nombre [Catesbfea parviflo- 



0) Var. considerada por Sauval como sinónimo del E. rotundata Gris. 



<i28) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 291 

ra Gris., Sw., Lam.''; Ecliinodendrum campa- 
nulatum Rich.] (').—//«, Cateslea. 
Scolosanthus crucifer Sauval. [Randia Sagrajana Gris. , no 
Rich.] 

— Wrig-htii Sauval, nombre [Randia Wrig-litiana 

Gris.] (2). 
Chione elliptica Gris. — IcaquUlo. 

— Myrtifolia Gris. 

— lucida Gris. 

Ixora Bandhuca Roxb. [I. coccínea Lin.] (Cult.!) — ^^anta Bita. 

— férrea Bentli. [Siderodendron triflorum YaliL] — Lengua 

de vaca. 

— floribunda Gris. [Siderodendrum floribundum Ricli.] — 

Lengua de vaca. 

— odorata Hook. (Cult.!) — Ixora. 
Cofí'ea Arábica Lin. {QwW.l)— Café, Cafeto. 
Phyllomelia coronata Gris. 

Morinda Royoc Lin. — PiRa ratón, arbusto, Raíz de indio, Rid- 
harho de ¡a tierra? (tipo y var.) 
j3, latifolia Gris. 
y, ferrug'inea Rich. 
Spermacoce parviflora A. Gray [Borreria Mey.; S. asperia Vahl.; 
Spreng-.; S. hvvis Spreng-.; S. liirta Sw.; Mitra- 
carpum hirtum Cand.] 

— hievis Lam.''^ [Borreria Gris.] 

— áspera Aubl. [Borreria Perrottetii Cand.] 

— Eritrichoides Gris. — Hierba de Garro. 

— tenuior Lin. — Hierla de Garro. 

— squamosa ^Yr. 

— Garro [S. radicans Willd., nombre; no Aubl. Dio- 

dia radicans Cliam. y ÍíqXúqqXií.] — Hierla de 
Garro. 

— rubricaulis Sauval. 

— Thymocephala Sauval, nombre. 

— Domingensis Sauval, nombre. 

— Strumpfioides Wr. 

— simplex [Dioidia Sw.] 



(1) Es erróneo EcMnodenáro panijlorum Rich. 
<2) Es erróneo Randia Wrightii Gris. 



292 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (124> 

Spermacoce spinosa Liii. [Borreria Cham. y Schlecht.] 

— podocephala A. Gray [Borreria Cand.; S. pyg-maea 

Sauval.] 

— Richarsonioides Sauval, nombre (2776) [Richard- 

soiiia muricata Gris., en parte]. 

— verticillata S\v. [Borreria Mey.; S. verticillataLin.; 

var. Americana Lin.]— Omitida por Sauval. 

— squarrosa Püpp. [Mitracarpum squarrosum Cham. 

y Schlecht.] 

— sarcophylla [Mitracarpum crassifolium Rich.J 

— laeteviride [Mitracarpum Sauval.] 

— SagTíeana [Mitracarpum Cand.] 

— Disdioides [Mitracarpum Rich.] 

— Lippioides [Diodia Gris.] — Hierba de Garro. 

— maritima [Diodia Schum.] 

— rig-ida Willd.; Kuiith. ; no Salisb. — Hierba de 

Garro. 

— Aillosa Sw. [S. hirta Jacq.; Lin.?] — Omitida por 

Sauval. 

— ? obscura Cand. — Omitida por Gris.? y Sauval. 

— rubra Jacq. ICrusea Cham. y Schlecht.] 
Richardia scabra Lin. [Richardsonia S.'-Hil.; Richardia Bra- 

siliensis Gómez]. 

— - muricata Gris. (Richardsonia), en parte (2777). — La 

otra parte es el Spermacoce Richarsonioides 
Sauval, nombre. 
Coussarea odoratissima [Faramea Cand.] — Café cimarrón, Ca- 
fetillo, Jújano, Nabaco, Palo de loro. 

— ? sertulifera [Faramea Cand.] — Lechoso? 
Urag-og-a (]\Iarg-aritopsis) acuifolia G.-M., Dice, bol., 88 [Mar- 

g"aris nudiflora Gris., no Cand.; Marg-aritopsis acui- 
folia Sauval.]— /*<?rZ?7«ó\ 

— (Euurag-oga) muscosa G.-M., Rev. de Cieñe. Méd.y 

Habana, 1889, pág-. 105 [Morinda Jacq.; Tapogo- 
mea Poir.; Cephaelis Sw.J — Ipecacuana cimarrona. 

— (Geophila) reniforme [Geophila reniformis Don., 

Cham. y Schlecht.; Psychotria herbácea Lin.J — 
Bejuco guará. 

— (Psychotria) g-randis [Psychotria S\v.] 

— — marginata [Ps. Sw.; Ps. lasiophthalma 



<!25) Gómez de la Maza.— periantiadas cubanas. 293 

Gris., en parte]. — Lengua da vaca. Ta- 
pa-camino. 
ürag-og-a (Psychotria) Brownei [Ps. Spreng-.; Ps. Asiática Lam.''; 

Ps. Celastroides Gris.; Cat., en parte, 
no Flora; Palicourea crocea Gris., en 
parte, no Cand.; Ps. puberula AVr.; 
Ps. obovalis Rich.] — Palo moro. 

— — undata [Ps. Jacq. ; Ps. nervosa Sw. ; Ps. 

stipulacea Sw. ; Ps. olig-otricha Cand.; 
Ps. horizontalis Spreng". , no Sw. ; Ps. 
undulata Poir. ; Ps. lanceolata Nutt., 
no Gris., ni Sauval; Ps. Chimarrhoides 
Gris.; Cand., en parte?; Ps. rufescens 
Kunth.; Ps. Porto-Riccensis Cand.?] 

— — tenuifolia [Ps. Sw.; Ps. lanceolata Gris.; 

Sauval, no Nutt.] 

— — tubulosa [Ps. Rich.; Ps. lasiophthalma 

Gris., en parte; Ps. Celastroides Gris.; 
Cat., en parte, no Flora: Ps. long-ico- 
llis Bentli.; Ps. alba R. y Pav.?] 

— — floribunda [Ps. Kunth.]— Omitida por 

Sauval. 

— — dura [Ps. Smith.j 

— — Laurifolia [Ps. Sw. ; Ps. g-labrata Sw.; 

Ps, Carthag-enensis Jacq.?; Faramea 
erythrocarpa Gris.] 

— — coronata [Ps. dvi^.]— Lengua de vaca, 

TaJjurete. 

— — costivenia [Ps. Gris.] — Lengua de vaca. 

— — trispicata [Ps. Gris.] 

— — auriculata [Ps. Wr.] 

— — rufovag-inata [Ps. Gris.; Ps. evenia Wr.] 

— — ulig-inosa [Ps. Sw. ; Ps. hievis Cand.; 

Ps. crassa Gris. , Cat. y Pl. Woight.?, 
no Benth . ] — Tapa-camino. 

— — parasítica [Ps. Sw.; Ps. crassa Gris., Cat. 

y 7V. WrigJtt.?, no Benth.] — ^rt^M- 
camino? 

— — nutans [Ps. Sw.; Ps. olig-antha Cand.]— 

Tapa-camino^ 



294- ANALES DE HISTORIA NATURAL. (126) 

Urag-og-a (Psychotria) subulata [Ps. Wr.] — Tapa-camino. 

— — odorata [Ps. Wr.] — Tajja-camino. 

— — bialata [Ps. Wr.] — Tapa-camino. 

— — vag-inata [ Faramea Gris. ; Coiissarea 

G.-M., uombre]. — Xahaco. 

— — patens [Ps. Sw.] 

— — pubescens [Ps. S\\.]— Taburete. 

— — Berteriana [Ps. Cand.] 

— — pyramidalis [Ps. Gris.] 

— — bracliiata [Ps. 8\v. ; Ps. Hebecladoides 

Gris.] 

— — involucrata [Ps. Hich..]— Taburete de flor 

blanca. 

— — tribracteata [ Ps. Wr. ; Ps. olig-antha 

A. Gray., no Cand.] 

— (Palicourea) crocea [Pal. Cand., no Ricli.; Gris, en 

parte; Ps. S\v., no "Siey.'] — Taburete de 
flor marañuela. 

— — Tapa-camino [Pal. crocea Cand.; ¡3, te- 

nuiflora Gris.; Pal. species? Sauval, 
nombre]. — Tapa-camino. 

— — Alpina [Pal. Cand.; Pal. crocea Ilich., 

no Cand.; Ps. crocea Mey., no Sw.; 
Pal. eriantlia Caml.]— Tapa-camino. 

— — Pavetta [Pal. Cnnd.]- Taburete, Tapa- 

camino. 

— — didymocarpa [Ronabea? didymocarpos 

A. Rich., Cand.; Pal. didymocarpa 
Gris.] 

— (sección?) foveolata [Ps. R. y Pav.] 

Declieuxia Mexicana Cand.? (2733); ó D. Chiococcoides Kunth? 
Lasiantlius lanceolatus [Hoffmannia? lanceolataGris.; Sabicea 
• Moralesii Gris.; Lasianthus Moralesii Sauval, nombre]. 
Strumpfia maritima Jacq. 



(127) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 295 



APÉNDICE 1. 



Leguminosas. 

Seg-ún se dijo en los Anales, xix, 237, solamente se exponía 
el catálog'o de las Leg-uminosas, Mimoseas y Cesalpíneas, refi- 
riéndose, para las Papilionáceas, á nuestro Estudio sol)re Ict 
representación de las Leguminosas Papiliomkeas en Puerto-Rico 
y en Cuba. Posteriormente, hemos considerado conveniente 
anular ese trabajo, por lo que necesitamos completar el catá- 
logo de aquella familia con el presente, que se refiere á las 
Papilionáceas. 

Vicia sativa Lin. (Cult.) — Alverja. 

— Faba Lin. [Faba vulg-aris Moncli.J {C\úi.)—HaJ)a. 
Pisum sativum Lin. (Cult.) — Cruisante, Chícharo. 
Cicer arietinum Lin. (Cult.) — Garbanzo. 
Abrus precatorius Lin. — Peonía, P. de Saint-Thúmas. 
Pliaseolus lunatus Lin. — FrijoUto. 

— g'ibbosifolius Orteg-a. 

— vulg-aris Lin. (Cult.) — Frijol. 

— microspermus Orteg-a. 

— semierectus Lin. [Ph. Crotalarioides Ricli.] 
e, g-racilis [Pli. linearis Kuntli]. 

y, atropurpureus [Phaseolus Fl. Mex. icón, ined.] 

— multiñorus Willd. (Cult.) 

— trichocarpus Sauval. [Ph. ovatus Gris., no Benth.] 

— Clitorioides Mart.? [Ph. Crotalarioides Gris.] 

— Caracalla Lin. (Cult.!) — Caracol real. 

— tuberosus Lours. (Cult.) — Jicama. 

Dolichos Lablab Lin. (ofrece alg-unas var.) {Cwli.l)— Frijol ca- 
hallero. 

— sesquipedalis Lin. (Cult.)— Frijol grande. 

— melanophthalmus Cand. (Cult.)— Judia de carita, Fri- 

jol de carita. 



296 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (128) 

Yig-na luteola Beiitli. [Y. g-labra Savi.; V. villosa Savi.; Doli- 
chos repens Lin.; D. luteus Sw.; D. luteolus Jacq.] — 
Frijol cimarrón. 

— vexillata Rich. [Dolichos vexillatus Kunt. ; ídem, 

a, Cand.; Phaseolus vexillatus Lin.] — MarruUero, Ca- 
racolillos de cerca. 

— ung"uiculata \Valp. [Dolichos ung'uiculatus Jacq.] — 

Frijol. 
Pachyrhizus augulatus Rich. — Jicama dulce. 
Galactia filiformis Bents. [G. Berteriana Cand.] (136, 1593). 

/>, Cubensis [Galactia Kunth.] 

— ang'ustifülia Kunth. (1179). — Sojjlillo. 

— monophvUa Gris. 

— brachyodon Gris. (135, 1180). 

— parvifülia Rich. 

— odonia Gris. 

— Rudolphioides Benth. y Hook. [Dioclea Gris.] (1181). 

— impressa Wr. [Dioclea Galactioides Gris.] 
Calopog-onium Cítruleum Benth. [Stenolobium Benth.]— Jicama 

cimarrona. 
Erythrina g-lauca \\"illd. — Bñcare. 

— Corallodendron h\\\.— Piñón esjñnoso, P. de costa. 

— Cubensis Sauval. [E. Corallodendron Gris., Lin.; 

E. enneandra Cand.?] — i>'//7o;¿ de sierra. 

— carnea Ait. — Omitida por Sauval. 

— rosea, autor? (Cult.) 

— reticulata, autor? (Cult.) 

— Crista-Galli Lin. (Ciút.)— Piñón francés. 

— velutina WiWá.— Piño// real, P. inglés. 

— mitis Jac. (Cuba?).— P/y7o'/¿ de CuM? Especie dudosa. 
Mucuna pruriens Cand. — Pica-pica. 

— altissima Cand. 

— urens Cand. — Ojo de hney. 

Canavali (') obtusifolia Cand. (Canavalia) [Canavalia rosea 
Cand.; Canavalia miniata Cand.; Dolichos emarg-i- 
natus Jacq.]— Cc/^r(yV('¿'0, Mate de costa. 

— reflexa Hook. h. (Canavalia) [Canavalia miniata 

Gris.?; no Cand.]— O/o de buey, de costa. 

(1) Es erróneo el término Canavallia; Sauval lo emplea. 



(129) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 29: 

Canavali g-ladiata Cand. (Caiiavalia). — So])¡iUo. 

— Cubensis Gris. (Canavalia). — Mate. 

Herpyza g-randiflora Salival. [Teramiius? grandiflorus Gris.] — 

Pajio de yegua. 
Teramnus uncinatus Sw. — Cresta de gallo, llanca. 
Centrosema Plumieri Benth. 

— pubescens Benth. 

— Virg-inianum Benth. (131). 

í;, ang'ustifolium Gris. (1177, 1178). 

— hastatum Benth. (1591). 

Clitoria Ternatea Lin. iSlwM.) — Conchita and, Bejiico de Con- 
chitas. 

— Glycinoides Cand. 

— gdomerata Gris. — Conchita. 

— speciosa Cav. (Cuba?)— i^/yo/ de olor. 

— Cajanifolia Benth. 

Cajanus Indicas Spreng-. (Cult.) — Gandul. 

Fag-elia bituminosa Cand. (Cult.) — Papito de la reina. Papo de 

la reina. 
Rhynchosia minima Cand. — Peonía chica. 

— Phaseoloides Cand. — Peonía criolla. 

— reticulata Cand. [R. macrophylla Rich.] — Peonía 

de semilla Manca. 

— Caribsea Cand. — Peonía de sabana. 

— parvifolia Cand. — Peonía. 
Eriosema crinitum E. Mey. 

— violaceum E. Mey. 
Barbieria pinnata H. B." [B. polyphylla Cand.] 
Tephrosia cinérea Pers. — Barbesco (tipo y var.) 
/3, litoralis Gris. 

— Apollinea Cand. — Omitida por Sauval. 

— Doming-ensis Pers. 
■ — rufescens Benth.? 

Gliricidia Cubensis Sauval, nombre [Robinia? Cubensis Kunth.; 
Lonchocarpus Cúbense Rich.] — Peñón ■plmnago, 
P. violento. 

— platycarpa Gris. — Cucharillo, Frijolillo, Juraháina. 

— Sepium Kunth [Lonchocarpus Cand.; Robinia Jacq.] 

(Cuba?) 
Corynella inmarg-inata Sauval. 



298. ANALES DE HISTORIA NATURAL. (130) 

Corynella gracilis Gris. 

Sesbania ^Eg-yptiaca Pers. — A ídl francés . 

— Occidentalis Pers. 

— g-randiflora Poir. [^schynomene Lin.; Ag-ati Desv.] 

(Cult.) 
Indigofera Añil Lin. — Añil. 

— microcarpa Desv. [I. Doming-ensis Spreng-.; Dalea 

Fephrosioides Gris.] — AjTU. 

— Lespedezioides Kunth? — Aftil cimarrón, JiquiJete. 

— Cytisoides Thunb. (Cult.) 

— Pascuorum Benth. — Ardí. 

— tinctoria Lin. — Añil. 
Harpalyce Cubensis (ivi^.— Cerillo de costa. 
Dalea mutabilis Willd. 
yEschynomene sensitiva 8\v. 

— tuberculata Gris. 

— Americana \Á\\.—Pega-j)e(ja. 

— viscidula Mich." [íE. Brasiliana Cand.; M. fal- 

cata Cand.; .E. paucijug-a Cand. Id.; j3, sub- 
scabras Cand.] — Dormidera. 

— tennis Gris. 

— evenia Sauval. 
Brya ebenus Cand. — GranadiUo. 
Pictetia ang'ustifolia Gris. 

— marg-inata Sauval. [P. ternata Gris.; Sauval; no Cand.] 

.Jamaquey. ./. de tres hojas. 
Poiretia refracta Gris. 
Stylosanthes procumbens Sw. 

— viscosa Sw. 
Zornia Sloanei Gris. 

— diphylla Pers. [Z. ang-ustifolia Smith?. Z.. reticulata 

Smith. , Id., 3, pnberula Cand.?, Z. g-racilis Cand., 
Z. Havanensis Ricli., Z. elatior Benth.] 
/3, stenopliylla Gris. 

Aracliis liypog'fea Lin. (Cult.) — Maní. 

Desmodium triflorum Cand. 

— adscendens Cand. (Cuba? Cult?) 

— incanum Cand. (D. adscendens Gris., para Cuba, 

no Cand.] — Amor seco. 

— barbatum ^q\-íí\\.— Amor seco. 



(131) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 29:> 

Desmodium axillare Cñiiá.— ÁJHor seco. 

— Scorpiurus Desv. 

— spirale Cand. 

— tortuosum Cand. 

— ciHare Cand. — Amor seco, Paga-pega. 

— uncinatum Cand.? 

— canescens Cand. (Cnba, Cult.?) — Amor seco, chico? 

— infractum Cand. (Cuba.?, Cult.?). — A^nor seco, me- 

diano ? 

— umbellatum Cand. (Cuba?, Cult.?) 

Lespedeza polystacliya Micli." (Cuba?, Cult.?) — Amor seco, 

grande? 
Ecastaphyllon Brownei Pers. (Ecastaphyllum) [Ecastaphyllum 
frutescens P. Bv.l^ — Péndola. 

— Monetaria Cand. (Ecastaphyllum) [Ecastaphy- 

llum Plumieri Poir., Ecastaphillum Bentha- 

mianum Miq.] — Péndola. 
Dalberg'ia Amerimnum ^q\\í\\. — Péndola. 
Andira inermis Kunth. [no A. racemosa Lam.'"^]— /S'rt'Jr;. 

— Cubensis Benth.— Omitida por Sauval. 

— microcarpa Desv. [A. retusa Gris., no Kunth.] — Saba 

amarilla. 
Lonchocarpus pyxidarius Cand. — Palo de caja? 

— Blainii, Sauval. — Guama de San Bartolomé. 

— latifolius Kunth. — Guama de costa. 

— sericeus Kunth.— 6-'?^^'^^/, G. hobo. 
Piscidia erythrina Lin. — Guama hediondo, Candelón. 
Behaimia Cubensis Gris. — GuayacanciUo de costa. 
Lupinus albus Lin. {GuM.)— Chocho. 

Crotalaria sag-ittalis Lin. [C. stipularis Desv.; C. Espadilla 
Kunth.] 

— verrucosa Lin. (exót.) 

/?, obtusa Cand. (a) [C. cíerulea Jacq.; C. ang-uloaa 
'Ld.m.^']{C\i\t.\) — CascaMiUo. 

— retusa Lin. 

— pterocaula Desv. — Maromera, Marimena. 

— Vilaroi G.-M. y Mol.^ [C. pumilaOrteg'a; C. litoralis 

Kunth; C. Lupulina Cand.?] — Maromera. 

— Lotiíblia Lin. [C. axillaris k\l.]—CascaheJiUo . 

— incana Lin. [C. Cubensis CQ.m\.]— Canario. 



300 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (182) 

Crotalaria Anag-yroides Kunth.? [C. striata Cand.] — Maruga 
(tipo y var.) 
&, pauciflora Gris. 
Sopliora tomentosa Y.m. — TamhaUsa. 

Ateleia Cubensis Gris. [Swarizia multijug-a Rich.; Pterocarpus 
■g"ummifei' Rich.?] — Guayacancillo bobo, QiiamaciUo. 

— apétala Gris.— J/... de gaUina. 
Belairia spinosa Ricli. — Jamaqneij de loma. 

— mucronata Gris. — Jamaqiiey. 

— ternata \Yr.— Omitida por Sauval. 
Myrospermum frutescens Jacq. (exót.) 

i3, emarg"inatum [Myrospermum Klotzsch] (Cult.) 
— Bálsamo de Guatemala. 
Toluifera Balsamum Lin., Mili. [Myroxilum Toluiferum Rich.] 
(Cult.) — Bálsamo de Tolú. 
/?, Peruiferum [Myrospermum Cand.] (Cult.) — Bálsa- 
mo del Perú. 



APÉNDICE 2 



Mirtáceas. 

En el catálog-o de esa familia (Anales, xix, 245) se hizo 
inadvertidamente referencia á nuestro Ensayo de Farmacofito- 
logia cubana; pero en esta obra no se citan los g-éneros Myrcia, 
Psidium y Mouriri ( Mouriria ) , por cuyo motivo se expone á 
continuación el catálog"o de las especies cubanas de los dos 
primeros g-éneros y se hace la corrección adecuada al Mouriri. 

Myrcia coriácea Cand. — Pimiento de monte, P. malagueta (tipo 
y var.) 
j3, reticulata Gris. 

— splendens Cand. 

— ferrug-inea Gris.? 

— Lindeniana Sauval, nombre [Gomidezia Berg-.] 



(133) 



Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 



EOl 



Myrcia Valenzuelana Rich. — Pimiento cimarrón. 
Psidium Guayava Raddi (ofrece alg-una var.) — Guayado agrio, 
Gf. silvestre, G. Manco, G. del Perú. 

— Calycolpoides Gris. 

— Guaj^avita Rich. (ofrece alg-unas var.)— (r^^^/yrtí'O del 

pinar, Gnay ahita del ])inar. 

— cordatum Sims. 

var.?, paryifolium Gris. 

— nitidum Sauval. 

— nummiilaria Sauval , nombre [Calyptrantlies Berg-. ;. 

Eug-enia Wr.] 

— parvifülium G:v\'?.. — Gua¡/aMto Sa7i Antonio. 

— rotundatum Gris. 
var., triflorum Gris. 

Entiéndase Mouriri sjmtJmlata Gris. (Mouriria). —Mirto del i) ais ^ 



Disposición de las familias de las Periantiadas. 

Además de las 101 familias que representan en Cuba la sub- 
clase de las Periantiadas, ésta comprende 15, completamente 
exóticas. El total de esas 116 familias, el orden en que se dis- 
ponen, las exóticas en Cuba — que se indican con un aste- 
risco y las que tienen su catálog'o en la primera parte del 
actual, se expone en el sig-uiente cuadro ('): 



OitüEN I. — Dialipétalas. 



Suborden I. — Dialipétalas superovariadas. 



Ranunculáceas. I. 
Anonáceas. 
Magnoliáceas. I. 
Mouimiáceas. * 
Meuispérmeas. 
Miristíceas. * 



Beiberídeas. I. 
Lauríneas. 
Ninfeáceas. I. 
Malváceas. I. 
Ternstreniiáceas. I. 
Clusiáceas. 



Dileniáceas. 
Ocnáceas. 
Dipterocárpeas. *" 
Sarcoléneas. - 
Humírieas. * 
Euforbiáceas. 



(1) Tomado de nuestras Nociones ele Botánica sistemática. Habana, 1S9{, pági- 
nas 20 y 21. 



302 



AKALES DE HISTORIA NATURAL. 



(131) 



Búxeas. 
Empétreas. * 
Císteas. I. 
Bisáceas. 
»Samídeas. 
Pasiflóreas. 
Hipericáceas. I. 
Tamariscíneas. I. 
Violáceas. I. 
Droseráceas. I. 
Sarracéneas. * 
Nepénteas. I. 
Resedáceas. I. 
Cruciferas. 
Caparídeas. I. 



Papaveráceas; I. 
Geraniáceas. I. 
Lináceas. I (y II). 
Crasuláceas. I (y II). 
Elatíneas. I. 
Cariofíleas. I. 
Portuláceas. I. 
Zigofíieas. I. 
Rutáceas. I. 
Meliáceas. 
Siinarúbeas. I. 
Auacardiáceas. 
Sapindáceas. 
Sábieas. 
Malpiguiáceas. I. 



Poligáleas. I. 
Tremándreas. * 
Voquisiáceas. * 
Leguminosas. I (y II). 
Connáreas. I. 
Rosáceas. I. 
Moríngeas. I. 
Celastráceas. I. 
Dicapetáleas. I. 
Ilicíneas. I. 
Olacíneas. I. 
Víteas. 
Rámneas. I. 



SuiíORDEK II. — Dialipétalas inferovariadas. 



Cácteas. I. 
Saxifragáceas. I. 
Litráceas. I. 
Enoteráceas. 
Halorágeas. 



Combretáceas. I. 
Rizoforáceas. 
Melastomáceas. 
Mirtáceas. I. 
Loáseas. I. 



Umbeh'feras. I. 
Arálieas. I. 
Pitospóreas. I. 
Córneas. I. 



Orden 11. — Gamopétalas. 
Suborden I.— Gamopétalas superovariadas. 



Ericáceas. I. 
Epacrídeas. * 
Diapensiáceas. * 
Lennoéas. * 
Ciríleas. I. 
Primuláceas. I. 
Plumbagíneas. I. 
Mirsíneas. I. 
♦Sapoteas. I. 
Ebenáceas. 1. 



Estiráceas. I. 

Soláneas. 
Boragíneas. I. 
Hidrofíleas. I. 
Poleraoniáceas. I. 
Convolvuláceas. 
Genciáneas. I. 
Logánieas. I. 
Apocíneas. 
Asclepiádeas. 



Oleáceas. I. 
Escrofularíneas. 
Labiadas. I. 
Utriculárieas. I. 
Gesneráceas. 
Bignoniáceas. I. 
Acantáceas. 
Selagináceas. I. 
Verbenáceas. 
Plantagíneas. I. 



Suborden II.— Gamopétalas inferovariadas. 



Campanuláceas. * 
Lobélieas. I. 
Estilídieas. * 
Goodénieas. I. 



Cucurbitáceas. 
Rubiáceas. 
Caprifoliáceas. I. 
Valeriáneas. I. 



Dipsáceas. I. 
Calicéreas. * 
Compuestas. I. 



GHAFARIN AS, 

POR 

DON SALVADOR CALDERÓN. 



(Sección de Sevilla. — Sesión del 6 de Septiembre de 1894.) 



El escaso conocimiento que se posee de esos peñones llama- 
dos islas Chafarinas, á los que los últimos sucesos de Melilla 
han dado cierta celebridad, me había sug-erido la idea de en- 
carecer á nuestro distinguido consocio D. Mig'uel Iborra, far- 
macéutico militar, que fué destinado el año anterior á prestar 
servicio en aquel puesto, á que hiciera de él un trabajo de 
conjunto sobre su topog'rafía, g-ea, flora y fauna. Mas habiendo 
sido trasladado este señor cuando reunía los datos para reali- 
zar dicho trabajo, me los ha enviado con sus recolecciones 
renunciando á él por completo. Posteriormente tuve noticia de 
que el sabio oculista, establecido en Sevilla, D. Vicente Chi- 
ralt, había escrito hace años una memoria, que permanece aún 
inédita, sobre la Topografía médica de CJiafarinas; y habiéndo- 
me permitido consultarla y servirme de los datos que contiene 
con su habitual complacencia, he creído que, unidos todos 
estos materiales al reconocimiento de los productos recogidos 
por el Sr. Iborra, podrían en conjunto dar idea de la natura- 
leza de aquel pequeño, pero curioso pedazo de tierra española, 
casi desconocido hasta ahora. 

Tnombke. — Las Chafarinas, islas Xafarin, Zajfarines de los 
franceses, son las Tres Insídce de los g-eóg-rafos antig-uos y las 
Djaf ardil de los árabes. Se hanhecho varias suposiciones sobre 
el orig'en do este nombre; pero como no parecen sufícient(>- 
mente fundadas, ni el asunto es de importancia para nuestro 
objeto, prescindiremos de tales disquisiciones filológicas. 



301 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

Topografía.— Son estas islas adyacentes á la costa N. de 
Marruecos, de la cual distan 14.000 pies, estando al E. de Me- 
lilla y cerca, por consig-uiente, de la frontera arg-elina. Hállaii- 
se casi en el meridiano de Almería, á los 3" 53' longitud orien- 
tal del de la isla de San Fernando y á los 35° 12' latitud N. 
Distan unas 40 leg-uas del litoral de Ig, Península. 

Son tres islotes cuyo nombre y descripción es la siguiente: 

La llamada isla del Congreso es la mayor y más occidental; 
tiene cinco cables de X. á S. y 17 de perímetro y su forma es 
casi circular, con excepción de una gran cortadura que ofrece 
por la parte O. en un quinto de su extensión. Su cúspide se 
eleva á 240 pies sobre el nivel del mar, descendiendo rápida- 
mente hacia el centro del grupo de las islas. Es muy acciden- 
tada, y la sola que ofrece alguna vegetación, presentando 
ásperos barrancos á poniente que revelan, por el aspecto escar- 
pado y agreste de sus rocas, la obra de antig-ua denudación 
marina. 

Al ENE. de la anterior se halla la isla de Isabel II, que 
mide unos 10 cables de periferia, siendo la segunda en inag-- 
nitud y la más importante por su posición céntrica. Su forma 
es aproximadamente circular y llana su superficie, alcanzando 
en su elevación máxima sobre el nivel del mar 190 pies. En- 
cuéntrase bastante resg'uardada del viento y su aspecto, al 
decir del Sr. Cliiralt, es agradable y animado cuando el puerto 
está algo concurrido, contrastando con la soledad y aspereza 
de la costa próxima. 

La menor y más occidental de estas islas es la del Rey, de 
forma sumamente irregular. Su elevación máxima sobre el 
nivel del mar es de 170 pies, y la extensión de su superficie de 
un millón de pies cuadrados. El centro es llano y accidentados 
los bordes, estando cortada bruscamente al E. y descendiendo 
suavemente en la opuesta dirección. 

Entre la isla de Isabel II y la del Congreso hay un canal de 
1.200 pies de anchura y otro de 600 entre la primera y la del 
ííey. Un puerto que se ha proyectado completar une estas dos 
últimas islas; puerto que, aún en su estado actual, es el único 
refugio seguro que existe en la bravia costa septentrional de 
Marruecos, donde no hay ning'uno otro mediano desde Oran 
hasta el Estrecho. Bien conocidos son los servicios que ha 
prestado durante los últimos sucesos de Melilla. 



(3) Calderón. — las chafarinas. 305 

Son las Chafarinas unas rocas desnudas, casi sin veg*etación 
ni cultivo y desprovistas de ag-ua potable. Con tales condicio- 
nes y su reducida extensión, claro es que su población no pue- 
de ser numerosa ni tender á aumentarse. Seg"ún el censo de 
1887, contaban con 703 habitantes, de los cuales sólo 104 eran 
mujeres. 

El clima de estas islitas es templado y ag-radable, pero muy 
húmedo el aire. 

Antig-uamente eran refugño de piratas, sin que su historia 
haya ofrecido nada digmo de recuerdo, á pesar de las averi- 
g-uaciones hechas con dilig-encia suma por el mencionado se- 
ñor Chiralt. En 1848 el g-obierno español decidió su ocupación 
con propósito de fortificarlas, realizándola, con todas las for- 
malidades acostumbradas, el 4 de Enero de dicho año. Lo mo- 
derno de la fecha desde la cual nos pertenecen estas pequeñas 
islas, explica bien la escasez de noticias que de ellas se poseen 
y la carencia de las de nuestros g^eóg-rafos clásicos, que en su 
mayoría son anteriores al mencionado suceso. 

Importancia de las Chafarinas. — Las opiniones más con- 
tradictorias han sido expuestas por los pocos que hasta ahora 
se han ocupado de esta cuestión. Al paso que el Sr. Chiralt 
juzg-a que debieran abandonarse las islitas que me ocupan, 
después de volar el puerto y sus débiles fortificaciones ó ven- 
derlas á Francia, hay quien las atribuye un g-ran porvenir y 
recomienda realizar en ellas obras de consideración. Ambas 
opiniones tienen su fundamento; porque, si se atiende á la 
producción, las Chafarinas son completamente inútiles para la 
industria y la ag-ricultura, como lo han probado los intentos 
de cultivo de trig-o, melones, patatas, etc., y costosas de soste- 
ner, y, en suma, constituyen uno de esos nidos de (ignilas, como 
llaman los g-eóg-rafos extranjeros á nuestros presidios menores 
de la costa septentrional del África; si se toman en cuenta, en 
cambio, las condiciones de estas islas como abrig-o á las em- 
barcaciones y suposición estratégica frente al valle del Muluya 
y no lejos de la frontera oranesa, mejora extraordinariamente 
el concepto de su utilidad. 

El puerto de Chafarinas es excelente por hallarse abrig-ado 
del viento N. por la isla del centro (Isabel II), del de poniente 
por la del Congreso, de levante por la del Rey y el del S., 

ANALES DE HIST. NAT. — XXIII. 20 



306 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4) 

Único que tiene acceso á él, está moderado por la proximidad 
de la costa. Constituye, en fin, un precioso refug-io para las 
naves que no pueden ag'uantarse en las aguas de Melilla, y en 
el porvenir puede ser asiento principal de nuestra influencia 
en Marruecos. Tal es la opinión del Sr. D. Castor Amí (1), quien 
concede toda esta sig-nificación y utilidad al puerto de Cliafa- 
rinas, sobre todo convirtiendo su bahía en un fondeadero có- 
modo, lo que podría realizarse sin glandes gastos. Por su posi- 
ción son estas islitas un puerto militar avanzado de la plaza de 
Melilla, y, si como dice el Sr. Amí, llegara un día á nuestro 
poder el territorio del Cabo del Agua con la extensión suficiente 
para ocupar la boca del Muluya, navegable en alguna exten- 
sión, las Cliafarinas adquirirían extraordinaria importancia 
convertidas con poco costo en un gran puerto militar y de re- 
fugio, cuando se construyera una plaza de guerra en el pro- 
montorio del Cabo del Agua y un establecimiento comercial 
en la desembocadura del Muluya. Por el momento son muchas 
las dificultades que se oponen á la realización de tan laudables 
propósitos, y entre ellos el gran desconocimiento que hay del 
Riíf por falta de exploración y estudio; pero de todos modos es 
indudable que nuestra colonización por la parte septentrional 
de África debe tener por base á Ceuta, Alhucemas, Melilla é 
islas Cliafarinas, y que la empresa exige crear buenos puertos 
y dar á estas plazas una cierta autonomía. 

El Sr. Chiralt es de opinión de que estas islas podrían servir 
para establecer en ellas un lazareto, pues su proximidad al 
Estrecho hace la situación cómoda para los buques que, proce- 
dentes de las Antillas ó Filipinas, vengan á la Península con 
patente sucia y que ahora tienen que ir á pasar su cuarentena 
en Vigo ó Menorca. 

Geología. — Escasos por extremo son los datos que he podido 
reunir respecto á la estructura geológica, hasta hoy descono- 
cida de las Cliafarinas; todo se reduce á un trabajo, creo iné- 
dito, de D. Ramón Ayala y Sipar, oficial farmacéutico del 
Cuerpo de Sanidad, sobre las cales elaboradas en la isla de 
Isabel II, en el que apunta algunas consideraciones generales 



(1) Congreso español de Geografía colonial y mercantil celebrado en Madrid en 
Noviembre de 1883. Acias, t. i, 1884. 



(5) Calderón. — las chafarinas. 307 

sobre el orig-en de dichas islas, en que no estoy conforme, y á 
una noticia de M. Vélain (1), reproducida por Suess en su fa- 
mosa obra (2), en la que cita la existencia en ellas de traquitas 
y fonolitas. Felizmente el Sr. Iborra tuvo la idea de remitirme 
muestras de varias rocas de las islas, que he podido estudiar y 
constituyen el primer punto de partida seg"uro para el cono- 
cimiento de su g-eolog-ía. 

Constituyen las Chafarinas un macizo de rocas volcánicas, 
coronadas por una serie de tobas y unos bancos de caliza sedi- 
mentaria de edad desconocida. 

Las rocas enviadas pueden clasificarse en tres g-rupos: ande- 
sitas compactas, escorias y tobas, sin que haya entre ellas re- 
presentación alg'una de traquitas ni de fonolitas, no obstante 
la cita de M. Vélain, anterior á los prog-resos de la petrog-rafia 
microscópica. 

Las andesitas son de dos tipos: aug-íticas obscuras unas, y 
porfídicas rojizas las otras. 

Los ejemplares de andesita aug'itica obscura proceden de la 
parte anterior y posterior y más alta de la isla del Cong-reso. 
Son rocas compactas, obscuras, en cuya pasta destacan crista- 
litos porfídicos de feldespato blanco en los ejemplares frescos,* 
y amarillento en los alterados. En las secciones delg^adas apa- 
recen constituidas por una pasta microscópica de cristalitos de 
plag'ioclasa y aug-ita con muchos g-ranos de mag-netita. Las 
pequeñas plag-ioclasas creo deben referirse á la andesina. 
Existen individuos porfídicos de aug'ita en g'rauos irreg-ulares 
y de plag'ioclasa, que parecen en su mayoría olig-oclasa, alg'u- 
nos de sanidino y otros g*randes de olivino con un espeso bor- 
de de olig-isto. En unos ejemplares este último mineral abunda 
mucho más que en otros, pero en todos ellos el carácter ande- 
sítico de la roca es ig-ualmente manifiesto. Se ven, en fin, al- 
g-unas formaciones secundarias de cuarzo. 

Las andesitas aug'íticas porfídicas de color rojizo remitidas, 
proceden de la isla de Isabel II y de la parte media de la del 
Congreso. Los ejemplares están muy descompuestos y deben 
á su alteración una facies traquítica marcada. De su pasta 
rojiza de distinta intensidad á trechos, por la conversión de los 



(1) Compt. rend 1874, t. lxviii, p. 73. 

(2) Antliís de-r Erde, t. i, p. 2\)-?. 



308 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

bisilicatos en óxido de hierro, destacan cristales blanquecinos 
de aspecto vitreo, y en alg'unos abundantes secciones de con- 
torno exag'onal de mica volcánica, del mismo color rojizo de la 
pasta de la roca. La descomposición está demasiado adelantada 
para permitir un examen completo de la estructura y compo- 
sición de estas andesitas; pero, desde lueg'o, llama la atención 
la abundancia de maclas de olig-oclasa y sanidino, muy ricas 
en inclusiones. Los bisilicatos porfídicos en los restos aún no 
descompuestos, parecen corresponder todos á la aug-ita. En 
ning'una de estas rocas he visto olivino ni productos que indi- 
quen su existencia, ofreciendo en el microscopio evidente 
carácter andesitico. 

En la playa de la isla del Cong-reso recogió también el señor 
Iborra escorias volcánicas muy porosas, unas amarillento- 
rojizas y otras neg-ruzcas y brillantes. 

Las demás rocas enviadas son tobas de diverso aspecto, que 
por lo visto abundan en las Chafarinas. Unas consisten en 
peperinos rojizos de granos g-ruesos, entre los que se recono- 
cen diversos detritus de minerales volcánicos, como el que 
procede de la parte media de la isla del CongTeso; otras, como 
las recogidas al S. de la misma isla, son un barro blanquecino 
endurecido, que empasta trozos de diverso tamaño de andesita 
neg-ra, y otras, de la parte más baja de la misma isla, están de 
tal modo infiltradas de sílice, que se tomarían á primera vista 
y por su examen exterior por trozos de silex. En la sección 
delg"ada se ve que están constituidas estas últimas por una 
masa de cuarzo g-ranulitico en la que, á manera de nubes de 
distinta intensidad, se difunden elementos ferrug-inosos ocrá- 
ceos y neg-ruzcos, último resto de la descomposición del piro- 
xeno. Alg-unos trozos están cubiertos de una capa espesa y 
muy bella de hialita. 

La tierra que rellena las hondonadas es principalmente pro- 
ducto de la descomposición de estas rocas tobáceas y de color 
rojo, abundando en ella el olig-isto en láminas brillantes. Este 
mineral, con el alumbre, que se encuentra en alg"unas partes 
bajas y en las diaclasas de la andesita y el nitro que impreg-na 
el suelo, especialmente en el lado O. y SO. de Isabel II, cons- 
tituyen las especies que hasta ahora se conocen en las islitas 
en cuestión. 

Descansa sobre las rocas volcánicas mencionadas, seg"ún las 



(7) Calderón. — las chafarinas. 309 

noticias de los Sres. Ayala y Chiralt, entre el N. y el SO. de 
Isabel II y en el centro de la isla del Rey, una capa de 1 á 3 m. 
de espesor de caliza compacta, á trechos oolítica, sobre la que 
es sensible no poseer más datos, pues ella daría quizás la solu- 
ción de la edad g-eológ-ica de las Chafarinas. Se ha indicado 
que es g-ranuda y compacta, comparada por el Sr. Chiralt á la 
piedra de Colmenar y empleada como material de construcción. 
Habla también el mismo señor de otras calizas cuya posición 
no especifica: una hidráulica, explotada como piedra de cal y 
usada en la confección de los bloques artificiales en las obras 
del puerto, la cual, ensayada por el Sr. Ayala, contiene peró- 
xido de hierro y de mang-aneso; otras, blandas, arcillosas, con 
restos fósiles, existen en el extremo O. del Rey y NO. de Isa- 
bel II, pero se carece de noticias estratig-ráficas y paleontoló- 
g-icas respecto á ellas. 

Si se trazara un corte g-eológ-ico de alg-una de las grandes 
cortaduras que ofrecen estas islas, mostrando la sucesión de 
sus rocas y en paraje que ofreciese la serie completa, ésta 
empezaría en la base, y componiendo la mayor parte de la 
masa, por las andesitas; á estas seg-uirían las tobas y el coro- 
namiento lo formaría el banco de caliza sedimentaria. 

Comparando las rocas enviadas por el Sr. Iborra con las del 
Cabo de Gata é isla de Alborán, que conocía previamente (1), 
y de las que lueg-o se ha ocupado también el Dr. Osann (2), 
me sorprendió reconocer exactamente los mismos tipos hasta 
en los detalles de estructura y composición. Hoy se puede 
afirmar, y este hecho tiene una g'ran importancia g^eológ'ica, 
que la línea de erupciones andesíticas, definida por el Sr. Qui- 
rog-a (3), que partiendo de Cartag-ena y Mazarrón, va por el 
Cabo de Gata á la isla de Alborán, alcanza á las Chafarinas, 
atravesando, por consig-uiente, el Mediterráneo. Esta línea 
andesítica se caracteriza, tanto por la composición i)rimitiva 
de sus rocas, como por la abundancia de penetraciones poste- 
riores de sílice, seg'ún acabo de decir ocurre en Chafarinas, á 



(1) Estudio petrográfico sobre las rocas volcánicas del Cabo de Gata é isla de A Iborán. 
(Bol. de la Comisión del Mapa geol. de España, t. ix, 1882.) 

(2) Beitrdge %ur Kenntnis der Eruptivgesteine der cabo de Gata. fZeitschr. d. deutsch. 
geol. Gessells. 1889.) 

(3) La limbiirgita de Nwévalos. (Anal, de la Soc. Esp. db His r. nat., t. xiii, 1884.) 



310 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

diferencia de las restantes reg'iones volcánicas de la Península. 

Trátase de volcanes homog'éneos y submarinos, como lo indi- 
ca la abundancia de tobas estratificadas, la falta de bombas y 
lapiUis, y si hay alg-unas brechas con aspecto explosivo deben 
ser resultado de la frag'mentación de las rocas volcánicas nor- 
males. De otra parte, el estar coronadas estas por la capa ca- 
liza, da la prueba definitiva de dicho aserto. 

ün levantamiento g-radual de las islas, posterior á la conso- 
lidación de la roca eruptiva y á la sedimentación de la caliza, 
explica cumplidamente, aquí como en Canarias (1), las nota- 
bles erosiones á que deben unas y otras islas su aspecto escar- 
pado. La misma acción es la que ha dejado separados por 
canales, y en forma de tres islotes distintos, el macizo de Cha- 
farinas, el cual forma un todo armónico que revela ser primi- 
tivamente un solo edificio volcánico. 

Aunque la estratig-rafia no ha proporcionado aún datos sufi- 
cientes para poder deducir de ella la edad g-eológ-ica precisa de 
las islas que me ocupan, su correlación con las rocas de Gata 
permite esclarecer tan importante extremo. En efecto, los tra- 
bajos del Dr. Osann (2) han mostrado que estas corresponden 
á dos estadios: uno más antig-uo, en el que surg-ieron las ^nde- 
sitas hornbléndicas y micáceas; y otro más moderno, en que 
lo hicieron las andesitas augítico-hipersténicas y las liparitas. 
A este seg-undo estadio corresponden parte de las rocas de toda 
la línea andesítica antes mencionada y las que componen las 
islas de Alborán y Chafarinas. 

Las Chafarinas no son ciertamente el extremo de esta serie 
de productos volcánicos y la terminación, por consig-uiente, de 
la línea litoral mediterránea española. En las g-randes cordi- 
lleras del N. de África se sabe existen otras muchas manifes- 
taciones, ora en forma de islas que se alzan en el mar, ora en 
el mismo continente. En primer lug-ar se encuentra la isla 
Galita y sus subordinadas,, constituidas por traquitas y rocas 
doleríticas, á lo que se dice, y en Dellys, Oran, cercanías de- 
Nemours y otros sitios, las hay calificadas de basálticas. Todas 
estas manifestaciones constituyen el último testimonio de las 



(1) Calderón: Rese'ia de las rocas de la isla volcánica Oran Canaria. (Añal, de la 

SOC. ESP. DE HlST. NAT., t. IV, 1875.) 

(2) Obr. cit. 



(9) 



Calderón. — las chafarinas. 



311 



acciones que han producido esa serie de relieves sucesivos 
que representan una misma zona de plegamiento que rodea 
de una manera casi continua la cuenca del Mediterráneo occi- 
dental, como lo ha demostrado el eminente Suess (1). 

Flora. — No se poseen más datos respecto á las plantas de 
Chafarinas que los recogidos por el citado farmacéutico mili- 
tar Sr. Ayala, de los que he tenido noticia por la memoria del 
Sr. Chiralt, y los que proporcionan los ejemplares remitidos 
por el Sr. Iborra á Sevilla. 

El Sr. Ayala cita las sig-uientes plantas, en su inmensa ma- 
yoría del Cong-reso y del extremo SE. de la del Rey: 



Bromus. 

Dactylis. 

Cynosíinis. 

Aspar agus ojidnalis L. 

— aciUifoIius L. 
Asplwdelus. 
Rumex. 
Chenopodmm. 
Beta milgaris L. Barrilla. 
— maritima L. 
Salicornia. 
Eiirotia. 

Mer curia Hs amma L. 
Etqihordia riihra Cav. 
Plantago coronojrus L. 
Heliotropitmi mropmim L. 
Anagallis arveiisis L. 
Statice sinuata L. 

— dicho toma Cav. 
Tolpis. 



Picridium. 

SoncJms Tenerrifíius L. 

Senecio G-alliciis Will. 

Zacintliia. 

Lencanthemimi. 

Caléndula arvensis L. 

Bryonia dioica Jacq. 

Holosteum umhellatum L. 

Sagina. 

Arenaria ruhra L. 

Frankenia Imvis L. 

Corydalis capnoides Pers. 

Fumaria densijiora D. C. 

Gferanium. 

Malva sylnestris L. 

Tetragonololus. 

Securigera coronilla D. C. 

Melilotiís parriflora Desf. 

Férula communis L. CañaJieja. 

Dcmcus (2). 



El Sr. D. Mig-uel Iborra recog-ió también plantas en Chafari- 
nas durante unos seis ú ocho días que tuvo disponibles en el 
mes de Mayo; pero la premura de tiempo no le permitió hacer 



(1) Obr. cit. 

(2) He creído conveniente suprimir algunas especies que cita el autor, por nece^ 
sitar de confirmación en opinión de personas tan competentes cpmo el Sr. Lázaro. 



312 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(10) 



mayores herborizaciones ni preparar convenientemente los 
ejemplares, los cuales, para colmo de desgracia, estuvieron 
almacenados en sitio húmedo y en pésimas condiciones en 
Málag-a, varios meses antes de lleg-ar á mi poder. El Sr. Iborra 
contó unas 28 especies en flor en el mes de Ma^'o, en la isla 
Isabel II y 23 en la del Rey; mas no ha sido posible presentar 
una lista de ellas por las circunstancias dichas. Con todo, el 
Sr. Lázaro ha tenido la complacencia de examinar el desdi- 
chado envío y de remitirme la lista sig-uiente : 



Setaria víridís P. B. 

Lolium perenne L. 

Horclemn murimmi L. 

(Otras gramíneas indetermi- 
nables.) 

Urtica urens L. 

Mercurialis anmia L. 

Salsola {don especies indeter- 
minables). 

Chenopodium polyspermnm L. 

— hyh'idxim L. 

— álbum L. var. zi- 

ridt Moq. 
Plantago corono-pus L. 
Stachys Mrta L. 
MaoTuhmm vnlgare L. 
Nicoíiana glauca Grech. (es- 
capada). 



Echiu7iimilgare?lj. (Ej. incom- 
pleto.) 

Contohulus althaoides L. 

Chrysanthemum sp. 

— (Pyretriim) sp. 

Caléndula sp. 

(Hay otras compuestas inde- 
terminables.) 

Spergularia campestris Wk. 

Polycarpon tetraphylhmi L. 

Hemiaria hirsuta L. 

Lotus edulis L. 

Frankenia pulve rulen ta L. 

Geranium Rohertianum L. 

Malva rotundifolia L. 

Seiiebiera didynia Pers. 

Diplotaxis sp. 



Ning-ún árbol existe en las Chafarinas, lo cual acusa en 
verdad incuria, mucho más tratándose de un sitio en que se 
encuentra un establecimiento sanitario.. El Sr. Chiralt proponía 
la plantación de acacias como primer intento de arbolado, cosa 
que sería en realidad bastante fácil, como ensayo al menos. 

El Sr. Iborra me refirió el asombro y buena acogida que tuvo 
en el país la aparición de una planta que prometía suplir la 
deficiencia de veg-etales arbóreos. Se trata de una plautita que 
apareció en una maceta de un particular y que transportada 
en el suelo formó un árbol de 4 á 6 m. de altura. Las semillas 
3-carreadas por el viento reprodujeron varios individuos, y uno 



(11) Calderón.— LAS chafakinas. 313 

de ellos llevado al huertecito de casa del g-obernador, ha lle- 
g-ado á mayor altura que el primitivo, no obstante haber sido 
una vez tronchado por el viento. La planta emig-rante, de la 
cual envió este señor ejemplares y semillas, ha resultado ser 
la Nicotiana glauca Grech., que figura en la precedente lista. 
En punto á criptógamas poco es lo que puedo decir, por no 
haber sido asunto estas de recolección especial. El lavado del 
caparazón de una centolla ha proporcionado al Sr. Paul bastan- 
tes diatomeas, que están en estudio. También vinieron con 
otros objetos unos ejemplares de Cystosira fibrosa, seg-ún deter- 
minación del Sr. Lázaro; y por cierto estas algas Ueg-aron com- 
pletamente cubiertas de unas excrecencias blancas cuya natu- 
raleza no ha podido determinarse. Adheridos á los ejemplares 
de rocas existen alg-unos liqúenes: Physcia parietina L. y una 
Lecamra. Seg-ún noticias del Sr. Chiralt, en el lado NO. del 
Cong-reso, en los acantilados más bruscamente cortados, crece 
un liquen empleado en tintorería, que compraban los france- 
ses; pero difícil de explotar por los sitios en que vive. Se tra- 
tará sin duda de la RocceUa tinctoria D. C, que he tenido oca- 
sión de reconocer también recientemente adherida á rocas 
volcánicas procedentes de las Columbretes, en ejemplares 
remitidos por el profesor D. Eduardo Boscá. 

Fauna. — Los materiales enviados no son suficientes para dar 
una idea completa de la fauna de Chafarinas, y sólo como 
datos para ella los mencionaré, añadiendo alg"unas noticias 
que me han sido comunicadas sobre el asunto en cuestión. 

De organismos inferiores es muy poco lo que puede citarse. 
El lavado practicado en el laboratorio del exosqueleto de al- 
g-unos crustáceos dio un g-ran número de foraminíferos y espí- 
enlas de espongiarios y celentéreos. Un espongiario del g-rupo 
Sjiongelia Nard., se halla sobre una valva de Arca y también 
fué remitido un fragmento de Astrea. 

No se ha recibido ningún ejemplar de equinodermos ni de 
g-usanos y sólo algunas espinas de erizo y restos de briozoos 
pudieron separarse mediante el lavado del carapazón de la cen- 
tolla antes mencionada. 

Los insectos, sin ser excesivamente variados ni abundantes, 
con excepción de las molestas moscas, al decir del Sr. Chiralt, 
no dejan de tener representación en Chafarinas en sus g-rupos 



314 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(12) 



principales. Los remitidos, determinados en su mayor parte 
por el Dr. D. Manuel Medina, son los siguientes: 



Sepidium Mdentatum Sol. 
Cleonus excoriatus Gyllh. 
PyrrJiocoris cegyptim L. 
Periplaneta ameficana L. 
Camjwiiotus Foreli Em. 



A2)Ji(enog áster dardara L. 
Pheidole 2)aUiduJa Nyl. 
Athalia Rosee L. 
Pimpla. 



Dos miriápodos se recibieron, aunque lleg*aron demasiado 
estropeados para poderlos clasificar con certeza : uno es una 
Scolopeiidra y el otro un QeopMhis (probablemente el Q. eJec- 
tricus L.) Otro tanto sucedió con los arácnidos que venían con 
los anteriores, de los cuales sólo puedo mencionar ejemplares 
de Lycosa Dufouri E. Simón, de L. sp., de Loxoscelis rufes- 
cens L. Duf. y varios individuos de Tegenaria, de la común en 
las casas. Se dice que en la isla del Cong-reso existen alacranes, 
pero no ha sido remitido ning-ún ejemplar. 

De crustáceos se ha recibido un caparazón ya mencionado 
de centolla (Maia sqiánado Herbst.); una pata de Carcinus y un 
individuo en alcohol de Anilocra mediterránea Leach. 

Los moluscos remitidos por el Sr. Iborra no han sido escasos 
en ejemplares, pero sí en especies, sin ofrecer ning-una notable 
ó rara, y sólo las siguientes: 



Murex truncuhis L. 
Nassa varicosa Tourt. 
Purpura Ummastoma L. 
Cyprcea pyriim Gml. 

— sp. (Ejempl. rodado.) 
Turho rngosus L. 



Trochns Richardi Pay. 

— sp. 
Haliotis striata Lmk. 
Patella. 
Arca Nom L. 



A estas habrá que añadir, cuando se determinen, pequeñas 
especies obtenidas por el lavado del caparazón de la centolla 
y de alg'unas hierbas marinas secas remitidas con él. El señor 
Chiralt me comunica que abundan además el calamar, la 
g-ibia y el pulpo, del cual dice haber visto uno que medía más 
de 2 m. 

En cuanto á los vertebrados las noticias que puedo dar se 
referirán exclusivamente á los informes de los citados señores. 



(13) Calderón. - las chafarinas. 315 

Así respecto á peces, sólo conozco la lista de los que seg-iín el 
Dr. Chiralt se pescan en torno á las Chafarinas , que son los 
sig-uientes : salmón, atún, bonito, chora, espetón, sardina, 
arenque, bacalao, merluza, rodaballo, leng-uado, murena, con- 
g-rio, tiburón, raya y por excepción alg-ún otro. No han podido 
hasta ahora establecerse allí pesquerías org-anizadas, por más 
que se ha intentado dos veces por lo menos; y no es de extra- 
ñar dada la situación y aislamiento de estos peñones y la falta 
de elementos que hay en ellos. 

De reptiles y anfibios han sido remitidos por el Sr. Iborra y 
determinados por el profesor Sr. Boscá la muy interesante 
TrogonopMs Wiegmanni Kp. y el Bufo tirídis Laur. , ig-ual al 
de las islas Baleares, hallazg-o importante para el conocimiento 
de la distribución g-eog-ráñca de esta especie, que se halla 
también en el N. de África y no en la Península, donde le 
reemplaza el B. calamita. 

Alg-unas aves pasan por las Chafarinas y otras, aunque 
pocas, anidan en ellas. El Sr. Chiralt ha dado la siguiente lista: 
cuervo marino (PJialacrocorax), g-aviota, una paloma silvestre 
que habita en las cumbres y g-randes g-rietas del Cong-reso, 
codorniz, vencejo, g'olondrina, alondra, g-orrión, tordo, mirlo, 
cuervo, milano, buitre, quebranta-huesos y ág-uila pescadora 
(A. chrysaetos L.) También el Sr. Iborra me ha comunicado 
que en la isla del Cong-reso anidan águilas, gavilanes, cuervos 
y gaviotas, y valiéndose de los confinados, se proporcionó un 
pollo de águila con propósito de criarle y remitírmelo, lo 
cual no tuvo efecto por haber muerto la cría por accidente 
casual. No logró tampoco hacerse con un flamenco que un pes- 
cador mató en el mar y que, por equivocación, fué enviado á 
Málaga. 

Por último, los mamíferos terrestres están representados sólo 
en Chafarinas por la rata doméstica, pues aunque corría en la 
localidad la especie de que en otro tiempo hubo allí conejos, 
las opiniones resultan contradictorias y el Sr. Chiralt se inclina 
á negarlo. Parece abundan los delfines y que alguna que otra 
foca (Pelagius monacMis Herm.) anida en las sinuosidades cos- 
teras del Congreso. 

Desgraciadamente los envíos del Sr. D. Miguel Iborra no 
resultaron tan abundantes como él se proponía hacerlos, ni 
pudieron disponerse convenientemente ni remitirse con la 



yi6 ANALES DE HISTORIA NATURAL. {W 

necesaria dilig"encia, debido todo á la breve residencia de este 
disting-uido farmacéutico militar en Chafarinas y al trabajcí 
abrumador que pesó sobre él por coincidir su estancia con los 
lamentables sucesos de Melilla. Aun así mi complaciente amig-o 
ha prestado un servicio evidente á la ciencia y creo que lo 
indicado es suficiente para probar la utilidad de una excursión 
realizada en condiciones de recog"er observaciones y ejempla- 
res para hacer la historia natural de ese pequeño pedazo de 
tierra española, que pudiera quizás un día adquirir una im- 
portancia extraordinaria. 



ACTAS 



DE LA 



SOCIEDAD ESPAÑOLA 



HISTORIA NATURAL. 



Sesión del 10 de Enero de 1894. 

PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. DANIEL DE CORTÁZAR. 

— Leída y aprobada el acta de la sesión última el Presidente 
del año anterior, D. Máximo Lag-una, después de dar las g'ra- 
cias á la Sociedad, invitó al Presidente electo para el año pró- 
ximo Sr. D. Daniel de Cortázar á que le sustituyera, quien al 
hacerlo dio también las g-racias á la Sociedad por su elección. 

— Quedaron admitidos como socios numerarios los señores 

Esplug"ues y Armeng'ol (D. Julio), de Valencia, 

presentado en la sesión anterior por el Sr. Bolívar, en 
nombre del Sr. Boscá, y 

Benedicto (D. .Juan) de Monreal del Campo (Teruel), 

presentado en la sesión anterior también por el señor 
Bolívar, en nombre del Sr. Zapater. 

— Se hicieron dos propuestas de socios. 

— Estaban sobre la mesa las publicaciones recibidas , acor- 
dando la Sociedad que se diesen las g-racias á los donantes de 
las reg-aladas. 

El Sr. Secretario leyó el adjunto informe: 

«Los que suscriben, nombrados por la Sociedad de Historia 

ACTAS DE LA SOC. ESP. — XXIII. 1 



2 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Natural en su sesión ordinaria de Diciembre de 1893 para 
revisar las cuentas de diclio año presentadas por el socio Teso- 
rero Sr. D. Ignacio Bolívar é informar acerca de ellas á la 
Sociedad, después de haberlas examinado con el deteni- 
miento debido y habiendo encontrado todas las partidas de 
perfecto acuerdo con sus correspondientes justificantes y 
dispuesto todo con el mayor orden y claridad, tienen el honor 
de proponer á la Sociedad la aprobación de dichas cuentas, 
estimando también que procede otorgar un voto de gracias al 
Sr. Tesorero por el celo y actividad que ha presidido en su 
gestión. 

Madrid 3 de Enero de i894.— Primitivo Artigas, Luís dk 
Hoyos Saixz, Rafael Blanco y Juste.» 

La Sociedad acordó por unanimidad conceder al Sr. Tesorero 
el voto de gracias pedido por la Comisión. 

— El Sr. Secretarialeyó también una carta que le había sido 
dirigida por el socio Sr. Hoyos solicitando en su nombre y en 
el del Sr. Aranzadi autorización de la Sociedad para que sea 
publicado en alemán en los Arc/tir fUr Anlhropologie , un tra- 
bajo de ambos señores titulado Ai'/r/ire á la antropoJogla de 
E.sjiaíui, impreso en los Anales de la Sociedad; autorización 
que ésta por unanimidad unió á la de los autores de la 
Memoria. 

— El Sr. Botella presentó á la Sociedad, dando cuenta de él, 
un trabajo de M. F. Montessus de Ballore, comandante de 
artillería en Belle-Ile sur Mer, titulado La península ibérica 
sísmica ¡j sus colonias, que pasó á la Comisión de publicación 
por acuerdo de la Sociedad, y con cuya ocasión el Sr. Presi- 
dente dio breves pero muy interesantes noticias acerca del 
mapa sísmico de nuestra Península que el Sr. Fernández de 
Castro tiene ya concluido y próximo á publicar. 

— El Sr. Hoyos leyó la nota que sigue redactada por el señor 
Aranzadi: 

Oljsen'aciones aníropométricas en los Cace re ños. 

En ocasión en que mi objeti\o principal era otro muy dis- 
tinto, aproveché algunos momentos para verificar las obser- 
vaciones que hoy tengo el honor de presentar á la Sociedad y 
que se refieren á 23 hombres de 24 á 25 años de edad, natura- 



DE HISTORIA NATURAL. 3 

les de 11 distintos pueblos de la provincia de Cáceres: las cir- 
cunstancias de lug-ar y tiempo, fueron causa de que las medi- 
das no se completaran por ig-ual en todos y cada uno de los 
23 individuos, lo que hace que el valor definitivo sea, como 
lueg'o veremos, mucho menor para aquellas medidas que, 
como la distancia ofrio-sinfisia sólo alcanza á 8 individuos, 
que para aquellas otras que abarcan á los 23 hombres. 

Siendo el diámetro antero-posterior máximo de la cabeza en 
su valor medio de 193 y el transverso máximo de 149, el índice 
de las sumas es de 77,5. y por consig'uiente cinco veces más 
próximo que el de los g'uipuzcoanos al de los Chauias, tres 
veces más á las Cábilas y nueve veces más á los M'Zab: el 
índice de oscilación es de 2,05 y la oscilación jn-obable del 
valor medio es ± 0,43, de modo que podemos admitir que la 
serie no es muy heterog-énea y su carácter dolicocéfalo se 
afirma bastante bien. El diámetro frontal mínimo es de 106, lo 
que da un índice de 70.8, muy próximo al de los vascos y muy 
inferior al de los Chauias. La circunferencia horizontal ofriaca 
es de 551, la curva ofrio-iniaca de 342 y la transversa super- 
auricular de 308, es decir, 20, 3 y 6 mm. respectivamente me- 
nores que las de los euskaldunas; no alcanzando el índice de 
oscilación más que á 16,44 y la oscilación probable del valor 
medio más que á ± 3,68 en la primera de las circunferencias, 
su diferencia de menos con relación á la de los vascos nos ma- 
nifiesta la ausencia del carácter típico en estos de la platice- 
falia en relación inmediata con el g-ran desarrollo de la cabeza 
en sentido horizontal. 

La long'itud de la nariz es de 54,6 y su anchura de 34, lo 
que da como índice nasal de las sumas el de 62,3, no sólo muy 
superior al de los g-uipuzcoanos, sino que excede también al 
de los Beni-M'zab, siendo el índice de oscilación 4,31 y el de 
probabilidad del medio 0,92. La long'itud ofrio-sinfisia 136, la 
ofrio-alveolar 89 y la ofrio-espinal 74, con una oscilación pro- 
bable de ± 0.82 en la seg-unda y de ± 1,63 en las otras á 
causa del menor número de observaciones, son inferiores, 
sobre todo la primera, á las de los vascos, pero mayores que 
en los Beni-M'zab; con la anchura bizig'omática de 133,5 da la 
ofrio-alveolar el índice facial de 66,8, poco menor que el de 
los vascos y muy superior al de los M'zab. 
La boca es de 48,7 con índice de oscilación 2,54 y oscilación 



4 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

probable del valor medio d= 0.54, por tanto más ancha que la 
del euskalduna y mucho menor que la del M'zabita, influido 
este quizás por mestizaje neg-ro remoto, y por esto no apre- 
ciado en la observación del Dr. Amat. La abertura palpebral 
es de 27,4 (índ. ose. 1,44, ose. prob. ± 0,31), mayor que en el 
g'uipuzcoano y menor que en el M'zabita, así como el intervalo 
ocular es de 31.7, alg'o menor que en los dos pueblos citados y 
la latitud biorbitaria 103,5 se puede identificar con la del 
vasco midiéndola en el borde interno de la apófisis orbitaria. 
La altura de la barbilla es de 36,7, alg-o menor que en el 
g'uipuzcoano; la anchura big"oniaca (106,5) da el índice g-onio— 
cig-omático de 78,8 con índice de oscilación 2,24 y oscilación 
probable ± 0,49, por consiguiente superior al que señalé como 
característico en El iwehlo Euskalduna (San Sebastián. 1889). 
El ángulo facial es de 75" 30', su índice de oscilación 1,78 y la 
oscilación probable ± 24', inferior por consiguiente al del 
g'uipuzcoano. 

La talla es de 1,650, con índice de oscilación 33,9 y oscila- 
ción probable ± 7,6, es decir, algo superior á la del vasco, 
pero hemos de tener en cuenta que, según advierto en la 
pág'. 46 de EJ puehlo Euskalduna el crecimiento no está 
absolutamente terminado á los 21 años: además la selección 
para las armas especiales se efectúa no sólo teniendo en 
cuenta la talla, sino también el grado de instrucción, y quizás 
esto último motive el que queden sin incorporar á aquellas 
armas muchos individuos de buena talla. La altura del oído 
es 1520, la de la barba 1447 y la del hombro 1360, en relación 
casi idéntica á la del vasco en cuanto á sus diferencias con la 
altura del vértice. El tronco (sentado) alcanza á 842. 

La braza es de 1688, con índice de oscilación 17,28 y oscila- 
ción probable ±: 4.07, menor que la del vasco y la del M'zabita; 
el brazo es de 305, más corto que en el vasco, y sobre todo, 
que en el Beni-M'zab y Chauia y más largo que en el Cábila; 
el antebrazo es de 251, más corto que en el vasco y sobre todo 
que en el Chauia y Cábila y más larg-o que en el M'zab; la 
mano es de 181, con índice de oscilación 6,31 y oscilación pro- 
bable ±: 1,45, mucho más pequeña que en el vasco y en las 
tribus citadas; el pie es de 250, mucho menor que el vasco é 
i^ual al de los M'zabitas. La relación de la mano á la talla es 
de 10,9 casi ig-ual á la de las Cábilas; en el pie es de 15,2, poco 



DE HISTORIA NATURAL. 5 

menor que en las tribus citadas y bastante menor que en 
el vasco. 

El color de la piel corresponde al núm. 24 de Broca en 5 indi- 
viduos, al 25 en 9, al 25-26 en 4, al 26 en 3 y al 26-32 en 1, 
lo que da mucha mayor proporción del tipo moreno que en 
los g'Liipuzcoanos. El cabello corresponde al núm. 37 en un 
individuo, al 36-42 en 1, al 36 en 2, al 39 en 1, al 42 en 10, 
al 42-41 en 3, al 41 en 3, es decir, más obscuro que el del 
g-uipuzcoano: la barl)a corresponde al núm. 46 en 1, al 4.3-36 
en 1. al 36 en 3, al 37-39 en 1, al 42-36 en 1, al 42 en 1, al 41 
en 1, es decir, más clara que el cabello análog-amente á lo que 
«ucede en el g'uipuzcoano. El color de los ojos corresponde al 
núm. 14 en 4 individuos, al 9-8 en 1, al 4-9 en 4, al 4-3-9, en 1, 
al 4 en 2, al 3-4 en 4, al 3 en 3, al 2-3 en 3, al 2 en 1; es decir, 
menor proporción de ojos azules y verdes que en los vascos, 
mayor proporción de ojos pardo-verdosos y sobre todo de ojos 
pardos y de tono más obscuro. El lóbulo de la oreja es adhe- 
rente en 3 individuos y poco suelto en 1: la nariz es ag-uileña 
en 3 y recta en 9. 

Vemos por todos estos datos que los extremeños, por su 
menor índice cefálico y mayor nasal, cara más corta y ancha 
en la mandíbula, ojos más g-randes, menor áng-ulo facial, 
manos }' pies pequeños y mayor predominio del tipo moreno, 
se aproximan más que el vasco á ciertas tribus berberiscas; 
sin embarg'o, no es posible identificarlos con ellas, tanto más 
cuanto que hemos de tener en cuenta que aquellas no consti- 
tuyen tampoco una raza pura ó poco mezclada y, verificándose 
el mestizaje con diversidad de razas seg*ún el país y las vicisi- 
tudes de la historia, nunca podremos lleg-ar á la identificación 
que tan fácil suele parecer á primera vista. Haciendo las 
observaciones en pueblos mezclados se hace preciso analizar 
cada uno de ellos en sus elementos componentes y comparar 
estos; es lo que todavía no se ha hecho con los berberiscos y 
sería muy útil para las comparaciones con el análisis que pre- 
senté en mi PneJjJo Enskaldiuia: por de pronto aparece cierta 
aproximación del extremeño al elemento que en el vasco 
desig"né como «mediterráneo.» 

—El 8r. Ramón y Cajal reg-aló á la Sociedad ejemplares de 
sus últimas publicaciones histológ-icas, que ésta ag-radeció pro- 
fundamente. 



6 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAKÜLA 

— 511 Sr. Rodríguez de la Cruz (D. Ricardo) abog-ado de los- 
coleg'ios de Madrid y Montilla dio alg-iinas noticias acerca de 
sus exploraciones arqueológicas y prehistóricas en los alrede- 
dores de esta última población , que dieron marg-en á lig-eras- 
observaciones de los Sres. Presidente. Botella y Antón. 

— SI 8r. Cazurro presentó el sig'uiente estudio: 

Datos para la fauna de Ja prori/icia de Madrid. — Mamíferos^ 
por M. Camrro. 

D3seoso de contribuir, eu la escasa medida que mis fuerzas 
lo permiten, al conocimiento de la Zoolog"ía de nuestra patria, 
me ha parecido que no sería ocioso el reunir y recopilar 
cuantos datos pudiera, acerca de los mamíferos que forman su 
fauna, pero como esta tarea, requería el consultar multitud 
de colecciones locales, esparcidas por todas las provincias, y el 
cabal conocimiento de estas, he tenido que limitar mi modesto 
trabajo al estudio referente á una sola región , la provincia 
de Madrid, y sitios cercanos, acerca de la cual los datos publi- 
cados anteriormente, los ejemphires existentes en las coleccio- 
nes del Museo de Madrid, y his excursiones por mis maestros 
y compañeros y por mí mismo realizadas, me permiten reunir 
noticias sobre la mayoría de las especies que en ella habitan. 

A pesar de los gi-aves defectos , que en estas notas , segnira- 
mente aparecen, he creído oportuno el publicarlas, aspirando 
no á dar por estudiado el punto que en elfes me ocupa, sino 
á llamar la atención á los naturalistas españoles para que le 
estudien y completen, poniendo de manifiesto lo deficiente 
de mis observaciones. Después de publicados los catálog'os de 
Reptiles y Anfibios de España i)or I). Eduardo Boscá, y de 
Aves, por D. Ventura Reyes y los trabajos de los Sres. Caste- 
Uarnau acerca de las Aves de San Ildefonso, y del Sr. Yavreda 
acerca de las de (lerona. es extraño que no se haya i)ublicada 
un catálog'o de Mamíferos de España. Este hueco es el que los 
zoólog'os deben tender á llenar; pero en el estado actual de las 
ciencias naturales en España, es aún tarea difícil de desempe- 
ñar, por ser muy incompleto el estudio de las faunas locales 
y sobre todo el de los mamíferos de pequeño tamaño, como la 
mayoría de los murciélag-os, muchos roedores etc., cuya clasi- 
ficación es siempre difícil. He creído por esto útil, tratando de 



DE HISTORIA NATURAL. 7 

aportar un g'rano de arena á la obra de este edificio, reunir 
y publicar los datos que pudiera acerca de la fauna de nuestra 
provincia, persuadido de lo que hace tiempo dijo el P. Torru- 
bia , y que adoptan como lema y principio de sus catálog-os de 
Moluscos terrestres de España y Aves de San Ildefonso, natu- 
ralistas tan respetables como los Sres. Graells y Castellar- 
nau: «Vayanse formando sucesivamente muchos catálog'os, 
de los objetos que produce nuestro suelo, que de ellos resul- 
tará el índice g-eneral de la Historia Natural Española.» 

No es este ciertamente el primer ensayo sobre los mamífe- 
de la reg'ión central de España, pues ya en 1853 publicó el 
Sr. Graells. el decano y maestro de la mayoría de los natu- 
ralistas españoles, tan competente en este ramo de la Histo- 
ria Natural, una lista de las especies observadas en el área 
matritense, que incluye en las Memorias acerca del estado de 
los trabajos de la Comisión encargada de la formación de la 
carta geológica de la provincia de Madrid y general del reino, 
que en dicho año publicó el Director de la Comisión señor 
Lujan. Después de esta lista realmente podrá parecer ocio- 
so, que tratado el asunto por un verdadero maestro, yo el 
último de sus discípulos veng-a á sacarle nuevamente á luz; 
pero es de notar que dicho trabajo es meramente una lista, 
sin otras pretensiones y en la que desde lueg'o se advierte que 
el número de especies existentes ha de ser mayor que el de 
las citadas, y como el tiempo no pasa en balde, las denomina- 
ciones de muchas especies en ellas aceptadas han pasado á ser 
sinonimias de otras, se han adquirido más datos y de algu- 
nas en no corto número (18 especies) no citadas en dicha lista 
se han log-rado noticias positivas acerca de su existencia en 
esta reg'ión. Estas razones y el ser otra la índole de estas notas, 
me han determinado á publicarlas, sin pretender con ellas 
correg'ir las obras del que ha sido mi maestro . sino sumar los 
nuevos datos que el tiempo ha aportado á su trabajo. 

Hacer únicamente una lista de las especies encontradas y 
acerca de las cuales he podido reunir datos autorizados, 
hubiera sido tarea poco provechosa, pues, para el que quiera 
dedicarse al estudio de este gTupo, dejaría en pie las mismas 
dificultades que existen. Por esta razón y como creo que el 
conocimiento de la fauna de una región no puede ser obra de 
un solo trabajador, he creído oportuno, tratar de facilitar esta 



8 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

tarea á los que en ella se interesan, resumiendo los datos nece- 
sarios para que cada uno de por sí pueda determinar las 
especies que encuentre y saber si con ellas aumenta el número 
de las conocidas como existentes en la fauna de la región que 
se estudia. Por esta razón, tomándolos en g-ran parte de los tra- 
bajos de Lataste ( Catalogue ¡yi'ovisoi re des maíjuniféres sauvages 
non marines clii département de la Cfironde; Bordeaux . 1884), de 
Trouessart (Mammiféres de Ja France; Paris, 1884), y de Blasius 
(Fauna desWirheUliiere DeutscJilands. Braunscliweig-, 1857), in- 
cluyo entre estas notas, cuadros para la clasificación de los dis- 
tintos géneros y especies y las descripciones de ellas, tan nece- 
sarias para el que empieza á dedicarse al estudio de un grupo 
ya que frecuentemente la mala apreciación de un carácter al 
aplicarlos cuadros, puede conducir á grayes errores, que se 
pueden eyitar comprobando la descripción de la especie. 

También me ha sido sumamente útil, para este modesto 
resumen la obra, clásica entre los zoólog-os españoles, del 
Sr. Martínez y Saez, catedrático de la asignatura de yerte- 
brados, titulada iJish'ihiición melódica de los reríehrados (Ma- 
drid 1879) y á cuyo autor debo también dar testimonio de mi 
gratitud por haberme permitido consultar las colecciones que 
de este grupo y localidad yiene reuniendo, desde hace años, 
con constante celo y laboriosidad en el Gabinete de Historia 
Natural. No debo tampoco omitir, dando á cada uno lo que 
suyo sea, lo útiles que me han sido las obras del Sr. Pérez 
Arcas, maestro de casi todos los zoólog'os españoles; el Caláloíjo 
de Axes de San Ildefonso del 8r. Castellarnau en que se citan, 
en su introducción, diyersas especies de mamíferos, propias 
de la reg'ión montana; _y los trabajos del Sr. López Seoane, 
nuestro ilustrado consocio, acerca de los mamíferos de Galicia, 
y el catálogo de D. Antonio Machado, mi antiguo profesor, de 
los mamíferos de Andalucía (Seyilla 1869). 

Así, pues, poca es la parte que á mí me corresponde en este 
modesto trabajo; el mérito y la mayoría de los datos en él con- 
tenidos, son obra de distinguidos zoólogos; los errores que en 
él pueda haber, solamente míos. 

Una obseryación debo hacer para terminar: al tratar de la 
proyincia de Madrid, realmente incluyo algunas especies 
(Arvicola niralis, Capra /i/spanica. Mnx tectorum etc.), cuyas 
citas no se refieren, en ¡)ropieda(l, á los límites geográficos de 



DE HISTOKIA NATURAL. 



la provincia, pero que por hallarse positivamente en reg-io- 
nes, cercanas á ella , es lógico pensar que existan también en 
la parte que estudiamos, y como por otra parte la fauna de 
nuestra provincia no es en suma más que la fauna central de 
España, no creo pecar por admitir con criterio un poco lato, 
algnmas de las especies que en todo el centro de la Península 
existen; en términos análog-os á lo que el 8r. Cxraells denomina 
el «Área matritense.» 

Basado en estos fundamentos y con el criterio indicado, 
comienzo hoy por exponer los datos recogidos acerca de los 
mamíferos quirópteros, y si la Sociedad me honra, juzg-ando 
admisibles estas noticias, en notas sucesivas iré publicando 
los que á los demás órdenes de mamíferos se refieren, que 
seg'ún los datos que he podido recopilar comprenden las 59 
especies de la lista que sig'ue : 



ORDEN QUIRÓPTEROS 

Familia Rinolófidos. 

Rhinolophus ferrum equinum Schrb. 

— hipposideros Bechs. 

— Blasii Peters. 

Familia Vespertiliónidos. 

Plecotus aiiritus L. 
Synotus barbastellus E. Geoff. 
Miaiopterus Sclireibersi Natt. 
Vesperugo (Vesperus) serotinus 
Schrh. 

— — discolor 

Natt. 

— noctula Schrh. 

— pipistrellus Schrh. 

— Kuhli Natt. 
Vespertilio murinus Schrh. 

Famima Einbalonúridos. 
Nyctinomus Cestoni Sav. 

ORDEN INSECTÍVOROS. 

Familia Tálpidos. 

Talpa europiua L. 

Myogale pirenayca E. Geoff. 



Familia Sorícidos. 
Sorex alpinas Schinz. 

— vulgaj-is L. 
Crocidura arauea Schrb. 
Pacbyura etriisca Sav. 

Familia Erinaceidos. 
Erinaceus europteus L. 

ORDEN ROEDORES. 

Famiija Esciúridos. 

Sciurus vulgaris Z. 

Familia Mióxidos. 

Myoxus glis L. 
— nitela Schrb. 

Familia Múridos. 

Mus rattus L. 

— decumanus Pall. 

— tectoriim Savi. 

— inusciilus L. 

— sylvaticus Tj. 

Arvícola (Heiniotomys) amphibius 
Pall. 
— — ni vali s ? 

Martius. 



10 



ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



Arvícola (Microtns) subterraneus 
Sélys. 

— — \h(íxicxís,Selys 

— agrestis L. var. arvalis Pall. 

Familia Lepóridos. 

Lepus timidus L. 
— cuniculus L. 

ORDEN FIERAS. 

Familia Mustélidas. 

Meles taxus Schrb. 
Lutra vulgaris Erxleh. 
Mustela vulgaris Briss. 

— putorius Z. 

— furo L. 
Marta foina Gmel. 

Familia Vivérridas. 

Viverra genetta L. 
Herpestes ichneumon L. var. Wid- 
dringtoni Gray. 

Familia Félidas. 
Félix catus L. 



Felis domestica. Bris. var. hispa- 
nica. 
Lynx pardina Oken. 

Familia Cánidas. 

Canis vulpes L. 

— lupus L. 

— familiaris L. 

ORDEN ARTIDÁCTILOS- 

Familia Bóvidos. 
Bos taurus L. 
Capra hircus L. 

— hispánica Schimp. 
Ovis aries L. 

Familia Cérvidos. 

Dama vulgaris Brooks. 
Cervus elaphus L. 
Capreolus europams Brooks. 

Familia Suidos. 
Sus scrofa L. 

ORD. PERISODÁCTILOS 

Equus caballus L. 

— asinus L. 



mamíferos. 



I. CoQ una membrana, en forma de ala, que reúne los dedcs de las manos entre 

sí, el brazo y el antebrazo, á los costados y á las patas y estas con la cola 

ORDEN I. QUIRÓPTEROS. 

LI. Extremidades normales, dispuestas para la prot'resiún. 
\. Dedos terminados en uñas. 

A. De tamaño pequeño; con caninos y las muelas erizadas de puntas 

cónicas GR DEN IL INSECTÍVOROS. 

B. De tamaño pequeño; sin caninos, con los incisivos muy grandes, de 

crecimiento indefinido, separados por un hueco de los molares y estos 
con la corona plana ORDEN IIL ROEDORES. 

C. De tamaño mediano ó grande; con los caninos muj- desarrollados y los 

molares cortantes ó tuberculosos ORDEN IV. FIERAS 

].l Dedos terminados por pezuñas. 

A. Dedos en número de dos ó cuatro. Frecuentemente con cuernos y con el 

estómago complicado ORDEN V. ARTIDÁGTILOS. 

B. Con un solo dedo aparente, y estómago sencillo y sin cuernos 

ORDEN VI. PEBISODÁCTILOS. 



DE HISTORIA NATURAL. 11 



Okden T. Quirópteros ó ATt-irciélacjos. 

I. Con apéndices membranosos en la nariz y el trag-o poco desarrollado 

, Fam. 1. Rinolófidos. 

No comprende más que un solo género RJii dolophus GeoS. 

1. 1. Sin apéndices membranosos en la nariz; trago muy desarrollado. 

1. Orejas libres ó soldadas pero sin formar jamás un repliegue en la frente; 
cola delgada, casi enteramente incluida en la membrana interfemo- 

¡■al Fam. 2. Vespertiliónidos. 

a. Orejas soldadas entre sí cerca de su base. 

b. Orejas muy grandes, casi tanto como el cuerpo, no dentadas 

.^ Plccotiis Geoft". 

bb. Orejas cortas, anchas y dentadas Sijnotus K. et BL 

a a. Orejas libres. 

c. Frente muy convexa y bruscamente elevada por encima del 
hocico (las orejas y las alas como en el género Vesperiiffo 

Key. et Bl.) Miniopterus Bp. 

c.c. Frente ordinaria. 

d. Primer premolar superior pequeño ó nulo; trago poco alargado 
y generalmente encorvado hacia dentro; alas largas y estre- 
chas Vesperngoli.. ef^X. 

d A. Primer premolar superior bien desarrollado; trago largo y 

generalmente encorvado hacia fuera; alas cortas y anchas 

Vespertilio K . et Bl . 

1.1. Orejas soldadas en gran parte por su borde interno que forma un repliegue 
sobre la frente; cola gruesa y prolongada en más de su mitad fuera de la 

membrana interfemoral. Fam. 3. Embalonúridos. 

No comprende más que un solo género representado Nijclinomus Geof. 

Fam. 1. Rinolófidos. 

Cola contenida en la membrana interfemoral; dedo medio 
con dos falang'es; la primera en línea recta (durante el reposo) 
con el hueso metacárpico. Narices abiertas en una depresión 
de la superficie superior del hocico, circundadas por apéndices 
cutáneos foliáceos. Sin trag'o. Huesos intermaxilares rudi- 
mentarios, representados por la delg-ada lámina ósea, suspen- 
dida desde el cartilag-o nasal hasta el centro del espacio que 
queda entre los caninos. Molares con plieg'ues distintos en 
forma de W. 

Género Rh.inolophus Geoff. 

Nariz con apéndices foliáceos bien desarrollados, en cuya 
base están colocadas las aberturas nasales. Dientes : 1 ji C —'■ 

2 3 

P — ; M — ; =32 dientes. Orejas bien separadas, anchas y des- 
provistas de trag'o, pero con un antitrag"0 bastante perceptible. 



12 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

a. Longitud del antebrazo, próximamente 57 mm. Segundo premolar superior, to- 
cándose con el canino, pues el primer premolar es muy pequeño y queda co- 
locado fuera de la linea de los demás. Membrana interfemoral muy aguda... 

Rh. ferntm- equinum Schrb . 

a.a. Longitud del antebrazo cuando más 49 mm. Segundo premolar inferior pequeño 
y separado del canino por el primero. 
b. Longitud del antebrazo, 40 mm. Membrana interfemoral aguda Antitrago 
separado de la oreja por una escotadura aguda. La 5e?Z« terminada por 

punta muy aguda Rh. hipposideros Bechs. 

bb. Longitud del antebrazo, 4(5 mm. Membrana alar inserta en el talón 

Rh. Blasiíís Peters. 



Rh. ferrum-equinum Sclirb. — Color rojizo, más claro, blan- 
quecino ó g-ris en la cara ventral, y más obscuro en la dorsal; 
las hembras más rojizas que los machos. El apéndice nasal 
presenta los lados de Iñsel/a cóncavos y no ocultando las aber- 
turas nasales. Alas insertas en el talón, mediante un calcáneo 
bien desarrollado. Membrana interfemoral triang-ular, y de- 
jando libre solamente el extremo de la cola. Orejas más cortas 
que la cabeza y con la punta muy ag'uda. 

LoiKjllnd: del antebrazo, 0.057; cuerpo y cabeza, 0,060; en- 
verg-adura de las alas. 0,350; cola, 0,042. 

Esta especie es abundante en toda la región , especialmente 
en los alrededores de Madrid, en las cuevas, tejados, troncos, 
huecos, etc. 

Madrid! Pérez Arcas, Bolívar! (col. Mus.); Arg-anda! Collado 
Mediano, Conde! Área matritense, Graells. 

Rh. hipposideros Beclis. — Color rojizo parduzco, sobre todo 
por el dorso, y g-ris rojizo bastante claro en la cara ventral. 
Apéndice nasal relativamente muy g-rande, con los lados de la 
sella converg-entes hacia arriba y la punta obtusa. Alas inser- 
tas en el talón. Membrana interfeinoral ang-ulosa, no tan ag-uda 
como en la especie anterior, y dejando también libre el extre- 
mo de la cola. 

Dimensiones: del cuerpo y cabeza, 0,042; del antebrazo, 0,040; 
enverg-adura de las alas, 0,250; de la cola, 0,030. 

Esta especie es la de menor tamaño del g-énero, y no abunda 
tanto como la anterior, aun cuando no es rara en toda la re- 
g-ión central, sobre todo en las cuevas, en las que á veces for- 
ma sociedades numerosas. 

Madrid (cueva del Canal!), Cardiel (col. Mus.). 



DE HISTORIA NATURAL. 13 

Rh. Blasius Peters. — Del mismo color y aspecto que la espe- 
cie anterior, pero de mayor tamaño. ScUa de punta alg-o más 
ag-uda. Membrana alar inserta en el talón y la interfemoral 
bastante obtusa, casi cuadrada. Las orejas más cortas que la 
cabeza. 

Dimensiones: del antebrazo, 0,046; enverg-adura de las alas, 
0,210: de la cabeza y cuerpo, 0,050. 

También muy rara en esta reg-ión. Sólo puedo referir á esta 
especie un ejemplar que me envió de Collado Mediano, el se- 
ñor Conde, y que cedí á las colecciones del Museo. 

Familia 2.^ Vespertiliónidos. 

Cola incluida en la membrana interfemoral. Dedo medio 
con dos falanjes, la primera de ellas colocada durante el re- 
poso, en línea recta con el hueso metacáiq^ico. Narices abiertas 
en el extremo del hocico , desprovistas de apéndices cutáneos 
especiales. Huesos intermaxilares pequeños, laterales, separa- 
dos por delante por un ancho espacio. Trago distinto. Molares^ 
bien desarrollados, con pliegues en forma de ^Y en la corona. 



a. Orejas soldadas la una á la otra cerca de su base. 

b. Orejas muy grandes, casi tanto como todo el cuerpo, no dentadas 

GEN. Plecotus E. Geo.fr. 

bb. Orejas no tan grandes, anchas y dentadas GiÍN. Sy notxís K. et lil. 

a. a. Orejas libres. 

c. Frente muy convexa y bruscamente elevada por encima del hocico. 
Incisivos superiores separados de los caninos. Alas largas y estre- 
chas GEN. Miniopterus Bonaj). 

ce. Frente normal. 

d. Primer premolar superior, pequeño ó nulo. Trago poco alargado 

y encorvado hacia dentro. Alas largas y estrechas 

GEN. Vesperugo K. et Bl. . 

d.d. Primer premolar superior bien desarrollado Trago largo y gene- 
ralmente encorvado hacia afuera. Alas cortas y anchas 

GEN. Vespertilio L. 



Gésero Plecotus E G-eo/fr. 

Orejas muy g-randes, casi tanto como el cuerpo. Aberturas 
nasales en un canal excavado en el hocico que es agudo. Trago 

bastante desarrollado. Dientes: I -^; C. |; P. |; M. |-. 



14 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Pl. auritus L. — Única especie de este género, caracterizada 
por tener las orejas sumamente g-randes y unidas en la frente. 
Es de color pardo claro blanquecino en la cara ventral. 

Dimensiones: del antebrazo, 0,038; enverg-adura de las alas, 
0,230; cabeza v cuerpo, 0,047; oreja, 0,037. 

Esta especie no es rara en la región central. Madrid! Pérez 
(col. Mus.!); Escorial, Graells. Área matritense. Graells. Se la 
•conoce con el nombre vulg-ar de Orejudo. 

GÉNERO Synotxjs K et Blas. 

Orejas medianas, anchas, soldadas en la base y dentadas en 
los bordes. Dientes I. ^-=^: C. |; P. -^ : M.-|. 

Syn. baibastellus F. Geofr. — Color uniforme, pardo muy 
obscuro, con alg-unos pelos raros blancos en la base de la 
membrana interfemoral. Hocico g'rueso. 

Uime/isiones: del antebrazo. 0,025; cabeza y cuerpo. 0.050, 
cola, 0,050. 

Es la única especie de este g-énero rara en el área matri- 
tense, y que sólo ha sido citada de la vecina sierra, Castellar- 
nau, La Granja; área matritense, Graells. 

Género Miniopterus Bonop. 

Orejas separadas, redondeadas y pequeñas. Trag'O redondea- 
do. Frente muy abombada y prominente. Nariz separada del 
labio por una fosita estrecha y vertical. La primera falang-e 
del seg"undo dedo, que es el mayor de todos los del ala, suma- 
mente corta. Cola tan larg-a como la cabeza y el cuerpo. Dien- 

tes:I.|;C.i;P.|:M.|. 

Miniop. Schreibersi Xalterer. — Esta especie es la única que 
representa el g-énero en nuestra Península; es de color g-ris 
€laro, alg'o más rojizo por encima y más obscuro en la base de 
los pelos; estos se extienden por parte de la base del ala. 

Dimensiones : del antebrazo, 0,043; enverg-adura de las alas, 
0,280; cabeza y cuerpo, 0,050; cola, 0,056. 

Esta curiosa especie es sumamente rara en la parte llana de 
esta región, pero abunda más en la montaña. En las coleccio- 



DE HISTORIA NATURAL. 15 

lies del Museo de Historia natural existen ejemplares de Ciu- 
dad-Real y Almadenejos! cog-idos por el Sr. Boscá, que hacen 
creer existirá también en la parte Sur de la provincia de Ma- 
drid; también existen ejemplares del Escorial! y San Ildefonso. 

Génepo A^esperugo A', et Blas. 

Hocico g-rueso, cubierto de tubérculos g'landulares y con las 
aberturas de la nariz en forma de inedia luna, colocadas en su 
extremo. Orejas pequeñas, anchas y triang-ulares, no reunidas 
en la base y con el trag-o corto, obtuso y convexo en su borde 
externo. Cola más corta que el cuerpo. El calcáneo lleva en su 
borde libre un lóbulo cutáneo (lóbulo post-calcáneo) más ó 
menos desarrollado. Alas larg-as y estrechas. Fórmula dentaria 
variable. 

/{. Solamente un premolar en cada lado de la mandíbula superior (en total 32 dien- 
tes). Lóbulo post-calcáneo eslrecho. Membrana alar inserta en la base de los 

dedos de los pies Subgénero Vesperus. 

í. Longitud del antebrazo, 55 mm. Tamaño grande. Las dos últimas vérte- 
bras caudales únicamente libres Vesp. serótinas .S'c/i'/'Ji. 

//./í. Longitud del antebrazo, cuando más 42 mm. Tamaño mediano. La última 

vértebra caudal solamente libre. De color blanco amarillento 

Vfsp. discolor Vff^. 

ú.a. Con dos premolares á cada lado de la mandíbula superior (en total 31 dientes). 
Lóbulo post-calcáneo bien desarrollado. Orejas más cortas que la cabeza con 

su borde externo inserto por debajo del ángulo de la boca 

Subgénero Vesperugo. 

c. Trago securiforme, ensanchado en su punta. Membrana alar inserta 
en el talón ó por encima de éste. Lóbulo post-calcáneo bien desarro- 
llado. Longitud del antebrazo, 60 á 70 mm.. . Vesp. noctula Schrb. 
ce. Trago no dilatado en el ápice. Membrar a alar inserta en la base de los 
dedos del pie. Talla mediana ó pequeña. 

d. Borde externo de la oreja escotado en su tercio superior. Trago con 
los bordes paralelos. Primer incisivo superior bilobo. Longitud 

del antebrazo , 30 mm Vesp. pipistrellus ScJirb. 

d.d. Porde externo de la oreja apenas cóncavo en su tercio superior. 
Trago con el borde externo convexo y el interno recto. Primer 
incisivo superior de un solo lóbulo. Membrana interfemoral con 
borde blanco Vesp. Kuhli Xatt. 

Vesp. serotinus ScJirb. — Color pardo amarillento en la cara 
dorsal, más obscuro en la ventral, y sobre todo en las orejas y 
las alas. Tamaño g-rande. Orejas poco más cortas que la cabe- 
y.n , insertas al nivel del áng-ulo de la boca, por debajo del ojo. 
Trag-o dos veces más larg-o que ancho. Membrana alar inserta 



16 ACTAS DE LA SOCTEDAD ESPAÑOLA 



en el metatarso. Las dos últimas vértebras caudales libres. 
Dientes: I. |: C.|; V.~: M.|-. 

Dimensiones: del antebrazo. 0.050; enverg*adura de las alas, 
0,330; cabeza y cuerpo, 0,072; cola, 0,05.2. 

Esta especie parece no ser muy abundante en nuestra re- 
g-ión. Sin embarg'o, se observa en los alrededores de Madrid! 
y en Aranjuez! En las colecciones del Museo de Historia natu- 
ral existe un ejemplar recogido en Ciudad-Real por el señor 
Boscá con dos pequeños fetos. 

Vesp. discolor Xatt. — Color blanquecino. Los pelos son obs- 
curos en la base y de color blanco en su extremo. Tamaño me- 
diano. Orejas poco más cortas que la cabeza, con el trag'o corto 
y ensanchado por encima de su porción media , redondeado 
en el vértice y encorvado hacia dentro. Alas insertas en hi 
base de los dedos. Lóbulo post-calcáneo estrecho. Dientes: 

I.|;C'.Í;p4;M.|. 

Dimensiones: del antebrazo, 0,040; envarg-adura de las alas, 
0,270; cabeza y cuerpo, 0,048; cola, 0,045. 

Cito esta especie por los ejemplares procedentes de los alre- 
dedores de ^ladrid existentes en las colecciones del Museo y 
recogidos en Octubre por el Sr. D. Greg'orio Pérez. 

Vesp. noctula SrJirb. — Color uniformemente pardo claro, 
tirando á rojf). La membrana alar en parte cubierta de pelo 
hasta una línea que une el codo á la rodilla. Hocico corto y 
g-rueso. Trag"o securiforme, ensanchado en la punta. Mem- 
brana alar inserta por encima del talón. Lóbulo post-calcáneo 
ancho, semicircular. Solamente la última vértebra caudal, que 
es rudimentaria, queda libre de la membrana interfemoral. 

2 1 "^ 3 

Dientes : L -^ ; C. y ^ P- :^ 5 ^í- 3- • 

Dimensiones: del antebrazo, 0,060: enverg-adura de las alas, 
0,320 á 0,460j cabeza y cuerpo, 0,070; cola, 0,0.50. Su tamaño es 
bastante variable. 

El i'inico dato que poseo de la existencia de esta especie, tan 
común en Europa, dentro de nuestra región, es la referencia 
que el Sr. Graells hace de ella en su citada lista , en que dice 
que es medianamente abundante en el área matritense. 



DE HISTORIA NATURAL. 17 

Vesp. pipistrellus ScJirh. — Color obscuro ; con el pelo larg-o, 
negTO en la base, lueg-o ceniciento y pardo en el ápice. Las 
membranas alares obscuras y cubiertas por encima de pelo 
hasta una línea que, partiendo del medio del húmero, lleg"ase 
hasta la rodilla, y por debajo desde el codo á la rodilla. Talla 
pequeña. Borde externo de la oreja escotado en su tercio su- 
perior. Trag-o de bordes paralelos, redondeado en el ápice y 
con el borde externo convexo. Alas insertas en la base de los 

2 12 

dedos. Lóbulo post-calcáneo mediano. Dientes: 1. ~; Q. ~;'P.^; 
M.|. 

Dimensiones: del antebrazo, 0,030; enverg-adura de las alas, 
0,180; cabeza y cuerpo, 0,040; cola, 0,35. 

Esta especie es una de las más comunes en la reg-ión , y es 
frecuente en los alrededores de Madrid! Pérez (col. Mus.). 

Vesp. Kuhli Naíterer. — Color obscuro con los pelos sólo cla- 
ros en su ápice y distribuidos también en el ala de una ma- 
nera semejante á la que presentan en la especie anterior; boi- 
de inferior de la membrana interfemoral con una banda blan- 
ca, poco limitada. Tamaño mediano. Orejas más anchas que 
en las demás especies, con el borde externo apenas cóncavo 
en su tercio superior y el trag-o con el borde interno recto y el 

2 12 3 

externo convexo. Calcáneo larg-o. Dientes: L -¡^; C. ~; P. -¡r; M. —. 

Primer incisivo superior de un solo lóbulo. 

Dimensiones: del antebrazo, 0,033; enverg-adura de las alas, 
0,210; cabeza y cuerpo, 0,044; cola, 0,035. 

El único dato que poseo para citar esta especie de nuestra 
reg'ión es un ejemplar existente en las colecciones del Museo 
y recog-ido en el Jardín Botánico de Madrid. 



Género Vespertilio L. 

Hocico larg-0 y cónico con tubérculos gdandulares pequeños; 
aberturas de la nariz en forma de media luna, colocadas alg-o 
lateralmente en el extremo del hocico. Orejas separadas, ova- 
les, más larg*as que anchas, con el trag'o larg-o y g-eneralmento 
encorvado hacia fuera. Colainas corta que la cabeza y el cuer- 
po. Lóbulo post-calcáneo pequeño ó nulo. Alas cortas y anchas. 

ACTAS DE LA SOC. ESP.— XXi:i. 2 



18 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Vesp. murinus ScJtrlj. — Color rojo claro por encima, casi blan- 
quecino en la cara ventral. Tamaño g-rande. Orejas anchas y 
ovales, tan g-randes como la cabeza. Trag'o larg'o. recto y pun- 
tiag"udo. Alas insertas en los huesos metatársicos, cerca de la 
base de los dedos. Sólo la última vértebra caudal que es rudi- 

2 12 3 

mentarla libre. Dientes: I.-g-: C-y; P-^: ^^■'^^ 

DiMensíones: del antebrazo, 0,060; enverg-adura de las alas, 
0,355; cabeza y cuerpo, 0,073; cola, 0,052. 

Es una de las especies más frecuentes, y abunda en toda la 
reg"ión, tanto en el llano como en los montes. Madrid! Boscá 
(col. Mus.); Escorial!, La Granja (col. Mus.): área matritense, 
Graells. 

Aun cuando no hay dato ning'uno que lo pruebe, puede casi 
asegurarse que en esta reg-ión debe existir también alg'una 
otra especie de este g-énero como el Ves}). Bechsteini LeisL, que 
se disting-ue del anterior por tener el antebrazo solamente de 
39 mm. de larg-o, ó ^Wesj). mystadnus Leisl.. aún más pequeño. 

Familia 3.^ Erabalonúridos. 

Cola que pasa la membrana interfemoral. Primera falang-e 
del dedo medio doblada durante el reposo en la superficie dor- 
sal del hueso metacári)ico. Narices con aberturas circulares 
sin apéndices foliáceos. Orejas muy .soldadas en su borde in- 
terno, formando un replieg-ue sobre la frente. Trag'o distinto. 
Molares bien desarrollados con plieg-ues en forma de AV en la 
corona. 

Género Nyctinomuis Geoff. 

Orejas muy soldadas en su borde interno , formando un re- 
plieg"ue, con un antitrag'o en el borde externo. Alas insertas 
en el borde inferior de la tibia. Cola larg-a y gruesa, saliente 
en más de su mitad fuera de la membrana interfemoral. 

Nyct. Cestoni )Sarí. — Color gris negruzco, algo rojizo. Tama- 
ño mediano. Orejas ovales muy soldadas y con arrugas. Labio 

112 3 

superior muy extensible. Dientes: I. —; C. y; P. y; M. j . 
Dimensiones: del antebrazo, 0,058; envergadura de las alas, 



DE HISTORIA NATURAL. 1'9 

1J,364; cabeza y cuerpo, 0,078; cola, 0,046, de los cuales 0.027 
•quedan libres. 

Esta curiosa especie, único representante en Europa de la 
familia de los emdalonúridos , es rara en todas partes, y se en- 
•cuentra en la ré'g-ión submontana del área matritense, Graells! 
Escorial, Martínez! 

— El Sr. Secretario levó las actas sio-uientes: 



SECCIÓN DE SEVILLA. 



Sesión del 6 ele Diciemt>re de d 893. 
PRESIDENCIA DE DON SALVADOR CALDERÓN. 

— Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 
— Se repartió el cuaderno 2." del tomo xxii de los Anales. 
— Se procedió' á eleg'ir la mesa que ha de actuar en el año 
próximo, quedando constituida en la forma sig-uiente: 
Presidente: D. Salvador Calderón. 
Vicepresidente: D. Romualdo González Frag-oso. 
Tesorero: D. Manuel de Paul. 
Secretario: D. Manuel Medina. 
Vicesecretario: D. Carlos Cañal. 
— Se aprobó el sig-uiente presupuesto para 1894. 

Pesetas. 



Mozo para repartir las citaciones 30 

Gastos de Secretaría y Tesorería 10 



Total 10 

— El Sr. Medina leyó lo sig-uiente: 

Notas entomológicas. 

Nuestro disting-uido consocio Sr. Uhag-ón comunicó á esta 
¡Sociedad los datos que poseía acerca de las especies españolas 
del g-énero Bhq^s. Como en dicha comunicación fig-uran esca- 



20 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

sas noticias de Andalucía, he creído útil consig-nar las especies-- 
de dicho g-énero que tienen representación en esta comarca 
consultando las colecciones de nuestro Museo de Historia 
Natural. 

Especies del género Blaps. 

Blaps Mspanica Sol. — Málag-a (Gracián!); Hornachuelos (Cór- 
doba) (García Xúñez!); Constantina (Sevilla!). 

— gigas F. — Sevilla! ; Cazalla (Río!); Guadalcanal (Sevilla) 

(Calderón!) 

— simiUs Latr. — Sevilla ! 

«Recientemente el mismo Sr. ühag'ón se ha ocupado en 
ampliar las noticias que poseía acerca de las especies españo- 
las del g'énero Pimdia y con este motivo consig-naré los datos 
que he podido reunir de dicho g'énero en Andalucía.» 



Especies del género Pimelia. 

Pimelia ruida Sol. — Sevilla! 

— maura Sol. — Chiclana (Cepero!) 

— l(etica'^(A. — Sevilla! 

— costata^'dMl. — Sevilla! 

— fornicalaYÍQvhi^X. — Chiclana (Cepero!) 

— El Sr. Calderón dio lectura á las siguientes: 

Oljsertadoncs solre el mimetismo cromático cambiante. 

«El Sr. Murillo, farmacéutico, establecido en esta capital^, 
tuvo la bondad de proporcionarme un número bastante crecido 
de camaleones vivos, procedentes de Vélez-Málag-a, los cuales 
he podido conservar alg-ún tiempo en tal estado en el Museo 
de la Universidad, con objeto de estudiar sus costumbres, y 
sobre todo la curiosa adaptación al color de los objetos inme- 
diatos, tan conocida y notable en estos curiosos reptiles. 
Alg-unas observaciones quizás nuevas me ha permitido recog-er 
esta ocasión; pero el citado estudio, que era el principal,. 



DE HISTORIA NATURAL. 21 

-encomendado á uno de mis más queridos discípulos, no lia 
podido realizarse por causas independientes de su voluntad y 
los camaleones se lian ido muriendo, como sucede siempre en 
Sevilla durante el invierno, al menos desde hace bastantes 
años. 

»Como se trata de un fenómeno que excita la curiosidad 
g'eneral y cuya explicación se pide tantas veces al naturalista 
en esta región por los profanos, me ha parecido dig^na de 
entreteneros con él alg'unos momentos, siquiera sea poco lo 
nuevo que sobre ella pueda añadir, no habiendo tenido ocasión 
de realizar el estudio microg'ráfico proyectado. 

»Es sabido que el camaleón, reptil de movimientos tardos y 
difíciles, en tierra sobre todo, pasa su vida agarrado con sus 
dedos y su cola prensil á las ramas de los árboles y á las 
pencas de las chumberas, tomando el color del medio en que 
se encuentra, lo cual constituye su única defensa. Cuando se 
le transporta alternativamente de plantas de color claro á 
otras de coloración muy obscura ó á tierras ó planos pintados 
diversamente, es cuando puede observarse mejor los cambios 
profundos de color que es capaz de experimentar en el espacio 
de pocas horas. Esta propiedad no es privativa del camaleón, 
sino que la presentan también otros reptiles y anfibios, parti- 
cularmente la rana, y aun ciertos invertebrados, pero con 
intensidad más débil que aquel ó dentro de límites menos 
amplios. 

»Mis discípulos y yo hemos observado en nuestros ejempla- 
res que el mimetismo cromático del camaleón se hace más 
acentuado y rápido bajo la influencia de la luz, que en la 
penumbra y en la obscuridad, y además que se pueden provo- 
car dos coloraciones independientes en las dos mitades del 
cuerpo, derecha é izquierda, las cuales parecen distribuirse 
homog-éneamente en cada una de estas dos mitades, lo que 
indica que se halla regida principalmente esta propiedad por 
■el sistema nervioso central. 

»La gamma de los colores oscila entre una serie de matices 
infinita desde el blanco hasta un verde tan intenso que parece 
negro, y la serie intermedia consiste en tonos verdosos ama- 
rillentos y azulados. Me parece que para la producción de 
ciertos matices brillantes el animal aprovecha también su 
propiedad de poder hincharse ó, por el contrario, adelgazarse, 



22 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAKOLA 

(lando así diferente tensión á las células de su piel. Al morir 
toman un color negruzco primero y lueg-o blanquecino, nunca 
los verdes y azulados, al mismo tiempo que se contraen y 
arrug-an. 

>>Las recientes investig-aciones de M. Dutartre sobre la colo- 
ración de la piel en la rana, de que ha dado cuenta en el 
Cong-reso de la Asociación francesa de Besancon, explican 
muchas de las mencionadas particularidades, como voy á in- 
dicar; pero debo hacer antes una indicación previa para la 
mejor comprensión de estas investig-aciones. 

»Hace bastante tiempo que los anatómicos habían explicada 
los cambios notables de coloración de la piel de los cefalópo- 
dos, y particularmente de la sepia en la que el fenómeno es 
mag-nífico, por modificaciones deforma de las células pig'men- 
tarias, á causa de la contracción ó relajamiento de fibras 
musculares sometidas á la voluntad del animal. Esas células 
pig-mentarias son esféricas, están situadas en la piel á diferen- 
tes profundidades y llenas de g-ranulacioues de pig-mento, 
llevando el nombre distintivo de cromato/oros. Se cree que en 
la periferia de estas células se insertan fibras musculares, 
que al entrar en contracción, provocan un ensanchamiento- 
del contenido pig-mentario de dicha células, lo cual se traduce^ 
al exterior por manchas de forma estrellada y que producen 
diversos efectos en el juego alternativo de las diferentes capas 
de cromatóforos. 

»Mas tarde estos descubrimientos se han aplicado al estudio 
de la adaptación cromática de alg-unos animales superiores y 
de vida aérea mencionados, encontrándose que en ellos los. 
cromatóforos experimentan movimientos ameboideos, los 
cuales producen su deformación. M. Dutartre ha comprobada 
que en la rana estos movimientos se hallan reg-idos por el 
sistema nervioso central y el simpático, sirviendo los g-angdios 
de éste de centros secundarios, y que son influidos por la 
acción directa de la luz, el calor y las corrientes eléctricas. 
La luz blanca y los rayos menos refrang-ibles provocan la con- 
centración y por consig-uiente el aclaramiento del cuerpo; la 
obscuridad y los rayos menos refrang-ibles, producen, por el 
contrario, la dilatación de los cromatóforos. Los lóbulos ópticos 
son los centros de los reflejos que permiten al animal adoptar- 
la coloración del medio, por lo cual las ranas ciegas no presen- 



DE HISTORIA NATURAL. ■ 23 

tan este fenómeno de mimetismo. Por eso, aprovechando la 
notable independencia de los dos ojos del camaleón, le coloca- 
mos entre dos planos uno blanco y otro negTO, y pudimos 
comprobar la imitación de ambos colores con independencia 
en cada una de las caras repectivas. 

»M. Dutartre lia encontrado además que masas de gdóbulos 
rojos pueden ser dig-eridos localmeiite por células linfáticas y 
presentar todas las formas de los cromatóforos; así se producen 
haciendo lleg-ar un haz de luz intenso á la piel completamente 
incolora del vientre. Muchas veces, como cuando se impide 
poner á la hembra y hay reabsorción de los huevos , pueden 
orig-inarse manchas que no presentan la org-anización de los 
cromatóforos. 

»Por lo que se refiere al camaleón, yo creo que el fenómeno 
de su mimetismo cromático es más complejo que en la rana. 
De una parte la piel es en él rug'osa y susceptible de dilatarse 
y contraerse ampliamente en casi todo el cuerpo, cuya facul- 
tad aprovecha para producir tonos de coloración de que no 
son capaces los anfibios. De otra, la serie de capas cromato fo- 
ras es en el camaleón muy complicada y afecta una estratifi- 
cación, en la que parece haber cierta diferenciación zonar, 
que está en harmonía con la actividad notable de la piel de 
estos reptiles. 

«Examinando en conjunto el fenómeno de la adaptación 
cromática cambiante, llama la atención el hecho de presen- 
tarse aislado en formas correspondientes á gTupos muy diver- 
sos del reino animal, como he indicado, lo que hace sospechar 
teng'a alg-una representación , siquiera leve , en otras muchas 
en que hasta ahora ha pasado inadvertido, y que sea quizás el 
punto de partida de esa adaptación cromática permanente, 
por cuya virtud los insectos y otros artrópodos, adquieren 
definitivamente y con tan rara perfección el color del medio 
en que habitualmente viven. Así entre los anfibios, vemos el 
cromatismo cambiante en el g-énero Rana y el permanente en 
el Hyla, y entre los reptiles el primero en el camaleón y el 
seg'undo en los lag-artos, tan conocido y notable en Andalucía, 
que la g-ente del campo disting-ue inmediatamente los lagartos 
de, árbol, de pared y de tierra.» 

— El mismo Sr. Calderón dijo lo sig-uiente: 

«El día 1." del presente mes á eso de las nueve de la noche. 



24 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

las pocas personas que transitalDan en Sevilla á la orilla del 
río vieron descender rápidamente un cuerpo luminoso trazando 
en el espacio un dilatado y brillante reg-uero de fueg'o, caer y 
sumerg"irse con g-ran ruido en el cauce del río, más allá de la 
Torre del Oro, levantando una ola circular bastante extensa. 
Tales son las noticias Cjue sobre este fenómeno dan alg-unos 
periódicos locales con referencia á la narración de testig-os 
personales; noticias que convendría ampliar, sobre todo si se 
confirmara la caída de un meteorito, aunque en tales circuns- 
tancias seg'uramente sería perdido para la ciencia, merced al 
sitio en que se ha sepultado. 

»También me han participado que este verano último, en un 
día que aún no han podido precisar, se vio en la Dehesa de 
Benjumea, término de la Puebla de Cazalla, á las once de la 
mañana, aparecer súbitamente una ráfag'a luminosa intensa 
y de colores irisados, como de un cuer¡)0 brillante que se pre- 
cipitara, perdiéndose tras de unos olivos. 

»En este, como en el reciente caso de Sevilla, no se percibió 
explosión, ni está confirmada la caída de cuerpo pétreo 
alg'uno, lo que hace suponer que en ambos se trata de fenó- 
menos de la misma índole que el del 8 de Junio del pasado 
año de que di cuenta en esta Sociedad; es decir, de partículas 
cósmicas aglomeradas que arden en la atmósfera, resolvién- 
dose después en substancias pulverulentas. 

»Esta interpretación pudiera, sin embarg-o, ser rectificada 
por ulteriores averig-uaciones que se proponía continuar sobre 
los dos fenómenos meteorológicos referidos.» 

— Se dio lectura á un artículo de M. Decaux sobre la destruc- 
ción de los insectos nocivos al arbolado, inserto en el núm. 161 
de Le Kaiuraliste . lo que motivó alg-unas observaciones de 
varios socios sobre la posible aplicación en España de los 
parásitos en el exterminio de dichas plag-as. 



Sesión del 5 de Enero de 189 4, 
PRESIDENCL\ DE D. SALVADO!? CALDERÓN. 

-Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 

-El Sr. Cañal (U. Carlos) leyó la sig-uiente nota: 



DE HISTORIA NATURAL. 25 



Excursión á Ca:aUa de la Sierra y San Nicolás del Puerto. 

«Con objeto de estudiar los restos prehistóricos que pudie- 
Tan existir en la parte N. de la provincia de Sevilla, emprendí 
hace breves días una excursión por tales sitios; pero fijando 
principalmente como base de mis investig-aciones los pueblos 
de Cazalla de la Sierra y San Nicolás del Puerto, en cuyos tér- 
minos tenía noticias de haberse descubierto alg-unos objetos 
de dichas edades. 

»Decidí hacer desde lueg-o una visita á la Cueva de Santiago, 
distante 30 km. del primero de los mencionados puntos. En- 
cuéntrase la caverna en el cerro que lleva su nombre, que se 
halla por uno de sus lados casi cortado á pico, como vulgar- 
mente se dice, pues su inclinación es muy pronunciada. A los 
pies del mismo, y en la cañada que forman el cerro de San- 
tlag-o y el de las Vacas, corre la ribera de Benalija, cuyas ag-i- 
tadas ag-uas, á causa del choque con los g-randes cantos de 
rocas eruptivas (1) que pretenden oponerse á su paso , produ- 
cen fuerte ruido, á la vez que la lozana veg-etación de la Sie- 
rra, semejante á la de reg'iones más septentrionales, da á aquel 
casi inaccesible sitio un aspecto eminentemente salvaje. 

Una vez recorrida la distancia que existe entre Cazalla y la 
Cueva han de ofrecerse alg'unas dificultades antes de entrar 
•en ella, pues en primer término se hace bastante difícil la su- 
bida al sitio donde está la boca de la misma, y en seg'undo, 
teniendo tres entradas, es de todo punto necesario hacerla por 
la que se halla al E. de las dos restantes, que es la que verda- 
deramente conduce al interior de la caverna, pues las otras 
son el punto de partida de una larg-a serie de g-alerías y corre- 
dores en todas direcciones, internándose en los cuales se hace 
luego peligrosa la salida si al efecto no se ha ido echando paja 
ú otra señal indicativa de que aquella galería fué por la que 
se pasó. 

«Penetrase en la Cueva por una especie de abrigo, en el 
fondo del cual se abre un pequeño agujero que da acceso á 
una espaciosa sala que á su vez tiene comunicación con otra 



(1) Véase Calderón y del Río: Epidiorita de Cazalla de la Sierra. (Anales de la 
f;oc. Esp. DE HiST. NAT. , tomo XIX, páginas 42¡-431 ) 



26 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

por una estrecha abertura; pasada esta tercera estancia, en- 
cuéntrase en el suelo del corredor una especie de brocal de 
pozo, de 2 m. de diámetro, por donde hay necesidad de des- 
cender, con el auxilio de cuerdas ó escala, hasta una profun- 
didad de 4 ó 5 m.: desde este punto comienza á recorrerse una 
g-alería muy pendiente y resbaladiza á causa del lég-amo, pro- 
ducto de las ag-uas que cuando, llueve, por allí corren, termi- 
nada la cual se penetra en una sala de considerables dimen- 
siones, de techo elevado, conservando en alg-urios puntos una 
lig-era capa de estalag-tita, é indudablemente la que más im- 
portancia ofrece de cuantas se compone la Cueva: ésta n» 
continúa después, al menos en la parte que he podido visitar, 
en la misma dirección hasta aquí señalada, sino que el último 
departamento mencionado tiene lateralmente otros dos más 
pequeños; el de la izquierda está completamente lleno de 
ag-ua y al intentar penetrar en él por donde había menos- 
(en el centro de la estancia hay más de 1 m.) tuvimos que 
retroceder, tanto mi g-uía como yo, al momento, pues el aire 
está muy impuro y la respiración se hace con mucha dificul- 
tad; el de la derecha es bastante reducido, sirviendo de paso 
á otro también lleno de ag'ua. La presencia de ésta en el fondo 
de la caverna se explica fácilmente, pues corriendo inmedia- 
tas las riberas de Benalija y de las Barandillas y estando 
aquel más bajo que el cauce de los reg-ajos, fíltranse las ag^uas 
que estos llevan hasta el interior de la Cueva. 

»Tratamos de explorar, con las pocas herramientas y uten- 
silios que llevábamos el suelo de la g-ran habitación antes 
mencionada. Consistiría el primitivo en la capa de estalag-- 
mita que hoy se conserva á 0,75 m. de profundidad, pues las 
ag'uas han ido formando sedimento que alcanza bastante 
espesor: hácese indispensable, una vez puesta al descubiertos- 
romper la estalag-mita y debajo de esta encontraránse casi 
seg-uramente buen número de objetos prehistóricos. Dig-o esto, 
porque aparte de dos que recog-í de dudosa autenticidad (1),. 



(\) En el Catálogo de la sección de Prehistoria general y del país, del Gabinete de- 
Historia Natural de esta universidad, se hallan marcados con los números 76 y llí>,. 
un fragmento de cuchillo y una astilla, ambos de silex, procedentes, según las pape- 
letas correspondientes, de la Cueva de Santiago. El Sr. Calderón no ha podido 
darme más noticias acerca de estos instrumentos por encontrarse en el Museo 
cuando él se encardó de su dirección Creo más bien, pues en Cazalla me asegura- 



DE HISTORIA NATURAL. 27 

creo plenamente que la Cueva ha sido habitada en aquellos 
remotos tiempos, fundándome no sólo en las buenas condicio- 
nes que para ello ofrece, sino también en el sig"uiente curioso 
dato que no deja lug-ar á duda: terminada nuestra visita á la 
caverna, y cuando nos disponíamos á salir de ella, observa- 
mos que para subir á la especie de ag-ujero ó brocal de pozo 
que existe en uno de los corredores, como antes dije, no eran 
necesarias las cuerdas, pues en la roca g-ranítica existen per- 
fectamente labrados siete ú ocho pequeños huecos á modo de 
escalones que facilitan en g-ran modo la ascensión, y que 
supong-o obra del hombre primitivo, pues á la verdad nadie 
iba hoy día á hacer tales cosas por el solo placer de hacerlas. 

»También visité á 1 km. de San Nicolás del Puerto la Cugt(í, 
del Fragante, la cual nunca debe haber sido morada del hom- 
bre por las malas condiciones que para ello ofrece. 

»Cercano á este último pueblo, en el sitio llamado Molhio 
de Jos Nogales, próximo al cual corre la ribera del Huerna, 
tuve la fortuna de encontrar, sin que acerca de él se me hu- 
biera hecho la menor indicación, un hermoso dolmen. Difi- 
cultades ajenas por completo á mi propósito impidieron que 
explorase dicho monumento, cosa que he de verificar tan 
pronto como me sea posible. Daré, sin embarg-o, alg-unas noti- 
cias acerca del mismo. Compónese de g-randes piedras en dos 
series, una encima de la otra, que forman sus paredes, estando 
el techo constituido por tres de aquellas; mide exterior- 
mente 9, .50 m. de long-itud por 8 de latitud; calculando las 
dimensiones de la cavidad interior, dado el considerable 
grosor de las piedras, en 5 m. por 4. Seg-ún pude observar por 
los intersticios que dejan las rocas el dolmen ha ido rellenán- 
dose de tierra, efecto sin duda de las ag-uas, siendo, no obs- 
tante, muy fácil la extracción de la misma á causa de lo poco 
compacta que se halla, como procedente de las filtraciones, 
productoras estas últimas, al mismo tiempo, de una lig-era 
capa de estalactita, que da al interior del monumento un 
bello aspecto, en la parte que me fué posible examinar. 

»Merced á haberlas dejado tal como se encontraron, hacia 



ron que nailie había explorado la Cueva, que dichos olyetos hajaii sido extraídos de 
la de San Francisco (Guadalcanali, en la cual hizo el Sr. Machado alg-unas exca- 
vaciones. 



28 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

los años de 1868 á 1869, para que el visitante pueda recono- 
cerlas y estudiarlas, me fué dable ver un g-rupo de sepulturas 
de la edad del cobre existentes en la jurisdicción de Cazalla, 
en un cerro elevado que limita un valle estrecho, llamado de 
la Paloma, cerca de la finca denominada de Berlanga, y acerca 
de las cuales escribieron los Sres. Machado (1) y Macpher- 
son (2). 

»En el Cerro del Hierro, donde hay escorias pertenecientes 
á las explotaciones que allí hicieron los romanos, recog-í 
varios frag-mentos de olig'isto con destino al Gabinete de His- 
toria Natural de esta Universidad. 

>;Un hacha de doble bisel muy desg-astada y un raspador de 
fibrolita, la primera encontrada por mí y el seg-undo proce- 
dente de San Nicolás traje también de la excursión, para la 
cual me dieron facilidades en g-rado sumo los Sres. D. José 
Alonso y D. José Neg'uillo, reg'istrador de la propiedad y mé- 
dico respectivamente de Cazalla de la Sierra.» 

— Se dio lectura á la comunicación sig'uiente del Sr. Gonzá- 
lez y García de Meneses: 

«El reciente é interesante trabajo de nuestro Presidente 
D. Salvador Calderón sobre el Orig-en de los filones metalífe- 
ros (3), me ha sug-erido la idea de comunicar á la Sociedad 
^Ig-unas observaciones sobre la estructura de ciertas minas de 
pirita de la provincia de Huelva, la cual me parece aporta su 
conting-ente á las cuestiones tan importantes como difíciles á 
que se refiere el mencionado trabajo. 

»Yo estoy en un todo de acuerdo con el Sr. Calderón en que 
los filones y masas metalíferas se han formado mediante la 
concentración por vía acuosa y superficial de los materiales 
tenuemente interpuestos en las rocas vecinas; asimismo que 
este trabajo ha comenzado depositando las reducciones en las 
fracturas preexistentes del terreno, pero creo que, al menos en 
los casos que voy á citar, no se trata de meros rellenos de 
;g"rietas, sino que el "mismo filón se ha ido frag-uando la cavi- 
dad en que yace, dilatándola á modo de cuña. 



(1) Congreso inte ■■nacional de arqueólo jia preJüstó rica. Revista de Filosofía, Lilera- 
4ura y Ciencias de Sevilla. Sevilla, 1869, vol. i, pág. 283. 

(2) Los habí antes primitivos de EspaTia. Madrid , 1876, pág. 34. 

(3) L'origine des Jllons métalUféres. (Feuille des Jeiines Xaturalistes; 1893.) 




DE HISTORIA NATURAL. 29 

»E1 adjunto esquema representa la estructura g-eneral de 
los filones de pirita de la Cueva de la Mora, lo.s Confesonarios y 
otras de la misma reg'ión, que no cito 
para atenerme sólo á lo observado 
por mí. 

»E1 macizo rocoso del N. consiste en 
una roca feldespática , cristalina, su- 
mamente descompuesta , llamada pór- 
fido en el país; después viene una capa 3 ^ ^ 
ó serie de ellas de pizarra extremada- 1. Roca cristalina desoompues- 
mente carbonosa, á la que se debe el cuim!'-^3'''pL''arrIsTversas 
principal trabajo de re.hicción del sul- t^i^^:'^!^^^!^ 
fato aportado por las ag-uas desde la ™°^''^^- 
roca cristalina antes mencionada. En cierta ocasión, dirigiendo 
los trabajos de explotación de una de estas minas, vinieron á 
avisarme alarmados de que en las proximidades de la pizarra 
carbonosa se había sentido de repente una extremada fetidez 
que se propag-aba por las g-alerías. Se trataba de un despren- 
dimiento de hidrógeno sulfurado, que prueba bien la abun- 
dancia de la materia org-ánica en la roca que ejerce el papel 
reductor. Viene después el filón de pirita con su coronamiento 
de limonita, habitual en toda esta clase de minas. El muro 
opuesto se halla constituido por una serie de capas de piza- 
rras arqueadas en torno del filón y adelg-azadas en la parte 
más ancha de éste, las cuales van recobrando su espesor nor- 
mal por encima y por debajo de la masa de pirita. Los mine- 
ros conocen bien esta circunstancia y saben que al nivel de 
la línea a a los estratos de pizarra si se cortan en esta parte 
delg-ada, se precipitan como cuñas de punta, descendiendo 
por los planos de estratificación ó lisos, como ellos dicen. 

»Semejante disposición revela claramente todo el proceso de 
formación de estos filones y su g-radual acrecentamiento, al 
modo como crece un cristal en el seno de- una disolución de 
composición ig-ual á la suya, poniendo además de manifiesto 
el trabajo mecánico que se ha ido operando al frag-uarse la 
cavidad en que yace el mineral, la cual, como he dicho, creo 
es el producto del eng-ruesamiento del filón y no una caverna 
preexistente.» 

«El Sr. Calderón encareció la importancia de la nota que 
acababa de leerse, manifestándose en g-eneral de acuerdo con 



30 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

la interpretación del Sr. González Meneses en sus observacio- 
nes, que podrían quizás aplicarse á muclios casos análog-os. 
■Sin eml3arg-o, añadió, se exag-eraría demasiado si quisiera 
sacarse de alií una ley g-eneral para la formación de las cavi- 
dades en que se hallan los yacimientos metalíferos, pues para 
que las cosas hayan podido realizarse en Huelva del indicado 
modo, ha sido preciso el concurso de dos circunstanciáis que 
no siempre se presentan: la elevación y casi verticalidad de 
los estratos en que encaja el filón y la flexibilidad de estos, la 
cual les ha permitido ceder al esfuerzo de compresión. 

»Conviene. además, tener en cuenta que otras causas ante- 
riores ó simultáneas á la precipitación del metal pudieran 
haber producido el mismo resultado mecánico descrito. Pre- 
cisamente hace pocos años, M. Stuart Menteath se ha ocupado 
en la Sociedad g-eológ-ica de Francia (1) de fenómenos de esta 
índole en la provincia de Huelva. Las pizarras del Sur del 
g-ran cielo ahierto de Río Tinto van sufriendo un movimiento 
de rotación á causa de la excavación practicada por la extrac- 
ción del mineral, en cuya virtud en vez de buzar al N., como 
lo hacían antes, hoy se inclinan en la opuesta dirección. 
A pocos kilómetros al N., en el camino de Campo Frío, el 
mismo g-eólog'o ha notado otro ejemplo análog'o de volteo de 
las mismas pizarras, sólo que aquí la falta de equilibrio que 
ha producido el doblez, es la obra de una g'arg-anta profunda 
excavada al pie de los estratos por un arroyo que adquiere 
fuerza considerable durante las crecidas. 

»E1 arqueamiento de las capas levantadas cuando las pre- 
siones actúan en las fallas dejando un vacío en forma de 
bóveda por debajo, es un hecho conocido de muchos parajes. 
La famosa g'ruta del Hecme (Ariég-e) debe su orig-en á un 
fenómeno de este g-énero. También es muy frecuente obser- 
varle en las capas alzadas de marg-as ricas en yeso, que el 
ag'ua va disolviendo, sobre todo por debajo, y entonces, faltas 
<le cimiento y adelg-azadas, se hunden encorvándose de diversa 
manera. 

»Todos los datos precedentes prueban que el fenómeno del 
arcjueamiento de las capas alzadas puede proceder de muy 



(1) Snr cerlains relations entre la géo^.ogie el Vart des mines. (Dull. de la Soc. géol. 
4e France^ 3.e serie, t. xvii, 1839.) 



DE HISTOIUA NATURAL. 31 

diversas causas, sin excluir la indicada por el Sr. González de 
Meneses. No queda demostrado, por tanto, ni aun en el caso 
que indica el esquema precedente, que el filón se ha frag-uado 
la bóveda, mientras no se pruebe que antes de formarse éste 
la cavidad tenía sus paredes paralelas, lo cual le parecía muy 
■difícil al Sr. Calderón.» 

— El Sr. Calderón dio lectura á la sig-uiente nota biblio- 
«^ráfica: 

Unionides de I'Espagne. 

«Con este titulo acaba de publicar el reputado malacólog'o 
M. Henry Drouet un interesantísimo trabajo inserto en las 
Memorias de la Academia de Dijon (4.^ serie, t. iv, años 1893 
y 1894), cuya tirada aparte forma un eleg-ante tomo de 88 pá- 
g-inas y dos magnificas láminas dobles. La importancia del 
-asunto y la competencia excepcional con que está tratado, me 
lian parecido motivos suficientes para dar cuenta del conte- 
nido de dicho estudio en esta Sociedad. 

»La parte g'eneral se compone de una Introducción en la que 
el autor expone brevemente la historia de los escasos estudios 
realizados hasta ahora en la Península sobre la familia de las 
náyades y de una descripción en bosquejo de los rasg"OS salien- 
tes de las cuencas de la Península y de su hidrog'rafía en rela- 
ción con el asunto especial de su trabajo. Esta descripción, 
con ser deficiente, merece verdadero elog-io, tanto por lo difí- 
cil de la empresa, dada la falta de datos de que aún se dispo- 
ne, como por servir de punto de partida para ulteriores inves- 
tigaciones encaminadas á esclarecer tan importantes cuestio- 
nes g-eográfico-zoológ-icas. Después de expresar su gratitud á 
los naturalistas españoles y extranjeros que le han comuni- 
cado materiales para su obra, pasa el autor á mencionar los 
imiónidos españoles, que comprenden 48 especies, y de ellas 
17 nuevas, distribuidas en la sig-uiente forma: 

Margaritana margaritifera L. — Galicia. 
Ünio shiuatiis Lmk. — Ebro (Salvañá). 

— liltornlis Cuv. — Duero, Tajo; frecuente en Cralicia y Por- 

tugal. 

— Bigorrensis Mili. — Galicia. 



32 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Unto Circinatus sp. n.— Júcar y Tiiria, abundante (Boscá). 

— ^cmbonaii(s'Ro&»m. — Seg-ura (Boscá); Guadaira (Calderón);. 

Genil (Sainz), etc. 

— Hispalensis Kob. 

— — var. C«/f/6ro?¿i Kob.- Guadalquivir (Calderón). 

— — vav. Sahadori Vi est. — Guadaira (Calderón), 

— rliysopygus sp. n. — Almenara, Castellón (Boscá). 

— Gandiensis Drouet. — Júcar (Salvañá). 

— sul/reniform'is Bouvg. — Gerona (Martorell, Hidalg'o, Sal- 

vañá). 

— Conrquijnanus Bouvg. — Albufera de Valencia (Debeaux). 

— míicidus Mor. — Galicia y Zamora (Macho). 

— cameratus sp. n. — Galicia (Macho), y Duero, en Soria 

(Juniez). 

— limosellus sp. n. — Duero, Madrid (Macho); Jarama (Hi- 

dalg-o). 

— decíirtaíus ñ]}. n. — Duero (Macho); Tajo (Morelet) ; (Ciu- 

dad-Real (Boscá). 

— grava tus sp. n. — España (Dautzenberg-). 

— dactyhis Mor. — Ciudad-Real (Boscá); Yillanueva de la 

Serena (Zarag'oza). 

— PencMiiaUaiius Bourg-. — Provincia de Gerona. 

— Moquiuianus Dupuy. — Galicia (Macho) ; Gerona (de Chía^ 

Salvañá). 

— Hisjjanns Moq.-Tand. 

— — var. SeriUensis Kob. — Guadalquivir (Calderón). 

— — var. S2)húenoides AVest. — Guadaira y otros ríos 

de Andalucía. 

— Valeníinus Rossm. — Valencia y Castellón (Boscá é Hi- 

dalg-o). 

— Tnrtoyú Payr. — Fluviá (Salvañá, de Chía y Serradell). 

— Réquiem Mich. — Gerona (Salvañá, de Chía). 

— atharsus Bourg-. — Valencia (Hidalgo). 

— Aleroni Comp. et Massot. — Gerona y Barcelona (Salvañá, 

de Chía, etc.). 

— GraeUsiaMis Bourg-.-Albufera de Valencia (Bourg-uignat) . 

— Ahnenarensis sp. n. — Almenara, en Castellón de la Plana 

(Boscá). 

— BcpÜcus Kob. — Guadaira (Calderón). 

— callipi/gus sp. n. — Ciudad-Real (Boscá). 



DE HISTORIA NATURAL. 33 

Unió turdelamis sp. n. — Morón (Calderón). 

Anodonta ¡ittoralis Drouet. — Gerona (de Chía, Salvañá). 

— ¡atirostris sp. n. — Gerona (Salvañá). 

— QiioIIis sp. n. — Valencia (SalTañá); Gerona (Debeaux). 

— Bcetica Kob. — Guadaira (Calderón). 

— Calderonilioh. — Guadaira, abundante cerca de Se- 

villa (Calderón). 

— melinia Bourg-. — Albufera de Valencia (Boscá, Sal- 

vañá, Hidalg'o). 

— adusta sp. n. — Albufera de Valencia (Boscá). 

— Castroi Bourg-. — Valencia, abundante. 

— reguJaris Mor. — Galicia. 

— glaudna sp. n. — Galicia (Macho); Gerona (Salvañá). 

— prasina sp. n. — Galicia (Dautzenberg-, Macho). 

— noMIis sp. n. — Albufera de Valencia (Boscá). 

— htcolor sp. n. — Albufera de Valencia (Boscá). 

— Martorelli Bourg-. — Albufera de Valencia (Salvañá, 

Boscá, Martorell). 

— sndmaciJenta Serv. — Albufera de Valencia (Servain). 

— viriata Serv. — Albufera de Valencia (Boscá, Hidalg'o). 

— Valeniina sp. n. — Lag-una de Almenara, Castellón 

(Boscá). 

— emaurata sp. n. — Albufera de Valencia (Boscá) (1). 
Todas las especies inéditas descritas en la Memoria del se- 
ñor Drouet están representadas en dos mag-níficas láminas 
dobles dibujadas por el conocido artista Arnoul, de París, 
acrecentando notablemente el mérito de tan importante tra- 
bajo, por el cual merece su autor los plácemes más sinceros 
de los malacólog-os, y muy señaladamente de cuantos natura- 
listas se interesan por el conocimiento de la fauna española. 



(1) En esta lista sólo hemos mencionado las localidades en extracto. En la obra de 
que se trata se dan más detalles geográficos y morfológicos, además de la descripción 
en latín y francés de casi todas las especies, y más extensamente de las nuevas. 



ACTAS DE LA SOC. ESP. — XXIII. 



31 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



Sesión del 14 de Febrero de 1894. 

PEESIDE^'CIA DEL EXCMO. SR. D. DANIEL DE CORTÁZAR. 

— Asiste el Sr. Medina (D. Manuel), de Sevilla. 
— Se leyó y aprobó el acta de la sesión anterior. 
— El Sr. Secretario dio cuenta del fallecimiento del socio 
Sr. Cámara y Cámara (D. José María), de San Clemente (Cuen- 
ca), y el Sr. Presidente, haciéndose intérprete de la Sociedad, 
manifestó el sentimiento con que ésta había oído la noticia. 
— Fueron admitidos como socios numerarios los señores 
Palacios (D. Pedro), de Madrid, 

propuesto en la sesión anterior por el Sr. Cortázar, y 
Esplug-ues y Armeng-ol (D. Julio), de Valencia, 

propuesto en la sesiini anterior por el Sr. Bolívar en 
nombre del Sr. Boscá. 
— Se hicieron siete nuevas propuestas de socios numerarios. 
— Estaban sobre la mesa las ¡¡uljlicaciones recibidas acor- 
dando la Sociedad se diesen las g-racias á los donantes de las 
reg"aladas. 

— El Sr. Martínez y Saez da cuenta de un trabajo del socio 
P. Capelle, de Uclés, que forma la ¡¡arte primera del estudio 
de los descubrimientos prehistóricos hechos jtor su autor en 
una caverna de Se<^'obri¿^-a (Cuenca), Memoria que por acuerdo 
de la Sociedad pasó á la Comisión de publicación. 

— El Sr. Bolívar leyó la sig-uiente noticia necrológ-ica que 
le había sido remitida por el Sr. D. Edmundo Bordag-e del 
Museo de París. 

Noticia necrológica del Doctor FiscJier. 

«El Museo de Historia Natural de París acaba de sufrir (el 29 
de Noviembre de 1893) una pérdida dolorosa en la persona 
del Dr. Paul Henry Fischer. 

»Nacido en París el 7 de Julio de 1835, Paul Henry Fischer 
empezó sus estudios clásicos y de medicina en Burdeos. Fué 
Interne des Ilojñtaux de París en 1859, y doctor en la misma 
Facultad en 1863. Sus estudios de medicina no le impidieron 



DE HISTORIA NATUllAL. 25 

-entreg-arse con entusiasmo á las ciencias naturales, y en 1861 
entraba con el titulo de Preparador en el Laboratorio de Pa- 
leontolog-ía del Museo de París dirigido en aquella época por 
•el Sr. d'Archiac. Las investig-aciones de Fischer se dirigieron 
especialmente á los moluscos actuales y fósiles. Desde 1876 
-dirig-ía el Journal de C'onckyliologíe, con la colaboración del 
Sr. Crosse. Del g-rado de Preparador pasó al áe Aide-naturaJíste 
-del Museo (título cambiado hoy por el de Assistant). Estudió 
•con mucho éxito los animales marinos del litoral de Francia, 
•dando á conocer la distribución g-eográfica y batimétrica de 
esos animales, y las profundidades en que se encuentran mu- 
-chos foraminíferos , celentéreos , equinodermos , moluscos, 
briozoarios, etc. Con la colaboración del marqués de Folin 
•empezó el estudio de los animales drag-ados en aquella 
parte tan curiosa del Golfo de Gascuña, que llaman los 
franceses «¡a Fosse du Cap Breton.y> Los dos sabios descubrie- 
ron un número considerable de formas desconocidas ó que 
recordaban especies que eran solamente conocidas en estado 
fósil. Paul Fischer hizo con el Sr. Delesse investig-aciones 
sobre los sedimentos submarinos de las playas francesas. 
Lueg-o fué elegido miembro de la Comisión de los drag-ados 
y tomó parte de 1880 á 1883 á bordo del TrataiUeur y del Ta- 
lismán, en las célebres expediciones científicas que dirigia el 
disting'uido profesor Milne Edwards. Durante esas expedicio- 
nes notó Fischer la enorme extensión de una fauna fría carac- 
terizada por sus especies boreales y árticas, y su desarrollo 
hasta el Seneg-al en donde vive bajo de otra fauna que pre- 
senta caracteres intertropicales. 

»De la lista de los trabajos del Dr. Paul Fischer, lista que 
contiene jiada menos de 300 títulos de volúmenes, folletos y 
memorias, daremos: PaUontoJogie de VAúe Mineure (con la 
colaboración de los Sres. d'Archiac y de Verneuil); MoUusques 
díb Mexique et de l'Amérique céntrale; Species (/énéral et icono- 
grapUe des Coquüles vivantes; Animaux fossiles du Mont Léhe- 
Ton (en colaboración con el Sr. A. Gaudry); Paléoutologie de 
lile de Rhodes; Cétacés du sud-ouest de la France; Catalogue et 
distrihution géographique des mollusques terrestres, fluviátiles 
et marins d'iine pariie de V Indo-Chine; Sur les caracteres de la 
/aune conchyliologique terrestre et fluviatile récemment éteinte 
du Sahara; Sur la /aune conchyliologique de l'lle d'Hainan 



36 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

(Chine). A esos títulos hay que añadir sus Memorias sobre la 
fauna malacológñca de la isla de Lord Howe (Océano Pacifico), 
de Cambodg-e, de las islas Aleoutieas, del Archipiélag-o de la 
Caledonia y de la Bahía de Suez. En colaboración con el 
Sr. E. L. Bouvier, publicó Memorias sobre las particulari- 
dades anatómicas de ciertos g-rupos de moluscos (Sur Vorga- 
iiisation des mollusques ])rosol)vanc]ies senestres; Sur Vasymétrie 
et Venroulement des mollusques uníralres, etc.) Por último escri- 
bió un tratado notable de conquiliolog"ía que hoy día es clá- 
sico (Mamiel de ConchyUologie et de PaUontologie ConchjUolo- 
giqíie ou Histoire natureUe des onoUusques rivanís et fossiJes). 
En ese manual el autor enseña que la clasificación debe fun- 
darse no solamente sobre las formas de las conchas, sino prin- 
cipalmente sobre los caracteres anatómicos. 

»E1 Dr. Paul Fischer era Caballero de la Leg-ión de Honor 
desde 1871; Oficial de Instrucción pública desde 1881. Había 
conseg'uido varios premios de la Academia de Ciencias de 
París. Había sido además Presidente de la Sociedad Zoológ-ica 
y de la Sociedad Geológ^ica de Francia. Paul Fischer era hom- 
bre de profundísima erudición. Conversaba con encanto y 
podía con g-ran facilidad, después de haber tratado asuntos de 
ciencias naturales y de medicina, discutir sobre filosofía, lite- 
ratura y estética. Por lo expuesto se comprenderá cuan lamen- 
table ha sido la pérdida y lo unánime del sentimiento experi- 
mentado por la muerte de un sabio cuya afabilidad sólo podía 
compararse con su modestia.» 

— El Sr. Secretario leyó la sig'uiente comunicación escrita y 
remitida por el socio Sr. Sánchez Navarro (D. Emilio), de Cádiz: 

Noticia de un caso de xifodimia. 

«A la amabilidad de nuestro buen amig-o el R. P. D. Fran- 
cisco de A. de Vera, Director del Museo Arqueológ-ico de Cádiz 
y vocal naturalista de la Junta de pesca de este departamento, 
debemos la ocasión de haber podido estudiar un monstruo, 
que, si bien no es de los más raros, al menos por la especie á 
que pertenece, de la que no es siempre fácil procurarse fetos,, 
quizás teng-a alg-ún valor científico. 

»Este monstruo fué remitido al R. P. Vera por un patrón de 
las parejas del J)ou de la matrícula del Puerto de Santa María,. 



DE HISTORIA NATURAL. 37 

'dentro de una vasija con alcohol délDÜ, y había sido extraído, 
seg'ún su descubridor, del vientre de un marrajo. 

>;Los individuos que lo componen se hallan unidos por su 
cara ventral hasta lleg'ar á las aletas torácicas, á cuya altura 
se bifurcan y aparecen dos porciones de tórax con sus corres- 
pondientes cabezas, las cuales se hallan afrontadas por su cara 
ventral, siendo una más estrecha que la otra á la que excede 
•€11 long'itud. Las aletas torácicas ofrecen la particularidad de 
que mientras que de un lado cada uno de ellos tiene la suya 
perfectamente separada y distinta, de el otro se encuentran 
unidas en toda la long'itud del borde lateral que mira hacia la 
•cola: en cuanto á las dorsales cada uno tiene las suyas, colo- 
cadas en su sitio normal sin presentarse en ellas ning'una ano- 
malía, teniendo tan sólo una ventral y una anal, de las cuales 
la primera está provista de los apéndices característicos á los 
machos de los selacios, y se hallan situadas en la parte lateral 
del cuerpo de este monstruo, en la que las aletas pectorales no 
tienen ning-ún punto de unión, y á la misma distancia del 
hocico y de la cola á que se hallan situadas en los ejemplares 
■que no presentan ning-una monstruosidad. 

»E1 feto se encuentra en un período muy avanzado de su des- 
arrollo, siendo su long'itud, á partir del extremo del hocico 
correspondiente á la cabeza en que aquella es mayor hasta el 
de la aleta caudal, de 11 cm., y de 10 cm. tomada desde el 
extremo de la otra. 

»Seg-ún la clasificación que de los monstruos hace Isidoro 
Geoífroy Saint-Hilaire (1), el ejemplar de que nos ocupamos 
pertenece á la seg-unda clase, monstruos compuestos, y dentro 
de ésta á su primera división dobles, familia de los sisómidos, 
€uyo carácter distintivo consiste en tener los individuos que 
la componen sus tórax en parte ó en un todo confundidos; 
familia que subdivide en tres g-éneros: psodimos, cuyos indi- 
viduos poseen dos tórax distintos, á partir de la región lum- 
bar; xifodimos, en los que tan sólo parte del tórax se encuen- 
tra confundida y á cuyo g-énero pertenece el monstruo de que 
nos ocupamos; y derodimos, en los que los dos tórax se hallan 
confundidos, formando un solo cuerpo con dos cabezas. 



(1) Histoire genérale et particuliére des anomalies de Vorganisalioii chei l'homme ei les 
cnimaiíx oii Traite de Teratologie. París, 1837. 



33 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Los individuos que presentan este g-énero de monstruosidacr 
son viables, como lo demuestra el caso, perfectamente com- 
probado de Rita Cristina, monstruo humano perteneciente á 
este g-énero, nacido en Cerdeña en 12 de Majo de 1829 y 
muerto en París á la edad de ocho meses, atribuyéndose su 
fallecimiento, más que á otra causa, á las malas condicio- 
nes del medio en que se hallaba. Buchanan en su obra (1) 
refiere, que, á principios del reinado de Jacobo lY, nació, en 
Escocia, un monstruo masculino, perteneciente, á juzg-ar por 
su descripción, al g-énero de que nos ocupamos, el cual vivió, 
seg-ún dicho autor, veintiocho años. 

»Reg-nault en sus Écarts de la Xature, cita un xifodimo, en- 
el que dos de sus cuatro brazos se hallaban soldados. 

»Sentimos que los datos tan imperfectos que nos han sumi- 
nistrado sobre la procedencia de este monstruo, y el haber 
estado sumerg-ido durante larg'o tiempo en una pequeña y 
débil cantidad de alcohol, nos impida el poder averig-uar con 
seg-uridad la especie á que pertenece, tanto más, cuanto que- 
no poseemos ning'ún dato respecto á la madre, sino el de que 
era un marrajo, palabra con la que se desig-nan vulg-armente- 
en esta costa á todos los g-randes selacios, exceptuando el Sqna- 
tina ángelus L., angelote, y la Zygmna maUeus Risso, cornudiUay. 
especies ambas que se pescan con bastante frecuencia en estos 
mares, y de las cuales la última se encuentra, como hemos, 
tenido ocasión de ver, en g-ran número y muy cerca de las- 
playas en la parte O. del imperio del Mog-reb, viéndolas nadar 
casi á flor de ag-ua, pues tienen fuera de ésta el extremo de- 
sús aletas dorsales, alrededor de los buques.» 

— El Sr. Secretario leyó la nota sig-uiente, remitida por el 
Sr. Rodríg-uez y Femenías (D. Juan J.), de Menorca: 

Algas de agua dulce recogidas en los baños de Panticosa, 
durante el mes de Agosto de 1893. 

Croococcacese. 

Chroococcus... — Sitios ag-uanosos inmediatos á la «Fuente pur- 
g-ante». 

(l) Rernm scolicarmn historia, lib. x:ii. 



DE HISTORIA NATURAL. 39 

GompJiospJiaria apoiiliia Kg*. — ídem, id. 
ÁplKüiothece rnpestris. — ídem, id. 

Hormogonese Heterocystese. 

Síigonema therrnale Borzi. — Sitios ag-uanosos inmediatos á la 

«Fuente purg'ante». 
Nostoc commnne Yauclier. — ídem, id. 

— micToscopkurii Cannicliael. — ídem, id. 
Scyto7iema fignratum Ag-. (Se. thermale Kg-.] — ídem, id. 

Hormogonese Homocystese. 
(Oscillariese). 

Phormidmm TaJderiamim Gomont. — Punto de nacimiento de la 
«Fuente termal purg-ante». 
— laminosnm Gomont. — ídem, id. 

Oscillatoria anguina Bory. — ídem, id. 

La determinación de las alg-as que preceden es de toda con- 
fianza, pues las siete primeras lo han sido por el disting'uido 
alg-ólog-o M. Bornet, y las tres últimas por M. Gomont, autor 
de la Monografía de las Oscilarías. 

— El Sr. Secretario leyó la nota que sig-ue del Sr. Fernández 
Navarro: 

Minerales de España existentes en el Museo de Historia Natural. 

(Segunda nota) (I). 

«En la nota anterior que con este título tuve el honor de 
presentar á la Sociedad, me ocupé de la primera clase («Ele- 
mentos») del profesor Groth. En mis estudios posteriores he 
revisado parte de los ejemplares de la seg-unda clase («Com- 
puestos del azufre , elselenio, el teluro, el arsénico, el anti- 
monio y el bismuto»), hasta lleg-ar á la pirrotita; es decir, 
los súlfidos, selénidos, telúridos, etc., de los metaloides y 



(1) Para la primera nota -véase el tomo xxii de estos Anales, pág. 109 de las Actas. 



40 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

parte de los que Groth llama súlfidos, selénidos, telúri- 
dos, etc., de los metales. 

»Pero antes de dar cuenta á la Sociedad de los ejemplares 
que de estas especies posee la colección de minerales de 
España de nuestro Museo, ag-regaré á la lista anterior alg-unos 
hallados después de presentada aquella y haré constar que, 
observados al espectroscopio los azufres rojizos de Hellín, 
g-racias á la amabilidad de mi amig-o el ayudante de Física de 
la Universidad Central, Br. González Martí, me lie convencido 
de que, contra lo que j'o suponía, no existe en ellos el selenio ó 
existe en cantidad tan pequeña que no merece tomarse en 
consideración. Los ejemplares á que anteriormente me refiero 
pertenecen á las especies sig"uientes: 

»0;'o. ün ejemplar consistente en un pequeño trozo de 
anaberg-ita sobre el que se ha depositado el metal en forma 
de peg"aduras y en bastante cantidad. Procede de Peñaflor 
(Sevilla) y ha sido reg-alado recientemente por nuestro distin- 
g-uido consocio D. Salvador Calderón. 

>'>PIata nativa. Dos ejemplares hay que ag-reg-ar á los ya 
catalog-ados de esta especie; uno de Herrerías (Almería) y el 
otro de la mina Sancho Panza en Cartag-ena. El primero es 
exactamente ig'ual á los anteriormente descritos de la misma 
localidad, y en elseg"undo el metal se encuentra en peg-aduras 
sobre un silicato de alúmina del grupo de las haloisitas. 

y>Mercnrio nativo. Un ejemplar, reg-alo del Excmo. Sr. Don 
Federico de Botella, en que el azog-ue está depositado sobre 
una cuarcita y acompañado del mercurio córneo y del cinabrio; 
procede de Almadenejos. 

y>Cohre nativo. De esta especie hay que ag-reg-ar tres ejem- 
plares, todos ellos de Río-Tinto, los tres cristalizados y análo- 
g-os á los demás descritos de dicha localidad. 

y>AUemontita. (As, Sb — Arsenantimon.) De esta especie, no 
citada en mi nota anterior, he hallado un ejemplar procedente 
de Guadalcanal, y que en las colecciones del Museo fig-uraba 
(indudablemente por la localidad) , como mineral de plata. El 
arseniuro de antimonio se encuentra sobre una g-ang-a de es- 
pato calizo , formando pequeñas masas brillantes que se agru- 
pan en estrellas de ocho á doce radios, en algunos puntos de 
las cuales parecen verse caras de romboedros y otras induda- 
blemente de exfoliación. Ya acompañado de masas esféricas 



DE HISTORIA NATURAL. 41 

de arsénico nativo constituidas por capas concéntricas, y entre 
dichas capas hay otras finisimas de laallemontita. Es un ejem- 
plar muy notable, no sólo por su belleza, sino también por 
tratarse de una especie poco frecuente. 

»Pasando ahora á los minerales de la segunda clase de Groth 
y en la primera división, he visto representadas en nuestra 
colección las sig-uientes especies: 

>->Rejal(jnr. (A.s2 S^.) Los cinco ejemplares de esta especie 
que he tenido ocasión de ver son de diversas localidades de 
Asturias y ning-uno está cristalizado. Uno de ellos, sin locali- 
dad determinada, se presenta en los planos de exfoliación de 
un espato calizo bastante transparente, al cual da un aspecto 
extraño; otro se encuentra depositado sobre un cinabrio com- 
pacto (Mieres); otro sobre una pizarra carbonosa y alg'o ferr--- 
fera (Pola de Lena); los otros dos son masas compactas sin 
gang-a alg-una, manchadas en alg-unos puntos de oropimente. 

y>EstiMna. (Sb'^ S^ — Antimonita; Antimong'lanz.) Esta espe- 
cie es más abundante , puesto que de ella se encuentran ca- 
torce ejemplares, de Biobra (Orense), Modela (La Mancha), 
Maraña (León), Viso del Marqués (Ciudad-Real), Cervantes 
(Galicia), Pola de Lena y Cang'as de Tineo (Asturias), La Bo- 
dera (Guadalajara), y Castroverde, San Payo de Muradella, 
ÍBolaño y Sang'ullo (Lug'o). 

»E1 de la primera localidad citada es donativo de D. Manuel 
Cazurro y consiste en una masa hojosa, de lustre empañado 
«n la superficie. También se presenta en masa el de Modela, 
al cual acompaña en bastante cantidad un óxido hidratado de 
antimonio que probablemente es la cervantita. El de Maraña 
forma una masa exfoliable en varias direcciones y oxidada 
en muchos puntos de su superficie. De Viso del Marqués hay 
dos ejemplares análog-os al anterior. Otros dos hay proceden- 
tes de Cervantes y otro de cada una de las demás localidades 
citadas, todos en masa y sin más diferencia que el mayor ó 
menor girado de oxidación de la superficie, excepto el de Can- 
o-as de Tineo que se presenta en cristales imperfectos muy 
alarg-ados y dispuestos en formas radiantes. 

y>Mo¡iJ)(Ien¡ta. (MoS'^ — Molybdáng-lanz.) De esta especie hay 
ocho ejemplares de diferentes localidades, todos en masa com- 
pacta. En la mayor parte de los casos, el sulfuro de molib- 
deno está depositado sobre el cuarzo; tal sucede en los de Vi- 



42 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

llacastín y Xrvojo de Yeg-as de Matute (Seg-ovia) , Cuevas de 
Salobre (Asturias) y Hoyo de Manzanares (Madrid). Otro de 
esta localidad está sobre una cuarcita ; el de Yal de Tejos 
(León) sobre otra que también contiene calcopirita, el de 
Torrelodones (Madrid), sobre un granito clorítico y el de Gui- 
narel (Gerona) sobre idocrasa; en este el mineral forma lámi- 
nas de contorno confusamente exag-onal que se apilan unas 
sobre otras. 

»De la seg"unda división que Grotli forma en la clase que 
estoy estudiando, no he visto hasta ahora más que los tres 
primeros g-rupos, de los cuales no hay más representantes en 
nuestra colección que las tres especies siguientes: 

y>Blenda. (ZnS — Zinkblende.) Hay en la colección diez y 
-nueve ejemplares de Oñate, El Cuadrón, Oyarzun, Colombres, 
Ceaín y Picos de Europa. Las de Oñate (Guipúzcoa) son hojo- 
sas, de aspecto resinoso y de color pardo ó amarillento; algu- 
nos ejemplares tienen como ganga una arenisca con gran can- 
tidad de espato calizo y á otros acompaña además la galena. 
Todas ellas son más ó menos ferríferas y algunas algo cadmí- 
feras. 

»Las procedentes de El Cuadrón (Madrid), son masas redon- 
deadas de estructura hojosa y color negro, algunas llenas de 
Greenockita en la superficie ; contienen gran cantidad de 
cadmio y hierro, algo de bismuto é indicios de cobre. La de 
Oyarzun es de color negro y está acompañada de galena ho- 
josa y pirita de hierro; es también muy ferrífera, algo cad- 
míferay da indicios de cobre. El único ejemplar de Colombres 
(Asturias) está constituido por una masa negra de estruc- 
tura hojosa, acompañada de nodulos de siderita parcialmente 
limonitizada; contiene muchísimo hierro y algo de cadmio. 
Los de Ceaín son los únicos ejemplares cristalizados y en ellos 
se encuentran como formas dominantes el rombododecaedro- 
y el diploedro, es de color negro, está depositada sobre una 
dolomía en parte cristalizada y presenta indicios de hierro^ 
cobre y cadmio. 

»Los ejemplares de mayor belleza son los procedentes de 
las diferentes localidades de Picos de Europa, casi todos ellos 
transparentes, fácilmente exfoliables y de colores amarillen- 
tos ó rojizos; no contienen más que algo de hierro. Suelen ir 
acompañados de carbonatos de zinc, habiendo entre ellos un 



DE HISTORIA NATURAL. 43 

ejemplar procedente de Aliva confusamente cristalizado, y 
.otro muy curioso de la misma localidad, en el cual la blenda 
está contenida entre las mallas de una especie de red forma- 
da por la esmithsonita, demostrando así la formación del car- 
iDonato á expensas del sulfuro. En estos ejemplares ha sido en 
los que mi profesor Sr. Quirog'a hizo los experimentos para 
demostrar las anomalías de las blendas sometidas á lig'erísi- 
mas acciones mecánicas (1). 

>^NicoUta. (Ni, As — Kupferniquel; Arsennickel.) Los seis 
ejemplares de esta especie que poseemos proceden de Bailen 
(Jaén) , Gistain y Güel (Huesca) , Carratraca (Málag-a) y Vim- 
berdí (Tarrag-ona). El primero es compacto, recubierto de una 
patina de anaberg"ita, y contiene azufre, cobre y antimonio en 
pequeñas cantidades; también contienen anabergita los de las 
provincias de Huesca, Málag-a y Tarrag-ona. El de Gistain es 
notable por la g-ran cantidad de azufre que contiene, y el de 
Güel por estar como empapando una roca serpentínica. Los de 
Carratraca no ofrecen nada de particular, y el de Vimberdí 
consiste en una especie de brecha formada por el Kupferniquel 
y la baritina, con plata nativa y anabergñta; en el ensayo dio, 
además del níquel y el arsénico, plata, cobre, cobalto, azufre 
é indicios de antimonio. 

y>Pirrotita. (Fe*^ S''^ — Pirita mag-nética, Mag-netkies.) Cinco 
ejemplares de esta especie posee nuestra naciente colección. 
Dos de ellos procedentes de Cazares en la Serranía de Ronda, 
consisten en dos g'randes masas de pirita mag-nética alg-o mez- 
clada con calcopirita. El otro, recog-ido por el Sr. Quirog-a en 
Marbella (Málag-a), consiste en un ag-reg-ado ya descrito por 
dicho señor (2), formado por piroxeno, clorita y espato calizo 
principalmente; en dicho ag*reg-ado se encuentra la pirrotita, 
ya en masa compacta, ya en cristales poco determinables de 
facies exag-onal. Otro es una pequeña masa recog-ida por el 
Sr. Vila en Teixidelos (Coruña). El último está constituido 
por una masa de fácil exfoliación y procede de la provincia 
de Salamanca, sin localidad determinada.» 

— El Sr. Hernández (D. Carlos) leyó la sig-uiente nota por 
encarg-o del Sr. Bolívar: 



(1) Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., xxi, Actas, pág-. 115. 

(2) Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., xx, Actas, páy:. 28. 



4\ ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

AD COGNITIONEM ORTHOPTERORUM EUROP/E ET CONFINIUM. 
II. — Sobre el género Gryllodes Sauss. 

«Difícilmente podrán reunirse materiales más numerosos 
para el estudio de las especies de este g-énero y en especial de 
las españolas que los que yo he conseg-uido, gracias á la ayuda 
que me han prestado mis amigos y corresponsales á quienes 
cito en lugar oportuno, y sin embargo de esto, encuentro 
aún algunas dificultades para la determinación de las es- 
pecies de aquel g-énero á pesar de lo cual me decido á publi- 
car estos apuntes sobre el g-énero GryUodes, considerando de 
una parte que aunque incompleto representa este estudio un 
adelanto notable en el conocimiento de aquellos insectos sobre 
el que teníamos después de publicado el Prodromus der 
euroimisclien ortho2)tcren del Sr. Brunner von Wattenwyl, obra 
excelente que ha venido á ser como el punto de partida y de 
referencia para todas las nuevas investig-aciones sobre los 
ortópteros europeos, y de otra que adoptando una forma conve- 
niente resultan estos estudios en disposición de ser continua- 
dos ó completados por cualquiera otro observador, pudiendo 
desde lueg-o ser utilizado todo aquello en que se ha lleg-ado á 
ún resultado satisfactorio y llamádose la atención sobre los 
puntos dudosos, á ñn de procurar sean objeto de nuevas 
investigaciones. 

»León Dufour en 1820 describió la primera especie europea 
de este g-énero incluyéndola en el g-énero GnjUus con el 
nombre de Ci. j^U^ie^^s; sus ejemplares procedían de Aragón y 
de Cataluña. 

»Fieber en 1853 dio á conocer también con el nombre de 
(jfryUíis otra especie del Sur de Rusia á la que llamó Cr. late- 
ralis. 

»Saussure en 1870 creó el género Grijllodes en el que incluyó 
estas especies y otras varias exóticas. 

»Brunner en 1882 describió en su Prodromus otra especie 
europea ó mejor dicho española que es el Qryllodes ihericus. 

»Después de esta fecha se han descrito las sig'uientes es- 
pecies: 



DE HISTORIA NATURAL. 45 

»En 1885, el GnjUodes Uttoreus Bolívar, de Talavera de la 
Eeina; en 1888, el Gr. Panieli Cazurro, de Uclés; en 1889, 
el Gr. Brunneri Rig-g-io, de Sicilia; en 1893, el Gr. Kerliennensis 
Finot, de Arg-eliay Túnez; y en 1894, el Gr. macrojjterus Fuente^ 
de Ciudad Real. 

»D3 estas ocho especies cinco como se ve son españolas, y si 
se ag"reg'a- otra especie inédita que poseo y á la que daré el 
nombre de Gryllodes JEscalerce y se excluye el Gr. Brunneri 
Rig"g"io que en mi concepto debe constituir cuando menos un 
subg^énero aparte para el que propong'o el nombre de Gryllo- 
deres y que se caracterizaría por la forma y estructura de Ios- 
élitros del S que son tan cortos que sólo cubren la base del 
abdomen y de la anchura del protórax, careciendo además de 
espejo, resultan seis especies españolas y dos extrañas á 
nuestra Península, de las Estepas del mar Caspio y del Tur- 
questán la una y del litoral africano del Mediterráneo la otra. 

»La dificultad ele proporcionarse ejemplares de estos insectos, 
por ser crepusculares y porque su coloración es amarillenta y 
se confunde con la del terreno en que viven , ha hecho que 
sean raros en las colecciones y mal conocidas las especies, y 
de aquí que teng'a verdadero interés cuanto tienda á poner 
en claro lo historia natural de este género tan interesante. 

»En los Gryllodes europeos hay dos tipos bien distintos que 
son los definidos en el cuadro adjunto por las letras A y A A,. 
estos dos g-rupos se caracterizan por el desarrollo de los élitros,, 
forma del espejo y del área apical de los mismos y longitud 
de los calcáneos; pero como no conozco el Gr. Kerkennensis 
Finot mas que por la descripción , y en ella no se hace men- 
ción de ciertos caracteres, sólo por analogía incluyo esta espe- 
cie en el g-rupo del Gr. macroiUenis Fuente, con el que con- 
viene en el desarrollo de los élitros, y al que creo indudable- 
mente que ha de pertenecer. De estos dos tipos el seg'undo es 
exclusivamente español. 



46 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

GÉNERO Gryllodes Sauss. 

1. Elytra ^^ et ^ al)hreTÍata, S2)eculo nuUo. 

SuBGEN. Grylloderes nov. 

Grylloderes Brunneri Eig*g-io. 

Naturalista Siciliano, Anno vii, 1888. Acc. di Scieiize L. et 
B. A. Palermo, vol. x, 1887-88. 1889, pág\ 35. 

y>HaMtai. Sicilia. 

2. Ehjtra (¿' i^^rfccte exjilicata speciilo instructa. 

SuEGEN. Gryllodes p. d. 

(machos.) 

A. Elytra apicem abdominis superantia, área apicali producta, elongata, 
regulariter reticulata instructa, postice anguste rotundata; vena ra- 
diali ramosa; speculo ovali, valde transverso , vena levissime cur- 
vata divisso; spinis tibiarum posticarum brevibus; calcaría termi- 
nalia tibiarum posticarum brevia. 
h. Elytrorum barpa venulis undulatis tantnm duabus 

1. G. macropterus Fuente. 

2. G. Kerkeiuiensis Finot. 
hh. Elytrorum harpa venulis uudulatis quatuor. 3. G. lateralis Fieb. 

A. A. Elytra apicem abdominis baud superantia, área apicali auiíustissi- 
ma, irregulariter reticulata, postice late rotundata vel subtruncata, 
vena radiali raro uni-ramosa, prope apicem plerumque ramis uno 
vel duobus parum distinctis instructa; speculo trapezoidal!, vena 
angulata diviso; spinis tibiarum posticarum longiusculis; calcaría 
tibiarum posticarum dimidiara longitudinem metatarsi srepe sub- 
attingentia. (Tijw exclusivo de España.) 
c. Elytra postice subtruncata, campo apicali nullo, vena radiali 

uniramosa. Corpore castaneo 4. G. ibericus Brunn. 

ce. Elytra postice late rotundata, campo apicali angustissimo, vena 

radiali haud ramosa vel tantum prope apicem ramis subindis- 

tinctis instructa. Colore stramineo plus minusve fuscoma- 

culato, 

d. Calcar supero internum dimidiam longitudinem metatarsi haud 

superans. 

e. Calcaribus duobus superioribus internis inrequalibus primo 

distinctc longiore 6. G. pipiens L. Duf. 



DE HISTORIA NATURAL. 47 

ee. Calcaribus duobus superioribus inlernis ¿equalibus. 
/. Statura majore, colore obscuiiore; tibite posticío dimidiam 
longitudiaen femoribus superantes; caput prouoto haud 

latius 6. G. Panteli Caz . 

ff. Statura minore, colore pallidiore; tibiíe postiea; femoribus 

dimidio breviores, caput pronoto latius 

7. G. Escalera; Bol. 

dd. Calcar supero internum dimidiam longitudinem metatarsi 
superaus; caput pronoto valde latius.. 8. G. liitoreus Bol. 

(hembras.) 

A. Elytra abdomine parum vel haud breviora, campo discoidali reti- 
culato, vena radiali ramosa. Calcaría tibiarum posticarum omnia 
brevia. Ala? adsunt (1) 1. G. macropterus Fuente. 

2. G. Kerhennensis Finot. 

3. G. lateralis Fieb. 

A A. Elytra valde abbreviata, campo discoidal! venis parallelis longitudi- 
nalibus indivisis haud reticulato, vena radiali haud ramosa; ahe 
nullaj; calcaría tibiarum posticarum dimidiam longitudinem me- 
tatarsi sa?pe attingentia. 
b. Ovipositor tibiis posticis longior; elytra a latere visa longitudinem 
pronoti superantia. 
€. Calcar superior latere interno tibiarum posticarum intermedio 

lougius 4. G. ibericus Brunn. 

5. G. pipiens L. Duf. 
ce. Calcar superior tibiarum posticarum intermedio seque longis. . . . 

6. G. Panteli Caz. 

ib. Ovipositor tibiis posticis brevior; elytra longitudinem pronoti haud 
superantia. 
d. Caput pronoto vix latium; ovipositor brevissimus, metatarso 
postico brevior; calcar supero internum dimidiam longitudi- 
nem metatarsi haud superaus 7.6?. Escalerce Bol, 

dd. Caput pronoto multo latium; ovipositor tibiis posticis parum 
brevior ; calcar supero internum dimidiam longitudinem me- 
tatarsi superans 8. G. littoreus Bol. 



(1) Las alas existen eu algunos Gryllodes, y hasta pueden ser caudiformes, como 
«a los Gry lilis. Ignoro si en el Gr. Kerkennensis existirán, aunque sean pequeñas y 
estén ocultas bajo los élitros; respecto al Gr. lateralis Fieb. supongo las tenga, á pe- 
sar de lo que en contrario dicen los autores; pues en la 9 que refiero á esta especie 
son caudiformes. Después de todo , es carácter este muy sujeto á variar aun en una 
iuisma especie, como se ve en los Gryllus. 



4M ACTAS Dli LA SOCIEDAD ESTAÑÓLA 

Gryllodes macropterus Fuente. 

Straminens, fusco-macuJatus. C(qmt f usco-m fe secas: occiimt 
diJutum Jiaud reí snljindisUnete 'paUide Uneatmn, vértex fuscus 
ínter oculos fascia transi'ersa fusca, frons cum ore straminea. Pro- 
notum antroTswíii angustatiim (f xel ampUatum Q, dorso fusco, 
medio lüaga straminea ad marginem anticiim extensa^ canthis 
haud stramineo xittatis; JoMs deflexis 2)aUidis, medio supra f us- 
éis. Alm ahhrematm sud elytra absconditce. Femora postica iKilli- 
da, snpra odscure fusco-strigata ante ayicem annulo pallido. Ti- 
him postic(E dimidiam longitiidinem femoribus superantes, l>asi 
supra subtusque f uséis , condijJo paludo spinismarg. superiori, 
extus 5 intus o reí 4. Metatarsum parium. gracUe. supra pauci- 
dentatiim. Calcaria omnia brexia, calca ribus duobus internis su- 
perioribus ^eqne longis, médium metatarsum haud attingentihuSy 
calcar supero-externnm spinis tibiar um haud superans. Abdomen 
supra fusco castancum dilute xariegatum. 

.r'. Elytra perfecte explicata abdomen siiperantia, ápice anguste 
o'otundata, dilute iifumata. snbpellucida. campo laterali pellu- 
cido. xenis tribus a rena radiali ralde divergentibns. aJterisque 
duabíis submarginalibus rectis: vena radiali bi ramosa, ramis 
ñexíiosis, quorum 2mmo fere a medio rena radiali emisso; harpa 
Tenis duabus xix flexuosis; speculo oxali xalde iransxerso, xena 
lexissime curxata dixiso; área apicali producta, elongata, regula- 
riier reticnlata. 

Q. Elytra médium abdominis snperantia, intus sese tegentia, 
üpicem xersus angustata et in ápice anguste rotundata, dorso nti 
infeminas Gryllum reticulato; campo laterali xenis 4 parallelis 
subrectis atque xena radiali medio uniramosa; lamina suptra 
analis magna, oblongo trigona, fusca, flaxo-limbata, marginibiis 
lateralibiis medio plicato-subemarginatis; oxipositor longitudinis 
iibiariimpost., rectas xel parum arcuatus, castaneus. 

(/. Long. corp. lá""""; pron. 2"'"'; elytr. 10"'"\5; fe m. jwst. 8""^; 
¿ib.p. 5""»; met. 2'"'". 

g. Zong. corp. l3'""';pro/i. 2"'"\2; elytr. 1'""": fem. post. 8"""'; 
¿ib.p. 5"^"', 2; met. 2"""; orip. 5"^"\ 

Gryllodes macro^jterus Fuente. An. Soc. Esp, de Hist. Nat, 
tomo xxii, Actas, pág\ 137. 

Habitat. Ciudad Real. 

Justificado hubiera sido también el nombre de macrocej)halus 
por el g-ran tamaño que tiene la cabeza, sobre todo en las liem- 



DE HISTORIA NATURAL. 49 

l)ras, en ambos sexos es más ancha que el pronoto. Es especie 
notable por más de un concepto; por la coloración de la cabeza 
en la que están obliteradas las líneas amarillas tan caracterís- 
ticas en las otras especies, por la longitud de los élitros y la 
forma particular del espejo; por tener alas, aunque rudimen- 
tarias; por la coloración de los fémures anteriores; por la lon- 
g'itud de los calcáneos, todos ellos extraordinariamente cortos, 
y también por la forma de la placa supra anal de las hembras. 

Gryllodes Kerkennensis Finot. 

Stramineus , lúerunque castaneo-macnlatns . Pronottím antror- 
sum valde cmgustatum Qf\ ¡obis defiexls iKilUdis. TíIjícb i^osüccp 
tertia parte femoribus breviores. 

c/. Ehjtra perfecte expUcata, abdomen superantia; harpa venís 
'duabiis T'ix flexuosis. 

Q. Elytra onedinm abdominís su2)erantia; hitus sese tegeniia. 

C"- Long. corp. IS^^-^-U""^; j^row. 2'"'"; elgtr. lO'""'-!!"^'"; /e;;¿. 
postJ; met. p:? 

Q. Long. corp. 13"'"^; pron. 2'n"%5; elytr. Q)''''^,o; fem. 2)ost.?; 
onet. p.?; ovipositor 4"^"", 2. 

Grryllodes Kerkennensis Finot. An. Soc. Ent. de France. BuU. 
ent. 1893. cclii. 

Habitat, (f Argelia, Biskra. Mayo; Q Túnez, isla Kerkennah. 

No conozco de esta especie más que la descripción que ante- 
cede, en la que dejan de describirse órg-anos de la mayor im- 
portancia, como el espejo, el campo lateral y el área apical 
de los élitros, los espolones de las tibias posteriores y otros, á 
pesar de lo cual considero esta especie como muy afine al 
Gr. macropterus Fuente. 

Gryllodes lateralis Fieb. 

Pallide testaceus. Caput castaneum, occiput lineis longitudrna- 
Hbus 4 stramineis , frons cum ore straminea. Pronotum p)ostice 
distincte latiiis quaní antice, síipra castaneo tariegatum, lobís 
dejiexis ad insertionemfusco-fasciatis, cwterum pallidis. Femora 
2)ostica dilatata, paluda, anguste oblique fusco-lineata. Tibice 
posticm eis parum breviores in utroqiie margine G-spinosce. 

cf. Elytra abdomine longiora, postice lanceolaio-piroducta , pe- 
llucida, vena radiali 5-^'amosa? harpa ventiUs iindulatis 4, campo 
apicali reiícuJato; speculo transverso. 

ACTAS DE LA SOC. ESP. — XXIII. 4 



50 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

cf. Long. coqwris 12™'"-15'"™; j>jroí¿. 2"i"'.5; ehjtr. 8"^"i-10'"'"; 
fem.])ost- 8"^'",5; tibiar . ¡iost . 6'"'",8. 

Gryllus lateralis Fieber, 1853. Syn., p. 66. rf. 

6^ry//??,?^¿;;?>»á'Saiiss.Voy.Fedtsclienko.Orth., p.31 ^(110119)^ 
tab. I, fig-. 11. c/- 

Gryllodes lateralis Sauss., Mél. orth., fase, v, p. 390. 

Grijllodes lateralis Brunner, Prodr. p. 437. cf- 

Fieber y Brunner sólo describen el (/• 

Habitat. Estepas del mar Caspio, Turquestán. 

El Sr. Saussure, en el viaje de Fedtschenko al Turquestán, 
habla de la Q de esta especie, que entonces era considerada 
por dicho autor como el Gr. pijñens, y la consag'ra la brevísima 
frase sig-uiente: «9 Elytra squamíp/ormia. Oiipositore cercís 
longiore, sin que dé las medidas de ella, como hace siempre 
que describe los dos sexos de una especie. He prescindido, sin 
embarg-o, de estos caracteres en la descripción que antecede, 
porque para mí es muy dudoso que la Q á que se hace aquí 
referencia sea la del Gr. lateralis Fieb. El Sr. Saussure, á pesar 
de su buen deseo y de su exquisita amabilidad, no ha podido 
tampoco resolverme las dudas que le he expuesto acerca de 
este punto por haber devuelto á Moscou los ejemplares que le 
sirvieron para su descripción. 

Seg-ún el Sr. Saussure el vértice tiene de 4 á G lineas 2)('(lidas, 
el jjronoto es siibcilindrico, el campo lateral de los élitros es 
ancho, con seis venas sinuosas en el ápice y abarcándose las 
unas á las otras, y la vena mediasiina es Mramosa (esta es la 
radial de Brunner); las oblicuas .?^r/«?¿ 3-5, S principales y 1-2 
incompletas intercaladas: el espejo en óvalo transversal divi- 
dido por nerviación obtusamente doblada y el área apical en 
triáng-ulo redondeado ocupado por 3 sectores arqueados, trans- 
versos. 

Alg"unas diferencias que se observan entre esta descripción 
y la del Sr. Brunner, quizás se deban á que éste sólo tuvo 
presente el ejemplar tipo de Fieber, y el Sr. Saussure éste y 
los de Fedtschenko; sin embarg'o, hayalg-unas, como el nú- 
mero de ramos de la vena radial, que serían cinco seg-ún 
Brunner y dos seg'ún Saussure , que no se explican sino por 
errata en la obra del primero , pues tenemos por cierto el que 
sólo son dos. 

Después de escritas las anteriores líneas he tenido la suerte 



DE HISTORIA NATURAL. 51 

de encontrar un QryJJodrs entre otros varios ortópteros, qne 
debo á la g-enerosidad del Sr. Stolzmann; dichos ortópteros 
proceden de Aschabad, no lejos del Caspio, entre éste y el Tur- 
questán, que, como se ve, es la localidad de donde procede el 
Qr. lateralis. El ejemplar á que me refiero es una 9 á la que 
conviene, salvo en lo relativo á su sexo, la descripción del 
Gr. lateralis Fieb. , por lo que no dudo en considerarla como 
la verdadera de esta especie. Este ejemplar viene á confirmar 
las conclusiones á que yo había Ueg-ado en este estudio ; el 
Gryllodes lateralis Fieb. corresponde por completo al mismo 
tipo que el macropterus Fuente, caracterizado por el g-ran des- 
arrollo de los élitros y aun de his alas; pues si bien estos órg-a- 
nos son variables, y en una misma especie de Gryllus pueden 
.ser caudiformes ó más cortas que los élitros cuando menos, 
existen, mientras que en el seg-undo tipo de este g*énero faltan 
por completo, por la presencia de un campo apical prolong-ado 
y de un espejo transverso en los élitros , y por la brevedad de 
las espinas de las tibias posteriores, que son todas casi ig"uales 
y apenas más larg-as que el espacio que separa unas de otras, 
siendo también muy cortos los calcáneos, puesto que el pri- 
mero del lado externo no es más larg-o que la última de las 
espinas de las tibias, mientras que en el seg-undo g-rupo las 
espinas de las tibias van aumentando de long-itud hacia el 
ápice de las tibias y son más larg-as que el espacio que las se- 
para. Teng-o casi la seg-uridad de que el Gr. Kerkemiensis Yinot 
debe corresponder á esta misma sección. En cambio la Q á que 
se refiere M. de Saiissure en la obra de Fedtschenko es para 
mí una especie distinta y quizás nueva. 
Hé aquí la descripción del ejemplar á que me refiero: 

Gryllodes lateralis Fieb. Q. 

Pallide testaceus, castaneo-fusco-maculatus. Caput castaneo- 
rufescens, occijñtem versns dilutmn, pallide lineatnm; frons cnm 
ore straminea. Pronotum antrorsiim angustatum, snpra castanen- 
variegatum , ludís dejlexis ad insertlonem macnlatls , ccetorvm 
pallidis. Elytra apiceni addominis superantia, dorso nti in fe mi- 
nos Grylluní reticulato; campo laterali venis 4 haud paralleiis 
atque rena radiali hiramosa. Ahc loiige caudattc Femora postica 
supra obscure fusco-strigata. Tihice postic(B dimidiam longitudi- 
nem femoribus superantes, extns 6 iatiis 5 spinosce, spina prima. 



52 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAKOLA 

marginis exierni minutissima. Metatarsum gracile, ixmci denta- 
tnm. Calcaría omnia hrezía; calcariJjus diiobus internis siq)eriüT¡- 
I)us aqiie Jongis, medmm metatarsi haud atüngentibiis , calcar 
siqjero-externiim, sjñnis tiMarum haud svi^erans. Addomen supra 
fusco-castaneiim. Lamina supraanalis castanea, pallide margi- 
nata, oblonga, Jaterihis simiata. Oviposítor castaneiis. 

Long. corp. 11"""; pron. 2""", 5; elgtr. U"'"';/em. post. 9'"'"; tid. 
post. 6"""; met. 2'"'", 5; orlp. l'""\ 

HaJjitat. Ascliabad. 

Deberá tenerse en cuenta, respecto á las dimensiones, que 
han sido tomadas sobre un ejemplar seco que había permane- 
cido mucho tiempo en alcohol, lo que permite suponer serán 
alg"o mayores en vida. 

Gryllodes ibericus Brunn. 

Castancus. Capul fusco-caslaneum. Occipul ulrinqne lineolis 
pallidis dnahns ornatum. Frons rufescens. Prouolum cylindri- 
ciim, castanevTJi , pallide rariegalum. Femora poslica unicoloria, 
Í7icrassata. TilAa pjostka} eis suhdiinidio Ireviores, ulroque mar- 
gine 4-sp)iiiosce. 

(f. Elytra supra planissima , apicem aMominis haud attin- 
gentia, postice rotundato-trmicata, campo apicali millo, vena ra- 
dian r amulo único, harpa tenis nndulatis 4. 

Q. Fhjtra usque ad marginem posticum segmeiiti aMominalis 
primi exlensa, rotundata, in margine interno incumljentia, tenis 
Taris, rectis, indixisis. Ovijmsiior cornpressiis , distincie decuvtus. 

(/. Long. corp. lo'""';pron. 2'""%5; elglr. 8'""';/em. qJosL O""™,?; 
tib. post. 5"^'",5. 

Q. Long. corp. 15'"""; j^ron. 2"^"\5; ehjtr. S'""^; fem. 2)ost. 9'"'^; 
til), post. 5'""'; otipos. G'"-". 

Grgllodes ibericus BvuwwQV , 1882, Prodr., p. 438, fig-. 100. 

Habitat. Castroceniza (Burg-os), Sauz de Dieg-o. 

Gryllodes pipiens Duf. 

Stramineus , castaneo-maculatus. Caput castaneum , occip>ut 
lineis longitudinalibus 4 stramineis, quarum internis angustiori- 
óus. Frons cum ore straminea. Pronotmn antice et p)ostice sub- 
aquilatum of tel in Q retrorsiim siibangustatum, supra-castaneum, 
lobis deflexis stramineis, titta media castanea. Femora postica 
paluda, fusco-strigata, extus ante apicem macula fusca. Tibie 



DE HISTORIA NATURAL. 53 

jjostica femorihis suhdimidw hremores, suJjtiis infuscatm, supra 
extus spinis 4 majorihus atque diiodus reí tribus minutis, intus 4 
vel 4 majoribus atque 1 minuta. Calcarihus duoljus internis sujje- 
Tíorihus calcare externo intermedio distincte longiorihns , calcar 
swperior intermedio ¡ongius, dimidianí ¡ongitudinem metatarsi 
fere attingens vel sudattingens. Metatarsum compressum, rohis- 
tum, supra 8,6 denticulatum. Abdomen dorso fuscum. 

cf. Ehjtra ¡icrfecte explicata, addomen totum oljtegentia, ápice 
late 'rotundata, leviter infumata, pellucida; campo lateraH pellu- 
cido, venis tribus completis subrectis, alteraqne basali abbreviata, 
vena radiali liaud ramosa vel tantum prope apicem, venis duobus 
subindistinctis instructa: harpa vemilis tribus majoribus alteris- 
c¿ue duabus pañis undulatis, vena prima angulata; speculo sub- 
transverso, trapezoidali, vena angulata diviso; área apicali an- 
gosta, regulariter reticulata. 

9. Ehjtra valde abbreviata, a latere visa longitudinem prono ti 
vix SKperantia, margine interno oblique truncata, leviter incum- 
bentia, venis ómnibus subparallelis . Campo laterali venoso. Oii^w- 
sitor tibiis distincte longior, decurvus, dilute castaneus. 

(f. Long. corp. 14'"'"; pron. 2"^"^; elytr. l'^^\^; fem. post. 9'"'"; 
tib.post. 4'"'", 8: met. post. S"""". 

9. Long. corp. 14'"'"; pron. medio 2'"'"; elytr. 3'"'"; fem. post. 
8'"'",8; tib.p)ost. 4'^"",5; met.j^ost. 2'^'",8; ovipos. "7""". 

Grgllus piijnens Dufour, 1820. Ann. se. phys. de Briixelles vi, 
p. 315 et aiict. 

Grgllodes pipiens Saussure. Mél. orth. v, p. 391. — Brunii. 
Prodromus, p. 437. 

Habitat. Uclés (Cuenca), Pantel; Camprodún (Cataluña), Mas- 
ferrer y Martorell. 

Varietas castellanus. Occiput lineis duabus internis oblitte- 
ratis; pronotum disco fnsco-castaneo ; elytrorum campo laterali 
venis quatuor subrectis alteraque basali abbreviata, vena radiali 
prope apicem venis duabus subindistinctis emittens, kavpa venis 
undulatis tantum 3, raro 4. 

Oña (Burg-os), R. P. Capelle. 

Varietas lusitanus. Occiput inter lineas medias linea angustis- 
sima fiav a pictuní; pronotum rf antrorsum subangustatum, disco 
fusco-castaneo ; elytrormn campo laterali, venis quatuor subrec- 



54 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

tís, externa aJjbreviata, Tena radiali prope apkem tenis dnahis 
paruní distiactis, liarim venis undulatis 4 mi 5; iibice posticcs 
svpra extus spinis tantiim quatuor qiianim prima minuta, calcor- 
ribiis díiobusi7iternis siiperioribus ¿eque ¡ongis, medimn metatarsi 
liaiíd attingen iihvs. 

Sierra de Estrella, Paulino d'Oliveira. 

Varietas Yalentinus. Statura minore, colore pallidiore: caput 
supra pallide quadri-fasciatum; pronotum disco plaga castanea 
pallida variíim, loMs deflexis pallidis fascia fusca angiistissima; 
elytra Q longitudo lyron. Jiaud superantia, ^f lunpa vemilis Jlexuo- 
sis tribus, duabus majoribus parallelis , altera miniíta basim xer- 
sus val de divergente. 

Esta variedad , de color pálido y de menor tamaño que el 
tipo, se caracteriza bien por tener sólo tres venas en el harpa, 
y de ellas dos g-randes, paralelas, y una tercera pequeña que 
diverg'e de las otras dos hacia la base, mucho más que en el 
tipo; de modo que entre su inserción y la de la vena inme- 
diata, media doble distancia que entre las otras dos venas, y 
también la 9? porque los élitros son en ella más cortos; los 
fémures también son cortos. 

Valencia (Junio) Boscá. Martínez Escalera. 

Los primeros ejemplares que tuve de esta especie fueron de 
esta última procedencia y pertenecían, por tanto, á la variedad 
valentina; de ellos envié al Sr. Brunner quien, á su vez, los 
comunicó al Sr. Saussure, de modo que sobre ellos está he- 
cha la descripción de este autor en Mélanges orthoptérologi- 
ques, V. 

Gryllodes Pauteli Cazurro. 

Strami7ieus, castaueo-maculatus. Capul castaneiim, occiput 
lineis longitudinalibus 4 stramineis sub(pque laiis. Frons cum ore 
straminca. Pronotum cf Q antice p)osticeque ceque latum, supra 
castaneiim, lobis dejlexis stramineis, vitta fusca subinterrupta. 
Femora postica pallida, supra tenuiter fusco-strigata, intus ante- 
apiceni macula fusca. Tibice imsticm femoribus dimidio subbre- 
víores, subtus infúscala', supra extus spinis 4 majoribus atque 
altera minuta, intus 4. Calca ribus duobus internis supe^ñoribus 
(pque longis, calcare intermedio externo vixlongioribus, dimidiam 
longitudinem metatarsi distincte brevioribus; metatarsum cotnr- 



DE HISTORIA. NATURAL. '55 

pressum, snjyra 7-5 vel 7-6 denticulatum. Abdomen dorso strami- 
neo-fusco-vaHegaium. 

(f. Elytraiierfecte explkata, ¡aiiuscula , ahdonien totum ohte- 
gentia, ápice late rotundata, peUucida; campo ¡aterali venís tri- 
hiis completis suhrectis, akpie duahis dasalibus abbreviatis ; vena 
racUali tantum prope apiccm ramis duobus Jlexiwsis subinclistinc- 
tis emittens, harpa venulis 3, raro 4, undulatis, vena 'prima for- 
4iter Jiexuosa sed liatid angitlata; speculo /ere longo ac lato vena 
fortiter infiexa diviso; arca apicali distincte latiore quam i a sp. 
'precedente (pipiens). 

9. Elytra valde abbreviata a latera visa longitiidinem pronoti 
vix superantia, margine interno oblique truncata leviter incum- 
beiitia, venis ómnibus subparallelis , campo laterali trivenoso. 
Ovipositor tibiis longior, decurvus, dihite castaneus. 

c/. Long. corp. \'ir'^\pron. 2'°'",5; elytr. 8'"", 8; fem. post. 9 """,5; 
iib.post. 5""; met.post. 3"". 

Q. Long. corp. 13"""; pron. 2"""; elytr. 2 ".S; fem. post. 8""", 5; 
iib. post. 4"", 5; met.post. 2""", 8; ovipositor 6""". 

Gryllodes Panteli Cazurro, 1888. Ortóp. de Esp. y Portug-al. 
An. de la Soc. Esp. de Hist. Nat., tomo xvii, p. 461. 

Habitat. Uclés. P. Pantel. 

Especie muy afine al Gr. pipiens del que difiere por diversos 
-caracteres que el Sr. Cazurro lia precisado muy bien en la Me- 
moria citada. La circunstancia de haber examinado mayor 
número de ejemplares me ha permitido rectificar las dimen- 
siones que están comprobadas sobre todos ellos. Las de los éli- 
tros, comparadas con la del abdomen, dan lug'ar á errores; pues 
éste puede hallarse distendido ó contraído y sus proporciones 
en relación con las de aquellos habrán de variar necesaria- 
mente. 

Los élitros en el (/ son más anchos que en el Cír. pipiens, 
•el espejo es más alto y el espacio que queda entre las venas 
que le circundan y las nerviaciones libres externas es más 
ancho. 

Gryllodes Escalerae sp. nov. 

Straminens. Capiit siipra castanemn, occiput lineis longitudina- 
Jibus 4 stramineis (sqíie latis. Pronotiim antrorsum leviter angiis- 
tatum (f vel in 9 subdilatatum, dorso castaneo variegato; lobis 
dejiexis fascia castanea valde abbreviata tantum prope marginem 



58 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

postícum 'perspicua. Femora piostíca oljüque fusco-strigata intvs 
ante apiceni macula fusca. TíMíp posticff feonoribus dlmidio dis- 
tincte dreziores, suhtus infuscatfP, supra extus sjñnis 4 majori'bv.s 
atque altera amanta, intus 4 spiuos(P. Calcaribus duolms internis 
superioriJ)US cecpue longis, iiiterrnedio externo eis suhhrexiore , me- 
tatarsum compressum supra 7-5 xel 8-6 dentatum. Addomen dorso 
fiisciim, pcdlide Tariegatum. 

of. Ehjtra perfecte explicata. addomen totuní ohtegentia, ápice 
laierotundata, apicem tersus infumata, sulipeUucida, campo Jate- 
rali peJlucido, xenis trihus compJetis rersus apicem srnuatis atque 
altera dasaJi incompleta, rena radiali tantum iwope apicemxenu- 
lis suMndistinctis emittens: harpa xenulis trihus onagnis talde 
ñexuosis, atque duahus miniitis; speculo xix transxcrso; área api- 
cali angusta, irregulariter reticulata. 

Q. Elytra uüde abdreviata, a latere visa longitudinenipronoti 
liaiid superantia, margine interno ollique rotundato-truncato, 
tenis subparallelis indivisis, campo lateraU 3 venoso. Ovipositor- 
tibiis /ere diniidio brexior, rectus, dilute castaneus. 

d" . Long. corp. 12'""'; pt'^'on. 2""': elytr. 7 "",5; fcm. post. 8'""',5;. 
tib. 2)ost. 4""; met. 2'"',^. 

9. Long. corp. 10'"'"; pron. P'^jS; elgír. I'"'" ,^y, fem . p>ost. 6'""', 5; 
tib. post. S""'; met. 2"""; ovipos. 1""",5. 

Habitat. Yillaviciosa de Odón, Martínez Escalera; Valladülid. 
Rioja. 

Esta especie es, sin duda, la misma que se encuentra en los-, 
alrededores de Madrid, y que no lie log-rado recog-er por mí 
mismo, á pesar de haberlo intentado varias veces. La colora- 
ción pálida del insecto y sus costumbres crepusculares son un 
obstáculo casi insuperable para su captura. Sólo con duda re- 
fiero á esta especie los ejemplares de Valladolid recog-idos por 
el Sr. Rioja, por ser todos ellos machos y necesitarse de am- 
bos sexos para determinar con seg-uridad las especies de este-, 
g-énero. 

Ocupa un lug-ar intermedio entre el Gr.pipiens Duf. ó mejor 
el Gr. Panteli Caz. y el littoreus Bol., conservando la forma de- 
aquellos y la coloración de éste, juntamente con la brevedad 
extraordinaria de los élitros y del oviscapto de la Q que carac- 
terizan esta última especie. La dedico á D. Manuel Martínez 
de la Escalera, entusiasta entomólog'o que ha puesto una vez, 
más á prueba su habilidad y pericia en la caza de los insectos. 



DE HISTORIA NATURAL. 57 

al capturar los ejemplares que me ha reg-alado, y por los que 
he hecho la descripción que antecede. 

Gryllodes littoreus Bol. 

Stramineus. C((j)ut incrassatum, suirrafiisco-rufescens, j^aUide 
■ímUatum. Pronotum cf antrorsum angustatum tel anipliatum, 
dorso 2^arcefusco-macu¡atu 1)1, ¡oMs dejiexis imjrictis tel iretiter 
fusco-iinifasciatis. Femora ¿nóstica oblique fiisco-strigata, Irema, 
tihiis Jiaud duplo longiora, siiMus dreüter infuscata, siipra extua 
intnsque 4 spinosa; calcar supero-intermim, intermedio ¡ongiiis, one- 
t atar so dimidiam longitudinem distincte siiperatis; calcariMs duo- 
Jjiis superiorihis externis sudíequalilms vix ¡ongioriJjiis quam spi- 
nam quartam marginis externi; metatarsum angustum supra G-6 
vel 6-5 dentatum. Abdomen dorso fusco-tarlum. 

cf. Elytra yerfecte explicata, abdomen totum obtegentia, ápice 
late rotundata, apicem versus infumata, snbpeUucida; campo la- 
terali peUucido, venis 4 subrectis tantum prope apicem sinnosis^ 
atque altera basali abbreviata; i^enaradiali i?idivisa tantnm Juxta 
apicem venís diiabus simiatis parvis emittens; harpa venis 3 majo- 
ribus valde sinuatis quarum prima subangulata , atque duabiis 
minutis; specuJo parum transverso; área apícali augusta irregu- 
lariter retkulata. 

Q. Elytra valde abbreviata, a latera visa longitudinem yronoti 
haud vel vix superantia, margine interno oblique rotundato-trun- 
cato, venis siibparallelis indivisis; campo laterali 4 venoso. Ompo- 
sitor tibiis distincte brevior, rectus, dilute castaneus. 

c/. Long. corp. 12"'"; pron. 1""",8; elytr. 8"""; fem. post. 7""; 
tib.post. 4™'", 2; met. 2"", 2. 

Q. Long. corp. 13'""; pron. l'"'",8-2'"'"; elytr. l'""',5-2"'"; fem post. 
7"'"; tib. post. 4""'", 2; met. 2 '"",2; ovip. 3'"'",5-4'"". 

Gryllodes littoreus Bol. Le Naturaliste, 7*^ année, núm. 22^ 
15 Nov. 1885. — Esp. n. de ortóp., An. de la Soc. Esp. de Hist. 
NAT., tomo XVI, p. 109. 

Habitat. Talayera de la Reina (Toledo). 

No hay ning-una especie que tenga la coloración tan clara,, 
ni las patas posteriores con las proporciones que resultan de 
las medidas apuntadas, sobre todo la longitud de las espinas 
del borde externo, de las que la última lleg-a casi á ig-ualar al 
calcáneo superior, así como ía del calcáneo supero-interno, que 
no sólo es mayor que el intermedio, sino que pasa de la mitad 



53 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

•del metatarso ; éste es también más delg-ado que en las otras 
■especies. Por la brevedad de los élitros y del oviscapto de la Q 
puede compararse con el Gr. Escalera, aun cuando no lleg-a 
dicho carácter al grado que en aquella especie. 



Las especies europeas y circa europeas de este g'énero resul- 
tan del anterior estudio dispuestas de este modo: 

Gen. Gryllodes Sauss. 
8uh gemís Grylloderes Bol. 

I. Gr. Brunneri Rigg. Sicilia. 

tSuI) genus Gryllodes^;. d. 

I.'' Sección. Especies europeas. 

12. Gr. lateralis /''/^¿.Estepas del Caspio, Turquestán, Ascliabad. 

3. Gr. macropterus Fuente. Ciudad-Real. 

4. Gr. Kerkennensis Finot. Argelia, Túnez. 

¿*.* Sección. Especies exclusivamente españolas. 

o. Gr. ibericus Brumi. Castroceniza (Burgos). 

45. Gr. pipiens L. Duf. Cuenca, Aragón, Cataluña. 

rnir. castellanus Bol. Oña (Burgos). 

"üar. lusitanas Bol. Sierra de Estrella (Portugal). 

xar. valentinus Bol. Valencia. 
7. Gr. Panteli Ca:urro. üclés (Cuenca), 
•8. Gr. Escalera? Bol. Yillaviciosa (Madrid). 

9. Gr. littoreus Bol. Talavera de la Reina. 

Species mihi ignotce et incerta sedis. 

10. Gr. liebrseus Sauss. Q Palestina. 

II. Gr. terrestris Sauss. 9 Turquestán. 

Species incertcp. 
12. Gr. sp. (Grgllodes lateralis Q Sauss.). Turquestán. 

Quedan aún dos especies de Egipto que no cito, por consi- 
derarlas ya como extrañas á la fauna circa europea. 



DE HISTORIA NATURAL. 59 

— El Sr. Secretario leyó el acta de la Sección de Sevilla que 
va á continuación. 



SECCIÓN DE SEVILLA. 



Sesión del 2 de Febrero de 1894. 
PRESIDENCIA DE DON SALVADOR CALDERÓN. 

— Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 

— Se dio lectura á un trabajo de D. Salvador Calderón titu- 
lado: Notas mineralógicas. Nuevos hallazgos en la iwomncia de 
Eemlla. 

— Se acordó pasara á la comisión de publicación. 

— El Sr. Calderón dio lectura á la nota sig'iiiente: 

Recientes tradajos sodre el origen y formación de los deimsitos 

de mercurio. 

«El Sr. G, F. Becker, en su Monog-rafía xiii de la Revista 
(geológica, de los Estados-Unidos, y recientemente en una 
Memoria consagrada á los ing-enieros de minas, viene ocupán- 
dose con un interés especial en todo lo referente á los yaci- 
mientos de mercurio (1). A estos trabajos y al interesantísimo 
del profesor Sclirauf (2), con ocasión de los modernos descu- 
brimientos en Idria, se refiere la presente nota, cuyo asunto 
he creído de interés en nuestra Sociedad, por ser España la 
nación que posee el más importante depósito del mundo de tan 
útil metal. 

»E1 número de yacimientos de mercurio conocidos es consi- 
derable, pero pocos alcanzan verdadera riqueza industrial, 
pudiéndose citar sólo en tal concepto el nuestro de Almadén; 
Idria, al S. de xlustria; Huancavelica , en el Perú; California y 



(1) Qidcksilver ore Beposits mith statistical tables. Min. Resourc. of the U. S. Was- 
hington, 1893. 

(2) Ueber Metacinnaberit von Idria und dessen Paragenesis. fJaJirb. der K. K. geol. 
ReichsanstaU, 1891.) 



•CO ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPA^■OLA 

la provincia de Kwei-Chau, en China. Considerado en conjunta 
la distribución g-eográfica de los yacimientos g-randes y peque- 
ños se verifica á lo larg-o de la g-ran cadena montañosa de la 
Eurasia, en la cintura volcánica de la costa oriental del Asia j 
al O. de las cordilleras de ambas Américas, es decir, que sig-ue 
las líneas de mayor perturbación g-eológ-ica. 

»Como es sabido, el cinabrio ó vermellón constituye el 
mineral por excelencia de mercurio; pero desde 1848 lia dejado 
de ser el único en este respecto, pues se ha descubierto en 
Baviera y lueg-o en otros sitios, particularmente en la famosa 
mina de Idria, un sulfuro neg-ro explotable. También existe 
en Utah la tiedmanita (Hg- Se) en cantidad suficiente para 
constituir una pequeña industria durante alg'ún tiempo. La 
tetraedrita mercurial de Hung-ría ha dado mercurio como 
producto asociado. En cuanto al metal nativo sólo se conoce 
en estado de gdobulitos asociado al cinabrio; las lagunas de 
mercurio del Rif, de que nos hablaba El ImparciaJ de hace un 
par de meses, y que tanto llamaron la atención de alg'unos 
lectores, son una pura fantasía. 

»Casi siempre aparecen los minerales de mercurio en la 
proximidad de rocas eruptivas; pero esto es probablemente 
una mera coincidencia sin relación de causalidad, que se 
explica porque unos y otras están en reg"iones trastornadas 
por las fuerzas orog'énicas. Por lo demás, dichas rocas son 
unas veces básicas (como las diabasas en Almadén y Baviera 
y el basalto en Persia y California) y otras, por el contrario, 
acidas (como el pórfido cuarcífero en los depósitos de Yallalta 
y las riolitas en Idria). Tampoco hay reg'la constante en punto 
á la edad de los yacimientos, pues al paso que unos son tan 
viejos como el de Almadén, otros de América y Nueva Zelanda 
están asociados á lavas terciarias y hasta contemporáneas. 
Entre los depósitos mejicanos, unos arman en estratos arcaicos 
y paleozoicos, otros secundarios y terciarios sin mostrar prefe- 
rencia por ning'una roca determinada como acompañante 
habitual. 

>>Entre los minerales asociados al de mercurio fig"uran como 
principales las g-ang-as cuarzosas ó calizas y ambas á la vez en 
alg-unos casos; las de hierro espático, baritina y sólo por 
excepción las de fluorita (Guadalcázar y Huitzuco, en Méjico) 
y yeso (California), aunque éste puede ser de orig'en secunda- 



DE HISTORIA NATURAL. 61 

tío. También se dice liaberse hallado el cinabrio con el bórax 
-en América, hecho que importaría confirmar dado el orig-en 
volcánico que se atribuye siempre á este último mineral. La 
pirita y la marcasita son dos especies que rara vez faltan en 
los depósitos que me ocupan, sin excluir el de Almadén, como 
erróneamente se ha dicho. En Míeres, Asturias, pero sobre 
todo en Huancavelica, acompañan al mercurio el mispiquel y 
el rejalg-ar; la antimonita en g-ran cantidad en California; el 
oro lo hace con mucha frecuencia, aunque en corta proporción, 
en América, y huellas de minerales de cobre son habituales, 
señaladamente de calcopirita, que en pequeñas cantidades 
aparece en Almadén, en New- Almadén y en otras minas de 
Méjico y Perú. Menos frecuentes son las platas y plomos mer- 
curíferos ó los cinabrios arg-entíferos y plumbíferos, aunque 
de todo esto se conozcan ejemplos, entre ellos alg'una bolsada 
de cinabrio en las minas de zinc y plomo de la provincia de 
Santander; en fin , entre los hallazgos excepcionales se cita el 
del níquel (milleríta) en venas mercuriales en Sierra Nevada y 
en la de Avala, en Servia, y al estado microcristalino en 
otros sitios. 

»Nuestro ilustre compatriota D. Casiano de Prado, que tanto 
ha contribuido al esclarecimiento de la historia de los minera- 
les, del metal objeto de esta reseña, decía con mucho acierto: 
«Si el mercurio muestra alg-una afinidad, ó sea alg-una prefe- 
rencia, hacia alg-una substancia, es por la materia carbonosa 
ó bituminosa.» Esta importante afirmación ha recibido nuevas 
€onfirmaciones después de la' muerte del inolvidable ing-e- 
niero, y particularmente en California, donde los betunes 
existen en enorme cantidad junto al cinabrio. Con este hecho 
debe relacionarse el no menos sigmificativo de hallarse el 
azufre libre en muchas minas de mercurio , al modo como se 
deposita por la descomposición del hidróg-eno sulfurado. 

«Comparando las asociaciones minerales de las minas impor- 
tantes de mercurio, se reconocen g-randes analog-ías en todas 
ellas, pues invariablemente la g'ang-a es silícea, caliza ó 
ambas cosas á la vez, y los acompañantes habituales son el 
betún y con mucha frecuencia la antimonita, de donde deduce 
el Sr. Becker que la historia g-eológ-ica de estas tres substan- 
cias tiene mucho de común. 

«Tratándose de un mineral tan importante y de antig-uo 



62 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPA\OLA 

conocido como el de mercurio, es natural que los g-eológ-os y 
mineros se hayan preocupado de las transcendentales cuestio- 
nes referentes á su orig-en , emitiendo varias hipótesis en ar- 
monía con el estado de la ciencia en la época en que se idea- 
ron. La primera teoría expuesta para explicar el orig-en de los 
filones de cinabrio fué la del transporte, y se fundaba, como 
es natural, en la volatilidad del mercurio y de su sulfuro. 
El eminente profesor Schrauf, de Yiena, ha vuelto á desenvol- 
verla actualmente con ocasión de los depósitos de Idria, los 
cuales divide en primarios y secundarios; aquellos de origen 
neumatog"énico é hidatog'énicos estos; es decir, las impregna- 
ciones é incrustaciones de cinabrio que no van acompañadas 
de cuarzo, cuarcita i'i otras g-angas semejantes, son obra de 
vapores calientes, al paso que el cinabrio que se encuentra 
con estas g-ang'as ó con pirita ha sido precipitado de una disolu- 
ción. Esta seg-unda vía es la única probable en concepto del 
Sr. Becker, en prueba de lo cual aduce algunas razones impor- 
,tantes. Reconoce que indudablemente el cinabrio se presenta 
en ocasiones como inscrustación libre ó casi completamente 
libre de la g'anga ó de los sulfuros que le acompañan; pero no 
encuentra en esta circunstancia motivo suficiente para inferir 
que el mineral se ha depositado merced á la acción subli- 
mante. Sobre todo, la producción evidentemente simultánea en 
muchos casos del mineral y la g'anga no pueden exi)licarse 
más que por vía de disolución; de todo lo cual se deduce que 
no hay razón especial para que el cinabrio se haya formado 
de un modo distinto que los demás sulfuros metálicos. Alg-o 
dice también en favor de esta asimilación la frecuente proxi- 
midad de los manantiales termales carg-ados de sulfuros 
alcalinos á los depósitos de mercurio (1). A su juicio e« evi- 
dente que muchos de estos han sido precipitados al estado de 
metacinnabarita (Hg-'' S^ seg"ún Schrauf), y ulteriormente con- 
vertidos en sulfuro rojo ó cinabrio (Hg- S). 

»Siendo las sulfosales de mercurio y sodio los compuestos 
solubles más importantes del metal de que tratamos, interesa 



(1) Es sabido que los sulfuros potásico y sódico disuelven en variable proporción. 
los sulfuros metálicos; el de bario forma sulfosales solubles con el de mercurio , y 
puede, como el de cadmio, en opinión del profesor Roth, tomar parte en la formación 
de los depósitos de mercurio. 



DE HISTORIA NATURAL. 63- 

conocer la acción que sobre ellos ejercen las materias bitumi- 
nosas que acompañan con tanta frecuencia, como queda dicho, 
á los depósitos de cinabrio. Con este propósito el Sr. Becker 
preparó soluciones de sulfuro mercúrico en sulfuro sódico, 
alcalinizándolas á favor del hidrato sódico é hirviendo por- 
ciones separadas con parafina, benzol, naftalina y antraceno. 
Todas dieron precipitado neg'ro de sulfuro de mercurio. 

»E1 8r. Prado opinaba que una parte, por lo menos, del 
cinabrio de Almadén había sido depositado por sustitución 
del cuarzo. Esta teoría fué acog-ida por otros g-eólog'os, los 
cuales creyeron comprobar en ciertos yacimientos sustituciones 
análog"as por eliminación de diferentes substancias minerales 
y org'ánicas. No es de esta opinión el Sr. Becker, el cual 
encuentra natural que el cinabrio se mezclara con las rocas^ 
que halló en sus cercanías al tiempo de su formación, pero no 
ve en esto una prueba de sustitución , y mucho menos en los 
casos en que la disolución mercurial carece por completo de 
acción sobre la roca asociada. En California ha creído compro- 
bar que cuando una disolución silícea ó caliza activa se mezcló 
con otra mercurial j pudieron aquellas empapar las rocas 
compactas, las soluciones indiferentes de mercurio se queda- 
ron en las grietas preexistentes, como si hubieran sido sepa- 
radas por filtración. 

»Estas consideraciones conducen al g-eólog-o norte-americano 
á aplicar á la formación de los depósitos de mercurio la hipó- 
tesis osmótica, seg-ún la cual la concentración de este mineral 
puede en g-ran parte ser debida á la acción producida entre 
sus disoluciones y los muros de roca, y la descomposición de 
las rocas de la comarca, frecuentemente más avanzada cerca 
de las venas, resultaría de la absorción de disoluciones de 
g-ang-as minerales por los muros limitantes. Se trata , pues,, 
de una e.specie de concentración por diálisis. 

»En todas estas hipótesis, como se habrá notado, se pres- 
cinde del origen primitivo del mineral y sólo se trata de 
explicar su concentración secundaria; bien es verdad que otro 
tanto ocurre con las cuestiones análogas que suscita la proce- 
dencia de casi todos los metales filonianos. No entraré aquí á 
tratar esta materia y me bastará recordar que los g-eólogos se 
separan en ella en dos escuelas principales: los actucdisias, ó 
partidarios de la teoría de la concentración á expensas de los 



€4 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

materiales dispersos en las rocas cercanas, y los vulcanistas, ó 
sea los que creen que los filones metalíferos se deben á 
emisiones del interior del g-lobo. En otro trabajo he dado las 
razones que militan en favor de la primera escuela y que creo 
decisivas. 

>Los depósitos de mercurio se presentan bajo formas varia- 
das: en venas ag-rietadas ó reticulares, constituyendo cuerpos 
irregulares (stocks), impreg-naciones y placeres. Nuestro depó- 
sito de Almadén, que como he dicho, es el mayor del mundo, 
consta de dos amplios filones que cortan en parte la estrati- 
:ficacióny en parte la sig'uen. Disposición semejante presentan 
alg'unas de las más importantes minas de mercurio, y alg-unas 
que como stocks suelen considerarse , no son en rig'or más que 
venas que se dilatan á trechos. Tal sucede en el depósito de 
New-Almadén, al decir del Sr. Becker, el cual propone para 
€sta clase de disposición el nombre de cJiamJjered reins. 

»E1 mencionado g-eólog-o termina la parte teórica de su 
última memoria citada con una observación importante; á 
saber, que las impreg'naciones de cinabrio se presentan usual- 
mente donde esta substancia yace en contacto con la arenisca, 
y rara vez en otras circunstancias. La permeabilidad de esta 
roca, debida al tamaño relativamente voluminoso de sus poros 
ó intersticios, hace también imposible á su través la acción 
•osmótica. 

»La industria del valioso metal objeto de esta nota ha 
adquirido modernos desarrollos de mucha transcendencia, que 
han sido asunto de interesantes trabajos estadísticos por parte 
del Sr. Randol; pero su exposición saldría del cuadro de las 
cuestiones doctrinales bosquejadas que he creído merecían por 
su transcendencia la imperfecta reseña con que quizás he 
molestado más de lo justo A'uestra atención. 

»Para terminar daré lectura á una comunicación particular 
que ha tenido la bondad de hacerme nuestro consocio de 
Madrid, el 8r. Fernández Navarro, el cual se ha querido en- 
<;arg"ar de estudiar microscópicamente las rocas cinnabaríferas 
de Almadén , aprovechando los ricos materiales del Museo de 
Madrid, y formando un juicio muy fundado sobre la validez de 
las consecuencias sacadas por el Sr. Becker para el problema 
del orig-en del citado yacimiento y de sus análog-os. 

»La comunicación del Sr. Fernández Navarro dice así: 



DE HISTORIA NATURAL. 65 

»La afirmación del g-eólog'o Becker sobre el yacimiento de 
Almadén , ñindada en la estructura de las rocas cinnabarífe- 
ras, es, á mi juicio, de sobrada importancia para merecer una 
comprobación detenida y en vista de varios ejemplares distin- 
tos, como he tenido ocasión de hacerlo y voy á comunicar 
á usted. 

»EI punto concreto de mis observaciones al citado estudio se 
refiere á las razones expuestas en él para combatir la teoría de 
la sustitución: 

«La teoría de Prado de la sustitución en Almadén , dice el 
Sr. Becker, se funda principalmente en la hipótesis de que la 
riqueza de las impreg-naciones de arenisca silícea solamente 
puede explicarse así. Con otro motivo me he ocupado de que 
una arenisca cuarzosa sin matriz, compuesta de g-ranos esfé- 
ricos de tamaño uniforme, grandes ó pequeños, apiñados todo 
lo más estrechamente posible, como balas de cañón, dejan un 
espacio intersticial representado por 1 — n/3 v/2'=0.26 apro- 
ximadamente. Si este espacio se rellenara de cinabrio, daría 
una roca que contuviera 48 por 100 de mercurio. La impreg- 
nación más rica que yo he hallado en Almadén sólo contiene 
un 33 por 100 de metal. Además, muchas secciones que yo he 
hecho de rocas de Almadén muestran que el cinabrio ha cris- 
talizado simultáneamente con el cuarzo en los intersticios de 
la arenisca silícea. Las observaciones macroscópicas revelan 
también que en Almadén el cinabrio ha cristalizado simultá- 
neamente con el cuarzo en cordoncillos (1). 

»Voy á prescindir del arg'umento por extremo sutil del volu- 
men de los intersticios de una pila de balas y de lo arriesg-ado 
de la conclusión que de él saca el autor sobre la riqueza del 
metal que asig-na á una roca que tuviera tal estructura, con 
una reg-ularidad en los g-ranos y en el relleno , que no existe 
en Almadén, ^ara tratar sólo del seg-undo arg-umento, que es 
de carácter menos hipotético: el del orden relativo de forma- 
ción de la roca y el mineral. 

»Los ejemplares que he tallado se pueden referir á dos tipos: 
areniscas pizarrosas bituminíferas y verdaderas cuarcitas. 

»Entre las areniscas hay unas que aparecen como un ag-re- 
g-ado finamente gTanulítico de cuarzo, con mucha pirita 

(1) Becker: Op. cil.; pág 19. 

ACTAS DE LA SOC. ESP. — XXIII. 5 



60 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

exaédrica, pero sin cemento alg'uno que los trabe. En ellas el 
cinabrio está formando venas en las líneas de fracturas trans- 
versales ó entre las liojas. sin más forma que la dada por los 
huecos que ha rellenado. Otras areniscas, que por descompo- 
sición de su abundante pirita se frag-mentan con g-ran facili- 
dad , están constituidas por cuarzo g-ranulítico cementado por 
una substancia silícea que recuerda mucho la calcedonia, sin 
acabar de tener toda su estructura. Contienen estas rocas 
también piritas, micas blanca y neg-ra y alg-unas ortosas, 
estando en ellas el cinabrio como sernJjrado entre los granos de 
cuarzo, dentro de los cuales penetra por las roturas y á los 
que rodea á veces casi por completo. 

»Este modo de presentarse el cinabrio se repite en las cuar- 
citas formadas de g-ranos de cuarzo cementados por verdadera 
calcedonia, tan abundante por lo menos como aquel. En la 
riqueza en cinabrio de estas rocas se puede notar una verda- 
dera g-radación: la calcedonia va desapareciendo á medida que 
el sulfuro de mercurio aumenta , como si fuera sustituida por 
éste, que jueg-a en los minerales más ricos el mismo papel que 
aquella en los más pobres, es decir, el de cemento que traba 
los granos de cuarzo. .Sometiendo á una elevada temperatura 
un trozo de la roca hasta que todo el cinabrio se volatilice, la 
cuarcita se vuelve incoherente en términos de desmoronarse 
entre los dedos á la menor presión. 

»Insisto en que no he í>bservado un solo caso en las quince 
ó veinte preparaciones estudiadas, de un g-rano de cinabrio 
que teng-a forma propia. Todos absolutamente afectan la que 
les dejan tomar los intersticios del cuarzo. 

»Respecto á los caracteres macroscópicos que ofrecen los 
numerosos ejemplares del Museo de Madrid, no hallo nada en 
ellos tampoco que autorice á pensar que el cinabrio haya cris- 
talizado á la vez que el cuarzo, pues aunque se presentan en 
alg"unos cristales de ambas substancias, nunca los de cinabrio 
ofrecen la impresión de los de cuarzo y en cambio se suele 
observar, aunque rara vez, que los prismas de éste van en 
parte recubiertos de cinabrio. De otra parte, no entiendo que 
de la cristalización simultánea de los dos minerales en alg'unos 
puntos, pueda deducirse que son coetáneos, mucho más 
teniendo en cuenta la rareza de los ejemplares con cuarzo 
c stalizado. 



DE HISTORIA NATURAL. 67 

»En definitiva, el cálculo fundado en el volumen de los 
intersticios de los g-ranos de las rocas cinnabaríferas, me pa- 
rece discutible por lo menos, y los caracteres macro y micros- 
Cü2ñcos de estas, no sólo no comprueban la teoría del señor 
Becker, sino que inducen á conclusiones precisamente con- 
trarias á ella.» 



Sesión del 7 de Marzo de 1894. 

PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. DANIEL DE CORTÁZAR. 

— Se lej'ü y aprobó el acta de la sesión anterior. 

— Quedaron admitidos como socios numerarios los señores 

Álvarez de Toledo y Acuña (D. Fernando), Conde de Cal- 
tabellota, de Ñapóles, 
presentado por el Sr. Bolívar en nombre de D. Felipe 
Rodríguez; 

Soldevilla y Cantó (D. Juan) y Miguel é Trizar (D. Manuel), 
ambos de Valencia, 
presentados por el Sr. Bolívar en nombre del señor 
Boscá; 

Yera (D. Francisco de Asís), de Cádiz, y García y García 
(D. Antonio), de Huelva, 
presentados por el Sr. Bolívar; 

Olive y Prieto (D. Federico de), de Madrid, 
presentado por el Sr. Janer; 

Guerra y Salcedo (D. Félix), de Ávila, 
presentado por el Sr. Quiroga. 

— Se liizo una propuesta de socio agregado. 

— Estaban sobre la mesa las publicaciones recibidas, acor- 
•dando la Sociedad se diesen las gracias á los donantes de las 
regaladas. 

—El Sr. Presidente dio cuenta á la Sociedad del fallecimiento 



68 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

de los dos socios Sres. Sainz Gutiérrez, Catedrático de Org-ano- 
grafía y Fisiología veg-etal en la Facultad de Ciencias, Presi- 
dente que ha sido de la Sociedad; y Calderón y Arana (D. Lau- 
reano), Catedrático en la Facultad de Farmacia, acaecido el de 
ambos el día 4 del mes actual, consag-rando sentidas frases á 
enumerar los servicios científicos de los dos ilustres Profeso- 
res, y proponiendo á la Sociedad que no sólo constase en 
el acta correspondiente el sentimiento con que ésta había oído 
tan tristes nuevas, sino que se publicasen en las Actas no- 
ticias necrológ-icas de ambos con sus retratos, que podrían 
encomendarse: la del Sr. Sainz Gutiérrez, al Sr. Lázaro por su 
competencia en la especialidad que profesó aquel disting'uido 
Catedrático, y la del Sr. Calderón al Secretario, proposiciones, 
que la Sociedad aprobó por unanimidad. 

— El Sr. Secretario leyó la nota sig-uiente del Sr. Pan, ele 
Seg"orbe: 

So'bre el trahajo del Sr. Freyíi «Nene Pjianienartcn der 
Pyrenaischen HalMnsel. » 

»Su autor, el respetable Sr. Freyn, publicó en el vol. i, nú- 
mero 10 del BnUetiii de VHerüer Boissierla. descripción de diez 
plantas pertenecientes á variedades ó especies nuevas. Gracias 
á la atención del autor, que tuvo la amabilidad de mandarme 
un ejemplar, puedo apuntar estas lig-eras consideraciones que 
me sug-iere su lectura. Suplico ante todo dispense el Sr. Freyn 
mi atrevimiento y lig-ereza, pues no poca se necesita para 
oponer reparos á tan notabílismo naturalista. 

»1/ AraUs ReTerchoni Freyn iii litt. 1892, 1. c, pág*. 542. 
Willk. Supl. pr. fl. hisp., pág-. 302. 

»La muestra que vi no fué colectada en la Sierra de Espa- 
dan, ni mucho menos puede existir en el Pico: es planta 
arag-onesa de las sierras de Torrijas (Javalambre) y Sacañet. 
Si existe en Valencia hay que buscarla desde El Toro á Andilla. 
por los límites. 

»Esto es secundario, lo importante es descubrir si e^ efecto- 
pertenece á especie nueva, que no lo creo, pues paréceme que 
pertenece esta planta á la ^ . zerna R. Br. ya citada y descu- 
bierta en Andalucía. 

»Existen alg-unas formas que no parecen ig-uales á la valen- 



DE HISTORIA NATURAL. 69 

/ciana (??). por ejemplo la publicada en el Herharium nórmale 
de F. Scliulh, nov. ser., cent. 5, núm. 425. 

»No presenta el hábito tan idéntico á la J.. alimia L. como 
dice el Sr. Freyn, pues el tallo sólo lleva una hoja. La forma 
de las hojas sí parece ig-ual. 

»2.* y 5.* Grenista anglica L., ¡32ñIosa Freyn, et Oicia lusita- 
nica Freyn. 

»No las conozco por ser plantas de Portug-al. 

»3.* TrifoUum Hermeri Freyn in scliedis, 1892. 

»Esta misma forma fué colectada ya años por mi buen 
amig'o D. Bernardo Zapater y la tenía en mi herbario bajo 
T. Za/paterii. Parece ser el T. stellatum Asso. 

»4.'^ Astragalus arragonensis Yveyn. A. herolensis. 

»6.'^ Valerianella JVillkommii Freyn. F. Martmi Lóseos. 

»7.* Scabiosa tomentosa Cav. p cijierea Freyn. 

»Seg"ún las muestras que el Sr. Reverchon me reg^aló , esta 
forma pertenece á mi Se. TiiroUnsis verdadera. 

»8.'' Leontodón Reverchoni Freyn in Schedis 1892. Esta 
misma forma que el año 1887 colecté en Javalambre fué publi- 
cada bajo L. carpetamis Lg-., comparándole con el dibujo que 
jios da su autor en su obra Descriptio iconibus ilkistrata etc., y 
lám. XXVI, fig". I.'' No proseyendo muestra clásica es inútil 
repetir lo que pueda fácilmente leerse en el sitio indicado. 

»E1 Sr. Freyn , por otra parte , tampoco nos da las diferen- 
-cias que separan su L. RevercJioni del L. carpetamis, ni deja 
tampoco entender si posee muestra auténtica; por lo tanto, 
permítame sig-a creyendo que los L. Reverchoni y L. carpeta- 
mis son una misma cosa. 

»9.'' Linaria supina Desf. var. glaberrima Freyn. No la 
poseo ni la he visto. 

»10.'' Thymus Portee Freyn in schedis 189L 

»Véase de esta especie lo que teng-o dicho en la Sesión del 6 
de Julio de 1892 y pág-, 112. 

— El Sr. Hernández (D. Carlos) leyó la sig'uiente nota que le 
había sido enviada por D. Emilio Sánchez Navarro: 

«En una de mis excursiones entomológicas, verificada el 
20 de Marzo del corriente año, en el sitio llamado «Puntales», 
término de Cádiz, después de recog"er g-ran número de ejem- 
plares de Erodius tidiaJis L., Tentyria Icevis Sol., Zopkosis minu- 
ia y Pimelia fornicata Herbst, en tal cantidad, sobre todo esta 



TO ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Última especie, cual nunca esperaba, pude notar un hedía 
que me extrañó, dada las costumbres de los tenebriónidos. 

»Se trata de una Pimelia que , con una g-ran brecha en su 
élitro izquierdo, y la mayor parte de sus visceras devoradas, 
corría, con más velocidad que la acostumbrada, perseg*uida 
por otra de su misma especie que, cual el buitre de la fábula, 
se cebaba en sus entrañas. 

»Raro parece este hecho dada la alimentación habitual de 
los tenebriónidos, y tanto más, cuanto que el ejemplar de que 
me ocupo no presenta diferencia alg'una en lo que se refiere á 
la dureza y coloración de sus élitros con los del más desarro- 
llado y adulto que pueda encontrarse, y á más, teniendo en 
cuenta la constitución anatómica del aparato masticador de 
todos ellos, no puede creerse que la brecha á través de la cual 
una devoraba á la otra, fuera producida por sus mandíbulas, 
y sí más bien por haberle caído alg'ún objeto duro y pesado 
encima, cosa fácil de explicar dadas las costumbres de estos 
tenebriónidos, que suelen refugiarse entre las piedras, y que 
con g'ran frecuencia presentan en sus élitros abolladuras,, 
clara señal de estos traumatismos.» 

— El Sr. Hernández (D. Carlos) presentó, en nombre del 
Sr. Bolívar, la sig'uiente nota titulada: 

Ortópteros recogidos en las Azores por el Sr. Affonso Chaves. 

«El Sr. Barón de Guerne tuvo la atención de adicionar mi 
nota sobre los ortópteros de las islas Azores ( Ortlioptcres proxe- 
nant des voyages de S. A. le Prince de Monaco dans les ArcMpels 
de Madére et des Acores), publicada por la Sociedad zoológ-ica 
de Francia en el año 1891, con las especies citadas por Drouet 
en sus Éléments de la f aune acoréenne, Troyas 1861, obra que 
yo no había tenido ocasión de proporcionarme, completando 
de esta manera la corta enumeración de las especies recog-idás 
por S. A. en Madera, y por el mismo Barón de Guerne y el 
Sr. Richard durante la cuarta campaña del yacht V Hirondelle 
en las Azores. De las cinco especies citadas por Drouet, dos 
fig-uraban entre las enumeradas por mí y son el Grgllus Mma- 
culatus L. y el Pachytylns danimis L., pues á esta especie 
se refiere sin duda la (EdÍ2)oda migratoria L., que, seg-ún 
Drouet, recibe en las Azores el nombre de Gafanhoto, si es que 



DE HISTORIA NATURAL. 71 

con el mismo nombre no se confundieron dos especies y se 
aludió también á la ScMstocerca j^OTegrina 01., como pudiera 
hacerlo sospechar la indicación de que es insecto muy cono- 
cido por sus estragaos, así como los informes que pudo recog'er 
Drouet respecto á que este insecto venía de las costas de África, 
en tan g-ran número, que á veces el mar quedaba cubierto de 
ellos. Estos hechos no se refieren sin duda alg-una al PacJnj- 
tylns danicus L., especie que no es devastadora, ni mucho 
menos al Pacliytylm mUjratorlus L. , cuya área de emig-ra- 
ción no alcanza á estas islas. En mi opinión nace esta confu- 
sión de que Drouet atribuyó al PaclujtyJm danicus L., espe- 
cie común en las Azores, y que él confundía con el Pachytylus 
migratorius L. los hechos arriba expresados y de los que sólo 
habla por referencia, los cuales no pueden aplicarse á otra 
especie que ala Hchistocerca peregrina 01., que habrá de admi- 
tirse entre las especies de las Azores, faltando dilucidar si esta 
especie vive de ordinario en el archipiélag'o ó si sólo Ueg'a á él 
ó á alg-una de sus islas en determinadas ocasiones. 

»Las otras especies citadas por Drouet son la Periplaneía 
Americana L., especie cosmopolita, que los barcos han espar- 
cido por todo el mundo, y que bien podrá ser común en los 
campos y jardines de estas islas, cuando en Madrid la tene- 
mos hasta en el jardín botánico con otras especies exóticas, 
y, por último, los Liogryllus carapestris y Gryllus doriiesti- 
cus L. 

»Con posterioridad á estas publicaciones, el Sr. D. Francisco 
Aífonso Chaves, Director de la parte zoolog-ica del Museo de 
Ponta Delg-ada en la isla de San Mig-uel, del g-rupo de las 
Azores, llevado del interés científico de completar el conoci- 
miento de la fauna de aquel Archipiélag-o, que tantos descu- 
brimientos le debe en otros g-rupos zoológ'icos, sometió á mi 
examen las especies que recog-ió en la isla de San Mig-uel, 
entre las que no solamente he encontrado alg-unas no com- 
prendidas en mi primera enumeración, sino que una de ellas 
es nueva y otra constituye una variedad también nueva y 
pertenece á la familia de los fásmidos que hasta ahora no 
tenía representantes ni en estas islas ni tampoco en las .Cana- 
rijas, y aún más recientemente, el mismo señor me ha hecho 
un nuevo envío de especies procedentes de la isla Santa María, 
correspondiente al mismo archipiélag-o. 



11 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Las especies enviadas por el Sr. Affonso Cliaves son las 
sig"uientes: 

Amsolahis aminli'iKS Luc, ejemplares de bastante tamaño, 

jóvenes y adultos. — San Mig'uel. 
Forfícula miricularia L., las mismas variedades europeas. — 

San Mig-uel. 
Leucoi^hma siirinamensis L., jóvenes y adultos. Especie cosmo- 
polita. — ^^San Mig-uel. 
Holocompsa Chmesi, sp. nov., macho, hembra y jóvenes. — 

San Mig-uel. 
Bacillus gaUicns Charp., var. occidentalis nov.; hembras adul- 
tas y huevos. — San Mig-uel. 
(Ed\])oda fnsco-cincta Lucas; ejemplares adultos de ambos 

sexos. — San Miguel. 
Packytylus danicus L.; jóvenes y adultos, — San Mig-uel, Santa 

María. 
PlatycJeis laticauda Brunn.; jóvenes y adultos.— San Mig-uel, 

Santa Maria. 
Decticm albifrons Fabr.— Santa María. 
Liogryllvs MmacuJatus De Geer. — Santa María. 

»Esta lista aumenta en seis especies las citadas en la enu- 
meración á que me refiero al principio, pero es seg-uro que 
el Sr. Affonso Chaves ha de descubrir aún mayor número de 
ellas por lo que dejo para más adelante hacer el resumen de 
la fauna ortopterológ-ica del archipiélag-o de las Azores y paso 
á la descripción de las nuevas formas. 

Holocompsa Chavesi sj)- ')iov. 

(f. Fusca, snpra griseo-TíUosa. Vértex fascia transversa aiiran- 
tiacea. Pronotum margimhus angiiste ferrugineis. Elytra alaque 
aMomen longitudine superantes. Elytra om niño fusca imrs hasali 
griseo-pilosa , pone medhim macula suMransversa i^ostice sinnata 
ferrnginea. AleBinfumatíB, margine antico, medio, stigma alhido- 
mtioso instructíB. Tibia ferriigineff. Abdomen fuscum, disco palli- 
do. Lamina subgenitalis ampia, ápice membranácea, emarginata. 

Q. Fusco ferruginea, supra griseo-villosa, capíit ferrugineo 
testacenm, frons fusca. Pronotum postice macula ferruginea. 
Elytra abbreriata, fascia transrersa formantia, médium meta- 
noti haiid attingentia, postice trnncata , subarcuatim simiata. 



DE HISTORIA. NATURAL. T3 

Pedes testa ceo-ferrngineis. A M ornen mirmtissime et con/ertim 
impresso lynnctatnm, linea media ferruginea, ghibra. Lamina 
siqwaanaUs magna, transversa, postice Jale Toiimdala; lamina 
sul)genitalis ápice compressiíiscnla. 

Long. corjioris cT 5"'" 9 S""" 
pronoii 1,2 1,5 
elytrormn 4,5 1 

San Mig-uel. 

»La especie es afine á la //. Simonyi Krauss., de las Islas 
Canarias de la que solo el cT es conocido, por lo que la compa- 
ración debe limitarse á este sexo. Todo el pronoto está marg-i- 
nado de color rojizo mientras que en aquella especie sólo se 
extiende este color por la marg-en anterior, el escudete es de 
ig-ual coloración que el pronoto y los élitros, y no neg-ro como 
en la H. Simonyi Krauss., los élitros carecen del tono violáceo 
tan frecuente en las especies de este g-énero; y las alas final- 
mente tienen una mancha á modo de estig-ma formada por una 
red de pequeñas venas de color blanco de marfil. La Q que 
atribuyo á esta especie es notabilísima por la forma de los éli- 
tros, es la primera de las especies conocidas que los teng-a 
cortos y truncados posteriormente. Dedico la especie al señor 
D. Francisco Alfonso Chaves su descubridor. 

Bacillus gallicus, var. occidentalis. 

9. Flava vel fusca. Ante unce hrevissinice , mesonoto tertia parte 
breviores, 12 articúlate, articulis 1, 3 et articulo apicali longio- 
ríbns quam latioribns, articulis reliquis transversis. Pronotum, 
angulis anticis rotundatis, laterihus late sinuatis, disco inaquali, 
granoso vel suMuherculato , antice medio canalicuJato, margini- 
I)us antico etptostico medio subtuherculatis, impressione transver- 
sa fere medio sita. Mesothorace cum metathorace valde granoso 
siil)tul)erculati, supra medio carinulati, carinula abdomen, seg- 
7nentis primo atque pemtltimo exceptis per curr ente. Mesonoti mar- 
gine antico medio suhtuder enlato. Femora antica mutica; femora 
intermedia et postica ápice suMus utrinque 1 dentata , illa meso- 
noto longitudine (equalia, ista dimidium segmenti 5» attingentia. 
Segmenta abdominis dorsalia 7, 8, 9, 10 simul sumpta mesonoto 
longitudine jmrum breviora. Segmentis iiltimis dorsalihus, longi- 
tudinaliter suhcostatis, segmento penúltimo supra medio longitii- 
dinaliter sulcato; segmentum ultimum, segmento 9'' parmn sed 



74 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

distincte longius, suJjcomjrresso-cariaatum postice rix eniargina- 
timi, lolis svMljUque truncatis, snMus rotandatís, xahuJa siipra- 
anali, onedio coínjrresso carinata iii emarffí natura exerta. Cerci 
segmento dorsaJi 9" fere dimídio hretiori, conici vel triangulares^ 
suMus longitudinaliter miicarinati intusiirope hasim suMnguJati, 
Segmenttion ventrale abdominis 7"'» nec umMIicatum nec i^^agia- 
tum. Operciü%m genitale tectiforme lanceolatum apicem segmenii 
dorsalis 9* parum superans. 
Long. corporis 9 70""" 

— antean. 4 

— mesonotí 13,5 

— fe ni. ant. 20 

— — ínter. 12 

— — piost. 16 

Las medidas están tomadas sobre ejemplares conservados 
en alcohol. 

El estudio hecho por nuestro sabio consocio el R. P. Pantel 
sobre los BaciUus de Europa, publicado en estos mismos Ana- 
les, tomo XIX, páginas 371 y sig'uientes, es tan perfecto y re- 
sume por tan completa manera cuanto se ha dicho y obser- 
vado acerca de la zoog'rafía de estos animales, que con su es- 
tudio se está al corriente de todas las cuestiones que entraña 
tan difícil materia, y en posibilidad de publicar los nuevos 
datos que se obteng-an sin temor de contribuir á complicar 
más esta cuestión. 

Esta consideración me ha decidido á hacer la descripción de 
este BaciUus, que de no existir el estudio del P. Pantel me hu- 
biera limitado á presentar como especie dudosa. Con el mismo 
deseo ya expresado de asimilar estos nuevos materiales al tra- 
bajo en cuestión , he adoptado la misma plantilla descriptiva 
que emplea el R. P. Pantel para la descripción de las especies 
que estudia; con lo que, no solamente he seg-uido un modelo 
perfecto, sino que resaltan mejor las diferencias que con las 
especies afines presenta esta variedad. 

Incluyo la forma que describo en la especie B. gallicus Charp. 
mejor que en el B. algericus Finot, porque debo confesar que 
también á mí me asalta la duda de si esta última forma no 
será más que otra variedad de la misma especie europea á que 
me refiero. 

Resulta de la descripción que antecede, comparada con la 



DE HISTORIA NATURAL. 75 

de la Q del B. gaUlcns 1. c, pág". 393, que la nueva forma di- 
fiere por tener las antenas aún más cortas, puesto que apenas 
alcanzan á la tercera parte de la longitud del mesonoto, y me- 
nor el número de sus artejos, no teniendo ning-ún artejo medio 
más larg-o que anclio, sino que todos los intermedios son deci- 
didamente transversos, si bien el sexto y el séptimo, y princi- 
palmente aquel, son alg-o más larg-os que los otros, pero sin 
lleg-ar siquiera á ser cuadrados ; por estos caracteres se apro- 
xima más la nueva forma al B. gaJlicus que al algericns; y si 
bien los caracteres tomados de las antenas no tienen una gran 
importancia en este g'énero, no deja de ser notable que la for- 
ma de las Azores se aproxime más á la europea que á la del 
Norte de África. El pronoto gTanuloso, como todo el cuerpo, 
tiene muy acusadas las sinuosidades de sus lados, muy mar- 
cado también el surco medio , que se extiende desde el borde 
anterior hasta la impresión media, la que está situada próxi- 
mamente á ig'ual distancia del borde anterior que del poste- 
rior, é indicadas las g-ranulaciones en el medio de ambos bor- 
des que representan los tubérculos que en el algericns alcan- 
zan mayor desarrollo. Los fémures son cortos; los intermedios 
y posteriores sólo tienen una e'spina en cada una de las quillas 
inferiores , cerca del ápice , y estas espinas son dentiformes y 
bastante robustas ; los fémures anteriores tienen casi ig'ual 
long-itud que el mesonoto, debiendo advertir que en las medi- 
das que hemos dado más arriba sólo hemos medido el fémur 
con su trocánter, pero no la-coxa; los fémures posteriores diri- 
gidos hacia atrás lleg'an á la mitad del seg'mento 5.° del abdo- 
men, esto es, son un poco más larg-os que en elgallicus y más 
cortos que en el algericus. Todos los seg-mentos del abdomen 
están aquillados, excepto el primero (segmento mediarlo) y el 
noveno; el primero de estos dos es- convexo y enteramente liso, 
y el noveno, en vez de quilla media, tiene un surco, ó si se 
quiere dos quillas aproximadas que dejan entre si un estrecho 
espacio. El seg-mento 7." ventral del abdomen no presenta ni 
fositas ni placas laterales lisas; no ofrece, en suma, carácter 
alg-uno dig-no de mención. 

Señala también el P. Pantel como distintivo muy constante 
entre el gaUicus y el algericns la intensidad de la g-ranulación 
de los teg-umentos, si bien hace la salvedad de que este carác- 
ter es en extremo variable. Con ig-ual salvedad haré constar 



•76 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

que la nueva especie se aproxima más por este carácter al 
ülgericus , porque sus teg"umentos son muy granulosos , perci- 
biéndose los granos hasta en los anillos inferiores del abdo- 
men y mereciendo verdaderamente el nombre de tubérculos 
en los segmentos dorsales de todo el cuerpo; este carácter ad- 
quiere más intensidad en los individuos de coloración obscura 
jDorque en ellos los tuberculitos se acusan más por el tinte 
pardo obscuro que toman. Finalmente los huevos corresponden 
con bastante exactitud á la forma dada á conocer por el P. Pan- 
tel para los del B. gallicus Charp. en estos mismos Anales. 

Viniendo ahora á la comparación de los ejemplares de las 
Azores con los que existen en mi colección, ya que las anterio- 
res observaciones están hechas sobre las descripciones del 
P. Pantel, resulta que el aspecto y forma general es, en efecto, 
la del B. gallicus, que yo mismo he recogido en Villa Rutis 
(Coruña), y que tengo también de Cestona y de Vergara (Gui- 
púzcoa), encontrados estos últimos por mis amigos Sres. Sauz 
de Diego y Larrinúa, y que las únicas diferencias apreciables 
radican en el número de artejos de las antenas, en lo acci- 
dentado de la superficie del pronoto , en la carencia completa 
de quilla en el segmento mediario, que en los españoles está 
indicada cerca del borde posterior, en la existencia de un 
surco sobre el segmento noveno del abdomen que reemplaza 
la quilla que existe en los demás segmentos, y en el desarro- 
llo de los tubérculos que cubren todo el cuerpo mucho más 
gruesos que en la Q del algericus. Debo advertir que en el 
ejemplar de Cestona puede apreciarse en el noveno segmento 
cierta tendencia á convertirse en surco la quilla media, y que 
además tengo otra hembra de Tánger regalada por el señor 
Olcese, que concuerda enteramente con los ejemplares de las 
Azores. Estas consideraciones me inclinan á considerar por 
ahora este insecto como una simple variedad del B. gallicus 
Charp. 

Sesión del 4 de Abril de 1894. 

PRESIDENCIA DE DON PRIMITIVO ARTIGAS. 

— El Sr. Secretario lee una tarjeta del Sr. Presidente excu- 
sando su asistencia por ocupaciones. 



DE HISTORIA NATURAL. 77 

— Se lee y aprueba el acta de la sesión anterior. 
— Queda admitido como socio agreg-ado el señor 

Torres Castellanos (D. Mig-uel), de Madrid, 

propuesto en la sesión anterior por el Sr. Ang'ulo y 
Tamayo. 

— Se hicieron tres nuevas propuestas de socios numerarios. 

— Estaban sobre la mesa las publicaciones recibidas, acor- 
dando la Sociedad se diesen las g'racias á los donantes de las 
reg-aladas. 

— El Sr. Presidente dio cuenta del fallecimiento del socio 
D. Manuel Janer y Ferrán, Bibliotecario de la Sociedad, acae- 
cido el 21 del pasado Marzo, añadiendo que como recuerdo que 
la Sociedad consag-ra á su primer bibliotecario, joven en quien 
la Historia natural patria tenía fundadas esperanzas por su 
laboriosidad, intelig-encia y modestia, leería un señor socio el 
artículo necrológ-ico que acerca del Sr. Janer había escrito. 

— El Sr. Fernández Navarro leyó la sig'uiente noticia necro- 
lóg-ica: 

JEl Dr. D. Manuel Janer y Ferrán. 

«Si sensible es la pérdida de aquellos hombres que con su 
talento han podido dar días de g-loria á la ciencia patria, no 
menos deplorable y tal vez más desconsoladora es la de los 
que, dotados de clara intelig-encia, laboriosidad infatig-able y 
amor al estudio, bajan al sepulcro sin dejar el consuelo de los 
frutos obtenidos con tan envidiables condiciones. A estos últi- 
mos pertenecía el Dr. Janer y Ferrán, que á los 25 años de 
edad, cuando podía afirmar que le pertenecía el porvenir y 
empezaba á ver satisfechas sus modestas aspiraciones, ha falle- 
cido, víctima de rápida enfermedad, el día 21 del pasado mes 
de Marzo. 

»Su vida, corta por desg-racia, puede condensarse en la pala- 
bra laboriosidad ; laboriosidad tan g-rande que le ha costado la 
vida. Hizo sus estudios de seg-unda enseñanza en el coleg'io de 
Relig-iosos Ag'ustinos del Escorial, donde, lo mismo que en la 
Universidad central al seg'uir más tarde la Facultad de cien- 
cias, fué modelo de alumnos, no sólo por su intelig'encia y 
aplicación de que dan testimonio las brillantes notas obtenidas 



78 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPA^•OLA 

en todas las asig-naturas, sino también por sus excelentes con- 
diciones como compañero, de que podemos hablar sus amigos, 
que éramos tantos cuantos tuvimos la suerte de conocerle. 

»Encontróse á los 22 años con el título de Doctor en Ciencias 
naturales y una historia académica inmejorable; pero lejos de 
envanecerse con ellas, fueron estas condiciones nuevos acica- 
tes que desarrollaron más y más en Janer la pasión del estu- 
dio, como lo demuestran las múltiples ocupaciones en que la 
muerte le ha sorprendido. Era actualmente Ayudante, por opo- 
sición, de zoología, en el Museo de Historia natural, donde lle- 
vaba muy adelantado el arreg'lo de las colecciones de animales 
inferiores que corrían á su carg'o ; desempeñaba también una 
ayudantía en la Escuela de Artes y Oficios y asistía á su clase 
sintiendo ya los síntomas de su última enfermedad; había sido 
nombrado recientemente Bibliotecario de la Sociedad Española 
■de Historia natural y como si con todos estos carg-os no tuviera 
bastante para llenar su tiempo, aún se ocupaba en explicar en 
diferentes coleg'ios, compartir la dirección de uno de ellos y 
dar numerosas clases particulares. 

»Y aunque parezca mentira después de la enumeración de 
tantos carg'os, todos ellos los desempeñaba cumplidamente y 
en todos correspondía á su buen nombre. La Sociedad Espa- 
ñola de Historia natural puede dar fe de ello con sólo mirar el 
estado en que hoy se encuentra su biblioteca. Formada ésta en 
su mayoría de las publicaciones periódicas recibidas á cambio 
de los Anales durante los veintidós años que lleva de existen- 
cia, y sin vocal bibliotecario en todo este tiempo, sólo la acti- 
vidad y paciencia de Janer podían en unos cuantos meses 
ordenar tantos y tan variados materiales. Ocupábase en la 
actualidad de ir reclamando los números que de las diferentes 
publicaciones faltaban, para una vez completas todas ellas 
publicar el catálog'o; y en esta tarea ha sido sorprendido por la 
enfermedad que le ha robado al cariño de su familia y amig'os. 

»Maestro, compañero ó discípulo Janer de casi todos los que 
me escucháis, no teng-o que encareceros el entusiasmo que 
sentía por las Ciencias naturales. Dotado de un carácter atrac- 
tivo como pocos, sabía comunicar á sus discípulos ese mismo 
entusiasmo, debiéndose á él el que muchos de ellos sean hoy 
nuestros consocios. Por esto he creído que interpretaría vues- 
tros deseos al leer esta nota, para que su inserción en los Ana- 



DE HISTORIA NATURAL. 79 

LES sea considerada como la expresión del sentimiento de 
nuestra Sociedad por la pérdida de su primer Bibliotecario^ 
que en los dos meses de ejercer su carg-o había log-rado pres- 
tarla ya un servicio de la mayor importancia, puesto que por 
él será posible consultar nuestra Biblioteca, más interesante 
por la índole de las publicaciones que la constituyen que por 
€l ya considerable número de volúmenes con que cuenta.» 

El Sr. Presidente propuso que la Sociedad, aceptando la 
bien escrita noticia biog'ráfica que acababa de leer el Sr. Fer- 
nández Navarro, la publicase en las Acias de la sesión pre- 
sente como testimonit) del sentimiento con que había sabido 
€sta triste nueva, y confiriese el carg-o de Bibliotecario al mis- 
mo Sr. Fernández Navarro que acaba de dar muestras de cono- 
cer perfectamente el estado en que el Sr. Janer llevaba el 
arreg-lo de la Biblioteca. La Sociedad aprobó en todas sus par- 
tes lo propuesto por el Sr. Presidente. 

— El Sr. Secretario leyó la sig-uiente noticia necrológ-ica que le 
había sido encomendada por la Sociedad en la sesión anterior: 

M profesor D. Laureano Calderón. 

«Este sabio cristalóg-rafo 3' químico, investig-ador tan hábil 
é intelig-ente — cualidad rarísima en nuestro país — como pro- 
fesor claro y brillante, acaba de morir, el día 4 del pasado 
Marzo, á las seis de su tarde, á los 46 años de edad. Hijo de 
un antig-uo y disting-uido periodista y hermano de nuestro 
consocio y bien conocido g'eólog-o D. Salvador Calderón, Cate- 
drático en la Universidad de Sevilla, y del publicista no menos 
notable D. Alfredo, nació en Madrid, en cuya Universidad 
cursó las Facultades de Farmacia y Ciencias físico-químicas, 
entrando muy joven, apenas concluida su carrera, de ayudante 
de Análisis químico, por oposición, en la primera de dichas 
Facultades, carg-o que desempeñó hasta que en 1874 fué nom- 
brado Catedrático numerario de Química org-ánica en la Fa- 
cultad de Farmacia de Santiag-o de Galicia, también en virtud 
de brillante oposición. Depuesto en 1876 por el Gobierno cuan- 
do la célebre cuestión universitaria., y libre, por tanto, de su 
oblig-ación oficial, se dirig-ió primero á París, donde se consa- 
g-ró al estudio de la química en el laboratorio del ilustre pro- 
fesor Berthelot, en el Coleg-io de Francia, y más tarde á Estras- 



80 



ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



burg-o, en cuyo laboratorio de Cristalografía, dirig-ido por en- 
tonces, así como la cátedra correspondiente, por el no menos 
ilustre profesor Groth, hizo su completa y rápida iniciación 
en esta ciencia, pasando muy pronto de alumno á ayudante 
de la cátedra y director de trabajos prácticos en dicho labora- 




DON LAUREANO CALDERÓN. 



torio, á propuesta del Catedrático ya mencionado. Vuelto á 
España, y reinteg-rado en sus derechos de Catedrático , adqui- 
rió el laboratorio químico particular que en la calle de Carre- 
tas poseían los Sres. iSáez, Utor y Soler, y se consagró con 
ardor é inteligencia á la resolución de los problemas indus- 
triales y analíticos que se le presentaban, sin descuidar por 



DE HISTORIA NATURAL. 81 

•eso las investig-aciones puramente científícas, hasta que le 
fueron dadas las cátedras de Química biológ-ica é Historia crí- 
tica de la Farmacia en esta Facultad de la Universidad Central, 
que ha venido desempeñando de un modo brillante hasta su 
muerte. 

»Dentro de la Química era Laureano Calderón el represen- 
tante más ilustre, si no el único, de la novísima dirección de 
-esta ciencia que se conoce con el nombre de la Físico-química, 
como demuestran sus numerosas investig-aciones termo-quí- 
micas, su notabilísimo discurso inaug'ural de la Universidad 
€entral en el curso de 1892-93, reproducido en la Revista de 
cwsos científicos, de París, yjuzg-ado por el profesor Ostwald, 
de la Universidad de Leipzig-, uno de los jefes de la Dirección 
^ntes indicada en QuínTíca. como una brillante y clara exposi- 
ción sucinta de los problemas que hoy comprende la Química 
.general moderna, y, por último, sus trabajos inéditos, uno ya 
terminado, acerca de las materias explosivas, y otro, que des- 
g'raciadamente ha quedado en frag^mentos, que hubiera cons- 
tituido un Tratado de Química g-eneral. 

»Como cristalógTafo . su nombre va unido al estauroscopio 
más delicado y exacto que hoy se conoce , que fig'ura en todos 
los microscopios polarizantes modernos, y ha sido añadido por 
Fuess, constructor en Berlín, á su microscopio mineralóg'ico- 
petrog-ráfico. Conocida de todos los que estudian minerales y 
rocas es la dificultad que ofrece el reconocimiento de la posi- 
ción exacta de las direcciones de vibración en los cristales y 
secciones cristalinas, y la inseg'uridad con que se lleva á cabo 
tal reconocimiento por el método de las extinciones ó los pro- 
cedimientos de Kobell ó Brezina. Laureano Calderón resolvió 
-este problema de un modo ing-enioso sustituyendo el objetivo 
del ortoscopio por una placa cortada en una macla artificial 
de calcita, cuyas dos mitades se iluminan con diversa intensi- 
dad desde el momento en que ning-uno de los ejes de elastici- 
dad del cristal ó sección cristalina que se estudia coincide con 
las direcciones de vibración de los nicoles. El procedimiento 
«s tan exacto, trabajando, claro es, en luz monocromática, que 
el error con que se lleg-a á conocer las direcciones de vibración 
de los cristales no pasa de seis á siete minutos. Muchos estu- 
dios cristalog-ráficos hizo L. Calderón sobre cristales de pro- 
ductos org-ánicos. entre ellos del azúcar de caña, cuyos índices 

ACTAS DE LA SOC. ESP. — XXIII. 6 



Íj2 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

de refracción, seg-iín los tres ejes de elasticidad y áng-ulos ver- 
daderos correspondientes de los ejes ópticos, determinó para 
las luces del litio, sodio v talio; pero el que tiene mayor interés 
mineralóg-ico, á la vez que español, es el de los índices de re- 
fracción de la blenda de Picos de Europa, que efectuó en Es- 
trasburg'o sobre 14 ó 16 bellísimos prismas tallados sobre ejem- 
plares que en parte le remití yo, del que resulta que dichas 
constantes ópticas varían en este mineral con la cantidad de 
pig'mento que exista en el prisma que se estudia. 

^Además de investig-ador hábil y concienzudo, era Laureano- 
Calderón profesor eminente, que exponía las cuestiones más 
difíciles y abstractas con tanta claridad y brillantez que nadie 
dejaba de entenderle por ajeno que fuese al asunto explicado, 
ni de recordarlas brillantes imág-enes He que se había servido 
para cautivar la fantasía de sus oyentes. 

>yUn trabajo tenía in mente destinado á esta Sociedad, que. 
no obstante hablarle yo de él cada vez que nos veíamos, ani- 
mándole á que le diese forma y terminara, apenas ha lleg-ado 
á pasar, desg-raciadamente, del estado de proyecto. Debía ser 
una exposición breve, sencilla, práctica y clara, como todo lo 
que él hacía, de los procedimientos de investig-ación cristalo- 
g-ráfica, tanto g-oniométrica como óptica. Entre sus notas y 
papeles deben existir unos dibujos de g-oniómetros y aparatos 
de polarización que destinaba á dicho trabajo. 

>^La muerte del profesor 1). Laureano Calderón ha sido una 
pérdida irreparable para la ciencia española por las condicio- 
nes que le adornaban . y mucho más lamentable en el atraso 
científico en que nos hallamos.» 

— El Sr. Secretario presentó y dio cuenta á la Sociedad de 
un trabajo titulado Insectos de Malloíca, hecho por el Sr. Mora- 
g-ues y de Manzanos, que por acuerdo de la Sociedad pasó á la 
Comisión de publicación. A continuación presentó á la Socie- 
dad las sis'uientes notas de D. 1. Bolívar: 



DE HISTORIA NATURAL. 83 

AD COGNITIONEIVI ORTHOPTERORUM EUROP/E ET CONFINIUM. 

111. — Especies nuei'as ó criticas. 

Aphlebia Janeri sp. nov. 

Nigro-jricea reí nigro^rufescens, nitida. Cajmt ínter ociilos linea 
transversa imllida ornatimi. Pronotum postice siibarcnatb-trwi- 
catum, antice lateridusque fla'üoalMdo limbatmn. Ehjtralateralia, 
aibreviata, loMformia. marginem posticum 7nesonoti parum supe- 
rantia, intns oljlique rotundata, pallida. Pedes paJlidi. Alelóme ¡i 
dorsfj fiiscrj-punctatum, segmentorum margine postica ohscure 
pallida, segmento sexto postice retrorsum declivi. postice em,argi- 
nato; aJ)domen svMns fusco, marginiljus itavo-macnlatis. Lamina 
supra-analis cf oljtuse triangularis, 9 angustissime transversa, 
rotundata. Cerci pone médium anmilo ptallido. Lamina siibgeni- 
lis o Ínter cercos odtuse producta, 9 magna, postice late^rotun- 
data, integra. 

Long. corporis ^ 9 6'^'",5-8'"'". 

Corresponde al g-rupo de las AA. sulaptera Ramb. y carpe- 
tana Bol. Los élitros son estrechos y un poco más larg-os que 
el mesonoto y el sexto seg-mento dorsal del abdomen del cT 
ofrece caracteres excepcionales que permiten disting-uir esta 
especie de sus congéneres y que quedan expresados en la 
diag-nosis. 

Habitat. Táng-er, Oléese! 

Me ha sido remitida de la localidad in- 
dicada por mi corresponsal y amig"o se- 
ñor Olcese, á quien soy deudor de nume- 
rosos materiales para el estudio de la fau- 
na de Marruecos , de los que ya he publi- 

1 T j. • » Aphlebia Janeri Bol. 

cado alg'unos en estos mismos Anales. , , , 

^ Abdomen muy aumentado. 

Dedico esta especie al malogrado natu- 
ralista D. Manuel Janer y Ferrán, ayudante que ha sido, por 
oposición , del Museo de Ciencias de Madrid y Bibliotecario de 
esta Sociedad, cuya pérdida lamentamos cuantos conocíamos 
su excelente carácter, su laboriosidad y el entusiasmo que sen- 
tía por las Ciencias naturales que con tanto provecho cultivaba. 




84 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



Aphlebia algerica Bol. 

Anales de la Soc. Esp. de Hist. nat.. t. x. 1881. 499. lan- 
tmn Q. 

o". A familia differt. aidomine retrorsmn angustattim. seg- 
mento 6° postice suWmuato, segmento 8." postke rotvndato, mo- 
d'ke producto. Lamina stipra-analis transversa, rotiindata: ¡amina 
suhgenitaJis elongata, ápice suJ)angv.lato-o'otimdata , inter cercos 
prodncta. 

Long. corporis ^' S"'"':pron. 2""^, 2: e/gtr. 1"^">. 

Haljitat. Arg-elia. Táng-er. 

He recibido los dos sexos en vin envío que me ha lieclio desde 
Táng-er el .Sr. ülcese, y he podido convencerme de que el c/ de 
esta especie es el que ahora descriho. rectificando en cuanto á 
éste se refiere la diag-nosis que publiqué en estos Anales en el 
lugrar citado. 



Loboptera maroccana >ip. ñor. 

Xigro-pircd. iill'ida . Tliorax Jatcr'iJiiix rnfolcHlací'D-nKirglndlns, 
'margine inmo augnsths'i me fnsro. Eh/trn lot/iformia . retrorsmn 
angvstata, maximaparte rufo testacea, mesonotumxixlongiora. 
Pedes concoJori rdfusco-ferruginei. Abdomen vnicolor, segmen- 
torvm margine postica minutissime atque svlñndistincte pJicata , 
ef pilosa. Segmento 0." arciiato producto, medio di.slijiclc sin nato, 
segmento 7." in medio transverse producto in totjum rotnndatum . 
Lamina snpra-anaTis tria ngnlariter prod neta . ajiice in Q distincte 
sin nata. Cerci (f recti . crassiusculi 9 distincte sinnato-injie.ri. 

Long. corporis ^ 10"^"^: pro not i 3"'"^: tat. ma.r. pron. 4'""'.o. 

_ _ Q 22'^"^* — "imni ,")• _ _ _ ó'""' '-^ 

Se disting'ue de la L. decipiens Germ. por su mayor tamaño 
y por la coloración. La faja rojiza lateral no se extiende poste- 
riormente más allá del metatórax: los élitros quedan incluidos 
en ella casi por completo y sobre el prottu-ax se estrecha, con- 
tinuándose á lo larg'O de todo el borde anterior. El al)domen es 
de color neg-ro-piceo uniforme y brillante, y los seg"mentos 2 á T) 
tienen el borde posterior recto con una franja de pelos dirig-i- 



DE HISTORIA NATURAL. 



85 





Lohoptera maroccana Bol. 

Abdomen del g^ y de la ^ muy 

aumentados. 



dos hacia atrás; estos pelos se implantan en fositas que hacen 
aparecer el borde como lig-eramente plegado. 

Los últimos anillos del abdomen presentan g-randes di- 
ferencias comparados con los 
correspondientes de la L. deci- 
p'u'iis Germ.; el 6." es más lar- 
g"0 que los anteriores y su bor- 
de posterior en vez de ser rec- 
to como en' aquellos y como lo 
es también en la especie cita- 
da, es sinuoso y está escotado 
en el centro ; el 7.° ofrece en 
el medio un lóbulo redondea- . 
do, más saliente que los án- 
o-ulos laterales del mismo seg-mento. En la L. decípiens Germ., 
este borde es recto . ó casi recto . y es menos saliente que los 
áng'ulos laterales. Por último, la placa supra-anal es triang:u- 
lar y en la 9 está lig-eramente escotada en el medio. Los cer- 
cos también presentan diferencias sexuales que ya quedan in- 
dicadas en la diag^nosis y que pueden apreciarse en la fig-ura 
adjunta. 

No conozco la L. Fortunata Krauss, de Canarias, que debe 
ser' muy afine á esta especie aunque de mayor tamaño. Su des- 
cripción es tan breve que no permite establecer la distinción. 

Procede esta especie de Marruecos y poseía de larg-o tiempo 
atrás los ejemplares de ella que recogí en las inmediaciones de 
Tetuán, pero la circunstancia de pertenecer los dos al mismo 
sexo me ha hecho demorar su descripción, esperando poder 
confirmar con mayor número de ejemplares las diferencias que 
presenta con la L. decipie/is Germ., como hoy puedo hacerlo 
g-racias al Sr. Olcese. de Táng-er, que me ha enviado reciente- 
mente numerosos ejemplares de uno y otro sexo. Probable- 
mente reemplaza esta especie en Marruecos á la Z. decí- 
piens Germ.; es posible se refieran á ella las citas de los autores. 



Loboptera minor sp. nov. 

A. L. maroccana di J'ert: sta tura multo minore; segmentorum 
ahdominis punctis piliger'is snMndistincÜs , segmentis nltimis 
posiice multo mdnus curvatis. 



86 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Long. corjjoris (f 9 6-7""". . 

HaMtat. Tánger (Olcese!). 

Difiere de la anterior principalmente por el tamaño, sin que 
existan ejemplares que establezcan el tránsito de aquella á 
ésta, á pesar de haber examinado g-ran número de ellos. La 
comparación detenida que he hecho de una y otra no me ha 
permitido encontrar otra diferencia que la menor acentuación 
de las curvas del borde j)osterior de los segmentos genitales, 
y el ser casi imperceptibles los puntos pilígeros que hay á lo 
largo de los sefí-mentos basilares del abdomen. 



Pyrgomorpha agarena sp. nov. 

Viridis vel griseofusca. Cajñte imne ocidos fascia alUda per 
mnrginem lateraJem 2)Tonoti conünuaia. Fronte suariier Msimia- 
ta, ocíilís ohlongis, ohllqne jmsitls, parum exserüs, fastigio ceque 
longo ac lato. Occi¿)ite carinato. jhitennis tjreTÍI)ns, marginem 
2)osticum ¡rronoti haud attingentitjus. angustis sed nsque ad ajñ- 
cem dejtressis. Pronoto sutco tgpico j^one 'inediuní sito, ])i'-i^(^t(ito- 
impresso, rugidato sed haud granoso, Johis tateralihns postice 
sinuatis, margine externa Jiexnosa, ángulo qiostico rotundato. Ely- 
tris apicem ahdominis Jiaiid reí parum supierantiMs, longitndi- 
naliter pluristrigatis. Atis al)hrexiatis. Sjmia apicali externa 
tihiarum posticarum iiulln cT 9- 

Long. corporis cr" IS""; antenn. 4™"'; ^jro;¿. 2""", 5; elytr. 6""":fem. 
2)ost. 7'""',5. 

Long. corporis Q 20"'"; antenn. ld""%~y, pron. 4""'v5; elgtr. 13'""; 
fem.pwst. 11""". 

Hahitat. Larache (Olcese). 

Como se ve por las dimensiones, esta especie se distingue 
ante todo de la Pyrgomorpha grylJoidcs Latr. por su menor 
tamaño; la brevedad de las antenas y de los élitros constitu- 
yen otras dos diferencias de fácil apreciación y, por último, 
hay otras particularidades de detalle que contribuyen á distin- 
guir ambas especies, como son la menor longitud del proceso 
en que termina la cabeza por delante de los ojos, formado por 
el vértex y las sienes que le rodean, y que en la nueva especie 
es próximamente tan largo como ancho, considerado en su 
totalidad, mientras que en la especie común es distintamente 



DE HISTORIA NATURAL. 87 

más larg'o que ancho; sus bordes son al principio paralelos, 
lo que no ocurre en aquella especie. Los élitros en el c/ lleg-an 
sólo á la mitad de los fémures posteriores, y en la Q alcanzan 
hasta cerca del ápice de los mismos, de modo que en aquel la 
extremidad del abdomen queda á descubierto: la estructura de 
estos órg-anos es también diferente, pues carecen, sobre todo 
en el (f, de las areolas rectang"ulares dispuestas en series 
entre las venas long-itudinales, y que aquí sólo se disting-uen 
en los élitros de la Q y hacia el ápice, estando todo el resto de 
la superficie cubierto de venas longitudinales muy aproxima- 
das unas á otras. 

Resulta de los caracteres expuestos que, siendo como es á 
primera vista muy afine esta especie á la P. gnjUoides Latr., 
difiere considerablemente de ella, y por tanto de todas las de- 
más especies conocidas. 

El g-énero Pyrgoinorpha se ha aumentado desde la publica- 
ción de mi monog-rafia (1) con dos especies descritas por el 
Dr. Karsch (2) (P. picturata Karsch , Kuako-Kimpoko y expli- 
cata Karsch, Nueva Guinea meridional oriental), otras dos 
que yo he publicado (3) (P. ¡inea-alba Bol., Caconday ^^^í/o/ct^ 
sisBcA., de Ang-ola), y finalmente, otra que acaba de dar á 
conocer M. A. Fiíiot (4) (P. deMlis Finot, Ain-Sefra, Arg-elia): 
•en cambio ha disminuido en una especie, la P. Ijreryktps Bol., 
de Ang'ola, que en vista de mejores ejemplares que el que me 
sirvió para su descripción , he creído deber llevarla al g-énero 
inmediato Oclifoplilehia Stal. 



Ctenodecticus Masferreri sp. ñor. 

Testaceus, snpra cinerens. ritta fusca JateraJi ornatns. Pro- 
notiotb ¡oMs deflexis fusco-punctatis, postice aIMdo marginaiis, 
mtta alMda supra striga fusca circumscripta . Ehjtra in d' haud 



(1) Monografía de los Pirgomorjlnos. Madrid , i88I. Tirada aparte de los Anales de 

LA SOC. EsP. DE HlST. NAT., tomO XIII, 1884. 

(2) Beitrage zu Ignacio Bolimr's Monografía de los Pirgomorfinos Madrid , 1881 , en 
Entomologisdie Xac7tric7iten, Jahrgang xiv. Berlin , 1888. 

(3) Ortópteros de África del Museo de Lisboa, f Jornal de Sciencias mathematicas, pJiy- 
sicas e natnraes. 2." serie. Lisboa , 1889.) 

(4) Bulletindes séances de la Société entomologique de France, 1891. 



S8 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

ohtecta. 9 VignJata. Jateralia, marginem postknm jjronofi luvml 
svperantia. Fe mora postica extus xltta nigra atque macula hasali 
nigra ornata. Tihim ])ostica subtus spinis terminaUhis dnaliis 
internis nuUis. Abdomen segmentonim margine ptostica subpJi- 
cata. Segmenium anale ^ triangidarüer prodnctum, subsuJcatum 
ápice simiatum, lobis obtusis. Cerci. segrnentum anale vi.r supe- 
ran/i. Lamina subgenitalis ápice obtusanguJariter excisa: styli 
minuiissimi. Ovipositor snbrectus. dimidio basali distincte infla- 
tus. Lamina subgenitaJis Q trigona . bifossidata , ápice anguste 
excisa. 

Long. corporis of 9"" 9 11""° 
pronoti 8 3,2 

fem.post. 7,5 8,5 

ovipositor. 7 

Habitat. Monserrat, Masferrer! 

Esta especie ha sido recog-ida por D. Mariano Masferrer. eii- 
tom('»lo<¿-o barcelonés que lia log-rado aumentar con numerosas 
especies la lista ya larg-a de los ortópteros es])añoles. 

Es de tamaño intermedio entre el Ct. puputus Bol. y el Boti- 
varii Targ". Toz. , y tiene más analog-ía por su colorido con la 
seg'unda que no con la primera de estas especies; pero la ca- 
rencia de espinas internas en la extremidad inferior de las ti- 
bias posteriores la aproxima á la primera. Los élitros están al 
descubierto en el macho, y en la hembra sólo se disting-uen en 
forma de pequeños lóbul.os á uno y otro lado del protórax. El 
seg-mento anal del macho se parece al del Ct. BoJivarii Targ\ 
Toz., sólo que sus lóbulos no se prolong-an formando dos espi- 
nas como en aquella especie. 



IV. — Xnexos datos para la fauna españota. 

Las sig-uientes especies recog-idas en Panticosa por D. Ma- 
nuel Martínez Escalera á fines de Julio del año pasado vienen 
á determinar el límite extremo del área g-eog-ráfica de alg-unas 
especies de la Península y á aumentar el número de las espa- 
ñolas con alg'una del Sur de Francia que aún no había sido- 
descubierta en nuestro suelo : 



DE HISTORIA NATURAL. f9 

Forfícula aiiricularia Z. Paiiticosa. 

Anechura bipunctata Fabr. Es la primera vez que se cita este 

g-énero de la Península. Ha sido recog-ido en Torta. 
Chelidur.a sinuata Grerm. Panticosa. 
Stenobotlirus nig-romaculatus //. ^cli. Bujaruelo. 

— stig-maticus Rh. Bujaruelo. 

— morio Fahr. Bujaruelo, Panticosa. 

— vag-ans FieJ). Panticosa. 

— parallelus Zett. Bujaruelo, Panticosa. 
Gompliocerus maculatus Thunh. Bujaruelo, 

— sibiricus L. Bujaruelo, Panticosa. 
Arcyptera fusca PaJI. Bujaruelo. 

Psophus stridulus L. Bujaruelo. Panticosa. 
CEdipoda coerulescens L. Bujaruelo, Panticosa. 
Caloptenus italicus L. Panticosa. 
Pezotettix pedestris L. Panticosa. 

— P3'reníeus Fi.sr//. Panticosa. 
Antaxius liispanicus Bol. Panticosa. 
Platycleis g-risea Fabr. Panticosa. 
Decticus verrucivorus L. Bujaruelo. 
Gryllomorphus Dalmatinus Oc.sk. 

— El Sr. Secretario leyó el acta sig-uiente : 

SECCIÓN DE SEVILLA. 



Sesión del 10 de Marzo de 189 4. 
PRESIDENCIA DE DON SALVADOR CALDERÓN. 

— Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 

— Se repartió el cuaderno .3." del tomo xxii de los Anales. 

— A propuesta del Sr. Medina se acordó consig-nar en acta el 
sentimiento con que la Sección liabía sabido el fallecimiento 
del Sr. D. Laureano Calderón y Arana, hermano de nuestro 
dig-nísimo Presidente, miembro de esta Sociedad y eminente 
químico, cuya muerte ha privado á la ciencia patria de uno 
de sus más sabios y ardientes cultivadores. 

— Se leyó la sig-uiente comunicación del Sr. Chaves: 



•90 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



Un traljajo reciente solre el origen de los fosfatos naturales. 

«Bajo el epíg-rafe Sur quelques 2)hosphates minéraux noirveamr 
mi tres orares et sur la gencse des i^liosphates naiurels, y suscrito 
2)or M. Armand Gautier. ha publicado el Boletín de la Socie- 
dad qnimica de París, con reciente fecha (5 Diciembre de 1893, 
3." serie, tomos ix y x, núm. 23. pág". 884), un trabajo tanto 
más interesante cuanto que á minerales de un orig-en tan obs- 
curo como los fosfatos se refiere. Después de recordar las di- 
versas teorías propuestas por los mineralog-istas en punto al 
orig-en de los fosfatos naturales, el autor comienza á exponer 
sus investig-aciones con la descripción de la g-ruta Minerve ó 
de la Coquille, al S. del Hérault, acompañando esta descrip- 
ción, y la de los fosfatos que en ella yacen, de análisis por él 
Ijracticados, entre los cuales merece mención el de la roca que 
se encuentra á 3 ó 4 m. bajo el suelo de dicha gruta. Esta 
roca, de tipo muy diferente al de las fosforitas ordinarias, está 
■esencialmente formada de fluofosfatos de cal y de alúmina, 
asociados á alg-o de arcilla. M. Gautier coteja los resultados 
-obtenidos en sus análisis con los de buenos análisis de fosfo- 
ritas ejecutados por ^\. Lasne, y de la comparación deduce 
que en los fosfatos de Minerve la mitad ó más del ácido fosfó- 
rico está unido á la alúmina , y que la cal es insuficiente para 
constituir fosfato tribásico ó bibásico. Trátase, pues, de un 
nueyo tipo de fosforita que. aunque de naturaleza semejante, 
no puede, sin embarg'o, identificarse con la cirrollta, la her- 
derita y la taristockita , especies raras que se encuentran en 
ciertos filones cuarzosos de terrenos antig-uos. Al lado de esta 
roca existe la brusMta cristalizada y el fosfato de alúmina 
(Ph 04)2 AI.2, 7 H2 O en un estado de pureza casi absoluta, no 
descrito hasta ahora, y para el cual i)ropone M. Gautier el 
nombre de rnínervita. Este fosfato se halla en polvo blanco, 
■constituido por g-ranos cristalinos pertenecientes, seg'ún nos 
parece desprenderse de las observaciones del autor, al sistema 
hexag'onal. Después describe la brushita encontrada en las 
hendiduras de ciertas g-alerías de Minerve, y cuyo descubri- 
miento en esta localidad ofrece bastante interés, puesto que 
hasta hoy se había citado solamente de los g-uanos rocosos de 
las islas Avas y Sombrero. 



• DE HISTORIA NATURAL. 91 

»Entra después el autor en la parte capital de su Memoria: 
en la explicación de la g-énesis de los fosfatos de cal naturales 
tal como se desprende de sus estudios, y de los de otros quí- 
micos y mineralog'istas que han tratado la cuestión del orig-en 
org-ánico de estos minerales. Establece tres categ-orías de fos- 
fatos. En la primera coloca los que reconocen como origen la 
oxidación del fósforo del núcleo central del g'lobo, y son el 
apatito, la triplita, la amblig-onita, etc., que se encuentran 
constituyendo g-ranos, inclusiones ó cristales en ciertas rocas 
eruptivas y volcánicas, y en el g-ranito, g-neis y peg-matita. La 
seg'unda categ-oría comprende variedades de orig-en hidroter- 
mal, resultantes de la acción de las aguas carg-adas de sílice 
y de ácido carbónico sobre los fosfatos de procedencia íg-nea 
de la anterior categ-oría. Finalmente, ag-rupa los apatitos de 
los filones de los terrenos cristalinos, concomitantes con el 
cuarzo, ñuorina y casiterita, con los apatitos compactos de los 
terrenos sedimentarios más antig-uos, con \^ iravelita , la ^s- 
c/writa, la turquesa oriental de las brechas del pórfido, y con 
los fosfatos más recientes depositados en formas concreciona- 
das por las ag'uas termales en las fallas del jurásico, del cre- 
tácico y del terciario, seg-ún Daubrée. En la tercera categ-oría 
coloca M. Gautier las fosforitas, que contienen con frecuencia 
€omo impurezas caliza, sulfato de cal y materia org-ánica ni- 
trogenada, y en las cuales se pueden distinguir á simple vista, 
ó con ayuda del microscopio, restos de seres organizados. Ad- 
mite para estas fosforitas la teoría org-ánica, y considera vanos 
los esfuerzos de aquellos geólogos que buscan su origen en la 
disolución y depósito ulterior por las aguas silíceo-carbónicas 
de los fosfatos de origen íg-neo ó hidro-mineral diseminados 
en los antiguos terrenos, fosfatos que serían depositados en 
seguida y á medida que se desprendía el ácido carbónico con- 
tenido en el vehículo disolvente, alrededor de los restos ani- 
males y vegetales. «Admitir, dice, como M. Lasne, que los fos- 
fatos concrecionados ó arenosos provienen de la disolución de 
los apatitos de los terrenos antiguos, porque, como ellos, con- 
tienen 7 á 8,5 por 100 de fluoruro de calcio, es desconocer la 
afinidad especial de este fluoruro por el fosfato tribásico de 
cal, afinidad tal, que la parte mineral de los huesos de los 
animales, aun en el estado de vida, responde á la composición 
Phg 0.2,, Cag (C03, FI2, CI2), que es la misma del apatito, en la 



92 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

cual una parte del flúor lia sido reemplazada,, seg'ún las leyes or- 
dinarias de la equivalencia, por CU y CO3, bivalentes como Fl.,.>; 

»E1 autor atribu^-e la g-énesis de estos fosfatos á la fermen- 
tación bacteriana de restos animales depositados en las ribe- 
ras, los pantanos y las costas de los mares g-eológ-icos. En esta 
descomposición se orig-ina amoniaco, amidas complejas que 
se destruyen con producción del mismo y de ácido láctico, 
hidróg-eno sulfurado, hidróg-eno y nitróg-eno libres, materias 
fosforadas fijas y volátiles y otras substancias. Disting-ue en 
este proceso destructivo dos fases: la primera, ó de reducción, 
seg'uida de otra de oxidación, en la que, merced al aire y los 
fermentos aerobios, se transforma el nitróg-eno en ácido nítri- 
co; el azufre y los sulfuros en ácido sulfúrico; y el fósforo, que 
se halla al estado de combinación org-ánica, en ácido fosfórico. 
Así, pues, los productos finales de la destrucción de las mate- 
rias org-anizadas son nitratos, sulfatos y fosfatos. Las fuentes 
de donde estos últimos derivan son tres, de las cuales consti- 
tuyen la primera los fosfatos preexistentes en el esqueleto y 
los ya preformados en todas las células animales ó vegetales 
inalterables por la fermentación. La seg'unda fuente la consti- 
tuyen fosfatos que proceden de la descomposición del prota- 
g'ón, lecitina, nucleína y otras combinaciones que contienen 
el fósforo al estado de ácido fosfogdicérico, y que los microbios 
alteran con producción de fosfato amónico. Finalmente, cons- 
tituyen un manantial de ácido fosfórico los fosfatos que derivan 
del fósforo org-ánico propiamente dicho, tales como se les en- 
cuentra formados en principios poco conocidos, como la plas- 
tina, jecorina, substancias extractivas pécticas, principios fos- 
forados pútridos, etc. Estos productos se oxidan en la seg'unda 
fase del fenómeno para dar acido fosfórico nnevo. La oxidación 
del fósforo org-ánico se debe, seg-ún el autor, al fermento nitri- 
ficante, y lo demuestra con experiencias cuantitativas hechas 
sobre compuestos fosforados de procedencia org-ánica. 

»Así producido el ácido fosíórico, actúa sobre el amoniaco 
resultante de la descomposición lenta de las combinaciones 
amidadas, con producción de fosfato biamoniacal, que arras- 
trado por las ag-uas subterráneas reacciona sobre la caliza que 
encuentra á su paso, formándose fosfato bi ó tricálcico: 

(Ph O4 (NHi).¿ H -h CO3 Ca = PhO^ CaH -f CO3 (NH,.).¿ 



DE HISTORIA NATURAL. 93 

»E1 carbonato amónico se oxida mediante el fermento nítrico 
Y actúa sobre el carbonato calcico en exceso, formando nitrato 
de cal. El ataque del carbonato calcico por las ag-uas amonia- 
cales fosfáticas se manifiesta claramente en las g-alerías de 
Minerve. 

»M. Gautier aplica la misma teoria á la g-énesis de los fosfa- 
tos de alúmina, hierro, cobre, etc., y lia verificado experimen- 
talmente la síntesis del primero por la acción de los fosfatos 
amoniacales de orig-en animal sobre la arcilla. 

>>Por último, termina el autor su trabajo con una nota sobre 
las nitrificaciones que acompañan á la fosfatización. La acción 
del fermento nítrico sobre el fosfato calcico y el carbonato 
amónico determina la formación de nitrato de cal, que es 
arrastrado por las ag-uas g-racias á su solubilidad. 

»Como nos lo muestra el excelente y concienzudo trabajo 
del Sr. Calderón, Los fosfatos de cal naturales (1), la teoría or- 
g'ánica ha sido, entre las ideadas para explicar la g-énesis de 
los fosfatos naturales, la que menos pruebas experimentales 
ha presentado en su apoyo. Y aquí radica la importancia del 
estudio de M. Gautier; el cual, sin condenar las teorías del 
antig'uo orig-en y del liidrotermalismo, que admite para sus 
dos primeras categ-orías de fosfatos, aduce hechos de impor- 
tancia en pro del orig-en org-ánico de los minerales de una ter- 
cera categ-oría. La novedad de su trabajo estriba capitalmente 
en el e.studio químico del proceso g-enético de aquellos fosfatos 
en cuya formación parece muy probable la intccvención de 
las substancias org-ánicas, no obstante de que sus observacio- 
nes y experiencias sean en último término comprobaciones no 
más de la opinión ya admitida tratándose de alg-unos minera- 
les de un arig-en lig-ado íntimamente con los procesos biológ-i- 
cos ó con la destrucción de los seres organizados. El estudio 
de las circunstancias en las que se realiza la formación de los 
minerales que revelan deber su g-énesis á semejantes proce- 
sos abre siempre nuevos horizontes á la investig-ación cientí- 
fica en todas aquellas cuestiones que á la evolución mineral 
se refieren.» 

— El Sr. Calderón dio lectura á la nota sig-uiente: 



(1) Véanse los Anales de esta Sociedad, tomo xix, IbOO. 



91 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



Tratado de PaleontoJogia por el profesor Zittel. 

«El último tomo hace tiempo deseado de esta obra, que for- 
mará seg'uramente época en los fastos de la ciencia, acaba de 
publicarse. Y tratándose de trabajo tan transcendental, lie 
creído un deber consag-rarle alg-nnas líneas, encaminadas á 
difundir su conocimiento entre los que en España y en la 
América española se interesan por este orden de estudios, y 
en g-eneral por las ciencias naturales. 

»8e carecía en todas partes de un doctrinal de Paleontolog'ía 
que sig'uiera en esta ciencia los prog-resos de sus hermanas la 
Zoülog'ía y la Botánica, hasta el punto de que por primera vez 
se atiende en la que me ocupa á la estructura histológica de 
los fósiles; que sig-uiera los rumbos que la doctrina transfor- 
mista ha impreso á la Anatomía comparada, dando importan- 
cia capital á los hizos de parentesco de los distintos g'rupos, y 
que entresacara la substancia de infinidad de monog'rafías 
publicadas en Memorias y Revistas de distintos países, y la 
presentara bajo un plan sistemático y razonado. Los manuales 
de Nicholson y Briart, por su carácter excesivamente elemen- 
tal, no podían tampoco suplir la indicada deficiencia, y mu- 
cho menos otros alemanes é ingleses traducidos al francés con 
el propósito de servir para la enseñanza sui)erior de la Paleon- 
tolog'ía (1). 

^^La empresa de escriljir semejante obra pedía un hombre 
dotado de erudición y perseverancia asombrosas, y que re- 
uniera por ig-ual conocimientos g'eológ-ícos, zoológicos, anató- 
micos y paleontológ'icos , necesarios para poder armonizar los 
datos de la fauna actual con la de las épocas anteriores. El 
profesor Zittel asume felizmente todas las difíciles y múltiples 
condiciones que exig-e la realización de empresa tan colosal 
en el estado presente de las ciencias naturales. 



(1) Esta laguna se proponen llenar, aunque en escala mucho más modesta que la 
obra de Zittel , los Éléments de Paléontologie de M. Félix Bernard , en via de publica- 
ción , y que formará un volumen de unas 90J páginas. Lo publicado hace esperar un 
libro bien meditado y discretamente escrito para uso de los estudiantes de enseñanza 
superior; mas en manera alguna puede reemplazar á la obra de que trato, igualmente 
necesaria á maestros y discípulos. 



DE HiSTOIlIA NATURAL. 9& 

»E1 sentido en que se inspira la obra de Zittel es el de con- 
siderar los fósiles como seres naturales, antecesores ó estadios 
de los actuales, y hacer, por consig'uiente, la zoología y la bo- 
tánica de ellos; no el describir formas y dar nombres á restos, 
aun desconociendo su org-anización , como lian hecho muchos 
paleontólog-os, y el g"rupo de los esponjiarios, entre otros, pro- 
porciona sing'ular testimonio de ello. No se propone, por con— 
sig-uiente, el autor describir especies, pero sí dar en cada g-rupo 
todos los precedentes morfológ-icos para poder servirse con 
conocimientos suficientes de las obras modernas descriptivas; 
y esto es tan importante, que por la carencia de un tratado de 
esta índole los g-eólog'os se limitaban g^eneralmente á clasificar 
los moluscos y equinodermos que recog-ían en sus correrías, 
faltos de preliminares en los restantes g-rupos que les permi- 
tiesen saber apreciar los caracteres de las especies. 

»Profesa el profesor Zittel las doctrinas de los naturalistas^ 
modernos, pero declarando que se mantiene en el terreno de 
la imparcialidad más estricta, en los casos en que la Paleonto- 
log"ía no da pruebas favorables á la teoría de la evolución. 

»La obra se divide en dos partes independientes: Paleozoolo- 
g'ía y Paleobotánica; la primera redactada exclusivamente por 
el profesor Zittel, y la seg-unda comenzada por el famoso 
Schimper y terminada por Schenk, de Leipzig". Ambas se su- 
jetan al mismo plan, seg-ún el cual se exponen sucesivamente 
en todos los g-rupos los caracteres y la clasificación, bibliog-ra- 
fía de obras g-enerales y trabajos especiales sobre las formas- 
fósiles y estudio particular de los sub-g-rupos y g"éneros , ter- 
minando con la distribución g-eológ-ica y filog-énica. Ya he di- 
cho que no se describen las especies, pero sí se da la diag-no- 
sis de los géneros, fijándose particularmente en los que sólo, 
comprenden formas exting-uidas. 

»Hechas estas consideraciones g-enerales, V03' á intentar dar 
una idea del contenido de la obra, hasta donde esto es posible^ 
tratándose de un trabajo ya conciso de suyo y que se presta,, 
por consig'uiente, muy poco á ser extractado. 

»E1 tomo I de la Paleozoolog'ía comienza con un capítulo en 
que se examinan varias cuestiones preliminares: el concepto 
de la Paleontología y del fósil ; las relaciones de esta ciencia 
con la Morfología en g-eneral y con la Botánica, la Zoología^ 
la Anatomía y la Embriología (ontog-enia) en particular; y, en 



96 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

fin. la importancia y objeto especial de la ciencia paleontoló- 
¿5'ica. Los dos capítulos sig-uientes se ocupan de los yacimien- 
tos y sucesión de los fósiles en las formaciones g-eológ-icas, 
terminando con una revista histórica de esta ciencia, sobria 
de detalles, á pesar de lo cual hemos echado de menos la men- 
ción justísima que merecían nuestros PP. Torrubia y Feijóo, 
como precursores insig-nes de la Paleontolog-ía actual. El capí- 
tulo IV se consag-ra á la clasificación, tratándose con este mo- 
tivo de las cuestiones transcendentales de la especie , perfec- 
ción y desarrollo. 

»Después de estos preliminares comienza el estudio de la Pa- 
leozoolog-ia, que inicia exponiendo la clasificación del reino 
animal, dividido en siete grupos, con arreglo á la del profesor 
Claus. 

»E1 resto del tomo i está dedicado á los protozoos, los celen- 
téreos (comprendiendo en ellos los esponjiarios), los equino- 
dermos, los g'usanos y los briozóos, tunicados y braquiópodos. 
Es por extremo notable y nueva la ami)lia parte dedicada al 
estudio de los foraminíferos (68 pág-inas en la traducción fran- 
cesa), en la que condensa los Ijellus trabajos de Brady, D'Or- 
big'uy, Reuss, Terquem y otros sal)ios, así como la referente á 
los radiolarios (14 páginas), en cuyo g-rupo era ya conocido 
como profundo especialista el profesor Zittel, por su monogra- 
fía sobre los de la creta superior. Otro tanto puede decirse de 
la difícil clase de los esponjiarios. en la que se fija en la micro- 
estructura como único medio de determinar científicamente 
los g-rupos á que pertenecen. Asimismo en la clase de los co- 
raliarios ó antozóos (106 pág-inas). tan atrasada en la mayor 
parte de las obras clásicas, se nota la inñuencia de los moder- 
nos trabajos de Zoolog'ía marina. 

»Sig"ue el g-rupo de los equinodermos (25Ó pág-inas) . parti- 
cularmente notable desde el punto de vista estratig-ráfico, por 
el g-ran número de formas características que comprende, aun- 
que menos desde el filog-énico por mostrar ya todas sus clases, 
excepto los holotúridos, completamente diferenciados desde el 
silúrico. El tipo de los g-usanos, tan importante tratándose de 
la zoolog-ía viva, proporciona muy escasos datos paleontológ-i- 
cos, por el cuerpo blando y sin esqueleto que poseen estos ani- 
males. Solamente los provistos de secreciones exteriores cali- 
zas (Serpulas. Spiror'bís)-y los dotados de placas mandibulares 



DE HISTORIA NATURAL. 97 

fuertes han dejado impresiones ó piezas sueltas, muclias veces 
dudosas, en los antig-uos depósitos. 

»En el tipo de los moluscos comprende la clasificación adop- 
tada los briozóos, los tunicados y los braquiópodos, no sin pro- 
testar el autor de lo provisional de semejante aproximación. 
La parte referente álos briozóos (57 páginas) se halla expuesta 
seg-ún los adelantos de la Zoolog-ía moderna, y ofrece, por con- 
sig^uiente, mucha novedad, así como la consag-rada á los bra- 
quiópodos, en los cuales la estructura de la concha, con los 
medios amplificantes, ha proporcionado preciosos é inespera- 
dos datos á los modernos investig-adores. Es además por extre- 
mo interesante el cuadro de la distribución g-eológ-ica de estos 
animales con que termina el tomo i, al cual ilustran 560 figuras. 

»E1 tomo II (de 870 páginas, con 1.109 grabados en el texto) 
está consagrado á los moluscos verdaderos y á los artrópodos. 
Recopilar en un cuerpo de doctrina lo esencial y más aprove- 
chable de tanto como se ha escrito sobre los moluscos vivos y 
fósiles, representa una tarea colosal, aun para un sabio de la 
competencia excepcional de Zittel: así es que mediaron siete 
años entre la aparición de este tomo y el anterior. El autor 
hace notar la predilección de los geólogos por la Conquiliolo- 
gía y los errores á que este predominio expone. Es particular- 
mente notable el estudio de la concha de los cefalópodos, como 
todo lo referente al difícil é importante g-rupo de los AmtJiomíes. 

»De los artrópodos se conocen representantes fósiles de todas 
las clases, desde la era paleozoica, aunque las condiciones de 
conservación fueron desfavorables casi siempre para las for- 
mas aéreas. En cambio los crustáceos, que por efecto de su 
vida acuática han podido legar numerosos y poco destruidos 
restos, ofrecen mucho mayor interés paleontológico que las 
restantes clases de los artrópodos. Entre estos últimos figuran 
en primer término los admirables insectos y arácnidos del 
ámbar de Samland con algunas otras procedencias, limitadas 
hasta ahora á Europa y la América del Norte , y que , sin em- 
bargo de su escasez, proporcionan al autor base para trans- 
cendentales consideraciones sobre la distribución geológica y. 
filogenética de estos seres. 

»E1 tomo III se ocupa de los vertebrados, con excepción de 
los mamíferos. La antigua clase de los peces motiva un estu- 
dio magistral de la piel y formaciones duras capaces en ellos 

ACTAS DE LA SOC. ESP.— XXIII. 7 



98 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

de fosilización, y otro del esqueleto interno. Sig-ue la clasifica- 
ción y parte descriptiva, que ocupa 330 páginas. La clase de 
los anfibios ha adquirido también una importancia imprevista 
con los modernos descubrimientos. En punto á la de los repti- 
les, la larg-a serie de trabajos fundamentales emprendida por 
R. Owen en 1839 había dado á conocer ya la mayor diversi- 
dad de formas fósiles que vivas en esta clase, y además el es- 
tudio morfológico concienzudo de esos org-anismos exting-ui- 
dos ha ampliado el estrecho cuadro á que los zoólog-os clásicos 
la tenían reducida, dándola la extensión que muestran las cla- 
sificaciones de Huxley, Cope, Marsh, Bauer y L^^lekker. El 
autor se fija lueg'o especialmente en las consideraciones que 
motiva el conocimiento bastante amplio que hoy se posee de 
cada uno de los órdenes y familias de la clase, y muy parti- 
cularmente en punto á los notabilísimos g-rupos exclusiva- 
mente fósiles (Ichtliijosav.ms , PJesiosaurns , Pterosaurus y mu- 
chos otros), de los que el famoso Museo que dirig-e posee 
tan únicas riquezas. Por último, la clase de las aves, pobre en 
restos fósiles, aunque entre ellos se encuentran formas por 
extremo sing'ulares, como las mesozoicas provistas de dientes, 
cierra el tomo iii, que consta de 890 pág-inas, con 719 fig-uras 
en el texto. 

»E1 tomo IV, recién publicado, y cuya traducción francesa 
aparecerá en breve , se consag-ra á los mamíferos^ y dicho se 
está, con sólo enunciar su asunto, el cúmulo de dificultades 
que ha tenido que vencer el autor para coordinar un material 
tan rico, pero tan heterog'éneo y elaborado con tan diversos 
criterios como lo es el de los animales fósiles comprendidos en 
esta clase. Dando preferencia á los modernos trabajos de Flo- 
wer y Lydekker, la divide en dos subclases : aplacentados y 
placéntados, comprendiendo la primera tres órdenes, mono- 
tremas, alotéridos (multituberculados) y marsupiales; y la se- 
g-unda los diez órdenes sig-uientes: desdentados, cetáceos, si- 
renios, ung'ulados, tilodontos, roedores, insectívoros, quiróp- 
teros, carnívoros y primates. 

»Poco se conoce respecto á monotremas fósiles (el EcMdna 
Oweni Krefft) , ni del g-rupo exting-uido de los alotéridos , aun- 
que se halla representado desde el triásico hasta el terciario 
inferior; pero de los marsupiales, que en la actualidad están 
reducidos á escasas especies en América y Australia, la Pa- 



DE HISTORIA NATURAL. 99 

leontolog'ía da á conocer una rica variedad de formas, no sólo 
procedentes de las mismas regiones que habitan los actuales, 
sino de otras muchas y apartadas del gdobo. Desde que el g-ran 
Cuvier demostró, con g-eneral admiración de los naturalistas, 
la existencia de marsupiales en Montmartre, los descubrimien- 
tos se han multiplicado, sobre todo modernamente, propor- 
cionando el conocimiento de su org'anización peregTina, tan 
maestramente presentado en la obra de Zittel. 

»Los desdentados fósiles, como los marsupiales, ofrecen una 
serie continuada de maravillas anatómicas y biológicas re- 
veladas principalmente por las exploraciones de la América 
meridional , desde el hallazg-o de nuestro famoso meg'aterio 
hasta los últimos descubrimientos de Burmeister, Ameg-hino 
y Moreno. 

»En otro respecto es interesantísimo todo lo referente á los 
mamíferos marinos, tanto del orden de los cetáceos, cuyos 
restos, abundantes y difíciles de determinar, se hallan desde 
el eocénico, y corresponden á un número crecido de formas 
fósiles cuya sinonimia y afinidades han ofrecido las más veces 
g-ran confusión, como de los sirenios, en los cuales superan 
notablemente los exting'uidos á los vivos. 

»E1 orden de los ungulados es de una importancia paleon- 
tológ-ica extraordinaria; así es que su exposición ocupa cerca 
de la mitad del tomo iv. Para hacerse carg-o de los límites 
que el autor le asig-na conviene indicar que le divide en los 
ocho subórdenes sig'uientes: condilartros (de una de cuyas 
familias es tipo el famoso Phenacodus de Cope), perisodáctilos, 
artidáctilos , ambliópodos, proboscídeos, toxodóntidos, tipoté- 
ridos é hiracoideos. Los dos primeros ofrecen su primera re- 
presentación en el hemisferio Norte ; los toxodontos y tipote- 
rios son exclusivamente sud-americanos y los hiracoideos afri- 
canos y asiáticos. No es posible , dentro de los límites de una 
lig-era reseña, entrar en el sin número de cuestiones impor- 
tantísimas que viene suscitando desde Cuvier el estudio del 
orden de los ung-ulados; bastará recordar que entre sus formas 
fósiles ñg"uran los notables condilartros, antecesores de mu- 
chos ung-ulados actuales; el complicado suborden de los peri- 
sodáctilos con sus siete familias , entre las que se cuentan los 
tapires, los équidos, los rinocerontes y varias formas exting-ui- 
das cuya filiación discute el autor; los cariosos tapíridos y ri- 



100 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

noceróntidos de espaciosa y rica distribución , desde el eoceno 
(entre ellos el sorprendente Dinoceras mir ahile Marsh); los pro- 
boscidios que se inician con el Dinotheriiim y sig-uen con los 
mastodontes y elefantes , cuyos seres ofrecen tanta importan- 
cia en Geología y los últimos en Prehistoria, y, en fin, los sin- 
gulares toxodóntidos y tipotéridos americanos. 

»E1 orden de los roedores es abundante en formas fósiles, en 
las cuales se descubren interesantes transiciones entre sí y 
con otros grupos de mamíferos. En el de los insectívoros, más 
rico en representantes extinguidos que vivos, encuentra el 
autor el punto de partida de los placentados y el antecesor 
directo de los quirópteros, que Huxley había considerado 
como una rama especial de los insectívoros. 

»Sigue al de los quirópteros el estudio del imiDortantísimo 
orden bajo el respecto paleontológico de los carniceros, que 
divide en tres subórdenes : creodontos , fisípedos y pinnipedos. 
Componen el primero, que subdivide en muchas familias, un 
gran número de formas extinguidas, las cuales acaban por 
establecer la transición al segundo , ó sea el de los carnívoros 
propiamente dichos de los clásicos. En la familia de las cánidas 
todo es notable, incluso la cuestión insoluble del origen de las 
razas de perros domésticos. Lo mismo acontece en la de las 
úrsidas, tan afine á la anterior cuando se toman en cuenta las 
formas fósiles, que osos y perros han sido reunidos en la misma 
familia por Lydekker. Las mustélidas son también numero- 
sas en géneros extinguidos y ricas en especies, y más que ellas 
todavía las félidas. Termina el estudio de los numerosos car- 
nívoros fisípedos con una consideración general sobre su dis- 
tribución en el espacio y en el tiempo, del más alto interés. En 
cambio el conocimiento que aún se posee de los principales 
fósiles es demasiado escaso para llegar á consecuencias sinté- 
ticas. 

»E1 último orden, el de los primates, comprende en la obra 
que reseño los prosimios, los símidos y los bimanos. Los pro- 
simios forman un grupo dividido en cinco familias ; algunas 
de ellas, desaparecidas, han dejado sus restos en el terciario 
inferior de Europa y Norte-América. Los símidos abarcan cua- 
tro familias (hapálidos, cébidos, cinopitecos y antropomorfos), 
de todas las cuales se conocen restos fósiles, si bien escasos é 
incompletos. Es de lamentar la escasez de datos paleontológi- 



DE HISTORIA NATURAL. 101 

eos referentes á los antropomorfos , por más que se hayan rea- 
lizado algunos descubrimientos importantes, como el de un 
orangután terciario en la India. 

»Entrando ya en el estudio de nuestra especie , después de 
establecer sus caracteres g-enerales, combate el orden de los 
bimanos de Cuvier, participando en un todo de las ideas de 
Huxley en punto á la semejanza física del hombre y los antro- 
pomorfos. Expone algunas consideraciones sobre la existencia 
de nuestra especie en el período diluvial, cuando era contem- 
poránea de animales extinguidos, como lo prueban irrefuta- 
bles hallazgos paleontológicos y los de huesos con grabados 
que los representan. Los restos cuaternarios auténticos del 
hombre son , sin embarg-o , escasos , hasta el punto de que no 
los cree suficientes para fundar en ellos caracteres de razas 
prehistóricas, ni menos para comprobar el paso del bimano al 
cuadrumano. Asimismo estima insuficientes las pruebas hasta 
ahora aducidas en favor de la existencia del hombre terciario, 
por más que en principio juzgue el hecho admisible, dada el 
área de dispersión enorme con que aparecen los testimonios 
de la industria cuaternaria. 

»Cierran el estudio de los mamíferos unas consideraciones 
por extremo transcendentales sobre su desarrollo, orig-en y 
distribución. Se sabe que se inician en el triásico, ó al menos 
en él se han recogido sus primeros restos conocidos (dientes 
áo. Microlestes ^ TrigJij2)hus, un cráneo de Tritijlodon, un es- 
queleto de Theriodesmus), hallazg-os que hacen presumir una 
vasta extensión de los animales de esta clase predecesores de 
los de los demás tiempos mesozoicos. Estos últimos son insec- 
tívoros en las formaciones jurásicas; después viene el cretá- 
cico , tan infecundo hasta ahora en restos de mamíferos como 
lo es pródigo el terciario desde el eocénico inferior inclusive. 
Más adelante el acrecentamiento y pluralidad de la fauna 
mastológica sigue en auge, según lo testifican varios famosos 
yacimientos europeos, asiáticos y americanos (particularmente 
las formaciones de Patagonia y las Pampas) , todo lo cual da 
ocasión al profesor Zittel para desenvolver consideraciones 
valiosísimas, en las que por desgracia no podemos seguirle, 
para no dar á esta bibliografía proporciones excesivas. Dire- 
mos sólo que la obscuridad más completa rodea aún la cues- 
tión del origen de los mamíferos y de su primitiva dispersión; 



102 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

que en el período terciario los centros g*enéricos son tres: Aus- 
tralia, la América del Sur (Austro-Columbia) y la Arctog-ea, 
que comprende Europa, Asia, África y la América del Norte. 
En la época cuaternaria las faunas europea y norte-asiática 
reciben los elementos que les prestan su fisonomía moderna, 
y quizás entre ellos el hombre, por más que su verdadera cuna 
sea todavía indeterminable con certeza. 

»La parte ii está consag-rada á la Paleofitología, como ya se 
ha dicho, y compone un volumen de 949 pág'inas con 432 fig'u- 
ras en el texto. La botánica fósil, aunque hace tiempo había 
sido asunto de valiosas y múltiples monog-rafías, no mereció 
en g'eneral, j^or parte de los paleontólogos, el mismo aprecio 
que el estudio de los animales fósiles, hasta que el famoso 
Schimper escribió su Tratado de Paleontología vegetal. Las 
mismas obras, tan justamente reputadas en su tiempo, de Pic- 
tet, D'Orbig'U}', D'Archiac, Owen, Marcel de Serres, Ung-er, 
Quenstedt y otras, no hacen mérito de las plantas fósiles. El 
Tratado de Schimper venía á llenar esta laguna, aunque en 
la forma de un trabajo muy especial y costoso, excesivo para 
los que no buscasen en él un medio de clasificación; y por 
estas razones , el profesor Zittel encareció á Schimper, y á la 
muerte de éste al doctor Schenk, se encarg'ase de escribirla 
parte de Paleofitología con arregdo al plan y dimensiones g'e- 
nerales de la obra, cuyo cometido han sabido llenar en la alta 
medida que era de esperar de la competencia reconocida de 
estos dos profesores. 

»Tal es la obra colosal que pone digno coronamiento á la 
reconocida reputación del sabio profesor de Munich , y con la 
que ha prestado un inmenso servicio á la ciencia. Tsing'i'in es- 
tablecimiento en que ésta se cultive seriamente podrá dejar 
de poseerla, así como aquellos particulares que se consagren 
á cualquier ramo de la Historia natural, pues con todos se re- 
laciona el vasto cuadro de la Paleontología g-eológica y mor- 
fológica á la vez , tal como la presenta Zittel. Y no es que yo 
pretenda hacer el elog-io de esta obra , porque éste está ya he- 
cho en los centros científicos más importantes del mundo, y 
por hombres harto más reputados que el autor de esta lig-era 
bibliografía. 

»Pecaría de injusto si antes de terminar no hiciera indica- 
ción alg-una respecto al mérito excepcional de la traducción 



DE HISTORIA NATURAL. 103 

francesa, debida al doctor Cli. Barrois con la colaboración de 
MM. Duponclielle, Ch. Maurice y A. Six. No es un trabajo de 
lucro, ni una de esas traducciones que nuestro inmortal Cer- 
vantes comparaba con los tapices flamencos vistos por el revés, 
sino de aquellas pocas en que se conserva la lisura y tez de la 
liaz, y en las que á veces se introducen mejoras al primitivo 
original por el propio autor, como sucede en la que me ocupa 
■en la parte referente á los protozoos. 

»Lo mismo en la edición alemana que en la francesa, for- 
man la obra cinco g-ruesos tomos, con el mismo número de 
grabados é ig-ual lujosa impresión, en excelente papel y con 
hermosos tipos. Los numerosos grabados intercalados en el 
texto se distinguen por su novedad y notable perfección , es- 
tando en su mayor parte reproducidos ex-profeso del natural, 
bajo la dirección del profesor Zittel y de los autores de la parte 
referente á Paleontología.» 

— El Sr. Medina dijo que, seg-iin las recientes observaciones 
de M. P. Marclial, comunicadas á la Academia de Ciencias de 
París sobre la reproducción de las avispas, la reina no es la 
única que engendra en esta especie; pues las conocidas con el 
dictado de obreras ó neutras ponen también. Los huevos de 
estas se desarrollan partenogenéticamente, sin ser fecundados 
por un macho, y los individuos que nacen de este origen son 
exclusivamente machos. 



Terminada la lectura del acta de Sevilla, D. Blas Lázaro pre- 
sentó la siguiente noticia necrológica acerca del Catedrático 
y Presidente que ha sido de esta corporación , D. Pedro Sáinz 
Gutiérrez: 

« En breves palabras habré de dar cuenta á la Sociedad de 
algunas notas biográficas referentes á D. Pedro Sainz Gutié- 
rrez, Presidente que fué de esta Sociedad y maestro y cariñoso 
amig-o mío, cuyo reciente fallecimiento ha causado dolorosa 
sensación en todos nosotros. 

»D. Pedro Sainz Gutiérrez nació en Ogarrio (Santander) en 
1824, y cursó primeramente los estudios correspondientes á la 
Facultad de Farmacia, terminándolos brillantemente el 16 de 
Enero de 1848, pero su vocación resuelta por las ciencias de la 
Naturaleza y su deseo de ensanchar el campo de sus conocí- 



104 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

mientos marcaron nuevos rumbos á su actividad. En 26 de 
Julio del mismo año el Ministro de Comercio, Instrucción y 
Obras públicas le nombró Reg-ente de 2/ clase para la asig-na- 
tura de Historia Natural en la Escuela Especial de Ing-enieros 
de Montes. 

»Existía en aquellos tiempos una numerosa comisión encar- 
g-ada de formar la carta g-eológica de Madrid y la g-eneral del 
reino y en ella tenía la Facultad de Ciencias brillante repre- 
sentación. El Sr. Sainz Gutiérrez fué nombrado en 1850, Auxi- 
liar de la mencionada comisión y en ella estuvo especialmente 
encarg"ado de los trabajos de preparador-recolector de la sección 
zoológ-ica á las órdenes del Vocal de dicha comisión D. Mariana 
de la Paz Graells. 

»Un año después, en 1851, recibió el g-rado de Doctor en 
Ciencias Naturales, y en 6 de Abril de 1852 tomaba posesión de 
la cátedra de Historia Natural de la Universidad de Granada, 
g-anada por oposición. En 6 de Septiembre del mismo año se 
le expidió por la Universidad Central el título de Bachiller en 
la Facultad de Filosofía. 

»Durante los primeros años de su estancia en Granada, 
aparte de los trabajos propios de su cátedra, cooperó eficazmente 
en los realizados por una sociedad exploradora de Sierra 
Nevada, recog'iendo no pocas especies interesantes de la flora 
de dicha reg"ión, parte de las cuales se conservan en el Herba- 
rio español del Jardín Botánico de Madrid, al cual fueron 
donadas por dicho señor, parte en el de la Sociedad Linneana, 
Matritense, parte deben conservarse, seg'ún creo, en la Univer- 
sidad de Granada, y alg-unas existen en mi colección particular 
por haberme sido entreg-adas para este fin cuando estudiaba 
bajo su dirección. 

»En 1862 presentó á la Sociedad Económica de Amig'os del 
País de Granada, una Memoria sohre la utilidad de los montes 
y necesidad de atender d su conservación, la, cual fué premiada 
y publicada por dicha Sociedad, valiéndole el nombramiento 
de corresponsal de la que de igual nombre existe en Zarag-oza. 

»También publicó en Granada, en 1863, una obra titulada 
Manual de Mineralogía y Nociones de Geología, ag-otada hace 
muchos años. 

»Estos trabajos, la traducción de alg-unos otros de interés para 
la agricultura, hecha directamente del alemán en una época 



DE HISTORIA NATURAL. 105 

en que el conocimiento de esta leiig"ua era muy poco común 
en España, varias comunicaciones científicas dirig-idas á diver- 
sas asociaciones y alg-unas de las cuales lian visto la luz 
pública en los Anales de esta Sociedad, y diversas conferen- 
cias como la pronunciada en 1878 sobre la Utilización de ¡as 
plantas criptógamas y que forma parte de las conferencias 
ag-rícolas verificadas en dicho año en el Ministerio de Fomento, 
son los escritos que de él nos quedan ó al menos los que yo he 
podido recordar en esta ocasión. 

»Fuera de esto, tomó parte activa en diversas asociaciones 
profesionales y de cultura g-eneral, siendo Vocal de la Junta 
de Ag-ricultura de Granada, Vicepresidente del Liceo Artístico 
y Literario de dicha población, Presidente de la Asamblea 
Farmacéutica reunida en Granada en 1865, socio numerario 
del Coleg-io de Farmacéuticos de Granada y corresponsal de 
los de Sevilla y Madrid, ig-ualmente que de la Sociedad Histo- 
lóg-ica de Madrid y de la Sociedad Mejicana de Historia Natural. 

»Pero donde el Sr. Sainz Gutiérrez empleó la mayor suma 
de su trabajo fué en la obra activa de la enseñanza, á la que 
puede decirse que consag-ró su vida. Cuarenta años de profe- 
sorado universitario, desde 1852 á 1877 en la cátedra de Gra- 
nada y desde esta fecha en la de Org-anog-rafía y Fisiolog-ía 
veg-etal de la Facultad de Ciencias de la Central. En Granada 
al par que la cátedra, de que era titular, desempeñó durante 
varios cursos alg'una otra de la Facultad de Farmacia, y du- 
rante otros tuvo á su carg"o enseñanzas de carácter científico en 
el Seminario Conciliar de dicha ciudad. En todas estas ense- 
ñanzas, ig-ualmente que en la Universidad Central, ejerció su 
ministerio con verdadero amor y cuidando, hasta el último 
curso que explicó, de todos los detalles con el mismo interés 
que el primer día. 

»Preciso es reconocer que la enseñanza de una asig-natura 
como la Org-anog-rafía y Fisiolog-ía veg-etal, tal como hoy es 
preciso desenvolverla en una Facultad de Ciencias, exig-e no 
pocos esfuerzos y penosos estudios, por su extensión actual 
y por los rápidos prog-resos que en su campo se llevan á cabo, 
pues el prog-rama á que ajustó sus lecciones el Sr. Sáinz 
Gutiérrez hasta el último año, ciertamente no podría tacharse 
de atrasado ni aun por el naturalista más exig-ente. 

»En un país como el nuestro, donde los nombres de los que 



]06 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

cultivan estas ciencias apenas trascienden fuera del corto 
número de especialistas á ellas consagrados, sino en el caso 
de haber intervenido en las contiendas políticas ó ejercido fun- 
ciones públicas que jDuedan imponer su conocimiento á mu- 
chas g'entes , no se puede pedir, ciertamente, que el nombre 
del Sr. Sáinz Gutiérrez sea conocido del pueblo ; pero entre los 
naturalistas españoles del sigio xix merecerá siempre ser 
mencionado, y tanto los que de él fueron compañeros como 
los que debemos no poco á sus enseñanzas, pronunciaremos 
su nombre con encomio y yo especialmente con muy cariñoso 
respeto.» 

Sesión del 9 de Mayo de 1894. 

PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. DANIEL DE CORTÁZAR. 

— Después de leída y aprobada el acta de la sesión anterior 
el Vicesecretario dio cuenta de haber recibido el mapa en 64 ho- 
jas de la Comisión del mapa g-eológ-ico de España, acordándose 
dar las más expresivas gracias al Sr. Presidente de la Comisión. 

— Quedaron admitidos como socios numerarios los señores: 

D. Aniceto Llórente y Arreg-ui,, Catedrático de Ag-ricultura 

en el Instituto de 2.'' enseñanza de Burg'os, y 
D. José Sánchez Gómez, de Cartag-ena, 
propuestos por D. Ig-nacio Bolívar. 

D. Alfonso Vilanova y Pizcueta, Licenciado en Ciencias, 
de Valencia, 
propuesto por D. Francisco Quirog-a. 

D. Rafael Alvarez Sereix, ing-eniero de Montes, residente 
en Madrid, 
propuesto por D. Eug-enio Guallart. 

D. Manuel Diez Solorzano, de Santander, 
propuesto por D. José Fusset y Tubia, 

— El Vicesecretario presentó una Memoria del Dr. Kriech- 
baumer acerca de varios himenópteros nuevos de Mallorca, 



DE HISTORIA NATURAL. 107 

recogidos por nuestro consocio D. Fernando Morag'ues; y en 
nombre de su autor, D. Aurelio Vázquez, un Catálog-o de Lepi- 
dópteros de los alrededores de Madrid. Ambas memorias pasa- 
ron á la Comisión de publicación. 

Estaban sobre la mesa las publicaciones recibidas acordando 
la Sociedad dar las gTacias á los donantes de las regaladas. 

— El Vicesecretario dio lectura á la nota sig-uiente, enviada 
por nuestro consocio D. Carlos Pan, de Segorbe: 



Nota solre la ^Centaurea incana>y Lag-. (non Ten. nec aiict. lú.) 

«Lag-asca, en su Genera et sjyecies, pág\ 32 y núm. 397, des- 
cribe lig"eramente una planta, que á no citarla en el monte 
ürcliillo, junto á Orihuela, sería imposible descubrir con cer- 
teza el tipo á que se refería, por indicarla vag-amente en otras 
partes de Valencia, Murcia y Granada. Resuelta esta cuestión, 
no cabe duda alguna acerca del verdadero tipo lag-ascano. 

»Pero es el caso que Tenore dio cinco años antes este mismo 
nombre específico á otra planta diversa, y por lo tanto preci- 
saba cambiar el nombre como lo hizo Isyman al proponerla 
bajo C. Lagasc(B. 

»Debiera terminar aquí la cuestión, pero á mi modo de ver 
las cosas, Nyman no dio el nombre de C. Lagascm á la verda- 
dera C. incana, de Lag-asca, sino á otra especie bien diferente 
y que fué tomada equivocadamente por tal. Dio Nyman bajo 
C. Lagascce, una especie que no se cita en el Sylloge, ConspecUis 
y Sup2)lementiim; dio ese nombre á la C. S2)acMi C. H. Scliultz. 

»La demostración se hace evidente leyendo el núm. 110 de la 
pág*. 426 del Conspectus Floree Em'opce, en el que, refiriéndose 
á Bourgeau, afirma (con admiración) que tiene delante, ó ve, 
la especie de Lagasca, no siendo así, pues la muestra que 
tiene delante, colectada por el autor dicho y determinada por 
Dufour, es otra especie, según los autores y según la muestra 
que poseo en mi herbario, procedente de las colecciones del 
mismo Bourg-eau. 

»Convencido como estoy de cuanto llevo dicho, juzgo preciso 
proponer la planta de Lagasca con nombre diverso, y como se 
trata de un vegetal del reino valenciano, me gustaría que 
llevase el nombre de algún botánico de Valencia, y por esto 



108 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

con g'usto la dedico al Sr. Guillen, entusiasta por estos estu- 
dios y jardinero mayor del Jardín Botánico. 

»Ved aquí la sinonimia de las dos especies mencionadas: 

y>Centaurea Lagasce Xym., Syll., 33. — C. rncanal^jm., Wk. 
(sin Ten. oiec Lag-.) — C. SpacMi C. H., Schultz, ? ined. in. pl. 
liisp, exc. Tíinkii Wk. in Wk. et Lg-e., Prodr. ii, 154. 

»Ce7itaurea Gfuilleniana Pau. — C. incana Lag-. 1. c. (non Ten, 
nec. aut. pl.)» 

— El mismo señor leyó la sig-uiente nota del Sr. Bolívar: 

«Como á nuestra Sociedad interesa cuanto se relaciona con 
la fauna española, creo conveniente reproducir en las actas 
las diag-nosis de las especies nuevas de España que se publican 
en el extranjero. En este caso se encuentra un nuevo lepidóp- 
tero que ha sido descubierto por nuestro coleg-a D. Gabriel 
Fernández Duro en Aranjuez, y cuya descripción ha publicado 
en el BuUetin de la Soc. Entomol. de F ranee, pág*. xci, del 
presente año, el Sr. P. Thierrj'-Mieg-, quien ha tenido la aten- 
ción de dedicarla á su descubridor: 

«LiTHOSTEaE DUROATA, n. 8p. — ^. Euverg*. 24 mili. — Anten- 
»nes veloutées, presque filiformes. Ailes tres aiglies, les supé- 
»rieures d'un gris picote de noirátre, avec une bande droite^ 
»mais oblique, jaune tres palé, larg-e de 1 mili., partant du 
»bord interne, á 2 mili, de l'ang-le interne et venant aboutir á. 
»la cote (oú elle fait un crochet interne), á 3 mili, de Fapex. 
»Un petit point cellulaire noir. Ailes inférieures d'un gris 
»picoté de noirátre, avec une larg-e bande transverse jaune 
»trés pále, faisant suite a la bande des supérieures et se termi- 
»nant au milieu du bord abdominal. Frang-e des quatre ailes 
»d'un gTÍs jaunátre. Palpes jaunátres, avec Textremité noire, 
»Abdomen blanc, tres court. Dessous des ailes supérieures 
»g-ris noir, avec la bande du dessus vag-uement indiquée et 
»rapex jaunátre. Dessous des ailes inférieures blanc jaunátre, 
»uni. Frang-e des quatre ailes d'un g-ris jaunátre. Dessous de 
>d'abdomen blanc. Tibias antérieurs armes d'un ong-le crochu 
»á l'extrémité.» 

»Seg-uramente no será esta la única especie cuyo descubri- 
miento se deba al Sr. Fernández Duro, á juzg-ar por el g-rande 
interés y entusiasmo con que nuestro coleg-a ha emprendido 
el estudio de los lepidópteros de España.» 

— El Sr. Fernández Navarro leyó la sig-uiente 



E HISTORIA NATURAL. 109 



Nota lÁhliogr aflea. 

«Entre los libros recibidos en la sesión anterior por la Socie- 
dad española de Historia Natural, fig'ura la primera parte del 
Compendio de Mineralogía, de D. José María Latino Coelho, 
publicado por la Academia Real de Ciencias de Lisboa, de que 
€l autor es Secretario g-eneral. Aunque la parte publicada 
(ó por lo menos la recibida por nosotros) , no comprende más 
que la Morfología mineral, es lo suficiente para conocer que 
se trata de una obra de indudable importancia, mucho más 
para nosotros, que no poseyendo obra alg-una orig-inal de 
Mineralog-ía , escrita seg'ún los adelantos modernos y con la 
extensión que lia de tener la del sabio profesor de la «Escuela 
Politécnica» de Lisboa, hemos de recurrir constantemente á 
las publicadas en idiomas que nunca nos son tan familiares 
como el portug"ués. Esta consideración, y la de tratarse de 
obra que no está á la venta, me han hecho creer que sería de 
alg-una utilidad dar en nuestros Anales una lig-era idea de 
ella, á la vez que la noticia de estar en nuestra biblioteca. 

»Empieza la obra con una introducción que ocupa unas 
40 pág'inas. En ella parte de la división g-enéral del g-lobo 
terrestre para aislar la porción sólida, dar idea de lo que 
se entiende por rocas y de aquí pasar á la definición de los 
minerales y fósiles. Al determinar el carácter fundamental de 
los minerales, se sirve de él para establecer sus analogías y 
diferencias con los cuerpos org-anizados, de cuyas diferencias 
y analog-ías deduce la individualidad en los minerales, y esto 
le lleva lóg-icamente á la definición del cristal, del mineral 
cristalino y del mineral amorfo. Termina esta parte con la 
exposición del cuadro g-eneral de la asig-natura. 

»No es posible, dada la corta extensión que han de tener 
estas notas bibliog-ráficas, hacer en ellas una crítica detenida 
de las obras que las motivan, ni yo me creo con autoridad 
bastante para ello en el presente caso; por esto me limitaré 
tan sólo á señalar aquello que me parezca más dig-no de fijar 
la atención. 

»En esta parte de la obra del Sr. Coelho, escrita de manera 
que desde lueg'O denota una cultura g-eneral verdaderamente 
envidiable, hay dos puntos culminantes y que serán de verda- 



lio ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

dera dificultad para todo aquel que trate de escribir una 
Mineralogía. El primero de dichos puntos es la definición del 
mineral, el establecimiento de su individualidad y las relacio- 
nes de él con el animal y el veg-etal. Afortunadísimo en estas 
últimas, al establecerlas seg-ún la materia (propiedades quí- 
micas), la forma (manera de limitar el espacio) y la energía 
(fuerzas, movimiento), no lo lia estado tanto, seg-ún mi modo 
de ver, en la definición del mineral, que considera como «un 
»cuerpo de origen exclusivamente inorgánico, producido por 
»las fuerzas naturales, sin participación de la industria huma- 
»na, y, cuando completamente puro, homog-éneo ó siempre 
»dotado de las mismas propiedades físicas y químicas». Esta 
definición excluye del cuadro de la mineralog-ía cuerpos tan 
importantes como el trípoli, los carbones minerales, el succino 
y tantos otros que todo el mundo considera y seguirá conside- 
rando como minerales, á pesar de su origen indudablemente 
orgánico. Y no es salvar la dificultad el constituir con ellos 
un apéndice al estudio de los minerales, queriendo suponer 
que forman el tránsito de los cuerpos organizados á los inor- 
gánicos, cosa inadmisible en general y expediente muy pare- 
cido al de la formación del reino psicodiario en biología. 
Estos cuerpos son verdaderos minerales y deben entrar por lo 
tanto sin dudas ni distingos de ninguna especie en la defini- 
ción que de ellos se dé. 

»Respecto al cuadro de la asignatura, la divide el Sr. Coelho 
en Mineralogía general ó sintética y Mineralogía especial o 
analítica, añadiendo á ellas como partes complementarias la 
Minerogenia, Tópica, Paragénesis, Petrografía y Tecnología. 
A la vez la parte g-eneral queda subdividida en otras dos. Mi- 
neralogía g'eneral propiamente dicha ó estudio de las propie- 
dades de los minerales y Sistemática; la primera con tres capí- 
tulos según se ocupe de las propiedades referibles á espacio 
(Morfología), á energía (Física mineral) ó á materia (Química 
mineral). 

»Como he dicho anteriormente, lo que tengo á la vista de la 
obra del naturalista portugués no alcanza más que á la Morfo- 
logía, la cual comprende las divisiones: Morfología regular ó 
Cristalografía y Morfología irregular ó estudio de los agrega- 
dos cristalinos y de las formas enteramente accidentales. 

»E1 primer capítulo, dedicado á los principios fundamentales 



DE HISTORIA NATURAL. 111 

de la Cristalografía, empieza por el estudio de los elementos 
g-eométricos del cristal y de las relaciones numéricas que los 
lig-an entre sí, consideraciones sobre las diferentes clases de 
formas y establecimiento de los elementos de simetría. Sig*ue 
á esta parte la exposición de las leyes cristalográficas con todas 
las consecuencias que de ellas se deducen y la distinción y fija- 
ción de los elementos cristalográficos, necesarios para el estu- 
dio de las notaciones, que viene después. Continúa con la 
consideración de las zonas, y entra, por último, en el estudio 
detenido de la simetría de los cristales, clasificación de los 
mismos en sistemas y faltas de simetría. 

»Los seis capítulos sig'ui entes están dedicados al estudio espe- 
cial de cada uno de los sistemas cristalinos, que desig"na con 
los nombres de teseral ó isométrico, tetrag-onal, rómbico, 
exag-onal, monoclínico y triclínico, y que describe en el orden 
citado. Existe aquí, á mi modo de ver, una falta de lógica, 
pues admitiendo con Tschermakla división de los cristales en, 
de construcción sencilla, de construcción radial y de construc- 
ción perfectamente simétrica y reg'iilar, parece lo natural que 
fueran estudiados en el orden de su grado de simetría, bien de 
superior á inferior (isométrico, exag-onal, tetrag-onal, rómbico, 
monoclínico y triclínico), bien de inferior á superior (orden 
inverso). También en los sistemas exag-onal y tetrag-onal creo 
encontrar otra pequeña falta de lógica en el estudio de las for- 
mas exag-onales y tetrag-onales antes de las diexag-onales y 
ditetrag-onales, siendo estas las fundamentales de dichos sis- 
temas y las de símbolo más g-eneral, puesto que sus caras cor- 
tan á distancias desig-uales á todos los ejes binarios. 

»Las alteraciones en la reg-ularidad teórica de los cristales 
constituyen el objeto del capítulo que sig'ue, alteraciones per- 
fectamente ordenadas seg-ún que correspondan á cada una de 
las seis condiciones teóricas sig-uientes: 1.% formación con ma- 
teria abundante, espacio necesario y tiempo adecuado; 2.% ca- 
ras lisas y sin solución de continuidad; 3.", caras liomólog-as 
ig-uales en forma y extensión; 4.^*, aristas homólog-as exacta- 
mente del mismo valor; 5.% dimensión del cristal apropiada 
para su estudio; 6.^, continuidad y homog-eneidad de la masa 
del cristal. Todas las excepciones que á estas seis condiciones 
se presentan en la naturaleza, son estudiadas con gran exten- 
sión y claridad. 



112 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»E1 capítulo con que concluye el tomo se ocupa de la asocia- 
ción de los cristales (asociación paralela y no paralela) compo- 
sición estratiforme de muchos de ellos, crecimiento simultáneo 
reg'ular de cristales de substancias diferentes, ag-reg'aciones de 
individuos minerales, pseudomórfosis y g'oniómetros. No es 
posible ir estudiando cada uno de los asuntos tratados bajo 
estos epíg-rafes sin alarg-ar demasiado este trabajo. Dejo, pues, 
de verificarlo, limitándome á liacer constar que en él como en 
todos los anteriores, y salvo pequeñas diferencias de aprecia- 
ción, se muestra el Sr. Coelho como mineralogista empapado 
en todas las teorías modernas, y como hombre de cultura ex- 
tensísima del que debe estar org-ulloso su país. 

»De esperar es que la obra comenzada lleg-ue pronto al final 
de su publicación, prestando con ello un servicio señalado á la 
ciencia en la Península ibérica, pues por las razones que al 
principio decía, este libro será tan útil á los naturalistas espa- 
ñoles como á los portug-ueses.» 

— El Sr. Presidente, no habiendo otros asuntos de que tratar, 
hizo una brillante disertación acerca del país del petróleo, 
cautivando la atención del auditorio y motivando alg-unas ob- 
servaciones del Sr. Botella. 

— El Vicesecretario leyó el acta de la sesión de Abril en la 
sección de Sevilla. 

SECCIÓN DE SEVILLA. 



Sesión del 16 de Abril de 1894. 
PRESIDENCIA DE DON SALVADOR CALDERÓN. 

— Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 
— El Sr. Medina leyó la nota siguiente: 

Datos 2^ara el conocimieoito de la fauna MmenopteroUgica 
de España. 

«Me propong-o por medio de estas notas ampliar y rectificar 
los datos que he venido comunicando á la Sección acerca de 
los himenópteros de España que poseo en mis colecciones. 



DE HISTORIA NATURAL. 113 

»Estos datos servirán en su día para formar el Catálog-o de 
los himenópteros españoles; mientras esto no pueda llevarse á 
€abo, creo no será superfino ir consig'nando las listas de aque- 
llas familias de las que haya terminado su estudio, después 
■de resueltas todas las dudas y de examinados los ejemplares 
por reputados especialistas extranjeros. 

»Hoy me limitaré á dar cuenta de los Tentredínidos y Crisí- 
didos, consultados aquellos con los Sres. Konow y Dusmet, y 
«stos con el Sr. Buysson. 

»En estas listas sólo consig-naré los datos que arroje el 
■examen de mis colecciones: 

Tentredínidos. 

AMa sericea L. — of. Pozuelo de Calatrava (Ciudad-Real) (La 

Fuente!). 
A masis jucxmda Klug-. — ^ . ídem . 
Hylotoma pyrenaica André. — Q. ídem. 

— Ros(B Deg-.— Q cT- Huevar (Sevilla) (Paul!). 
<Jladms pectinicornis Geofifr. — Q. Cazalla (Sevilla); Río! Fuente- 
Piedra (Málag-a) (Calderón!) 

Nematus sp. woy fí pamclus Lep. afims. — Coruña (Bolívar!). 
Enipliytíís viennensis Schr. Q. Pozuelo de Calatrava (La Fuente!) 

— — var. MedincB Konow. — Huevar (Paul!). 

»Hé aquí la descripción de esta nueva variedad publicada 
recientemente por el Sr. Konow (I): 

«E. viennensis Schrnk. var. Medince nov. var. Pronoti margine 
"posteviore, teguUs, mesopleiifariim máxima parte, trochanterihis, 
genuJjus, tiUis, tarsis flavis; addominis segmentis dorsalibus 
ómnibus — secundo tertioqiie exceptis — late fiavo-marginatis. 



.» 



Athalia spinariim F.— Q cr". Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— glahricollis Thom.— 9 rf. Sevilla! Huevar (Paúl!); Clii- 

clana (Cádiz) (López Cepero!); Pozuelo de Calatrava 
(La Fuente!). 

— ammlata F.— 9. Sevilla! Pozuelo de Calatrava (La 

Fuente!). 

(l) Wiener Entomologische ZeiUmg, xiii Jarhg., iii Heft (31 Márz 1891). 

ACTAS DE LA SOC. ESP.— NXIII. 8 



114 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Athalia Rosa L. — Q ^f. Pozuelo de Calatrava (La FuenteJ); Islas 
Chafarinas (Iborra!). 

— — var. cordataLe^.—g cf. Sevilla!, Dos Hermanas 

(Sevilla!); Cazalla (Río!). 

— — var. lilerta Klg". — cf. Dos Hermanas! , Coruña 

(Bolívar!). 
Macrophya neglecta Klg-. var. nigra Konow. — Alcalá de Gua- 
daira (Sevilla!). 

»Esta nueva variedad la ha descrito también el Sr. Konow (1) 
recientemente. 

<iM. neglecta Klg-. var. nigra, n. var. of et Q. Tota nigra; 
femince alis nigricantil)2is.y> 

»Esta especie es la misma que hace alg'ún tiempo clasifica- 
mos nosotros por un error como Ilarjñj^horus Calderoni Med. 
Aprovechamos esta ocasión para deshacer el error. 

Allantus Bat'icnsl Spin. — Q. Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— Ilispaiúcvs kwAvé. — 9 cf. ídem. 

— haUeatiíS? Kriech. — Q c/- ídem, 

— fuhive^itris? Mocs. — Q, Sevilla! 

— sp. nov? — 9- Sevilla!, Benacazón (Sevilla) (Centeno!). 
TomosieJius sp. nov? — Chiclana (López Cepero!), 

»Tanto el Sr. Konow como el Sr. Dusmet no se han atrevido 
á determinar con seg'uridad las especies de Allantus que ante- 
ceden, por ser bastante dudosos sus caracteres y existir escaso 
número de ejemplares de cada especie. 

En cuanto al Tomostelms, es un solo ejemplar procedente de 
Chiclana, sin antenas, y por tanto difícil de determinar. 



Crisididos. 

Cleptes afra Luc— Hornachuelos (Córdoba) (García Núñez!). 

— — var. J/í-ífm.^ Buyss. — ídem. 
Noto2US productus Dahlb.— Pozuelo de Calatrava (Ciudad-Real) 
(La Fuente!). 

(1) Loe. cit. 



DE HISTORIA NATURAL. 115 

Notozus p'oductns var. milgatiis Buysson. — ídem. 
EUampus jmsiUus Fabr. — Sevilla! 

— — var. Sc/i}niedek/ieckii Mocs. — Sevilla!, Villal- 
ba (Huelva) (Tenorio!); Pozuelo de Calatrava (La 
Fuente!) 

— 2MrvuI'HS Dalilb.— Sevilla!, Pozuelo de Calatrava (La 

Fuente!). 

— auraius L.— Sevilla! 

PMloctetes micans Klug-.— Sevilla!, Pozuelo de Calatrava (La 

Fuente!). 
Holopyg a férvida Fabr.— Alcalá de Guadaira (Sevilla!). 

— chioroidea Dalilb. — ídem. 

— gloriosa Fabr. var. ammimla Dalilb. — Hornachuelos 

(García Núñez!), Chiclana (Cádiz) (López Ce- 
pero!); Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— — var. ovata Dahlb. — Hornachuelos (García 

Núñez!); Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 
Hedychrum ¡íicidulum Fabr. — Hornachuelos (García Núñez!); 

Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 
CArgsogona assimilis 8]iui. — Sevilla!, Pozuelo de Calatrava (La 

Fuente!). 
C/irgsis emargiuaiula Spin. — Sevilla!, Hornachuelos (García 
Núñez!). 

— simplex Dahlb. — Hornachuelos (García Núñez!). 

— angustifroiis Ab. — ídem, 

— — \8.v. CastilIana'Bujsíi. — ídem. 

— dic/iroa Dahlb. — Sevilla! 

— imriyureifrons Ab. — Hornachuelos (García Núñez!). 

— Saussurei Chevr. — ídem. Pozuelo de Calatrava (La 

Fuente!). 

— succinta L. var. Germari W*esm. — Chiclana (López 

Capero!). 

— semicincta Lep. — Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— Mdentata L. — Hornachuelos (García Núñez!). 

— — YSiv. feneslra ¿a Ah. — ídem. 

— — var. consanguinea Mocs. — ídem. 

— — var. integra Fabr. — Calañas (Huelva) (Cal- 

derón!). 

— — var. ^;yrr/¿fw« Dahlb. — Sevilla! 

— — var. maculifrons Buy si^. — Hornachuelos (Gar- 



116 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

cía Núñez!); Pozuelo de Calatrava (La 
Fuente!). 
Chrysis Mdentaia var. cínc/uHcorms ¥6vs>. — Hornacliuelos (Gar- 
cía Núñez!). 

— njanoinjga Dahlb. — Pozuelo de Calatrava (La Fuentel). 

— analis Spin. — ídem. 

— Cherrieri Ab. — Hornachuelos (García Núñez!). 

— — var.7;?/5?7/«Buyss.-Morón (Sevilla) (Calderón!) 

— Tackzanoii'skyi Rad. — Morón (Calderón!): Pozuelo de 

Calatrava (La Fuente!). 

— (Estiía Dahlb. — Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— comparata Lep. — ídem. 

— inaquaUs Dahlb. — ídem. 

— Ígnita L. — Sevilla!, Morón (Calderón!); Huevar (Paul!); 

Cazalla (Río!); Hornachuelos (García Núñez!); 
Pozuelo de Calatrava (La Fuente!); Coruña 
(Bolívar! 

— — var. infuscata Mocs. — Lag-una (Canarias) (Ca- 

brera!). 

— — var. crucifera Ab. affinis. — Morón (Calderón!). 

— — var.? — Morón (Calderón!). 

— ccrastes Ab. — Sevilla!, Morón (Calderón!) 

— insoluta Ab. Hornachuelos (García Núñez!), Chiclana 

(López Cepero!). 

— incisa Ab. Buyss. — Hornachuelos (García Núñez!). 

— cuprata Dahlb. — Alcalá de Guadaira (Cabrera!). 

— Grohmanni Dahlb. — Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— crucifera Ab. — Sevilla! 

— micans Rossi. — Hornachuelos (García Núñez!). 

— pyropliana Dahlb. — ídem. 

— mcdiocrls Dahlb. — ídem. 

— Leaclii Sch. — Sevilla! 

— varidens Ab. — Alcalá de Guadaira! 

— ¡mstulosa Ab. — Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— liyhrida Lep. Alcalá de Guadaira! 

Stilhum spJcndidum Fabr. — ídem, Puerto-Re'al (Paul!); Pozuelo 
de Calatrava (La Fuente!). 

— El Sr. Calderón presentó á la Sociedad los dos últimos fas- 
c 'culos de la publicación de los ricos materiales paleontológ-i- 



DE HISTORIA NATURAL. 117 

eos recog-idos en Túnez por M. Pli. Thomas en 1885 y 1886, 
estudiados por este sabio y laborioso g-eólog"0 y por M. A. Pe- 
zón (1). Comprende esta publicación cerca de 600 pág-inas de 
texto en 8." y un hermoso atlas en 4." de 31 láminas, que con- 
tienen 732 dibujos. De 544 especies descritas, son nuevas para 
la ciencia 209. 

«El estudio de la regñón tunecina, todavía poco conocida, 
ofrece para nosotros un doble interés por la situación de nues- 
tra Península entre la parte de Europa más explorada y el 
continente africano cuya investig-ación detallada comienza en 
la actualidad. Nuestras formaciones g-eológ'icas, así como las 
faunas que encierran, participan tan pronto del carácter euro- 
peo como del africano mediterráneo y á veces establecen la. 
transición entre ambos, por lo cual los estudios del carácter 
del de M. Thomas nos interesan vivamente á los naturalistas 
españoles, tanto por su transcendencia g-eneral como por esta- 
blecer los jalones sobre que han de asentarse las consecuen- 
cias sintéticas á que lleg-uemos en nuestras investig-aciones. 
Por otra parte, es muy probable se hallen en la Península mu- 
chas de las nuevas formas descritas en esta importante mono- 
g'rafía de Túnez. 

»Los fósiles recog-idos por M. Thomas pertenecen á gTupos 
diversos, teniendo entre ellos representación un g-ran número 
de clases; pero los equinodermos y los moluscos pelecípodos 
ofrecen una preponderancia muy marcada sobre todos los de- 
más, lo que indica el carácter sub-litoral de la mayor parte de 
los horizontes de Túnez. 

»E1 trabajo en cuestión no es una lista descarnada de fósiles 
ó de referencias bibliog-ráficas, sino que además de ofrecer 
prolijamente descritas las especies nuevas ó raras, acompañan 
indicaciones g-eog-ráficas, morfológ-icas y estratig-ráficas á todas 
aquellas que han ofrecido á sus autores alg-una particularidad 
dig-na de notarse. La índole y límites más ó menos amplios 
de semejantes observaciones no pueden someterse á reg-las, 
como alg'uien ha pretendido; sino que tienen que dejar libre 
campo al criterio del autor, el cual si es maduro, como en el 
caso presente, acrecienta por modo extraordinario el mérito de 
su trabajo. 

(1) Ea-ploration scientifique de la Tunisie. 



118 ACTAS UE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Natiiralmente, falta el complemento á estabella monografía 
paleontológ-ica, el cual ha de hallarse en la estratig-rafía de la 
reg"iün, para cuyo estudio posee M, Thomas abundantes mate- 
riales. Dicha parte estratig-ráfica ofrecerá seg-uramente, j)ara 
los que nos interesamos en el conocimiento de la g-eolog-ía de 
España, una importancia capitalísima, sobre todo después de 
habernos dado á conocer por el estudio en cuestión los carac- 
teres g-enerales de la fauna tunecina.» 

— El mismo Sr. Calderón se ocupó en los terremotos de 
escasa duración sentidos en la noche del 20 de Febrero último 
en varios pueblos de la provincia de Málag-a. Seg'ún noticias 
comunicadas por nuestro consocio D. Federico Chaves, que se 
hallaba á la sazón en Nerja, sintió repentinamente crug-ir de 
un modo alarmante el techo de su habitación bajo la influen- 
cia de un movimiento de trepidación, que se convirtió en osci- 
lación. La g-ente del país expresaba muy g-ráficamente la for- 
ma de propag-ación de la sacudida, diciendo que era una onda 
que 'Denia del mar. 

— Se dio cuenta de una nota de M. de Coincy, publicada en 
Le Naturaliste, sobre el curioso polimorfismo adquirido por el 
cultivo en una planta exclusivamente española, ó mejor ara- 
g-onesa, la Valeriana lon(j\foUa AVillk. 



Sesión del 13 de Junio de 1894. 

PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. DANIEL DE CORTÁZAR. 

Leída el acta de la sesión anterior fué aprobada. 

— El vSr. Presidente dio cuenta del fallecimiento del Sr. Secreta- 
rio de la Sociedad, D. Francisco Quirog-a y Rodríg-uez, haciendo 
con frase elocuente }' sentida la necrología de dicho señor. 

Se acordó hacer constar en las actas el dolor que dicha des- 
g'racia había producido á los señores socios y encarg-ar al 
Sr. Calderón que escribiera la biog-rafía del fallecido, á quien 
tantos servicios debía la Sociedad. 

— El Sr. Presidente recomendó además á los señores socios 
que contribuyeran particularmente á la suscripción abierta en 
favor de la familia del finado, acordándose que con el primer 
cuaderno del tomo correspondiente al presente año se repar- 



DE HISTORIA NATURAL. 119 

tiera la circular y las listas de la suscripción iniciada por 
alg-unos de los amig-os particulares del Sr. Quirog-a. 

También se acordó, como manifestación de duelo, no proveer 
■el puesto de Secretario en lo que resta de año, dejando dicha 
provisión para cuando se hag-a la elección de Junta directiva, 
encarg-ándose hasta entonces del desempeño de dicho carg-o el 
Sr. Vicesecretario. 

A propuesta del Sr. Presidente se levantó la sesión en señal 
de duelo. 

Sesión del 4 de Julio de 1894. 

PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. DANIEL DE CORTÁZAR. 

— Se leyó y aprobó el acta de la sesión anterior. 

— Estaban sobre la mesa las publicaciones recibidas, acor- 
dando la Sociedad dar las gracias á los autores de las que son 
reg"aladas. 

— El Sr. Ramón y Cajal dio lectura á una interesante Memo- 
ria sobre la «Estructura de la habenula de los mamíferos», 
que pasó á la Comisión de publicación. 

— El Sr. Vicesecretario leyó la nota adjunta que había sido 
remitida por nuestro consocio D. José María de la Fuente: 

«Mis padecimientos reumáticos me oblig-aron, aunque ya 
pasado el ataque y en buen estado de salud relativamente, á 
buscar en fines de Junio último, como remedio profiláctico, 
las renombradas ag'uas de Archena en la provincia de Murcia. 

»Como después de cumplir con la prescripción facultativa y 
con los sagrados deberes que siempre acompañan al sacerdote 
adonde quiera que vaya, aún me quedaba alg'ún tiempo dis- 
ponible, resolví emplearlo, respondiendo á mis aficiones, en 
escudriñar aquellos alrededores en busca de insectos. 

»Desde lueg-o me dio muy mala espina, como vulg-armente 
se dice, el aspecto pobrísimo de aquellos cerros, de orig-en 
indudablemente volcánico, desprovistos casi de veg'etación, 
llenos de precipicios y tajaduras, y que llaman poderosamente 
la atención, por su fig-ura extraña, de quien por primera vez 
los contempla. 

»DesgTaciadamente salieron ciertos mis temores. Los coleóp- 
teros, sobre todo, que eran los buscados por mí, con mayor 



120 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

interés, solo me produjeron unas cincuenta y tantas especies^; 
y aun estas mismas, exceptuando alg-unas pocas, se hallaban 
representadas por escasísimo número de individuos. 

»Por falta de medios y tiempo no he determinado todo lo. 
que recog-í, aunque sí lo he verificado con la mayor parte de 
ello. La más favorecida de aquella fáunula es, sin duda alg-una, 
la parte que á los Moluscos se refiere, ya sean estos terrestres 
ó fluviátiles. De ellos hicimos amplia cosecha; pero como su 
estudio está solo principiado, dejamos para más adelante el 
darlos á conocer. 

Coleópteros. 

Cicindela manrn L. — En las márg-enes arenosas del río Seg-ura. 

Abundante. 
Lmnosthenes terricoJa Herbst. var. hceticns Ramb. — Un solo 

ejemplar debajo de la corteza de un álamo blanco (Populíis 

aldaL.). 
Dromicus linearis Oliv.— Dos ejemplares mangueando los arbus- 

♦tos de las acequias. 
OrectocJiilus tíUosiis F. — En los remansos formados por las 

ag-uas del Seg-ura. Raro. 
Codostoma hispanicum Küst. — Una docena de individuos debaja 

de las piedras á orillas de una charca. 
Sihisa riihiginosa Er. — Debajo de las piedras; en sitios húme- 
dos. Muy raro. 
Pcedenis ruficollis F. — En las orillas del Seg-ura; corriendo por 

la arena. Muy abundante, 
Phalacrns fimetarius F. — Sobre varias plantas. Poco frecuente. 
Olih'iis bicolor F. — Como el anterior. 

Dermestes sihiricus Er. — Un ejemplar corriendo por un camino. 
Hister 12-striatus Schrk. — En las boñig-as. Frecuente. 

— MmacuJatus L. — En id. Pocos ejemplares. 

— — var. morio Schmidt. — En los mismos sitios. 
Abundante. 

Sapriiivs chalciies 111. — Un individuo en una rana seca. 
OntJiopJiagus Amyntas Oliv. — Un ejemplar en una boñig-a. 

— tauTUS Schreb. — En las boñig-as. Muy raro. 

— furcatus F. — En los mismos sitios. Alg-o más fre- 
cuente. 



DE HISTORIA NATURAL. 121 

ApJiodms sordidus F. — Dos ejemplares en una boñig-a. 
Geotriipes spiniger Marsh, (jyitncticollis Malin). — En las iDoñig-as. 
Raro. 

— liijimcrita Serv. — En las boñig-as y en el excremento 
humano. Frecuente. 
Anisoplia floricola F. — Sobre varias plantas. Muy raro. 
Hoplia áulica l^. var. chlofophana^v. — Sobre las flores de la 

adelfa (Nerimn oJeander L.) Frecuente. 
Megapentlies tiMalis? Lac. — Un solo ejemplar en bastante mal 

estado. 
Cardio'pliorus Graellsi Cand. — Sobre las plantas. Raro. 
RJiago7iycJia fuJva Scop. — En varias plantas, especialmente 

Umbelíferas. Poco frecuente. 
Colotes maculatus Lap. (trinotatusY.v.) — Sobre plantas diversas. 

Raro. 
Ebceiis glabricollis Rey. — Como la especie anterior. 
AntJioliomis jocosus Er. — Alg"0 más frecuente que los dos ante- 
riores y en igniales condiciones. 
Tentyría Peirolerii Sol. — Alg-ún que otro ejemplar corriendo 

por los caminos. 
Stenosis Mspaiúca Sol. — Peg-ado á las piedras por debajo. Raro. 
Scaunis sticticus Geming-r. (lyimctatus Hbst.) — Debajo de las 

piedras. Raro. 
Orgptimis giWmlus Quens. — Debajo de las piedras. Muy raro. 
Scraptia diibia Oliv. — Sobre las flores. Raro. 
Notoxus trifasciatus Rossi. — Mang-ueando las altas hierbas. 

Dos ejemplares. 
Anthicus hmnilis Germ. — Debajo de la broza alg-o húmeda. 

Frecuente. 
Sitones subcostatus Allard. — Sobre varias plantas. Muy raro. 

— crinitus Herbst. — Como el anterior. Poco frecuente. 

— Immeralis Steph. — Debajo de la broza y en las plantas. 

Común. 

— lineatns L. — Sobre varias plantas y debajo de las hojas 

caídas. Frecuente. 
Lariniís vittatns F. (nrsus F.) — Un ejemplar en un cardo. 
A2ñon malva F. — Con la mang-a. Raro. 

Cryptoceplialiis bimaculatns F. — Un ejemplar; ig-noro en qué 
condiciones. 
— crassiis Oliv.^Sobre diversas plantas. Muy raro. 



122 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Pacliylracliys i^radensis Mars. — Sobre varias plantas. Poco fre- 
cuente. 

Lochmcea cratcegi Forst. — Un ejemplar cuya estación me es des- 
conocida. 

Longitarsus taMdiis F. — Sobre la hierba húmeda. Alg'o frecuente. 

Hispa atra L. — En varias plantas. Raro. 

Sc7jmnus interruptiis Goeze. — Un ejemplar con la mang-a. 



Ortópteros. 

LabiduTíi riparia Pall. — Debajo de las piedras, á orillas del 
Seg-ura. (Larvas.) 

AoúsolaJjis racRsta Géné. — Un ejemplar debajo de una piedra 
húmeda. 

Forfícula auriciilaria L. — Debajo de las piedras y de las corte- 
zas. Común. 

Lohoptera dediñens Germ. — Debajo de las hojas caídas. Raro. 

Par'qñaneta orientalis L. — En las casas. Frecuente. 

Mantis religiosa L. — Un adulto y varias larvas en los arbustos. 

Ameles decolor? Charp. — Alg'unas larvas en las matas. 

Eriipusa egena Chari). — Dos ejemplares sobre la adelfa.. 

Tryxalis \inguicidata RJiamb. — En los parajes arenosos. Fre- 
cuente. 

Stenohothriis festizus Bol. — Entre la hierba alta y húmeda. 
Muy raro. 

— hamorrlioidalis Charp. — Entre las g-ramíneas. 

Raro. 

— jucundus Fisch. — Sobre los juncos; cerca del agua. 
Frecuente. 

Slauronoius Gemi Ocsk. — En la hierba seca. Muy raro. 
Acrotijlus patruelis Sturm. — Con el anterior. Un ejemplar. 
Splmigonotns ccBTulans'L. — En los caminos arenosos. No raro. 

— azurescens Ramb. — Con el anterior. Raro. 
PijrgoriiorpJia grylloides Latr. -Entre el pasto seco. Un (Y" y una9. 
Caloptemis iíalicus li. — Campos incultos; en larva casi todos. 

Abundante. 
Opomala cylmdricaM'dvscli. — Entre la hierba de las acequias. 

Seis ejemplares. 
Locusta viridissima L. — En los arbustos; junto al ag-ua. Raro. 



DE HISTORIA NATURAL. 123 

Tkyreonoins corsicus Serv. — En la hierba de las acequias. 
(Larvas.) 

NemoMus Heydeni Fisch. — Debajo de las piedras, junto al ag-ua. 
Muy raro. 

GrylliíS cavi2)estris L. — Entre la liierba y debajo de las piedras. 
Raro. 
— burdigalensis Latr. — Debajo de los montones de piedras 
en sitios alg'o húmedos. Frecuente. 

Gryllotalim mtlgaris Latr. — En las huertas y sitios húmedos. 
Raro. 

Tridactylus variegatiis Latr. — Saltando por la arena de las ori- 
llas del Segura. Alg-o frecuente. 



Hemipteros. 

Eurygaster Jiotteniota H.-S. — Un ejemplar mang-ueando la 
liierba seca. 

RhajJh'ig áster grísea F. — Un ejemplar sobre un arbusto. 

iStenocepkahis agilis Scop. — Entre las g-ramíneas. Raro. 

Corhns crassicornis L. — Con el anterior. Frecuente. 

Lygmis ¡^unctato-guttaiits Y. — Debajo de las cortezas de los 
árboles. Muy raro. 

PiezosceJis staphylimis Ramb. — Debajo de las piedras. Dos ejem- 
plares. 

DictyonoUt crassicornis Fall. — Sobre varias plantas. Poco fre- 
cuente. 

Velia currens F. — En las charcas y acequias. No raro. 

Redmiíis personatus L. — En el interior de las casas. Raro. 

Pirates liylridiis Scop. — En los huertos debajo de las piedras. 
Raro. 

NaMsferus L.— Un individuo en la hierba seca. " 

Phytocoris exoletus Costa. — Sobre diversas plantas. Poco fre- 
cuente. 

Tihicina quadrisignata Hag*. — Sobre los arbustos y matas. Fre- 
cuente. 

Hysteropterum gryUoides F. — En el pasto seco. Muy raro. 

EiqúyUura oJea Fonsc. — En los olivos. Abundante. 



124 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



Lepidópteros. 

Píqñlio Podaliriiis L. var. Feisthameli Bup. — En las huertas. 

Dos ejemplares. 
Pieris DcqiUdice L. — En todas partes. Común. 

— drassica L. — En las huertas. Tres individuos. 

— rfl^Jíg L. — Con el anterior. Más frecuente. 
Anthocharis Bella Esp. var. Ausonia Hb. — Volando por los ca- 
minos. Frecuente. 

Lyc(Pna Imtka L. — En las flores de alg-unos arbustos. Earo. 

— Astrarche Bg-. — A la sombra de los árboles. Abundante» 

— Icanis Rott.— En las flores de la mielg-a (Medicago sa- 
tiva L.) — Frecuente. 

Vanessa Atalanta L. — Un ejemplar en el parque del Estableci- 
miento. 
Pararge Megera L. — Por los caminos. Raro. 

— J^geria L. var. Meone Esp. — En el parque. Alg-o fre- 
cuente. 

FpinejjJieh Ida Esp. — En el mismo sitio. Raro. 
Ccenonymplia Dorus Esp. — En los cerros. Cuatro ejemplares. 
Hesperia thanmas Hufn.— Dos ejemplares chupando la humedad. 
Plusia gamma L. — En la maleza y volando aun durante el día. 

Frecuente. 
Heliothis peltiger S. V. — Escondido entre la maleza. Raro. 
Acidalia tnrbidariaYÍ. S. — Entre las hierbas altas. Dos ejem- 
plares. 

— ornata Scop. — Con el anterior; muy raro. 

— El mismo señor presentó las notas que se insertan á conti- 
nuación, debidas al Sr. D. Carlos Pau, de Seg"orbe: 

Plantas aragonesas recogidas por D. Benito Vicioso, 
de Calatayud. 

Clematis intégrala D. C. — Es la forma de la C. Vitalia L. de 
«hojuelas» enteras. — Campiel (número que trae la etiqueta: 
el 10). — A esta variedad pertenece la forma más g-eneral de 
España. 



DE HISTORIA. NATURAL. 125 

Cl • 'panicvlata Tliumb. — Forma de la 67. Yitalha L., con los 
■seg-mentos de las hojas profundamente festonado-lobados. Ca- 
latayud, en el término de Yal de Herrera, Ag-osto 93 (núm. 575). 

Nota. En mi herbario existe un plieg-o que dice así: «67^- 
maUs panicuJata Thumb. Jardín Botánico de Madrid, 7 de 
Octubre de 18(39.» — Es ig'ual á la arag-onesa. 

Otra. Todavía no poseo de España la forma de seg-mentos 
foliares festonados. Las de Olba (Arag-ún), Budia (Castilla la 
Nueva), CoUsacabra (Pirineos catalanes) y Seg-orbe, muestras 
que teng-o delante, todas pertenecen á la CI. integrata DC. 

Adonis cestiralis L. — Calatayud, 10 de Marzo y 4 de Abril 
del 93 (núm. 8). 

A. dentata Del. var. major Lg'e. — Ídem, id. (La etiqueta trae 
e\ núm. 9.) 

Nota. La especie más frecuente en Arag-ón parece ser la 
A. (EstiraJis; síg'uele á esta la variedad de la ^. dentata. Menos 
común que las dos es la A. Jiammea. 

No parecen ser constantes los caracteres tomados de la 
espig-a, ya densa, ya laxa; asperezas y dientes de los carpelos; 
sépalos lampiños ó pelosos, seg'ún muestras españolas de mi 
herbario. Una de las formas más curiosas de mi colección que 
recogi en Albentosa (Arag-ón), lleva en la base de la espig-a 
carpelos de fig-ura parecida á los de la A. autumnalis L., y los 
restantes de la A . Jiammea, á la que con seg-uridad pertenece. 

Ramincidus JiaJjeUatus Desf. x) onollis Freyn. — Campiel (nú- 
mero 5). 

Véanse Willkomm, Suppl., p. 333; Lóseos, Supl. 2.°, núme- 
ro 2.612; Supl. 6.", núm. 2.688, pues sospecho pertenezcan á la 
misma planta. — La de Campiel es idéntica á la de las cerca- 
nías de Guadalajara y difiere lig-eramente de las muestras 
recog-idas en abundancia por D. Antonio Badal en Valdecone- 
jos. La Rambla y Las Parras de Martín. — No he visto las 
muestras del Sr. Reverchon. 

R. Alem Wk., forma sublanata.— Orillas de las acequias. (El 
núm. 2). — E. Sceleratus L. — Ídem id. — R. SieveniAndrz. — Ídem 
<núm. 4). — R. re^jens L. — Ídem (núm. 3). — R. arvensis L. — En 
las mieses. 

Ceratocei)lialus incaims Stev. — C. falcatiis Pers.; ^ incanvs 
Boiss. — C.faJcatiis Lose, et Pardo., ser. imp., p. 6; trat., p. 2. 
— Aranda de Moncayo. Mayo 2 del 93. 



126 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Nota. Todas las formas que vi de Teruel pertenecen á esta 
especie, que abunda en la reg-ión montana. Calavia la indica 
en el mismo sitio que el Sr. Vicioso. 

Otra forma existe en Teruel recogida por los Sres. Zapater y 
Badal dependiente de ésta. El C. incanus Stev., js Albarraciní 
(Pan, notas, i, p. 10; iv, p. 11.) 

El C falcatíis] Pers. no debe faltar en Arag-ón, pues le teng-o 
de la Alcarria. 

NigeUa divaricata Beaupré. — Saviñan, 19 de Julio de 1893. 
(Etiqueta núm. 12.) 

Aconilmn vnlgare DC. — Collado de las Estacas y barranco de 
Añon, al dar principio á la vertiente oriental del Moncayo. 
19 de Julio de 1893. (Núm. 536.) 

A. Lycoctomim L. — Cerca del santuario de Nuestra Señora 
de Moncayo, sobre la fuente de San Gaudroso. (Núm. 535.) 

Delpñiniíim Loscosii Costa. — Viñedos. 

Paprner Argemone C; P. RJimas L.; P. liylrulum L.; Roemeria 
hyhrida DI.; Chelidoninm onajus L.; Hgpcconm iiendidum L.; 
H. procmndens h.; (xlcmdum cornicidatum Curt. — Cercanías de 
Calatayud. 

Nota. Una forma curiosa de la Roemeria hyhrida existe en 
las cercanías de Guadalajara: lasliojas menos divididas son, y 
sus lacinias notablemente ensanchadas, sépalos y cápsulas 
lampiños, y el estig-ma es bien diverso. Al principio sospeché 
si tendría un híbrido de dicha Roemeria y el Glaucinm corni- 
ciüaüim. Como es un miserable pie la muestra, no me deter- 
mino á darla nombre mientras la casualidad no me propor- 
cione de nuevo abundantes ejemplares. 

Fumaria parm flor a Lam. (núm. 23); F. spicata L. (núm. 25); 
F. officinalis L. (núm. 24.) 

F. Vicíosoi (an sp. nov.?) — (Etiqueta núm. 25 bis.) — Hojas de 
la F. rostellata Kaf., frutos de la F. officinalis, aspecto de la 
F. Scramii Aschrs. de las cercanías de Madrid (seg"ún las mues- 
tras calcetadas recientemente por el Sr. Lomax). La muestra 
recibida se reduce á un frag-mento desprendido al parecer de 
otro pie. Quizás tengamos un híbrido de la F. officinalis y 
F. Vaillanüi. 

SaTcocap)nos enneaphylla DC. — Rocas de Campiel y Villalbilla. 

RapJianiis satimis L. — Cerca de los sitios donde se cultiva. 
MaUJiiola (tristis var.?) Jiispanica. — No es M.variam M. carono- 



DE HISTORIA NATURAL. 127 

pifülia DC: debe ser M. trisiis Br.; mas sospecho que difiere 
de alg"imas muestras extranjeras. 

AraMs 2)arvula Dufour. — Viene mezclada con la J.. aiiricu- 
lata. — (Etiqueta núm. 48.) — Es planta nueva para la ñora 
arag'onesa. 

Nasturtium offidnale Br., v. siifolia Rchb. — Cardamine Mr- 
suta L. (núm. 43). Aspecto de la C. syhatica Lk., forma ro- 
busta. — Malcohiiia africana Br. — Erysimnm rejMndmnlj., 26 de 
Abril de 1893. Marivella (núm. 35). — E. australe Gay. Sitios 
incultos. — AUiaria officinalis Andr. Aranda del Moncayo. — 
Conriiigia orientaUs Rchb. — Sisymdrhim So2)Ma L. — S. Colmnnm 
Jacq. — 8. anstriacum ¡i (núm. 38). — S. Irio L. — S. Assoa- 
num L. & P. (ribazos y tapias abundantísimo, núm. 28). — 
8. offidnale L. — >S'. Mrsutum Lag-. — Brassica JVapns L. (sub-es- 
pontánea). — Sinapis arvensis L., var. (an S. Schkuhriana Rchb.) 
(Etiqueta núm. ^h) .—Erucastmm oMiisangnlum Rchb. (núm. 33). 
— Diplotaxis erucoides DC. — D. catJiolica DC. (núm. 32, nueva 
para la flora arag-onesa). — D. TÍminea DC. — Erucai-esicaria Cav. 
(núm. 46). — Eropliüa milgaris DC. — Koniga spinosa Sp. (Rocas 
de Campiel.) — K. Perusiana Nym. — A hjssumserpylUfoVmm Dsf. 
(núm. 74.) — A. Msjñdum L. et P. (núm. 52). — A. Umfolium 
Steph. (núm. 73). — Camelina microcarpa Andrz. — Vella Badali 
Pau, forma long'ifolia et ang-ustifolia. 5 de Abril de 1893. Már- 
g-enes de las viñas, rarísima. — Biscutellaanriculata L. — B. ste- 
nopJiyUa Desf., Campiel, Villalbilla, Huermeda, (núm. 54, 
determinación dudosa). — TJdaspi perfoliatuonl^. (núm. 60). — 
^tMonema saxatiU Br. Aranda del Moncayo. 

Nota. Abunda junto á Camarena en la Sierra de Javalam- 
bre; por cierto que la vi en estado de fructificación y observé 
las silículas inferiores con dos celdas y las superiores con una, 
invalidando, por consig-uiente, la división que establecen del 
g-énero en especies de silículas Ulocidares y de sUiculas unilo- 
ciúares. 

Cierta forma de este g-énero encontré junto al pico de Peñag-o- 
losa en Junio del año 1891; los Sres. AVillkomm y Lang-e la nom- 
bran Ae. saxatile en la pág-. 781, t. iii, del Prodr. El. Hisp. 
teniendo á la vista la muestra de Cavanilles; este nombre lo 
cambié en mis Notas botánicas por Ae. ovalifoHum, y así ha 
sido admitido por el Sr. AVillkomm en oX^upp. prodr. El. Hisp. 
Hoy, mirada con más detención, me parece bien diversa de 



128 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

las dos, pues su hábito es del Ae. TJiomasiamim Gay., casi en 
absoluto; y si no fuera por las siliculas, diríamos tener la mis- 
ma forma piamontesa en las cumbres de Peñag-olosa. Concuer- 
dan, además del hábito, en sus hojas todas de la misma forma 
trasovada y empizarradas en tallos completamente herbáceos, 
flores en corimbos densos y formando diminutos cespetes. 
Difiere por sus frutos (jóvenes) con estilo alarg-ado como la 
muestra que teng-o delante, áé\.Ae. gracile DC. de Macedoniay 
sin escotadura en su punta. También parece que deberán ser 
mucho menores y de otra fig-ura. Como es casi imposible que la 
planta valenciana sea idéntica á la piamontesa, por si resul- 
tara nueva, la propong'o bajo Ae. laJentíiium. 

Debo rectificar mi opinión expuesta en otra parte acerca del 
Ae. saxaiüe de Cavanilles, que tomé por .1^. laJeniinum: siendo 
tan frecuente en las montañas de Teruel la primera, me parece 
que debe existir ig-ualmente en Peñag-olosa, y está bien citada 
aunque no se encuentre en la cumbre. 

Lejjidium gramimfolium L. — L. Drada L. — L. suhiilaium L. — 
L. campestre L. — L. hirtum DC, íorma 2ja ni /I ora (L. Mrtum 
a 2)síIoj)/en/j/i ^\^k. — L. calycotrkhnm anct. arag. — L. Mrtum 
Mihi.) De Yillarroya de la Sierra al Salcedo. 

A esta forma parvi/lora del L. Mrtum pertenecen todas mis 
citas de Teruel y Valencia. El carácter tomado de los pelos de 
las siliculas no es constante, pues lleg-an á veces á ser cubier- 
tas del todo y otras veces carecen de ellos casi en absoluto. 

HutcMnnsia petraea L. — Isatis íi?icioris L. — Neslia paniculata 
Dsv. — Calepina Corüni Dsv. — Raiñstrum rugosum Berger. — He- 
seda iindataL. (R. Gayana Boiss., núm. 96: faltan cápsulas). — 
R. P/igteuma L., forma de hojas larg-uisimamente adelg-azadas 
en peciolo y sépalos muy anchos (an. var. nova?) Etiqueta 
núm. 94. — Reseda stricta Pers.; 6 Mayo de 1893; núm. 97. No ha 
sido descubierta en Arag-ón, hasta hoy, mas que en la localidad 
nombrada por Lóseos. — R. tutea L. — R. luteota L., Aranda del 
Moncayo. — Astrocarpus CJusii Gay., camino de Aranda á Yilla- 
rroya; núm. 93. Únicamente citado en Arag'ón por Asso hasta 
que el Sr. Vicioso le ha vuelto á encontrar, confirmando di- 
cha cita. 

Heliaiithemum umbellatum Mili., forme fuliis revolutis. Villa- 
rroya de la Sierra. — H. eriocautonDun., id. — //. Mrtum P. (nú- 
mero 77). — //. squamatum P. — //. iniermedium DC. — H. xulgare 



DE HISTORIA NATURAL. 129 

Gaertu, discolor angustifoUmn. — H. 2i(^^i'icuJatum D., números 
80 y 85. — H. Fiimmia Mili., Yillarroya de la Sierra. 

Viola tricolor L., h. 2)(iTmila Lg-e., prodr. iii, p. 702 (números 
88 y 89). — Viola arenaria DC. Aranda de Moncayo (núm. 90). — 
V. odorata L., números 86, 87 y tal vez el 91 del Moncayo. — 
El núm. 87 tiene aspecto de V. permixta Ford., el 91 de 
V. hirta L. 

V. montcaunica Milii. — V. corniUa L., 7. micrantlia Lg-e., 
prodr, III, p. 700. 

No solamente consideraciones g-eogTáficas, pues la verda- 
dera V. corimta L. no escapa de los Pirineos, sino diferencias 
morfológ-icas me inducen á considerar esta forma como sub- 
especie de la V- cornuta L. 

Las hojas son de diferente fig-ura (exactamente ovales), y 
además de presentar redondeado el ápice, su base no es acora- 
zonada nunca, y aun en las liojas más bajas presenta el limbo 
cierta decurrencia que casi lleg-an á ser cuneiformes, carácter 
que no tienen las muestras pirenaicas. Las estípulas son laci- 
niadas y el lóbulo central es notablemente mayor y más estre- 
cho que en el tipo. Las flores son tres ó cuatro veces menores; 
los sépalos no son cuspidados, ni más larg-os que la cápsula (en 
la V. cornuta aleznados y bastante mayores que la cápsula). 
Los pétalos no pueden observarse; únicamente el espolón se ve 
doble mayor que los apéndices sepalinos (en la V. cornuta ex- 
cede de cuatro veces). 

Julio 1893. Vertiente oriental del Moncayo; número de la 
papeleta, el 543. 

Franqnenia Reuteri Briss., núm. 98. — Fr. imheruUnta L., 
núm. 99. 

Githago segetum Dsf. — Melandryíim pratense RocliL, ribazos 
de Campill. — Silefienevadensis Boiss., núm. 129.— xS'. Otites Sm., 
núm. 163. — S. arvensis Lóseos. — S. riiheUa L., núm. 106. — 
S.portensis L. Sierra de Vicort, núm. 113. (Planta de Arag-ón 
no encontrada más que por Calavia.) — >S'. nocturna L., núme- 
ro 102. — S. conoidea L., números 104 y 105. — Saponaria ocy mol- 
des L. Aranda. — S. vaccaria L, var. grandiflora Fisch. ap. DC. 
— Ggpsophila Hispánica AVk., núm. 114. 

Dianthus proliferlj. — D. lusitanicus Broi., núm. 109. — I). Ilis- 
panicus Asso, núm. 110. — IJ. Jaricifolius B. & R. (D. Carijophyl- 
lus Asso, p. p. — D. attenuatus Lose. & Pard. series, 63; trat. 26.) 

ACTAS DE LA SOC. ESP. — XXIII. 9 



130 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Moncayo, nueva para la flora de Arag-ón. 

Nota. Resulta que el Dianthiis Caryoi^liyUns de Asso abarca 
dos especies bien diferentes. La de Orihuela (Sierra de Albarra- 
cín) es el J). casms Sin.; la del Moncayo es, como liemos dicho, 
el D. lariáfoUus B. & R. 

DiantJms Viciosoi sp. nov. Sierra de Vicort. Espero recibir 
ejemplares frescos para estudiar esta planta que difiere, á pri- 
mera vista, de todos los claveles que poseo de Europa; única- 
mente g-uarda analogía con el D. Langeamis Wk., de Galicia; 
más ésta tiene hojas de Iberis saxntilis, y el de Vicort es bri- 
coideo, crece en g-randes céspedes peg-ados al suelo que hace 
sumamente pelig'roso el terreno por lo resbaladizo. 

Velezia rígida L. Moncayo. (Sin etiqueta y en compañía del 
D. Jañcifolius,) 

Cerastium yerfoliatmn L. — C. milgatum L. — C. Iii(PÍ Desm., 
núm. 126. — Stellaria media Cyr. — St. neglecta Whe. — HoJosteum 
umljeUatmn L., números 123 y 127. 

Arenaria grandiflora All. v. triflora, núm. 119, de Villarroya 
á Aranda. — A. montana L,, núm. 120. — A. serjiyUifoIialj., nú- 
mero 121. — AJsine tenmfolia ^Vhlb. — Spergularia media P., 
números 117 y 128. — Sj). rndra P. var. ¡ongipes Lg-e. 

Linum narhonense L., números 135 y 137. — L. svfl^ruticosiim L. 
— L. estricfnm L. 

Linum austriacum Willk. in Wk. & Lg"e. prodr. iii, p. 550 
(non L. ex auct.) — L. coUinum auct. (non Guss. ex descr.!). 
Viñas de Calatayud. Mayo 93; etiqueta núm. 136. 

Planta nueva para la flora de Arag'ón y rara en España. La 
daría bajo L. coUinnm Guss., sig-uiendo á los autores que del 
L. austriacuní español se ocupan, pues dicen es el mismo de 
Gussone; si lo creyera cierto y no lo tuviera por dudoso, al 
menos en parte, que la planta catalana, que no he visto, deberá 
pertenecer al L. Imve Scop. ó á otra forma dependiente del 
L. alpinum L. 

Con el fin de salir de dudas recurrí al Jardín botánico de 
Palermo, y díceme el Dr. Ross que todavía no ha colectado esta 
especie en Sicilia. La descripción que da de su especie Gusso- 
ne no cuadra de ning-una manera en la planta bilbilitana, y 
en prueba de ello aquí la copio tomada de la observación al 
L. avstriacum. 

«In planta sicula folia omnia pellucido-punctata et tubercu- 



DE HISTORIA NATURAL. 131 

lata, multo ang-ustiora ac tenniora (iiam fere filiformia), qiiam 
in planta austríaca; sepalorum nervius medius non usque ad 
apicem productus ut in icone citata (Bchb. 16, t. 5156) sed 
usque ad médium ut in icone L. squamulosi Rclib., fig-. 5156 b.; 
ita ut Ínter utrasque species media, ac forsam nova, et tune 
L. collimim appellanda.» Syn. fl. sic. ii, p. 808. 

Analicemos la descripción. La planta siciliana lleva toda la 
hoja punteado-transparente, y la muestra que teng-o delante 
apenas presenta alg-una que otra hoja con reducido número de 
puntitos transparentes. Esto nada indica, pues la muestra aus- 
tríaca de mi colección llévalos, y los llevan ig-ualmente los 
L. SorcT/i Jord., L. limanense Lamot, L. alpinum, etc., pero no 
puedo descubrirlos en el L. j';ere;¿í¿6^, especie más afine del 
L. aiistriamim que el L. alimimn. Yo creo que todas las espe- 
cies de la sección Adenoliniim Rchb., presentan los puntitos 
transparentes en mayor ó menor número en el ápice de las 
hojas. 

Añade la descripción que sus hojas son más delgadas y 
tenues que la anstriaca: la planta arag-onesa son más cortas, y 
su anchura, si de alg-o peca, ha de ser por alg-o mayor. 

Respecto á la costilla de los sépalos he de consig-nar que mis 
muestras de Austria presentan en un mismo pie (!) unos ner- 
vios centrales hasta el ápice, y otros no van más allá de la 
mitad de la long-itud del sépalo. También he notado que la 
fig-ura de los sépalos varía mucho de la floriación al período 
de fructificación. 

No parece, en último resultado, nuestra muestra diferente 
del L. austriacíim L., á pesar de presentarse corolas mayores y 
cálices menores en la planta arag-onesa. La cultivo para estu- 
diarla mejor. 

Malva mdgaris Pers., núm. 139. — M. Syhestris L. 

Lavatera maritima Gou. (L. tríloha Asso.) — Rocas del Villal- 
billa, núm. 140. 

Planta nueva para la flora del Arag-ón. 

Áltlma carmabina L., núm. 142. 

Hypericum perforatum L.; Campiel, Calatayud, Moncayo. — 
//. ietrapterum P. — //. pnldirum L.; Moncayo, núm. 544. — 
H. kumifíissum L.; Sierra de Oicort, núm. 156. 

Gferaniumpyrenaicum L.; núm. 148. Aranda. — /. dissectum L.; 
núm. 150. — Ct. moUe L.; núm. 147. — Cí. rotimdifolmm L.; nú- 



132 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

mero 145. — G-Boheriiamim; ni'im. 153. — Gf. miniitiflonim Jard.; 
núm. 146. — Frodimn ciconium "W. — E. cicutarmm l'H. — E. ma- 
¡acoides W.: núm. 155. 

HapIo2)hyUum Msimiúciim Sp. ; forma laiifolia puhescens. — 
Ruta Chalepensis L. — R. montana L. — Peganum Harmala L. 

Pistada TereMnthiis L.; Campiel, núm. 563. 

(xenista florida L.; Moncayo. — ArgyroloUnni argentenm Wk.; 
núm. 207. — Ononis Natryx L. — O. tridentata L., v. latifo- 
lia Lg-e.; números 166 y 167. — SpaHmm jwnceum'L. — AnthylUs 
Vulneraria h., var. rubri/lora DC. — S. calycihus discolorifms; 
núm. 163. — Medicago orMcularis AIL; ¡2 marginata Btli.; núme- 
ro 174. — M. agriciilata AY.; núm. 209. — M. (rerardiKit.; núme- 
ro 210. — J/. sativa L. — M. 7mnima Lam.; núm. 176. — M. arahi- 
ga All.; en los sembrados; nueva para la flora arag-onesa, 
núm. 176. — TrigoneUa polycerata L.; en las tapias. — MeJilotus 
sulcata Dsf. var. a et •^. — M. alba Desr. (forma? aragouensis). — 
M. iiiacrorrliiza auct. arr.? 

Leg'umbres lampiñas, pétalos apenas desig"uales, dientes 
calicinalis dohle menores que el tubo (esta cortedad no la pre- 
senta ning'una muestra de mi colección), obtusos casi ig-uales, 
bracteolas yequeRisimas, microscópicas casi, mucho menores 
que en el tipo. 

La M. linearis Cav. creo que es sinónima de la M. macro- 
TrJii:a AVk. (prodr.) et Gr. & Godr. (Flore de France.) 

Trifolinm pratense L.; orillas de las acequias. — T. Mrtum All.; 
núm. 180 (nueva para la ñora arag'onesa). — T. arvense L. — 
T. scahruní L. — T.fragifermn L. — T. patens Schré. — (T. agra- 
o'ium Asso., non L. nec auct.) Peñascos de Huermeda, An- 
día, etc. Nueva para Arag-ón. 

Dorycnium decumhens Jord. De Aranda á Yillarroya (ejem- 
plar malo). 

Lotus siliquosus L. Orillas de las acequias. — Lotus temdfo- 
liiis Rclib., núm. 169. 

En Arag'ón no se conocía localidad fija y cierta (Lóseos, 
trat. p. 43); en España es planta rara ó pasa confundida con 
especies afines. Existe y la poseo en mi colección además de 
Calatayud, del Llobreg'at y Alcarria. 

Coronilla minhna L., ^ anstralis, números 194 y 197. — 
Ilypiyocrepis ciliata W. — //. glauca Ten.; Campiel. — Psoralea 
bituminosa L.; números 278 y 286. — Astragalus Mrnosus L.; 



DE HISTORIA NATURAL. 133 

núm. 190. — A. sesameiis L.; núm. 189. — A. macrorrhkus Cav.; 
números 191 y 211. 

Lathyrus luderosus L. Entre las mieses. — L. ApJiaca L. — 
L. S2)Jim'icus Retz.; núm. 203. — Vicia "peregrina L.; núm. 201. — 
V. sativalj., forma grandifolia; núm. 204. — V. sativa L.; nú- 
mero 205. — V. lútea L.; Aranda del Moncayo. — V. tenvifo- 
lia Rth.; núm. 199. — V- monantJios Dsf. ; núm. 212.— Prumis 
próstata Labill., Peña de la Mora. 

Nota. A esta especie pertenece el núm. 425 de Asso seg"ún 
muestras de Huermeda y Campiel en la Peña de la Mora. 

Primiis simiosa L.; números 216 y 217. 

Sjñrma Ulmaria L.; Ceruela y Tarazona. (Hojas con el envés 
plateado). — SjJ- Jtahellata Bert.; núm. 223. (Es una lástima 
que la etiqueta no lleve indicación ning'una. Después de Asso 
no fué colectada en Arag-ón por nadie.) 

Biihis ccesi'US L.; números 216 y 217. 

Potentilla reptans L. — P. verna L. (var.?) En el Moncayo. 

Geum urhanum L.; en el Moncayo; núm. 213. 

Mosa micrantha Lm. — Agrimonia Eupatorium L. — AlcJiimilla 
alpina. Encima del santuario de N. S. del Moncayo. 

Crat(pgns monogyna Jacq., var. segohicensis Pau.; notas bot., 
números 222 y 571. Orillas del barranco de Marivella. 

Nota. Esta variedad es muy parecida al Cr. Acarolns L.; 
pero es muy fácil de disting-uir por sus pedunculillos tenues y 
larg"os y no cortos y robustos. El fruto de un solo hueso la 
aparta de su cercana C. oxayacantlia L., y el color rojo vivo no 
lo llevan los frutos del C. Acarolus L. 

Momordica Elaterimii L. 

EpiloMmn Mrsutum L. — E. parcijlorum Rtz. 

Lythriim Salicaria L. 

Tamarix gallica L. Orillas del Jalón. 

Paronichia capitata Lam. — P. carpetana Mihi lierh. Orillas 
del Ribota; núm. 230. 

Nota. Esta misma forma me fué remitida por el Sr. Lomax 
de los Montes Carpetanos y colectada al pie del Puerto de Gua- 
darrama, en 4 de Junio de 1893. 

Planta muy parecida á la P. Argéntea Lam., /? manrita- 
nica DC, pero por sus hojas más anchas se disting'ue perfec- 
tamente á primera vista. Al parecer es intermedia entre la 
P. argéntea y P. polygonifolia DC. 



134 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Hermana annua Lag-.; ni'im. 232. 

Corrigiola tdepMlfolia Pourr. Campiel, núm. 233. 

UmMlicus iKiidnliiuíS DC. Sierra de Yicort; uúm. de la pape- 
leta, el 97. 

tSedum acre L. — S. álbum L. — S. ampJexicaule DC; núm. 234, 
Campiel. — S. aUissimnm Poir. 

Saxífraga diclwtoyna Willd. — >S'. Arundaiia Boiss. — Peña Ga- 
linda y Val de Vicort, núm. 241. 

S. Alharradnensis Pau, hh. 1890. Campiel, núm. 240. 

Aff. ;S'. carjietance, sed foliis caulinis laciniatis, pedunculatis 
et teñera ab hac districtissima! 

Nota. Este mismo veg-etal me fué remitido ya liace años 
de Albarracín por mi amig-o Sr. Zapater; y como no poseo 
muestra alg'una con quien pueda unirse, ni conozco descrip- 
ción que le cuadre, le doy con el nombre de mi herbario hasta 
que nuevas recolecciones veng-an á confirmar ó neg'ar mi 
teoría. 

/S'. TridadyUtes L. Campiel y Eibota. 

S. panicidata Cav., j3 tenuiseda. — >S'. WiUkommiana Boiss. — 
S. vaJentiua AVk. (1). — S. Pentadactylis Wk. (é loco Moncayo.) 
Campiel: número de la etiqueta, el 238. 

Nota. Véase acerca de esta especie á Willkomm, SuppL, 
p. 209: Leresche y Levier, deux exc, pp. 189-191. Lóseos, 
Trai., p. 65. 

Thapsia vUlosa L. , & lailfolia Boiss. Al pie de la Peña Ga- 
linda: más abundante entre Huermeda y Villalbilla. 

Nota. El Sr. Lang-e (\Vk. & Lg-e. prodr. iii, p. 77), dice: 
«a per totam Hisp. passim! j3 rarius.» 

Las muestras de mi herbario demuestran lo contrario. La 
poseo de localidades bien apartadas y todas ellas pertenecen á 
la Th. salmanticensis Clus. — Th. máxima Mili., y no al tipo. 
Sierra Nevada (Dornajo), Montes de Ávila (Pico Zapatero), 
montes de Teruel, Alcarria y Sierras Seg-orbe. 

Daucus Carota L.; núm. 255. — Turgenia laU folia Hífn.; nú- 
mero 245. — Caucalis daucoides L.; núm. 247. — Torilis Jidve- 
tica Gm.; núm. 248. — Pastinaca sativa L. — Tordylium máxi- 
mum L.; núm. 246. — Anthriscus mügaris P., jS neghctus Los- 



(1) Nombre impropio: en Valencia no existe. El Sr. Reverchon aprecia poco las 
regiones y... los nombres nuevos que le dan. 



DE HISTORIA NATURAL. 135 

eos & Pardo; núm. 256. — Scandix Pectén Veneris L. — Apium 
nodijiorum Rchb.; núm. 251. — A. gramolens L.; núm. 251. — 
Biqüeurnm opacumljge.', núm. 244. — B.filiWílú. — (B. tenuissi- 
imim L., \2íV . JiagelifoTmiQ Lg-e., prodr. iii, p. 70). Aranda. 

Nota. Ig-noro si esta forma es la misma de los autores ara- 
g-oneses Lóseos y Pardo, que no admiten más que el B. tenuis- 
shmim L. Ni en la Serie ni Tratado se encuentra la variedad 
propuesta del Sr. Lang-e que «ni se extiende, ni se lia visto en 
otra parte» fuera de Caspe y Cliipriana (Lóseos y Pardo, serie 
imperf., p. 166). 

Lonicera etrusca Sav.; números 257, 258 y 259. " 

RuMa tinctonim L. — R. peregrina L.; núm. 268. 

Cfalium rigidum AVill.; núm. 265. — G. rigidum., v. 8 falca- 
tmn Lg-e.; números 264 y 269. — Cf. Aparine L.; núm 263. — 
(t. Vaillantii DC; núm. 270. 

Planta rara en España, en donde apenas se indican en el día 
más de dos localidades, y nueva en Arag'ón. 

La muestra de Calatayud presenta los frutos más pelosos 
que la de Seg-orbe; son casi tormentosos y niveos. 

Asperida macrohvza H. & L. Viñas de Jesús del Monte; nú- 
mero 260. — A . arvensis L. 

Crucianella patilla Ij. Aranda del Moncayo. — Cr. angustifo- 
lia L. 

VaJerianelIa olitoria Poli.; núm. 272. — F. discoidea Lois. 

Centranthus Calcitrapa Dufr. 

ScaMosa stellata L.; núm. 276. — Se. monspeliensis Jaq. — 
Se. maritima L.; números 274 y 277. 

El núm. 277 se reduce á un frag-mento, y no obstante, puede 
asegurarse que no existe en España forma más robusta. Es 
preciso colectarla de raíz y cultivarla, no siendo posible pre- 
sentarla completa en herbario por su robustez. 

Cephalaria ¡eucaniha Schrad. 

Nota. Procedente de Albarracín existe en mi colección una 
forma de esta familia, afine de la Trichera coUina Nym., y 
diversa, á mi entender, de todas las especies españolas. En mi 
herbario consta, desde el año 1890, bajo Trichera ¡ongiflora. 

Es de tallos débiles retrosso-pelosos con su último entrenudo; 
las hojas todas con las lacinias muy estrechas y con alg-ún que 
otro diente ó festón y pelosillas. Las corolas se parecen por la 
long-itud del tubo, á las de la Knautia hybrida Coult.; en estado 



13& ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

seco parecen ser amarillentas con un exterior lig-eramente 
rojizo. 

Como esperaba estudiar sus frutos no la describí antes, y hoy 
únicamente me permito decir lo anterior por llamar la atención. 

Doronicmn yJantagineum L. Peña Galinda (Campiel). 

Nota. La muestra es un frag-mento, pero no teng-o duda 
alg-una de que pertenece á esta especie. Comprende el señor 
Vicioso que esta planta no ha sido recolectada en Arag-ón des- 
pués de Quer (alg*unos autores dicen Orteg-a), y que por lo mis- 
mo es inútil encarecer el hallazg-o. 

Senecio Doria L. (327). — S. Tourneforüi'L^^., 3 aragonen- 
sis Wk. Moncayo {r:>4.^).—S. prfpaltus Bert. (566, 325 y 326). 

Nota . Los ^S'. in(PaU'iis Bert. y B. foliosns Salzm . , á mi enten- 
der, no son más que una misma cosa. El primero es forma 
lampiña; el seg'undo, lanuginosa; el primero, elevado y hojas 
distantes; el seg"undo, de menor talla y hojas aproximadas. 

>S'. adoividifolius Lois. ISIoncayo. — S. gaUicits Chaix. — S. vis- 
cosKS L. Moncayo (543). — S. Tulgaris L. — S. minutus DC. (291). 
Planta perteneciente á especie nueva para la flora de Arag-ón. 

Anthemis armnsis L. — .1. Cotilla L. — Anacyclns clavatus P. — 
AcMUcea micropJiylla W. (333 y 335). — A. Ageratum L. 

Nota. En la sierra de Albarracín, á los L800 m. de altura, 
se encuentra una forma de este g"énero, descubierta por don 
Bernardo Zapater. Paréceme desconocida y la propong-o bajo 
Achuica Zapateril. 

Aíf. A. Ptarmica L.; sed foliis non acutatis, crenatis, squa- 
mis non fusco-marg-inatis , lig-ulis latis ovatis, ab illa diífert. 
— Syn. A. pyrenaica auct. arag-. non Sibth. 

Santolina CJiam/ecyparissus L., j3. rirens Willk. 

Leucanthemiim milgare L. Riberas del Jalón. 

PyretJirnm pulTtrvlentum Lag-., /?. svlphnreiim (B. & R.) — 
ChrysantJiemum aragonense Asso! Lomas al pie de la sierra de 
Villarroya, en el Salcedo. 

Artemisia A dsintMum L. — HelycJirysnm StoecJias DC. — H. sero- 
tinmn Boiss. (341). — Antennaria dioica Gr. Moncayo. — Filago 
spathnlata Pr. (335).— i^. germánica L. (334, 336, 338 y 339).— 
Crnaphaliíimluteo-alhnml.. — Solidago Virga-aurea L. Moncayo. 
— Erigeron canadenseL. — Bellis perennis L. — Asteriscns aquati- 
cns Less. — Pallenis sp)inosa Cass. — Imila Británica L. (343). — 
/. montana L. — Pulicaria dysentericaG. — Micropiis erectusL. 



DE HISTORIA NATURAL. 137 

(337 y 342). — Tussilago Fárfara L. — Caléndula arvensis L. — 
EcMnops Ritro L. — AtracUjUs humilis L. — A. cancellata L. — 
Xeranthemítm erectiim Pr. — Arctium mimis Schk. — Onopordon 
Acanthmm L. (375 y 564).— O. cory;;¿§o.9?f;/¿ Wk. (378). — Sihj- 
Mim Marianum G. — Cirsium arvense Scop. ^661). — C. Janceola- 
tuní L. (Aranda y Calatayiul , números 374, 558 y 583).— 
C. odontolejñs Boiss. (372). — C. montcamiicum (C. ferox Calav.? 
Moncayo, núm. 556). 

Afine del C. ferox, pero sus escamas bruscamente lineares y 
densamente lanosas le diferencian del C. eckinaíum-povla forma 
de las cabezuelas y debilidad de las escamas; de los C. eriop/w- 
rmn y C. odontolejñs, especies sumamente cercanas, por carecer 
de la dilatación que llevan junto al ápice de sus espinas las 
escamas de las cabezuelas. 

Planta muy joven, sin ñores y quizás poco diferente del 
C. eriophorum. 

Una forma intermedia entre esta y el C. montcavMicniív 
parece existir en la Sierra de Albarracín (Zapater, Seg-.) 

Cirsium monspessulanum AIL, y. ferox Wk. — Cardnus Marii- 
nii Timb.? — C. Assoi Willk. (var.?) — C. acani/ioides Abso ex Lós- 
eos! (var.?) 

Nota. El C. acant/ioides Asso, seg-ún Lóseos hb.! es más 
ríg-ido y menos herbáceo, con las hojas más dilatadas y de 
color verde más pronunciado; pero no es debido, seg-ún las 
muestras de Seg-orbe, más que al terreno en que crecen. La 
muestra de Calatayud es de idéntica facies é idénticas hojas 
á la muestra de Timbal-Lagrave que poseo, mas no pueden 
estudiarse las cabezuelas, por llevar la muestra colectada por 
Timbal cabezuelas muy jóvenes. 

Carduus pycnocephalus L. (375 y 376) . — Lemea conifera DC. 
— Cardmicellus monspeliensium All. — Carthamus lanntus L. — 
Centaurea deusta Ten. (var.) 367. — C. linifoJia Vahl. — C. Sca- 
Mosa L. (C. cephalarim folia Wk.) — C. órnala W., a. macroce- 
phala (núm. 550 de Villarroya á Aranda). — C. ornata W., ^. mi- 
crocephala (An C. ceratophylla Ten.?); números 557 y 552. En 

las viñas. — C. MlMlitana Mihi (C X deusta); números 365, 

364 y 362. 

Nota. Con seg-uridad híbrida. ¿Entre la C. deusta! y C. te- 
miifoliaí Es preciso descubrir la otra especie que no he visto. 

Centaurea Cyanus L. — Microlonchus salmantims DC. (M. Clu- 



138 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

sii Sp.) var. Iej)¿ocep/iaIa. — M. Isernicmus Gay et Webb? (forma). 
En Ribota y Campiel. 

OJ)S. Ig-noro si al tipo propuesto por el Sr. Graells pertenece 
la planta de Calatayud que es la misma que abunda en las 
cercanías de Seg-orbe y en todo Arag-ón y Valencia; existe en 
el Escorial (Mazarredo ad Societ. Bot. Barcin., anno 1872) y en 
las cercanías de León (Lornat). Es menos robusta en todas sus 
partes que el M. salina iiticus; sus cabezuelas doble menores y 
más alargadas; escamas más redondeadas en el ápice, que 
lleva la mancha negruzca de forma semilunar y no triang'ular 
ópuntiforme. Las hojas, siendo menores ó menos robustas, son 
de la misma forma que el tipo, por lo que no puede pertenecer 
qXM. Iserniatius, que las presenta enteras. Sin embargo. Lóseos 
y Pardo dicen, y es verdad: «Hojas enteras ó pinatifidas son 
caracteres inseguros de poco valor.» /S'me imperfecta, pág. 228. 

CnipinamiJgaris Cass. — Sonchus aquatilisVoviYv. (S. paucijlo- 
rus Echeand., S. Meracioides Wk., ^S*. mañtimns Cav.) Abun- 
dante en las acequias (523 y 285). — >S'. ienerrimus L. (311, 287 
y 299). — S. asper Will., a. inermis Bischíf. et &. pungens Bischíf.; 
núm. 312. — S. oJeraceus L., a. triangularis \\"allr. (284), ^.ínte- 
griíoUus Wallr, (286). — Lactuca Scariola L. (375). — L. sativa L. 
(295). — L. ximinea Pr. Moncayo. — Cliondrilla júncea L. — Tara- 
xacíom ohovatum DC. (298). — T. erythrospefmimi Andrz. (297). — 
T. lavigatum Rchb. (300 y 296). — AndryaJa macrocephala DC. 
(329). — A. hjrata Pouvr. (A. incana DC.) — A. coryniJjosa Lamk. 
— A. moUis Asso (280). — A. ragusina L. + A. iutegrifolia L.? 
(280 bis). 

Nota. Por su vestidura se parece á la J.. ragusina; por su 
aspecto, á la J.. dentata S. & S. (A. tenmfoUa DC.) de Oriente. 

Sumamente parecida á la dicha últimamente, siendo muy 
posible que á esta forma, nueva para España, pertenezca la 
planta del litoral catalán que poseo en mi herbario, aunque no 
concuerde del todo con las muestras sicilianas. 

Digo esto, por llamar la atención de los botánicos catalanes 
hacia esa forma. 

Hieracium amplexicauU L. (H. halsameuyn Asso, H. derardia- 
num Arv. Tosco!), 529, en el Moncayo. — H. (Pilosella var.) 
xelutinum Heg. (281). — H. Pilosella L. ^. gramdijiornm^^., 
prodr. Fl. Hisp. ii, 253 (II. macranthum Ten.?) (282). — Crepis 
tirens L., /•>'. runcinata B. (295). — C. yulchra L. (283 y 305). — 



DE HISTORIA NATURAL. 139 

C.foetida L. (313).— C T(imxadfoliaT\\. (305 y 388).— (7. R. Ta- 
raxacifolia Th., var. 'pectinata Wk. (Barkhaiisia lieterocarpa 
Boiss.), 289. — ZoUikoferia pumila DC. (308). — Tragopogón 
pratense L. (309). — Podospermum ladmaliim'DC. (302).— P. de- 
cumbens G. et G. (292). — HeJnilntMa echioides G. — Leontodón 
Jlispanicus Mer. (519, Anchis). — Thr'uicia Mspida'Rt\\. (303). — 
T. hirta Rth. (290). — Scolymus Mspanicus L. — Lapsana commu- 
oiis 'L.—Rhagadiolm ediilis G. s. glaher. — Hypoclimris radi- 
cata L. (310) . — Xantliium strumarium L. 

Campánula rotiindifolia L. Moncayo (números 532 y 390). — 
C. Erimis L. — C. Rapmiculus L. (288). — C. hisitanica L., s. Ma- 
tritensis (A. DC), núm. 387. — Jasioiie montana L. (385). 

Nota. En las cercanías de Teruel existe una Speciilaria 
perteneciente al tipo específico Sp. speculnm DC. , bastante 
curiosa, tanto por referirse á especie poco conocida, como por 
pertenecer á variedad nueva. Los Sres. Willkomm y Lang-e 
no vieron el tipo de España, y el difunto Lóseos dice (Trat. pá- 
g-ina 104) que no posee la planta de Tolocha para comprobar 
la cita de la Serie, núm. 1.287. 

La muestra de Teruel difiere por sus pedúnculos larg-uísimos 
y por sus dos brácteas lineales en la base del cáliz. La propon- 
g-o bajo Sp. spulnni DC. j3. Zapaterü en recuerdo de su colector. 

Erica arboreali., fovm.aIeptop/igna;MoncB,jo. — F. Tetralix L. 
var. Assoana (E. cinérea Asso). Moncayo, junto á la fuente del 
Sacristán (núm. 522). 

La Y2i\'\e(}LQ.()i glahrescens ().el Prodr. El. Msp., iii,344, es forma 
33in importancia taxonómica (la r); glandulosa Lg-e., paréceme 
ser la misma de la Elora selecta, núm. 95, de Cli. Magnier. De 
todas y del tipo que poseo de Suecia, Alemania, etc., etc., se 
aparta la planta del Moncayo. 

Jasminimi friUicans L. — Vincetoxicum oJicinaJe Mcli. Riberas 
del Jalón. 

Nota. Esta planta se me ha extraviado y no poseo más que 
la papeleta. 

Chlora 2iGffoliata L. f., Erythrcea turoJensis Pan, herb. (1886) 
teste Reverchon (E. BarreUeri Wk. Sitppl., p. 329; Rev. pl. exs.) 
Lomas de Marivella (Vicioso), Sierra de Albarracín, cerca de 
Gea, Sierra de Alcalá de la Selva, Mora, etc. 

A primera vista difiere por la abertura de sus ramos arquea- 
dos hacia arriba y no rectos como la E. BarreUeri. 



140 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

ErytJircea temiiflora H. et L. (núm. 395). 

Cahjstegia Sepkim Br. — Conwlmihis Cantahica L. — C. linea— 
tus L. — C. arvensis L. — Cuscuta Ejñthymumlj. (462). — ídem, id. 
var. R'oschyi (401). 

HeUotrojmim europíBenm L. — Borrago offiánalis L. — AncJmsa 
itálica Rch. — Nomiea alba DC. — EcMum mugare L. — Lithosper— 
mnm fniticosum L. Val de Yicort, Calatayud. — L. offichiaWL^ 
— L. arvense'L. — L. ajntlum ^\^ahl. De Aranda á Villarroya. — 
Mijosotis versicolor Sm., 410. Val de N\covi.—Cy7ioglossíimpictiim 
Ait. — C. clieirifolinm L. (413). — Omphalodes linifolia Mcli. — 
Echinospermíim La2)p'ula Lchm. — Asperngo procumhens L. 

Datura Tatula L. (forma nueva para la flora arag-oiiesa). — 
Hyoscyamiis niger L. — H. albus L. — Lycium enropcEum L. — Phy~ 
salis Alkekengi L. — Solanum Dulcamara L. — S. nigrum W. 

Verbascnm Tliapsus L. — V. sinnatum L. — Scrophularia agua- 
tica L. (448). — fie. caninal,. — Digitalis obscuraL. — D. tomentosa 
H. L. (abundante en el Moncayo). — D. ¡mrpiirea L. Panticosa, 

— D. parvijlora Jaq. Moncayo. — Antirrhinnm BarrelieriBor, 
(432). — linaria spartea H. 4 L. 

Nota. Los Sres. Lóseos y Pardo no la incluyeron entre las 
plantas arag-onesas; lueg'o puede considerarse como nueva 
para Arag-ón, á pesar de lo que indican los autores del Pro- 
dromiis. 

Linaria Mr t a Xit. — L. striataJ)C. (438). — L.simplexJ)(l. (437), 
—L. melanantha B. & R. (439).— Z. supina Desf. (436, 442, 443, 
445, 446, 447). — L. delpJiinioides Gay. (440), nueva para el Ara- 
g-ón. — L. spuria Mili. (433). — L. robusta Lóseos! Frecuente en la& 
viñas del Pilar (435). — Verónica Beccabungalj. — V. AnagallisL. 

— V. hedercefolia L. — V. polita Fr. (429). — Y. arvensis L. — 
V. precox A\\. — Odontites longi^oraV^'ehh. — 0. rubra P. (499). 

— Ceratocalyx macrolepis Coss. (454). — Orobanche Ilederm Dub. 
(455). — Phelipísa Miiteli Reut. — Verbena ojicinalish. — Teucrium 
Scorodonia L. Moncayo. — T. Albarracini Pan. (T. dentatiim 
Reverchon pl. exs.). — T. capitatiim L. (493). — T. gnaplialodes: 
Valh. (492). — Ajuga Chama>pitys Schreb. — Sahia latandulcp folia, 
Vahl. — ^S'. clandestina L. (469). — Rosmarimis officinalis L. — Zizy- 
pliora acinoides L. (Thymus Acimis ki^^o). Sierra de Villarroya. 
(495 y 456). — Salvia athiopis L. — Lavandula la ti folia Vill. — 
L. jiediinciilata Cav. (462). — Prunella vulgaris L. (489 p. p.) — 
P. hyssopifoUa\j. (489 p. p.) — Cleonialusitanicalj. — ZamiumL, 



DE HISTORIA NATURAL. 141 

— L. ampIexicauJe L. — Galeojjsis auffíisii/oHa'EAwh. — Síac/t?/s 
jnírpnrenm kiría L. (622). 

Nota. Esta muestra es incompleta y merece estudiarse en 
l)uenos ejemplares por parecer nueva para Arag'ón. 

Betónica offiánalis L. — Phlomís lierM-venü L. — Pli. Lychni- 
iis L. — BaUota fostida Lam. — MarruMum milgare L. — M. supi- 
niim L. — M. A hjsson L. (Zarag-oza, en el Torrero). — Sideritis spi- 
oíosa Lam. (475). — S. Mrsutal.. (555, 479, 478). — S.ji'^ngensJiXlii. 
(476 y 4rñ).—Nepeta JatifoUa DC. (474).— A^. Nepetella L. var. 
■cordi folia Wk. (473 y 554). — Glechoma (heder acea var.?) macro- 
dmiia. Moncayo. A Gf. hederacea diífert foliis subinciso serrato- 
crenatis, tubo corollse parvo. 

Melissa officinalis L. — Calariiintha mentlmfolia Host. (579). — 
Cal. Acinos Clairo. Villarroya de la Sierra, en el Salcedo (494). 
— C. Acinos var., Campul y Villalbilla y toda la provincia de 
'Teruel en la región montana. Valencia en Peñag-olosa (494). 

Nota. Hojas de la C. Acinos, pero difiere por sus peciolos 
larg-os y raíz perenne. Variedad turoJensis? (Cf. Willk., Suppl. 
p. 148, núm. 2274.) 

No es (7. gran aten sis B. & R. 

La C. alpina BU. y. minor Wk. 1. c. p. 149, se refiere á esta 
misma forma de Teruel. 

Oñganum mrens H. & L. — Thymiis Loscosii Wk. (498). — 
Th. xulgaris L. (464).— 7%. MasticJiina L. (497 y 4QQ).—MentJia 
Totmulifolia L. — M. sihestris L. — M. hirsuta L. (579 p. p.) — 
M. Pulegium L. (460). — Lycopus eiiropmis L. 

Samolns Valerandi L. — Anagallis arvensis L. var. ccerulea et 
plmnicea. — Androsace máxima (563 y 672). — Com monsj)elien- 
jsis L. 

Globularia C(Bspitosa Ort. (var.?) 

Nota. La fig-ura de las escamas de las cabezuelas es dife- 
rente de las muestras de Aragón, Cataluña y Valencia. Precita 
estudiarla en mayor número de muestras. 

Blumlago eurojma L. — Statice cordata Asso. (St. duriuscula 
Gird. var. procera Willk.?) 

Nota. Cierta forma menor, perteneciente á esta misma 
planta, ha sido propuesta recientemente como especie nueva. 
Este veg-etal se extiende desde Calatayud, en donde la vi, hasta 
€alamocha; pero no poseo las muestras de Calamoclia que 
"Colecté. 



142 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

La muestra del Sr. Vicioso se reduce á un frag-mento sin 
hojas y nada puedo aseg-urar. Es planta sumamente curiosa 
por no saberse hoy la verdadera especie á que Asso dio el nom- 
bre de St. cordata. 

Armeria aUioides Boiss. (508). — Ar7n. montcamiica. (A . aJpma, 
/?. microce2J/iaIa Wk. prodr. iii, p. 368). Moncayo (533 y 619.) 

Nota. A las diferencias expuestas en el sitio indicado hay 
que añadir el de las hojas ag"udas, tallos elevados, aspecto de 
la A. lüantaginea ,^ . y aristas calcínales notablemente ma- 
yores. 

Plantago arenaria Wk. (510). 

Nota. Planta nueva para la flora de Arag-ón. 

Pl. Cynops L. — Pl. marithna L. — PJ. Coronojms L. — PJ. sichi- 
lata L. — Pl. lanceolata L.; alMcans L. — Pl. major L. 

AmarantJms o^etroflexíis L. (576). — A. syhestris Desf. (577). — 
Chenopodium alimn L. (580). — Ch. Vuharia L. (572). — Campho- 
rosma mooispeliaca L. — Atriplex HaHmns L. — A .¡mtiila L. (567), 
var. aiigusti folia (568). — SaUcornia Jierhacea L. (524). — CJienopo- 
dimn Botrys L. — PoJygonmn Persicaria L. — P. ai'icuJare L., var. 
segetiimh. — Thesinm diraricainm Jan. — Aristolochia longa L. 
— A. Pistolochia L. — Mcrcurialis tomentosa L. — EvphorJjia 
pnUscens Vahl. (586 y 634).—^. platypliyUa L. {m^).—E.pla- 
typhylla (var.) hüMHtana (635). — Ang-ustifolia, radiis umbelln? 
bifidis.— J'. serrata L. (633, 639, 640, 641).—^. Charadas L. 
(636).—^. segetalis L. {m\).—E. '¡muciflora Duf. {ñ4Si) .—E . fal- 
cata L. (587).—^. Peplns L. (573 y 574).—^. exigua L. (637).— 
E. helioscopia L. — Parietaria dijfusa M. K. 

AJisma Plantago L. et var. lancealata. — Potamogetuní densns 
L. — Narcisusjuncifolius Lag-. — Asparagus officinalis L. — A . acu- 
tifolius L. — AspJiodelus fstulosns L. Sierra de Villarroya, cami 
no de Aranda. — Gagea Soleirolii F. Sch. Peña de la Mora, 10 de 
Marzo de 1893. Nueva para el Arag-ón. — Ornitliogalnm temiifo- 
lium Guss. Moncayo. — Muscari racemosiim DC. — Allium Ampe- 
loprasiim L. — A. splimroeeplialum L. — Merendera Bulbocodinm 
Ram. — Aphyllantlies monspeliensis L. — Juncus Tenageia L. f. — 
Arum italicíim Mili., nueva para el Arag-ón. — Typlia angustifo- 
lia L., forma elata, roMsta, latifolia. — Scirjms maritiuius L. — 
0. compactus (K.) fSc. silvaticns Asso). — iSc. lacustris L. — Se. se- 
taceus L. — Se. HoloscJioemis L. — Carex divisa Huds. — C. glauca 
Scop. 



DE HISTORIA NATURAL. 143 

Alopecuros agrestls L. (602). — Poly2)ogo')i monsjjeJiensis Desf. 
(593). — Btiim parxiflova (601). — Aira umdellíe (núm. 598). 

Afine de Aira provinciaJis Jord.; mas á primera vista se 
aparta por los pies de sus flores inferiores estériles, numerosos 
y después á manera de parasol. Las flores carecen de aristas 
por completo. 

En España no se cita hoy tipo al que pueda referirse nues- 
tra especie. 

Del A. Tcnorei Guss., forma cercana y del grupo (o sección) 
totalmente diversa por sus plumas ag-udas. E igmoro si las 
plantas arag-onesas indicadas bajo A. carijopJujUea Asso, 
A . Tenorei Guss. y A . membranácea Eclieandia; pueden perte- 
necer á mi A. umbellce. 

Aira flexuosa L. (595). — Avena dromoides Gou. (6-58). — Trisec- 
tiim neglectum R. S. (655). — Ko&leria setacea P. jS. cUiata Godr. 
(655).— i'oí?. trivialis L. (Q51l).—MeNca JVedrodensis Vari. (594). — 
M. Nehrodensis Parí. jS. inmqualis. — M. Magnolii G. cfc G. (605). 

Nota. Ig-noro, por no poseer muestra auténtica, si el tipo 
de los autores de la Flora de France es lo suficientemente 
diverso del N. NeJjrodensis Guss., para considerarlo indepen- 
diente: las muestras arag-onesas, en realidad,' no difieren espe- 
cíficamente. 

Comparadas con las muestras de la M. ciliata L. de Europa 
boreal, no presentan ning-una afinidad específica. 

Bromus rubens L. (números 599 y 600). — B. tectorum L. (sine 
num.) — B. riioUis L. (núm. 656). — jEgiJops ovata L. — BracJnj- 
podium pimiatum P. B., /? anstraU Godr. (núm. 597). — Boa bul- 
losa L., var. vivipara. — Kceleria (plileoides var.'?) máxima. — 
(K. brachytachys DC, det. Costa, in Lóseos herb.: leg-. A^narez). 
—K. villosa? Ser. 219.3; Trat. 2474. 

Plumas de las flores inferiores de forma diversa á las supe- 
riores: ttillo solitario.— Merece estudiarse. Planta híbrida? 
(núm. 603). 

Lóseos no debió considerar esta forma como arag-onesa 
cuando nada encuentro escrito en sus obras. 

Adiantum Capilhis Veneris L. — AspUnium Trichomanes L. — 
A, lanceolatmn Huds. — li. leptopliillum Lag*. (Rocas á orillas 
del Ribota). — .1. Buta íimraria L. — A. septentrlonalc Hull. 
(Sierra de Vicort). — AtJiyrium Félix femina Rth. — Polijjmdium 
mugare L. — Ceteracli officiuarum W. — Chara fceCida A. Br. 



144 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAINOLA 

Nota Únicamente quedan sin nombrar una Liizida y dos 
frag-mentos sin espig-as del género Eqiiisetum: la Luzíila se me 
ha extraviado, y las muestras del núm. 607, una parece perte- 
necer al Eciuisetum avíense L., la otra al E. ramosum Sclil. 

Otra. Todas las formas aquí nombradas, menos el Vinceto- 
xicum officinale y Planiago alpina Asso, que han desaparecido 
de mi colección, existen en mi herbario con el número citado 
y con la misma papeleta remitida por D. Benito Vicioso. 

— ^El Sr. Vicesecretario leyó las actas de Mayo y Junio de la 
Sección de Sevilla. 



SECCIÓN DE SEVILLA. 



Sesión del 7 de Mayo de 1894. 
PRESIDENCIA DE DON SALVADOR CALDERÓN. 

— Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 
— El Sr. Medina leyó la nota siguiente: 

Batos para el conocimiento de la fauna Mmenopterológica 
de España. 

Mutílidos (1). 

MiUilla capitata Lucas. — cT- Morón (Sevilla) (Calderón!); Cons- 
tantina (Sevilla!). 

— calmi Latr. — 9- Sevilla!, Huevar (Sevilla) (Paul!); 

Fuente-Piedra (Málaga) (Calderón!). 

— distincta Lep.— Q. Calañas (Huelva) (Calderón!). 

— littoralis Petgn. — 9 c/. Sevilla!, Peñaflor (Sevilla) (Cal- 

derón!); Hornachuelos (Córdoba) (García Núñez!); 
Fuente-Piedra (Calderón!); Chiclana (Cádiz) (López 
Cepero!); Pozuelo de Calatrava (Ciudad-Real) (La 
Fuente!). 

(1) Los ejemplares de esta familia han sido consultados con M. Ernest André. 



DE HISTORIA NATURAL. 145 

Mutilla hottentota Fab., var. aiicta Lep. — 9 ^, Sevilla!, Alcalá 
de Guadaira (Sevilla!); Cazalla (Sevilla) (Río!); Hor- 
naclmelos (García Núfiez!); Fuente-Piedra (Cal- 
derón!). 

— montana Panz. — 9 c/. Sevilla!, Pozuelo de Calatrava (La 

Fuente!). 

— rnfípes Latr. — 9. Sevilla!, Morón (Calderón!). 

— SpiiioIfB Lep. — 9- Sevilla!, Alcalá de Guadaira!, Guille- 

na (Sevilla) (Calderón!). 

— striduJa Rossi. — 9. Alcalá de Guadaira! 

— — var. tunensis Fab. — (f. Sevilla! 

— Mpunctata Latr. — ^. Sevilla! 

— halensis Fab. — 9. Alcalá de Guadaira!, Hornacliuelos 

(García Núñez!). 

— regalis Fab. — 9. Sevilla! 

— quadripunctata Oliv. — 9. Sevilla!, Alcalá de Guadaira!, 

Benacazón (Sevilla) (Centeno!); Pozuelo de Calatrava 
(La Fuente!). 

— partita Klug-. — 9- Guillena (Calderón!); Huevar (Paul!); 

Calañas (Calderón!); Hornacliuelos (García Núñez!). 

— maiira L. var.? — 9. Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— arenaria Fab. — 9. Guadalcanal (Sevilla) (Río!); Horna- 

cliuelos (García Núñez!). 

— maroccana 01. — 9. Huevar (Paul!). 

— h'íitia Petg-n. — 9 ^f. Sevilla!, Utrera (Sevilla) (G. Quin- 

tero!), Huevar (Paul!); Morón (Calderón!); Calañas 
(Calderón!); Hornacliuelos (García Núñez!); Aracena 
(Huelva) (Sáncliez-Dalp!); Pozuelo de Calatrava (La 
Fuente!). 

— calcariventris Rad. et Sicli. — .y. Calañas (Calderón!). 

— salentina Costa. — rf- Pozuelo de Calatrava (La 

Fuente!).» 
El Sr. Calderón leyó lo sig-uiente: 

Sobre Ja basicidad del aire en Sevilla. 

«Desde mi lleg-ada á Sevilla habíame llamado la atención la 
ausencia, no obstante el g-usto por las flores que aquí reina, 
de ciertas especies que se ven de ordinario adornando los bal- 
cones y jardines en otras muclias poblaciones de la Península. 

ACTAS DE LA SOC. ESP.— XXIII. 10 



146 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

No pudiendo achacarse esto al clima, ni á la humedad, facto- 
res que tratándose de plantas cultivadas en tales condiciones 
hay que descartar, se ocurre desde lueg'o que la rutina de 
unos aficionados, la carencia en otros de recursos y de inteli- 
g-encia en la materia pudieron ser los motivos de tal deficien- 
cia; pero cuando se han hecho ensayos de introducción de 
ciertas plantas y se ha visto la falta de éxito de ellas, se hace 
evidente que alg-una dificultad natural se opone á la multipli- 
cación de ciertas especies, tanto cultivadas como espontáneas. 
La prueba más terminante de ello me ha sido dada por el 
Sr. Martín, poseedor aquí de un verdadero jardín de aclimata- 
ción, que constituye una importante especulación y de cuyos 
conocimientos en jardinería no es posible dudar, el cual me 
ha aseg-urado que no ha podido log-rar en Sevilla el cultivo de 
veg-etales que se desarrollan perfectamente en Madrid en su 
establecimiento, no obstante las condiciones de temperatura 
más desfavorables en esta seg-unda población que en la pri- 
mera. 

»Como el hecho había excitado mi interés desde hace tiem- 
po, según he dicho, esta nueva é importante confirmación me 
hizo pensar nuevamente en él y creo haber encontrado su 
causa en la basicidad del aire de Sevilla, debida al polvo 
calizo tenuísimo que en él flota. En toda la vag-uada del Gua- 
dalquivir se vive, en efecto, entre una nube de polvo tan fino 
y abundante, que para mantener limpias las habitaciones es 
preciso un constante y penoso cuidado. Este polvo sutil resulta 
principalmente de la descomposición de la arcilla margosa 
pliocénica que aflora en todas las partes del valle no cubiertas 
por los acarreos diluvianos y modernos. La acción de la lluvia 
va separando la arcilla de la caliza, fijando la primera al 
suelo y dejando libre en estado de pequeñísimas partículas la 
segunda. 

»Estas indicaciones se confirmaron plenamente por las obser- 
vaciones recogidas á instancia mía por el profesor de esta 
Universidad D. Federico Relimpio, distinguido compañero, el 
cual ha comprobado que basta abandonar al aire por breve 
tiempo una cápsula de platino en la atmósfera de Sevilla para 
poder evidenciar la presencia de la cal en la película de polvo 
de que se cubre en seguida. Asimismo el espectroscopio acusa 
aquí la raya del calcio de un modo constante. 



DE HISTORIA NATURAL. 147 

»Los observatorios meteorológ-icos de nuestro país no prac- 
tican todavía el reconocimiento de las materias que el aire 
tiene en suspensión, como se hace en alg-unos centros extran- 
jeros bien dotados de material y de personal, por más que aun 
en estos, es casi exclusivamente bacteriológico, y la minera- 
log-ía atmosférica, si se me permite la expresión, está en gene- 
ral muy atrasada. En París se ha comprobado que entre estas 
materias flotantes predominan los g-lóbulos ferrug-inosos y los 
cristales de sulfato de cal, y por una g-eneralización prema- 
tura, se ha dicho que semejantes substancias de escasa influen- 
cia biológica, eran entre los minerales las dominantes nor- 
malmente en la atmósfera; pues bien, en Sevilla nos encontra- 
mos una prueba contra esta afirmación sentada con manifiesta 
lig-ereza y con ella una indicación de la necesidad de estudiar 
la naturaleza de los elementos flotantes en el aire en cada 
localidad, al modo que se describen y reconocen los constitu- 
tivos de su suelo. 

»Quizás estas observaciones lig-eras y preliminares pudieran 
ofrecer mayor interés que desde el punto de vista de la botá- 
nica fanerog-ámica de que han surg-ido, si se extendieran al 
bacteriológico y médico, porque si la caliza, limitándome al 
caso presente, ejerce cuando se halla en estado pulverulento, 
importante acción en el suelo sobre los abonos orgánicos y 
fermentos, parece evidente qne debe obrar asimismo sobre la 
población viva flotante en el aire que tan directamente influye 
sobre las poblaciones humanas, determinando los estados -ó 
ambientes patológicos. 

»Hay seguramente en todo esto motivos de reflexión y 
asunto para investigaciones amplias, que ofrecerían á mi ver 
un altísimo interés, tanto teórico como práctico.» 

— El mismo Sr. Calderón dio lectura á la siguiente noticia: 

^oljre la existencia del CymUum yaiñllatum Schum. 
en Andalucia. 

«Entre varios ejemplares de moluscos marinos de Andalucía 
que consulté hace tres años al reputado malacólogo D. Joaquín 
González Hidalg-o, figuraba uno de la mag-nífica especie que 
encabeza la presente nota. Con posterioridad me han sido 
enviados muchos más ejemplares de la misma procedencia 



118 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

que el consultado, de Torre Carbonera; dos muy voluminosos 
en alcohol de Sanlúcar de Barrameda con el animal y también 
le lia recogido vivo en Málaga nuestro consocio el catedrático 
D. Francisco Quiroga. 

»En realidad estos hallazgos no constituyen un descubri- 
miento nuevo, pues según puede verse en el Catálogo de los 
moluscos de las costas de España del Sr. G. Hidalgo (1) con el 
nombre de Voluta cijmMum Lin. había sido citada esta especie 
de España, aunque sin precisar localidad, porBonnani, Linneo,. 
Martini, Gmelin, Born y Dillwyn. Sin embargo, algunos mala- 
cólogos modernos, y entre ellos el mismo Sr. G. Hidalgo, han 
negado después que fuera realmente española esta hermosa 
forma. 

»E11 hallazgo citado es de verdadera importancia por tratarse 
de una especie no solo bella y voluminosa, sino de un grupo 
que en su actual representación estamos acostumbrados á 
considerar como tropical. El Cymlmm papiUatum Schum.,. 
existe en estado fósil en el oligoceno de Argelia, y no creo se 
conozca vivo de aquellas costas, por lo cual merece consig- 
narse su existencia, y en realidad su abundancia, en las de 
Andalucía, tanto oceánicas como mediterráneas.» 



Sesión del 9 de Jianio de 1894. 
TRESIDEXCIA DE D. SALVADOR CALDERÓN. 

— Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 

— A propuesta del Sr. Presidente, se acordó constara en acta 
el sentimiento con que la Sección había sabido el fallecimienta 
del dignísimo Secretario de esta Sociedad Sr. D. Francisco 
Quirog-a. 

A continuación el Sr. Calderón se ocupó en los trabajos y 
alta personalidad científica del Sr. Quiroga, considerándole 
sucesivamente como mineralogista, cristalógrafo, petrógrafo^ 
g'eólogo y expedicionario. 

El Sr. Medina leyó la nota sig-uiente: 



(1) Memorias de la Real Academia de Ciencias de Madrid, t. xv, 1890-9L 



DE HISTORIA NATURAL. 149 



Datos ]}ara el conocimiento de la fauna Mmenopterológica 
de EsjMña. 

Icneumónidos (1). 

Jchnenmon ^onalis Grav. — Pozuelo de Calatrava (Ciudad-Real). 
(La Fuente!) 

— monostagon Grav. — ídem. 

— xantJiorius Forst. — ídem. 

— medicoxalh.om.. — Coruña. (Bolívar!) 
— ■ anator Fabr. — ídem. 

— sarcitomts L. — Lag-una (Canarias). (Cabrera!) 

— — var. — ídem. 

— leucoloyuiíis Grav. — Cliiclana. (López Cepero!) 
Amllyteles impolitus (Berth.) ¿. — Sevilla! 

— fasciatorius Fabr. — Sevilla! Lag-una (Canarias). 

(Cabrera!) Pozuelo de Calatrava. (La Fuente!) 

— natatoriíis Y ábr. — Chiclana. (López Cepero!) 

— divisorius Grav,, var. dictorius. — ídem. 

— equitatorius Panz. — Pozuelo de Calatrava (La 

Fuente!) 

— Jwmocerus AVesm. — ídem. 

— Panzeri Wesm. — Casablanca (Marruecos). (Sánchez- 

Navarro!) 

— coracinus Berth. — ídem. 

— canariensis Berth., sp. nov. — Lag-una (Canarias). 

(Cabrera!) 

— Medinai Berth., sp. nov. — Pozuelo de Calatrava. 

(La Fuente!) 
JEphialtes manifestator L. — Sevilla! 

Tentredínidos (Adiciones). 
Tarpa gratiosa Mocs. (/• — Chiclana. (López Cepero!) 



<1) Consultados con M. J. Berthoumieu. 



lío ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



Céfidos. 

CqjJius idolon Rossi. Q. — Pozuelo de Calatrava. (La Fuente!) 

— fuJiicornis? Lucas, c/. — Ídem. 

— Tariegatus Steiu, c/. — Sevilla! Pozuelo de Calatrava. 

(La Fuente!) 

— VygyiKBiis L., Q. — Pozuelo de Calatrava. (La Fuente!) 

— tahidus Fabr., 9 of- — Sevilla! Huevar (Paul!). Pozuelo^ 

de Calatrava (La Fuente!) 

En las notas sucesivas consig'naré también los liimenópteros 
de Baleares, Canarias y N. de África que poseo en mi colección. 



Sesión del 1.° de Agosto de 1894. 

PRESIDENXIA DEL ILLMO. SR. D. MÁXIMO LAGUNA. 

— Se leyó el acta de la sesión anterior que fué aprobada. 

— Se acordó dar las g-racias á los autores de los libros reg'a— 
lados desde la última sesión. 

— El Sr. Ramón y Cajal dio lectura á una memoria titulada 
Algunas contribuciones al conocimiento de los ganglios del encé- 
falo, acordándose pasara á la Comisión de publicación. 

— El Sr. Vicesecretario dio lectura á los sig'uientes apuntes 
necrológicos acerca de D. Francisco Quirog-a y Rodríg'uez 
escritos por D. Salvador Calderón en cumplimiento del encarg-o 
que le había hecho la Sociedad. 



EJ profesor D. Francisco Quiroga y Rodríguez. 

«A los 41 años de edad, en la plenitud de su vida y de sus- 
energ-ías físicas y morales, universalmente respetado y por 
todos querido, rodeado de una familia que le idolatraba, falle- 
ció inopinadamente en Madrid el 31 de Mayo último, el amig-o 
y compañero del alma, el sabio profundo y modesto, el infati- 
g-able y meritísimo profesor. Difícil sería precisar si es la ciencia 



DE HISTORIA NATURAL. 151 

Ó la amistad quien lia de deplorar con liiás honda amarg-ura 
el irreparable quebranto. 

»Nada hacía prever el funesto suceso que ha malog-rado tan 
á deshora aquella preciosa existencia. De constitución robusta, 
casi atlética, salud inalterable, ancho pecho y musculatura de 
hierro, parecía Quirog-a destinado á alcanzar una desusada 
long'evidad. Austero en sus costumbres, sobrio, activo, oblig-ado 
por las mismas exig'encias de su vocación á pasar buena parte 
de su tiempo en el inmediato contacto, sano y vivificante con 
la naturaleza, todo contribuía á fortificar esa esperanza. Su 
vida ordenada y metódica hallábase consag-rada por entero al 
cultivo de la ciencia y á las dichas íntimas del hog-ar, lejos de 
las emociones que ag-otan, de las disipaciones que enervan y 
de los placeres que matan. En tales circunstancias nadie podía 
presag"iar la catástrofe, que ha sido doblemente dolorosa por 
lo inesperada. 

»Ardua tarea es la de historiar la vida del modesto sabio y 
del amig'o incomparable que acabamos de perder. Nada se en- 
cuentra en ella de lo que suele atraer la atención y las mira- 
das del vulg'o; dramáticas peripecias, éxitos ostentosos y suce- 
sos de relumbrón. Es la historia humilde del héroe obscuro del 
trabajo, que al trabajo consag-ró toda su existencia. Es el poe- 
ma íntimo, recatado, g-randioso sin apariencias, sublime sin 
ostentación del hombre puro y g-eneroso que hace de su vida 
entera el holocausto de una vocación desinteresada. Es, cuan- 
do más, la crónica mejor adivinada que sentida de la lucha 
diaria, tenaz, incesante con los obstáculos de un medio in- 
g-rato. Lo que hay más relevante en la personalidad de Qui- 
rog-a, el talento clarísimo, el saber sólido y positivo, la modes- 
tia y la sencillez, la serenidad y la madurez del juicio, la 
firmeza de la voluntad, la ing-enuidad y la pureza del alma, 
la consecuencia inquebrantable en la amistad, la g-enerosa 
consag-ración y el amor desinteresado por los g-randes ideales, 
y sobre todo la bondad, una bondad incomparable, inag-otable, 
verdaderamente ang-élica, eso sólo los que g-ozaron de su inti- 
midad han podido conocer hasta dónde lleg-aba. La historia, 
por decirlo así, externa del profesor difunto, jamás dará de 
ello sino muy remota idea. 

»Hijo de otro profesor muy disting-uido, catedrático que fué 
de la Escuela de Veterinaria de Madrid, nació Quirog'a en Aran- 



152 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

juez en el año 1853. Muy niño todavía, tuvo la desgracia de 
perder á su cariñoso padre , y no mucho después á su único 
hermano, quedando solo en el mundo hasta que constituyó 
nueva familia por su matrimonio celebrado en 1879. 

»Fué Quirog'a doctor en Farmacia y en las secciones de Cien- 
cias físico-químicas y de Ciencias naturales. Hizo sus estudios 
con la suficiente preparación y sig-uiendo en ellos el orden na- 
tural: la Física, la Química, lueg'o la Mineralogía y la Geolo- 
gía, para fijarse, en fin, especialmente en la Petrog-rafía y 
la Cristalografía. Esta solidez de su preparación científica daba 
á Quirog'a una g-ran superioridad respecto á la mayoría de los 
que han cultivado entre nosotros las ciencias g-eológícas. Así 
no es mucho que todos le consultáramos á menudo sobre mil 
cuestiones relacionadas con la Física y la Química del g-lobo. 
Poseía además una cultura g'eneral vastísima, que se revelaba 
en su conversación y en el corte g-eneral de su espíritu, esen- 
cialmente artista. 

»Y no es que Quirog-a hubiese divag-ado en sus aficiones, 
cambiando de estudios siquiera temporalmente; antes hizo 
su cultura sin abandonar un punto su predilección por las 
Ciencias g-eológícas y químicas. La amistad y el trato íntimo 
y frecuente del padre de Quirog'a con el sabio ing-eniero Don 
Casiano de Prado, aquel hombre eminente, cuyo carácter 
adusto y severo se convertía en el contacto con éste su amig-o 
en exjjansivo y apacible, influyeron quizás de un modo defi- 
nitivo, por virtud del poder de las impresiones de la infancia, 
sobre la inquebrantable vocación de Francisco Quirog'a. 

»Terminados sus estudios facultativos, Quirog'a se consag-ró 
á trabajar privadamente en sus aficiones, emprendiendo en 
breve, con el entusiasmo que él ponía en todos sus empeños, 
el estudio entonces naciente de la Petrog-rafía y Mineralog-ía 
microscópica, á cuyo efecto se asoció con el Sr. Macpherson, 
primer cultivador en España de la nueva ciencia. Exig'ía esta 
un material abundante y costoso del que nada había entre nos- 
otros; microscopios, preparaciones, libros; y aunque Quirog'a 
no era rico, imponiéndose voluntarias privaciones, que suelen 
ser harto costosas para la juventud, log"ró reunir los necesarios 
elementos para sus investig-aciones, iniciándose entonces el 
quebranto de su modesto patrimonio, que fué por él más tarde 
sacrificado íntegramente al culto de su vocación científica. 



DE HISTORIA NATURAL. 153 

Comenzó á tallar rocas; y muy en breve lleg-ó á ser una verda- 
dera autoridad en cuestiones de g-eología microscópica. Asom- 
bra el número de preparaciones que él mismo hizo y que cons- 
tituyen una colección importante y única en punto á secciones 
de minerales y rocas españolas. Todavía muy joven, publicó, 
en 1875, su primer trabajo en la materia, destinado ápropag-ar 
en España la afición á estos interesantísimos estudios. 

>;En 19 de Mayo de 1879 g-anó por oposición una plaza de 
ayudante de Mineralog'ía en el Museo de Historia Natural. 
Desde entonces, se consagTÓ con entusiasmo á la revisión de 
las importantes colecciones de este establecimiento y á la 
enseñanza, por la cual sentía una vocación particular. Atesti- 
g'uan lo primero un sinnúmero de etiquetas suyas, dispersas 
en las cajas de las diversas colecciones que en dicho Museo se 
conservan, fruto de ensayos y trabajos prolijos, encaminados 
á resolver dificultades y depurar cada vez más la exactitud en 
las determinaciones. Dan prueba de lo seg-undo las prácticas 
de mineralogía, á las que dio nuevo impulso y han seguiido 
dándose bajo su dirección hasta la fecha de su última enfer- 
medad. 

»De estos trabajos, el más transcendental sin duda, y el que 
dejará indeleble en el Museo el recuerdo de Quirog'a, es la 
org'anización de la colección de minerales de España que le 
fué encarg-ada por el Director del Museo. Para formarla co- 
menzó por reunir los ejemplares de localidad patria disper- 
sos por las numerosas colecciones de nuestro Museo }' fué en- 
riqueciéndola después con las propias recolecciones y los do- 
nativos de todos sus amig'os y corresponsales científicos. Se 
inició este trabajo precipitadamente, con objeto de que el 
Museo concurriese á la Exposición de Minería verificada en 
Madrid en 1882, pero sin que hubiera tiempo por entonces 
para estudiar con detenimiento los ejemplares, labor que 
venía persig-uiendo sin treg-ua Quirog-a, en los momentos dis- 
ponibles, y en la cual vino á cooperar últimamente su ayu- 
dante y predilecto discípulo, Sr. Fernández Navarro. Propo- 
níase escribir alg-ún día la mineralogía española, á cuyo fin 
había reunido notas acerca de todo lo publicado en este par- 
ticular y varias de sus monografías y relatos de excursiones 
son trabajos preliminares para obra tan importante y de que 
tan necesitados estamos. 



154 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»E1 suceso más saliente de la corta vida científica de Quirog-a 
fué su atrevida excursión al África en 1886, la cual le dio una 
gran notoriedad y llamo durante alg-ún tiempo poderosamente 
la atención. Conocida es de todos la alta función política é 
internacional que cumplen en la actualidad las Sociedades 
Geog'ráficas. El hecho de que la Sociedad Española de Geogra- 
fía Comercial elig'iera para misión tan delicada al sabio, pero 
joven y modesto ayudante del Museo, da claro testimonio de 
la estimación y respeto que había sabido g-ranjearse. Tratá- 
base de explorar los oasis del Adrar-et-Tmarr y del Suttuf y 
zona comprendida entre estas regiones y la costa, y de enta- 
blar relaciones comerciales con sus habitantes. Formaban la 
comisión, además de Quirog-a, D. Julio Cervera y Baviera, 
capitán entonces de ingenieros, inteligente y esforzado mili- 
tar, conocido por sus viajes á Marruecos y D. Felipe Rizzo, 
distinguido arabista y antiguo cónsul español en diversos 
puntos del África. Iban como agregados dos moros, soldados 
de la compañía de Tiradores del Riff, de uno de los cuales 
conservaba por cierto Quiroga muy buenos recuerdos. 

»La expedición se verificó en pleno verano, viéndose obligado 
Quiroga, al separarse de los suyos, á ocultar á su familia las 
dificultades y peligros de la empresa que iba á acometer. 

»E1 10 de Abril salieron de Cádiz los viajeros con rumbo á 
Las Palmas de Gran Canaria, donde permanecieron hasta me- 
diados de Mayo, ocupados en los preparativos de la expedi- 
ción. Desde allí pasaron á Río de Oro, cuya península estudia- 
ron, entablando relaciones con los árabes. Proponíanse bajar 
luego al Adrar, pero no pudieron verificarlo por prohibición 
expresa del scMj que lo gobernaba, el cual les acompañó 
durante una parte de su excursión. Recorrieron entonces 
426 km. desde Río de Oro al E. del pozo Auisch, viaje muy 
fecundo en observaciones geológicas por permitir atravesar 
normalmente toda la serie de formaciones de aquella región. 
El 12 de Julio cambiaron de rumbo, marchando al O. hacia el 
pozo de Aussert, de donde no les fué posible por ningún medio 
adelantar en la dirección que deseaban, teniendo que dirigirse 
hacia NO. á la península de Río de Oro. El 15 de Agosto la 
goleta de guerra Ceres zarpó de Río de Oro llevando á bordo á 
los expedicionarios y el 18 anclaba delante de Santa Cruz de 
Tenerife, después de haber recorrido la costa hasta Cabo Boja- 



EE HISTORIA ^^ATURAL, 155 

dor. Ya en Santa Cruz aprovechó Quirog-a la ocasión para 
visitar el magnífico valle de la Orotava, subir al Pico de Teide 
y lleg'ar hasta Icod de los Vinos, regresando á Cádiz el 14 de 
Septiembre. 

«Semejante expedición realizada ¡)or tales regiones en lo 
más riguroso del estío, llevaba necesariamente consigo gran- 
des penalidades y riesgos. Los expedicionarios sufrieron en las 
ardientes arenas africanas sofocante calor y sed angustiosa y 
se vieron secuestrados por los naturales con grave peligTO de 
muerte. Con sencillez homérica, sin darles la menor impor- 
tancia y como la cesa más natural, relataba Quiroga la histo- 
ria de aquellas aventuras, complaciéndose en mostrar á sus 
amigos los ejemplares recogidos á hurtadillas de los moros y 
con los cuales había cargado sus bolsillos durante muchas 
leguas mortales y gozándose en explicar la importancia de 
estas recolecciones para rectificar los datos inexactos y defi- 
cientes sobre la geología del Sahara occidental. 

»No he podido resistir á la tentación de reproducir aquí 
algunos fragmentos de una carta que escribía el pobre Qui- 
roga desde Río de Oro á D. Felipe Rizzo, hijo, y que ha sido 
publicada por éste recientemente en el Diario de Cúdi:. Ellos 
dan muestra del carácter de aquella expedición memorable y 
del estilo sencillo, correcto y jovial de nuestro malog-rado 
amigo. Dicen así: 

«Todos los días me baño en el mar, que está delicioso, y 
pienso con horror en los dos ó tres meses que me esperan por 
el interior, sin ag-ua casi, ni aun para beber, á no ser que sea 
verdad lo del río Atar, en el Adrar-Tmarr, y me dejen bañar 
en él. — Yo ahora tengo un aspecto m.\\y fasJiionaMe. Un traje 
de dril — blusa y pantalón — que llevo hace un mes, sin camisa 
y solamente camiseta de lana y un casco ingdés; cinturón con 
rewolver y brújula; frascos para insectos, pinzas para reptiles, 
azadilla para plantas y para rebuscar en los montones debajo 
de estas y en las arenas de las playas, y el inseparable mar- 
tillo. A esto se añade la carabina Sepa usted que tiro y 

hago mis blancos correspondientes Cuando estén ustedes 

comiendo un trozo de bien sazonado roastheef y bebiendo un 
vaso de buena cerveza, acuérdense de los infelices compatrio- 
tas que estarán comiendo un arroz cocido en agua y sal, al 
que después se añade aceite crudo — único guiso que saben 



156 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

hacer nuestros moros — 6 unas alubias arreg-ladas del mismo 
modo, ó un trozo de carne grilUe, no rotie, ó buscándoles las 
vueltas á nuestros compañeros moros para tomar una rajilla 
de salchichón ó de jamón mientras dure 

» Una g-acela nos han vendido los moros por media libra 

de pólvora de 7 \/.2 reales libra ; un carnero muy hermoso por 
unas 7 ú 8 libras de g'ofio (harina de maíz tostado); tres carne- 
ros muy g-randes por pieza y media (60 yardas) de madapolán 

del avestruz Si en el interior hay riqueza para sostener 

aquí un comercio activo, es necesario á toda costa que veng-an 
á establecerse compañías ricas, que puedan hacer competen- 
cia al Seneg-al, mercado bien surtido y que disfruta de gran 
nombre en toda esta parte de África. Al frente de esas casas 
comerciales deben venir personas muy competentes en estos 
neg'ocios, con intérpretes que sepan el árabe y que sepan 
además disting-uir á unos moros de otros — cosa de que ellos se 
pag'an mucho: — el moro semi-comerciante semi-pordiosero del 

cherif, respetado en todas partes Gran suerte tenemos con 

nuestro Eizzo: á las pocas frases se encantan con él y empie- 
zan á sobarle la mano y á querer convertirle al islamismo » 

»La excursión fué fecunda en resultados tanto políticos 
como científicos. En el primer respecto, produjo para España 
la adquisición del extenso territorio que media entre la costa 
africana desde Cabo Boj ador á Cabo Blanco y el límite oriental 
del Adrar. La firma de Quirog'a consta en los tratados que se 
concertaron con la reg-ión de Yyil, en virtud de los cuales 
estableció España su soberanía en aquel país, ensanchando el 
territorio nacional por el codiciado continente africano. 

>;En el respecto científico permitió la excursión que nos 
ocupa estudiar una vasta reg-ión antes desconocida por los 
g-eóg-rafos, rectificando muchos errores que corrían hasta 
entonces en las cartas. El mapa de Gotha ha sancionado con 
su autoridad indiscutible la valía de los datos recog'idos por el 
malog-rado compañero, haciéndolos fig-urar, así como la fecha 
de la expedición, en las ediciones publicadas desde 1888. Los 
resultados g-eológicos han visto la luz pública en los Anales 
DE la Sociedad Española de Historia Natural, en una Memo- 
ria de Quirog'a, interesantísima aunque concisa, á la que 
acompañan los cortes geológ-icos de la península de Río de 



DE HISTORIA NATURAL. 157 

Oro y costa africana vecina y el del Sahara occidental. No es 
este trabajo una mera enumeración de materiales aislados y 
observaciones, como suelen serlo los primeros intentos de 
descripción de reg-iones inexploradas, sino una investig-ación 
sistemática de transcendencia g'eológ"ica g-eneral, en la que se 
prueba, contra la opinión antes admitida, que el Sahara occi- 
dental es la parte más antig'ua y la primera emerg-ida del 
África septentrional. 

»Trajo Quirog-a muchos materiales de su excursión; mine- 
rales, rocas y fósiles, plantas y animales, todo lo cual se halla 
hoy incorporado á las colecciones del Museo de Historia Natu- 
ral y fué objeto, para los especialistas más competentes de 
nuestro país, de estudios detenidos, que íig-uran formando una 
segnmda parte en la Memoria citada. Entre los objetos más 
notables, merece recordarse una profusión de maderas ag-ati- 
zadas y seg-mentos de troncos corpulentos de la zona de las 
areniscas terciarias de la costa occidental de África frente á la 
península de Río de Oro, en las que el sabio paleontólogo 
alemán Schenk reconoció una especie nueva, que dedicó á su 
•descubridor con el nombre de CcesaJjñnioxylon Clidrogoamim. 
El Sr. Bolívar creó ig-ualmente el g-énero Qiuirognesia para un 
ortóptero recog-ido por él en Canarias, y que lueg'o ha sido lia- 
llado también en España, en la India Oriental y en la Arabia. 

»La Sociedad Geog-ráfica de Madrid tributó g-randes honores 
á los expedicionarios, y su excursión fué asunto de conferen- 
cias que llamaron extraordinariamente la atención pública. 

»E1 Gobierno quiso premiar los servicios prestados por Qui- 
rog-a en esta difícil y arriesg-ada misión, pero el sabio se neg-ó 
á aceptar toda recompensa. Creóse más tarde en Madrid la cá- 
tedra de Cristalog-rafía, ciencia que no. había constituido aún 
entre nosotros materia de un curso especial, y tan poco aten- 
dida antes que sólo cuando Quirog"a fué Ayudante', y merced 
á su iniciativa, llegué á completar el Museo el material de g'o- 
niómetros de reflexión y de aparatos de polarización necesa- 
rios para investig-ar. Anunciada á oposición la nueva cátedra, 
la g-anó en Septiembre de 1888. Ardua empresa era la de ini- 
ciar una enseñanza completamente nueva en España ponién- 
dola al alcance de alumnos insuficientemente preparados y 
rompiendo con los prejuicios que respecto de ella existían. 
De cómo venció el joven profesor todas las dificultades, dan 



158 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

testimonio sus seis años de enseñanza y los trabajos hechos 
por los alumnos en las prácticas que voluntariamente les daba 
él mismo. 

»Era Quirog-a individuo de la Sociedad EsimñoJa de Historia 
natural, desde su fundación en 1872, y fué lueg"o Secretario de 
ella durante muchos años, hasta su muerte, habiendo sido uno 
de ios miembros que más parte han tomado en esa labor penosa 
y desconocida del público que se realiza por las Juntas direc- 
tivas de semejantes sociedades, para que no se interrumpan 
sus tareas y publicaciones. 

»No obstante la prolig-idad y perseverancia en los trabajos 
de gabinete, sentía Quirog*a una gran predilección por las ex- 
cursiones. El campo era su natural elemento; y hasta su vigo- 
rosa complexión hallábase en perfecta harmonía con esta ten- 
dencia natural de su espíritu observador. Tal como lo hemos 
presentado, animoso y jovial, recorriendo las interminables 
arenas del desierto, veíamosle caminar á pie, hollando la nieve 
en el rigor del invierno, cargado de piedras á través de la Sie- 
rra de Guadarrama, una de sus correrías predilectas. Ha pu- 
blicado la relación de un sinnúmero de excursiones realizadas 
por él, así en esta sierra como en la provincia de Guadalajara, 
en Marbella, en Galicia y en Santander. 

»E1 móvil de estas excursiones era principalmente la ense- 
ñanza, porque, lo repetimos, Quiroga fué sobre todo y antes 
que nada pedagogo. Enseñar era más que su oficio, era su 
pasión. Primero, en la Institución libre de Enseñanza y en la 
Escuela de Institutrices, luego en el Museo de Historia Natu- 
ral, siempre consag'ró lo mejor de su esfuerzo á la instrucción 
de la juventud, de la que sabía hacerse amar apasionadamente. 
Con frecuencia organizaba exprofeso las excursiones conforme 
á la edad y grado de cultura de sus alumnos; y, aunque ren- 
didos físicamente á veces, cuando no tenían la resistencia del 
maestro, volvían contentos los muchachos de estas correrías, 
llenos de entusiasmo y con el vehemente deseo de repetirlas. 
Todas las privaciones y fatigas que suelen ser á tales expedi- 
ciones inherentes, se convertían en motivo de regocijo al lado 
del cariñoso y querido profesor. 

»Daba Quiroga suma importancia al estudio y observación 
directos de la realidad y para adiestrar en ellos á sus alumnos 
del Museo, se imponía el penoso deber de dedicar á excursio- 



DE HISTORIA NATURAL. 159 

'nes didácticas las fiestas que debieran constituir su leg-ítimo 
descanso. El corto número de discípulos que se matriculan en 
estas clases hace que sea poco brillante el resultado con tanto 
esfuerzo obtenido; pero no era la ostentación el móvil de Qui- 
rog-a en éste como en ning-uno de los actos de su vida ejem- 
plar. Comprendía que esos pocos alumnos son los futuros pro- 
fesores que, al frente de la enseñanza secundaria sobre todo, 
imprimen luego su huella en la juventud ilustrada de la nación 
entera, y ejercía sobre ellos su misión pedag-óg'ica como un 
verdadero apostolado. 

»Era Quirog'a tan conocido en el extranjero como en España 
en el círculo de los hombres de ciencia, bien que en dos res- 
pectos completamente distintos: allí se leían con marcado inte- 
rés sus trabajos, alg-unos de los cuales han sido objeto de g-ran- 
des elogios (1); aquí se le admiraba especialmente como uno 
de los pocos iniciadores del movimiento contemporáneo, que 
tiende á hacer prevalecer entre nosotros en el dominio de las 
Ciencias naturales el espíritu de observación y de investig-a- 
ción, sobre el estudio de libros con mero carácter erudito que 
antes dominaba. A ese fin respondían las excursiones y traba- 
jos prácticos en que estudiaba y enseñaba á la par el malo- 
grado profesor; á él el entusiasmo con que en su último tiem- 
po cultivaba y propagaba la fotografía como medio de recog-er 
realidades en el campo. Por eso Quiroga, que experimentaba y 
observaba sin dejar de leer, era un productor científico de ver- 
dad, g-enuino, vig-oroso en todo el valor y alcance de la ex- 
presión. 

»De este maravilloso equilibrio en que la teoría y la prác- 
tica se harmonizaban en el luminoso cerebro de Quirog'a, da 
testimonio su último escrito, modestísimo en la apariencia y 
de una profundidad grandiosa en realidad, en el cual se sinte- 
tiza en cuatro palabras toda una doctrina científica esparcida 



(1) Entre otros el estudio «Sobre el jade y las hachas que llevan este nombre en 
España» fué altamente celebrado por el difunto profesor Fischer, la mayor autoridad 
del mundo en la materia fArcJdves für AntJtropologie, t. xiv) así como el de la «Ofita 
de Pando», analizado por el profesor Rosembusch, el de las «Andesitas del Mar Menor», 
que lo fué por el Dr. Osann y otros varios, señaladamente los que se refieren á los 
escritos de Quiroga sobre sus observaciones geológicas en el Sahara y Río de Oro, de- 
tallada y encomiásticamente analizados por el eminente Choffat en el Annuaire géolo- 
giqíie universel. 



160 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

eu multitud de monografías: la noticia biográfica de Laureano 
Calderón. ¡Pobre Quirog-a! ¡Quién hubiera podido imaginar 
que, á los pocos meses, el biog-rafo había de ser biografiado! 

»Paladín esforzado del progreso, ha llenado por modo asom- 
broso su ¡breve carrera científica, tan rica en nobles esfuer- 
zos, en generosas empresas, en éxitos positivos y en sacrosan- 
tas abnegaciones. La ciencia patria ha perdido en él uno de 
sus más ilustres representantes y la enseñanza uno de sus más 
austeros sacerdotes. Su desaparición prematura marchita y 
desvanece todas las ilusiones que hizo concebir y tantas espe- 
ranzas como supo despertar. La pérdida irreparable que su 
muerte representa para la familia y la amistad no cabe en el 
encarecimiento. 

»Y ese hombre ilustre, ese obrero infatigable, ese ministro 
de la ciencia, ese apóstol de las ideas, ese mártir voluntario de 
la verdad, tras la ruda, incesante labor de una vida entera, 
tras haber sacrificado su patrimonio al fin desinteresado á que 
dedicó todo su esfuerzo, lega á su amante esposa y á sus cuatro 
pequeñuelos el desamparo y la indigencia. ¡Triste destino el 
del sabio, consag-rado en esta sociedad escéptica, indiferente, 
metalizada, egoísta, á la generosa labor científica, en que es el 
trabajo de uno y el fruto de todos, y obteniendo, á cambio del 
bien que hace, la privación durante la vida y después de 
muerto, la miseria para los suyos! Más triste todavía la condi- 
ción moral de la sociedad en que tal sucede. Tanto más triste 
cuanto es peor hacer el mal que padecerlo y ser reo que víc- 
tima de la injusticia.» 



DE HISTORIA NATURAL. 161 

DE LOS TRABAJOS MINERALÓGICOS, PETROGRÁFICOS Y GEOLÓGICOS 

PUBLICADOS POR QUIROGA. 



I. — Mineralogía. 

1873.— La teruelita. (Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., ii.) 

1873. — Hausmannita de Asturias. (Ibid.) 

1874.— Nota acerca de la existencia del hierro magnético en el Escorial. 

(Ibid., iii; Actas, 72.) 
1877. — Sobre la reversión de la hornblenda al piroxeno. (Boletín de la 

Institución libre de enseñanza, i.) 
1877. — Plata filamentosa obtenida artificialmente. (Anal, de la Soc. Esp. 

DE Hist. nat., vi.) 
1883. — Noticias acerca de algunos minerales españoles del Museo de 

Ciencias naturales de Madrid. (Ibid., xii; Actas, 16.) 
1884. — Examen de varios ejemplares de burnonita del Perú. (Ibid., xiii; 

Actas, 14.) 
1884.— Curiosos minerales y fósiles regalados al Museo de Ciencias natu- 
rales de Madrid, por D. Federico de Botella. (Ibid., sm; 

Actas, 16.) 
1885. — Más noticias acerca de algunos minerales españoles del Museo de 

Ciencias. (Ibid., xiv; Actas, 6.) 
1890. — Berilo de Peguerinos (Ávila). (Ibid., xix; Actas, 11.) 
1890. — Cuero de montaña del cerro de Almodóvar en Vallecas (Madrid). 

(Ibid., xix; Actas, 84.) 
1890. — Yeso pseudomórfico de Madrid. (Ibid., xix; Actas, 100.) 
1891. — Sobre un ejemplar de allanita (cerita) regalado por D. Federico de 

Botella al Museo de Historia natural. (Ibid., xx; Actas, 15.) 
1892. — Anomalías ópticas de la blenda de Picos de Europa. (Ibid., xxi; 

Actas, 115.) 
1893.— Sobre la existencia de la humita en algunas calizas arcaicas de la 

Sierra de Guadarrama. (Ibid., xxii; Actas, 102.) 
1894. — Mineralogía (t. xii de la Historia natural editada por los señores 

Montaner y Simón); traducción, extracto y anotación con datos 

españoles de la Mineralogía del Dr. G. Tschermak. 
Inédito.— Los minerales del viaje al Pacífico. 

ACTAS Dli LA soc. ESr. — .\XIII. 11 



162 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



II. — Petrografía. 

1875.— El microscopio en litología. (Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., iv.) 

1875. — Nota sobre el movimiento de ciertas burbujas gaseosas microscó- 
picas. (Ibid., iv; Actas, 94.) 

1875. — Particularidades de una creta de Oviedo. (Ibid., iv; Actas, 96.) 

1875.— Observaciones sobre algunas rocas del Escorial. (Ibid., iv; 
Actas, 73.) 

1876.— Oñta de Pando (Santander). (Ibid., v.) 

1876.— Noticia de algunas rocas de Riaza (Segovia). (Ibid., v; Actas, 29.) 

1876. — Nota sobre una ofita de Játiva. (Ibid., v; Actas, 74.) 

1877. — Ofitas de Portolín y Casares (Santander). (Boletín de la Institución 
libre de enseñanza, i.) 

1877. — (En colaboración con S. Calderón). Erupción ofítica de Molledo 
(Santander) (con una lámina). (Anal, de la Soc. Esp. de Histo- 
ria xat., vi.) 

1879 y 1886. — Noticias petrográficas. (Ibid., viii, xiv y xvi.) 

1879. — Ortófidos sin cuarzo de Almadén. (Ibid., viii.) 

1880.— El jade de las hachas neolíticas de España. (Boletín de la Institu- 
ción lil)re de Enseñanza, iv.) 

1880. —Estudio petrográfico de algunos basaltos de Ciudad-Real (con una 
lámina). (Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., ix.) 

1881. — Sobre el jade y las hachas que llevan este nombre en España. 
(Ibid., X.) 

1885. — Limburgita de Nuévalos (Zaragoza). (Ibid,, xiv.) 

1887. — Ofita cuarcífera de las Peñas Negras de Finestrat. (Ibid,xvi; 
Actas, 16.) 

1889. — Sobre las rocas piroxénicas arcaicas en general y las españolas en 
particular. (Ibid., xviii; Actas, 96.) 

1890. — Ofita micácea del cerro de San Julián en Segorbe (Ibid., xix; 
Actas, 59.) 

1890. — Sienita de Canarias. (Ibid., xix; Actas, 71.) 

1890.— Sobre unas ofitas de Alicante recogidas por el Sr. Vilanova. 
(Ibid., xix; Actas 107.) 

1891 y 1892. — Andesitas del Mar Menor y Cartagena (Ibid., xx; Actas, 58, 
y xxi; Actas, 78.) 

1892.— Gneis y diabasa del valle de Miñor (Pontevedra). (Ibid. xxi; 
Actas^ 98.) 

1892. — Gneis de glaucofán de Monte Galiñeiro (Pontevedra). (Ibid., xxi; 
Actos, 107.) 



DE HISTOKIA NATURAL. . 163 

1893. — (En coloboración con S. Calderón). Estudio petrográfico del meteo- 
rito de Guareña (Badajoz). (Con cuatro láminas). (Ibid., xxii.) 

1893. — Sienita de San Blas, en el camino de Mirañores de la Sierra a 
Manzanares el Real (Madrid). (Ibid., xxii; Actas, 147.) 

Inédito. — Tablas para la clasificación de los minerales petrográficos en 
secciones delgadas. (Escrito para las prácticas de los alumnos de 
Ciencias naturales.) 



III.— Geología y excursiones geológicas. 

1879.— Algunos fósiles de la fosforita de Santa Eufemia. (Anal, de la 

Soc. Esp. DE HiST. NAT., viii; Actas, 50.) 
1881. — (En colaboración con S. Torres Campos.) La cueva de Altamira. 

(Boletín de la Institución libre de enseñanza^ iv.) 
1886. — Excursión á Torrelodones. (Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., sv.) 
1886. — Apuntes de un viaje por el Sahara occidental. (Con una lámina.) 

(Ibid., XV.) 
1886. — Excursiones geológicas en los alrededores de Madrid. (Boletín de 

la Institución libre de enseñanza, ix.) 
1886. — Geología del Sahara occidental. (Revista de Geografía Comercial, 

números 25 á 30.) 
1887. — La exploración del Sahara occidental. (Boletín de la Institución 

libre de enseñanza, x.) 
1887. — Excursión desde Torrejón de Ardoz á Arganda, por Loeches. 

(Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., xvi; Actas, 11.) 
1887. — Excursión á Sigüenza y Baldes (Guadalajara). ( Geología.) (Ibid,, xvi; 

Actas, 12.) 
1888. — Sociedad para el estudio del Guadarrama: excursiones á Tórrelo- 
dones, Arganda y Sigüenza. (Boletín de la Institución libre de 

enseñanza, xi.) 
1888. — Excursión al cerro de Almodóvar y San Fernando. (Ibid., xi.) 
1889. — Observaciones geológicas hechas en el Sahara occidental. (Con dos 

láminas.) (Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., sviii.) 
1890. — Una expedición á Valdemorillo. (Boletín de la Institución libre de 

enseñanza, xiv.) 
1890. — Excursión desde las Rozas al Escorial, pasando por Valdemorillo 

(Geología.) (Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., xix; Actas, 120.) 
1891. — Una excursión á ^líiYbQWa.. ( Mineralogía y Geología.) (Ibid., xx; 

Actas, 28.) 
1892. — Observaciones al mapa geológico del Sahara de M. RoUand. 

(Ibid., xxi; Actas, 29.) 



164 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

1892. — Excursión geológica á Sigüenza y sus alrededores. (Boletín de la 

Institución libre de enseñanza, xvi.) 
] 893.— Excursión geológica á Eobledo de Chávela. (Ibid., xvii.) 



IV.— Asuntos varios. 



1877. — Los colores derivados del carbón de piedra. Conferencia dada en 

la Institución libre de enseñanza. 
1877. — Resumen del programa de las lecciones de Química dadas en la 

Institución libre de enseñanza durante el curso de 1876-77. 

Madrid, 1877. 
1883.— Noticia de un hacha de cobre hallada en Sahagún. (Anal, de la 

Soc. Esp. DE HisT. XAT., xiii; Actas, 62.) 
1885. — La enseñanza de la Química. (Boletín de la Institución libre de 

enseñanza, ix.) 
1890. — Elementos de Historia natural; Madrid, 1890. (En colaboración con 

I. Bolívar y S, Calderón.) 
1 891.— Apuntes biográficos del profesor D. Felipe Poey. (Anal, de la Soc. 

Esp. de Hist. nat., xx; Actas, 127.) 
1892.— Los dragos de Tenerife. (Ibid., xxi; Actas, 77.) 
1802.— Fabricación de los vinos y alcoholes. Lección dada en la Institu- 
ción libre de Enseñanza, f Boletín, xvl) 
1893.— El profesor D. Juan Vilanova y Fiera. (Anal, de la Soc. Esp. de 

Hist. nat., xxii; Actas, 132.) 
1893. — La enseñanza de la Minería y de la Química en Portugal. (Boletín 

de la Institución libre de enseñanza, xvii.) 
1894. — El profesor D. Laureano Calderón. (Anal, de la Soc. Esp. de Hist. 

NAT., xxiii; Actas, 79.) 
1894.— Los trabajos científicos de D. Laureano Calderón. (Boletín de la 

Institución libre de enseñanza, xviii.) 

— El Sr. Vicesecretario leyó el acta de la sesión del mes de 
Julio de la sección de Sevilla. 



DE HISTORIA NATURAL. 165 



SECCIÓN DE SEVILLA, 



Sesión del 7 de Julio de 1894. 
PRESIDENCIA DE DON SALVADOR CALDERÓN. 

— Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 
— Se repartió el cuaderno 1.° del tomo iii (xxiii) de los 
Anales. 
— El Sr. Medina leyó la nota sig-uiente: 

Datos 2^ ara el conocimiento de la fauna himenopterológica 
de Esjjaña. 

Véspidos. 

Vesim germánica Fabr. — ^Qcf. — Sevilla!, Cazalla (Río!); Hue- 
var (Paúl!); Morón (Calderón!); Osuna (Ariza!); Alcalá 
de Guadaira!, Chiclana (López Cepero!); Granada 
(Lara!); Pozuelo de Calatrava (La Fuente!); Corifña 
(Bolívar!); Madrid (Bolívar!); Canarias (Cabrera!). 
— rufa L. — Q. — Coruña (Bolívar!). 
Polistes gallicus L. — ^ Q c/. — Andalucía !, Pozuelo de Calatrava 
(La Fuente!). 

Euménidos. 

Eítmenes arhustorum Panzer. — Q q^. — Pozuelo de Calatrava (La 
Fuente ! ). 

— unguiculus Villiers. — ^. — Madrid! 

— ohscurus k.\\(\.vQ. — 9- — Coruña (Bolívar!). 

— Mediterraneus Kriech. — Sevilla!, Utrera!, Coria!, Al- 

calá de Guadaira!, Huevar (Paúl!); Cazalla (Río!); 
Calañas (Calderón!); Chiclana (López Cepero!); 
Puerto-Real (Paúl!); Pozuelo de Calatrava (La 
Fuente!). 

— po7mformis Rossi. — 9 cT- — Sevilla!, Calañas (Calde- 

rón!); Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 



166 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Eumenes coarctatus L. — Q ^f. — Sevilla! 

RJiygcJmivi oculatumYQ}iv . — 9(f. — Sevilla !, Alcalá de Guadai- 

ra!, Huevar (Paúl!). 
Odyiierus elmsiamis Licht. — 9- — Canarias (Cabrera!). 

— imrktum L. — 9 c/. — Sevilla!, Huevar (Paúl!); Morón 

(Calderón!); Cazalla (Río!); Alcalá de Guadaira!. 
Puerto Real (Paúl!); Hornachuelos (García Núñez!); 
Chiclana (López Cepero!); Pozuelo de Calatrava (La 
Fuente!). 

— crenaius Lep. — Q q^. — Sevilla!, Alcalá de Guadaira!,. 

Huevar (Paúl!); Cazalla (Río!); Puerto-Real (Paúl!), 
Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— tñimnctatus Fabr. — 9- — Chiclana (López Cepero!). 

— ^í^y^íoízi Medina. — 9. — Cazalla (Río!). 

— BlancJiardiamis Sauss. — 9 (f. — Sevilla!, Calañas (Cal- 

derón!); Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— reguhis Sauss. — 9. — Puerto-Real (Paúl!). 

— Pmili Medina.— 9 a'. — ídem. 

— Dantici Rossi. — 9 c/- — Sevilla!, Calañas (Calderón!)^ 

Hornachuelos (García Núñez!); Pozuelo de Cala- 
trava (La Fuente!). 
. — parvulus Lep. — 90^. — Sevilla!, Cazalla (Río!); Puerto- 
Real (Paúl!); Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— timidus Sauss. — Q. — Alcalá de Guadaira !, Pozuelo de 

Calatrava (La Fuente!). 

— Hehetms Sauss. — Q c^. — Utrera!, Alcalá de Guadai- 

ra!, Pozuelo de Calatrava (La Fuente!). 

— Jloricola Sauss. — cf. — Sevilla! 

— BeJpMmilis Giraud. — Sevilla!, Coria!, Cazalla (Río!). 

— reniformis Gmel. — c/*. — Sevilla! 

PierocJieilus Iñspamciis Medina. — 9. — Pozuelo de Calatrava 
(La Fuente!) 

Masáridos. 

JugiirtMa oraniensis Lep. — 9. — Alcalá de Guadaira! 
Cdonites aMrexiatus Villiers. — 9. — Dos Hermanas! 

— El Sr. Calderón presentó una pina de ^r«?íí«rm procedente 
de Málag-a, que había sido donada recientemente á las colee- 



DE HISTORIA NATURAL. 167 

ciones de la Universidad. En dicha provincia se dio este fruto 
por primera vez el pasado año, cosa que no lia sucedido toda- 
vía en Sevilla, seg-ún sus averig-uaciones. 

Recordó con este motivo el Sr. Calderón la alta estimación 
que ha adquirido en Europa este género de g-igantes de la 
vegetación como plantas de jardín ó de estufa en estos últimos 
cuarenta años. Sin embargo, nuestras araucarias apenas 
pueden dar idea de la magnificencia de ellas en su país natal, 
la América del Sur y la Australia, donde alcanzan hasta 65 m. 
y más todavía alg-unos individuos. 

La especie aquí más común, que se da sin ningún cuidado, 
es la ^ . excelsa Ait., que procede de la isla de Norfolk y alcanza 
allí la formidable altura antes dicha. En un patio de esta Uni- 
versidad de Sevilla existe un ejemplar hermosísimo de 6,50 m. 
de elevación, á la cual ha llegado en unos 30 años, en que se 
puso allí por orden del catedrático D. Antonio Machado. La 
extremidad superior se ha helado en uno de estos últimos 
inviernos más rigurosos; pero nuevamente ha brotado dupli- 
cada sin detener el crecimiento del árbol, ni perjudicar su 
belleza. Otros ejemplares, algunos casi de doble elevación, 
existen en los jardines de San Telmo. Aunque esta especie es, 
en efecto, la más frecuente aquí, no todos los ejemplares per- 
tenecen á ella, como se cree vulgarmente. También están 
representadas en Sevilla la A. imhricata Pavón, de Chile y los 
Andes, hasta los 1.000 m. de altitud, alcanzando en su país los 
pies hembras hasta 65 m. de altura, y la il . brasiliensis Pavón, 
cuyas semillas se comen en el Brasil y que aquí, como en el 
Mediodía de Italia y Grecia, se da al aire libre. En otras partes 
se cultivan en estufa cuatro ó cinco especies más. Entre todas 
la que prospera mejor al aire libre en nuestros climas es la 
A. imhicata, pues resiste hasta temperaturas de — 12°. El 
Dr. E. Hekecl se ha ocupado de ella en este respecto (Le Na- 
turaliste, núm. 84, 1890), aconsejando su cultivo en las regio- 
nes húmedas y más templadas de la Bretaña, y el Sr. Calde- 
rón dijo haber visto magníficos ejemplares en el jardín de 
Luxemburg, junto á Viena, que medían hasta 15 m. 

El fruto que presentaba á la Sociedad es un estróbilo grande, 
subgloboso, con escamas de vistoso aspecto, leñosas y densa- 
mente imbricadas. Su existencia prueba la posibilidad de 
aclimatar estas plantas con facilidad en nuestra costa medite- 



163 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

rránea; y si no se han dado con más frecuencia gTanos fecun- 
dos y se dice que no se dan en la provincia de Sevilla, esto 
debe depender de que no haya pies machos cerca de los pies 
hembras, circunstancia que aquí no se tiene en cuenta. Ver- 
dad es que hasta ahora no se ha estudiado el cultivo de estos 
vegetales en Europa sino exclusivamente como adorno. El 
citado Dr. Hekecl se fija, sin embarg-o, en ellos desde el punto 
de A'ista de su utilidad, que estima considerable. La madera 
de araucaria es de favorables condiciones, lig-era y susceptible 
de buen pulimento; además la A. imhricñta podría dar en 
Francia palos de 30 m., capaces de rivalizar con los mejores 
árboles del Norte para la construcción de mástiles, postes, etc. 
Los frutos contienen granos dulces y ag-radables, que sirven 
de alimento á los indíg^enas de la América austral \ se calcula 
que 18 árboles bien desarrollados bastan para alimentar á un 
•hombre durante todo un año. Se fija, sobre todo, el mencio- 
nado botánico en la g^omade base de arabina que producen las 
araucarias (cosa excepcional entre las coniferas) y cuya mate- 
ria estudió él en colaboración con el Dr. Schlag-denhauffen. 
Cree que con el cultivo industrial de estos veg'etales en la 
Bretaña, Normandía y Provenza se obtendría groma suficiente 
para el consumo de todo el país, el cual dejaría así de ser tri- 
butario de los negTOS del Sudán. 

Todas estas consideraciones son aplicables á nuestro país, 
donde las araucarias se darían bien en muchos puntos: sin 
embarg-o, como entre nosotros el consumo de la goma no 
alcanza la importancia que en la vecina república, si la prin- 
cipal utilidad de estos árboles había de fundarse en la madera 
y en su venta como planta de adorno , entiende el Sr. Calde- 
rón que sería preferible fijarse en nuestro precioso y desaten- 
dido pinsapo, una de las formas más bellas del reino vegetal, 
de extraordinaria resistencia al frío y al calor y de cultivo fácil, 
á juzgar por la diversidad de localidades de distinto clima y 
suelo en que se ha extendido por los parques de Europa. 



DE HISTORIA NATURAL. 169 

Sesión del 5 de Septiembre de 1894. 

PRESIDENCIA DEL ILUSTRÍSIMO SEÑOR DON MÁXIMO LAGUNA. 

— El Vicesecretario Sr. Hernández (D. Carlos), dio lectura al 
acta de la sesión anterior que fué aprobada. 

— Estaban sobre la mesa las publicaciones recibidas, acor- 
dándose dar las gracias á los autores de las que son reg'aladas. 

— Se hicieron varias propuestas de socios que quedaron pen- 
dientes de admisión hasta la primera Junta. 

— El Vicesecretario leyó la sig'uiente nota remitida desde 
Santander por nuestros consocios los Sres. D. Aug-usto Gon- 
zález de Linares y D. José Rioja y Martín, Director y Secreta-- 
rio respectivamente de la Estación de Biología marítima de 
Santander. 

Un Cachalote haUado muerto en el Cantábrico. 

«La lancha bonitera de Santoña que arrastró su cadáver á 
Santander en 19 de Ag-osto último, parece que debió recog-erlo 
á 20 leg-uas N.-S. del cabo de Quintres. 

»Venía ya en mal estado, con la cola comida á trechos por los 
peces y deshilachadas, por decirlo así, la leng'ua en sus bordes 
y la parte terminal del órg-ano g-enerador. 

»Es un macho que debe suponerse casi adulto, si es exacta 
la indicación de M. Bennett (1) sobre las relaciones que g-uar- 
dan, en su sentir, con la edad de estos cetáceos, la longitud de 
su cuerpo y el g-rado de exteriorización de sus dientes, pues 
supone que permanecen estos invisibles mientras el animal no 
pasa de 28 pies ing-leses, y que se destacan todos ya sobre la 
encía, cuando pasa de 36. 

»Tiene, en efecto, este ejemplar 9,10 m. de larg-o: á cada 
lado de su quijada hay 25 dientes más ó menos descubiertos; 
en el lado izquierdo no es visible el primero, se ven los 17 in- 
mediatos, y están aún ocultos los 7 últimos; en el lado derecho 



(1) Bennett : P. Z. S., ISSí?; Apitd J. E. Gray; On. British Cetácea , p. 40, P. Z. S. o/ 
London, May 24-1864. 



170 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

están ocultos los 3 primeros, se ven los 17 sig-uientes y siguen 
ocultos los 5 últimos. 

»Hasta ahora sólo ha aparecido un diente en el borde in- 
terno del labio izquierdo superior. 

»En cuanto á las distancias relativas entre las diversas par- 
tes del cuerjDo, pueden apreciarlas por ahora los señores socios,, 
de una vez, en el esquema adjunto en que Rioja y Martín ha 
condensado todas las observadas por él con la ayuda, en oca- 
siones, del Sr. Fuset y Xubiá, alumno pensionado en la Es- 
tación (1). 

»No pudo conseg-uirse poner el animal sobre el vientre para 
fotografiarlo de perfil, á pesar de muchos esfuerzos.. 

»Las seis fotografías adjuntas, totales y parciales, del ani- 
mal, que estaba tendido sobre el lado derecho y el dorso, han 
•sido hechas (excepto una, la núm. 3, que debe la Estación, con 
todas las del Zi'pMus cavirostris, al generoso interés científico 
del profesor D. Julián Fresnedo) por el alumno pensionado 
D. Rafael Blanco y Juste, que ayudó además, juntamente con 
el 8r. Fuset y Tubiá, al personal de la Estación en los trabajos 
de despedazamiento de las partes blandas del animal en los 
primeros días de esta tarea en que aún seguimos ocupados, 

«Ulteriormente diremos á la Sociedad lo que nos vaya pare- 
ciendo digno de su atención en nuestro estudio de este animal, 
que es el tercero de los grandes é interesantes cetáceos que la 
Estación de Biología Marítima ha tenido la suerte de recoger. 
Esta es también la tercera vez en que se cree obligada á sobre- 
llevar la penosa tarea de preparar esqueletos cuya magnitud 
y naturaleza peculiar exceden muchísimo á los medios, así 
personales como materiales, de que este centro dispone. 

»Del Orea gladiator Lacépede, varado en la segunda playa 
del Sardinero en 13 de Diciembre de 1890 (antes del regreso de 
Ñapóles de uno de nosotros, Rioja y Martín), recibió la Socie- 
dad fotografías en 1." de Julio de 1891 (tomo xx, cuaderno 2.", 
páginas 99 y 100). 

»Del Ziphius cavirostris Cuvier, encontrado hace poco más 
de un año por una lancha vizcaína en paraje inmediato al en 
que apareció ahora el Cachalote, y cuyo esqueleto sigue exi- 



(1) El esquema y las fotografías á que se hace referencia en esta nota fueron exa- 
minados por los socios que asistieron á la sesión. 



DE HISTORIA NATURAL. 171 

g'iendo todavía muchos cuidados diarios, no se dio conoci- 
miento á los señores socios por esperar libros y datos con qué 
poder hacerlo mejor. 

»A más de estas que jDueden llamarse piezas principales, 
nuestra colección cetolúg-ica naciente cuenta con un esqueleto 
de TuTsiops Tursio P. Gervais, el vaciado en yeso del animal 
entero (cuya fotog-rafía se presentó también á la Sociedad en 
1." de Julio de 1891) y su piel montada; tres cráneos del Del- 
2)7iimis DelpMs h., cuyas cabezas se recog-ieron, una por nos- 
otros en el pueblo de Isla, otra en el de Comillas por D. Alvaro 
Lanuza, y la tercera en el mercado de Santander; un ejemplar 
pequeño, conservado entero en alcohol, adquirido hace dos 
meses y cuya fotog'rafia hicieron el Sr. Blanco y Juste, alumno 
pensionado de la Estación, y D. Alvaro Fernández Izquierdo, 
que se hallaba á la sazón utilizando en ella los micrótomos 
mecánicos para sus estudios personales de Histolog-ía; y, por 
fin, los esqueletos de una hembra y un macho del mismo del- 
fín, las visceras de estos dos ejemplares, las abdominales de 
otros cuatro, los cerebros de otros dos y diez cabezas de otros 
tantos, en maceración ahora como los tres esqueletos dichos, 
para obtener sus calaveras, procediendo todos estos ejemplares 
de la pesca de 29 individuos, hecha en la bahía donde queda- 
ron casi varados el día 30 de Ag-osto último.» 

— El mismo leyó la sig-uiente nota del Sr. Pau, de Seg-orbe: 

Plantas de «La Murtay> (Alara). 

(10 de Abril de 1891.) 

Reseda sufniücosa Loen. — Reseda minor incisis foUis Barre- 
lier, 587 (certissime). 

Orillas de los caminos á espaldas de La Murta. 

Obs. Las especies á que pertenecen las dos láminas, 188 
y 189 de Barrelier, hasta el presente no se conocían; mas exis- 
tiendo dichas formas en los monasterios de Porta-Coeli y La 
Murta, sitios donde Barrelier pasó larg'os días, me autorizan á 
creer, después de consultar los dibujos con las muestras de 
ambas localidades, que, la estampa 587 pertenece á la R. sufrir 
ticosa Loefl., y la 588 á la R. Gayana^oi^^.; pero con seg-uridad 
absoluta la última. 



172 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

JPhlomu imrpurea L. 

Abunda en los pinares del valle y partes bajas de los montes. 

Plü. ermita Cav. 

Rendijas y g-rietas de las piedras en los montes, mirando al 
pueblo de Alcira. 

Rosmarimis officinaUs L. 

En La Murta. — Es la forma R. laxiflorus De Noe. 

Thymelcea Thomasii Endl. a) ¡atifoJia Pau. 

Cerrillos próximos á Alcira. 

Tlnj. Thomasii Endl. jS angvsti folia Pau. 

Pinares del valle de La Murta. 

Obs. Es muy diferente de la T/i. Tartonraira All. ^ angus- 
tifolia D'Uro, que teng-o de Creta y de la descripción de Barre- 
lier, Diagn. 1354, p. 123, lám. 222, angustifoJia , glauca, 
glabra. 

Polygala rupestris Pourr. 

Rendijas de los peñascos junto al mismo monasterio. 

Clicenorrliinum crassifoUum Lg-e. 

Rendijas de los peñascos junto al edificio. 

Satureja obovata Lag-. — Marium hispanicum, parroso, oblongo, 
obtuso, fol. Barr. Icón. 689. 

Junto al monasterio en las rendijas de los peñascos. 

Obs. Es imposible de todo punto que la estampa 787 de 
Barrelier pertenezca á esta especie. 8e trata de un dibujo malí- 
simo, del que jamás podrá decirse nada seguro, ni bueno. 

Selaginella denticiilata Spring. 

Abundante en parajes frescos de los pinares. 

Cen ta m 'ea i^ u Ua ta L . 

Orillas de los caminos y ribazos en los cerrillos próximos á 
Alcira. 

Vinca (media) oMusi flora Pau. 

Junto á las mismas ruinas de La Murta en los ribazos de las 
huertas. 

Arenaria montana L., j3 intricata Ser. (A. valentina Boiss.) 

Cumbres de los montes de La Murta en las rendijas de los 
peñascos. 

Erica arhorea L. 

Cumbres de La Mnrta. 

Tulipa anstralis Lk., jS montana Wk. 

Cumbres de La Murta saliendo para Alcira. 



DE HISTORIA NATURAL. 113 

Óbs. De dos pies, que consta el plieg'o que teng-o delante, 
lleva uno hojas ensortijadas; el otro, rectas. 

Carece humilis Leyss. (forma?). 

Montañas de La Murta en las vertientes. 

Sidtíritis incana >) sericea Bodr., ii, 458. 

Sin flores ni frutos junto al monasterio en las laderas del 
monte. 

Sideritis ang iistifolia Lam. 

Colinas de La Murta. 

Scrophularia sciaphiJa Willk. 

Ser. lucida Pourr! lib. Salv. teste Costa, ñ. cat. p. 182. (Vide 
Lang-e, in Wk. et Lg-e., prodr. ii, p. 554.) 

Rendijas de los peñascos junto al mismo monasterio encima 
de la balsa. 

Obs. Entre las Ser. sciai^Mla Wk. y Ser. Gremeri Reut. no 
encuentro diferencias: para mí son una misma cosa. 

Cisfus crispus L . 

Entre Alcira y La Murta á orillas del camino. 

C. SahicsfoUus L. 

Con el anterior y más abundante. 

Helianthemaim origanifolium P. o) genuinum. 

De Alcira á La Murta en los ribazos de los caminos. 

Lberis Tenor eana DC. 

Pinares de La Murta en la parte baja de las montañas. 

Biscutella steno2)hyUa Duf. 

Rendijas de los peñascos junto al mismo monasterio. (Forma 
gladrescens . ) 

Erodium moschatum L'Herit. 

Orillas de los caminos en las cercanías de Alcira. 

Rammculus muricatiis L. 

Cercanías de Alcira; orillas de los caminos y huertas. Abun- 
dante. 

Obs. Planta nueva para la flora de Valencia. 

R. trilohus Desf. 

Huertas de las cercanías de Alcira, camino de La Murta. 

Obs. Planta nueva para la región valenciana. 

R. gramineus L. 

Pinares del valle con la variedad luzul(Bfolius Boiss. 

Linmii Narhonense L. 

Montañas de La Murta. 



174 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Asplenmm Petrarchce DC. 

Sitios sombríos de los peñascos en La Murta. 

Obs. Planta recogida con sumo descuido, pues la creí, al 
tomarla del suelo, A. Trichomanes L., en compañía del cual 
aparece en el plieg-o. La forma presentada es sumamente pare- 
cida al J.. xiride Huds., y únicamente puede disting-uirse por 
carecer de festones. 

También lie visto otra forma del reino valenciano, afine de 
ésta, pero de otra sección que la creo híbrida entre el A . Pe- 
trarclim DC. y A. fontanum Brnli. y que la creo no descrita ó 
para mí no conocida y por lo mismo la propong-o bajo el nom- 
bre de : 

Aspleniíim TaUntinum sp. nov.? — A. Fontano x Peirarchce 
Diag-n. Frondes de la fig-ura del A. fontanum, bipinati-partidos; 
seg-mentos aovados, trasovados ú oblong-os; lacinias trasovado- 
orbiculares. Plantita cubierta de la pubescencia g-landulosa 
que lleva el A . PetrarcJue DC. 

Se encuentra en Ondara. 

Arisarum mil g are Ktli. 

A orillas del camino de La Murta en los cerrillos próximos á 
la ciudad de Alcira. 

Centaurea Scridis L. 

Rara, en el mismo camino junto á las ruinas, antes de lleg-ar 
á la balsa. 

EuphorMa heterophylla Desf. (E. Terrarína var.) 

Junto á La Murta en los ribazos del camino. 

E. segetalis L. 

Campos cultivados de La Murta. 

Opkrys lútea Cav. 

Pinares de La Murta al pie de los montes. 

O. fusca Lk. 

Pinares, en compañía del anterior. 

Obs. Planta nueva para la flora valenciana. 

Vaillantia hispida L. 

Sitios sombríos á la bajada del valle yendo á La Murta. 

Obs. Paréceme que en Valencia se confundieron esta espe- 
cie y la V. muralis L. por alg-unos autores. En Sag-unto se cita 
la V. /¿ispida L., y la especie recog-ida por mí en el monte del 
Castillo es V. muralis L. 

También se indica por los autores la estampa de Barrelier, 



EE HISTORIA NATURAL. 



175 



núm. 541, como perteneciente á esta especie, no siéndolo de 
ning-una manera, pues vense los frutos esféricos del g-énero 
Crolium, bien diferentes por cierto, de los cuernos que acompa- 
ñan al fruto en el Vaillantia. 

La estampa pertenece probablemente al Qalium vermim Scop. 

— Se dio lectura al acta de Ag"Osto de la Sección de Sevilla, 
que se inserta á continuación: 



SECCIÓN DE SEVILLA. 



Sesión del 5 ele Agosto de 1894. 
PRESIDENCIA DE DON SALVADOR CALDERÓN. 

— Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 
— El Sr. Chaves dio lectura á la siguiente 



Nota cristalográfica solre la anglesita de Guadalcanal. 

«Cristales incoloros de la forma que represéntala fig'ura 
adjunta, transparentes, de unos 8 mm. de long-itud, ofreciendo 
maclas que no han podido .determinar- 
se. Las medidas hechas con el g'onióme- « I ^ 
tro de Wollaston han dado los valores 
reales sig-iiientes: 



0.0.1 ¡.... = 148^22' 

10.0.13 j.. = 74" 20' 

¡ 100.69.0 j = m" 34' 

¡0.Í00.68J = lir 19' 

nn (aproximada) := 108° 12' 



op |l0.0.13j 
j 10.0.13 j 

;?2¡ 0.100.68 




/? o da solamente valores aproximados, á causa de la deforma- 
ción de las imág-enes en a, que está finamente estriada. Entre 
a y o hay oscilaciones del prisma con el domo que no han 
podido ser medidas, así como las que se presentan entre el 
prisma y el pinacóide JO.I.OJ, sumamente estrecho y no re- 
flejante. 



176 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Estos cristales ofrecen de notable, además de su localidad, 
nueva para esta especie, las formas especiales que presentan, 
que no corresponden á las ordinariamente citadas en la ang-le- 
sita por los libros clásicos, ni á las observadas por alg-unos 
autores en este mineral y descritas en trabajos especiales (1).» 

— Se dio lectura á la siguiente nota remitida por el Sr. Re- 
limpio (D. Federico): 

Reconocimiento de la anglesita. 

«Con motivo de un estudio cristalog'ráfico emprendido por 
mi amig"0 D. Federico Chaves de cristales de ang-lesita, que 
vino á ensayar primeramente en el laboratorio que está á mi 
carg"o, se me ocurrió que no sería inútil recordar á los mine- 
ralog-istas un medio de reconocimiento fácil y seg'uro de dicha 
substancia, que no se halla consigmado, sin embarg-o, en los 
tratados. 

»En efecto, las obras de Mineralogía señalan como caracte- 
res químicos de la ang-lesita su escasa solubilidad en el ácido 
nítrico diluido y en frío, así como en el clorhídrico y en el 
sulfúrico concentrado y su solubilidad en las soluciones de 
potasa. Por la vía seca se nota que decrepita cuando se la 
calienta y se reduce en el interior de la llama, fundiéndose al 
soplete en una perla blanco-lechosa después de fría y dando al 
fueg-o de reducción un g-ránulo de plomo. 

»Como se ve, ning"uno de estos caracteres químicos disting'ue 
de un modo g-eneral la angíesita de las otras especies minera- 
les con quienes puede confundirse. No sucede esto valiéndose 
del tartrato amónico-amoniacal (2); método sencillo, rápido 
y que permite reconocer la ang-lesita aun en cantidades 
pequeñísimas, como puede ser un trocito de cristal despren- 
dido de la g-ang-a. 

»Hé aquí cómo se opera: pulverízase el mineral lo más fina- 
mente posible y se pone en un tubo de ensayo en dig-estión 
con el tartrato amónico-amoniacal. Si el líquido queda turbio, 
se filtra ó se deja en reposo hasta que se deposite el sedimento. 



(1) Krenner: Ueber Utigarn's Anglesit. fZeilschriftfiu- Krystallographie , i, 1877.) 

(2) Para preparar el reactivo se pone en un tubo de ensayo disolución de ácido tár- 
trico al 10 por 100 y se le echa exceso de amoniaco. 



DE HISTORIA NATURAL. 177 

El líquido claro obtenido así se divide en dos partes: á la una 
se añade disolución sulfídrica ó sulfuro-amónico, con lo cual 
se forma un precipitado neg-ro (sulfuro de plomo); ala otra se 
la ag-reg-a poco á poco ácido nítrico, y entonces aparece al 
principio un precipitado blanco (en forma de nube cuando no 
se ag-ita), que se desvanece por un exceso de ácido nítrico. 
Tratando ahora la disolución bien transparente por unas g'otas 
de cloruro, ó mejor, nitrato bárico, se forma un precipitado 
blanco de sulfato bárico, insoluble en los ácidos.» 
— El Sr. Calderón dio lectura á la nota siguiente: 

Moluscos marinos de AndaTucia, existentes en el Museo 
de la Unir er sida d de Sevilla. 

«Una de las series de productos naturales de la región que 
he procurado reunir con más interés en el Museo que está á 
mi carg-o, es la de los moluscos; tanto por lo descuidado de su 
estudio en Andalucía, como por el interés que ofrecen como 
medio de relacionar la fauna actual con las de los períodos 
g'eológ-icos precedentes, de los que aquí casi exclusivamente 
conocemos restos conquiliológ-icos. Así es que desde mi lleg-ada 
á Sevilla me ocupé en entresacar los pocos ejemplares del país 
existentes en la colección de conchas, bastante rica, relativa- 
mente, que aquí había ya (aunque, como de costumbre, pura- 
mente exótica), y comencé desde lueg'o á pedir y encarg-ar 
moluscos á todos los conocidos que los pudieran buscar por 
entretenimiento, ó como objeto de adorno, ó recog'er en sus 
excursiones veranieg'as. Por este medio, á falta de la ayuda de 
aficionados científicos en el ramo en cuestión, y por mis corre- 
rías, he podido reunir en poco tiempo un número no despre- 
ciable de ejemplares de procedencia auténtica. 

»Por lo que respecta á los moluscos terrestres y fluviátiles, 
el precedente trabajo del eminente Dr. Westerlund (1), da 
cumplida idea del carácter é importancia de nuestra colección 
malacológ-ica local: pero respecto á lo marino, sólo se ha 
publicado el del Sr. Girard, referente á cefalópodos (2), y lie 

(1) Faunulu, molliiscoruM Jiispaleiisis. {Anal, de la Soc. Esp. de Hist. nat., to- 
mo XXI, 1802.) 

(2) Kotice sur les céphalopodes des cotes de l'Espagne. (Anal, de la Soc. Esp. de 
Hist. nat., t. xxi, 1892.) 

actas de la soc. Esr.— XXIII. 12 



178 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

creído que como datos para la fauna española, y en previsión 
de que la colección de que se trata pueda alg'ún día arrinco- 
narse ó perderse, vale la pena de completar aquellas noticias 
con la lista de las conchas marinas que de ella forman parte, 

»Puedo responder de la exactitud de las determinaciones, 
por deberlas á la gran competencia y bondad de malacólog-os 
tan reputados como D. Joaquín González Hidalgo, los señores 
Hug-o de Cort, de Bruselas; el Dr. Kobelt, de Francfort: Roberto 
Zetscliin , de Patschkau , y, sobre todo , el conocidísimo señor 
Marqués de Monterosato, de Palermo, el cual me ha prestado 
sus grandes luces con una diligencia y un celo tan continua- 
dos , que verdaderamente á él se debe más que á nadie la cla- 
sificación de la serie malacológica andaluza de la universidad. 

»Son tantas las personas de la localidad que me han propor- 
cionado ejemplares mejores ó peores de conchas del país, que 
su enumeración sería interminable. Sólo citaré, por haberlo 
hecho con propósito científico y por la importancia de sus 
recolecciones, á nuestros consocios Sres. D. Manuel de Paul, á 
quien se debe todo lo existente de Chipiona y Puerto-Real, y 
D. Federico Chaves, que ha traído no poco de la provincia de 
Málaga, así como al ingeniero D. Alfonso Escobar, y en fin, al 
Dr. Maclas, que recogió en Cádiz, y al Sr. Arigo, que lo hizo 
en Almería. 

»En la lista que va á continuación sigo el orden y adopto los 
nombres del catálogo de los moluscos marinos de España del 
Sr. Hidalgo (1), indicando los no citados hasta ahora de Anda- 
dalucía ó de la Península, con arreglo á las noticias conteni- 
das en dicho importante catálogo": 



Conchíferos. 

P/toJas Dactyhis L. — Sanlúcar de Barrameda. 

— candida L. — ídem. (Citada de Málaga.) 
Teredo. — Cádiz. (Maderas atacadas por ^^\^ polilla de mar.) 
Solea Vagina L. — Huelva (Común y comestible.) 

— SUiqua L. — Algeciras. 



(1) Catálogo de los moluscos marinos testáceos de las costas de España é islas Baleares. 
CMemorias de la Real Academia de Ciencias de Madrid, t. xv, 1890-9L) 



DE HISTORIA NATURAL. 179 

CeratisoJen Legmnen L. — Hiielva. 

Solecurtiis strigilatus L. — ídem. 

PanojpcBci Glycymeris Born. — Málag-a. (Un ejemplar completo y 

mag-nífico.) 
CorhuJa (jihha Ülivi. — Cádiz. 
Neeera costellata Desh. — Málag-a. 
Mactra stiiUoriun L. — ídem. 
Luir aria elUptica Lmk. — Huelva. 

— rugosa Cliemn. 
PsammoMa vesjiertina Chemn. — Alg-eciras. 

— costulata Turt. — Málag-a. 
Tellina incarnata L. — ídem. 

— nítida Poli. — ídem. (No citada de Andalucía.) 

— Cumana Costa. — Huelva. 

— temiis Da Costa. — Torrox (Málag-a), 

— Jjalaustina L. — Alg-eciras. 

— donacma L. — Almería. 

— imlchella Lmk. — Málag-a. 
Fragilia fragüis L. — ídem. 
Donax Tnmculus L. — Huelva. 

— semistriata Poli. — ídem. (Vulg-. coquinas.) 
Scrohiciilaria piperata Poir. — Cádiz. 
Syndosmya alia AYood. — ídem. 

Mesodesma cornea Poli. — Málag-a y Alg-eciras. 
Venus verrucosa L. — Huelva y Málag-a. (Común y comestible. 
Vulg-. almeja.) 

— Gallina L. — ídem. (Id.) 
Dione Chione L. — Chipiona. 
Bosinia exoleta L. — Huelva. 

Ta])es decussata L. — ídem. (Común y comestible. Vulg-. almeja.) 

— geogra2')Jiica Chemn. — Málag-a. 

— áurea Gmel. — Cádiz. (No citada de Andalucía.) 
Venerujñs Irus L. — Cádiz. 

— decussata Phil. — San Fernando. (No citada de Anda- 

lucía.) 
Cardium aculeatum L. — Alg-eciras. 

— tuherculatum L. var. — Cádiz y Huelva. 

— edule L. — Puerto-Real, Huelva y Alg-eciras. 
Lucina leucoma Turt. — Málag-a. 

— spinifera Mont. — ídem. 



180 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Luc'ma ])ecten Lmk. — Alg-eciras. 

Ungulina oblonga Lmk. — San Fernando. 

KclUa corhuloides Phil. — Málag-a y Cádiz. 

Mi/tilus ediilis L. — Cádiz. (Común y comestible. Yulg-. 'mejillón. ) 

— hesjjerianus Lmk. — Málaga. (No citado de España.) 

— afer Gmel. — Málag-a. 

Arca Nom L. — ídem. (No citada de Andalucía.) 

— ietragona Poli. — Málag-a. 

— ladea L. — ídem. 

— larhata L. — Nerja. 

Pectvnculvs gadifanus Gmel. — Chipiona (Cádiz). 
Pectén mammns L. — Huelva. 

— Jacohaus L. — Málag-a. 

— varins L. — Chipiona y Huelva. 

— jlexi'osus Poli. — Cádiz. 
Lima hiaas Címel. var. — Alg"eciras. 

— Loscomhi Leach. — Málag-a. 
Anomia EpMppivm L. — ídem. 

— cepa L. — Cádiz. (No citada de España.) 

Oslrea angvlata Lmk. — Cádiz. (Forma bancos que perjudican á 
las obras de madera del puerto.) 

— Ci'istaía Born. — Huelva. (No citada de Andalucía.) 



Cefalópodos. 

Argonauta Argo L. — Estrecho de Gibraltar. 
Octopus vnlgaris Lmk. — Sanlúcar de Barrameda. 
Sepia Filliouxii Lafont. — ídem. 

— elegans d'Orb. — ídem y Cádiz. 
LoUgo Tulgaris Lmk. — ídem, id. 
Tlieiítis media L. — Sanlúcar de Barrameda. 
Todaropsis Veranyi Girard. — ídem. 
Hpirnla Peronii Lmk. — Málag-a. (Una concha rodada.) 



Gastrópodos. 

Mwrex Brandaris L. — Huelva y Málag-a. 
— Tmncnlus L.— Málag-a. 



DE HISTORIA NATURAL. 181 

Míirex EHnaceus L. — Sanlúcar de Barrameda. 

— Edwardsi Payr. — Torrox (Málag-a). 

— inermís Pli. — Chipioiía. (No citado de España.) 
Fusiis corneus L. — Cliipioua.^ 

MangeUa Vanquelini Payr. — Málag-a. 

— costata Penn. — Chipiona. (No citada de Andalucía.) 

— attetmata Mont. — Málag-a. 
Lachesis minima Mont. — Almería. 
Tritón nodiferum Lmk. — Chipiona. 

— succiiictum Link. — ídem. 

— cutaceum L. — ídem. 

Triionium reticulatiijii BlaiiiY. — Málag-a. (No citado de Anda- 
lucía.) 
Biiccinmn macuJosiun Lmk. — Chipiona. 

— Orhigiiyi Payr. — Cádiz. (No citado de Andalucía.) 
Nassa reticuJata L. — Puerto-Real. 

— mutahilis L. — Málag-a. 

— incrassata Müll. — ídem. 

— Nudarensis Num. — Almería. (No citada de España.) 

— Cimeri Payr. — Málag-a. 

— Pfeiferi Ph. — Puerto-Real. (No citada de España.) 

— corniculiim Olivi. — Puerto-Real. 

— — var. solida. — Chipiona. 

— iyygin(B(i Lmk. — Tarifa y Málag-a. 

— limata Cliemn. — San Fernando. 
Cydops Neriteum L. — Málag-a. 

Purjnira limnastoma L. — ídem. (No citada de Andalucía.) 
Cymlñíun lifVpiUatum Schum. — Málag-a, Huelva. (ídem.) 
Mitra eJjeniis Lmk. — Tarifa. 

— Defrandi Payr. — Málag-a. 
Marginella miliaria L. — Chipiona. 

— PhiJippi Mont. — ídem. (No citada de España.) 
ColnmdeUa rustica L. — Cádiz. 

— — var. — Tarifa. 

— scripta L. — Alg-eciras. 
Cassis undutata Gml. — Chipiona. 

Cassidaria rugosa L. — ídem. (No citada de Andalucía.) 
Natica Sagraiana Orb. — Málag-a. 

— intrincata Don. — Chipiona. 
Scalaria conimunis Lmk. — ídem. 



lí«2 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Scalaria pseudoscalaris Brocchi . — Málag-a. 
Ringiciila miricidata Men. — Rábida (Huelva). 
Odostomia conoidea Brock. — Málag-a. 
Eulima 2)olita L. — Alg-eciras. 
Comis mediterranevs Brug-. — Málag-a, Puerto-Real. 
Chenopus Pes-peUcani L. — Cádiz y Málag-a. 
Tlalia P);i&nms Meiisch. — Chipiona. (Un ejemplar muy com- 
plefo de esta notable especie, donado por D. Manuel de 
Paul.) 
Cypraa Pyrum Gmel. — ídem. 
— europípa Mont. — Cádiz. 
Ovilla carnea Poyr. — Almería. (Xo citada de Andalucía.) 

— acnminata Brug-. — Málag-a. 
Cancellaria canceUata L. — ídem. 
CeritMum xiilgatum Brug-. — Puerto-Real. 

— reticídatuM Da Costa. — Chipiona. 

— adversión Mont. — Málag-a. 

Littorina neritoides L. — Cádiz, Málaga y Almería. 

— ¡yunctata Gml. — Cádiz. 
Rissoa monodonia Biv. — Málag-a. 

— variaMlis Mühlf. — Málag-a y Almería. 

— Chnex L. — Almería. 

— Moniagui Payr. — Cádiz. 

— spongicoJa Mtg-. — Málaga. (No citada de España.) 
llydvohia aciUa Lmk. — Puerto-Real. (ídem.) 

— ulvmVQww. — Rábida (Huelva). (No citada de Anda- 

lucía.) 
Tiirritella unguüna L. — Cádiz. 

— Irvplicata Broccli. — Málaga. 
Mesalia varia Kiener. — Cádiz. 
Vermetns triquetier Biv. — Chipiona. 
Phasimiella piula L. — Tarifa. 
Tiirlo rugossiis L. — Málag-a. 
Trochus Ziziphiniis L. — Cádiz. 

— exasperatiis Penn. — Tarifa, Almería. 

— striatus L. — Chipiona. 

— varilineatus Mich. — ídem. 

— (Gfibhula) Magus L. — Málaga. 

— — Richardi Payr. — Almería. 

— — divaricatns L. — Málag-a. 



DE HISTORIA NATURAL. 183 

Trochus (Gihdula) muMUcatus Mont. — Almería y Hiielva. 

— — Adanso7ii Payr. — Almería. (No citado de 

Andalucía.) 

— — ■ vilUcus Pliil. — Chipiona. (ídem.) 

— ( Monodonta) articuJakis Lmk. — Sanlúcar, Málag-a. 

— (Clnnculus) cruciattis L. — Málag-a. 
Haliotis tubercuJata L. — Chipiona. 

— striata Lmk. — ídem. 
Fissiirella gihherula Lmk. — Gibraltar. 

— Nubécula L. — Málag-a. 
Dentaliiim Tarentimun Lmk. — Almería. 

— Dentalis L. — Huelva. 
Patella vvlgata L. — Cádiz. 

— — var. — Puerto-Real. 

— — var. elevata Jeff. — Málag-a. 

— áspera Lmk. — Almería. (No citada de Andalucía.) 

— cmrnlea L. — Málag-a. 

— Lusitamca Gmel. — Chipiona. (No citada de Andalucía.) 
Chiton siculus Gray. — Alg-eciras. 

Tomatella fasciata Lmk. — Puerto-Real. 
Bulla striata Brug-. — ídem. 
PMlina catena Mont. — Málag-a. 
Aplysia sp. — Sanlúcar de Barrameda. 
Unibrella mediterránea Lmk. — Almería. 
Siphonaria Álgesira Quoy et Gaim. — Cádiz. 

— Seg-ún noticia comunicada por el Sr. Paul la enfermedad 
que padecen los plátanos de Oriente de los paseos y alrededo- 
res de Sevilla, á la que se debe la caída prematura de sus 
hojas y el aspecto mucho más desg-uarnecido que de costumbre 
que ofrecen, es el ataque por el Glmospormm ■ner\yisequnim(Fn- 
sarkim Platani). Este parásito, al parecer nuevo aquí, es muy 
común sobre los citados árboles en el Mediodía de Francia, y 
especialmente este año. 



184 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



Sesión del 3 de Octubre de 1894. 

PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. DANIEL DE CORTÁZAR. 

Leída el acta de la sesión anterior, fué aprobada. 

— Quedaron. admitidos como socios numerarios los señores 

D. Juan Enciso y Mena, Licenciado en Derecho, de Car- 
tag'ena, 
propuesto por D. Daniel Jiménez de Cisneros; 

D. Alvaro Fernández Izquierdo, Licenciado en Medicina, 
de Burg'os. 
propuesto por D. José Fuset; 

D. Cayetano del Toro y Quartillers, Doctor en Medicina, 
y D. José Rivas y García, Licenciado en Farmacia, de 
Cádiz, 
propuestos por D. Francisco de A. Vera. 

— Se hicieron seis nuevas propuestas. 

— El Sr. Presidente dio cuenta del fallecimiento de D. Lau- 
reano Pérez Arcas, ocurrida en Requena, dedicando sentidas 
frases á la memoria del que fué por dos veces Presidente de 
la Sociedad y verdaderamente su fundador, y se acordó hacer 
constar en el acta el sentimiento con que la Sociedad había 
oído tan triste noticia, comisionando al Sr. Martínez y Sáez 
(D. Francisco de P.) para escribir la biog-rafía del Sr. Pérez 
Arcas, que será leída en una sesión extraordinaria que cele- 
brará la Sociedad con este objeto, y publicada en los Anales 
con el retrato del finado. 

Estaban sobre la mesa las publicaciones recibidas, acordán- 
dose dar las. gTacias á los autores de las reg'aladas. 

— El Sr. Vicesecretario presentó, en nombre de D. Carlos 
Pau, la siguiente nota: 

Seis Mentas hibridas de las cercanías de Segorde. 

«Con el fin de sujetar á un tipo determinado las muestras 
que poseo, me determino á publicar las descripciones de cinco 



DE HISTORIA NATURAL. 185 

formas que se encuentran en este país, y que con toda seg-uri- 
dacl fueron producidas por cruzamiento. 

»E1 carácter más importante que nos indica la presencia del 
híbrido producido con la M. aquatica consiste en perder la in- 
florescencia en cabezuela tomando aspecto espiciforme. 

»Otro carácter bien importante se refiere á la carencia de 
filamentos, siendo llevadas las anteras estériles en la entrada 
del tubo. Entre la M. s¡/hesi)"is y M. rotíindifolia' q^X-a carencia 
no tiene valor alg'uno, pues vense numerosas flores con fila- 
mentos. 

»La planta que presta el polen en los híbridos de la M. aqua- 
tica se reconoce, teniendo presente que el polen de la especie 
esta nos dará muestras con las espig-as abultadas en el ápice; 
si la M. aquatica es fecundada por la M. syliestris ó M. rotun- 
difoJia, las espigas serán adelg'azadas en su parte superior. 

»Respecto á la esterilidad, he de advertir que las combina- 
ciones de las M. syhestris y M. rotundifolia dan bastantes 
núculas fértiles. La M. aquatica con las M. rotunclifolia y 
M. syhestris son casi estériles en absoluto. 

»1.' Mentlia Tremolsiana Mihi \\\). = M. syhestris X Mrsuta 
(non Wirtg-.) 

»Planta de estatura elevada (mayor que las 31. syhestris y 
M. rotundifolia) , cenicienta, de rizoma subterráneo rastrero, 
cubierta toda ella de pubescencia fina que recuerda su pre- 
sencia, tallos g-eneralmente sencillos, ramosos en lo alto y 
asurcados en su parte baja; hojas pecioladas; peciolo corto, 
blanco-tomentoso; lámina de figura ovalada, aserrada hasta 
su ápice, aguda, acorazonada en la base; dientes agudos; en- 
vés punteado-impreso; flores en espiga laxa; cáliz tubuloso- 
acampanado; dientes setiformes, tres veces menores que el 
tubo; corola tan grande como las de la M. hirsuta y de la mis- 
ma figura y disposición; estilo exerto, 

»La pubescencia de las hojas en el haz es parecida á la de 
la M. velutina Sej. 

«Peciolos, 35 mm.; lámina, long-. 40 mm.; anchura 35 mm.; 
long-. del cáliz y corola, 5 mm. 

»Habita en la marg-en izquierda del río Palancia, antes de 
llegar á «La Barsella», una colonia de unos 50 individuos. 
Agosto y Septiembre, 1894. 



186 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Dedico esta forma á mi respetable amig-o D. Federico Tre- 
mols, de Barcelona. 

»2/ MentJta CadexaUiana Mihi, \^.=M. hirsuta X rotundi- 
folia (var. ? microjihyUa). 

»Planta enana, alampiñada, verde, de hojas que recuerdan 
alg'o el sándalo , pero sus g-lomérulos le dan alg'ún aspecto de 
M. Piilegilim. Rizoma rastrero ; tallo cubierto . en los áng-ulos 
principalmente, de pelos cortos y reflejos; hojas con peciolo 
alarg-ado, elípticas, con tres á seis dientes en cada lado, care- 
ciendo de ellos en el ápice y base, que ésta es alg-o decurrente; 
la punta redondeada, lampiña, con alg-ún pelo en las costillas 
y nervios del envés: las hojas florales son ag-udas y enteras, 
lanceoladas ó lineales. 

»Las flores son llevadas en espigas laxas, con ligero ensan- 
chamiento en su punta, pedunculadas; pedúnculos menores 
que el cáliz, llevados los g-lomérulos inferiores por un pie co- 
mún, en alg"unos pies bastante desarrollado. 

»Cáliz lampiño, longitudinalmente venoso, con los dientes 
triang-ular-aleznados, doble menores que el tubo lig-eramente 
puberulentü. 

»Corola de color rosado, pálido, de la misma fig-ura que la 
M. aqiiatica, con el lóbulo superior bidentado, casi doble más 
ancho que los tres restantes; estilos larg-amente exertos. 

»Altura g-eneralmente de 15 cm., pero se encuentran algni- 
nos pies muchísimo mayores. 

»Lámina de la hoja, 14-24 mm.; peciolo, 6 mm.; cáliz, 2 mm.; 
corola, 4 mm. 

»Abunda en las márg-enes del «Río Chiquico>>, junto á la 
fuente del Terrero. Agosto y Septiembre, 1894. 

»Dedico esta forma á mi estimado amig-o y consocio D. Juan 
Cadevall y Diars, de Tarrasa. 

»3.* Mentha Zapateriajia Pau, \í\í.=M. hirsuta X rotimdi- 
foJia. 

»Planta de unos 8 dm. y más, cubierta de vestidura áspera; 
hojas elíptico-oblong-as, aserradas menos en la base, que es 
cortada; el ápice consiste en un festón mucronado: peciolo 
corto; haz de color verde obscuro; flores en espig-a; los g-lomé- 
rulos inferiores remotos, en su parte superior apretados. 



DE HISTORIA NATURAL. 187 

»Cálices cubiertos de pelos, acampanados; dientes alesna- 
dos, poco menores que el tubo; corola pequeña y de forma y 
estructura de M. aquatica. 

»E1 color, vestidura, tamaño, cálices pelosos y dientes apar- 
tan esta forma de la anterior, de la cual es cercana. 

»Lug'ares húmedos y selvosos de los barrancos, junto al ce- 
menterio, en Seg'orbe, y más abajo de la fuente del Berro, en 
altura. 3 Septiembre, 1893. 

»Dedico esta forma á mi respetable amig-o D. Bernardo Za- 
pater, de Albarracín. 

»4.'' Mentha Viciosoana Pau, lib.==i/. hirsuta x rotiindifo- 
lia (var.? ormcuJata). 

»Planta parecida á la M. Pañi O. Deb. ; mas sus espig-as cor- 
tas y cabezudas, color vivo de sus flores y hojas más redon- 
deadas, la disting-uen al momento. 

»Más añne es de la M. Cadevalliana , pero los caracteres di- 
chos pueden servir para diferenciarla. 

»Rarísima en la marg-en derecha del Palancia , antes de lle- 
g-ar al batán de Tramuso. Septiembre, 1893. 

»La dedico á mi amig'o y compañero D. Benito Vicioso, de 
Calatayud. 

»5.^ Mentha Pam O. Deb., Rev. de Bot., p. 697, 1892.= 
M. rotundifoUa X aquatica Pau (non auct.) = M. rotundifoUa 
X hirsuta. 

»Desci'ita esta forma por el Sr. O. Debaux en la «Revue de 
Botanique, y por el Sr. Willkomm en el «Supplementum Fl. 
Hisp.», nada debo añadir por mi parte. 

»Es abundante en toda la cuenca del Palancia, y presenta 
una variedad de hojas mayores, alg'o lanosas, y de flores pare- 
cidas á la M. sylvestris, que me indujo á tomarla por M. syl- 
vestris X hirsuta, seg-ún envío que hice al Sr. K. Keck. 

»6.* Mentha sylvestris X rotundifoUa (non auct.) 
»Planta elevada, de aspecto parecido á la M. rotundifoUa; 
hojas oblong'o-lanceoladas, aserradas, lanug-inosas y blanque- 
cinas en el envés; verde y lampiño el haz; espig-as densas; cá- 
lices de la M. rotundifoUa; corolas de la M. sylvestris; estam- 
bres exertos. 



188 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Abuncla en los ribazos de las cercanías y presenta alg-unas 
variaciones. 

»NoTA. El Sr. Cadevall me remitió, creo que de Olot, un 
frag'mento de menta que me parece ser M. velutina Sej. 
(M. nemorosa X macroslacliya Wirtg-. 

»Otra. Si algnmo desea cultivar las formas descritas, puede 
servirse comunicármelo, pues las cultivo en mi huerto.» 

— El Sr. Cazurro presentó la continuación de su fauna ma- 
tritense. 

ORDEN lí. 
Insectívoros. 

Dientes envueltos por el esmalte; incisivos en número varia- 
ble; caninos g-eneralmente más pequeños que los incisivos y 
erizados de puntas cónicas, como asimismo los molares. Man- 
díbula inferior con cóndilos transversos. Cabeza g'eneralmente 
puntiag'uda. Las cuatro extremidades con uñas y conformadas 
las más de las veces para la prog-resión; con clavícula bien com- 
pleta; cubito y radio separados entera ó parcialmente ; huesos 
metacarpianos y falang-es medianamente desarrollados. Ma- 
mas g-eneralmente abdominales. 

T. Cuerpo no cubierto rlc espinas. Tamaño pequeño ó mediano. 

\. Tamaño mediano; extremidades desemejantes; uno de los pares dispuesto para 

cavar ó para nadar. Con 41 dientes en total Fam. 1. Tálpidos. 

a. Extremidades anteriores con la mano robusta y ensanchada, formando una 

especie de pala propia para cavar Talpa L 

a.a. Patas anteriores normales; las posteriores palmeadas y propias para la nata- 
ción; cola larga , con escamas y comprimida Myogale Cuv. 

1 1. Tamaño pequeño; extremidades semejantes, homologas entre sí, dispuestas ge- 
neralmente para la progresión; con 32 dientes cuando más. Fam. 2. Soricidos. 
b. Dientes coloreados de rojo en la punta, en número de :í2; patas y cola ordi- 
narias, no ciliadas Sorex L. 

b.b. Dientes blancos unicoloros, en número de 28 á 30. 

c. Con 28 dientes, (ola delgada. Crociclnra Wagl. 

c.c. Con 30 dientes. Cola gruesa en la base Pachyura Sélys. 

I.L Cuerpo cubierto de espinas. Tamaño bastante grande... Fam. 3 Erinaceidos. 
No comprende mas que un solo género Erinaceus h. 

Familia 1. Tálpidos. 
1 3 

Dientes: C — M-^- Calavera muv ancha por detras e incli- 
nada hacia delante, sin apófisis postorbitaria ni cresta por de- 



DE HISTORIA NATURAL. 189 

lante de la órbita; ag-ujero occipital muy g-rande, sin apófisis 
paroccipital ni mastoidea. Hocico en forma de trompa. Ojos y 
pabellones de las orejas apenas visibles. Esternón con quilla; 
omoplato larg-o y estrecho; cubito y radio distintos. Manos en- 
sanchadas á veces; con cinco dedos. 

•Género Talpa, L. 

Cuerpo casi cilindrico, alargado, con el cuello poco marcado 
y la cabeza ag"uda terminada por un hocico prominente, trun- 
cado y con las aberturas nasales en su extremo dirigidas hacia 

3 l 4 S 

abajo y no visibles por encima. Dientes: I -^; C — ; P — ; M -^• 

Patas anteriores anchas, con los dedos reunidos por la piel, 
dejando sólo al descubierto las uñas, conformadas para cavar; 
patas posteriores normales. Cola corta y peluda. 

T. europatja L. — Esta especie es la única cuya existencia he 
podido comprobar en la reglón que estudiamos, aun cuando- 
es probable que exista también otra especie muy afine, T. C(pca 
Savi. Se caracteriza por su pelaje suave, ig"ual, neg-ro ó par- 
duzco, con reñejos aterciopelados, y las patas casi desnudas, 
de color de carne. Los ojos visibles y con párpados movibles. 

Dimensiones: del cuerpo y cabeza, 0,150 m.; de la cola, 0,035; 
anchura del extremo del hocico, 0,008. 

Esta especie es sumamente común en casi toda la reg'ión, 
sobre todo en la parte montañosa ó cercana á las sierras. En 
la reg'ión S. y E. es alg-o más rara. Se la desig-na g-eneralmente 
con el nombre de To2)o , aun cuando á veces con esta denomi- 
nación se la confunde con las arvícolas. 

Escorial! Collado Mediano (Conde! col. Museo reg-. Cazurro). 
Reg'ión submontana (Graells). 

La otra especie europea de este g-énero, Tulpa caca Savi, es 
alg'o más pequeña, con los ojos cubiertos por la piel, el hocico 
alg-o más corto y los pelos de los labios y los pies blancos. Pa- 
rece más propia del Mediodía que la especie anteri(jr. pero no 
he visto ning-ún ejemplar de este g-énero procedente de la pro- 
vincia que pueda referirse á esta especie. 



190 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



GÉNERO Myogale Cuv. 

Hocico alarg-ado formando una especie de trompa deprimida, 
en cuyo extremo están colocadas las aberturas nasales. Cola 
larg-a escamosa y comprimida; patas anteriores terminadas 
por manos pequeñas y cubiertas de pelo; las posteriores por 
pies g-randes, escamosos y palmeados, con las uñas bastante 
desarrolladas. Ojos pequeños. Orejas rudimentarias ocultas 

2 15 3 

por los pelos. Dientes: I. -^ ; C. y; P. —: M. -g. 

M. pyrenaica Geof. — Única especie que representa este g-é- 
nero en nuestra Península, se caracteriza por su color pardo 
más claro en los costados y g^ris en el vientre. Las reg-iones 
laterales de la trompa con pelos blancos y en los labios cerdas 
ríg-idas. En la base de la cola una doble serie de folículos 
g-landulares que seg'reg"an un producto almizclado. 

Dimensiones: del cuerpo y cabeza, 0,129 m.; de la cola, 0,140; 
del hocico, 0,25. 

Esta especie, una de las más curiosas de nuestra fauna, se 
encuentra únicamente en los ríos y arroyos de las reg"iones 
alpina y subalpina de la provincia, y g-eneralmente, seg-ún los 
Sres. Graells y Pérez Arcas, se la conoce con el nombre de 
Almizclera. Buitrag-o y Guadarrama (col. Mus. reg-. del Sr. Pé- 
rez Arcas!). Reg-ión montana. Graells. 

Familia 2.' — Soríeidos. 

Dientes: I. j, 6 —, d j; C. ~: P. y, ó y; M. -^. Calavera ensan- 
chada por detrás, cónica por delante; sin arco cig-omático, 
apófisis orbitaria ni fosa terig-oidea. Primer incisivo más 
g"rande que los demás y provisto de dos puntas; caninos más 
pequeños que el menor de los incisivos; molares superiores 
formados por dos prismas triang-ulares; incisivos inferiores 
muy prolong-ados. Forma semejante á la de los ratones. Ester- 
nón ancho y sin quilla; clavícula pequeña y delg-ada; radio y 
■cubito distintos; tibia y peroné soldados inferiormente ; con 
cinco dedos en cada extremidad terminados por uñas. Muchas 
veces con una g-lándula odorífera en los costados. Con seis ú 
ocho mamas ing-uinales. 



DE HISTORIA NATURAL. 191 



GÉNERO Sorex L. 

Dientes, en número de 32, de color rojo anaranjado en la 
punta; los dos g-randes incisivos inferiores de en medio den- 
tados en su borde superior, y los de la mandíbula superior con 
el talón saliente, apareciendo de este modo como formando 
dos filas. Cola cubierta de pelos de una misma especie. Dedos 
casi desnudos; orejas pequeñas ocultas por el pelo. Dientes: 

4 12 3 

I. y; C. y; P. y; M. — . Se conocen con el nombre de musarañas. 

a. Cola más corta que el cuerpo, descontando la cabeza, y en proporción poco 

pelosa S. vulgaris L. 

a.a. Cola igual ó algo más larga que el tronco, bastante pelosa; tamaño algo mayor 
que en la especie anterior S. alpinus ScMnz. 

S. vulgaris L. — Pelo g-ris aterciopelado. Cola alg-o cuadrada 
más corta que el cuerpo, pardo obscura por encima y g-ris por 
debajo. Pies casi desnudos. Con una gdándula odorífera en los 
costados. Canino inferior con un solo tubérculo. Premolar con 
dos tubérculos. 

Dimensiones: de la cabeza y cuerpo, 0,06.5; cola 0,0-42; pies 
posteriores, 0,015. 

Las costumbres salvajes de este mamífero le hacen difícil de 
capturar y observar; en España parece ser alg'o frecuente, aun 
cuando los datos acerca de su existencia no sean muy abun- 
dantes. Madrid! (col. del Museo) Aranjuez! 

S. alpinus Schinz. — Pelo g-ris más claro en el vientre. Cola 
tan larg-a ó más que el cuerpo, cubierta de pelo abundante en 
toda su extensión. Big-otes larg-os, blanquecinos. Talón de los 
incisivos superiores poco marcado; canino inferior con dos 
tubérculos. De talla alg-o mayor que la especie precedente. 

Dimensiones: de la cabeza y cuerpo, 0,070 m.; cola, 0,065; 
pies posteriores, 0,018. 

Esta especie habita sólo las cordilleras elevadas como los 
Alpes, los Pirineos, etc., y aun cuando con duda, creo poder 
referir á esta especie alg-unos ejemplares de las reg-iones más 
elevadas de la sierra de Guadarrama. 



192 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



GÉNERO Crociclura. Wagler. 

Dientes blancos en número de 28; los dos incisivos inferiores 
medios, g"randes y no dentados, los superiores encorvados en 
anznelo con el talón puntiag'udo. Cola más corta que el cuerpo, 
redondeada, delg-ada y de ig-ual g-rueso en toda su long-itud. 

Dientes:!, y; C. |; P. |; M. |. 

Cr. aranea SchreJj. — Única especie que se encuentra de este 
g-énero. Caracterizada por su color g'ris, su cola cilindrica más 
larg-a que la mitad del cuerpo, con pelos cortos sembrados de 
otros más larg-os y fuertes. Orejas bien desarrolladas. 

Bimensiones: del cuerpo y cabeza, 0,060 m.; de la cola, 0.040. 

Es una de las especies más comunes de este g-rupo y la que 
más se acerca á las habitaciones y jardines, aun en el mismo 
Madrid. Generalmente se la desig-na como á todos los soríci- 
dos, con el nombre de Musaraña y también con el de Musgaño, 
denominación poco precisa, pues se aplica también á otras 
alimañas, arañas, etc., bajo la cual parece ser objeto de creen- 
cias supersticiosas, pues se cree que produce mal de ojo. Ma- 
drid! (col. del Museo). Collado Mediano, Conde! (col. del Mu- 
seo, reg". Cazurro). Castellarnau, La Granja! Jardines de Ma- 
drid, (rraells. 

GÉNERO Píachyura Selys. 

Dientes blancos, en número de 80, con los incisivos inferio- 
res no dentados; el primer premolar muy pequeño fuera de la 
linea de los demás. Cola fuerte, cuadrada, disminuyendo 
insensiblemente en g-rosor hacia la punta, y tan larg-a como el 

3 12 3 

cuerpo sin la cabeza. Dientes: I. - ; C. --; P. y; M. ^. 

P. etrusca Sari. — Es la única especie de este g-énero y se 
disting-ue fácilmente por su diminuta talla, color g-ris rojizo, 
más claro en el vientre, las patas y el hocico. Cabeza g-ruesa, 
orejas g-randes, redondeadas. Pies cubiertos de pelos blancos. 
Cola g-ruesa en la base, de sección subcuadrada. Sin g-lándu- 
las odoríferas en los lados del cuerpo. 



DE HISTORIA NATURAL. 193 

Dimensiones: de la cabeza y del cuerpo, 0,035 m.; de la 
cola, 0,025. 

Esta especie parece bastante rara en la reg*ión central y más 
abundante en el SE. de la Península. No poseo más datos de 
su existencia en la provincia que unos ejemplares de Collado 
Mediano recog-idos por el Sr. Conde, que reg-alé á las Coleccio- 
nes del Museo de Madrid. 

Familia 3.^ — Erinaceidos. 
3 I 3 S 

Dientes: I. — ; C. y; P- ^; M. -^, ú otras diversas para las es- 
pecies exóticas. Calavera ensanchada entre fas raíces posterio- 
res de los arcos cig'omáticos que son completos y delg-ados. 
Clavícula delg-ada. Omoplato con metacromion larg-o y pun- 
tiag-udo. Cubito completo y separado. Peroné unido interior- 
mente con la tibia. Cinco dedos terminados en uñas. Cuerpo 
cubierto en el dorso de púas ó cerdas más ó menos mezcladas 
con el pelo. 

Género Erinaceuis L, 

Hocico corto y ag-udo. Cuerpo no muy larg-o cubierto de 
espinas y susceptible de arrollarse en bola. Cola corta y pelosa. 

Dientes:!. -|;C.|;P.|;M.|. 

Er. europaeus L. — Única especie europea de este g"énero. 
Tiene el dorso y los costados cubiertos de espinas de unos 
25 mm. de long-itud y el resto del cuerpo de pelos larg-os, 
g-ruesos y rígidos. La cola muy corta y pelosa. Las manos con 
cinco dedos-terminados en uñas medianamente fuertes. 

Dimensiones: de la cabeza y el cuerpo, 0,200 m.; del ante- 
brazo, 0,50; del pie anterior, 0,027; del posterior, 0,040. 

El erizo común es una de las especies mejor conocidas del 
vulg-o por su cubierta extraordinaria de espinas y por su 
abundancia y costumbres. Se le encuentra tanto en las sierras 
como en los llanos y no huye de las poblaciones y g-ranjas en 
cuyas huertas y jardines penetra. Como animal que destruye 
muchos insectos y babosas, es útil á la ag-ricultura, pero por 
comer su carne, por ig-norancia y hasta por pasatiempo se le 
persig-ue y destruye. 

ACTAS DE LA SOC. ESP. — SXIII. 13 



194 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Madrid! El Pardo! Escorial! Navalcarnero!, etc. Área matri- 
tense, Graells. 

ORDEN III. 
Roedores. 

Dientes envueltos por el esmalte, los incisivos (j rara vez y) 

se reproducen continuamente por ser de bulbo persistente y 
crecen en dirección circular; sin caninos; molares con super- 
ficies ásperas y transversas g"eneralmente. Mandíbula inferior 
con los cóndilos long-itudinales, que no se mueven en cavida- 
des g"lenóideas es]ieciales, sino libremente de atrás á delante 
ó viceversa en surcos long"itudinales. Las cuatro extremidades 
dispuestas para la prog-resión y provistas g-eneralmeñte de 
cinco dedos con uñas. 

l. Dos incisivos solamente en cada mandíbula. (Suborden Simplicidentes.) 

1. Dientes: I. — : M. -- ó — ó — - ó — ó —: molares con tubérculos transversos 
1 ' 2 3 3 4 6 

y con la edad pliegues de esmalte ó con láminas de éste y prismáticos. 
Peroné, en el adulto, confundido con la tibia, al menos en su tercio in- 
ferior. 

3 

a. M. —. Con intestino ciego. Cola normal, poco pelosa. Fam. L Múridos. 

«. Molares tuberculosos, con raíces. Hocico agudo. Cola larga, tanto 

ó más que el cuerpo, escamosa Mns L. 

Q. Molares lamelosos, sin raíces. Hocico obtuso. Cola más corta que 

el cuerpo, cubierta de pelo Arvícola Lacep. 

4 

a.a. M. — . Sin intestino ciego. Cola en penacho ó muy pelosa 

4 

Fam. 2. Mióxidos 

No está representada más que por un solo género. . . . Myoxus Schrb. 

1 5 

Ll. Dientes: L — M. — ; molares con raíces. Tibia y peroné separados. Cola en 
1 4 

penacho, con pelos disticos, tan largacomo el cuerpo. Fam. 3. Esciúridos. 

Un solo género en la región ScñtrusL. 

LL Dos incisivos pequeños detrás de los dos grandes, en la mandíbula superior. 

Cota corta, pelosa. (Subordkn Duplicidentes.) Fam. 4. Lepóridos. 

Representada por un solo género Lepiis L. 



Fam. 1. — Múridos. 



Dientes: M. j, molares con tubérculos transversos, que por 
el desg-aste se transforman en plieg-ues de esmalte y con raíces 
ó con láminas de esmalte, prismáticos y sin raíces. Calavera 
estrecha g-eneralmente; los frontales, alg"0 ang-ostos por delante, 
tienen frecuentemente una cresta supra-orbitaria; apófisis 



DE HISTORIA NATURAL. 195 

-cig-omática del maxilar superior con dos raíces; sin apófisis 
post-orbitaria; el ag-ujero supra-orbitario, ensanchado por 
•arriba y estrechado por abajo; apófisis coronóides y la del 
áng-ulo de la mandíbula inferior perfectamente marcadas. 
■Clavículas desarrolladas. Las extremidades anteriores por lo 
■común con cuatro dedos y un rudimento de pulg-ar; las poste- 
riores con uno. La tibia y el peroné unidos por debajo. Orejas 
medianas ó muy cortas y ocultas por el pelo. Cola variable, 
ó larg-a y escamosa ó corta y pelosa. Cuerpo generalmente 
•esbelto y prolong-ado; piel con pelos suaves y rara vez con 
•cerdas. Tamaño g'eneralmente pequeño, en alg*unos alg-o 
mediano. • 

Género Mus L. 

Dientes incisivos lisos; molares tuberculosos, con raíces, que 
■en los viejos, efecto del desg-aste, forman plieg-ues de esmalte, 
los superiores alg-o dirig"idos hacia atrás, en número de tres á 
<cada lado, en ambas mandíbulas. Cuerpo corto, con las patas 
poco prolong-adas, bajas; cabeza cónica; ojos g-randes y promi- 
nentes; orejas de mediado tamaño, g-eneralmente pelosa; na- 
riz prolong-ada y con cerdas formando big-otes. Cola delg"ada, 
escamosa, tan larg-a ó más que el cuerpo. Pies sin pelo, con 
pulg-ar rudimentario y con uña plana en las extremidades 
anteriores; las demás uñas fuertes y encorvadas. 

I. Pliegues palatinos no divididos en el medio: tubérculos de los tarsos anteriores 
alargados; con diez ó doce mamas; cola con más de doscientos anillos. Talla 
mediana. (Ratas.) 

1. Bóveda craneal prismática, con las crestas salientes; arco zigomático re- 

gularmente convexo en toda su extensión. Cola un poco más corta que el 
cuerpo con 210 anillos escamosos. Orejas apenas más largas que el tercio 

de la cabeza M. deamanus Pall. 

1.1. Bóveda craneal globulosa con crestas relativamente borradas; arco zigo- 
mático comprimido. Cola algo más larga que la longitud del cuerpo. Ore- 
jas casi tan largas como la cabeza. 

a. Color pardo amarillento, blanco en el vientre y amarillo en la gar- 
ganta. Hocico medianamente agudo M. tectonim Savi. 

a.a. Color gris muy obscuro, negruzco por encima. Hocico algo más agudo 

que en la especie anterior M. ratius L. 

I.I. Pliegues palatinos diyididos en el medio. Todos los tubérculos del pie redondea- 
dos; con 6 á 10 mamas; cola delgada, cuando más con 180 anillos. Talla menos 
que mediana ó pequeña. 

2. Orejas más grandes que la mitad de la longitud de la cabeza, desunidas. 

(Mus. in str. sens. ó Ratones). 



196 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

a. Bóveda craneal ovoide; arco zigomático sólido y regularmente con- 
vexo en toda su extensión; frontales muy incluidos entre los parie- 
tales , que se prolongan lateralmente cada uno formando una rama 
delgada y aguda. Con 10 mamas. Cola de 180 anillos. Longitud del 

pie con las uñas menos de 20 mm M. muscnlus L. 

a.a. Bóveda craneal globulosa; arco zigomático delgado y comprimido; 
frontales poco incluidos entre los parietales, cuyos ángulos antero- 
laterales son poco agudos. Con 6 mamas. Cola con 150 anillos. Lon- 
gitud del pie, con las uñas, más de 20 mm M sylvatictis L. 

2.2. Orejas pequeñas, del tercio de la longitud de la cabeza cubiertas de pelos 

rasos. Con 8 mamas. fMicromysj M. minuUts PalL 



M. decumanus PaU. — Pelo pardo rojizo i^or encima con pelos 
más obscuros y gruesos, por la cara ventral de color más claro 
casi g-ris. Pies no pelosos. Cola alg-o más corta que el cuerpo 
con 210 anillos escamosos. Orejas bastante más cortas que la 
cabeza. 

Dimensiones: de la cabeza y cuerpo, 0,312 m.; cola, 0.192; 
pie, 0,043. 

Especie procedente de Oriente, y que en tiempos no muy 
lejanos, invadió toda la Europa. Es muy común en toda la 
provincia. Madrid! Escorial! Pinto (Bolívar, col. Museo.) Área 
matritense, Graells! Se conoce g-eneralmente con el nombre 
de Rata. El Sr. Graells, en su lista citada, la señala especial- 
mente como propia de las alcantarillas de Madrid. 

M. tectorum Savi. — Pelo de color pardo amarillento por 
encima, blanco casi en el vientre y en los pies; con una man- 
cha de amarillo en la g-arg-anta. El hocico medianamente 
ag'udo. Orejas casi tan larg-as como la cabeza. Cola alg-o más 
larg-a que el cuerpo, con unos 250 anillos próximamente. 

Dimensiones: de la cabeza y el cuerpo, 0,170 m.; de la 
cola, 0,205; pie posterior, 0,041. 

Esta especie es, en el sentir de alg-unos, una variedad de la 
rata negra común, distinta sólo por su color rojizo amarillento. 
M. de risle supone que esta variedad es una raza oriental de 
donde procede la rata común de Europa y que los individuos 
que de ella hoy se observan proceden de invasiones recientes. 
Generalmente se confunde con la especie que sig-ue. 

Madrid! El Sr. Boscá ha remitido ejemplares de esta especie 
á las colecciones del Museo, procedentes de Ciudad-Real y 
Yalencia. 



DE HISTORIA NATURAL. 197 

M. rattus L. — Pelo g-ris muy obscuro, iiegTuzco por encima 
y casi ceniza por la cara ventral, pies negTuzcos. Hocico más 
ag-udo que en las especies anteriores. Orejas gTandes y desnu- 
das, de la mitad de la longitud de la cabeza. Cola más larg-a 
que el cuerpo, próximamente con unos 260 anillos. 

Dimensiones: de la cabeza y cuerpo, 0,150 m.; de la cola, 0,200; 
pie posterior, 0,038. 

' Especie muy común en toda la Península, que constituye á 
veces casi una plag-a. Como las especies anteriores se desig'iia 
con el nombre de rata. 

Provinc